¿PERO QUE PROBLEMA TENÉIS CON ACEPTAR LA REENCARNACIÓN Y YA ESTÁ?
Pero como soy una persona adulta, racional, he aprendido a calmarme con los años y sé que con la violencia no se llega a ningún sitio (es una de las cosas que aprendí a golpes), me voy a esforzar por explicar el concepto de inconsciente colectivo y el por qué no me sirve para explicar mis experiencias y las de otras muchas personas.
Según la Wikipedia, el inconsciente colectivo es un término acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, colaborador de Sigmund Freud hasta que comenzaron a divergir en sus opiniones, y figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Jung postuló la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón. Se basa en la existencia de arquetipos, a los que también llamaba imágenes primordiales. Los arquetipos expresan los instintos en un sentido biológico, pero al mismo tiempo comprenden el lado espiritual. Se manifiestan en fantasías y revelan su presencia solo por medio de imágenes simbólicas. El contenido de los sueños es siempre simbólico. El término arquetipo fue entendido como referido a motivos o imágenes mitológicos diferenciados. Jung se encargó de aclarar que si fueran diferenciados serían conscientes. Los arquetipos son en realidad una tendencia a formar representaciones sobre un modelo básico que afecta emocionalmente a la consciencia. Algunos motivos principales son el ánima, o principio femenino, y el ánimus, principio masculino. La sombra es el lado inconsciente de la personalidad, mientras el sí-mismo es la totalidad, parte consciente e inconsciente.
Jung trabajó mucho con los sueños y además analizó cómo se creaban los mitos, leyendas y religiones de las distintas culturas, y eso le llevó a identificar una serie de elementos psíquicos comunes en todas ellas (los arquetipos). Supuestamente estos arquetipos —el anciano, la sombra, el héroe— se transmitirían hereditariamente y se refieren a problemas universales que todos deberemos enfrentar, como la muerte, el sentido de la existencia, lo masculino y femenino, el deseo, etc. Nosotros tenemos conocimiento de ellos a través de los mitos y nuestros sueños.
Bien, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Sí, en nuestros sueños pueden aparecer elementos simbólicos. Puede que en alguna ocasión nos veamos a nosotros mismos como guerreros, princesas, reyes, verdugos, brujas... y muchas veces no será más que la forma en que nuestro subconsciente se está expresando, haciéndonos sentir como se sentirían alguno de estos personajes, tal vez porque estamos viviendo una situación en nuestra vida real que nos hace sentir como tales. Pero, evidentemente, eso NO es un sueño de vida pasada. Y si es una fantasía, jamás podrás verificar históricamente lo que has visto en ese sueño.
Otros buscan la explicación a los supuestos recuerdos de vidas pasadas en los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake. Según él, las mentes de todos los individuos de una especie (incluido el ser humano) se encuentran unidas y forman parte de un mismo campo mental planetario. Ese campo mental, al que denominó morfogenético, afectaría a las mentes de los individuos y las mentes de estos también afectarían al campo. “Cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie y a la cual conforman”, afirma Sheldrake. De este modo, si un individuo de una especie animal aprende una nueva habilidad, les será más fácil aprenderla a todos los individuos de dicha especie, porque la habilidad “resuena” en cada uno, sin importar la distancia a la que se encuentre. Y cuantos más individuos la aprendan, tanto más fácil y rápido les resultará al resto. Un fisiólogo llamado Mc Dougall, de la Universidad de Harvard, en 1920, comprobó que las nuevas generaciones de ratas aprendían más fácilmente a salir de un laberinto que las primeras. Y también es interesante el experimento del mono cien, llevado a cabo en la isla japonesa de Koshima, en 1952. Todo ello viene muy bien descrito aquí.
Bien, como teoría resulta interesante, y puede que sea cierta. Pero, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Como mucho, explicaría ciertos fenómenos inexplicados hoy por hoy por la ciencia relativos a la evolución. Pero ni la teoría del inconsciente colectivo, ni los campos morfogéneticos, o incluso esa "matriz holográfica" que he oído mencionar más de una vez y que aún no sé muy bien qué es, explican que muchas personas recordemos vidas pasadas. Ninguna de estas teorías dice que en algún lugar del universo están almacenados los recuerdos de todas las personas que han pasado por la Tierra y que por ciertos métodos mágicos cualquiera puede acceder a ellos aleatoriamente. Quizá podría explicar el temor irracional que muchas personas sienten hacia las arañas o las serpientes, o... echándole mucha imaginación, tal vez explicaría que en lugares distantes del planeta se repita el diseño piramidal para construir algunas estructuras. O por qué todos hemos soñado alguna vez que se nos caen los dientes. Pero esto no puede de ninguna manera explicar que yo haya recordado —recordar se queda corto aquí, sería más bien revivir, sentir, ver en primera persona, experimentar—, a veces con mucho detalle, la vida de unas cuantas personas, nacidas en épocas muy concretas, con vidas que se pueden ordenar una detrás de otra de manera cronológica, con personalidades muy similares a la mía, y también con aspecto físico similar (en aquellos casos donde lo he podido comprobar), con problemáticas que tienen relación con mis problemas actuales, y acompañadas de intensas emociones que me acompañan día a día. Si estuviera accediendo a esa especie de memoria universal —que tal vez exista, no digo que no, no creo que reencarnación e inconsciente colectivo sean incompatibles—, lo lógico sería que pudiese obtener información de muchísimas más personas y de manera mucho más caótica, o tal vez me encontraría con esos arquetipos descritos por Jung porque me identifico con ellos, pero cambiarían mucho más y no habría obtenido datos verificables tan concretos. Por supuesto, tampoco explican las marcas de nacimiento compatibles y totalmente contrastadas con los informes de autopsia de la persona fallecida o que un niño reconozca a familiares de esa supuesta vida pasada, tal y como describe Ian Stevenson en muchos de sus casos.
En definitiva, está bien que busquemos alternativas a la existencia de la reencarnación si no nos sentimos cómodos aceptándola de buenas a primeras, pero antes de decir nada, estudiemos en profundidad esas alternativas y hablemos con propiedad. O, mejor aún, pasemos a la práctica y olvidemos la teoría. Es muy fácil hablar por hablar, pero aún son muy escasas las personas que intentan experimentarlo por sí mismas.

