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martes, 2 de diciembre de 2014

Emociones y vidas pasadas (2).

Sabía que había hablado antes sobre esto. Cuando he buscado la entrada correspondiente, he recordado que una de mis citas favoritas en la actualidad ya la leí hace mucho tiempo en un libro de Roger Woolger, psicoterapeuta estadounidense que todo el que esté interesado en recordar vidas pasadas debería conocer. La cita, de Carl Jung, dice así:

“No es posible alcanzar la conciencia sin dolor. Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.

Hacer consciente la oscuridad significa que de dentro de ti van a surgir emociones que ni siquiera sabías que estaban ahí. Significa despertar a la bestia que llevas dentro. Significa darte cuenta de que tú también eres capaz de odiar, engañar, violar, matar. Cuando llevas un tiempo en esto de la reencarnación, eres capaz incluso de saber si una persona ha recordado de verdad vidas pasadas, y cuántas ha recordado, solo leyendo sus opiniones o la idea que tiene sobre ciertos temas. Por ejemplo, ya sabemos que si cree en el karma, lo más seguro es que no haya recordado aún o haya recordado muy poco. Y, si aún no comprende cómo es posible que las personas malvadas reencarnen o que vivan vidas felices, tampoco ha recordado mucho. También si tiene la idea de que ella es una persona fabulosa y se horroriza tan solo pensando en las atrocidades que “otros” (siempre son otros, claro) hayan podido cometer en sus vidas. Y si les hablas claro sobre lo que te ha pasado a ti o lo que has hecho en tus vidas pasadas, su respuesta será algo como: “Pobre... qué mal lo debes estar pasando. Pero no te preocupes, sin duda puedes sacar algo positivo y en cuanto te perdones a ti mismo o a aquellos que te hicieron daño, tu alma habrá ganado en compasión”.

Perdonar. Hemos creído toda la vida que el perdón es instantáneo. Te metes en un confesionario, le cuentas al cura que todos los días le pones tres velas negras a tu vecina del cuarto porque no soportas que le vaya bien con ese chico del vecindario al que tú dejaste, el cura se lleva las manos a la cabeza, te dice que reces diez avemarías y asunto zanjado. Dios te perdona. Y así al día siguiente puedes volver a hacer lo mismo.

Pero lo cierto es que el perdón lleva algo más de tiempo. Tal vez porque nosotros no somos como Dios, de acuerdo. Y si no, que se lo digan a las víctimas de malos tratos, a las víctimas de violación, a los padres que han perdido un hijo porque alguien lo asesinó, o a los que pasaron treinta años en el corredor de la muerte hasta que los ejecutaron por inyección letal. ¿Cómo perdonas a tus agresores? ¿Te los imaginas delante de ti rodeados de un halo luminoso y les dices “Hala, te perdono. Todos los años de sufrimiento que he pasado por tu culpa se esfuman a la cuenta de tres. Uno, dos, tres”? Pruébalo, verás que no se esfuman tan fácilmente. Tal vez creas que esto no funciona porque no tienes a un hipnoterapeuta al lado que te implante una inducción hipnótica en tu cerebro que diga “Chip de perdón instantáneo. Di el nombre del agresor y los años de sufrimiento causados por él se esfumarán en cuanto chasquees los dedos”. Pruébalo también, si tienes dinero para pagar a un hipnoterapeuta. No solo te quedarás sin dinero, además pensarás que eres realmente malvado porque ese chip no funciona contigo. Alguien te dijo que el perdón no tiene que ser de palabra, sino de corazón, y aún te estás preguntando cómo se hace eso. ¿No existe un manual sobre cómo perdonar con el corazón? Tienes el odio y el dolor tan enquistados que es imposible que te los extraigan del alma y en su lugar aparezca eso que llaman “amor universal”.

Las cosas se complican aún más si eres a ti mismo a quien tienes que perdonar. ¿Qué es exactamente lo que tienes que perdonar? ¿Ser como eres y haberla fastidiado en varias vidas por no haber elegido la opción correcta? ¿Qué es esto, un concurso televisivo en el que te mandan a un pozo con harina, huevo batido y plumas de ave si no sabes la respuesta? ¿Tienes que perdonar tu propia estupidez por haberte dejado violar? ¿O por haberte volado la tapa de los sesos cuando estabas en medio de una depresión que no te dejaba ni respirar? ¿O por haber reaccionado violentamente contra tus enemigos, buscándote tú mismo que te capturaran y te torturaran hasta la muerte? ¿O por haber sentenciado a criminales a ser crucificados cuando ese era el método de ejecución normal para la época? ¿O por haberme defendido y haber derribado a una docena de cazas antes de que me derribaran a mí? ¿Y cómo me perdono a mí misma? ¿Me imagino dentro de un halo luminoso y me envío buenos deseos para ver si dejo de odiar a los americanos que me hicieron desaparecer cuando tiraron la bomba atómica en Hiroshima?

¿Cómo diablos se sanan las emociones?

Diría que esta es la pregunta más frecuente que nos hacemos los que recordamos vidas pasadas. Si no recuerdas vidas pasadas, ni siquiera te la planteas. Estás más preocupado en saber si en tu próxima vida te reencarnarás en cucaracha por atracar un banco, o si te puedes estar comiendo a un pariente lejano que se ha reencarnado en pollo de corral. En cambio, una vez que, por la razón que sea, abres la puerta a los recuerdos, vienen recuerdos, sí... pero nunca vienen solos. Van acompañados de fuertes emociones que ya no se van a ir durante años. Son como hijos que nunca se van de casa. Intenta echarlos, sí, cambia la cerradura de la puerta, darles dinero y que se vayan a donde sea, pero que se vayan... No. Por desgracia, esto no funciona así. Los recuerdos y las emociones de vidas pasadas van y vienen cuando les apetece. Y a veces es difícil convivir con ellas.

Después de un tiempo recordando, me he dado cuenta de que la mayoría de las emociones tienen su origen en el dolor. El dolor es lo que subyace detrás de ellas: tristeza, depresión, ansiedad, odio, miedo, frustración, celos, rabia, desesperación, sentimiento de injusticia, desesperanza, impotencia, vulnerabilidad. De hecho, hace tiempo que tengo la sospecha de que lo único que importa en nuestras vidas es la forma en la que reaccionamos a ese dolor. La gente tiende a clasificar a las personas como buenas o malas, y les es incluso difícil imaginar que un “alma buena” haya sido alguna vez “mala”. Consciente o inconscientemente, todos nosotros nos clasificamos a nosotros mismos como almas “buenas”, “malas” o “regulares”, comparándonos con lo que podría ser la media de bondad/maldad nacional. Posiblemente todos nosotros diríamos que somos regulares, porque en los extremos están los santos como la Madre Teresa de Calcuta por un lado, y los “seres demoníacos” tipo asesinos en serie por el otro. Y nadie se da cuenta de que en realidad todos somos iguales y la línea que separa la “bondad” de la “maldad” es demasiado fina como para quedarnos tranquilos. Déjate llevar por alguna de esas emociones, por tus instintos más básicos, solo por un segundo, y verás qué pronto te conviertes en un asesino.

Recuerdes o no vidas pasadas, las emociones están ahí, quizá algo adormiladas, pero están igualmente. Alguien puede tener tendencias suicidas desde su juventud sin que nadie entienda por qué... y puede tenerlas por algo que le ocurrió en la guerra de Vietnam, en una vida anterior. He conocido varios casos de este tipo, incluyéndome a mí misma. Vivir algo tan traumático como una guerra, seas soldado o civil, víctima o agresor, deja profundas huellas en el alma que no se borran tras la muerte. Muchas veces lleva más de una vida superarlas. El dolor puede hacer que sientas una ira inexplicable hacia todo lo que tienes alrededor, sean personas o cosas. También puede hacer que a consecuencia de ese dolor que alguien te infligió en otra vida, ahora tengas miedo a determinadas situaciones, porque temes que te vuelva a ocurrir lo mismo. Puede traerte deseos de autodestrucción, que te rebeles contra una vida que tuviste antes pero que perdiste y aún no comprendes el porqué. Puede que decidas hacer sufrir a los demás como venganza por lo que tuviste tú que sufrir. Los seres humanos somos harto complicados, y muchos reencarnacionistas nos preguntamos con frecuencia cómo cambiaría el mundo si solo tuviéramos una perspectiva un poco más amplia y fuéramos capaces de comprender que nuestras vivencias no se reducen a lo que hayamos podido experimentar en nuestra corta existencia actual.

Nos queda aún tanto por aprender...

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sábado, 4 de enero de 2014

Emociones y vidas pasadas.

“Mi propia aproximación como terapeuta es al menos comenzar con las historias de vidas pasadas más traumáticas que yacen cerca del umbral de la consciencia y no tratar de hacer que el paciente 'se sienta mejor' buscando historias felices para compensarles por su dolor. El dolor, ya sea físico o psíquico, es siempre una indicación de que el organismo está desequilibrado de alguna forma; el dolor debe ser resuelto directamente si es posible. Mientras que hay algunos psicoterapeutas que creen que evocar imaginería bonita y trascendente —como guías espirituales, gurúes, ángeles, el Yo Superior, etc.—, es suficiente para aliviar el sufrimiento psicológico, confieso que yo no estoy entre ellos. Es como enviar la caballería espiritual para rescatar al ego atormentado. A veces la muerte del viejo ego es precisamente lo que se requiere, para que uno nuevo pueda nacer.
Los griegos entendían la tragedia, en palabras de Esquilo, como 'la transformación mediante el sufrimiento', y es su sentido espiritual del poder sanador de la historia y el drama por el que más tomo partido. Jung enfatizaba el valor positivo del sufrimiento en sus escritos, resumiendo su filosofía de la iniciativa terapéutica con palabras que merece la pena considerar: 'No nos hacemos iluminados imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad'. Esto no quiere decir que los recuerdos de vidas pasadas felices y realizadas no jueguen un papel importante en la terapia de vidas pasadas, sino que no deberían ser invocados prematuramente o a expensas de lo que ha sido sabiamente llamado 'la crisis sanadora'.”
Roger J. Woolger. Other lives, other selves (1987).

Si habéis decidido que queréis conocer vuestras vidas pasadas, tenéis que saber que estáis abriendo una caja de Pandora que va a ser difícil cerrar. No os debe dar miedo, porque como he dicho ya otras veces, lo hagáis con un terapeuta o mediante la meditación, vuestra mente nunca os va a permitir ver algo que no podáis soportar, algo para lo que no estéis preparados, o algo que no necesitéis ver. Según mi propia experiencia, todo lo que he recordado tiene que ver de una forma u otra con algo presente en mi vida actual, ya sea mi personalidad, situaciones similares que me traen las mismas emociones, personas que recordaba pero que en teoría no conocía, personas que sí conocía pero que me provocaban extraños sentimientos... Todos mis recuerdos me han respondido a la preguntas que formulé. Y aunque he recordado un gran número de vidas pasadas, aún hay un gran espacio en blanco del que no recuerdo nada, y supongo que es porque no es necesario que conozca esa parte.

Sin embargo, tenéis que saber que conocer vuestras vidas pasadas siempre va a venir acompañado de un gran número de emociones contra las que tendréis que luchar, igual que si fueran emociones de esta vida. Muchos dicen que lo pasado, pasado está, y que debemos vivir el presente. Yo no estoy de acuerdo. Los científicos están empezando a teorizar que el tiempo en realidad es simultáneo, que es solo una variable de nuestro mundo o dimensión tridimensional, pero no tiene ninguna validez cuando desencarnamos. Yo pienso que si recordamos vidas pasadas es porque forman parte de nosotros y por ello nunca vamos a poder dejarlas atrás, más cuando de una forma u otra nos están afectando. Otra cosa es que aprendamos a integrarlas y a vivir con esos recuerdos, más o menos agradables, que logremos superar esas fobias que nos vienen de eventos pasados, o que nos demos cuenta de que no tiene sentido seguir sufriendo por algo que pasó hace más de cien o doscientos años. Y si de algo estoy segura, es que bloquear esas emociones y esos recuerdos no es nada bueno. El bloqueo (consciente o no) de esos recuerdos es lo que se acaba manifestando física o psíquicamente, y mientras no los enfrentemos, la enfermedad persistirá.

No todas esas emociones van a proceder de experiencias especialmente traumáticas. Pero por lo general alguien que quiere acudir a un psicoterapeuta es porque tiene algún problema que podría estar relacionado con vidas pasadas, y por tanto ese trauma saldrá a la luz. En mi caso, sufría de ansiedad y depresión. Cuando empecé a meditar ni siquiera sabía qué era la autohipnosis. Y a lo largo de varios meses la información comenzó a surgir, poco a poco, primero recuerdos muy agradables (aunque también llenos de emoción), luego recuerdos más oscuros y mucho más dolorosos que no fueron fáciles de sobrellevar, pero que son los que más me hicieron crecer. Las emociones van y vienen, pero es difícil deshacerse de ellas completamente. Y aunque un psicoterapeuta te ayude con la parte más traumática, como hacía Roger Woolger con sus pacientes, haciéndote revivir todo ese dolor y procesándolo en una serie de sesiones, yo soy de la opinión que esas emociones nunca se van a ir del todo, porque son tus recuerdos, porque igual que si piensas en un día especialmente feliz de tu infancia en tu vida actual y sonríes, también puedes recordar algo triste de una vida pasada y sentirte igual que te sentías cuando lo viviste. Esa es al menos mi experiencia.


No os engañéis, no es fácil. Pero nadie dijo que el camino del autoconocimiento es fácil, por muy bonito y “espiritual” que suene, más cuando empiezas a descubrir que has vivido cosas que jamás hubieses imaginado (incluso aunque no te produzcan ningún trauma actual, son parte de ti igualmente), o empiezas a ver que tuviste que hacer cosas de las que no estás especialmente orgulloso... Porque aunque no queramos reconocerlo, las vidas pasadas no son distintas de nuestra vida actual: hay hechos buenos, y hechos no tan buenos, y no sé por qué las cosas funcionan así, pero por lo general vamos a recordar hechos que tuvieron un fuerte impacto emocional en nosotros. Y como dice Roger Woolger, el único modo de superar ese trauma, si es que lo hay, es enfrentándote directamente a él y volver a revivir aquello que nos está produciendo problemas, porque solo así, con el tiempo, podemos llegar a aceptarlo y a aprender de ello.

Y, en mi opinión, esto es lo que nos lleva finalmente a comprender y a crecer espiritualmente, no las infinitas palabras de buenos deseos, perdón y amor para todos. Solo te puedes poner en el lado del otro cuando tú mismo has vivido algo similar. Mientras, puedes opinar todo lo que quieras, pero solo estarás juzgando a alguien precipitadamente... y tal vez sin saber que también tú actuaste como él.

Más información:

Artículo sobre Roger Woolger.
Past life mood (estado mental de vida pasada).

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La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

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