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sábado, 14 de enero de 2017

El único secreto es mirar en tu interior.

Lo reconozco. A veces estoy aburrida y visito un antiguo grupo de Facebook en el que hablan de experiencias cercanas a la muerte, aquel grupo del que me expulsaron por querer traer luz a temas tan interesantes como la parálisis del sueño o los niños que recuerdan vidas pasadas. Siempre me arrepiento de volver a sitios como ese, porque acabo con la misma sensación que me invade cuando me siento nostálgica y me paso por el foro de Carol Bowman, que es el lugar donde yo empecé a aprender: “¿Me he teletransportado al patio de un colegio?” Las conversaciones no es que sean básicas o típicas de principiantes —que no tengo nada en contra de estas últimas, todos hemos sido principiantes alguna vez—, lo que me hastía es que haya algunas personas que se limiten a parlotear sin más, como si hablar de la muerte o la reencarnación fuera algo que haces en la sala de espera del médico o en la peluquería. Lo que me deja aturdida es el nivel de superficialidad que te encuentras en estos foros; ver lo fácil que es hablar por hablar, sin saber nada del asunto; y sobre todo, ver lo rápida que es la gente en juzgar este tipo de experiencias (algo que, por cierto, no ocurre en Foro Reencarnación).

Y cuando digo “juzgar”, me refiero a juzgar tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Por ejemplo, es bastante común oír a la gente decir que siente una envidia sana por las personas que hemos tenido este tipo de experiencias trascendentales, ya sea recordar vidas pasadas, haber estado a punto de morir y haber accedido a lo que parece otro estado de consciencia, o ser capaz de tener experiencias extracorpóreas voluntarias y conscientes. Lo dicen así, como si tener este tipo de experiencias fuera algo fácil, una habilidad que has aprendido igual que otros aprenden a jugar al billar, o un regalo del cielo que te hace ser “especial”. Estas personas no tienen ni idea de lo que supone tener cualquiera de estas experiencias. Muchas veces me dan ganas de decirles: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”.

Y no lo digo porque recordar vidas pasadas sea malo, ni mucho menos. Al contrario, desde aquí animo a todos los lectores del blog a que lo intenten, sobre todo si quieren conocer por sí mismos la Verdad y quieren llegar a estar realmente seguros de que somos seres inmortales que por alguna razón renacemos una y otra vez. Es un mantra que he repetido constantemente en todos los foros/grupos/comunidades/reuniones familiares en los que he estado:

Mira en tu interior, ahí es donde están todas las respuestas.

Pero la gente no se lo cree. No quieren intentarlo. Tienen miedo. Piensan que ellos no pueden hacerlo. O quizá solo se deba a la explicación más frecuente y universal que conozco, aplicable a todos los ámbitos de la vida: los seres humanos son expertos en buscar excusas cuando ven que algo implica un esfuerzo, ya sea cuidar tu salud, hacer ejercicio, dejar de comer carne, o renunciar a cualquier placer que se encuentre en el primer puesto de su lista de prioridades. Qué le vamos a hacer, es la naturaleza humana, yo no puedo hacer nada contra eso. Pero me enfada que luego las quejas y los lloros abunden en grupos como el que mencioné al principio de esta entrada: “Me aterra pensar que cuando muera todo acabará. ¿Alguien puede asegurarme que existe vida más allá?” O, “Estoy desolada por la pérdida de mi hijo. ¿Me reencontraré con él en el otro lado?”

Solo una persona puede responder a esas preguntas: TÚ MISMO. Aunque el precio no va a ser bajo. Mirar en tu interior implica crecer espiritualmente, pero crecer espiritualmente no es equivalente a acudir a un hipnoterapeuta y vislumbrar el periodo entre vidas en un par de sesiones, ni tampoco a ver seres de luz durante el transcurso de una ECM. Crecer espiritualmente consiste en llegar a los rincones más oscuros de tu alma y enfrentarte a tu propia sombra. Es muy posible que antes de llegar a estar completamente seguro de que la reencarnación es un hecho, tengas que armarte de valor para conocerte de verdad a ti mismo. 

Nunca he luchado con nada más difícil que mi propia alma.

A estas alturas hay pocos humanos que me enseñan algo y que me inspiran en mi propio camino vital. Uno de ellos es Iván Guevara, autor del blog El Aprendiz de Mago, a quien conocí tras tener mis primeras experiencias extracorpóreas voluntarias. Es él el que publicó hace muy pocos días una entrada sobre la importancia de mirar en nuestro interior, y gracias a él descubrí que hace milenios, en el Templo de Delfos, ya sabían que ese es el único camino si queremos conocer la Verdad. Allí se encontró una inscripción que decía:


Te advierto, quien quiera que fueres.
¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,
que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.


Esto es algo que no acaban de comprender todos aquellos que se interesan por la vida después de la muerte, todos aquellos que piensan que los que tienen las respuestas o saben cómo funciona la reencarnación son los espíritus, todos aquellos que se imaginan que recordar vidas pasadas consiste en que te hipnoticen una vez para saber que fuiste un gladiador romano que acabó desangrado en un circo, y ya está. Todos aquellos que se piensan que los que afirmamos recordar vidas pasadas somos unos frikis despistados que creemos en la reencarnación porque una vez soñamos con la época medieval. Esas personas no saben nada de emociones de vidas pasadas, ni de verificaciones históricas, ni de ardua búsqueda en registros, ni de edificios que viste en tu mente y luego encontraste tal cual en fotos de hace un siglo, ni de síndrome de estrés postraumático que parece durar eternamente, porque el trauma que lo originó tuvo lugar en el siglo XIV. Esas personas son las que siguen creyendo que “los malvados” no reencarnan o que todos tenemos (o tendremos) deudas kármicas que pagar, las que creen que ellos nunca hicieron nada malo en el pasado, las que aún creen que hay algo externo que debe juzgarte después de muerto, las que aún no han descubierto su propia sombra, las que aún no saben que la lucha es únicamente contigo mismo. Como bien escribió Iván Guevara en su blog:
   
“El subconsciente, nuestra sombra, es nuestro demonio. Todo lo que no hemos superado, todo lo que nos ha herido, todo lo que nos ha frustrado, todo lo que no hemos sido capaces de comprender, se esconde allí. Ese es el demonio que nos perturba ahora y seguramente después de muertos.”

Alguien decía en ese grupo de Facebook que no le parecía bien que solo hablaran de experiencias cercanas a la muerte positivas e ignoraran las negativas, porque eso le quitaba la esperanza de encontrarse con algo bueno después de la muerte. Una visión tan parcial de la realidad solo es posible cuando no te has molestado en investigar lo suficiente; cuando solo buscas el bálsamo que te alivie tus miedos y no la Verdad con mayúscula; cuando solo te vale la creencia y no la certeza de que vivimos, morimos y volvemos a vivir; cuando no quieres asumir la responsabilidad de que la realidad en la que vivimos es consecuencia de nuestros pensamientos y nuestras acciones. Creer siempre es más fácil que saber.

En consonancia con una de mis citas preferidas de Carl Jung, la que reza “Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”, Iván Guevara también reflexionaba:

“Bajar al infierno, es abrir e iluminar esas partes oscuras de nuestra psicología. Allí, encontraremos al demonio. Ese demonio, es más poderoso, horrible, y perverso, si es que lo hemos ocultado, amarrado, censurado, despreciado. Ese demonio, tiene las llaves de los tesoros que nos faltan. Ese demonio, necesita ser comprendido, aceptado y amado. Pero, ¿por qué deberíamos hacer eso? Porque ese demonio es también parte de nuestra alma.”



Si estás dispuesto a hacer esto, a bajar al infierno y encontrarte con tu demonio personal, el que tiene la llave de lo que quieres saber, adelante. No tengas envidia sana, eso no te conduce a ningún sitio. La acción es lo que cuenta. Ponte a ello y recuerda vidas pasadas, o al menos inténtalo. Es mucho más fácil de lo que parece, en serio. Cuando yo quise tener experiencias extracorpóreas conscientes, ¿me puse a quejarme de lo difícil que es eso o a envidiar a los que tienen esta habilidad desde jóvenes? No, busqué a gente que sabía, seguí sus consejos, entrené arduamente durante un mes seguido, hasta que lo conseguí. Recordar vidas pasadas es igual. Es también un entrenamiento de la mente, es querer hacerlo, dejar atrás tus propias barreras mentales, olvidar lo que te han enseñado. Como si fueras uno de esos viajeros que acudían al Templo de Delfos, debes mirar en el abismo de tu alma, sin vértigo, sin miedo, y estar dispuesto a conocer la oscuridad que alberga tu corazón. Si eres sincero contigo mismo, estás preparado psicológicamente, y quieres de verdad llegar hasta el fondo, tal vez, solo tal vez, recordarás... y con el tiempo, SABRÁS que la reencarnación es un hecho.

martes, 2 de diciembre de 2014

Emociones y vidas pasadas (2).

Sabía que había hablado antes sobre esto. Cuando he buscado la entrada correspondiente, he recordado que una de mis citas favoritas en la actualidad ya la leí hace mucho tiempo en un libro de Roger Woolger, psicoterapeuta estadounidense que todo el que esté interesado en recordar vidas pasadas debería conocer. La cita, de Carl Jung, dice así:

“No es posible alcanzar la conciencia sin dolor. Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.

Hacer consciente la oscuridad significa que de dentro de ti van a surgir emociones que ni siquiera sabías que estaban ahí. Significa despertar a la bestia que llevas dentro. Significa darte cuenta de que tú también eres capaz de odiar, engañar, violar, matar. Cuando llevas un tiempo en esto de la reencarnación, eres capaz incluso de saber si una persona ha recordado de verdad vidas pasadas, y cuántas ha recordado, solo leyendo sus opiniones o la idea que tiene sobre ciertos temas. Por ejemplo, ya sabemos que si cree en el karma, lo más seguro es que no haya recordado aún o haya recordado muy poco. Y, si aún no comprende cómo es posible que las personas malvadas reencarnen o que vivan vidas felices, tampoco ha recordado mucho. También si tiene la idea de que ella es una persona fabulosa y se horroriza tan solo pensando en las atrocidades que “otros” (siempre son otros, claro) hayan podido cometer en sus vidas. Y si les hablas claro sobre lo que te ha pasado a ti o lo que has hecho en tus vidas pasadas, su respuesta será algo como: “Pobre... qué mal lo debes estar pasando. Pero no te preocupes, sin duda puedes sacar algo positivo y en cuanto te perdones a ti mismo o a aquellos que te hicieron daño, tu alma habrá ganado en compasión”.

Perdonar. Hemos creído toda la vida que el perdón es instantáneo. Te metes en un confesionario, le cuentas al cura que todos los días le pones tres velas negras a tu vecina del cuarto porque no soportas que le vaya bien con ese chico del vecindario al que tú dejaste, el cura se lleva las manos a la cabeza, te dice que reces diez avemarías y asunto zanjado. Dios te perdona. Y así al día siguiente puedes volver a hacer lo mismo.

Pero lo cierto es que el perdón lleva algo más de tiempo. Tal vez porque nosotros no somos como Dios, de acuerdo. Y si no, que se lo digan a las víctimas de malos tratos, a las víctimas de violación, a los padres que han perdido un hijo porque alguien lo asesinó, o a los que pasaron treinta años en el corredor de la muerte hasta que los ejecutaron por inyección letal. ¿Cómo perdonas a tus agresores? ¿Te los imaginas delante de ti rodeados de un halo luminoso y les dices “Hala, te perdono. Todos los años de sufrimiento que he pasado por tu culpa se esfuman a la cuenta de tres. Uno, dos, tres”? Pruébalo, verás que no se esfuman tan fácilmente. Tal vez creas que esto no funciona porque no tienes a un hipnoterapeuta al lado que te implante una inducción hipnótica en tu cerebro que diga “Chip de perdón instantáneo. Di el nombre del agresor y los años de sufrimiento causados por él se esfumarán en cuanto chasquees los dedos”. Pruébalo también, si tienes dinero para pagar a un hipnoterapeuta. No solo te quedarás sin dinero, además pensarás que eres realmente malvado porque ese chip no funciona contigo. Alguien te dijo que el perdón no tiene que ser de palabra, sino de corazón, y aún te estás preguntando cómo se hace eso. ¿No existe un manual sobre cómo perdonar con el corazón? Tienes el odio y el dolor tan enquistados que es imposible que te los extraigan del alma y en su lugar aparezca eso que llaman “amor universal”.

Las cosas se complican aún más si eres a ti mismo a quien tienes que perdonar. ¿Qué es exactamente lo que tienes que perdonar? ¿Ser como eres y haberla fastidiado en varias vidas por no haber elegido la opción correcta? ¿Qué es esto, un concurso televisivo en el que te mandan a un pozo con harina, huevo batido y plumas de ave si no sabes la respuesta? ¿Tienes que perdonar tu propia estupidez por haberte dejado violar? ¿O por haberte volado la tapa de los sesos cuando estabas en medio de una depresión que no te dejaba ni respirar? ¿O por haber reaccionado violentamente contra tus enemigos, buscándote tú mismo que te capturaran y te torturaran hasta la muerte? ¿O por haber sentenciado a criminales a ser crucificados cuando ese era el método de ejecución normal para la época? ¿O por haberme defendido y haber derribado a una docena de cazas antes de que me derribaran a mí? ¿Y cómo me perdono a mí misma? ¿Me imagino dentro de un halo luminoso y me envío buenos deseos para ver si dejo de odiar a los americanos que me hicieron desaparecer cuando tiraron la bomba atómica en Hiroshima?

¿Cómo diablos se sanan las emociones?

Diría que esta es la pregunta más frecuente que nos hacemos los que recordamos vidas pasadas. Si no recuerdas vidas pasadas, ni siquiera te la planteas. Estás más preocupado en saber si en tu próxima vida te reencarnarás en cucaracha por atracar un banco, o si te puedes estar comiendo a un pariente lejano que se ha reencarnado en pollo de corral. En cambio, una vez que, por la razón que sea, abres la puerta a los recuerdos, vienen recuerdos, sí... pero nunca vienen solos. Van acompañados de fuertes emociones que ya no se van a ir durante años. Son como hijos que nunca se van de casa. Intenta echarlos, sí, cambia la cerradura de la puerta, darles dinero y que se vayan a donde sea, pero que se vayan... No. Por desgracia, esto no funciona así. Los recuerdos y las emociones de vidas pasadas van y vienen cuando les apetece. Y a veces es difícil convivir con ellas.

Después de un tiempo recordando, me he dado cuenta de que la mayoría de las emociones tienen su origen en el dolor. El dolor es lo que subyace detrás de ellas: tristeza, depresión, ansiedad, odio, miedo, frustración, celos, rabia, desesperación, sentimiento de injusticia, desesperanza, impotencia, vulnerabilidad. De hecho, hace tiempo que tengo la sospecha de que lo único que importa en nuestras vidas es la forma en la que reaccionamos a ese dolor. La gente tiende a clasificar a las personas como buenas o malas, y les es incluso difícil imaginar que un “alma buena” haya sido alguna vez “mala”. Consciente o inconscientemente, todos nosotros nos clasificamos a nosotros mismos como almas “buenas”, “malas” o “regulares”, comparándonos con lo que podría ser la media de bondad/maldad nacional. Posiblemente todos nosotros diríamos que somos regulares, porque en los extremos están los santos como la Madre Teresa de Calcuta por un lado, y los “seres demoníacos” tipo asesinos en serie por el otro. Y nadie se da cuenta de que en realidad todos somos iguales y la línea que separa la “bondad” de la “maldad” es demasiado fina como para quedarnos tranquilos. Déjate llevar por alguna de esas emociones, por tus instintos más básicos, solo por un segundo, y verás qué pronto te conviertes en un asesino.

Recuerdes o no vidas pasadas, las emociones están ahí, quizá algo adormiladas, pero están igualmente. Alguien puede tener tendencias suicidas desde su juventud sin que nadie entienda por qué... y puede tenerlas por algo que le ocurrió en la guerra de Vietnam, en una vida anterior. He conocido varios casos de este tipo, incluyéndome a mí misma. Vivir algo tan traumático como una guerra, seas soldado o civil, víctima o agresor, deja profundas huellas en el alma que no se borran tras la muerte. Muchas veces lleva más de una vida superarlas. El dolor puede hacer que sientas una ira inexplicable hacia todo lo que tienes alrededor, sean personas o cosas. También puede hacer que a consecuencia de ese dolor que alguien te infligió en otra vida, ahora tengas miedo a determinadas situaciones, porque temes que te vuelva a ocurrir lo mismo. Puede traerte deseos de autodestrucción, que te rebeles contra una vida que tuviste antes pero que perdiste y aún no comprendes el porqué. Puede que decidas hacer sufrir a los demás como venganza por lo que tuviste tú que sufrir. Los seres humanos somos harto complicados, y muchos reencarnacionistas nos preguntamos con frecuencia cómo cambiaría el mundo si solo tuviéramos una perspectiva un poco más amplia y fuéramos capaces de comprender que nuestras vivencias no se reducen a lo que hayamos podido experimentar en nuestra corta existencia actual.

Nos queda aún tanto por aprender...

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sábado, 12 de julio de 2014

El inconsciente colectivo de Jung... y sus variantes.

Parece que últimamente esta teoría está cobrando fuerza entre los escépticos, o, al menos, no dejo de oírla por todas partes... por supuesto, siempre entre los que no recuerdan vidas pasadas. Admito que es una de las teorías más atractivas y sensatas para los que se acercan por primera vez a la reencarnación. Aunque dudo que todos ellos se hayan molestado en consultar en los libros apropiados en qué consiste esta teoría. Por ello, una parte de mí desearía gritar con todas sus fuerzas e incluso recurrir a la violencia:

¿PERO QUE PROBLEMA TENÉIS CON ACEPTAR LA REENCARNACIÓN Y YA ESTÁ?

Pero como soy una persona adulta, racional, he aprendido a calmarme con los años y sé que con la violencia no se llega a ningún sitio (es una de las cosas que aprendí a golpes), me voy a esforzar por explicar el concepto de inconsciente colectivo y el por qué no me sirve para explicar mis experiencias y las de otras muchas personas.

Según la Wikipedia, el inconsciente colectivo es un término acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, colaborador de Sigmund Freud hasta que comenzaron a divergir en sus opiniones, y figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Jung postuló la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón. Se basa en la existencia de arquetipos, a los que también llamaba imágenes primordiales. Los arquetipos expresan los instintos en un sentido biológico, pero al mismo tiempo comprenden el lado espiritual. Se manifiestan en fantasías y revelan su presencia solo por medio de imágenes simbólicas. El contenido de los sueños es siempre simbólico. El término arquetipo fue entendido como referido a motivos o imágenes mitológicos diferenciados. Jung se encargó de aclarar que si fueran diferenciados serían conscientes. Los arquetipos son en realidad una tendencia a formar representaciones sobre un modelo básico que afecta emocionalmente a la consciencia. Algunos motivos principales son el ánima, o principio femenino, y el ánimus, principio masculino. La sombra es el lado inconsciente de la personalidad, mientras el sí-mismo es la totalidad, parte consciente e inconsciente.

Jung trabajó mucho con los sueños y además analizó cómo se creaban los mitos, leyendas y religiones de las distintas culturas, y eso le llevó a identificar una serie de elementos psíquicos comunes en todas ellas (los arquetipos). Supuestamente estos arquetipos —el anciano, la sombra, el héroe— se transmitirían hereditariamente y se refieren a problemas universales que todos deberemos enfrentar, como la muerte, el sentido de la existencia, lo masculino y femenino, el deseo, etc. Nosotros tenemos conocimiento de ellos a través de los mitos y nuestros sueños.


Bien, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Sí, en nuestros sueños pueden aparecer elementos simbólicos. Puede que en alguna ocasión nos veamos a nosotros mismos como guerreros, princesas, reyes, verdugos, brujas... y muchas veces no será más que la forma en que nuestro subconsciente se está expresando, haciéndonos sentir como se sentirían alguno de estos personajes, tal vez porque estamos viviendo una situación en nuestra vida real que nos hace sentir como tales. Pero, evidentemente, eso NO es un sueño de vida pasada. Y si es una fantasía, jamás podrás verificar históricamente lo que has visto en ese sueño.

Otros buscan la explicación a los supuestos recuerdos de vidas pasadas en los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake. Según él, las mentes de todos los individuos de una especie (incluido el ser humano) se encuentran unidas y forman parte de un mismo campo mental planetario. Ese campo mental, al que denominó morfogenético, afectaría a las mentes de los individuos y las mentes de estos también afectarían al campo. “Cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie y a la cual conforman”, afirma Sheldrake. De este modo, si un individuo de una especie animal aprende una nueva habilidad, les será más fácil aprenderla a todos los individuos de dicha especie, porque la habilidad “resuena” en cada uno, sin importar la distancia a la que se encuentre. Y cuantos más individuos la aprendan, tanto más fácil y rápido les resultará al resto. Un fisiólogo llamado Mc Dougall, de la Universidad de Harvard, en 1920, comprobó que las nuevas generaciones de ratas aprendían más fácilmente a salir de un laberinto que las primeras. Y también es interesante el experimento del mono cien, llevado a cabo en la isla japonesa de Koshima, en 1952. Todo ello viene muy bien descrito aquí. 

Bien, como teoría resulta interesante, y puede que sea cierta. Pero, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Como mucho, explicaría ciertos fenómenos inexplicados hoy por hoy por la ciencia relativos a la evolución. Pero ni la teoría del inconsciente colectivo, ni los campos morfogéneticos, o incluso esa "matriz holográfica" que he oído mencionar más de una vez y que aún no sé muy bien qué es, explican que muchas personas recordemos vidas pasadas. Ninguna de estas teorías dice que en algún lugar del universo están almacenados los recuerdos de todas las personas que han pasado por la Tierra y que por ciertos métodos mágicos cualquiera puede acceder a ellos aleatoriamente. Quizá podría explicar el temor irracional que muchas personas sienten hacia las arañas o las serpientes, o... echándole mucha imaginación, tal vez explicaría que en lugares distantes del planeta se repita el diseño piramidal para construir algunas estructuras. O por qué todos hemos soñado alguna vez que se nos caen los dientes. Pero esto no puede de ninguna manera explicar que yo haya recordado —recordar se queda corto aquí, sería más bien revivir, sentir, ver en primera persona, experimentar—, a veces con mucho detalle, la vida de unas cuantas personas, nacidas en épocas muy concretas, con vidas que se pueden ordenar una detrás de otra de manera cronológica, con personalidades muy similares a la mía, y también con aspecto físico similar (en aquellos casos donde lo he podido comprobar), con problemáticas que tienen relación con mis problemas actuales, y acompañadas de intensas emociones que me acompañan día a día. Si estuviera accediendo a esa especie de memoria universal —que tal vez exista, no digo que no, no creo que reencarnación e inconsciente colectivo sean incompatibles—, lo lógico sería que pudiese obtener información de muchísimas más personas y de manera mucho más caótica, o tal vez me encontraría con esos arquetipos descritos por Jung porque me identifico con ellos, pero cambiarían mucho más y no habría obtenido datos verificables tan concretos. Por supuesto, tampoco explican las marcas de nacimiento compatibles y totalmente contrastadas con los informes de autopsia de la persona fallecida o que un niño reconozca a familiares de esa supuesta vida pasada, tal y como describe Ian Stevenson en muchos de sus casos.

En definitiva, está bien que busquemos alternativas a la existencia de la reencarnación si no nos sentimos cómodos aceptándola de buenas a primeras, pero antes de decir nada, estudiemos en profundidad esas alternativas y hablemos con propiedad. O, mejor aún, pasemos a la práctica y olvidemos la teoría. Es muy fácil hablar por hablar, pero aún son muy escasas las personas que intentan experimentarlo por sí mismas.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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