Mostrando entradas con la etiqueta Despertar espiritual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Despertar espiritual. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de octubre de 2022

Mi primera entrevista en directo sobre vidas pasadas.

Estaba claro que tarde o temprano tenía que pasar, y finalmente pasó el viernes 21 de octubre de 2022. Un par de semanas antes me contactó Mary Gómez, comunicadora animal y terapeuta de vidas pasadas. Nos conocimos porque hace unos meses ella solicitó mis servicios profesionales como veterinaria. A través de mi socia una cosa llevó a la otra y Mary acabó invitándome a su canal de Instagram para charlar sobre mi experiencia. Acepté sin dudarlo, consciente del reto que eso suponía para mí, pero también muy confiada en mi interior, conectada como nunca con mi corazón, sabedora de que el momento había llegado.

Después de todo lo que llevamos vivido desde 2020, no queda otra opción que darle un empujón a la espiritualidad, para que cada vez más y más humanos inicien el camino al autoconocimiento y descubran por fin que son seres espirituales eternos viviendo experiencias en el plano físico. Esto que se dice muy rápido y que para muchos humanos ya es una creencia, en realidad puede tardar mucho tiempo en convertirse en certeza, que es lo que realmente nos transforma en nuestro interior. No es mismo leerse un libro, acudir a una conferencia o charlar con tu profesor de yoga que vivirlo por ti mismo. Algunas personas viven experiencias cercanas a la muerte, otros tienen cierta habilidad para desdoblarse y puede que con muy poco entrenamiento ya sepan que somos mucho más que carne y hueso. Pero no es necesario esperar eternamente para llegar a esa convicción. Nosotros mismos podemos iniciar ese viaje, tengamos o no traumas que vengan del pasado. Por todo ello me decidí dar un paso más en mi trabajo de divulgación y dar la cara para contar todo lo que sé.

Uno de mis mayores deseos cuando empecé a crear blogs y publicar libros era que se pudiera hablar con total naturalidad de tus vidas pasadas con gente normal. Creo que si nosotros mismos no damos ejemplo y no damos el primer paso, este conocimiento tan valioso tardará mucho más tiempo en llegar a aquellos que lo necesitan. Y en este momento tan crucial en la historia de la humanidad, lo necesitamos todos.

A pesar de la hora y media de entrevista, no pudimos profundizar todo lo que me hubiese gustado en algunos aspectos de mi experiencia, pero como introducción para aquellos que no me conozcan creo que está genial. Es un pequeño resumen de lo que cuento en los primeros capítulos de mi libro La caja de Pandora, disponible desde hace unos años. En ese libro el lector no solo conocerá con todo detalle por qué y cómo empecé a recordar vidas pasadas, sino que también encontrará muchos consejos prácticos para iniciar su propio viaje. El mensaje final que siempre deseo dar es uno muy simple: si yo pude recordar vidas pasadas, verificar algunas de ellas, y llegar a la conclusión de que la reencarnación es un hecho, tú también puedes. La muerte no existe y todos volvemos una y otra vez a reencontrarnos con nuestros seres queridos. Por mucho daño que alguien nos haga en una vida o por mucho daño que hayamos hecho nosotros, siempre existe la posibilidad de repararlo y de avanzar en nuestro camino.

La seguridad de que somos seres espirituales inmortales nos da una fuerza indescriptible para seguir luchando por el bien, estemos encarnados o no. Pero es necesario tener esa seguridad, esa certeza. Ya no es suficiente con tener creencias. Ha llegado la hora de vivirlo, ha llegado la hora de saber.

Espero que disfrutes de la entrevista (a pesar de los problemillas técnicos con el sonido), y si te gusta, te agradecería que la compartas, para que alcance a todas aquellas personas que aún buscan respuestas.



sábado, 9 de mayo de 2020

Falacia vive el presente: ejemplo práctico.

Pasan los años y todo sigue igual. En mi grupo de reencarnación en Facebook escasean las preguntas interesantes, el debate y las reflexiones. Todo el mundo quiere recordar vidas pasadas o incluso tiene recuerdos, si he de creerme lo que contestan al entrar en el grupo, pero luego parece que no hay nadie pensando sobre reencarnación, leyendo un libro que hable del tema o simplemente buscando respuestas. No sé por qué pero entre mis contactos aparecen muchos perfiles de personas interesadas en la espiritualidad, aunque normalmente más parecen personas religiosas compartiendo estampitas de santos y "profundas" frases vacías de supuestos gurús indios. Hace tiempo que me dedico mucho más a la introspección en solitario o con personas afines que a discutir en redes sociales, pero a veces no lo puedo evitar, sobre todo cuando te encuentras con cosas como esta:


Es un tema que ya he tocado en muchas ocasiones en este blog, por ejemplo en esta entrada. Solía ponerme de muy mal humor, porque incluso en círculos donde se cree en la reencarnación, enseguida se pone de manifiesto que no tienen ni idea de lo que hablan, y para evitar cualquier confrontación o cualquier mínima posibilidad de que les hagas cambiar de opinión, enseguida te salen con eso de “Namasté”, simbolitos de manos en posición de rezo 🙏 🙏 🙏 y palabras vacías de paz y felicidad cuando en realidad lo que quieren decir es “Me importa un carajo lo que me estás contando, yo repito lo que dice el gurú X porque es súper bonito y sigo mi camino espiritual en el que además por supuesto seguiré masacrando otros animales para comer pero eso sí con mucho respeto y amor”. No se puede ser más hipócrita.

Mi primer comentario, bastante comedido, fue este:


A lo que siguió:



Claro. Traer recuerdos y apegos mentales. Porque como es bien sabido, todos nosotros, cuando nos sentimos deprimidos y ansiosos y no conocemos la razón, estamos deseando meditar y que nos aparezcan recuerdos de haber sido ahorcado, maltratado, fusilado en una guerra, violada o asesinada por tu padre. Y por supuesto, si reconoces un “apego mental” de esos, pues lo disuelves en tu imaginación y listo, como por arte de magia ya te puedes centrar en el presente y dejas a un lado tus ganas de suicidarte.


“El silencio es una buena respuesta”, dice. Y se queda tan ancho. Aquí me dieron muchas ganas de extenderme, pero no quería perder mi tiempo. No, amigo Swami gurú o quien seas. El silencio era lo que yo traía en mi infancia y adolescencia, del trauma que traía debido a las amenazas de muerte recibidas de un oficial alemán durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enteraron de que había contado a mi jefe que había sufrido violaciones por parte de él, con la esperanza de que alguien me ayudara. Tenía, literalmente, miedo a hablar, a moverme y a contar mis problemas a nadie. Y si no hubiera sido porque recordé vidas pasadas, esos traumas habrían seguido conmigo toda mi vida. Esos recuerdos no los “traje” yo, por cierto, aparecieron por sí mismos sin ningún esfuerzo por mi parte. Porque quizá, en muchos casos, necesitan estar ahí para hacernos sanar y seguir adelante. En el silencio y el inmovilismo de una espiritualidad mal entendida, nadie aprende nada. La teoría es muy bonita y nos encanta estar todo el día recitando frases que suenan muy bien, pero la práctica es bien distinta. Igual que las asanas en el yoga consisten en sudar, enfrentarte a ti mismo y superarte cada día, la parte práctica de la reencarnación consiste en conocer de verdad tus vidas pasadas, en revivir todo lo que hiciste, ya estuviera bien o mal, en llorar, sangrar y arrepentirte. Porque la superación no se alcanza mirando la pared con expresión de santo y deseando perdonarte a ti mismo o enviando mucho amor a los que te rodean. La superación se alcanza hundiéndote en el barro, sangrando, sintiendo de nuevo las emociones y transformando la oscuridad que todos llevamos dentro en luz, algo que lleva muchos años conseguir.

Vivir en el presente no es posible mientras necesites procesar emociones de vidas pasadas. Y, en muchas ocasiones, el pasado se hace presente, nos guste o no. No ganamos nada bloqueando esa puerta y autoengañándonos con consejos de gente que no tiene ni idea de reencarnación o vidas pasadas.



Del otro comentario casi ni voy a decir nada, porque no encuentro sentido alguno en ninguna de las frases, todas prefabricadas y vacías de significado. “Sé feliz”, “Haz en ti lo que quieras que haga el mundo”, “Para no abrir puertas emocionales, nadie da lo que no tiene” 🙄. Otra que se queda tan ancha y no ha dicho absolutamente nada… 

Pero así es el mundo de la espiritualidad. Lo siguiente será que me acusarán de tener mucho ego, poca compasión y no ser capaz de ir por ahí diciendo a todos “Namasté”.

sábado, 6 de enero de 2018

El sentido espiritual de recordar vidas pasadas.

Iba a titular esta entrada “El sentido espiritual de la reencarnación”, pero creo que eso no sería correcto. ¿Sentido espiritual de reencarnar? Ninguno. Probablemente es un fenómeno fisiológico, tan natural como respirar. ¿Tiene algún sentido espiritual respirar? No. Simplemente lo hacemos para vivir. También reencarnamos para vivir. Si queremos adornarlo un poco, para experimentar la vida física, para hacer cosas que en estado inmaterial no podemos hacer. Ya está. Es tan simple como eso.

Ahora, ¿qué sentido tiene recordar vidas pasadas? Eso ya no parece ser tan natural. Y digo “parece” porque seguramente es más natural de lo que pensamos, solo que estamos tan ciegos a la realidad y tan programados mentalmente casi desde que nacemos a creer que no existe nada ni antes de nacer ni después de morir, que ni siquiera reparamos en que esas afinidades, esos gustos y esas reacciones viscerales que tenemos a veces provienen sin duda de alguna experiencia anterior a nuestro nacimiento. La cuestión es llegar a hacer conscientes esos recuerdos de vidas pasadas, porque reencarnar, todos hemos reencarnado. Y hacerse consciente de haber vivido antes, hasta el punto de revivir varias muertes y estar completamente seguros de que la reencarnación es un hecho, no, eso no lo hace todo el mundo.

Y los que lo hacemos, ¿qué sacamos de ello? Pues son tantas cosas que no podría enumerarlas en el corto espacio que ocupa esta entrada en mi blog. Ya las resumí una vez y las publiqué tanto en mi foro como en mi libro La caja de Pandora. Pero hoy quiero ir un poco más allá.

Al contrario de lo que piensa la gente, la reencarnación así a secas no te hace evolucionar espiritualmente, no necesariamente al menos. No creo para nada que ese sea el propósito principal de reencarnar, como he comentado en otras ocasiones. No sé, sería como decir que vamos a la escuela para hacernos mejores personas. Pues no. Eso depende de cada uno. Tú puedes ir a la escuela y no aprender nada. Puedes ir a la escuela y no entender qué te están contando. Puedes sentirte fuera de lugar. Puedes encontrar una aplicación a lo que te enseñan ahí, en todo ese conocimiento que dicen que es tan valioso, o puedes encontrar que no te sirve para nada. Eso sí, cuando acabes la escuela, habrás tenido la experiencia de haber ido a la escuela, y eso siempre es valioso de por sí. Tú eliges qué hacer con lo que te enseñaron, con lo que viste, con los compañeros que conociste, y con las cosas buenas y malas que te pasaron. En el fondo no importa si aprobaste o no. Lo que importa es que hablaste con otras personas, y seguro que todos ellos tenían cosas interesantes que decir. También tú.


Recordar vidas pasadas es distinto. Es muy probable que lo que hacemos recordando vidas pasadas ya lo hacemos también cuando morimos, pero después de la muerte vemos las cosas desde otra perspectiva. Sospecho que no duele tanto. Podemos analizar los hechos de manera más objetiva, pero con tanta distancia que quizá, no nos afectan igual. Intuyo que recordar vidas pasadas estando encarnados es bastante más duro, porque las emociones del pasado vuelven a nosotros como si esos hechos hubieran sucedido ayer. Las reflexiones cuestan más, porque desde nuestra perspectiva humana hay sentimientos que vuelven a cobrar fuerza, como la culpa, las injusticias, la tristeza, la ira. Estoy casi segura de que si quedaron emociones sin resolver, solo podemos resolverlas desde este plano. Quizá esa es la única razón por la que algunas personas recordamos, cuando hemos acumulado ya tantas cuestiones sin resolver que necesitamos hacer un alto en el camino para dejar atrás todo ese equipaje de vidas pasadas que empieza a pesar demasiado.

La cuestión es que recordar es sobre todo conocerte a ti mismo, y pocas cosas hay más difíciles que mirarte a ti mismo en el espejo y reconocer lo que hiciste mal, o darte cuenta de tus debilidades. Quizá veas que siempre tropiezas en la misma piedra, vida tras vida. Y eso te hace comprender por qué algo siempre te sale mal en esta vida. Según te vas conociendo y reparas en que no eres muy diferente a todos aquellos a los que no dejas de criticar, empiezas a hacerte más compasivo, más tolerante, menos impaciente. Controlas más tus impulsos, porque ahora sabes adónde te condujeron en el pasado. Te conviertes un poco en espectador de lo que ocurre en la Tierra, porque sabes que todos esos errores que cometen los otros, los cometiste tú también, y todos debemos aprender a nuestra manera, pasando por ello, igual que aprenden los niños. Al mismo tiempo, sabes que debes cuidar mejor del planeta, porque sabes que vas a volver, y te gustaría que el planeta fuera un sitio agradable donde vivir.

Según vas recordando vidas pasadas, profundos cambios se van generando en ti, y un día te das cuenta de que ya no eres el mismo que eras cuando no sabías si creer o no en la reencarnación. Recordar vidas pasadas sí que te hace evolucionar espiritualmente, de tal manera que es difícil de imaginar para alguien que lo ve desde fuera o solo se ha atrevido a hacer una sola sesión de regresión con un profesional y aún se pregunta si fue todo su imaginación. Llegar hasta el fondo requiere tiempo, esfuerzo, y sí, cierto grado de sufrimiento también, porque a pesar de que al principio suena fenomenal esto de investigar tu pasado y averiguar quién eres realmente, recordar tiene un precio. Es un precio emocional. Pero, en mi opinión, nunca es demasiado alto si lo comparas con todo lo que habrás ganado al final de tu camino.

¿Estarías dispuesto a pagarlo?

Más información:


sábado, 14 de enero de 2017

El único secreto es mirar en tu interior.

Lo reconozco. A veces estoy aburrida y visito un antiguo grupo de Facebook en el que hablan de experiencias cercanas a la muerte, aquel grupo del que me expulsaron por querer traer luz a temas tan interesantes como la parálisis del sueño o los niños que recuerdan vidas pasadas. Siempre me arrepiento de volver a sitios como ese, porque acabo con la misma sensación que me invade cuando me siento nostálgica y me paso por el foro de Carol Bowman, que es el lugar donde yo empecé a aprender: “¿Me he teletransportado al patio de un colegio?” Las conversaciones no es que sean básicas o típicas de principiantes —que no tengo nada en contra de estas últimas, todos hemos sido principiantes alguna vez—, lo que me hastía es que haya algunas personas que se limiten a parlotear sin más, como si hablar de la muerte o la reencarnación fuera algo que haces en la sala de espera del médico o en la peluquería. Lo que me deja aturdida es el nivel de superficialidad que te encuentras en estos foros; ver lo fácil que es hablar por hablar, sin saber nada del asunto; y sobre todo, ver lo rápida que es la gente en juzgar este tipo de experiencias (algo que, por cierto, no ocurre en Foro Reencarnación).

Y cuando digo “juzgar”, me refiero a juzgar tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Por ejemplo, es bastante común oír a la gente decir que siente una envidia sana por las personas que hemos tenido este tipo de experiencias trascendentales, ya sea recordar vidas pasadas, haber estado a punto de morir y haber accedido a lo que parece otro estado de consciencia, o ser capaz de tener experiencias extracorpóreas voluntarias y conscientes. Lo dicen así, como si tener este tipo de experiencias fuera algo fácil, una habilidad que has aprendido igual que otros aprenden a jugar al billar, o un regalo del cielo que te hace ser “especial”. Estas personas no tienen ni idea de lo que supone tener cualquiera de estas experiencias. Muchas veces me dan ganas de decirles: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”.

Y no lo digo porque recordar vidas pasadas sea malo, ni mucho menos. Al contrario, desde aquí animo a todos los lectores del blog a que lo intenten, sobre todo si quieren conocer por sí mismos la Verdad y quieren llegar a estar realmente seguros de que somos seres inmortales que por alguna razón renacemos una y otra vez. Es un mantra que he repetido constantemente en todos los foros/grupos/comunidades/reuniones familiares en los que he estado:

Mira en tu interior, ahí es donde están todas las respuestas.

Pero la gente no se lo cree. No quieren intentarlo. Tienen miedo. Piensan que ellos no pueden hacerlo. O quizá solo se deba a la explicación más frecuente y universal que conozco, aplicable a todos los ámbitos de la vida: los seres humanos son expertos en buscar excusas cuando ven que algo implica un esfuerzo, ya sea cuidar tu salud, hacer ejercicio, dejar de comer carne, o renunciar a cualquier placer que se encuentre en el primer puesto de su lista de prioridades. Qué le vamos a hacer, es la naturaleza humana, yo no puedo hacer nada contra eso. Pero me enfada que luego las quejas y los lloros abunden en grupos como el que mencioné al principio de esta entrada: “Me aterra pensar que cuando muera todo acabará. ¿Alguien puede asegurarme que existe vida más allá?” O, “Estoy desolada por la pérdida de mi hijo. ¿Me reencontraré con él en el otro lado?”

Solo una persona puede responder a esas preguntas: TÚ MISMO. Aunque el precio no va a ser bajo. Mirar en tu interior implica crecer espiritualmente, pero crecer espiritualmente no es equivalente a acudir a un hipnoterapeuta y vislumbrar el periodo entre vidas en un par de sesiones, ni tampoco a ver seres de luz durante el transcurso de una ECM. Crecer espiritualmente consiste en llegar a los rincones más oscuros de tu alma y enfrentarte a tu propia sombra. Es muy posible que antes de llegar a estar completamente seguro de que la reencarnación es un hecho, tengas que armarte de valor para conocerte de verdad a ti mismo. 

Nunca he luchado con nada más difícil que mi propia alma.

A estas alturas hay pocos humanos que me enseñan algo y que me inspiran en mi propio camino vital. Uno de ellos es Iván Guevara, autor del blog El Aprendiz de Mago, a quien conocí tras tener mis primeras experiencias extracorpóreas voluntarias. Es él el que publicó hace muy pocos días una entrada sobre la importancia de mirar en nuestro interior, y gracias a él descubrí que hace milenios, en el Templo de Delfos, ya sabían que ese es el único camino si queremos conocer la Verdad. Allí se encontró una inscripción que decía:


Te advierto, quien quiera que fueres.
¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,
que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.


Esto es algo que no acaban de comprender todos aquellos que se interesan por la vida después de la muerte, todos aquellos que piensan que los que tienen las respuestas o saben cómo funciona la reencarnación son los espíritus, todos aquellos que se imaginan que recordar vidas pasadas consiste en que te hipnoticen una vez para saber que fuiste un gladiador romano que acabó desangrado en un circo, y ya está. Todos aquellos que se piensan que los que afirmamos recordar vidas pasadas somos unos frikis despistados que creemos en la reencarnación porque una vez soñamos con la época medieval. Esas personas no saben nada de emociones de vidas pasadas, ni de verificaciones históricas, ni de ardua búsqueda en registros, ni de edificios que viste en tu mente y luego encontraste tal cual en fotos de hace un siglo, ni de síndrome de estrés postraumático que parece durar eternamente, porque el trauma que lo originó tuvo lugar en el siglo XIV. Esas personas son las que siguen creyendo que “los malvados” no reencarnan o que todos tenemos (o tendremos) deudas kármicas que pagar, las que creen que ellos nunca hicieron nada malo en el pasado, las que aún creen que hay algo externo que debe juzgarte después de muerto, las que aún no han descubierto su propia sombra, las que aún no saben que la lucha es únicamente contigo mismo. Como bien escribió Iván Guevara en su blog:
   
“El subconsciente, nuestra sombra, es nuestro demonio. Todo lo que no hemos superado, todo lo que nos ha herido, todo lo que nos ha frustrado, todo lo que no hemos sido capaces de comprender, se esconde allí. Ese es el demonio que nos perturba ahora y seguramente después de muertos.”

Alguien decía en ese grupo de Facebook que no le parecía bien que solo hablaran de experiencias cercanas a la muerte positivas e ignoraran las negativas, porque eso le quitaba la esperanza de encontrarse con algo bueno después de la muerte. Una visión tan parcial de la realidad solo es posible cuando no te has molestado en investigar lo suficiente; cuando solo buscas el bálsamo que te alivie tus miedos y no la Verdad con mayúscula; cuando solo te vale la creencia y no la certeza de que vivimos, morimos y volvemos a vivir; cuando no quieres asumir la responsabilidad de que la realidad en la que vivimos es consecuencia de nuestros pensamientos y nuestras acciones. Creer siempre es más fácil que saber.

En consonancia con una de mis citas preferidas de Carl Jung, la que reza “Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”, Iván Guevara también reflexionaba:

“Bajar al infierno, es abrir e iluminar esas partes oscuras de nuestra psicología. Allí, encontraremos al demonio. Ese demonio, es más poderoso, horrible, y perverso, si es que lo hemos ocultado, amarrado, censurado, despreciado. Ese demonio, tiene las llaves de los tesoros que nos faltan. Ese demonio, necesita ser comprendido, aceptado y amado. Pero, ¿por qué deberíamos hacer eso? Porque ese demonio es también parte de nuestra alma.”



Si estás dispuesto a hacer esto, a bajar al infierno y encontrarte con tu demonio personal, el que tiene la llave de lo que quieres saber, adelante. No tengas envidia sana, eso no te conduce a ningún sitio. La acción es lo que cuenta. Ponte a ello y recuerda vidas pasadas, o al menos inténtalo. Es mucho más fácil de lo que parece, en serio. Cuando yo quise tener experiencias extracorpóreas conscientes, ¿me puse a quejarme de lo difícil que es eso o a envidiar a los que tienen esta habilidad desde jóvenes? No, busqué a gente que sabía, seguí sus consejos, entrené arduamente durante un mes seguido, hasta que lo conseguí. Recordar vidas pasadas es igual. Es también un entrenamiento de la mente, es querer hacerlo, dejar atrás tus propias barreras mentales, olvidar lo que te han enseñado. Como si fueras uno de esos viajeros que acudían al Templo de Delfos, debes mirar en el abismo de tu alma, sin vértigo, sin miedo, y estar dispuesto a conocer la oscuridad que alberga tu corazón. Si eres sincero contigo mismo, estás preparado psicológicamente, y quieres de verdad llegar hasta el fondo, tal vez, solo tal vez, recordarás... y con el tiempo, SABRÁS que la reencarnación es un hecho.

miércoles, 20 de julio de 2016

10 verdades incómodas sobre reencarnación (Parte 2).

Parte 1.

6. Ser un alma vieja no significa nada.


¿Cuántas veces habremos escuchado de los labios de una madre o una abuela algo como: "Qué mirada tiene este niño, parece que lo entiende todo" o "Esta niña es más madura de lo normal, seguro que es un alma vieja"? Y entonces pensamos que debe de ser que ha vivido muchas vidas y que por ello "sabe más que cualquier otro niño de su edad".

Pongamos un poco de sentido común: que un niño sea más inteligente, más precoz, que tenga mayor habilidad para el lenguaje, que sea más obediente, que su mirada sea muy brillante o vívida... no tiene nada que ver con reencarnación. Solo teniendo en cuenta estas características u otras similares, no podemos saber si un niño ha vivido muchas o pocas vidas. Que un niño aprenda más rápido que otro no necesariamente significa que haya reencarnado muchas veces, porque existen muchísimos factores biológicos como la genética, o no biológicos, como la educación, que influyen en ello.

Es más, y si fuera un alma vieja, ¿qué? Muchos padres utilizan la expresión como queriendo significar que su hijo es especial, pero si supuestamente estamos aquí para aprender y cuando lo hayamos aprendido todo, dejaremos de reencarnar, ser un alma vieja no significa que seas mejor que los demás, más bien al contrario, que aprendes tan lentamente que necesitas reencarnar más veces. O que cometes tantos errores que te envían de vuelta una y otra vez a ver si esta vez lo haces mejor. Por supuesto, yo no pienso que la única razón para reencarnar sea aprender, ni tampoco que nadie nos envíe de vuelta. Podemos reencarnar simplemente porque nos apetece, ya sea para divertirnos de nuevo haciendo algo con lo que disfrutamos, o bien porque no queremos dejar solos a nuestros seres queridos, o sí, por qué no, a veces porque queremos salvar el mundo. Quién sabe. Lo que sí sé es que la evolución espiritual no existe, así que haber vivido muchas vidas tampoco implica necesariamente que seas mejor persona que los demás.

La única forma que tenemos para estar seguros de si un niño ha vivido antes —aunque seguramente todos los que vivimos en la Tierra llevamos aquí ya unos cuantos cientos de vidas— es que él mismo tenga recuerdos de vidas pasadas y nos lo haga saber de alguna forma (hay muchos que tienen pero enseguida aprender a callar, ya que sus padres no muestran ningún interés o directamente les dicen que están fantaseando). No hay más.

Bueno, eso no es del todo cierto, puede haber ciertos indicios que nos hagan sospechar que un niño está recordando una vida pasada. Son los mismos indicios que se aplican a cualquiera de nosotros, aunque parece ser que a una edad temprana son más frecuentes los recuerdos espontáneos y evidentemente determinados juegos, tener ciertas habilidades innatas, hablar en otra lengua o tener pesadillas recurrentes... adquieren mayor peso.


7. La Ley del Karma no existe.


Ya he hablado repetidas veces sobre esto, así que no me extenderé mucho. Cuando digo “Ley del Karma” me refiero a la creencia de que todo lo que nos pasa es consecuencia de algo que hicimos en una vida pasada. Así que si nos pasan cosas malas es porque nos las merecemos por algo malo que hicimos, y si tenemos una vida genial es porque también nos la merecemos como premio a haber sido buenos. No. Esto es el mismo viejo cuento que todas las religiones quieren hacernos creer. Los que recordamos vidas pasadas, sobre todo los que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que eso no es cierto. Las cosas malas pasan porque siempre hay personas a quienes les gusta hacer cosas malas. Otras veces es cuestión de buena o mala suerte, nada más. Y otras veces es cuestión de perspectiva, porque lo que para ti puede ser malo, puede que para otra persona sea bueno.

Todas tus acciones tienen consecuencias... o no. Si robas en un supermercado y no te pillan, eso no va a tener consecuencias ni dentro de diez días, ni dentro de diez vidas ni dentro de cien. Si sigues robando en supermercados, va a aumentar la probabilidad de que te pillen... al final te pillarán, y entonces tu acción sí habrá tenido una consecuencia. Pero si alguien te roba en un futuro no es porque la Ley del Karma exista. Es porque ese alguien es tan libre como tú de robar a quien quiera, igual que tú también eras libre de hacerlo o no. No está cumpliendo ninguna ley divina. Tampoco es porque los ladrones atraigan a los ladrones. La vida es así, no le des más vueltas.

Aunque suene así de simple, esta es una de las verdades más incómodas que existen dentro de la reencarnación. ¿Por qué? No lo sé, no lo comprendo. Posiblemente porque la gente en general necesita creer en cosas que den sentido al sufrimiento en el mundo. Si dejaron de creer en un Dios vengativo que castiga a los malos a ir al infierno, es lógico que ahora quieran creer en una ley cósmica que asegure que alguien malo, si no va a ir al infierno, pues que al menos sufra de alguna manera por lo que hizo. Así que cuando les dices que las cosas no funcionan así porque tú has recordado haber sido alguien bastante malvado y ahora estás aquí tranquilamente tecleando en el ordenador mientras te tomas una horchata bien fresquita en el calor del verano, y no sufriendo ninguna enfermedad grave, ni viviendo debajo de un puente, ni siendo amenazado de ninguna manera, eso les rompe sus esquemas y se revuelven contra ti.


8. Todo el mundo reencarna. Sí, los malvados también.


Es curioso comprobar una y otra vez cómo algunas personas piensan no solo que recordar vidas pasadas es algo raro y totalmente anormal, sino que la reencarnación es un fenómeno también extraño e infrecuente, y que si alguien reencarna tiene que ser por alguna razón, quizá porque le quedó algo pendiente por hacer. Así, es común oír hablar de “la reencarnada de Autol” o “los niños que retornan”, casi como si fueran lo mismo que apariciones fantasmales (de hecho hasta la música que suelen poner en la tele como acompañamiento de estos casos es algo siniestra). De vez en cuando también ves que alguien se pregunta “¿Seré yo un reencarnado?”, o escriben cosas como “Creo que esta es solo mi segunda vida”.     

Veamos, apelo de nuevo al sentido común. ¿Quién no deja cosas pendientes por hacer? ¿Quién lo aprende todo en una sola vida? ¿Quién tiene una vida lo suficientemente larga como para EXPERIMENTAR todo lo que se puede experimentar en la Tierra, desde todas las perspectivas posibles? Que no recuerdes tus vidas pasadas, no significa que “no tengas” vidas pasadas. Muchas personas no recuerdan sus sueños, y sin embargo se sabe científicamente que todos nosotros soñamos. De esto nadie se sorprende ya. Pero sí se sorprenden si les dices que la reencarnación es un fenómeno natural y universal. Natural porque forma parte de la vida. Universal porque no depende de nada que hayas hecho o dejado de hacer. Reencarnar no es un premio ni un castigo. Vivir en la Tierra es duro, pero eso no significa que alguien nos haya arrojado aquí para hacernos sufrir. Reencarnar es una elección personal. Nadie sabe por qué exactamente es así, pero tampoco nadie sabe por qué existen las estrellas y los planetas, ni por qué el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Si hay una razón trascendental detrás de todo ello, en el fondo no importa. Lo único que importa es que estamos aquí, reencarnamos, y lo más lógico es que queramos vivir en un mundo donde reine la paz y la armonía. Es lo más lógico, pero a la vista está que hacer del mundo un lugar ideal para vivir no es una de nuestras prioridades. Todo depende de nuestras propias decisiones.





9. El bien y el mal absolutos no existen. La justicia divina tampoco.


Junto con la Ley del Karma, esta es otra de las verdades que más cuesta aceptar a la gente. Los que creen en la reencarnación han superado en parte las mentiras que nos contaron las religiones sobre la existencia de un cielo y un infierno, pero aún les cuesta abandonar por completo la idea de que tiene que haber “Alguien” o “Algo” que mantenga el equilibrio en el universo. Los buenos tienen que recibir una justa recompensa y los malos tienen que recibir un justo castigo. Les gusta imaginar que la vida en el más allá es muy parecida a la del más acá, en el sentido de que seguimos siendo más o menos las mismas personas, y si volvemos en un cuerpo nuevo es con una pesada carga de nuestras vidas pasadas que incluye la obligación de pasar por ciertas malas experiencias para que podamos “liberar nuestras almas” de esas acciones malas del pasado. En definitiva, que nos permitan pagar nuestra “deuda kármica”.

Muchos que recuerdan vidas pasadas siguen pensando que la Ley del Karma existe, hasta ahí llega el poder de las creencias. Otros, los más sensatos, y sobre todo, aquellos que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que la Ley del Karma es una falacia. Lo sabemos porque no hemos encontrado ninguna prueba que apoye esa creencia. Las vidas buenas y malas se suceden sin ninguna relación entre ellas. Lo que prevalece son las emociones, los patrones mentales creados a consecuencia de ciertas vivencias, y posiblemente los sentimientos que provocaste en otras personas que se cruzaron en tu camino, personas a las que odiaste o amaste. Nada más. (Algunos llaman a esto karma, y yo no puedo impedírselo, aunque me encantaría hacerlo para que dejaran de sembrar confusión).

Pero ni siquiera hace falta tener recuerdos de vidas pasadas para comprender que la Ley del Karma no tiene sentido, porque lo que se considera bueno o malo en una sociedad varía a lo largo del tiempo y el espacio, por tanto no tiene ningún sentido que lo que hiciste hace mil años en una tribu africana te persiga hasta la actualidad para hacerte pagar por ejemplo con el mismo tipo de muerte que tú infligiste a alguien, las mismas veces que tú mataste. En el más allá somos seres espirituales, no humanos, por tanto solo se te puede juzgar en el contexto humano. En el más allá podrás reflexionar desde otra perspectiva, podrás aprender y sacar tus conclusiones, pero nadie ni nada hará que sufras por algo que hiciste, porque nadie te juzga más que tú mismo y el perdón es universal. Y cuando digo universal, es UNIVERSAL, algo que también les cuesta aceptar a todos aquellos que creen en la Ley del Karma.

Y por si a estas alturas hay alguien que aún no lo sabe: sí, sí hay personas que recuerdan vidas pasadas "malas". Hay unos cuantos asesinos en serie reencarnados por ahí (aunque el número se reduce bastante si solo tenemos en cuenta los que afirman serlo y tienen algo de credibilidad), muchos que no nos sentimos orgullosos de algunas cosas de las que hicimos, personas que murieron ejecutadas, generales militares nazis y no nazis, de todo...


10. Todo se basa en el libre albedrío.


Y esto es lo que más incomodidad, e incluso miedo, produce. Es mucho más tranquilizador pensar que estamos en manos del Destino, que no podemos cambiar nada y por tanto tenemos que resignarnos a nuestras vidas de sufrimiento. Es mucho más fácil pensar que “si algo pasa, es porque Dios lo ha querido”, así la responsabilidad siempre la tiene alguien externo a nosotros. Algunos llegan a pensar que todo en nuestras vidas está planeado, incluso nuestras muertes. Da igual lo que decidamos: todo tiene un porqué y aunque aparentemente tenemos libre albedrío, en realidad “Alguien” mueve los hilos para que tomemos la decisión que conducirá a aquello que está escrito.

La verdad es que en pocas ocasiones he visto tal grado de retorcimiento para no tener que aceptar que nosotros somos los únicos responsables de lo que ocurre en el mundo. Pero claro, muchos esclavos no sabrían qué hacer cuando se les da la libertad. Muchos esclavos quieren seguir siendo esclavizados, porque es mucho más cómodo cumplir órdenes y quejarte de las circunstancias, antes que tomar tus propias decisiones y hacerte dueño de tu futuro, aunque te equivoques, aunque eso te lleve a la muerte. Es así como aprendemos, tomando nuestras propias decisiones, haciéndonos responsables de nuestras vidas. Si no existiera el libre albedrío, no tendría ningún sentido vivir en el plano físico.

Por fortuna reencarnamos y tenemos infinitas oportunidades para seguir aprendiendo. Y sí, aprender es también una opción, por mucho que te digan que la única finalidad de reencarnar es aprender y evolucionar espiritualmente. ¿Quieres saber cuál es el propósito de la reencarnación? Tú tienes la respuesta. Eres tú el que le da sentido a la vida, eres tú el que decide qué hacer con las cartas que te han tocado. Algunas veces ganarás y otras perderás, pero jugarás cuando y como quieras.


Es tu decisión creerte lo que te cuentan o emprender tu propio viaje de autoconocimiento.



miércoles, 28 de enero de 2015

Dudas... y una certeza.

Durante tu camino personal recordando vidas pasadas, las dudas siempre van a estar ahí... o casi siempre. Te debes acostumbrar a su presencia. No son malas por sí mismas. Es mucho peor que te creas absolutamente todo lo que surja durante el transcurso de una regresión o durante un sueño. En cualquiera de los dos casos, estamos utilizando nuestra mente, nuestro poder imaginativo (que no es lo mismo que fantasía), para que una escena se desarrolle, para que revivamos ciertos acontecimientos. Sobre todo al principio va a ser difícil controlar esa mente y dejar que solo sea nuestra intuición la que nos ayude a recuperar esos recuerdos. Nuestra mente va a rellenar los huecos, va a razonar, se va a interponer... Nos podemos equivocar. Por ello NUNCA olvides que los recuerdos han de ser verificados.

Pero existe otro tipo de duda, que es algo más fastidiosa: la eterna duda de si, después de todo lo que llevas investigado, después de tantas noches sin dormir, tantas verificaciones (que sí, a veces llegan), tanto esfuerzo para dejar de pensar en tus tareas cotidianas para centrarte en el pasado... ¿no será que estamos todos equivocados y la reencarnación no existe?


Bueno, llevo un par de días leyendo un libro titulado El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, escrito por un monje tibetano llamado Sogyal Rimpoché. Hay partes con las que no concuerdo en absoluto. A pesar de que considero que el budismo se aproxima bastante a la realidad, no deja de ser una filosofía con muchos años de antigüedad, y además tampoco tiene en cuenta otras enseñanzas que han surgido posteriormente como las descripciones del mundo espiritual que hacen los pacientes del Dr. Michael Newton. En mi opinión, cojea mucho cuando habla del karma, y se pierde un poco cuando comienza a hablar de moralidad. Desgraciadamente aquí es donde se demuestra que el budismo no deja de ser una religión, aunque no dejen de negarlo. Lo que cuenta acerca de los distintos bardos también se queda muy corto. Me da la impresión de que algunos lamas han llegado a tener importantes experiencias en el astral, pero aún no han alcanzado toda la Verdad. No les culpo por ello, son humanos como todos nosotros, aunque algunas personas se deslumbren con sus enseñanzas. Aún así, a pesar de estas críticas, creo que muchos de sus pensamientos, pero sobre todo la técnica de la meditación y cómo mediante ella se puede llegar a vislumbrar —solo vislumbrar— la naturaleza de la mente humana, me parece un conocimiento de valor incalculable que jamás deberíamos perder.

Pero la cuestión es que Rimpoché hablaba de las dudas de este modo:
No nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos sólo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada, por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales o «filosóficas», sino vivas, reales, auténticas y operativas. Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia puede crearse un espacio en nuestro interior en el que las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de un modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en esta cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, que sólo puede crearse mediante la práctica sostenida de la meditación y en el que las intuiciones pueden tener ocasión de madurar lentamente.
No tenga demasiada prisa para resolver todas sus dudas y problemas; como dicen los maestros, «apresúrese lentamente». Yo siempre les aconsejo a mis alumnos que no se formen expectativas excesivas, porque el crecimiento espiritual lleva su tiempo. Se precisan años para aprender correctamente el japonés o para llegar a ser médico: ¿de veras podemos creer que obtendremos todas las respuestas, y mucho menos que alcanzaremos la Iluminación, en unas cuantas semanas? El viaje espiritual supone un aprendizaje y una purificación constantes. Cuando se sabe esto, se vuelve uno más humilde. En este sentido, hay un conocido proverbio tibetano: «No confundas la comprensión con el conocimiento profundo, ni confundas el conocimiento profundo con la liberación». Y Milarepa dijo: «No abrigues esperanzas de conocimiento total, pero practica toda tu vida». Uno de los aspectos de mi tradición que he llegado a apreciar más es su carácter práctico y hasta prosaico, y su intensa convicción de que los mayores logros exigen la más profunda paciencia y el más largo tiempo.

Estoy completamente de acuerdo con esto. La mayoría de la gente busca respuestas, y las quiere ya. Al principio les solía decir: “Busca en tu interior, ahí es donde están las respuestas”. Pero a mucha gente les asusta la palabra “meditación” y creen que no pueden hacerlo. Cuando descubres lo fácil que es realmente recordar vidas pasadas, que nuestros recuerdos no están enterrados en los más profundo de nuestra psique, sino que forman parte de nosotros y pueden hacerse conscientes en menos de un minuto, te quedas sorprendido. Lo que más nos ata son nuestros propios miedos, nuestros límites, aquellas creencias que nos hemos construido desde niños, los muros de nuestra propia prisión. Así lo dice también Rimpoché.

Hasta hace poco solía decir que estaba 100% convencida de que la reencarnación es un hecho, pero que siempre decía que era de un 95% para no parecer una arrogante, puesto que he venido comprobando que si dices estar tan segura de estas verdades trascendentales, la gente parece molestarse. Cuando experimenté mi primer desdoblamiento consciente ese porcentaje lo subí al 98-99%, porque una experiencia extracorpórea es tan increíblemente transformadora que ya es imposible decir que solo somos nuestro cuerpo físico. Ahora me he dado cuenta de que si no me atrevía a decir un 100% era porque yo misma aún albergaba una pequeña duda de estar equivocada. Pero el otro día se esfumó. Noté cómo desaparecía sin más, cómo el poco desasosiego que me quedaba se iba para no volver y me invadía una infinita paz interna. La razón fue que por fin descubrí el principio científico que explica que los seres humanos somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Ni siquiera las doctrinas religiosas o espirituales más elaboradas han llegado tan lejos. Esa era la última pieza que me quedaba para completar mi rompecabezas personal e intransferible sobre lo que somos y lo que venimos a hacer aquí. Era mi mente científica la que necesitaba ese último eslabón. Y leyendo a Rimpoché supe a qué se refería cuando habla de que todos podemos alcanzar la iluminación.


No creo en la iluminación como medio para liberarnos del samsara o “Rueda de la Vida”. No creo en el karma como lo plantean los budistas. No creo que esta especie de revelación final que he tenido me convierta en una especie de santa que ya solo se reencarnará para ayudar a los demás. Creo que nada asegura que en mi próxima encarnación no lo pasaré mal, por mucho bien que haya hecho a los demás en esta vida. No creo en ningún sistema de premio y castigo, lo llamen como lo llamen. Creo que el único propósito por el que estamos aquí es para experimentar, y volveré mientras me divierta o piense que tengo cosas que hacer aquí, no porque ningún karma me obligue a ello. Como bien dice Rimpoché:

Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

Con saber esto nos basta y nos sobra, y no entiendo por qué tenemos que complicar tanto las cosas y sacarnos de la nada tantas creencias absurdas que no nos llevan a ningún sitio.

viernes, 25 de julio de 2014

Locas divagaciones (5).

Al hilo de lo que comentaba en mi última entrada, he recordado lo que una gran amiga mía, con más experiencia que yo en estas lides, suele decir: puede que los reencarnacionistas estemos equivocados, puede que los cientos de personas que dicen recordar vidas pasadas (porque no somos pocos) seamos presas de la confusión mental o seamos unos ilusos que se han autoengañado a sí mismos, a pesar de los miles de horas de investigación que llevamos a nuestras espaldas (igual que las horas de vuelo de los pilotos), pero lo que está claro es que tienes que tomar partido. No puedes vivir en la eterna duda. No puedes vivir constantemente preguntándote si la reencarnación existe o no, porque si lo haces te quedas estancado, no vas a ninguna parte... y esa es la actitud que observo a mi alrededor y que me frustra tanto: dudas, dudas, dudas. Leo lo que dice este autor, y ahora leo lo que dice aquel otro... los escépticos dicen una cosa, los que creen dicen otra, ¿quién tendrá razón? Pues seguro que uno de los dos, pero yo no tengo tiempo para comprobarlo por mí mismo. Tengo muchas preocupaciones, la vida no me da para más... Bueno, como me conviene, creeré en la reencarnación que eso me tranquiliza más que no creer. Mientras, el tiempo transcurre y las dudas aún te corroen por dentro. Y lo más importante, no has despertado. Ya han ganado la partida... esos que están interesados en que sigamos dormidos, los que no quieren que pensemos por nosotros mismos, esos que se enriquecen a costa de tenernos subyugados, siempre preocupados por el día a día y no por lo que realmente importante, que es saber quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos. Sí, esto es importante, aunque algunos hayan dejado esas preguntas atrás, muy atrás...

Hoy alguien preguntaba en un foro si la reencarnación es una religión. Por Dios, no. El día que la reencarnación se convierta en una religión, yo abandonaré el planeta, viva o muerta. No quiero más religiones. Las religiones tienen que desaparecer. Las religiones solo han traído daño al mundo. La reencarnación no es ni siquiera una creencia. Es lo natural, es lo que todos hacemos, igual que respirar. Es lo que nos hace a todos iguales, y ahí es donde radica el peligro de la reencarnación, eso es lo que muchos no quieren que veamos, porque si todos somos iguales no tiene sentido seguir tirándonos bombas unos a otros. A veces me sorprendo de la tremenda simpleza que encierra la reencarnación, y de cómo los seres humanos disfrutan complicándose la vida, con dogmas, ritos, imágenes, mandamientos y falsas creencias que nos mantienen sumidos en la oscuridad propia de la Edad Media.


Recuerdo que una vez, hace tiempo, cuando le dije a alguien que acababa de conocer que cerrando los ojos yo había conseguido ver mucho más que con los ojos abiertos, ese alguien me respondió “Bueno, tampoco te pases, no sea que te acabes estrellando”. Lo curioso es que con el tiempo sospeché que ese alguien pretendía manipularme, llegó a decir que había visto alguna de mis vidas pasadas, como si se creyera que yo era igual que uno de esos incautos que se deslumbran fácilmente por las historietas que les cuentan los falsos gurúes que pululan por internet. A día de hoy, lo sigo manteniendo: veo mucho mejor con los ojos cerrados, y por eso será lo único que aconsejaré a los lectores de este blog: buscad dentro de vosotros mismos, yo os puedo dar las técnicas, pero no puedo hacer nada más, el camino es vuestro, lo que encontraréis en él también. 

Pero, volviendo a lo que comentaba al principio, lo que no podéis hacer es quedaros en la encrucijada, a las puertas, siempre dudando, esperando a que alguien os responda vuestras preguntas. Tenéis que ser vosotros los que hagáis el camino, sois vosotros los que tenéis que dar el primer paso, los que os tenéis que arriesgar a estar equivocados, igual que hice yo en su día. Sí, os llamarán locos, y nadie quiere ser llamado loco, nadie quiere que le miren raro por negarse a acudir a ceremonias que ya no significan nada para él, ni quiere ser criticado por negarse a hacer lo que hace la mayoría. Pero eso es lo que marcará la diferencia. Eso no os hará mejores ni peores, pero sí hará que avancéis y empecéis a ver que la reencarnación es mucho más que una creencia, es una absoluta realidad, tan clara como el agua. Y si no lo tenéis tan claro como yo, no pasa nada, actuad como si la reencarnación fuera una realidad, porque así al menos vuestra mente estará abierta a otras posibilidades, más receptiva a lo que pueden ser signos de vidas pasadas... tal vez, si le dais una oportunidad a la reencarnación, empezaréis a aprender más cosas sobre vosotros mismos, comprenderéis o incluso podréis mejorar los síntomas de algunas de vuestras enfermedades o cambiaréis viejas actitudes que ya no os sirven, os empezaréis a sorprender cuando veáis que ninguno de vosotros es distinto a la famosa Catherine de los libros de Brian Weiss, y desde luego, no necesitáis a ningún Brian Weiss para recordar vidas pasadas. Es así de simple. Yo lo hice, y si lo hice yo, cualquiera puede hacerlo.

La elección es vuestra.
  

martes, 22 de julio de 2014

Locas divagaciones (4).

Llevo unos días con cierto desasosiego interno que no sé muy bien a qué se debe. Como no sé a qué se debe, me estoy controlando para no quejarme como siempre hago, hasta que se me pase... pero es que si sigo así voy a acabar por explotar, así que me he dicho: pues divaga, divaga todo lo que puedas, que para eso tienes un foro y unos cuantos blogs donde hacerlo...

Y es que veo que no vamos a ninguna parte. Lo más seguro es que esto sea una sensación subjetiva y un reflejo de mi propia frustración, pero es así como me siento, no lo puedo evitar. Trato de calmarme a mí misma diciéndome: “Paciencia, esto lleva su tiempo, tú sigue pasito a pasito, exponiendo tus ideas, que ya les llegará a aquellos que lo necesiten”. Y sí, normalmente estoy de acuerdo conmigo misma... pero a veces... ¡me desespero! Porque no veo resultados, no veo gente inquieta parándome por la calle, preguntándome “Oye, ¿esto que cuentas en el blog es cierto? ¿Es verdad que todos podemos recordar vidas pasadas? ¡Yo quiero!” En lugar de eso, veo que la humanidad prefiere seguir dormida. Es como esa sensación que tienes por las mañanas cuando estás teniendo un magnífico sueño y entreabres los ojos y le dices a tu pareja cuando levanta la persiana: “Pero, ¿qué haces? Que estaba soñando...” Y te vuelves a dormir. Ese es el “despertar espiritual” que estamos viviendo, no el que nos quieren hacer creer ciertos gurúes espirituales y algún otro escritor de los que puedes encontrar en la zona de autoayuda en las librerías.

Pero para dejarlo aún más claro, especificaré:

NO ME PREOCUPA:

- El número de seguidores de mi blog.
- Que los seguidores de la página de Facebook prefieran las fotos tontas de gatos hablando de reencarnación antes que leer los libros que propongo o los enlaces a este blog. Hace tiempo que sé lo que puedo esperar de Facebook.
- Sentirme sola e incomprendida. Llevo no una, sino varias vidas, luchando en solitario por distintas causas (y a veces siendo ahorcado o fusilado por ello, cosa que NO va a pasar en esta vida... o eso espero).
- Ser testigo de la diferencia abismal que existe entre el mundo anglosajón y el mundo hispanohablante. Aquí parece que no salimos ni del materialismo/escepticismo más recalcitrante, ni de la pseudoespiritualidad que tanto abunda en internet y las creencias en falsos gurúes que nos deslumbran con sus palabras pero que dicen lo mismo que decía Allan Kardec hace más de 150 años.

SÍ ME PREOCUPA:

- Levantarme cada mañana y comprobar que a nadie le interesa recordar vidas pasadas.
- Poner la tele y ver cadáveres destrozados de niños en la franja de Gaza (y no porque los cadáveres de niños me duelan más ni menos que los cadáveres de adultos), ante el silencio y la complicidad de la comunidad internacional.
- Comprobar cómo el poder de la religión no solo va a más, sino que la gente se sigue creyendo las historietas que le cuenta el Papa, y además pasan a engrosar las filas de fieles olvidando todo el daño que las religiones han hecho y siguen haciendo a la humanidad y al planeta, como el ejemplo que ya he puesto.
- Ver que la gente sigue esperando encontrar maestros que les den respuestas inmediatas a sus preguntas, en lugar de experimentar por sí mismos y buscar en su interior, que es lo único que les va a convencer de la realidad de la reencarnación.
- Poner la tele y ver cómo nos aproximamos cada vez más a una Tercera Guerra Mundial. Y encima le volverán a echar la culpa a los nazis, que son los que tienen la culpa de todo. ¿No decían que el Holocausto tenía que servir para que no se repitiera la historia? Pues no, eso es un cuento, porque la historia SIEMPRE se repetirá, mientras los humanos no se den cuenta de que ELLOS y SOLO ELLOS son los responsables del sufrimiento en el mundo.

(Por cierto, debería dejar de ver la tele).

La solución a todo esto, tal y como yo lo veo, es que despertemos de una vez. Pero despertar no significa darte cuenta de lo mal que está el mundo y sentirte triste por ello y querer cambiarlo. Las buenas intenciones se suelen quedar en eso: en intenciones. Despertar DE VERDAD es darte cuenta de que si queremos que el mundo cambie, tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Y para cambiar nosotros mismos, tenemos que ser plenamente conscientes de nuestros propios defectos y puntos débiles, tenemos que ser plenamente conscientes de que somos nosotros mismos los que causamos ese sufrimiento en el mundo, con nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras anticuadas ideas que provienen de dos mil años atrás y que ya no nos sirven. Recordar vidas pasadas no es la única forma de despertar de verdad, pero es la que yo conozco y una de las más efectivas. Tal y como me dijo una compañera hace poco: cualquier práctica espiritual que nos haga avanzar implica en mayor o menor medida recordar vidas pasadas. ¿Por qué? Precisamente porque recordar significa experimentar en primera persona lo que se siente cuanto te hacen daño, y sobre todo, lo que se siente cuando tú haces daño a los demás. Porque ninguno de nosotros somos inocentes, hasta el más santo de los santos ha hecho cosas malas en el pasado, y seguramente ha llegado a ser tan santo a costa de vivir tanto lo bueno como lo malo. Tenemos que dejar atrás las absurdas ideas del karma y dejar de creernos lo que nos cuentan sin comprobarlo por nosotros mismos. Me es muy frustrante visitar foros en inglés y ver cómo la gente discute con naturalidad sobre la meditación y sus vidas pasadas, y lo que piensan unos y otros, las dudas que les van surgiendo a unos y a otros... y luego volver aquí y ver cómo la mayoría de la gente aún se está preguntando si el cielo es real y si los ángeles existen, o si los que hacen viajes astrales es porque han tomado setas alucinógenas, o ver cómo confían ciegamente en alguien que surge de la noche a la mañana y dice que ha leído mucho a Brian Weiss y ya es un experto en terapia regresiva, sin darse cuenta de que no necesitan a nadie más que a sí mismos para dar con la Verdad.


A mí también me gustaría creer que el mundo está elevando su vibración y que pronto todos seremos salvados —como nos llevan contando desde el origen de la humanidad— sin tener que poner nada de nuestra parte... pero me remito a las pruebas: en este momento la gente sigue muriendo de hambre, por bombardeos, o porque su avión es derribado por un misil antiaéreo que nadie sabe cómo ha llegado hasta ahí... No nos engañemos. El mundo no va a cambiar. Al menos no tan pronto. De hecho, no creo que lo vaya a ver en esta vida. Ni tampoco en la siguiente.

ENTRADAS POPULARES

Entrada destacada

La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

DERECHOS RESERVADOS

Registrado en Safe Creative
Safe Creative #1503200166082

Si quieres utilizar parte del texto, por favor, pregúntame antes. No me importa compartir lo que escribo, siempre que se me pida permiso y se haga referencia a la autora.

MUY IMPORTANTE

La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN
Si te gusta lo que lees en este blog, debes saber que esto es una mínima parte de lo que puedes encontrar en nuestra comunidad de Foro Reencarnación. Mucha más información, muchos más enlaces, pero sobre todo, muchas más personas con similares experiencias que podrán ayudarte en tu búsqueda personal. Visítanos, recuerda que no estás solo.

MILITARY PAST LIVES

MILITARY PAST LIVES
Si recuerdas una vida pasada militar o en tiempos de guerra y quieres conocer a personas que han pasado por lo mismo y que pueden comprenderte, no dudes ni un segundo en unirte a nosotros. Algunos de los traumas más fuertes tienen su origen en estas vidas, y todos necesitamos hablar de ello y ser escuchados. (Foro en inglés).

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.