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sábado, 14 de enero de 2017

El único secreto es mirar en tu interior.

Lo reconozco. A veces estoy aburrida y visito un antiguo grupo de Facebook en el que hablan de experiencias cercanas a la muerte, aquel grupo del que me expulsaron por querer traer luz a temas tan interesantes como la parálisis del sueño o los niños que recuerdan vidas pasadas. Siempre me arrepiento de volver a sitios como ese, porque acabo con la misma sensación que me invade cuando me siento nostálgica y me paso por el foro de Carol Bowman, que es el lugar donde yo empecé a aprender: “¿Me he teletransportado al patio de un colegio?” Las conversaciones no es que sean básicas o típicas de principiantes —que no tengo nada en contra de estas últimas, todos hemos sido principiantes alguna vez—, lo que me hastía es que haya algunas personas que se limiten a parlotear sin más, como si hablar de la muerte o la reencarnación fuera algo que haces en la sala de espera del médico o en la peluquería. Lo que me deja aturdida es el nivel de superficialidad que te encuentras en estos foros; ver lo fácil que es hablar por hablar, sin saber nada del asunto; y sobre todo, ver lo rápida que es la gente en juzgar este tipo de experiencias (algo que, por cierto, no ocurre en Foro Reencarnación).

Y cuando digo “juzgar”, me refiero a juzgar tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Por ejemplo, es bastante común oír a la gente decir que siente una envidia sana por las personas que hemos tenido este tipo de experiencias trascendentales, ya sea recordar vidas pasadas, haber estado a punto de morir y haber accedido a lo que parece otro estado de consciencia, o ser capaz de tener experiencias extracorpóreas voluntarias y conscientes. Lo dicen así, como si tener este tipo de experiencias fuera algo fácil, una habilidad que has aprendido igual que otros aprenden a jugar al billar, o un regalo del cielo que te hace ser “especial”. Estas personas no tienen ni idea de lo que supone tener cualquiera de estas experiencias. Muchas veces me dan ganas de decirles: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”.

Y no lo digo porque recordar vidas pasadas sea malo, ni mucho menos. Al contrario, desde aquí animo a todos los lectores del blog a que lo intenten, sobre todo si quieren conocer por sí mismos la Verdad y quieren llegar a estar realmente seguros de que somos seres inmortales que por alguna razón renacemos una y otra vez. Es un mantra que he repetido constantemente en todos los foros/grupos/comunidades/reuniones familiares en los que he estado:

Mira en tu interior, ahí es donde están todas las respuestas.

Pero la gente no se lo cree. No quieren intentarlo. Tienen miedo. Piensan que ellos no pueden hacerlo. O quizá solo se deba a la explicación más frecuente y universal que conozco, aplicable a todos los ámbitos de la vida: los seres humanos son expertos en buscar excusas cuando ven que algo implica un esfuerzo, ya sea cuidar tu salud, hacer ejercicio, dejar de comer carne, o renunciar a cualquier placer que se encuentre en el primer puesto de su lista de prioridades. Qué le vamos a hacer, es la naturaleza humana, yo no puedo hacer nada contra eso. Pero me enfada que luego las quejas y los lloros abunden en grupos como el que mencioné al principio de esta entrada: “Me aterra pensar que cuando muera todo acabará. ¿Alguien puede asegurarme que existe vida más allá?” O, “Estoy desolada por la pérdida de mi hijo. ¿Me reencontraré con él en el otro lado?”

Solo una persona puede responder a esas preguntas: TÚ MISMO. Aunque el precio no va a ser bajo. Mirar en tu interior implica crecer espiritualmente, pero crecer espiritualmente no es equivalente a acudir a un hipnoterapeuta y vislumbrar el periodo entre vidas en un par de sesiones, ni tampoco a ver seres de luz durante el transcurso de una ECM. Crecer espiritualmente consiste en llegar a los rincones más oscuros de tu alma y enfrentarte a tu propia sombra. Es muy posible que antes de llegar a estar completamente seguro de que la reencarnación es un hecho, tengas que armarte de valor para conocerte de verdad a ti mismo. 

Nunca he luchado con nada más difícil que mi propia alma.

A estas alturas hay pocos humanos que me enseñan algo y que me inspiran en mi propio camino vital. Uno de ellos es Iván Guevara, autor del blog El Aprendiz de Mago, a quien conocí tras tener mis primeras experiencias extracorpóreas voluntarias. Es él el que publicó hace muy pocos días una entrada sobre la importancia de mirar en nuestro interior, y gracias a él descubrí que hace milenios, en el Templo de Delfos, ya sabían que ese es el único camino si queremos conocer la Verdad. Allí se encontró una inscripción que decía:


Te advierto, quien quiera que fueres.
¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,
que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.


Esto es algo que no acaban de comprender todos aquellos que se interesan por la vida después de la muerte, todos aquellos que piensan que los que tienen las respuestas o saben cómo funciona la reencarnación son los espíritus, todos aquellos que se imaginan que recordar vidas pasadas consiste en que te hipnoticen una vez para saber que fuiste un gladiador romano que acabó desangrado en un circo, y ya está. Todos aquellos que se piensan que los que afirmamos recordar vidas pasadas somos unos frikis despistados que creemos en la reencarnación porque una vez soñamos con la época medieval. Esas personas no saben nada de emociones de vidas pasadas, ni de verificaciones históricas, ni de ardua búsqueda en registros, ni de edificios que viste en tu mente y luego encontraste tal cual en fotos de hace un siglo, ni de síndrome de estrés postraumático que parece durar eternamente, porque el trauma que lo originó tuvo lugar en el siglo XIV. Esas personas son las que siguen creyendo que “los malvados” no reencarnan o que todos tenemos (o tendremos) deudas kármicas que pagar, las que creen que ellos nunca hicieron nada malo en el pasado, las que aún creen que hay algo externo que debe juzgarte después de muerto, las que aún no han descubierto su propia sombra, las que aún no saben que la lucha es únicamente contigo mismo. Como bien escribió Iván Guevara en su blog:
   
“El subconsciente, nuestra sombra, es nuestro demonio. Todo lo que no hemos superado, todo lo que nos ha herido, todo lo que nos ha frustrado, todo lo que no hemos sido capaces de comprender, se esconde allí. Ese es el demonio que nos perturba ahora y seguramente después de muertos.”

Alguien decía en ese grupo de Facebook que no le parecía bien que solo hablaran de experiencias cercanas a la muerte positivas e ignoraran las negativas, porque eso le quitaba la esperanza de encontrarse con algo bueno después de la muerte. Una visión tan parcial de la realidad solo es posible cuando no te has molestado en investigar lo suficiente; cuando solo buscas el bálsamo que te alivie tus miedos y no la Verdad con mayúscula; cuando solo te vale la creencia y no la certeza de que vivimos, morimos y volvemos a vivir; cuando no quieres asumir la responsabilidad de que la realidad en la que vivimos es consecuencia de nuestros pensamientos y nuestras acciones. Creer siempre es más fácil que saber.

En consonancia con una de mis citas preferidas de Carl Jung, la que reza “Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”, Iván Guevara también reflexionaba:

“Bajar al infierno, es abrir e iluminar esas partes oscuras de nuestra psicología. Allí, encontraremos al demonio. Ese demonio, es más poderoso, horrible, y perverso, si es que lo hemos ocultado, amarrado, censurado, despreciado. Ese demonio, tiene las llaves de los tesoros que nos faltan. Ese demonio, necesita ser comprendido, aceptado y amado. Pero, ¿por qué deberíamos hacer eso? Porque ese demonio es también parte de nuestra alma.”



Si estás dispuesto a hacer esto, a bajar al infierno y encontrarte con tu demonio personal, el que tiene la llave de lo que quieres saber, adelante. No tengas envidia sana, eso no te conduce a ningún sitio. La acción es lo que cuenta. Ponte a ello y recuerda vidas pasadas, o al menos inténtalo. Es mucho más fácil de lo que parece, en serio. Cuando yo quise tener experiencias extracorpóreas conscientes, ¿me puse a quejarme de lo difícil que es eso o a envidiar a los que tienen esta habilidad desde jóvenes? No, busqué a gente que sabía, seguí sus consejos, entrené arduamente durante un mes seguido, hasta que lo conseguí. Recordar vidas pasadas es igual. Es también un entrenamiento de la mente, es querer hacerlo, dejar atrás tus propias barreras mentales, olvidar lo que te han enseñado. Como si fueras uno de esos viajeros que acudían al Templo de Delfos, debes mirar en el abismo de tu alma, sin vértigo, sin miedo, y estar dispuesto a conocer la oscuridad que alberga tu corazón. Si eres sincero contigo mismo, estás preparado psicológicamente, y quieres de verdad llegar hasta el fondo, tal vez, solo tal vez, recordarás... y con el tiempo, SABRÁS que la reencarnación es un hecho.

sábado, 28 de noviembre de 2015

La vida de un reencarnacionista... es durilla.

Por supuesto, me refiero a un reencarnacionista de pura cepa (véase definición), no me valen los meros “creyentes en la reencarnación”. Y este blog es una buena prueba de lo dura que es la vida del reencarnacionista, sobre todo si eres una “activista” como yo y no te escondes en tu casa pensando que no vale la pena hablar de tus experiencias, sea por la razón que sea.

Las dos últimas semanas has sido especialmente intensas, después del breve descanso que me tomé justo después de publicar mi libro. Mi trabajo como reencarnacionista supone moverme mucho en foros, estar al tanto de todo lo que se publica en internet sobre reencarnación (que por desgracia el 99% son refritos de artículos publicados hace mil años), hablar con otros reencarnacionistas (que es la parte más agradable y satisfactoria), investigar en los últimos avances científicos para seguir construyendo mis propias hipótesis sobre el mecanismo de la reencarnación, escribir para mis blogs, escribir en mis diarios privados, investigar para seguir verificando mis recuerdos... y además, nunca dejo de recordar y/o sentir emociones relacionadas con mis vidas pasadas. Lo de las emociones de vidas pasadas está estrechamente relacionado con las emociones que me producen ciertos acontecimientos en la vida real, no en vano los triggers son una de las principales formas que tenemos para recordar, posiblemente debido a la estrecha relación que hay entre los recuerdos y su contenido emocional.

Parece ser que los reencarnacionistas somos especialmente sensibles a las desgracias que ocurren en el mundo. Creo que somos mucho más conscientes que la media de la población del sufrimiento que suponen ciertas decisiones que por lo general toman los poderes políticos desde los cómodos sillones de sus despachos. Eso nos entristece profundamente, además de crearnos un gran desasosiego interno acompañado de un fuerte sentimiento de furia e impotencia porque sabemos que no podemos cambiar nada, o muy poco. Muchos se quejarán y dirán que no me venga arriba ni me crea superior a ellos por ser reencarnacionista, que ellos también lo pasan mal viendo el sufrimiento en el mundo y son igual o más de compasivos que yo. Sí, es posible. Que me perdonen estas personas, pero creo que no tienen ni idea de lo que es recordar vidas pasadas, y por tanto no son capaces de sentir lo mismo que yo en cuanto a empatía o compasión se refiere.


Los reencarnacionistas somos los únicos que podemos de verdad ponernos en el lugar del otro, aunque sea algo que no hemos vivido en esta vida, sino en otras. Tenemos los recuerdos y los sentimientos a flor de piel. Con frecuencia aún estamos tratando de superar los traumas que un hecho del pasado remoto nos causó en el alma. Con frecuencia aún sentimos el dolor que nos supuso perder a alguien, el dolor que nos supuso una muerte a destiempo, la rabia que sentimos por no poder parar una guerra que destruyó todo lo que teníamos, el miedo de un soldado empujado a luchar y a matar sin saber muy bien la causa por la que lo hace. Por ello, en cada soldado que muere, en cada refugiado que huye de su hogar, en cada víctima de abuso sexual (añadir aquí la experiencia concreta que cada uno haya revivido)... nos vemos a nosotros mismos. Volvemos a sentir lo que eso supone. Eso es lo único que te hace comprender ese dolor (de ahí que reencarnemos, probablemente).

Al mismo tiempo, mientras vivimos nuestra vida presente, tenemos que ser testigos de cómo la misma historia se repite una y otra vez. Pones la televisión y te parece que aún vivimos en la Edad Media, cuando la vida de un ser humano no valía nada. Sé de varios compañeros que vivieron en primera persona las guerras religiosas que tuvieron lugar en Europa en el siglo XVI, y ves que han pasado quinientos años y las cosas siguen igual. Todo el mundo anda enloquecido y matando en nombre de su dios. En cualquier momento tu vida puede estar seriamente en peligro por un bombardeo, quedarte literalmente sin nada por haberte convertido en refugiado, o tener que morir por dejarle un futuro decente a tus hijos. Y no hay nada más desalentador que ver todo eso y pensar: “Yo ya he vivido todo esto antes. ¿Cuántas veces más tengo que vivirlo? ¿Cuándo va a cambiar la humanidad?” Y no hay respuesta. Lo único que sé es que esto ha sido así desde que el hombre es hombre, y no parece que esto vaya a cambiar en el futuro próximo.

Y mientras (sí, aún hay más), no solo te siguen llegando recuerdos... También tienes que tener una paciencia infinita para explicarles a la gente por qué estás convencido de que la reencarnación es una realidad, sabiendo que jamás te van a comprender mientras no tengan recuerdos propios. Porque esto no se trata de una “teoría” o una “creencia”. Yo sé muy bien diferenciar mis propios recuerdos de lo que no son recuerdos. Puedo incluso diferenciar cuándo lo que veo son recuerdos propios o, quizá, podrían pertenecer a otra persona. Sé muy bien cuándo estoy soñando y cuándo no. Yo sé cómo he obtenido la información relativa a mis vidas pasadas y cómo he podido verificarlas. Yo he visto mi retrato en una vida pasada y sé lo que han dicho otras personas acerca de nuestro parecido físico (incluyendo a parientes que apenas sabían nada de mis recuerdos). Eso no es ninguna “teoría”. Eso no es una ilusión de mi mente, ni un deseo de ser otra persona (sobre todo porque esa persona no fue perfecta ni mucho menos). Eso es reencarnación, simple y llanamente. Y por muy radical que suene siempre lo he dicho y siempre lo diré: el que aún duda de la reencarnación es porque no recuerda vidas pasadas o porque no tiene la suficiente información. Pero día tras día tienes que ser educado y paciente y dejar que los demás piensen que eres un iluso con poco cerebro, solo por hacerles pensar un poco para que, con un poco de suerte, se pongan a investigar y a recordar por sí mismos, si es que de verdad quieren una respuesta.

Esta es mi vida. Hay veces que me siento como Frodo a punto de llegar a Mount Doom, aunque la verdad es que después de todo no me puedo quejar. He conocido vidas peores... Y lo bueno es que el viaje te cambia tanto como le cambió a él.    


jueves, 26 de noviembre de 2015

Locas divagaciones (8).

No suelo buscar vídeos sobre reencarnación en internet, fundamentalmente por una razón: me deprimen. Pero cuando miembros de Foro Reencarnación los postean creo que es mi obligación como administradora verlos para saber si superan el nivel de calidad que exijo para mi foro. Eso es lo que pasó con el vídeo de una conferencia titulada “¿Qué ocurre tras la muerte?” de un periodista e investigador llamado David Sentinella, en un foro que tuvo lugar en el mes de Octubre de 2015 con el inquietante nombre de “Primer Foro de las Ciencias Holísticas Akasha33” y que podéis ver en este enlace.

La conferencia no me disgustó (del todo). De David Sentinella conocía el nombre por sus colaboraciones en una revista de misterio muy conocida que leo con frecuencia. He de decir que me decepcionó un poco porque para ser alguien que dice estar investigando la reencarnación, parece que no investigó lo suficiente como para dar con este blog (ni los otros dos que escribo), mi foro, mi libro, y por supuesto, la persona que escribe estas líneas, alguien que empezó a recordar vidas pasadas espontáneamente (no de niña, por desgracia) y que ahora es una de las mayores expertas a nivel nacional en cuanto a reencarnación (es cierto, no tengo abuela, pero tampoco estoy mintiendo). Me decepcionó volver a encontrarme con que en un congreso, donde se supone que van expertos en diversas materias para hablar sobre los últimos avances en el conocimiento, el ponente no daba respuestas convincentes sobre reencarnación a los que asistían a su conferencia. Se veía a la legua que el ponente no tenía experiencia propia en cuestiones de reencarnación, e incluso dudaba de algunas de las experiencias de otras personas, cuestionando, desde su desconocimiento, las mal llamadas técnicas de hipnosis regresiva. Por supuesto, siempre desde mi humilde opinión.

Pero sí, para el nivel habitual al que estamos acostumbrados en España, no puedo quejarme. Yo me habría olvidado de la primera media hora, en la que se hace un recorrido por las creencias religiosas de todo el mundo en cuanto a la muerte se refiere. Que sí, no digo que no esté interesante desde un punto de vista cultural y filosófico, pero a mí me dio la impresión de estar de vuelta en el salón de actos de un colegio. Si fuera una niña, perfecto, habría seguido la charla con los ojos como platos, fascinada por lo que me estaban contando. Pero, ahora, de adulta y después de todo lo que sé... pues se me queda corto.

La parte de las experiencias extracorpóreas, bastante bien. Que alguien se atreva a decir que una experiencias extracorpórea (EEC) es equivalente a una salida astral ya es un avance importante. Que por fin se haga una muy buena distinción entre EEC y experiencia cercana a la muerte también está muy bien, a ver si la gente se empieza a aclarar. Que no se mencione a cierto psiquiatra “pionero” en estas lides según dicen algunos, también es un buen avance, porque para los que sabemos algo del tema está claro quién fue el verdadero pionero, el Dr. Raymond Moody. Y luego, que por fin alguien hable en profundidad del Dr. Ian Stevenson y se describan dos estupendos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, investigados científicamente, ya es para nota. Pero tampoco me puedo engañar en este caso: eso lo hace cualquiera que esté realmente interesado en investigar la reencarnación de manera seria y racional.


Ahora, el problema empieza cuando a un investigador que quiere ir de serio le empiezan a mencionar los libros de Brian Weiss, le hacen preguntas sobre las distintas creencias que existen en torno a la reencarnación como la existencia de grupos de almas o le preguntan si ha conocido a alguien que recuerda vidas pasadas y él contesta que no: solo ha conocido a dos Nefertitis y tres Juan el Bautista. Y añade que eso es lo que le mola a la mayoría de las personas, afirmar que han sido alguien famoso, cayendo en uno de los mayores tópicos que existen dentro de la reencarnación (y hasta un miembro del público le tiene que decir que eso no es lo que aparece en muchos libros). En serio, me pongo triste cuando soy testigo de estas cosas. No es la primera vez.

Aquí es donde yo me decepciono porque mi foro lleva abierto más de tres años y ya ha tenido tiempo de posicionarse en Google. Si en el buscador pones las palabras “foro reencarnación”, mi foro es lo primero que te sale. Si pones “vidas pasadas”, mi blog sale en cuarta posición. Si pones “foro serio de reencarnación”, mi blog sale en primera posición. Que no sé, digo yo que no es tan difícil hoy en día para un periodista infiltrarse en un foro y averiguar en un par de días si sus miembros son gente seria o gente que está para pasar el rato y no sabe de lo que habla. De ahí a encontrar a gente con experiencias muy buenas de reencarnación, estás a un paso. No, casos muy espectaculares de niños, no, eso ya te lo digo yo, porque yo también los busqué y aún no se atreven a hablar... si es que reparan en que lo que les pasaba era que recordaban vidas pasadas. Aún así, pude recabar algún que otro testimonio para uno de mis libros. 

Y, esto parece muy obvio, pero por lo que observo, hay muchos “investigadores” que aún no se han dado cuenta de que como más se aprende es hablando largo y tendido con LOS QUE LO HAN EXPERIMENTADO EN PRIMERA PERSONA. Por supuesto, si son personas sensatas... que sí, lo sé, escaseamos, pero mira, yo soy una de ellas. Es más, yo tengo la suerte de ser investigadora y además haberlo vivido en mi propia piel, aunque la verdad, no sé hasta qué punto esto es bueno, porque parece que así los investigadores te toman menos en serio mientras que algunos de los experimentadores (es decir, los que sí que recuerdan vidas pasadas, como tú) te llaman pedante o creen que se te ha ido la olla elaborando hipótesis que para ellos no son creíbles, ya que no las llegan a comprender (creen que has investigado lo mismo que ellos, que suele ser poco, y entonces sacan conclusiones precipitadas). Supongo que así es la vida.

Otra cosa que también he observado es cómo los “investigadores serios” de reencarnación (o sea, los que quieren ser considerados como tales) enseguida se unen a la moda extendida por Ian Stevenson y sus sucesores de que las regresiones no son fiables, y por tanto parece que se ponen a negar sistemáticamente cualquier información que haya salido de una regresión. Afirman sin pudor que las técnicas de hipnosis regresiva consisten en utilizar la sugestión, así que no, lo único que vale para ellos son los recuerdos espontáneos de niños (ni siquiera se plantean que pueda haber recuerdos espontáneos en adultos, claro, porque de momento parece que yo soy la única en España que se ha dado cuenta de ello). No sé... como que así suenas más serio y académico, y ni siquiera tienes que entrar a responder cuestiones difíciles como las de los grupos de almas de Brian Weiss o el periodo entre vidas de Michael Newton. Pues no, señores investigadores (a los que ya les dediqué una entrada completa): si somos investigadores serios, investigamos TODO. Teniendo en cuenta que los datos obtenidos por regresión han de ser verificados y hasta ese entonces han de permanecer en cuarentena, claro. Pero, señores investigadores: ¡eso también hay que hacerlo con los recuerdos espontáneos de niños, que pueden estar fantaseando! Se olvidan de que los testimonios de los adultos no tienen por qué ser menos fiables que los de los niños.

Un momento, que recupero la calma.

Total, que me dio la impresión de que aquí hay alguien que no hace muy bien su trabajo. Y me entristece porque yo no tengo el poder de un periodista de extender un mensaje que debería llegar a más personas. No tengo el más mínimo deseo de hacerme famosa, pero por otra parte me gustaría que la gente despertara. DE UNA VEZ. 


lunes, 12 de enero de 2015

Sobre creencias, experiencias y la verdad.

Llevo semanas dándole vueltas a estos conceptos, porque veo que con frecuencia son confundidos y utilizados incorrectamente, en función de nuestros intereses. También veo que se usan como la opción políticamente correcta para decirte “Vete al carajo, cree lo que quieras que yo seguiré creyendo en lo que yo quiero”. Es decir, cuando alguien dice algo así como “No hay necesidad de debatir sobre esto, todos tenemos nuestra propia verdad”, sí, suena muy respetuoso y muy “espiritual”, pero en realidad te están diciendo que no creen una sola palabra de lo que les estás contando y no van a cambiar de opinión, así que deja de insistir porque lo que ellos creen que son solo tus creencias, no tienen ninguna validez para ellos. Esto me ha pasado montones de veces. Pero a lo largo de estos años he aprendido algunas cosillas, entre ellas: 
1. La Verdad es única. Sus interpretaciones son falsedades.
2. Es más fácil que la RAE cambie una palabra en el diccionario que hacer que alguien modifique sus creencias. No importa que les des un montón de argumentos lógicos y científicos para tratar de convencerles de que lo tuyo no es una creencia, sino una certeza que viene a consecuencia de mucha investigación y de tus propias experiencias. Si en la cabeza de alguien no cabe el concepto de reencarnación, no habrá forma de convencerle de lo contrario, preferirá seguir creyendo en aquello que entra dentro de sus esquemas mentales.

No estoy diciendo que esto sea bueno o malo, solo estoy describiendo objetivamente la naturaleza de los seres humanos. En entornos virtuales estamos juzgando constantemente a la gente sin ni siquiera saber de dónde vienen, y con frecuencia lo hacemos basándonos en nuestros propios prejuicios. Por ejemplo, si alguien pronuncia la palabra “astral” y nosotros hemos visto muchas insensateces e incongruencias entre personas que hablan del astral, vamos a dar por supuesto que esa persona está igual de loca, a pesar de que tenga una actitud totalmente científica y racional. El caso contrario se produce si esa misma persona antepone a su nombre la palabra “doctor”, o si se ha montado un “instituto” en el que se ofrecen cursos por más de 4000 euros para enseñarte algo que cualquier persona con verdadera experiencia te podría enseñar gratis. Pero, claro, como esa persona tiene estudios o gana dinero a costa de ti, solo por eso “debe estar en posesión de la verdad”. Y si lo escribes en un libro, ya ni te cuento. Se convierte en poco menos que la Biblia: palabra de Dios.

Volviendo a lo de antes, he de reconocer que yo muchas veces también acabo las discusiones con “Puedes creer lo que quieras”, y posiblemente la gente pensará que les estoy enviando al carajo. Pero eso no es cierto. En mi caso, la diferencia es que cuando yo entro en las discusiones no es porque “tenga una creencia sobre ello”, sino porque “tengo muy buenas razones para pensar así”. Razones basadas en mi propia investigación, en la ciencia, la lógica, o al menos en un sano raciocinio. Puede que me equivoque, claro, pero por lo general me baso en mis propias experiencias a lo largo de muchos años, y en el amplio conocimiento que he podido reunir leyendo las experiencias de otros. Claro que la mayoría de la gente esto no lo sabe, y como por lo general la gente no se molesta en conocer a la otra persona antes de juzgarla, sobre todo si es online, lo más fácil es recurrir al ataque personal cuando lo que dices contradice sus creencias. Yo les contesto “Cree lo que quieras” y pensarán que soy una arrogante porque me creo en posesión de la Verdad. Lo cierto es que lo único que ocurre es que sé que no voy a poder cambiar sus creencias, y en el fondo me da igual, así que puede seguir creyendo en lo que quiera.

Cuando comparto mis conocimientos con otras personas, muchas veces me siento como si tratara de explicar a un hombre de la Edad Media que debe hervir el agua porque si no lo hace los bichitos que hay en ella le van a producir diarrea e incluso la muerte. Él seguirá pensando que el agua está maldita porque tiene una vecina bruja que tiene poderes sobrenaturales y quiere vengarse de él, y pensará que lo mío es una creencia sin fundamento. Pero no, lo mío viene de mis conocimientos, de ver esos bichitos al microscopio, y de mi experiencia hirviendo el agua y comprobando que así deja de producir diarrea. No es algo que me haya sacado de la manga, ni una inspiración que me vino en un sueño, y por supuesto no es cuestión de fe. Es mucho, mucho más.

Cuando hay gente empeñada en creer que los viajes astrales son pura fantasía o que no son muy distintos a entrar en un estado de meditación profunda, donde tu consciencia se expande, y aunque le expliques que no es lo mismo, piensan que es una cuestión semántica, la conclusión es la misma para todos los que hemos experimentado de verdad un viaje astral: esa persona aún no ha conseguido tener una experiencia extracorpórea consciente. Es así de simple. Yo puedo insistir hasta la saciedad y repetir y repetir lo mismo hasta que mis dedos sangren de tanto teclear, pero no insisto por pura obstinación o por defender “mis creencias”. Insisto porque tengo ese conocimiento. Es igual que cuando Neil Armstrong se enfadaba si le decían que él no había estado en la Luna. Si alguien duda de ello, es como si te llamaran estúpido. ¿Es que crees que no soy lo suficientemente inteligente para distinguir si estoy fuera de mi cuerpo o no? ¿Es que después de toda la investigación que he hecho crees que no sé distinguir entre un sueño y una EEC? ¿Crees que no sé lo que es meditar y lo que es estar fuera de tu cuerpo, en otra dimensión? ¿Crees que me estoy engañando a mí misma? No, lo único que ocurre es que tú no puedes entenderlo aún porque no lo has experimentado. Igual que ni siquiera te puedes imaginar lo que un hombre ha sentido al pisar nuestro satélite, ni todo el trabajo que le debió suponer llegar ahí. Creo que Armstrong llegó a dar un puñetazo a alguien por insinuarle que todo eso era mentira, o al menos lo intentó. Y no es para menos... 

Pero así pasa con todo... Muchos de los que dicen creer en la reencarnación, creen en ella y ya está. Los verdaderos reencarnacionistas tenemos la certeza de que reencarnamos porque tenemos muchas razones para pensar que es así, y no se trata solo de nuestras propias experiencias. Pero, ¿cómo puedes explicar esto a alguien que jamás ha recordado por sí mismo? No merece la pena, cada día estoy más segura de ello. Y, sin embargo, cuanto más evidencias científicas encontramos, cuantos más misterios de la naturaleza humana encuentran una explicación en la reencarnación, y más se convierte en una certeza, alejándose más y más del ámbito de las creencias y la espiritualidad, más creo que debemos divulgar lo que sabemos y permitir a otros que investiguen y se convenzan por sí mismos. Es como saber que la Tierra gira en torno al Sol, mientras que el resto del mundo sigue pensando que es al contrario. No es que yo quiera convencer a nadie de mis creencias. Es que sé que es un hecho, es la única Verdad, y como tal un día será reconocida e integrada en nuestra civilización (si no nos autodestruimos antes).

Aquí hay que tener cuidado, porque a veces no nos damos cuenta de que nuestra propia interpretación de una experiencia es también una creencia. Es lo que ocurre con la falsa “Ley del Karma”, por ejemplo. Alguien trató de dar explicación a determinados hechos, y como sonaba tan bonito y todo encajaba tan bien, la mayoría de la gente se lo ha creído, sin ni siquiera molestarse en recordar por sí mismo y comprobar si eso es cierto. Claro que según esto muchos podrían decirme que mi creencia en la reencarnación sigue siendo una creencia, por muy convencida que esté. Bueno, por eso siempre digo que puedo estar equivocada, es cierto. Pero si tuviera que hacer una lista de diagnósticos diferenciales, igual que hago cuando tengo que diagnosticar una enfermedad, la primera opción en mi lista sería la reencarnación. La Verdad (la enfermedad que está produciendo unos síntomas determinados) es una, no doscientas. Y si está en el primer puesto de mi lista es porque tengo una gran probabilidad de acertar. Y no está ahí por capricho o porque yo lo haya elegido. Está ahí porque es el puesto que le corresponde después de observar fenómenos parecidos en cientos de personas, estudiar otros hechos que apuntan a la inmortalidad del alma, por sensaciones subjetivas que coinciden con sensaciones subjetivas de otras personas... en definitiva, por una serie de observaciones basadas en algo más que en pura fe. Si los médicos tuvieran que tratar a todos sus pacientes teniendo un diagnóstico definitivo, muchos de esos pacientes morirían porque el tratamiento no llegaría a tiempo. Por tanto, prefiero dar por cierta la reencarnación, aun a riesgo de equivocarme, porque así evito la muerte del paciente. Es decir, quizá aún no tenga medios para demostrar científicamente que la reencarnación es un hecho, pero si trato al paciente “suponiendo” que la enfermedad es la reencarnación, y el paciente se cura, es muy probable que la enfermedad fuera la reencarnación. Sería un diagnóstico indirecto. Y creo que ese es el punto en el que estamos. Si alguien me pregunta, le diré que no debería dudar de la existencia de la reencarnación porque muchos pacientes se han curado de sus traumas recordando vidas pasadas, o yo he encontrando las respuestas a muchas de mis preguntas trascendentales haciéndome consciente de quién fui en otros tiempos.

Muchas veces, cuando tratas de expresar tu opinión y algunos se lo toman como que estás intentando imponer tus creencias, la respuesta suele ser: “Cada uno sigue su propio camino espiritual, no puedes cambiar eso”. Y lo sé. También es cierto que la mejor forma de que la gente aprenda es que se estrellen ellos mismos contra la pared. Pero supongo que mi educación sanitaria me impulsa a evitar que la gente haga eso. Además, siento que esto (la reencarnación) cada vez tiene menos que ver con la espiritualidad. La “espiritualidad” —no la verdadera, sino la que nos quieren vender los creadores de la Nueva Era— es una nueva religión, con hermosos consejos para llevar nuestra vida algo mejor y darle sentido a nuestra estancia aquí. Personalmente, cuanto más pienso en la reencarnación, más convencida estoy de que obedece a cuestiones puramente “fisiológicas”, es un mecanismo natural del ser humano y no hay que darle más vueltas. Las distintas teorías espirituales son como tratar de dar un significado a por qué los glóbulos rojos forman parte de la sangre. ¿Tendrán algo que aprender? ¿Por qué son rojos? ¿Llevan una carga de oxígeno a sus espaldas porque en una vida anterior fueron virus malvados? ¿Si son atacados por parásitos sanguíneos que se adhieren a su membrana es porque ellos lo eligieron?

Estoy exagerando un poco y no me estoy burlando de nadie, que conste. Solo quiero expresar mis pensamientos al respecto: creo que a veces nos perdemos demasiado en tratar de dar una explicación trascendental a todo lo que nos pasa, y no tiene por qué ser así. Posiblemente las cosas son más fáciles de lo que pensamos. Pero nuestra mente es débil y no entiende el sufrimiento. Hay gente que se aprovecha de ello, de manera más o menos inocua, como vendiendo libros tratándote de convencer de algo que no es cierto, cuestión que no me preocupa demasiado... o bien haciendo mucho daño, como muchas sectas o muchas supersticiones, cuestión que sí que me preocupa, puesto que trae mucho sufrimiento a los seres humanos. Yo creo que si sabemos algo es nuestra obligación compartir ese conocimiento, no porque queramos extender “nuestra fe” igual que hacen muchos fundamentalistas, sino por el bien de la Humanidad, para acabar con tanta confusión y ayudar a la gente a no tener miedo o a que sufran menos por alguien que han perdido, por ejemplo. Luego, que cada uno haga con ese conocimiento lo que quiera, claro.

Entradas relacionadas:

domingo, 21 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (7).

Esta entrada de hoy podría ir también en el apartado de “La muerte y los reencarnacionistas”, pero como está relacionada con la entrada anterior y además son también opiniones muy personales, al final he decidido titularla de este modo.

En este blog nunca había hablado de proyección astral hasta hace dos días, básicamente porque ya tenemos suficientes “rarezas” tratando la reencarnación en general, como para encima añadir más razones por las que nos tachen de locos. Sin embargo, llevo ya el suficiente tiempo investigando también la proyección astral, y sobre todo, experimentándola (como se debe hacer con todo), como para hablar de ella con un mínimo de conocimiento. También me anima a hacerlo el saber que hay compañeros que llegan al mismo punto al que llegué yo hace unos dos años: hace muy poco una de esas compañeras comentaba que después de llevar un tiempo meditando, ha comenzado a tener sueños lúcidos, y preguntaba por gente que le pudiese contar sus experiencias. Yo le conté las mías y además le expliqué algo que mucha gente no sabe: los sueños lúcidos son una de las mejores puertas que existen para salir al astral y vivir en carne propia una experiencia extracorpórea consciente, que es una de las experiencias más increíbles que le puede pasar a alguien y que no te dejan ninguna duda de que somos seres inmortales.


El principal problema hoy en día es que si mencionas la palabra “astral” te asocian directamente con un friki que dice viajar a Saturno todas las noches y encontrarte con seres pleyadianos que te dan importantes mensajes para la Humanidad... y no, esto no suele ocurrir en la realidad. Hasta cierto punto la desconfianza es comprensible porque igual que ocurre con la reencarnación (vale, no, es mucho peor), la desinformación y la charlatanería en internet son la norma. A mí misma me expulsaron de un grupo de Facebook por decir que no entendía por qué no se podía hablar de “viajes astrales” pero sí de experiencias extracorpóreas, cuando el principal tema eran las experiencias cercanas a la muerte, las cuales, en muchos casos, constan de una experiencia extracorpórea en toda regla... que, por si alguien no lo sabe, esto es sinónimo de viaje astral. Todo depende de la nomenclatura que quieras utilizar, y por supuesto, tiene su base en la cerrazón de gran parte de la comunidad científica que no quiere ni oír hablar de viajeros astrales, que sin embargo, son de los que más saben sobre la mente y cómo trabaja... si son serios y racionales, por supuesto. Sin racionalidad no vamos a ninguna parte.

Pues bien, el otro día mencioné un libro que me estaba leyendo, que es La proyección del cuerpo astral, de Sylvan Muldoon y Hereward Carrington, publicado en 1929. Hoy he llegado a la última página, y casi he entrado en éxtasis al leer párrafos que son casi un calco de lo que yo trato de expresar día sí día no en este blog, cosas por las que he de soportar ciertas críticas y que muchas personas no entienden. Por una parte es un placer encontrar a personas con una actitud racional muy similar a la mía, aunque lleven décadas muertos. Por otra parte, es algo frustrante, claro, porque como ya dije esto probablemente significa que nada de lo que yo escriba en este blog va a producir un cambio significativo en el mundo que me rodea, excepto a las pocas personas a quienes les llegue y se decidan a investigar por su cuenta en lugar de leer y leer, o leer y dejarme un comentario llamándome “poco evolucionada” o cerrada de mente. También me produce mucha tristeza comprobar que hoy día no se le dé apenas valor a las investigaciones que personas como las que escribieron ese libro llevaron a cabo para intentar saber más sobre nosotros mismos, o que, en el mejor de los casos, se hayan transformado en una pseudo-religión llamada espiritismo donde, como es normal en estos casos, abundan los dogmas, las doctrinas sin fundamento, y hay poco espíritu práctico y/o científico.

Me sorprende inmensamente que hace casi cien años, hubiese gente que lo tuviese tan claro y que fuera capaz de explicar lo que ocurre en el proceso de la muerte mucho mejor que cualquier científico de hoy día, o que ya supieran que en el transcurso de la anestesia pueden darse experiencias extracorpóreas involuntarias. Y leyendo fragmentos como estos que pongo a continuación, no puedo dejar más de lamentarme al ver que nada ha cambiado mucho. O, si ha cambiado, ha sido para peor:

“En lo que al sueño producido por el uso de narcóticos se refiere, nos hemos limitado, sin embargo, a mencionar simplemente el hecho de que la proyección es posible en esas ocasiones. A fin de completar el tema, resumiremos una interesante experiencia fuera del cuerpo ocurrida bajo los efectos de un anestésico, y comunicada por el doctor George Wyld en su obra La Teosofía o la dinámica del espíritu.

Nuestro autor había estado aspirando cloroformo para mitigar el dolor producido por un pequeño cálculo renal, cuando, para su enorme sorpresa, se encontró vestido y dotado de sus facultades normales de razonamiento, a unos dos metros de la cama, observando su propio cuerpo físico privado de movimiento.


Mientras así permanecía parado, logró comprender el significado de la revelación, consiguiendo más tarde que otras personas corroboraran su experiencia, todo lo cual lo condujo a la conclusión de que las sensaciones se hallan centradas en el cuerpo sutil y de que la acción de los anestésicos se cumple extrayendo al cuerpo etéreo del físico, lo cual hace que este último no pueda sufrir ningún dolor.


Ernest Hunt, que recogió el testimonio de gran número de personas que habían tenido experiencias fuera del cuerpo durante el sueño proveniente de una anestesia, declara que:


"Las descripciones que nos brindan los pacientes son en esencia todas iguales, y, a menos que con entera falta de fundamento presumamos que se han puesto todos de acuerdo en mentirnos, debemos concluir forzosamente que dicen la verdad".


Algunos de ellos han llegado a afirmar que habían observado todas la operaciones practicadas sobre sus propios cuerpos —exactamente como el individuo que abandona su casa mientras la reparan— situados a cierta altura sobre el físico, pudiendo ver y oír todo cuanto abajo ocurría.


J. Arthur Hill, en su obra El hombre es espíritu, cuenta el caso de una tal señorita Hinton quien, a la edad de diecisiete años fue cloroformada para extraerle unas muelas. Su vuelta a la conciencia se demoró considerablemente, acarreando una profunda alarma, pero cuando despertó, declaró haber estado sobre el cuerpo físico, en medio de las personas allí reunidas, y también dijo que había tratado de hablarles pero sin éxito. Dándose por muerta, su mayor sorpresa fue ¡que no la juzgaran!


Las experiencias de este tipo demuestran que, junto con las experiencias proyectivas durante el sueño natural, existe un vasto campo para la experimentación médica mediante el uso de los anestésicos”.


Luego resulta que hay personas que se molestan si digo que en España vamos retrasados cuarenta años respecto a los Estados Unidos en cuando a experiencias cercanas a la muerte se refiere, porque lo único que tenemos es un libro lleno de estadísticas y descripciones de experimentos que no tienen nada que ver con ECM’s ni con EEC’s, y además es un refrito de un libro escrito publicado en 1975 por el Dr. Raymond Moody. Cuando lo cierto es que antes de 1929... ¡ya conocían estos fenómenos y además los interpretaban mejor que nosotros ahora! Por tanto, me quedo corta cuando digo que vamos retrasados. Lo que ocurre es que no hemos avanzado nada desde hace un siglo.

“De todo este estudio de la proyección astral nos encontrarnos ya en condiciones de extraer una idea bastante aproximada de lo que acontece en el momento de la muerte. En efecto, después de todo, la muerte no es sino una proyección permanente, una proyección del cuerpo astral en la que el sujeto no regresa ya a su cuerpo físico. La mayoría de las muertes tienen lugar, a no dudarlo, en estado inconsciente. El doctor Baillie concluye de "todas sus observaciones registradas ante el lecho de muerte, que la naturaleza ha dispuesto las cosas de modo tal que los hombres abandonen el mundo tan inconscientes como a él han venido". Agrega luego este autor: "En toda mi experiencia no he visto un solo caso en que no se cumpliera esta regla contra cincuenta a favor."

Existen, sin embargo, algunos pasos excepcionales, en que la conciencia parece haberse conservado hasta el último momento. Sir Benjamín Brodie, conjuntamente con otros investigadores, ha recopilado varios casos de este tipo. El profesor Hyslop es autor de un valioso artículo publicado en el boletín de la S. P. R. (junio de 1898), sobre "La conciencia al morir". Destaca este autor el hecho de que el paciente parece muchas veces ser consciente de su propia muerte y que ello no sería teóricamente posible si hubiera de suponerse que la muerte implica la pérdida de la conciencia, pues ésta no podría ser consciente de su propia extinción. De todo lo cual se desprende que la conciencia no se extingue sino que tan sólo abandona al cuerpo.


Puede considerarse afortunado aquél a quien la muerte lo torna desprevenido, durante el sueño, manifestándose sin violencia. Una muerte violenta representa un serio shock para la conciencia, imprimiendo la "tendencia" del shock en la mente subconsciente. Esto determina, en muchos casos, que la víctima permanezca en un estado de semidemencia, en la atmósfera terrena, como ya vimos en varios ejemplos mencionados en este libro. La tendencia producida por una muerte violenta provoca, frecuentemente, al imprimirse sobre la mente subconsciente, una especie de obsesión en la víctima, impulsándola a vivir una y otra vez su propia muerte en el astral, llevando a veces esta obsesión, incluso, a otros seres”.


“Andrew Jackson Davis que fue testigo de más de una muerte, gracias a su facultad de ver astralmente, ha declarado que jamás presenció dos muertes iguales. En su obra Harmonial Philosophy puede encontrarse la siguiente descripción de un caso por él observado:

"En la cama yace un ser humano prácticamente moribundo. Va a ser una muerte rápida. El cuerpo físico se torna cada vez más frío y negativo, a medida que los elementos del ser espiritual se hacen más positivos y aumenta su temperatura. Los pies son los primeros en enfriase. El clarividente puede ver en este momento, exactamente encima de la cabeza, lo que podría llamarse un halo magnético; es éste una especie de emanación etérea, de aspecto dorado y palpitante, como si estuviera dotado de conciencia. Ahora el cuerpo se ha enfriado hasta las rodillas y los codos. La ola de frío asciende luego por las piernas hasta las caderas y hasta los hombros por los brazos. La emanación se expande más aún, aunque todavía no ha alcanzado a gran altura en la habitación. El frío de la muerte pasa sobre el pecho y a ambos lados del paciente. La emanación casi llega hasta el cielo raso. El sujeto deja de respirar y el corazón de latir. La emanación se alarga hasta tomar el contorno de la forma humana. Está unida por cierto vínculo con el cerebro. La cabeza del sujeto late interiormente; es un latido lento, profundo, desprovisto de dolor; es semejante al latido del mar. Las facultades mentales se conservan intactas, en tanto que casi la totalidad del organismo, se halla muerto. La emanación dorada está unida al cerebro por un hilo vital sumamente delgado.


"Se hace presente entonces en el cuerpo de la emanación algo blanco y brillante, semejante a la cabeza humana; luego se dibuja un débil contorno del rostro; después el cuello y los hombros y por fin, en rápida sucesión, todas las demás partes del cuerpo. Se configura así una resplandeciente imagen del cuerpo físico, si bien algo más pequeña, pero idéntica en todos sus detalles... El fino hilo vital sigue todavía adherido al antiguo cerebro. La última fase del proceso es la separación de este principio eléctrico. Cuando se corta este cable, el cuerpo espiritual se halla libre".


La muerte, sin embargo, no es un problema que preocupe demasiado a la mayoría de la gente, y si lo hemos tratado aquí, ha sido solamente en la medida que se relaciona con la proyección del cuerpo astral. Casi nunca se le ocurre pensar al individuo medio, que tiene que morirse algún día. Y si el pensamiento (de su propia muerte) se le ocurre alguna vez, no vacila en arrojarlo lejos de su cerebro como algo indeseable y horrible. Es una curiosa paradoja, si consideremos cuán fuerte es el instinto de autoconservación en todos los mortales.


Son pocos los filósofos que han dedicado una cuidadosa atención al problema. De todos quienes se han ocupado del tema parece ser Carrington el que más ha ahondado en sus misterios. Como dice el profesor Fournier D'Albe en su obra New Light on Inmortality: "El siglo XX se halla demasiado atareado para preocuparse por el problema de la muerte y la existencia que a ésta sucede. El hombre práctico hace su testamento, asegura su vida y le dice adiós al mundo sin ninguna otra consideración ulterior. Las iglesias, interesadas en otros tiempos profundamente en el destino del alma después de la muerte, están dedicadas por completo en la actualidad a la instrucción moral y al mejoramiento de las condiciones sociales de vida. La muerte como tema de controversia o de especulaciones está, prácticamente, muerta... Extraño y casi inexplicable en verdad, resulta el espectáculo de los mil millones de seres humanos que se precipitan hacia la hora del juicio sin ningún conocimiento preciso de lo que ese juicio les reserva, limitándose a tornar la vida como les ha sido dada, con alegría y a la ligera, sin dedicar pensamiento alguno a estos serios problemas. Este espectáculo no es muy diferente de aquel que solía presenciarse en las prisiones durante el reinado del Terror, cuando los prisioneros mataban el tiempo charlando animadamente, sin saber a quién le tocarla ir primero al patíbulo. [...]

Dice el profesor F. C. S. Schiller, de la Universidad de Oxford: "Spinoza tenía razón al afirmar que no existe tema alguno en que los sabios hayan pensado menos que en la muerte, lo cual es, sin duda, una gran lástima para los sabios. Pues no existe ciertamente tema alguno más digno que la muerte, del estudio de aquellos que amen la reflexión y el valor de las opiniones personales..."


Por un lado está el Materialista, quien grita a los cuatro vientos que la muerte representa la completa extinción del individuo. Por el otro, el Espiritualista, para quien la muerte no representa sino el comienzo de una vida mejor. Y entre estas dos escuelas del pensamiento universal existe todo un ejército de cultos, religiones y credos que consideran a la muerte, en su mayoría, como una "maldición" que pesa sobre la humanidad.


Ciertamente que no es la muerte la maldición sino la "vida". La Vida, con todos sus dolores, sus tormentos y amarguras. Ningún estado futuro de felicidad merece ese dolor; no hay nada que pueda compensar la desilusiones y desencantos de la vida. Por cierto que hace falta ser un Estoico para poder disfrutar en otros planos, sabiendo al mismo tiempo que hay otros seres que sufren en éste. Un individuo de esa clase, no merece, a mi juicio, ser feliz. ¿Es posible que los espíritus pierdan ese rasgo divino, la "simpatía"?


"¡Oh muerte! ¿Dónde está tu aguijón? Oh tumba! ¿Dónde está su victoria?", he aquí la verdadera filosofía Estoica. Existe sí un tormento en la muerte: la madre moribunda que se aferra a su hijo, el padre agonizante que deja a su familia sin amparo; el amante que llora sobre el cuerpo frío de su amada. ¡Oh muerte!, he ahí tu aguijón. ¡Oh, Tumba!, he ahí tu victoria. Para mí la vida es una maldición. Yo lamento que la vida exista. No hay mente mortal capaz de escribir el menor argumento en defensa de la vida. ¡Cuánto lamento que el Materialista esté equivocado! Y lamento que la muerte no sea el fin de todo. ¡Cómo desearía que la muerte fuera un largo dormir sin sueños! Pero ay, mis experiencias no pueden haberme demostrado en forma más concluyente que aquello de "polvo eres y polvo serás" no fue dicho del Alma”.


Sin embargo, lo que más me asombra es cuán cierto es esto que afirma el autor al final del libro:

“La objeción más común y más contundente levantada contra las ciencias ocultas, especialmente la Clarividencia, el Hipnotismo, etc., es la teoría de los demonios, es decir, que todas estas manifestaciones no son sino el producto del Demonio o de otros espíritus malignos. En estos últimos años una poderosa organización religiosa (que seguramente todos mis lectores conocen) se ha embarcado en una formidable cruzada contra las prácticas ocultas. Puede tenerse cierta idea de los alcances y el éxito de su campaña, si se repara en el hecho de que la edición de uno de sus libros alcanzó, en 1928, la fantástica cifra de 3.500.000 ejemplares. Y como éste, ¡han publicado por lo menos una veintena de libros! Sus recursos parecen inagotables. Sus conferencias se han transmitido por las más poderosas emisoras radiales y sus propagandistas están diseminados por todo el mundo.

Fuera de ésta, existen otras poderosas organizaciones movidas por el mismo propósito, como así también ciertas personalidades como O'Donnell, que insisten vigorosamente en la afirmación de que todos los fenómenos ocultos son de origen diabólico. En consecuencia, han sido muchos los investigadores de las ciencias ocultas que han debido abandonar sus investigaciones y estudios, debido a injustas acusaciones surgidas de la tergiversación de los hechos reales”.


Lamentablemente, siento que hoy en día la influencia de las religiones (y no solo la católica) ha supuesto un grave obstáculo para el conocimiento de la verdadera naturaleza humana, cuando debería haber sido al contrario. Y en este país en el que vivo, aún nos va a costar mucho remontar tantos años de confusión, ignorancia y creencia en absurdas supersticiones. Por desgracia, son muy pocas las personas que comparten conmigo este espíritu que quiero transmitir en este blog y en el foro que administro:
“A todos aquellos a quienes interese averiguar la verdad o falacia de esta cuestión, es decir, si los fenómenos psíquicos pertenecen a la esfera espiritual del hombre o a los dominios del Demonio, yo quiero decirles que toda vez que experimenten una proyección del cuerpo astral, ya no podrán dudar de la posibilidad de existir fuera del cuerpo físico. Entonces el lector no se verá forzado a aceptar ninguna teoría. Entonces no tendrán que buscar para su creencia en la inmortalidad, el apoyo de las palabras de un médium, de un pastor o de las Sagradas Escrituras, puesto que por sí mismo habrá logrado la prueba de lo que buscaba.
Yo por mi parte puedo decir que aunque jamás se hubiera escrito un libro sobre la inmortalidad del alma, que aunque jamás se me hubiera hablado de la "supervivencia" del espíritu, que aunque jamás hubiera presenciado una sesión de espiritismo o hubiese conversado con un médium; en suma, aunque nadie jamás en el mundo hubiera sospechado la existencia de la "'vida después de la muerte", yo no estaría por ello menos persuadido de ser inmortal, puesto que he experimentado la proyección del cuerpo astral”.
Cualquiera puede hacerlo. Cualquiera puede recordar vidas pasadas y verificarlas. Cualquiera puede aprender a meditar. Es solo cuestión de tiempo el empezar a tener sueños lúcidos y después, conociendo dos o tres técnicas de lo más sencillas, poder lograr una proyección consciente. Son estas experiencias las que te cambian el pensamiento y la vida, no lo que lees en un libro o lo que te cuenta alguien, aun cuando lo haya vivido también. Nunca me cansaré de decir que el despertar espiritual no nos va a caer del cielo, ni vamos a “ascender” solo porque así lo deseemos, por mucho que digan los mensajes que reciben aquellos que dicen tener contacto con entes superiores. El despertar depende de cada uno de nosotros. 


jueves, 18 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (6).

La verdad es que vivo desconcertada. Sobre todo cuando me decido a salir de mi refugio (léase autoaislamiento) y echo un vistazo al mundo que me rodea. Es una paradoja que viviendo en este mundo que creemos tan evolucionado, lleno de personas que creen que hemos alcanzado la cúspide de la perfección y que la ciencia nos traerá respuestas a todo, la mayoría aún tenga tantas dudas acerca de lo que somos realmente y lo que ocurre cuando morimos y abandonamos nuestro cuerpo físico. El mundo es una ilusión, dicen unos. Sí, en eso estoy de acuerdo. La realidad es aquella que nosotros mismos nos creamos (ver entradas como La cuchara no existe). Otros afirman, como si hubieran descubierto de pronto algo en lo que nadie nunca antes había reparado, que estamos controlados por razas extraterrestres, e incluso llegan a dudar, en el colmo de las fantasías sin sentido, que el túnel que algunos han visto en sus experiencias cercanas a la muerte, no es más que otra ilusión en la que alguien nos convence de que tenemos que seguir reencarnando para que no podamos escapar a esa Rueda de la Vida, concepto que se originó en la religión hinduista. Sí, es como intentar explicar algo no demostrado con algo que también está sin demostrar. Una especie de festival de la incongruencia, generalmente organizado por personas que han leído mucho pero han entendido poco y desde luego no lo han vivido en persona. Estamos saturados de información, pero información muchas veces tan falta de base y sentido común, que hay otra parte de la población que decide enviar todas esas fantasías a la basura y arrimarse a la extrema racionalidad de la ciencia. Tan extrema que niega todo lo que sus microscopios no pueden ver y todo lo que sus fórmulas matemáticas no pueden explicar. Así, tenemos que esperar cuatro años para que un científico considerado por sus colegas casi una eminencia en el estudio de la muerte, nos comunique los resultados de su estupendo estudio: que de 2060 pacientes que sufrieron un paro cardiaco, solo nueve experimentaron una experiencia cercana a la muerte, de estos solo dos una experiencia extracorporal, y por supuesto, ninguno pudo decir qué imágenes aparecían en una pantalla situada en lo alto de la habitación mientras trataban de reanimarlo... sobre todo porque cuando lo sufrieron no había ninguna de esas pantallas en su habitación. Eso sí, parece que está empeñado en hacernos resucitar como sea, igual que aquellos que abogan por la criogenización de nuestros cadáveres, cuando en realidad ya somos inmortales...


Como salir de mi refugio me suele dar ganas de llorar, no tardo en volver a él, para darme de cabezazos contra la pared, quejarme donde haga falta (generalmente en el Facebook, que total, ya saben que soy una borde, o en mi foro, que hay confianza), o simplemente seguir a mi rollo, que es el de estudiar sin descanso, porque aún busco respuestas, o el de recordar mis vidas pasadas, porque ya que puedo, no quiero dejar de hacerlo.

Y, sin embargo, es curioso que las pocas veces que decido expresar lo que pienso o siento, y trato de hacer llegar a la gente mi mensaje de que dejen de preocuparse, porque la muerte no existe y tenemos formas de comprobarlo, también acabo malparada. Bien porque no me creen, bien porque les molesta que yo lo tenga tan claro (como me pasó aquí), o... la verdad es que no lo sé. Digas lo que digas, la gente sigue dudando. Sí, yo también, a veces. Pero después de todas las experiencias que he tenido y lo que he aprendido, tengo una seguridad interna que me hace tomarme las cosas de una forma distinta a como lo hacía antes. Mi seguridad de que sobrevivimos a la muerte es total, aunque por lo general diga que es del 99% para no levantar ampollas y que no me acusen de iluminada (aunque la verdad es que te lo van a llamar de todas formas. Eso o vidente, aunque no lo seas). Las dudas a las que me refiero son otras, mucho más dañinas: las dudas de todos aquellos que pierden a alguien querido y su primer deseo es recibir un mensaje o encontrárselos en el astral; las dudas de los que ven fantasmas y aparte de pasar mucho miedo, temen que les tomen por locos o que se burlen de ellos; o las dudas de los que recordamos vidas pasadas y somos incapaces de dejar de pensar que es nuestra imaginación o que el psicólogo tiene razón y va a ser que padecemos algún trastorno mental, por ejemplo una depresión que solo es posible curar si te pasas drogado todo el día. También son preocupantes las dudas de los que escriben revistas de misterio y ven que todo el mundo alrededor se ha vuelto más y más loco, y en vez de ahondar de otra manera en los fenómenos paranormales, toman una actitud más escéptica y los reportajes se van convirtiendo en artículos pseudo-científicos que insinúan que todo es producto del cerebro.

Por eso, cuando de pronto descubro un libro publicado hace más de cien años y veo que lo que ahí se describe son crudas experiencias, relatadas por su protagonista, tratando de darle una explicación lógica y racional, sin ninguna floritura “espiritual” ni la presencia de extraterrestres grises de ojos almendrados, y resulta que esas experiencias coinciden en gran medida con mis propias experiencias y las de otras personas que conozco y que sé son serias y confiables, me pregunto: ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué cien años después parece que hemos retrocedido en nuestro conocimiento del ser humano? ¿Por qué, si hace cien años, ya existían personas que investigaban las apariciones, por ejemplo, y eran capaces de proyectarse astralmente y dar una explicación racional a los poltergeists, hoy seguimos sumidos en el desconocimiento? Me pasó lo mismo con el primer libro que me leí sobre el cuerpo astral: por entonces buscaba respuestas a mis propias experiencias, que es lo que me impulsa principalmente, aparte del propio conocimiento (y mi curiosidad insaciable). Y en ese libro no es que estuvieran todas ellas, pero me ayudó a entender mucho mejor lo que estaba experimentando y mi propia naturaleza humana. Ese libro procedía de una época en la que el espiritismo estaba en auge y existían muchos círculos ocultistas. Y también se estudiaban con mucha seriedad e interés los fenómenos psíquicos. Después, alguien dijo que todo lo que hacían aquellos hombres y mujeres, empezando por las hermanas Fox, no era más que un fraude, y debe ser que ganó la partida ya para la posteridad. Parece ser que eso se hizo extensible a todos aquellos estudiosos, y hoy todo ese amplio conocimiento permanece en la oscuridad. Digo conocimiento aunque es probable que esté incompleto o equivocado, por supuesto. Igual que ahora, aquellos hombres solo tenían teorías para explicar lo que vivían, solo que hoy es más normal encontrarte con gente que afirma saberlo todo que encontrarte con alguien que diga que seguimos sin saber nada, y que lo que tenemos que hacer es experimentar y comprobarlo por nosotros mismos. Pero resulta que a pesar de que ese conocimiento podría estar incompleto o equivocado, le da mil vueltas a lo que los científicos creen saber hoy, la mayoría de ellos ciegos a lo que cuentan numerosas personas, solo pendientes de sus experimentos de laboratorio tan limitados, e incapaces de aproximarse a estos temas desde otra perspectiva. Hoy solo podemos ser testigos de ese tipo de investigaciones parapsicológicas cuando determinados grupos aficionados las realizan y las graban para algún programa de televisión... pero como es televisión, seguro que está amañado también, así que casi nadie se lo toma en serio. Por tanto, cuando pensamos en la muerte, seguimos estancados en esa visión materialista que dice que todos nos reduciremos a polvo... y es paradójico, porque hay infinidad de evidencias que demuestran lo contrario, queramos o no queramos verlo, tengamos o no tengamos explicación.

Una de las causas que me desconciertan es precisamente esa: desde que me dedico a investigar los fenómenos paranormales (o sea, casi desde que tengo uso de razón), he visto que aquí cada uno va a su bola. Unos contra otros. Los seguidores de doctrinas como la espírita o aquellos que saben de esoterismo (por supuesto, hablo del serio, no de los echadores de cartas), se sienten incomprendidos por los científicos. Los científicos, a su vez, se han atrevido en contadas ocasiones a estudiar la clarividencia y otros fenómenos de percepción extrasensorial, pero siempre encuentran alguna excusa para creer que no queda nada demostrado o que todo puede ser explicado por el cerebro. Llevamos desde mediados del siglo XX con innumerables estudios sobre experiencias cercanas a la muerte, regresiones, y psicoterapeutas que afirman que hay personas que recuerdan sus vidas pasadas. Y, por supuesto, hay muchas otras personas que dicen poder salir de su cuerpo a voluntad, o que pueden detectar e incluso comunicarse con espíritus. ¿Se sientan todos alrededor de una mesa para intentar resolver el misterio de la naturaleza humana? No. Cada uno sigue con lo suyo sin importarle lo que hacen los demás: unos sin experiencia propia pero elaborando complicadas teorías que corren el riesgo de acabar en religión; otros sin experiencia propia pero analizando hasta la última neurona, empeñados en que el misterio se resolverá cuando comprendamos cómo funciona el cerebro; y otros experimentando espontáneamente sucesos que les dejan tan atemorizados que no pueden ni hablar, o que acaban volviéndose locos porque cada persona con la que habla le dice algo distinto... Nadie escucha a nadie, y por eso no salimos de la confusión.

Yo en cambio relaciono unos fenómenos con otros y para mí todos encajan a la perfección. Un día encontraremos la forma de comprender hasta el más mínimo detalle y posiblemente la ciencia “descubrirá” por fin algo que otros saben desde hace siglos: que la mente es una entidad separada del cerebro. Hasta entonces, no entiendo por qué unos ignoran a otros. Estoy segura de que si colaboraran se enriquecerían unos a otros y avanzaríamos mucho más rápido. Me recuerda a esa imagen del elefante que ya he utilizado en alguna otra ocasión: cada uno está tan obcecado en ser él quien posea la Verdad, que no se dan cuenta de que su visión es solo parcial, y hasta que no abran su perspectiva, no se darán cuenta de que todos están estudiando distintas manifestaciones de una misma realidad. 

Quizá mi error sea esperar que un día esa confusión desaparecerá. Si hace cien años parecíamos saber más que ahora, no hay razón para pensar que esto será distinto dentro de cien años, especialmente si nos autodestruimos en una guerra nuclear y los supervivientes tienen que empezar de cero en un mundo post-apocalíptico. Solo se preocuparán de comer y no de nuestra naturaleza espiritual.

Lo que está claro es que todos los caminos espirituales son únicos e individuales. Cada uno debe buscar sus propias respuestas, del modo que le parezca más adecuado. Es imposible luchar contra los condicionamientos mentales de todas esas personas que luchan por encontrar su verdad, pero que sin darse cuenta se van adentrando en un laberinto cada vez más y más tortuoso. Creo firmemente que la Verdad está dentro de nosotros, pero incluso eso es difícil de hacer entender a alguien que tan acostumbrado está a que le lleven de la mano a todos los sitios. En ese camino hacia la Verdad, todos (yo incluida) nos tenemos que liberar de todas esas creencias que nos han implantado en nuestra mente, o todo aquello que hemos leído y hemos dado por cierto. Te tienes que despojar de todas esas envolturas y quedarte con lo más básico, con tu esencia, y con tus experiencias, sin ningún tipo de análisis. Si no sabes explicarlas, no lo hagas, porque hay cosas que solo pueden ser explicadas a través del espíritu. Es curioso que leyendo ese libro sobre la proyección astral he podido por fin entender algo que me pasó de niña, cuando un día desperté a oscuras en medio de mi cuarto totalmente desorientada. Así es como la mayoría de nosotros nos pasamos toda nuestra vida. Pero un día llegan las respuestas. Y entonces te das cuenta de que ni siquiera hacía falta buscar tanto. Si todos pudiéramos retornar de algún modo a aquel momento en el que solo éramos un niño o una niña sin ningún tipo de condicionamiento mental, tal vez recordaríamos que ya entonces sabíamos que la muerte no existe. Tal vez recordaríamos que ya entonces nos sentíamos extraños en un cuerpo que de pronto se había vuelto a hacer pequeño, y teníamos una nueva madre. Tal vez recordaríamos que nuestra abuela, ya muerta, venía a visitarnos de vez en cuando, aunque solo nosotros pudiéramos verlo. Igual que ocurre con ese conocimiento que nos legaron los ocultistas, todo eso de lo que jamás dudábamos porque para nosotros era lo más natural del mundo, lo fuimos olvidando según crecíamos e íbamos llenando nuestra mente de nuevo conocimiento que creíamos útil o más lógico (porque así nos lo decían), solo para descubrir al final que en realidad ya lo sabíamos todo y no hacía falta complicar tanto las cosas. La Verdad es una y no es necesario que nadie la reinterprete para nosotros: solo hace falta escuchar a la intuición para saber que la muerte no existe. Lo triste es que la gente no escucha o no quiere escuchar. O, en su defecto, tampoco quiere experimentar. Y contra eso, nadie puede hacer nada.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Reflexiones sobre reencarnación y Cloud Atlas.

No puedo negarlo: esta película me ha dejado impresionada. No puedo dejar de pensar en ella y quiero verla unas cuantas veces más. Es una absoluta delicia. Por supuesto no deja de ser una película y también tiene sus momentos en los que la acción y las situaciones cómicas tienen su protagonismo, pero en conjunto creo que refleja muy bien el espíritu de la reencarnación. No cualquier espíritu, sino el espíritu puro de la reencarnación, libre de todas las teorías más o menos espirituales contra las que no hago más que cargar en este blog... porque, después de varios años recordando vidas pasadas, y estando plenamente convencida de la existencia de la reencarnación, sé que no podemos ir más allá de lo que se ve en la película sin entrar en pura especulación y creencias más o menos aceptadas en nuestra sociedad. En la película se ve muy bien cómo casi nadie es consciente de haber vivido antes, sin embargo, todos estamos interconectados, nuestras decisiones influyen en las vidas de los demás, a veces llegas a intuir que lo que te une a cierta persona trasciende el tiempo y toda lógica, pero raramente llegamos a descubrir el porqué... solo porque nadie se para a pensar que la respuesta es la reencarnación. Esto también lo he observado en las reacciones que la gente tiene hacia la película. Y me resulta muy gracioso que muchos ni siquiera se hayan dado cuenta de que la película va sobre reencarnación. Ocurre exactamente como en la vida real: tú ya puedes contarles todas tus experiencias y todo lo que has descubierto recordando, que si ellos quieren seguir caminando por la vida con orejeras, lo van a hacer, aun cuando todos los signos están delante de sus narices.


Sé que a veces puedo dar la impresión de que soy demasiado vehemente, pero la única razón detrás de ello es que sé que solo hay una forma de llegar a donde yo estoy: la experiencia. No quiero convencer a nadie, quiero que se convenzan por sí mismos. Solo recordando vidas pasadas (y no una ni dos, sino muchas) te das cuenta de hasta qué punto es cierto eso que se ve en la película: cómo vives muchas vidas que aparentemente no tienen nada que ver entre sí, cómo en algunas de ellas las cosas te van bien y en otras no tanto, cómo a veces decides comportarte de manera distinta y acabas haciendo algo que sería juzgado por los demás como algo “muy malo”, mientras que en otras vidas esa aparente “maldad” ha desaparecido totalmente. La gente en general tiende a pensar que hay almas buenas y almas malas, y que si eres bueno es porque has pasado por muchas pruebas y has vivido muchas vidas y ahora estás más próximo a esa “perfección” que según muchas religiones debemos desear alcanzar. Cuando recuerdas te das cuenta de que las cosas no funcionan así. Todos somos como somos, algunos tenemos unas tendencias y otros tenemos otras, pero eso no nos va a traer necesariamente buenas o malas consecuencias, y nosotros vamos a seguir viviendo y actuando como nos plazca, y tomando las decisiones que nos apetece en cada momento, según nuestra forma de ser y las circunstancias en las que nos encontremos. No hace falta buscar más allá.

Dicen que es una película complicada. Sí, es cierto, pero personalmente creo que mucho más complicadas son ciertas explicaciones que algunos se han inventado y nos quieren hacer creer para dar sentido a nuestras vivencias. Y, sin embargo, muchos creerán mucho más fácilmente esas explicaciones porque parecen responder muy bien a sus dudas. Y mientras no recuerden vidas pasadas, seguirán atrapados en ese mundo de ilusión, contentos al creer que los buenos tendrán su recompensa y los malos su castigo... porque seguirán poniendo las etiquetas de “bueno” o “malo” a las cosas que nos pasan, sin darse cuenta de que desde nuestra perspectiva mortal humana solo podemos tener una visión parcial de lo que es de verdad la vida.

Como dice la coreana Somni-451 en algún momento, “Algunos saben”. Algunos de nosotros sabemos (no creemos, sino sabemos) que la muerte no existe y que la reencarnación es un hecho. He notado que hay personas a las que les molesta un poco que lo diga así claramente, porque piensan que NADIE puede estar así de seguro... bien, yo lo estoy porque recordé (y verifiqué) vidas pasadas. Lo sé porque he recordado muchas de mis muertes, y sé que ahora estoy aquí viva de nuevo. Esto lo puedo escribir doscientas mil veces, pero al lector no le servirá de nada hasta que no recuerde por sí mismo. Por ello me empeño en dar a conocer las técnicas por las que yo lo conseguí. Sé que cada uno tiene su momento, igual que lo tuve yo... pero también sé que si muchas personas no recuerdan, es simplemente porque nunca lo han intentado. En este blog trato de evitar hablar en profundidad sobre mis experiencias personales, porque cuando lo he hecho en lugares públicos me he sentido incomprendida e incluso han intentado burlarse de mí. Por eso no hablo de cómo me impresiona reconocer en uno de los personajes una mirada muy parecida a la que yo recuerdo cuando pude cambiar la vida de un esclavo negro y no lo hice, o cómo me puedo llegar a identificar con alguien que muere por decir lo que piensa o rebelarse contra la injusticia o la crueldad que a veces se nos quiere imponer, como a mí me pasó cuando me fusilaron en Francia. A otros, da igual lo que les digas, oyen la palabra “reencarnación” y parece que se ponen negros, y deciden taparse los oídos porque eso va totalmente en contra de sus creencias preestablecidas. Esta actitud me parece muy, muy triste, pero yo no puedo hacer nada por cambiarlo. Como bien decía un compañero del foro, “es solo cuestión de querer verlo”. Como muchas personas que hicieron una sinopsis de la película y plasmaron su propia interpretación, obviando las constantes referencias que hay a las vidas anteriores, o a almas que se encuentran una y otra vez en distintas vidas, hay personas que prefieren cerrar los ojos a la realidad y seguir su propio camino. Son libres de hacerlo y eso yo no lo puedo cambiar... aunque sepa que ese camino no conduce a ningún sitio. También sé que muchos han pensado que yo era muy arrogante al afirmar “Da igual lo que creas, al final reencarnarás como todo el mundo”... pero no me importa repetirlo porque me da igual lo que piensen sobre mí, y porque sé que es la realidad. Y les digo cómo pueden llegar ellos a estar tan seguros y dejar de dudar, pero parece ser que la mayoría prefiere seguir dudando...


Y me parece triste porque recordar vidas pasadas es toda una aventura que te hace sentir todo tipo de emociones (algunas de ellas tan intensas que cuesta superarlas y compartirlas), y porque recordar te hace ser mucho más consciente de esas conexiones que tenemos con otras personas, que por lo general nos pasan desapercibidas. Es un auténtico despertar a la verdadera realidad: que somos seres inmortales naciendo y muriendo continuamente... ¿por qué razón? Eso nadie lo sabe, pero la reencarnación es un hecho. La película me llega al alma porque lo que se ve ahí es en gran medida lo que yo he vivido en estos últimos tres años: en tu vida presente no sabes nada, te encuentras ciego y perdido, pero cuando recuerdas puedes ponerte en el lugar del espectador y ver todo el panorama desde fuera, de pronto eres consciente de que también viviste en otra época, y aunque al principio no comprendes nada y no sabes por qué recuerdas esa vida, con el tiempo atas cabos y llegas a ver cuánto te está afectando aún esa vida en tu vida actual, y cómo tu pasado forja tu presente. También es un auténtico regalo cuando un día empiezas a reconocer en esas vidas a gente que está también en tu vida actual, y entonces comprendes el porqué de esos sentimientos que tenías ahí guardados y que no sabías dónde se habían originado. Esto no es imaginación, no son simples deseos... esto es pura realidad, pero solo puedes saberlo cuando lo vives en primera persona, cuando por fin conectas con tu intuición, con tu verdadero yo, con tu esencia. Es cuando te das cuenta de verdad de lo maravillosa que es la vida, y la creencia en la supervivencia después de la muerte ya no es solo una borrosa esperanza como es para muchos aquellos que hablan sobre ECM’s o sobre reencarnación sin haberlo experimentado, sino que se convierte en una certeza. Por eso esta frase se convertirá en otros de mis lemas, porque aunque todos seguirán eligiendo aquello en lo que creer e incluso algunos se creerán muy tolerantes y comprensivos cuando afirman aquello de que “Todos tenemos nuestra propia verdad”, lo único cierto es:

Truth is singular. Its “versions” are mistruths.

Haber llegado a esa certeza es lo mejor que me ha pasado en esta vida. Quisiera que TODOS los lectores de este blog llegasen a esa certeza, porque sé que les iba a cambiar profundamente. Y por eso creo que es una lástima que muy pocos se decidan a emprender el camino como debe ser, en soledad y dispuestos a llegar hasta el final, aunque tengan que atravesar montañas llenas de orcos y un túnel con una araña negra gigante que intentará matarlos. Nos tendremos que enfrentar a muchos de nuestros miedos, y también nuestra propia sombra nos saldrá al paso si avanzamos lo suficiente por ese camino. Pero como en cualquier otro viaje de iniciación, salir vencedor de todas esas pruebas nos hará más fuertes y más sabios.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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