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sábado, 9 de mayo de 2020

Falacia vive el presente: ejemplo práctico.

Pasan los años y todo sigue igual. En mi grupo de reencarnación en Facebook escasean las preguntas interesantes, el debate y las reflexiones. Todo el mundo quiere recordar vidas pasadas o incluso tiene recuerdos, si he de creerme lo que contestan al entrar en el grupo, pero luego parece que no hay nadie pensando sobre reencarnación, leyendo un libro que hable del tema o simplemente buscando respuestas. No sé por qué pero entre mis contactos aparecen muchos perfiles de personas interesadas en la espiritualidad, aunque normalmente más parecen personas religiosas compartiendo estampitas de santos y "profundas" frases vacías de supuestos gurús indios. Hace tiempo que me dedico mucho más a la introspección en solitario o con personas afines que a discutir en redes sociales, pero a veces no lo puedo evitar, sobre todo cuando te encuentras con cosas como esta:


Es un tema que ya he tocado en muchas ocasiones en este blog, por ejemplo en esta entrada. Solía ponerme de muy mal humor, porque incluso en círculos donde se cree en la reencarnación, enseguida se pone de manifiesto que no tienen ni idea de lo que hablan, y para evitar cualquier confrontación o cualquier mínima posibilidad de que les hagas cambiar de opinión, enseguida te salen con eso de “Namasté”, simbolitos de manos en posición de rezo 🙏 🙏 🙏 y palabras vacías de paz y felicidad cuando en realidad lo que quieren decir es “Me importa un carajo lo que me estás contando, yo repito lo que dice el gurú X porque es súper bonito y sigo mi camino espiritual en el que además por supuesto seguiré masacrando otros animales para comer pero eso sí con mucho respeto y amor”. No se puede ser más hipócrita.

Mi primer comentario, bastante comedido, fue este:


A lo que siguió:



Claro. Traer recuerdos y apegos mentales. Porque como es bien sabido, todos nosotros, cuando nos sentimos deprimidos y ansiosos y no conocemos la razón, estamos deseando meditar y que nos aparezcan recuerdos de haber sido ahorcado, maltratado, fusilado en una guerra, violada o asesinada por tu padre. Y por supuesto, si reconoces un “apego mental” de esos, pues lo disuelves en tu imaginación y listo, como por arte de magia ya te puedes centrar en el presente y dejas a un lado tus ganas de suicidarte.


“El silencio es una buena respuesta”, dice. Y se queda tan ancho. Aquí me dieron muchas ganas de extenderme, pero no quería perder mi tiempo. No, amigo Swami gurú o quien seas. El silencio era lo que yo traía en mi infancia y adolescencia, del trauma que traía debido a las amenazas de muerte recibidas de un oficial alemán durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enteraron de que había contado a mi jefe que había sufrido violaciones por parte de él, con la esperanza de que alguien me ayudara. Tenía, literalmente, miedo a hablar, a moverme y a contar mis problemas a nadie. Y si no hubiera sido porque recordé vidas pasadas, esos traumas habrían seguido conmigo toda mi vida. Esos recuerdos no los “traje” yo, por cierto, aparecieron por sí mismos sin ningún esfuerzo por mi parte. Porque quizá, en muchos casos, necesitan estar ahí para hacernos sanar y seguir adelante. En el silencio y el inmovilismo de una espiritualidad mal entendida, nadie aprende nada. La teoría es muy bonita y nos encanta estar todo el día recitando frases que suenan muy bien, pero la práctica es bien distinta. Igual que las asanas en el yoga consisten en sudar, enfrentarte a ti mismo y superarte cada día, la parte práctica de la reencarnación consiste en conocer de verdad tus vidas pasadas, en revivir todo lo que hiciste, ya estuviera bien o mal, en llorar, sangrar y arrepentirte. Porque la superación no se alcanza mirando la pared con expresión de santo y deseando perdonarte a ti mismo o enviando mucho amor a los que te rodean. La superación se alcanza hundiéndote en el barro, sangrando, sintiendo de nuevo las emociones y transformando la oscuridad que todos llevamos dentro en luz, algo que lleva muchos años conseguir.

Vivir en el presente no es posible mientras necesites procesar emociones de vidas pasadas. Y, en muchas ocasiones, el pasado se hace presente, nos guste o no. No ganamos nada bloqueando esa puerta y autoengañándonos con consejos de gente que no tiene ni idea de reencarnación o vidas pasadas.



Del otro comentario casi ni voy a decir nada, porque no encuentro sentido alguno en ninguna de las frases, todas prefabricadas y vacías de significado. “Sé feliz”, “Haz en ti lo que quieras que haga el mundo”, “Para no abrir puertas emocionales, nadie da lo que no tiene” 🙄. Otra que se queda tan ancha y no ha dicho absolutamente nada… 

Pero así es el mundo de la espiritualidad. Lo siguiente será que me acusarán de tener mucho ego, poca compasión y no ser capaz de ir por ahí diciendo a todos “Namasté”.

domingo, 3 de febrero de 2019

¿Se supone que no debemos recordar?

Hace unos días Jenny Cockell escribió en su página de Facebook algo que me llamó la atención. Aclaro que no es una crítica a su persona ni mucho menos, solo es una reflexión sobre unas palabras que con bastante frecuencia escucho en el mundo de la reencarnación:


Traducido por una servidora:

“Estoy segura de que la mayoría de los niños de tres años tienen recuerdos de vidas pasadas, aun cuando sea una sola imagen aislada. Pero la mayoría olvidan completamente en unos pocos años. Uno se pregunta por qué. 

Mi opinión es que se supone que no debemos recordar, porque los recuerdos conscientes de vidas pasadas pueden interferir con el presente, especialmente cuando esos recuerdos con difíciles o particularmente desagradables. Es mucho más fácil embarcarse en la vida solo con la guía inconsciente de nuestra experiencia pero sin interferencia consciente del pasado. 

Así que si no recuerdas una vida pasada, esto no debería preocuparte. Es importante vivir en el ahora y vivir tu vida completamente consciente del contexto del presente.”

 Escribí mi propia visión en mi muro de Facebook:



Y también intercambié unas palabras con la propia Jenny:




Pero como esto no es Facebook y creo que la publicación era bastante interesante, hoy la voy a analizar aquí con más profundidad. Veamos:

“Estoy segura de que la mayoría de los niños de tres años tienen recuerdos de vidas pasadas, aun cuando sea una sola imagen aislada.”


Totalmente de acuerdo. Y la gran mayoría de esos recuerdos probablemente no son traumáticos. Como dice la terapeuta Carol Bowman, para los niños es difícil diferenciar el pasado del presente, en muchos casos es como si no hubiese continuidad entre una vida y otra, y para ellos es de lo más natural. El problema es que si llegan a hablar de esos recuerdos, los padres le van a restar importancia, van a creer que es solo imaginación, y en el peor de los casos, le van a decir al niño que son tonterías o que no vuelva a mencionar nada.

“Pero la mayoría olvidan completamente en unos pocos años. Uno se pregunta por qué.”


Aquí yo ya no estaría tan segura. ¿Realmente olvidan o solo dejan de hablar de ello? A muchas personas que llegan a mi foro y que recuerdan vidas pasadas, les pregunto si ya de niños recordaban, y lo que me encuentro mayoritariamente es que sí que tenían recuerdos, o al menos experiencias que no sabían muy bien cómo interpretar. Yo misma tenía algunas intuiciones y algunos sueños que luego supe estaban relacionados directamente con mis vidas pasadas. ¿Lo olvidé? No, solo lo aparté a un lado porque no tenía respuestas y sabía que probablemente jamás llegarían.

Por desgracia, vivimos en un mundo materialista y desde que somos niños nos dicen que lo espiritual no tiene importancia, y que debemos centrarnos en el presente. Como le dije a Jenny Cockell, “olvidar” me parece una palabra un poco fuerte. Lo más seguro es que esos niños no olviden, sino que solo apartan esas sensaciones a un lado y obedecen las órdenes de sus padres: “Lo que dices no tiene sentido porque esta es la única vida que vivimos, así que no le prestes más atención”.


Río Leteo de la mitología griega.
Río Leteo de la mitología griega. Las almas debían beber de él antes de reencarnar para no recordar sus vidas pasadas.


“Mi opinión es que se supone que no debemos recordar, porque los recuerdos conscientes de vidas pasadas pueden interferir con el presente, especialmente cuando esos recuerdos con difíciles o particularmente desagradables.”


Tampoco estoy de acuerdo con esto. Me recuerda a aquella creencia clásica de la época de Platón según la cual antes de nacer bebemos de un río cuyas aguas nos hacen olvidar nuestro pasado, y así nacemos sin saber que hemos vivido antes (en concreto me refiero al río Lete o Leteo de la mitología griega). Sin embargo, parece ser que los recuerdos de vidas pasadas en niños son mucho más frecuentes de lo que pensamos. Y en los adultos también es muy frecuente que aparezcan recuerdos espontáneos. Así que, algo no me cuadra aquí. ¿Es verdad que existe un “velo”, como lo llaman los espiritistas? ¿O es únicamente que no recordamos porque casi desde que nacemos hemos dado por supuesto que no existen vidas pasadas y que debemos centrarnos en el presente? Yo pienso que es nuestra mente la única barrera entre nuestro pasado y nuestro presente. Ella es la que crea esas ideas preconcebidas que nos hace ignorar una fuente inabarcable de conocimiento sobre nosotros mismos. Con frecuencia esos recuerdos surgen con fuerza cuando los hemos ignorado demasiado, o cuando son la respuesta a problemas que tenemos en la actualidad. Y sí, es verdad que pueden resultar difíciles o desagradables en ocasiones, pero no creo que esa sea una buena razón para intentar evitarlos. Normalmente están ahí por una razón, y debemos escuchar lo que nos quieren decir.

¿Interfieren con el presente? No hasta el punto de que no puedas vivir ese presente. A veces tenemos que pasar por una enfermedad, y puede que tengamos que guardar cama durante semanas o meses, hasta que se produce la recuperación. ¿Decimos que esa enfermedad te impide vivir el presente? No, es algo que tienes que pasar por necesidad, precisamente para poder seguir viviendo esta vida. ¿Por qué si en lugar de una enfermedad física se trata de una “enfermedad” del alma, lo vemos como algo que interfiere? Ambas enfermedades son presentes, y debemos pasar por ella para poder sanar el cuerpo o el alma, ambas nos transforman interiormente y nos dan más fuerza para continuar. Ambas son algo que vivimos ahora.

Pero también hay veces que ya no queda nada que sanar, y los recuerdos siguen viniendo. Estos recuerdos tampoco interfieren con el presente. Más bien al contrario, le dotan de una profundidad especial, le dan una razón a acontecimientos y encuentros que parecerían más superficiales si no supiéramos ciertas cosas. Sí, puedes vivir perfectamente sin ellos. Nadie dice que sea imprescindible recordar vidas pasadas. Pero los que lo hacemos tenemos una especie de biblioteca en la que podemos consultar cosas que nos ayudan a comprender mejor los retos de nuestra vida presente.

“Es mucho más fácil embarcarse en la vida solo con la guía inconsciente de nuestra experiencia pero sin interferencia consciente del pasado.”


No necesariamente. Podría parecer a priori que es así, pero creo que a veces la vida se complica precisamente por no poder llegar a la raíz del problema que nos aqueja: quizá una depresión, falta de entendimiento con tu pareja, sentimientos de abandono, miedos, fobias… La experiencia inconsciente puede estar ahí detrás sin que nosotros lo sepamos, pero si no se hace consciente no podemos hacer nada con ella, no podemos utilizarla para comprender lo que nos pasa de verdad y poner una solución.

“Así que si no recuerdas una vida pasada, esto no debería preocuparte.”


Sí, en esto estoy de acuerdo. Tampoco deberías preocuparte si no tienes la habilidad de hacer viajes astrales conscientes (aunque puedes aprender), o si no eres un sensitivo que puede ver fantasmas. Yo prefiero decir que no debes preocuparte porque es posible que no necesites conocer tus vidas pasadas para vivir esta vida. Recordar vidas pasadas es a veces un peso emocional extra que vas a llevar por una temporada. Y puedo asegurar que a largo plazo te va a hacer mucho bien. Pero podríamos decir lo mismo si vas a hacer in triatlón o vas a subir el Everest. No es imprescindible para vivir. Aún así, los que recordamos vidas pasadas no tenemos nada especial. Todos tenemos un pasado, y todos tenemos el derecho y la posibilidad de acceder a esa información si eso es lo que quieres. No hay nada que lo impida. Estoy convencida de que lo del velo es un mito y las barreras las ponemos nosotros, nadie más.

“Es importante vivir en el ahora y vivir tu vida completamente consciente del contexto del presente.”


Posiblemente esta es la frase que más me molesta de toda la publicación, porque no es más que un tópico. Ya he hablado de él antes. ¿Es importante vivir en el ahora? Pues a ver, es que no tenemos más que remedio que hacerlo. Y si estamos perdidos en el pasado, porque tenemos un trauma no resuelto, tenemos que pasar por un duelo o tenemos que comprender ciertas cosas antes de continuar… pues debemos hacerlo. No es un capricho desear que nuestra vida presente se detenga durante un tiempo para que podamos procesar esas emociones. Es necesario para poder seguir viviendo, para liberarnos, al menos parcialmente, de un lastre que seguimos llevando a nuestras espaldas y que no nos permite vivir el presente como desearíamos. Así que por muy importante que sea vivir en el ahora, eso no quiere decir que sea siempre posible, y no hay nada malo en tomarnos un tiempo para reflexionar sobre el pasado. Después de todo tenemos toda la eternidad por delante para vivir en el ahora.


domingo, 19 de julio de 2015

Síndrome de estrés postraumático y vidas pasadas.

Cuando escribí mi última entrada, tenía en mente acabar hablando un poco sobre el síndrome de estrés postraumático y cómo lo que nos ocurre a los que recordamos vidas pasadas no es en nada distinto a lo que padecen otras personas después de pasar por experiencias traumáticas. Al final la entrada se hizo más larga de lo que esperaba, decidí volver a retomar el tema en un día o dos, y después me volví a ver absorbida por la vida real... hasta hoy. Pero ahora que ya tengo esos proyectos casi finalizados, puedo volver al blog.

Bueno, dio la casualidad que en un corto espacio de tiempo me llegaron varias referencias externas a este asunto del síndrome de estrés postraumático (cuyas siglas en inglés son PTSD). Una provenía de alguien que está lidiando con sus propios recuerdos y me comentaba que se había dado cuenta de que ella presentaba muchos de los síntomas que caracterizan este síndrome... solo que el origen de sus traumas se encuentra antes de su nacimiento.

Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, usado como referencia por los psiquiatras), los criterios de diagnóstico del síndrome de estrés postraumático son los siguientes:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2:

  1. La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
  2. La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados.
B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
  1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
  2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible.
  3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
  4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
  7. Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).
D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  2. Irritabilidad o ataques de ira.
  3. Dificultades para concentrarse.
  4. Hipervigilancia.
  5. Respuestas exageradas de sobresalto.

E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.

F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. 



Yo ya estaba familiarizada con el PTSD porque desde que me muevo en foros de reencarnación leí las experiencias de personas que habían sido soldados en otras vidas y ya habían reparado en cómo los traumas de vidas pasadas no son para nada distintos a los de la vida presente. También había identificado algunos de esos síntomas en mí, siendo los más intensos la ansiedad y depresión que me acompañaban casi desde siempre, y que son los que me llevaron a querer buscar respuestas más allá de lo que me ofrecía la medicina. Sin embargo, no había profundizado mucho en el tema; no lo creí necesario, porque por lo que había visto, no había ninguna duda de que es así como funcionan las cosas. Ahora, releyendo los síntomas enumerados en el DSM-IV, aún me sorprendo de que la gran mayoría de esos síntomas, casi uno por uno, se me podrían aplicar a mí, especialmente cuando estoy en medio de una fase de past life mood. Y si tienes en cuenta los numerosos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, no podría ser más obvio. Es una lástima que la sociedad en general continúe tan ciega a la posibilidad de la reencarnación.

Haciendo una nueva lectura de estos síntomas, y relacionándolos con mi vida pasada en la Segunda Guerra Mundial (origen en su mayor parte de mi ansiedad y depresión actual) las vidas pasadas, veamos:

La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
Esto (las tres cosas) pasó continuamente en esa vida.

La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Por supuesto. Tanto, que acabé suicidándome.

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
Bajo regresión, montones de ellos. Una vez dije que jamás he pasado tanto miedo como en mis regresiones de la SGM.

2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar.
En mi caso no, porque excepto en contadas ocasiones no suelo tener sueños de vidas pasadas (aunque sí he tenido algún sueño “raro” relacionado con abusos por parte de alguien más poderoso que yo, en un entorno “militar”).

3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse).
He tenido flashbacks cuando me he visto en situaciones similares a las del pasado. Lo que conté en mi anterior entrada es un buen ejemplo de ello.

El PTSD no va sobre qué está mal en ti, sino sobre qué te ocurrió.
 4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
Esto me pasaba mucho antes de recordar vidas pasadas, cuando estaba en quirófano y veía mucha sangre, aunque a veces me pasaba y otras veces no (por lo que descarto aprensión a la sangre, que jamás he tenido... al menos cuando no es la mía). Actualmente lo identifico con lo que algunos reencarnacionistas hemos dado en llamar “La Reacción”. Por cierto, los puntos 4 y 5 son una estupenda descripción de lo que es un trigger.

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.

2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
Siempre de manera inconsciente, pero de pequeña evité leer una enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial que había por casa, a pesar de que me leía hasta los paquetes de cereales. Quizá no tenga nada que ver, pero en esta vida también evito los médicos todo lo que puedo. El otro día también quise evitar entrar en un hospital de campaña. Poco a poco me voy acostumbrando a exponerme a libros o películas que tengan que ver con guerras, pero siempre es duro y luego he de enfrentarme a todo tipo de emociones y arriesgarme a que mi pareja me deje por no responder a sus estímulos.

3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
También estuvo presente un tiempo... hasta que me dije a mí misma que necesitaba revivirlo de nuevo, para que así no dejara de perturbarme e influir en mi vida actual.

4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
7. Sensación de un futuro desolador.
Por supuesto, todos ellos son síntomas de depresión, los conozco bastante bien.

1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
2. Irritabilidad o ataques de ira.
3. Dificultades para concentrarse.
4. Hipervigilancia.
5. Respuestas exageradas de sobresalto.

En efecto, esto me pasaba cuando sufría las crisis de ansiedad, sin saber aún qué me estaba pasando.

Creo que no hace falta insistir más. El único punto por el que no entraría dentro del diagnóstico es que según el CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades), es indispensable que los síntomas de estrés postraumático hayan aparecido dentro de los seis meses después del suceso traumático. Evidentemente, este criterio está totalmente equivocado. Las personas que recuerdan vidas pasadas traumáticas sabemos que esos síntomas pueden aparecer mucho después, incluso después de haber muerto. Lo malo es que a nosotros nadie nos hace caso y seguramente nos clasificarán dentro de los trastornos de personalidad múltiple, si son bondadosos...

Una pena.

Y para acabar, solo decir que yo no soy la única que sabe que hay relación entre el síndrome de estrés postraumático y las vidas pasadas. El investigador Erlendur Haraldsson, de la Universidad de Reikiavik (Islandia) publicó en el año 2003 un artículo donde expone que muchos de los síntomas, como la dificultad en la concentración, los arrebatos de ira o el miedo inexplicable en determinadas circunstancias, también están presentes en muchos niños que supuestamente recuerdan vidas pasadas.

lunes, 8 de junio de 2015

La Reacción.

Diversos acontecimientos me han tenido alejada de mis vidas pasadas, aunque no de la reencarnación, ya que eso es imposible. Pero no tiene nada que ver pensar y teorizar sobre la reencarnación, con tener que lidiar con tus recuerdos, eso está claro. Aparte de eso, también he estado más centrada en mi vida actual, con problemas de trabajo, nuevos proyectos, cursos... y todo ese movimiento me ha restado energía para invertir en la reencarnación. Poco a poco todo va quedando en el pasado, y a veces llegas a preguntarte si todo aquello que viste y sentiste en esas regresiones, todo el trabajo que hiciste, fue solo una ilusión, una ida de olla, una etapa que pasaste “en las nubes” que para nada es real. Y resulta que luego un día, de manera totalmente inesperada, algo sucede que te vuelve a trastornar, y te recuerda que no, por supuesto que no, tus vidas pasadas siguen siendo parte de ti. No solo eso: te siguen afectando emocionalmente. La reencarnación es real. No puedes dudarlo.

Ayer se me ocurrió ir a visitar la exposición que las Fuerzas Armadas habían organizado en Madrid, con motivo de la celebración del 5 de Junio. Mi pareja y yo nos enteramos a última hora, y como no teníamos nada mejor que hacer, era cerca de casa, y era gratis, decidimos acudir. A pesar de mi vida en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, mi interés en todo lo militar antes de recordar era prácticamente nulo. Pero mi trabajo en el Ejército estadounidense en la Alemania Occidental de los años 60 fue bastante entretenido, y eso siempre me trae buenos recuerdos: cuidaba del mantenimiento de los helicópteros, sabía tirarme en paracaídas, hacía vuelos de prueba, conducía un camión militar... En todo eso iba pensando mientras nos acercábamos a la exhibición, deseando poder meterme en la cabina de un avión o en un tanque. Nada más llegar, el enorme helicóptero que había a la entrada nos dejó sin habla... pero enseguida llamó mi atención un vehículo con una cruz roja que había detrás. Luego vi que no solo había un vehículo, sino que habían levantado un hospital de campaña. Eso me traía recuerdos de la Segunda Guerra Mundial... y eso ya no es tan divertido.


Me imagino que muchos lectores podrían pensar que mi propia sugestión hizo el resto. “Creo firmemente” que viví terribles acontecimientos traumáticos en un hospital de campaña alemán en territorio francés, así que mi propio cerebro hizo que mis piernas comenzaran a temblar y que me detuviera a la entrada. Supongo que solo yo sé que esto no lo produce una simple creencia. Le dije a mi pareja que no estaba segura de querer entrar ahí. Yo lo llamo un “cambio en la energía”, porque los súbitos sentimientos que te invaden no tienen nada que ver con lo que sentías hasta entonces. Me forcé a mí misma a avanzar. No podía desaprovechar la oportunidad de ver en realidad un hospital de campaña (algo que jamás había hecho antes), y quizá obtener alguna pequeña verificación, pequeña ya que al fin y al cabo este era un hospital moderno, no uno de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, creo que no había mucha diferencia... Entré y la sensación fue como transportarme a 1942. Sobre todo quería comprobar que las paredes daban la sensación de ser sólidas como si fuera un edificio... porque esa era la sensación que tenía en mis recuerdos, que no parecían ser las paredes de “una tienda”. Vi las camas metálicas y las camillas con grandes ruedas y neumáticos. Vi los instrumentos médicos (estos no me produjeron ninguna sensación, porque los veo todos los días por mi profesión). Pero la visión del quirófano al fondo fue lo que más me impresionó, porque era exactamente así como lo recordaba... Las ganas de llorar que tenía desde el principio comenzaron a hacerse más fuertes, y luego se unió la terrible rabia que aún siento cuando recuerdo todo aquello. Flashes de soldados heridos y mucha sangre. Y sobre todo, cuando veía aquellas gruesas lonas con cremallera en las camillas, como sacos de dormir que me imagino se usan para mantener a los pacientes calientes, solo podía imaginar que en su interior había cadáveres. Empecé a sentir ansiedad también, y mi mente me susurraba: “Sal de aquí”.


Así lo hice. Si hubiera estado sola quizá habría aguantado hasta ser presa de lo que llamo “La Reacción”. Fue una amiga la que utilizó este término para describir las reacciones físicas que sufrimos a veces los que recordamos vidas pasadas cuando nos vemos en una situación como esa, en la que la escena que estás viendo te trae recuerdos del pasado muy vívidos y dolorosos. También la pueden sufrir personas que aún no tienen recuerdos conscientes, como es común entre los turistas que van a visitar Auschwitz, sin saber que fueron víctimas del Holocausto. Necesitaba... aún necesito, liberar todas esas emociones que no acaban de salir, a pesar de lo que mucho que he llorado ya en mis regresiones. El dolor continúa enquistado. La muerte de mi novio por fuego enemigo, sin que yo como enfermera pudiera hacer nada para evitarlo, no se olvida fácilmente. Yo no quería ser el foco de atención ni ponerme a vomitar ni caer desmayada, así que salí del hospital. Pero las emociones aún no se han ido.

Estoy convencida de que si hubiera estado enchufada a un monitor, se habrían notado los cambios fisiológicos en mi organismo. Puedes fingir un ataque de ansiedad, pero eso no se refleja en un electroencefalograma. Yo no llegué a tanto, pero creo que si hubiera estado dos minutos más, quizá sí habría llegado. Más tarde mi pareja me dijo que me había puesto blanca. Y, desde luego, las ganas de llorar ya me acompañaron durante el resto de le exhibición, y también una gran furia interna que ya no me permitió disfrutar de la visita.

Hace solo unos días le decía a una amiga para animarla que yo era prueba de que se podía sanar, que ya no me acordaba apenas de mis vidas pasadas. Menos mal que sé que no pude engañarla...

lunes, 9 de marzo de 2015

Qué es ser reencarnacionista (para mí).

El otro día navegando por la red vi que hay otras personas que también utilizan la palabra “reencarnacionista”. Sin embargo, observé que para algunos esa palabra tiene cierta connotación negativa porque para ellos parece ser sinónimo de “ferviente creyente en la reencarnación”, próximo a una especie de fundamentalista religioso. Olvidaron especificar cuál es su propia definición de reencarnacionista, porque como se puede ver en la columna lateral del blog, esta palabra aún no está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por tanto, por “reencarnacionista” cada uno entiende lo que quiere.

Hoy me apetecía profundizar en esta cuestión. Como ya he comentado alguna vez, para mí lo más importante no es “creer” o no —la creencia en ella no es un requisito indispensable para recordar o para que tu hijo te diga que antes tenía otra madre—, sino tener recuerdos propios. Tampoco me vale una regresión aislada o un sueño que tuve hace cuarenta años que no me resuelven mis dudas. No. Recordar vidas pasadas supone enfrentarte también a una serie de emociones que surgen de tu interior y a una serie de preguntas trascendentales que te vas haciendo a lo largo del camino, las cuales te arrastran más y más y te llevan a continuar en tu búsqueda espiritual. Esto no significa que “recordar” te haga creer en la reencarnación instantáneamente. Esto es un proceso muy largo con muchas fases, distintas para cada uno. A veces utilizo las palabras “recuerdo” o “recordar” solo por una cuestión de ahorro, no porque esté segura de que todo lo que sale en una meditación sea de verdad un recuerdo. Siempre debemos mantener una actitud racional e investigar esos posibles recuerdos, tratar de verificarlos, y si eso no es posible, siempre ser conscientes de que hay un margen para el error.

Recordar vidas pasadas supone establecer una conexión con tu alma, yo superior o como cada uno quiera llamarlo, que ya no va a desaparecer. Aunque para muchos sea algo difícil de comprender o de llevar a cabo, la meditación tiene esos efectos: es como un entrenamiento cerebral que poco a poco te hace ser más intuitivo, te hace estar más alerta de las señales que tu alma te envía constantemente. Al principio mis recuerdos llegaron como un violento tsunami que amenazó con ahogarme. Hoy llegan gota a gota, pero la conexión siempre está ahí, y cuando menos te lo esperas, ocurre algo en la vida real que te hace recordar que todo sigue igual: esa persona que fuiste, las emociones que sentiste, están todavía vivas. Como siempre decimos, la muerte no existe, y el pasado se convierte en presente para los reencarnacionistas.


Ayer me ocurrió cuando vi el reportaje sobre la capitán Zaida Cantero. Podría decir que sufrí un trigger en toda regla. No me vinieron muchos flashes, pero sí muchas emociones que llegaba a sentir quemándome en el plexo solar y que me hacían viajar a dos de mis vidas pasadas. Solo siendo testigo de sus silencios, adivinando el calvario por el que ha tenido que pasar durante largos años, y sobre todo, viendo cómo una vez más reinan la impunidad y la injusticia en algo tan serio como son los abusos sexuales, me hervía la sangre. Volvía a verme a mí misma ignorada por la sociedad, atrapada, condenada al silencio porque sabía que nadie me iba a ayudar, en unos tiempos en que las mujeres eran mucho menos de lo que somos ahora. Muchas mujeres pueden sentirse identificadas, eso no lo dudo. Pero no es lo mismo sentir empatía o compasión por alguien, que comprenderla al cien por cien por haber vivido algo similar. De hecho, si a ti también te hierve la sangre o sufres de alguna reacción emocional muy intensa como taquicardias, náuseas o bajadas de tensión cuando conoces casos similares al de Zaida, y sabes que en esta vida no has sufrido ningún tipo de abuso, tal vez te venga de una vida pasada.

Para mí, ser reencarnacionista supone mucho más que sonreír ante la perspectiva de volver a vivir, creer en almas gemelas, encontrar en el karma las respuestas a nuestras eternas preguntas o soñar con haber sido aquello que siempre hemos querido ser. Ser reencarnacionista y sentir, hoy, en tu propia piel, las emociones que originaron los traumas que te ocurrieron en el pasado, supone hacerte mucho más sensible a las injusticias que aún siguen ocurriendo en nuestro mundo. Estar seguro de que vamos y venimos continuamente no nos hace menos responsables de lo que ocurre en él, “porque al final no pasa nada”. Más bien al contrario, nos hace ser mucho más conscientes de que no hay karma que valga, y que somos nosotros, con nuestras propias decisiones, los que hacemos que el mundo sea como es.

Cuando pienso en casos como los de Zaida, no es la “maldad” del agresor lo que más me quita el sueño. Me duelen mucho más la complicidad y el silencio de todos los testigos que estuvieron allí y no tuvieron la fortaleza de ponerse de su lado. Me hace recordar —una vez más— que el progreso de la especie humana es exasperantemente lento. Además me produce mucha tristeza porque me pregunto si en una próxima vida Zaida también tendrá que hacer frente a las secuelas psicológicas de haber sido acosada laboral y sexualmente, como me ocurre a mí. Lo bueno es que me devuelve las ganas de luchar por aquello que creo que es justo, y despierta en mí el lado rebelde que en otras ocasiones me ha llevado a finales no muy agradables.

Ser reencarnacionista es viajar a lo más oscuro del ser humano. Para mí supone una veteranía en esto de recordar. Es haberte dado cuenta de que recordar vidas pasadas es un cambio muy profundo en tu forma de ver las cosas. Es una forma de vida. Tiene muchas cosas buenas, pero también hay etapas muy duras. Recordar vidas pasadas no es un mundo de color rosa lleno de luz y amor, aunque muchos aún continúen pensando así. Si tú aún lo piensas, te diría que aún no eres un verdadero reencarnacionista... pero mi definición de reencarnacionista aún no está aceptada por la RAE, así que no puedo llegar tan lejos. Si quieres, puedes contarme en los comentarios qué tipo de reencarnacionista eres tú.

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La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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