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miércoles, 3 de agosto de 2016

Recuerdos espontáneos de vidas pasadas.

¿Cómo? ¿Crees que los recuerdos espontáneos de vidas pasadas no existen? ¿Que solo los videntes pueden tener “visiones” de otras vidas? ¿Qué a ti no te ha pasado nunca ni jamás te pasará?

Déjame decirte que estás completamente equivocado.

Verás, yo era como tú hace unos cinco años. ¿Crees que nací siendo reencarnacionista? No. Yo crecí en la misma sociedad que tú, fui bautizada e hice la comunión como todos los niños católicos. Nadie me habló de reencarnación. Además, estudié una carrera de ciencias, donde me enseñaron a pensar con objetividad, lógica y un tremendo materialismo. Cuando me puse por primera vez una grabación de autohipnosis, era igual de escéptica que tú. Pensaba que estaba siendo estúpida creyendo que de ahí iba a salir algo relacionado con mis vidas pasadas. Me sentía ridícula. ¿Qué pasó en los años que siguieron que me hizo cambiar tanto? LA EXPERIENCIA PERSONAL. El esfuerzo que hice investigando la reencarnación y mis propios (supuestos) recuerdos. Sintiendo cómo mi intuición se hacía más fuerte, y siendo testigo en primera línea de vivencias que pensaba solo eran posibles en los libros de Brian Weiss. Todo eso desafió mi lógica y mi raciocinio. Y después de verificar con nombres y apellidos dos de mis vidas pasadas, ya no tuve duda de que la reencarnación es un hecho. Aunque a veces lo parece, si lees mis posts de forma aislada o desordenada, eso no ocurrió de la noche a la mañana.

Una de esas vivencias es la aparición de recuerdos espontáneos, que me sorprendieron desde el primer momento. Sí, yo también pensaba que solo personas con capacidades paranormales tenían ese tipo de “poderes”. Pero no. Investigando la reencarnación y hablando con muchas personas que recuerdan sus vidas pasadas, me di cuenta de que los recuerdos espontáneos ocurren con mucha más frecuencia de lo que creemos. A algunas personas les pasa desde la infancia. Ese nunca fue mi caso, pero después de un tiempo meditando con regularidad, me empezó a pasar, lo que demuestra que no es nada raro, que a ti también te puede llegar a pasar. Es solo cuestión de entrenar tu mente un poco y aprender a diferenciar esos recuerdos de simples fantasías que todos podemos tener mientras hacemos nuestras tareas cotidianas.

Que se llamen espontáneos no quiere decir únicamente que aparezcan solos. No siempre, pero suele haber algún tipo de desencadenante o trigger que los haga aparecer, aunque solo sea un pensamiento o una emoción que hayamos sentido durante el día. Se llaman espontáneos para diferenciarlos de los recuerdos que se obtienen por otros métodos como la meditación o la hipnosis. A diferencia de estos últimos, los recuerdos espontáneos ocurren durante el periodo de vigilia, no mientras estás en un estado alterado de consciencia. Aunque, si te he de ser sincera, en realidad no existe mucha diferencia entre unos y otros cualitativamente. Sí que he notado que los recuerdos espontáneos, a veces también llamados “flashes”, suelen ser más breves. Llenos de detalles igualmente, y con la misma textura que los recuerdos de vidas pasadas, pero al estar en estado de vigilia no llegan a tener la misma profundidad. La emoción puede que sea igual de fuerte, pero no es fácil acceder a toda la información que acompaña a ese recuerdo.




¿Cuándo aparecen los recuerdos espontáneos? 


En realidad, pueden aparecer en cualquier momento. Esto depende de la persona. Pero sí que son más frecuentes cuando estás realizando alguna tarea rutinaria para la que no necesitas usar mucho el cerebro. Por ejemplo, mientras estás planchando, haciendo la comida, cosiendo, dibujando, coloreando mandalas. También escribiendo. Mientras haces deporte y tienes la mente tranquila, mientras conduces, mientras viajas. En todas estas situaciones lo que ocurre es que tu mente entra en un estado muy parecido al de la meditación. Recordemos que la meditación no es nada raro, ni la hipnosis tampoco. Estar levemente concentrado en algo ya es estar en ese estado, esto no lo digo yo, sino los propios hipnoterapeutas. Al tener tu mente tranquila, la información que tenemos en el subconsciente sale a la luz con mayor facilidad, y por eso pueden aparecer esos flashes o visiones de vidas pasadas. Por supuesto, si practicas meditación con regularidad, esa paz interior te acompañará el resto del día, y será más fácil que te vengan esos recuerdos, que es lo que me ocurrió a mí.

Otra situación en la que pueden aparecer recuerdos espontáneos es cuando vas a un lugar directamente relacionado con alguna de tus vidas pasadas, o bien un lugar que te recuerda algo que pasó en el pasado, y entonces experimentas no solo un breve flash, sino una escena completa, llena de información y emociones. A veces puede ser tan fuerte que te afecta físicamente. Es lo que algunos reencarnacionistas llamamos “La Reacción”, de la que ya hablé en este blog. Esto sería una situación extrema, no tan frecuente pero tampoco excepcional para los que recordamos vidas pasadas.

La primera vez que yo tuve un recuerdo espontáneo me sorprendió totalmente. Y, por supuesto, dudé mucho de esa imagen hasta que no empezó a desarrollarse la escena durante una meditación. No recuerdo si en aquel momento había estado meditando o no la noche anterior. Es probable porque esto me pasó desde la primera vez que hice una regresión: al día siguiente tu mente está aún bastante receptiva, parte de ella está aún como perdida en esos recuerdos que obtuviste, y es frecuente que obtengas información adicional. Estaba cortando unas verduras para la comida y de pronto la imagen apareció nítida en mi cabeza: un mostrador de madera, como el de las tiendas antiguas, y la mano de alguien que ponía sobre el mostrador una pistola Colt, la típica de las películas del Oeste. Eso fue todo. Sí, al principio puedes dudar si no es algo que viste en una película, o algo que imaginaste mientras leías un libro. Incluso puede ocurrir que si no sabemos lo que son, los desechemos sin más, pensando que no significan nada, que son pura fantasía. Con el tiempo te das cuenta de que los recuerdos se sienten muy distintos y no se pueden confundir con ese tipo de imaginaciones. Desde entonces, me ha pasado varias veces. Y se hace extraño, cuando tus vidas pasadas comienzan a formar parte de tu vida actual pero para ti es lo más natural del mundo, porque ya sabes que la reencarnación es un hecho. Es cuando empiezas a convertirte en un verdadero reencarnacionista.

¿Qué hay de ti? ¿Has tenido alguna vez recuerdos espontáneos? ¿Te gustaría tenerlos?

domingo, 19 de julio de 2015

Síndrome de estrés postraumático y vidas pasadas.

Cuando escribí mi última entrada, tenía en mente acabar hablando un poco sobre el síndrome de estrés postraumático y cómo lo que nos ocurre a los que recordamos vidas pasadas no es en nada distinto a lo que padecen otras personas después de pasar por experiencias traumáticas. Al final la entrada se hizo más larga de lo que esperaba, decidí volver a retomar el tema en un día o dos, y después me volví a ver absorbida por la vida real... hasta hoy. Pero ahora que ya tengo esos proyectos casi finalizados, puedo volver al blog.

Bueno, dio la casualidad que en un corto espacio de tiempo me llegaron varias referencias externas a este asunto del síndrome de estrés postraumático (cuyas siglas en inglés son PTSD). Una provenía de alguien que está lidiando con sus propios recuerdos y me comentaba que se había dado cuenta de que ella presentaba muchos de los síntomas que caracterizan este síndrome... solo que el origen de sus traumas se encuentra antes de su nacimiento.

Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, usado como referencia por los psiquiatras), los criterios de diagnóstico del síndrome de estrés postraumático son los siguientes:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2:

  1. La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
  2. La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados.
B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
  1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
  2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible.
  3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
  4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
  7. Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).
D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  2. Irritabilidad o ataques de ira.
  3. Dificultades para concentrarse.
  4. Hipervigilancia.
  5. Respuestas exageradas de sobresalto.

E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.

F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. 



Yo ya estaba familiarizada con el PTSD porque desde que me muevo en foros de reencarnación leí las experiencias de personas que habían sido soldados en otras vidas y ya habían reparado en cómo los traumas de vidas pasadas no son para nada distintos a los de la vida presente. También había identificado algunos de esos síntomas en mí, siendo los más intensos la ansiedad y depresión que me acompañaban casi desde siempre, y que son los que me llevaron a querer buscar respuestas más allá de lo que me ofrecía la medicina. Sin embargo, no había profundizado mucho en el tema; no lo creí necesario, porque por lo que había visto, no había ninguna duda de que es así como funcionan las cosas. Ahora, releyendo los síntomas enumerados en el DSM-IV, aún me sorprendo de que la gran mayoría de esos síntomas, casi uno por uno, se me podrían aplicar a mí, especialmente cuando estoy en medio de una fase de past life mood. Y si tienes en cuenta los numerosos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, no podría ser más obvio. Es una lástima que la sociedad en general continúe tan ciega a la posibilidad de la reencarnación.

Haciendo una nueva lectura de estos síntomas, y relacionándolos con mi vida pasada en la Segunda Guerra Mundial (origen en su mayor parte de mi ansiedad y depresión actual) las vidas pasadas, veamos:

La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
Esto (las tres cosas) pasó continuamente en esa vida.

La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Por supuesto. Tanto, que acabé suicidándome.

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
Bajo regresión, montones de ellos. Una vez dije que jamás he pasado tanto miedo como en mis regresiones de la SGM.

2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar.
En mi caso no, porque excepto en contadas ocasiones no suelo tener sueños de vidas pasadas (aunque sí he tenido algún sueño “raro” relacionado con abusos por parte de alguien más poderoso que yo, en un entorno “militar”).

3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse).
He tenido flashbacks cuando me he visto en situaciones similares a las del pasado. Lo que conté en mi anterior entrada es un buen ejemplo de ello.

El PTSD no va sobre qué está mal en ti, sino sobre qué te ocurrió.
 4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
Esto me pasaba mucho antes de recordar vidas pasadas, cuando estaba en quirófano y veía mucha sangre, aunque a veces me pasaba y otras veces no (por lo que descarto aprensión a la sangre, que jamás he tenido... al menos cuando no es la mía). Actualmente lo identifico con lo que algunos reencarnacionistas hemos dado en llamar “La Reacción”. Por cierto, los puntos 4 y 5 son una estupenda descripción de lo que es un trigger.

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.

2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
Siempre de manera inconsciente, pero de pequeña evité leer una enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial que había por casa, a pesar de que me leía hasta los paquetes de cereales. Quizá no tenga nada que ver, pero en esta vida también evito los médicos todo lo que puedo. El otro día también quise evitar entrar en un hospital de campaña. Poco a poco me voy acostumbrando a exponerme a libros o películas que tengan que ver con guerras, pero siempre es duro y luego he de enfrentarme a todo tipo de emociones y arriesgarme a que mi pareja me deje por no responder a sus estímulos.

3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
También estuvo presente un tiempo... hasta que me dije a mí misma que necesitaba revivirlo de nuevo, para que así no dejara de perturbarme e influir en mi vida actual.

4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
7. Sensación de un futuro desolador.
Por supuesto, todos ellos son síntomas de depresión, los conozco bastante bien.

1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
2. Irritabilidad o ataques de ira.
3. Dificultades para concentrarse.
4. Hipervigilancia.
5. Respuestas exageradas de sobresalto.

En efecto, esto me pasaba cuando sufría las crisis de ansiedad, sin saber aún qué me estaba pasando.

Creo que no hace falta insistir más. El único punto por el que no entraría dentro del diagnóstico es que según el CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades), es indispensable que los síntomas de estrés postraumático hayan aparecido dentro de los seis meses después del suceso traumático. Evidentemente, este criterio está totalmente equivocado. Las personas que recuerdan vidas pasadas traumáticas sabemos que esos síntomas pueden aparecer mucho después, incluso después de haber muerto. Lo malo es que a nosotros nadie nos hace caso y seguramente nos clasificarán dentro de los trastornos de personalidad múltiple, si son bondadosos...

Una pena.

Y para acabar, solo decir que yo no soy la única que sabe que hay relación entre el síndrome de estrés postraumático y las vidas pasadas. El investigador Erlendur Haraldsson, de la Universidad de Reikiavik (Islandia) publicó en el año 2003 un artículo donde expone que muchos de los síntomas, como la dificultad en la concentración, los arrebatos de ira o el miedo inexplicable en determinadas circunstancias, también están presentes en muchos niños que supuestamente recuerdan vidas pasadas.

lunes, 8 de junio de 2015

La Reacción.

Diversos acontecimientos me han tenido alejada de mis vidas pasadas, aunque no de la reencarnación, ya que eso es imposible. Pero no tiene nada que ver pensar y teorizar sobre la reencarnación, con tener que lidiar con tus recuerdos, eso está claro. Aparte de eso, también he estado más centrada en mi vida actual, con problemas de trabajo, nuevos proyectos, cursos... y todo ese movimiento me ha restado energía para invertir en la reencarnación. Poco a poco todo va quedando en el pasado, y a veces llegas a preguntarte si todo aquello que viste y sentiste en esas regresiones, todo el trabajo que hiciste, fue solo una ilusión, una ida de olla, una etapa que pasaste “en las nubes” que para nada es real. Y resulta que luego un día, de manera totalmente inesperada, algo sucede que te vuelve a trastornar, y te recuerda que no, por supuesto que no, tus vidas pasadas siguen siendo parte de ti. No solo eso: te siguen afectando emocionalmente. La reencarnación es real. No puedes dudarlo.

Ayer se me ocurrió ir a visitar la exposición que las Fuerzas Armadas habían organizado en Madrid, con motivo de la celebración del 5 de Junio. Mi pareja y yo nos enteramos a última hora, y como no teníamos nada mejor que hacer, era cerca de casa, y era gratis, decidimos acudir. A pesar de mi vida en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, mi interés en todo lo militar antes de recordar era prácticamente nulo. Pero mi trabajo en el Ejército estadounidense en la Alemania Occidental de los años 60 fue bastante entretenido, y eso siempre me trae buenos recuerdos: cuidaba del mantenimiento de los helicópteros, sabía tirarme en paracaídas, hacía vuelos de prueba, conducía un camión militar... En todo eso iba pensando mientras nos acercábamos a la exhibición, deseando poder meterme en la cabina de un avión o en un tanque. Nada más llegar, el enorme helicóptero que había a la entrada nos dejó sin habla... pero enseguida llamó mi atención un vehículo con una cruz roja que había detrás. Luego vi que no solo había un vehículo, sino que habían levantado un hospital de campaña. Eso me traía recuerdos de la Segunda Guerra Mundial... y eso ya no es tan divertido.


Me imagino que muchos lectores podrían pensar que mi propia sugestión hizo el resto. “Creo firmemente” que viví terribles acontecimientos traumáticos en un hospital de campaña alemán en territorio francés, así que mi propio cerebro hizo que mis piernas comenzaran a temblar y que me detuviera a la entrada. Supongo que solo yo sé que esto no lo produce una simple creencia. Le dije a mi pareja que no estaba segura de querer entrar ahí. Yo lo llamo un “cambio en la energía”, porque los súbitos sentimientos que te invaden no tienen nada que ver con lo que sentías hasta entonces. Me forcé a mí misma a avanzar. No podía desaprovechar la oportunidad de ver en realidad un hospital de campaña (algo que jamás había hecho antes), y quizá obtener alguna pequeña verificación, pequeña ya que al fin y al cabo este era un hospital moderno, no uno de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, creo que no había mucha diferencia... Entré y la sensación fue como transportarme a 1942. Sobre todo quería comprobar que las paredes daban la sensación de ser sólidas como si fuera un edificio... porque esa era la sensación que tenía en mis recuerdos, que no parecían ser las paredes de “una tienda”. Vi las camas metálicas y las camillas con grandes ruedas y neumáticos. Vi los instrumentos médicos (estos no me produjeron ninguna sensación, porque los veo todos los días por mi profesión). Pero la visión del quirófano al fondo fue lo que más me impresionó, porque era exactamente así como lo recordaba... Las ganas de llorar que tenía desde el principio comenzaron a hacerse más fuertes, y luego se unió la terrible rabia que aún siento cuando recuerdo todo aquello. Flashes de soldados heridos y mucha sangre. Y sobre todo, cuando veía aquellas gruesas lonas con cremallera en las camillas, como sacos de dormir que me imagino se usan para mantener a los pacientes calientes, solo podía imaginar que en su interior había cadáveres. Empecé a sentir ansiedad también, y mi mente me susurraba: “Sal de aquí”.


Así lo hice. Si hubiera estado sola quizá habría aguantado hasta ser presa de lo que llamo “La Reacción”. Fue una amiga la que utilizó este término para describir las reacciones físicas que sufrimos a veces los que recordamos vidas pasadas cuando nos vemos en una situación como esa, en la que la escena que estás viendo te trae recuerdos del pasado muy vívidos y dolorosos. También la pueden sufrir personas que aún no tienen recuerdos conscientes, como es común entre los turistas que van a visitar Auschwitz, sin saber que fueron víctimas del Holocausto. Necesitaba... aún necesito, liberar todas esas emociones que no acaban de salir, a pesar de lo que mucho que he llorado ya en mis regresiones. El dolor continúa enquistado. La muerte de mi novio por fuego enemigo, sin que yo como enfermera pudiera hacer nada para evitarlo, no se olvida fácilmente. Yo no quería ser el foco de atención ni ponerme a vomitar ni caer desmayada, así que salí del hospital. Pero las emociones aún no se han ido.

Estoy convencida de que si hubiera estado enchufada a un monitor, se habrían notado los cambios fisiológicos en mi organismo. Puedes fingir un ataque de ansiedad, pero eso no se refleja en un electroencefalograma. Yo no llegué a tanto, pero creo que si hubiera estado dos minutos más, quizá sí habría llegado. Más tarde mi pareja me dijo que me había puesto blanca. Y, desde luego, las ganas de llorar ya me acompañaron durante el resto de le exhibición, y también una gran furia interna que ya no me permitió disfrutar de la visita.

Hace solo unos días le decía a una amiga para animarla que yo era prueba de que se podía sanar, que ya no me acordaba apenas de mis vidas pasadas. Menos mal que sé que no pude engañarla...

domingo, 28 de septiembre de 2014

¿Qué es un trigger?

Estoy comprobando últimamente que la gran mayoría de la gente aún piensa que para recordar vidas pasadas lo único que podemos hacer es acudir a que nos hagan una regresión, cuando eso es totalmente falso. Y no, esta vez no estoy hablando de autohipnosis, ni siquiera eso... porque lo cierto es que los recuerdos de vidas pasadas están en nuestro subconsciente, y aunque nosotros no nos demos cuenta, forman parte de nosotros y se manifiestan de muchas maneras. Lo único que ocurre es que simplemente, la idea de la reencarnación está tan alejada de nuestras mentes, y perdonad que lo diga, estamos tan, tan cegados a la realidad, que aunque lo tengamos delante de nuestras narices, seguimos sin verlo... Y por supuesto, yo estuve igual de cegada durante muchos, muchos años, como la gran mayoría, porque nuestra vida nos absorbe, tenemos que centrarnos en el presente, buscar algo para ganarnos el pan, estudios y más estudios, luego trabajo y más trabajo... luego familia que se junta a todo lo anterior. ¿Cuándo tenemos tiempo de detenernos y preguntarnos por un instante cuál es el sentido de todo esto? ¿Cuándo tenemos tiempo de pensar en lo que realmente importa, nuestra parte espiritual? Muchas veces ese momento no llega nunca... y esto no sería muy de lamentar, si no fuera porque muchas veces la muerte nos sorprende, no estamos preparados para ella, ni tampoco para aceptar que a pesar de todo lo que creímos que hicimos... en el fondo, no hicimos nada de importancia.

Filosofía aparte (parece que hoy estoy especialmente inspirada), lo único que quiero decir es que muchas veces la única razón por la que no recordamos vidas pasadas es solo que nunca nos lo hemos planteado de verdad, nunca nos pusimos a intentarlo seriamente, siempre pensamos que eso era para otros o que eso de la terapia regresiva no era más que un cuento... y como no investigamos adecuadamente, ni siquiera sabemos que las vidas pasadas no son tan pasadas... Forman parte del presente aunque no lo veamos. Solo ayer una amiga comentaba que lo que ella nota es que cuando estamos activos, ya sea estudiando o trabajando, utilizando nuestro intelecto, estamos pensando en un tiempo futuro. Mientras que cuando por fin encuentras un momento de tranquilidad y tratas de concentrarte en tus sentimientos, es cuando puedes conectar con tu pasado, y es fácil entrar en past life mood. Yo también lo veo así. Y creo que la forma en la que actúan los triggers tiene mucho que ver con esto.

Muchos de nosotros, desde siempre, tenemos flashes espontáneos o nos llegan emociones inexplicables, pero como no identificamos esos flashes como lo que son ni comprendemos esas emociones, lo olvidamos, o pensamos que es nuestra imaginación, y no le damos mayor importancia. Sin embargo, solo hace falta estar un poco atento a la aparición de estos flashes, y después, si acaso, meditar sobre ello para obtener más datos. Cuando meditas con regularidad, y cuando llevas un tiempo recordando vidas pasadas, te das cuenta de que esos flashes son más frecuentes de lo que creías... lo que ocurre es que los ignorábamos. Todos, insisto, todos, hemos experimentado alguna vez esa sensación, y es por ello que muchas veces digo que todos podemos recordar vidas pasadas.


Pues bien, estos flashes vienen muchas veces desencadenados por un trigger. Creo que en el blog nunca he hablado de triggers, así que explicaré lo que es y pondré un ejemplo práctico que me ocurrió hace tan solo un par de días. Un trigger no es más que un elemento de la vida cotidiana que te provoca o desencadena ese posible recuerdo de vida pasada que puede venir no solo en forma de flash espontáneo (visual), sino también en forma de emoción intensa. Puede ser una película que estés viendo, un libro que estés leyendo, una situación en la vida real en la que reacciones de manera inesperada, una palabra en otro idioma que te resulte extrañamente similar, un objeto que te encuentres en un escaparate... Las emociones de la vida actual, cuando son similares a las emociones que sentiste en una vida pasada, también pueden ser desencadenantes. Porque, en realidad, lo que he observado es que en todos estos casos son las propias emociones las que actúan como poderosos triggers. Igual que si un día por casa encuentras un antiguo trenecito de juguete y de pronto te acuerdas de cuando jugabas con él con tu hermano, exactamente lo mismo ocurre cuando es un objeto que conociste en una vida pasada. Es así de simple. La memoria actúa así, y una vez que has aceptado internamente la posibilidad de la reencarnación, empiezas a darte cuenta de que hay montones de cosas a tu alrededor que te pueden dar pistas sobre qué fuiste, y con mucha frecuencia, te traen verdaderos recuerdos de vidas pasadas. Y ni siquiera necesitas estar en un estado alterado de consciencia. Esto, que para mí es ahora tan sencillo y tan básico, es lo que muchas personas aún no llegan a comprender.

Por ello, los que queremos recordar vidas pasadas a toda costa, porque queremos conocernos a nosotros mismos, porque queremos saber cómo funcionan las cosas, porque sabemos que cargamos con emociones que aún necesitan ser liberadas, o por cualquier otra razón... a veces nos exponemos intencionadamente a estos triggers para tratar de obtener esos recuerdos. Puede ser tan fácil como ir a visitar un museo de aquello que te interese o que sospeches que puede tener relación con una de tus vidas pasadas. Muchas personas tienen reacciones extremas en estos lugares. Y muchos jamás sabrán por qué...

Y... no es la primera vez que me ocurre, pero sí que fue bastante fuerte cuando el otro día experimenté en propia piel el efecto de uno de estos triggers. Llevaba un tiempo totalmente desconectada de la reencarnación, excepto por las cortas visitas a mi foro y la preparación de mi libro, semanas sin meditar, sin pensar en mis vidas pasadas... Las obras para pintar la casa comenzaron, y tuve que estar allí presente. Las paredes estaban en mal estado y hubo que rascar mucho: pronto estuvimos atrapados, casi sin poder movernos de una habitación, con los muebles antiguos puestos de cualquier manera, todo lleno de polvo y escombros, sin saber dónde comeríamos o dormiríamos esa noche... Pasaron varios días muy largos con mucha tensión acumulada y muy pocas horas de sueño, me sentía exhausta físicamente, y fue el quinto día cuando me encontré a las 7:30 de la mañana sentada en mi vehículo, esperando a mi pareja, contemplando cómo se reflejaban los intermitentes en un letrero de la carretera, y de pronto me vino a la mente la imagen de una ciudad destruida, como si hubiera sido bombardeada, y sin venir a cuento me invadió una terrible sensación de profundo vacío, una inmensa desolación, el negro pensamiento de que el mundo se había acabado y que no era posible escapar a toda esa destrucción. Cualquier otra persona diría: "Bueno, es normal, vemos imágenes de bombardeos en la tele todos los días". Y lo olvidaría. Los que recordamos vidas pasadas sabemos que detrás de esos flashes hay mucho más: yo sé que era muy posiblemente un recuerdo de mi vida de la Segunda Guerra Mundial. Aún no sé seguro si llegué a presenciar un bombardeo, pero todo apunta hacia ello. Sí sé sin lugar a dudas que las emociones que me llegaron no se correspondían a nada que yo haya vivido en esta vida, sino a emociones que vienen de una joven enfermera que se suicidó en Francia, después de que su novio alemán muriera en una contienda. En mi primera regresión a esta vida oía aviones y bombas caer, mientras yo trabajaba en un hospital de campaña. A través de los años voy reuniendo las piezas del puzle y cada vez estoy más cerca de la verificación definitiva. Pero lo que importa aquí es que la situación en la que me encontré en casa esos días, rodeada de trastos y escombros, sin poder moverme de una habitación de aspecto antiguo, sintiéndome agotada físicamente, con algo de ansiedad... todo ello debía ser muy similar a como me sentía en aquel entonces, en un país extraño, temiendo constantemente un ataque enemigo, ya fuera por aire o en las calles de Francia por miembros de la resistencia, solo deseando que no le pasara nada a mi novio de entonces, y esto es lo que me trajo esos recuerdos.

Así es como funcionan los triggers. Así se recuerdan vidas pasadas. Y no es que me pase a mí porque tenga algo especial. No. Todos vosotros podéis recordar y llegar a la certeza de que la reencarnación es un hecho.
  

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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