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viernes, 19 de mayo de 2017

Vidas pasadas en época nazi: a propósito de un comentario.

Hace poco me he encontrado con el primer comentario negativo en la página de Amazon de mi libro La caja de Pandora. Decía así:

¡¡Intensa descripción de vidas pasadas época nazi!! No me ha gustado, muy pesado. Largo y con falta de información general.

(De nuevo he vuelto a corregir la ortografía para no dañar los ojos del lector, faltaría más).

La verdad es que me ha hecho mucha gracia (que sí, en serio). Es un comentario extremadamente breve pero me va a dar para escribir una larga entrada, así que, ante todo, vaya por delante mi agradecimiento a esta lectora por dejar su opinión. Ahora me toca a mí analizarla, sin ánimo de ofender a nadie.

Vayamos por partes. Primero lo más fácil.


Largo y con falta de información general.

Si en 500 páginas de libro falta información general... no sé, yo me pregunto si en lugar de "general" quiso decir otra cosa... ¿Superficial, tal vez? ¿Frívola? ¿Insustancial? Si eso es lo que esta lectora quería, claramente no se leyó la presentación del libro donde dejo claro que no es un libro para todo el mundo. Resumiendo mucho, es para personas que están hartas de leer siempre la misma basura sobre reencarnación y quieren algo nuevo, y sobre todo, práctico. Desde luego que no es para gente que busca “información general” sobre reencarnación. ¿Por qué? Porque para eso ya está todo internet y los famosos libros de Brian Weiss (que por cierto, su hija va a publicar uno nuevo, tal vez este se ajuste mejor a lo que buscaba esta lectora). Ahí ya se puede encontrar toda la “información general” que uno quiera. Con palabras que todos los niños pueden entender. Eso sí, tal vez no sea de la misma calidad.

No obstante, me queda la duda de si reparó o no en el capítulo 6, donde hice una recopilación —que considero bastante completa— de las preguntas más frecuentes que cualquier persona se hace cuando empieza a pensar en la posibilidad de la existencia de la reencarnación. Si eso no le sirvió para contestar la mayor parte de sus dudas, no sé qué podría hacerlo… ¿Sería porque repetí más de una vez que nadie sabe cómo funciona la reencarnación y ella pensaba que mi libro era El Nuevo Evangelio de la Reencarnación? En ese caso quizá debería haber recurrido a los espíritas, que esos de predicar saben un rato. O, no sé, tal vez es porque llevaba unas 80 páginas y ya le parecía largo… En los días que corren hasta una publicación del Facebook de más de veinte palabras nos parece larga, así que nunca se sabe.


No me ha gustado, muy pesado.

Bueno, sobre gustos no hay nada escrito, así que solo puedo decir que espero que la próxima vez haga una mejor elección. Si el lector busca algo ligerito ya digo que tiene miles de obras entre las que elegir, de esas que no te hacen pensar, donde todo es amor y no se habla de cosas desagradables como de… vidas pasadas en la época nazi. Es que no me ha quedado claro cuál es la principal razón por la que no le ha gustado el libro. Si es por los nazis o porque mis parrafadas son difíciles de digerir… que esto último lo entiendo, ¿eh? Este blog es la prueba. No me caracterizo precisamente por ir al grano y usar pocas palabras. Pero como estoy tratando de analizar todas las posibilidades, pues paso al siguiente punto.


¡¡Intensa descripción de vidas pasadas época nazi!!

Esto es lo que más me ha llamado la atención. El problema es que no sé muy bien cómo interpretarlo. Si es que por algo se inventaron los emoticonos... Si la lectora los hubiera podido utilizar, quizá yo sabría si debo interpretar esa doble exclamación como:

¡¡Vidas pasadas de la época nazi!!



O como…

¡¡Vidas pasadas de la época nazi!!



Aunque… a juzgar por su calificación general de una pobre estrellita en el conjunto del libro, me temo que es más bien el segundo caso.

En todo caso, veamos… Lo de “intensa” me resulta curioso, porque a las vidas pasadas de la época nazi dedico exactamente lo mismo que a las vidas pasadas de víctimas del holocausto: un capítulo. Y no tengo la menor duda de que los testimonios de algunas de estas víctimas son mucho más intensos que las de la época nazi. ¿Será porque con la “época nazi” se refiere a la Segunda Guerra Mundial? También sería curioso, porque ahora tendríamos que dedico a la Segunda Guerra Mundial nada menos que… unas 80 páginas, lo que equivale a menos del 16% del libro. Por el comentario de la lectora parece que he estado hablando de los nazis de principio a fin, y no, eso no concuerda con la realidad.

Claro que tal vez la “intensidad” de la que habla esta lectora no es por la cantidad de páginas escritas, sino por la calidad. Si este es el caso, bueno, no sé, tal vez esta lectora se figuraba que la gente corriente solo recuerda cosas agradables y bonitas de sus vidas pasadas, por ejemplo lo bien que se vivía en Egipto siendo sacerdotisa. Pero siento decepcionar a todos los que piensen así: no, los que recordamos vidas pasadas (yo incluida) solemos recordar todo lo bueno y todo lo malo que ha pasado en los últimos tiempos, y por desgracia muchas personas se vieron involucradas en la Segunda Guerra Mundial e incluso perdieron sus vidas en ella. Millones de jóvenes se vieron arrastrados a luchar, y las consecuencias de los traumas que una guerra produce no desaparecen con la muerte. Si nadie ha hablado de esto en ningún libro de reencarnación en español hasta hoy, creo que era el momento de hacerlo. Y hablo de la Segunda Guerra Mundial, por no hablar también de la Primera Guerra Mundial, la guerra de Vietnam, las revoluciones rusas, la guerra civil española, y un largo etcétera. Los detalles que muchas de estas personas dan de sus vivencias harían palidecer a cualquier psicólogo con dilatada experiencia, eso lo puedo asegurar.

Sin embargo me da que a la lectora no le escandalizó que dedicara un capítulo a las víctimas del holocausto o que hablara de la Segunda Guerra Mundial, sino que lo que no pudo soportar es que hablara de “vidas pasadas nazis", el tema tabú por excelencia (después del suicidio). Qué desfachatez dedicar unas líneas a esos seres abyectos que en lugar de reencarnar deberían estar ardiendo en el infierno, ¿no? Pues no, la verdad es que no entiendo lo de la doble exclamación. ¿De veras le escandaliza que alguien hable de ello? ¿Es porque piensa que la gente normal no tiene vidas pasadas nazis? ¿Tal vez porque todo el mundo sabe que las personas malvadas no reencarnan al encontrarse atrapados en una “cárcel” en el mundo espiritual, que es el equivalente al purgatorio en reencarnación, cumpliendo con una especie de condena para “limpiar su karma”? ¿O es porque no ha aceptado que las personas con vidas pasadas nazis son personas absolutamente normales que no tienen que pagar ninguna deuda kármica? Estoy convencida de que esta lectora esperaba encontrar en mi libro las mismas enseñanzas espirituales típicas de los cuentos de hadas y unicornios sobre lo bonito que es recordar vidas pasadas, reencontrarte con tu alma gemela vida tras vida y aprender profundas lecciones kármicas para así evolucionar espiritualmente. Cómo no, esta lectora se decepcionó con el libro, porque no es para ella. Es para personas serias que quieren información seria sobre reencarnación y vidas pasadas, a ser posible basada en la experiencia y libre de mitos sin fundamento.


Vidas pasadas nazis.

Pero como nunca he hablado de este tema en el blog, voy a añadir unas cuantas palabras sobre las vidas pasadas nazis, así en general y resumiendo mucho:
  • Las vidas pasadas nazis existen, sí, señores. Igual que existen pilotos heroicos muertos en combate en el Océano Pacífico mientras luchaban contra los japoneses y que han reencarnado (como el caso real de James Leininger), también existen pilotos alemanes de la Luftwaffe caídos en combate que han reencarnado (como el caso real de Carl Edon). Por cierto, los dos casos mencionados aparecen en mi otro libro Niños que recuerdan vidas pasadas, en el que sí doy “información general” sobre ellos, porque si no fuera general, el libro sería como una biblia de gordo y entonces sí que habría parecido largo a mucha gente, incluso a aquellos que son capaces de leer publicaciones en el Facebook de más de veinte palabras.
  • ¿Cuál es la diferencia entre ellos? Que a los soldados aliados muertos se les considera poco menos que héroes, mientras que a los soldados nazis muertos ni siquiera se les ha dejado conservar sus tumbas, ya que se les considera poco menos que escoria. Por ello, si eres un soldado británico reencarnado, serás bien recibido en cualquier foro de reencarnación. Si eres un nazi muerto reencarnado, y además se te ocurre decir que estás orgulloso de haberlo sido y no te sientes culpable, te puedes preparar para la manta de palos que te va a caer por parte de toda esa gente que cree en la reencarnación y en algunas de sus teorías absurdas como el karma.
  • ¿Qué es lo que tienen en común? Que tanto unos como otros eran SERES HUMANOS. Ambos cometieron actos heroicos y actos no tan heroicos, como ocurre en cualquier guerra, en cualquier época, en todos los bandos. Si aún no te has enterado de esto, o bien no piensas por ti mismo y te tragas toda la propaganda bélica que cae en tus manos (o los libros de historia, que en muchos casos es lo mismo), o bien aún no recuerdas suficientes vidas pasadas como para haberte dado cuenta de que TODOS somos susceptibles de cometer actos violentos.
  • Otra cosa que tienen en común, por supuesto, es que TODOS REENCARNAN. Y no, los que han sido nazis no tienen vidas especialmente duras, ni van a tener que sufrir más que los demás por haber cometido tantos crímenes horribles. No, en su próxima vida tampoco, ni dentro de mil años. Una vez más, la Ley del Karma no existe. Y los nazis reencarnados son los que antes se dan cuenta de esto, precisamente porque viven sus vidas con total normalidad, preguntándose cuándo les llegarán todas esas desgracias que muchos iluminados aseguran caerán sobre ellos.
  • Recordar una vida pasada militar como nazi y tratar de vivir con ello es mucho más complicado que recordar una vida pasada normal y corriente. Recordar vidas pasadas ya es de por sí arriesgarte a que te tomen por loco, sentirte un incomprendido, y tener que lidiar con emociones intensas que nos afectan día a día. Ya es difícil encontrar información racional y coherente sobre reencarnación en internet. Apenas encuentras personas con las que hablar y desahogarte. Si has sido un nazi, además de todo eso te encontrarás con un estigma que en muchas ocasiones se convertirá en un peso más sobre tus hombros. No es solo haber sido un militar, haber tenido que sufrir una guerra, haber tenido que salir a defender tu país, haber perdido, haber muerto quizá en una batalla, o haber vivido la caída de Berlín. Además tendrás que soportar a la gente que te llamará “malvado” sin ni siquiera conocerte, a los que creen saber mucha historia sobre el Tercer Reich y no tienen ni idea, a los que se compadecerán de ti porque piensan que tienes muchas “cuentas que saldar”, y a todos los que pensarán que eres un neonazi porque aún recuerdas con cariño las esvásticas.
  • Y prepárate para cuando tengas que verificar tus recuerdos de una vida pasada nazi. Los libros de historia los escriben los vencedores, eso ya lo sabes. Así que espera encontrarte con toneladas de mitos, desinformación, y exageraciones por todas partes, mientras que los crímenes contra la humanidad que cometieron los aliados seguirán bien ocultos. Incluso si no fuiste nazi, sino solo una enfermera checa que tuvo la desgracia de perder a su soldado alemán en el frente, como yo, tendrás que aceptar que las tumbas de los alemanes no merecen el mismo respeto que las de los aliados, y por eso en muchos casos fueron destruidas. Esa es la razón por la que los que hemos reencarnado jamás podremos ir a llorar a las tumbas de nuestros seres queridos (o a nuestras propias tumbas).

Si crees que tuviste una vida pasada nazi, si es eso lo que has empezado a recordar… si tú te sientes más identificado con la primera foto, o si necesitas hablar con alguien seriamente sobre ello, solo tienes una opción: Military Past Lives. Si no sabes inglés, también te podremos ayudar en Foro Reencarnación. De todas formas no hace falta que hayas sido nazi. Si fuiste soldado aliado o si viviste cualquier otra guerra, y no te importa zambullirte en temas delicados como la Segunda Guerra Mundial, también serás bienvenido. Porque estos foros (y mi libro) no son para cualquiera, sino solo para aquellos que saben de verdad lo que es recordar vidas pasadas o quieren experimentar la reencarnación, en lugar de que les den respuestas superficiales a preguntas que, de momento, no tienen respuesta.

Tuya es la elección.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Más sobre el suicidio...

Sí, porque creo que es uno de los temas más importantes de los que hablar en un blog de reencarnación. Porque le he seguido dando vueltas estos días, y porque de nada sirve que los que sabemos nos quedemos callados. Porque siendo una persona que se ha suicidado y ha vuelto, creo que tengo la autoridad para transmitir este mensaje, aunque haya personas que me llamen loca.

Quizá debería empezar por el principio y contar cuál es mi experiencia directa con el suicidio... más que directa, en primera persona, cosa que estoy segura muy pocos pueden hacer (y los que pueden no van a estar leyendo estas palabras). Pero no la voy a contar. Para ello tengo otros espacios, algunos fáciles de encontrar si el lector está realmente interesado. Solo diré que algunos no lo llamarían suicidio, porque no fui yo la que apretó el gatillo del arma que me mató. Amenacé a un soldado con una pistola, en medio de la noche, sabiendo que su reacción sería la de dispararme. El soldado era de mi propio ejército, por cierto. Ocurrió en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, probablemente en 1942. Yo tenía poco más de veinte años.

Me ha resultado muy curioso comprobar cómo algunas personas tratan de adaptar sus propias creencias a los hechos. En medio de ese debate entre reencarnacionistas que mencionaba en mi última entrada yo insistía que las consecuencias al suicidio son nulas, con la excepción de que los problemas continúan siendo problemas y las emociones que no hayan sido convenientemente procesadas van a seguir estando ahí, como la depresión por la que estaba pasando en aquel entonces. Acabar así mi vida no me supuso volver a “repetir historias”, ni vivir una vida similar (por fortuna aún no me he visto envuelta en ninguna guerra), ni me castigaron de ninguna manera en el más allá. Sin embargo, había alguien que afirmaba que “cometer suicidio está en contra de la ley”. Nos conocemos de hace tiempo y nos llevamos bien, a pesar de que a veces discrepemos en nuestras opiniones. Esta persona me dijo que lo mío no sería considerado un suicidio por un tribunal, sino más bien una situación parecida a la que vivió Jesús cuando tuvo que elegir entre huir o ser apresado por los romanos, sabiendo que eso le conduciría a la muerte. Siendo sincera, creo que este solo fue su intento de explicar y comprender que “lo mío” no hubiese tenido consecuencias. Si no es un suicidio, no pasa nada. Si hubiese sido un suicidio “de verdad”, seguro que las habría tenido. Pues no. Tal vez tengamos que llamarle “suicidio asistido”, pero yo era plenamente consciente de lo que estaba haciendo, no quería continuar viviendo, incluso traté de hacerlo yo misma antes pero no tuve fuerzas para ello. Utilicé al soldado y él, sin saberlo, me hizo ese favor. Sí, fue un suicidio, y no, no tuvo consecuencias. 


Alguna otra persona manifestó su miedo a que decir cosas como esta en público pudiera influenciar de alguna manera a gente que esté pensando en suicidarse, inclinándolas a hacerlo. Decía que leer eso le hacía sentir incómodo y le producía algo de miedo, e incluso llegaba a sugerir a los administradores que en el futuro se trataran estos temas en privado. Bien, por mi parte puedo afirmar que las personas que se sienten así son generalmente personas que si tienen recuerdos de vidas pasadas son pocos o no están verificados, lo que hace que sigan con la duda de si la reencarnación es o no una realidad. Creo que como no están seguros, siguen teniendo miedo a la muerte, y por tanto siguen teniendo miedo a vivir. Vivir implica tomar decisiones. Y, muchas veces, eso implica equivocarse. “Equivocarse” no es solo tener envidia al vecino o mentir a un familiar. Tengo la impresión de que eso es de lo que suelen hablar los curas en las iglesias, de pequeños “pecados” dignos de discutirse en una clase de catequesis para niños, no entre adultos. Entre adultos parece que no se puede hablar de cosas realmente importantes, como por ejemplo la muerte, matar, suicidarse o reencarnar. Los curas (y otros que afirman poder hablar con espíritus) parece que evitan estos temas. Seguramente es porque no saben y no quieren meterse en berenjenales, aunque también es probable que sea porque no quieren que perdamos ese miedo a vivir. Quieren que sigamos siendo niños, que les necesitemos a ellos para absolvernos de nuestros pecados, negando la responsabilidad que todos nosotros tenemos sobre nuestras decisiones y sus consecuencias.

El suicidio es nuestra responsabilidad, tanto de la víctima como de los que conviven con la víctima y la sociedad en la que vivimos. El suicidio implica mucho sufrimiento, pero no es más que una decisión como otra cualquiera de la cual aprenderemos a largo plazo. Si es verdad que estamos aquí para aprender y evolucionar, aprenderemos tomando esa decisión y viendo a dónde nos condujo. Lo que trato de decir puede sonar duro, pero creo que a veces tenemos que dejar a nuestros hijos que tropiecen para que ellos mismos se den cuenta de por qué hacer algo es un error. Yo no animo a nadie que ponga fin a su vida, pero tampoco puedo interferir con su libre albedrío. La decisión es suya, y a mí no me da miedo decirlo. Aunque, por supuesto, lo ideal es que todos le ayudáramos.

Es obvio que estoy generalizando, y en el suicidio nunca se puede generalizar. Pero hay algo en lo que casi nadie repara. La muerte no es más que una liberación para el que muere. La muerte no es mala en sí misma. Una muerte traumática siempre es difícil de superar, sobre todo si recordamos en nuestra vida siguiente (que de momento no es lo habitual). Pero al menos es un alivio momentáneo del sufrimiento que estamos experimentando en esta vida. El suicida puede sentir remordimientos al haber dejado atrás su supuesta misión y sus seres queridos, pero nadie puede culparle por haber decidido que no podía soportarlo más. Mientras que él se libera de esa carga y se centra en su próxima vida, aquí en la Tierra el suicidio se convierte en una desgracia, un estigma y un dolor muy difícil de superar para los que se quedan, no para el que se fue. Los familiares y amigos del suicida no solo tienen que soportar el dolor de la pérdida de un ser querido, sino también la ignorancia de los que juzgan. Y mientras que esa persona del foro tenía miedo de lo que ocurre con los que se suicidan, a mí en cambio me preocupan mucho más los que se quedan, y es por ellos por los que he decidido escribir estas palabras. Por ello repito:


NO PASA NADA CON LOS SUICIDAS.

ABSOLUTAMENTE NADA.

Que no pase nada significa también que no se van a solucionar los problemas que se tenían antes del suicidio, eso está claro. Por ello el suicidio no suele ser la mejor opción. Pero igual que nadie nos va a enviar al infierno por hacer las cosas mal, tampoco vamos a tener que pagar de ninguna forma el habernos suicidado.

Y ahora, si la lluvia de comentarios no es mayor a la que me cae en la entrada sobre la reencarnación de animales, entonces sí que cerraré el chiringuito.

Entradas relacionadas:
¿Qué pasa con los suicidas?

Si estás pensando en suicidarte, BUSCA AYUDA. En España, puedes llamar al Teléfono de la Esperanza, 902 500 002. Hay iniciativas similares en otros países. Seguramente tendrás más suerte que la que tuve yo.


viernes, 10 de octubre de 2014

Soldados: encontrar a otros.

Hoy me he levantado con un gran peso en el corazón. Y sé que mucho de ello se debe a recuerdos de vidas pasadas, mezclados en distinta proporción e interconectados con vivencias de mi vida actual que no vienen al caso. Vamos, la existencia misma del reencarnacionista, que a veces nos encontramos arrastrándonos por nuestro presente cargando con emociones que vienen de muy, muy atrás.

He hablado en mis últimas entradas de frustración, y no quería seguir con el mismo tono, pero hay mucho de frustración también en las palabras que vienen a continuación, aunque esta vez no tiene tanto que ver con el desinterés o el desconocimiento de la gente en general sobre la reencarnación, sino más bien sobre el hecho en sí de recordar vidas pasadas y encontrarte tan solo en este mundo, algo parecido a lo que hablé aquí, pero más focalizado en el deseo de todo reencarnacionista de encontrar a personas que también recuerden, y, si es posible, que sean de tu misma época y poder hablar con ellos largo y tendido de lo que vivimos en ese entonces y de cómo nos afecta o deja de afectar en nuestra vida presente. Este sentimiento es especialmente fuerte en nuestras vidas de soldado, porque haber sido soldado lleva aparejado un fuerte sentimiento de camaradería que, francamente, no he conocido en ninguna otra circunstancia. Supongo que jugarte la vida juntos y sufrir las mismas calamidades une mucho. Y una vez acabada la guerra y tu vida, a no ser que sigas siendo presa de un ilógico sentimiento de odio, esa camaradería se extiende a soldados de cualquier bando. Al fin y al cabo todos fuimos víctimas de nuestros superiores, de los “Señores de la Guerra” (políticos manejando los hilos desde sus despachos), y todos nos vimos obligados en mayor o menor medida a obedecer órdenes bajo la amenaza de ser acusados de desertores.

Creo que me he despertado así por dos razones básicamente. Una, porque ya llevo unas semanas dándole vueltas a mi muerte en batalla naval, pensando que quedan muchos huecos por llenar con recuerdos que por amargos o especialmente duros no están saliendo aún a la luz. Esos recuerdos implican seguramente un cierto grado de culpa, y ahora mismo no me apetece enfrentarme a ella, aunque intuyo que el momento está cerca. Dos, porque ayer me acabé por fin una novela histórica de un amigo escritor bastante desconocido ambientada en la misma época en la que yo viví, donde se describía con pelos y señales una de estas batallas donde uno de mis contemporáneos fue derrotado de manera humillante (no recuerdo si le conocí personalmente, pero es más que probable). El autor de este libro, ante la escasez de datos históricos que existen sobre la época, se ve obligado a desarrollar con su imaginación a la mayoría de los personajes y las situaciones bélicas... y lo cierto es que no esperaba que me emocionaría tanto. Pero se me ha quedado grabada en la mente la escena en la que centenares de soldados británicos yacen en la ladera de una colina después de haber sido abatidos por los españoles en el intento de toma de un fuerte. Y eso duele. Mucho. Porque no hace más que recordarme todos los muertos que debió de haber a bordo de mi barco en aquella batalla naval en la que yo también perdí mi vida. Pero aparte de esto, me cuesta creer que alguien capaz de escribir algo así, y sobre todo, capaz de describir las emociones de esos soldados, no haya estado de verdad en situaciones parecidas. Y me resulta muy curioso —y me hace sonreír— comprobar cómo el mismo autor, al final del libro, declara no ser partidario de ningún modo de la guerra, afirmando que fue objetor de conciencia, pero que personajes de la talla del almirante a quien va dedicada la obra no deberían caer en el olvido. Y me hace sonreír pero es una sonrisa amarga, porque me hace darme cuenta una vez más de lo ciegos que estamos respecto a la reencarnación. Se nos pasa por alto el hecho de que mucho de lo que escribimos los autores, viene de experiencias que subyacen en algún lugar de nuestro subconsciente, que nada es casualidad, y que si el autor fue objetor de conciencia no es porque unos hippies le hayan lavado el cerebro con eso de “Love and peace”, sino porque, con mucha probabilidad, él también estuvo allí, si no en esa misma batalla que describe “porque le pareció una buena historia que contar”, en alguna otra batalla que le hizo experimentar en carne propia lo que significa tener que matar, el miedo a que te maten, la responsabilidad de tener la vida de tus hombres en tus manos, contemplar cómo tus compañeros de armas caen a tu lado sin poder hacer nada por evitarlo, en definitiva, la sinrazón de la guerra y cómo esta saca lo peor —y en ocasiones lo mejor— del ser humano.


Y me encantaría poder hablarle abiertamente de esa posibilidad, de que haya vivido antes y no lo sepa aún. Me encantaría que recordara, esta vez por un claro deseo egoísta, que es el de encontrar a personas que pudieron estar allí conmigo, luchando por una causa, la consideráramos justa o no, para poder mirar atrás y hablar con orgullo o con resentimiento, da igual, de lo que vivimos entonces. Aunque a muchos les resultará difícil de creer, sé de muchos compañeros que lo han conseguido, que han encontrado a personas que estuvieron en el mismo lugar, en la misma época, en una vida anterior. Personas que han podido verificar sus propios recuerdos con recuerdos de otras personas que también estuvieron allí (con la precaución que hay que tener siempre en estos casos, puesto que los recuerdos son siempre subjetivos y a veces no coinciden). Y esto me produce una sana envidia porque a mí todavía no me ha pasado... y en un país como en el que vivo es muy poco probable que me vaya a ocurrir, donde la reencarnación es todavía algo muy raro, y aún creemos que recordar vidas pasadas es cosa de videntes o feria esotérica, cuando la realidad es que todos recordamos, seamos o no conscientes de ello. Como mucho, podría decir que creo en la reencarnación, lo que ya sería bastante arriesgado. Si además digo que fui capitán de la Marina Inglesa, y además conozco mi nombre y apellidos, apuesto a que lo mínimo sería ser acusada de padecer delirios de grandeza. Y la verdad es que yo ya tengo suficiente con enfrentarme a lo que fui y a la forma en que dejé este mundo en aquella ocasión.

Así que, una vez más, me encuentro en una situación en la que me gustaría gritar con todas mis fuerzas pero solo puedo callar, puesto que me enfrento a la incomprensión, a la burla, incluso a la marginación por creer en algo que se consideraría propio de un loco o al menos de alguien que no tiene los pies en la tierra. Una vez más, me enfrento a la soledad de recordar.

Si fuiste soldado en una vida pasada, puedes encontrar a más como tú en Military Past Lives.

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La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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