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miércoles, 13 de julio de 2016

10 verdades incómodas sobre reencarnación (Parte 1).

Sí, sé que posiblemente tienes tus propias creencias relacionadas con la reencarnación y buscando en internet has llegado a esta página. Te recomiendo que no sigas leyendo si lo que quieres es seguir teniendo creencias erróneas y autoengañarte pensando que todo lo que has leído por ahí fuera tiene alguna base lógica. Si lo que quieres es la Verdad, no solo te recomiendo que leas, sino también que sigas investigando, te unas a Foro Reencarnación y conozcas de primera mano a personas que recuerdan vidas pasadas. Nosotros tampoco conocemos toda la Verdad, pero no tengo duda de que estamos mucho más cerca de ella.

Después de más de cuatro años hablando sobre reencarnación casi a diario dentro y fuera de las comunidades online, me he dado cuenta de que estas son las 10 afirmaciones que más ampollas levantan. Si tienes alguna más, no dudes en añadirla en los comentarios.


1. La reencarnación es un hecho.


Para la mayoría de escépticos, me imagino que no constituye ningún problema que haya millones de personas en el mundo que crean en la reencarnación. Para los escépticos, normalmente solo ellos tienen razón y los demás vivimos inmersos en una ilusión o en nuestra propia idiotez. Así que, a ellos les da igual si crees en la reencarnación o crees en Papá Noel. Ahora, puede que empiecen a revolverse en sus sillas si les dices que no es que creas en la reencarnación, es que estás seguro de que es una realidad. Y no es que estés obsesionado o seas el líder de una secta con tinte budista, es que se da la circunstancia de que recuerdas vidas pasadas —ahora mismo me da igual el método—, has podido verificar históricamente muchos de esos recuerdos, y en algún caso incluso has podido identificar quién fuiste en tu vida pasada. Ya sabemos que esto no es prueba alguna para un escéptico, pero no importa. Aunque ellos nunca llegarían a admitirlo, ya hay algo dentro de ellos que les está susurrando: “¿Y si esta persona no está como una regadera y me está contando la verdad?” Les va a costar encontrar una explicación a los hechos que les han descrito, y se llegarán a inventar cosas como el “súper-psi” para no dar su brazo a torcer. En este punto seremos nosotros los reencarnacionistas los que sonreiremos, porque nosotros conocemos la Verdad, mientras que ellos siguen inmersos en un mar de dudas.

Pero que haya personas que están tan seguras de que la reencarnación es un hecho también es incómodo para los que sí creen en la reencarnación, porque, como he afirmado en muchas ocasiones en este blog y en los foros en los que participo, la creencia es una cosa, y la seguridad es otra. Hay mucha gente que aun creyendo en la reencarnación, piensa que recordar vidas pasadas es imposible, o que solo es posible si vas a un terapeuta para que te hipnotice. Como consecuencia, te ven como alguien que tiene algún tipo de poder psíquico (no en vano una vez creyeron que yo era vidente, nada más lejos de la realidad), o bien como alguien tan arrogante que es capaz de asegurar que SABE que la reencarnación es un hecho (por supuesto, creerán todo lo que les dice un cura o todo lo que escribió Sai Baba, a pesar de todos los procesos judiciales abiertos contra él, pero tú eres distinto), y a veces hasta he llegado a notar cierta envidia (más o menos sana) o cierto complejo de inferioridad porque piensan que ellos no pueden recordar. Sí que pueden, lo que ocurre es que no saben cómo hacerlo. Y por ello te mirarán como si fueras un bicho raro, o como los escépticos pensarán que estás como una regadera o que estás mintiendo. Ellos creen en la reencarnación... pero saben que no están para nada seguros, y temen la muerte como cualquiera. No pueden imaginarse que haya otros que de verdad sepan que la reencarnación es un hecho, porque tienen pruebas convincentes de ello.

Y, sobre todo, es incómodo para la mayoría de las religiones. Si algún día se llegara a demostrar que la reencarnación es un hecho, de forma que se convirtiera en algo innegable, como que la Tierra gira alrededor del Sol y no al contrario, se les acabaría el chiringuito a todas esas religiones... y algunas tendrían que admitir que estaban equivocadas o que engañaron a los feligreses a conciencia, como veremos en el punto 2. De hecho, he llegado a pensar que no se habla más abiertamente de reencarnación en los países hispanohablantes porque no les interesa a las esferas eclesiásticas, por razones obvias. No en vano ya condenaron la reencarnación en el Segundo Concilio de Constantinopla.


2. La reencarnación es un hecho... pero no tiene nada que ver con lo que nos han contado.


En nuestros tiempos, y especialmente en el mundo hispanohablante, todo lo que creemos saber sobre reencarnación se basa en lo que supuestos espíritus desencarnados nos han transmitido a través de médiums, en las mentiras propagadas por las enseñanzas de la Nueva Era como la famosa Ley del Karma, en las enseñanzas de religiones como la budista o la hinduista que no son más que creencias no muy distintas de otras creencias sin ninguna base racional, o en el mejor de los casos, en lo que autores como Brian Weiss y sus imitadores han escrito en sus libros. Esta es la razón por la que cuando hablas con personas que recuerdan vidas pasadas te das cuenta de cuántas sandeces nos han metido en la cabeza que no tienen nada que ver con la realidad. Lo que sabemos de verdad sobre la reencarnación es más bien poco. Si solo consideramos los trabajos científicos publicados, sabemos aún menos, entre otras cosas porque los investigadores que estudian la reencarnación apenas se molestan en hablar con los que recordamos vidas pasadas.

Hay tantas creencias extendidas y a veces incluso aceptadas sin más por muchas personas que creen en la reencarnación, que cuando les digo que no son ciertas, se revuelven contra mí como si fueran auténticos fanáticos a los que he arrebatado su fe. De nuevo, la Nueva Era ha hecho mucho daño en este sentido. Tienes desde la creencia en almas gemelas (no confundir con almas compañeras), cuya existencia, juraría, nadie que recuerde vidas pasadas ha comprobado; a la famosa Ley del Karma (sí, de nuevo); pasando por la supuesta evolución espiritual, las almas viejas, las vidas simultáneas, las vidas paralelas o las almas que viven una misma vida pasada famosa, lo que explicaría por qué existen varias personas que dicen tener los mismos recuerdos de alguien famoso.

¿Lo dudas? Recuerda vidas pasadas. Se te caerán muchos mitos.




3. Todos podemos recordar vidas pasadas. Sí, tú también.


He tenido alguna que otra discusión sobre esto con supuestos “expertos” en reencarnación, por supuesto investigadores que NO recuerdan vidas pasadas. ¿Por qué? Porque claramente ellos, en toda su carrera, se han encontrado pocos casos de personas que recuerdan. Mientras, en un mundo paralelo... los foros de reencarnación están llenos de personas que recuerdan. No todos poseen el mismo nivel de sensatez, eso es verdad. El fraude y las ganas de llamar la atención existen en el mundo de la reencarnación, eso es innegable. Sin embargo, la mayoría son personas sensatas, muchas con estudios superiores, muchas han investigado durante años para verificar sus supuestas vidas pasadas, tanto que su conocimiento sobre determinadas épocas históricas supera a la de ciertos historiadores. Muchos tienen formación científica. Muchos eran escépticos y solo la experiencia personal o la de alguien cercano les convenció de la realidad de la reencarnación. Todos los que han pasado por ello conocen y han practicado las técnicas para recordar. Yo soy una de esas personas. Yo no tengo nada especial, jamás fui vidente, jamás fui especialmente sensible a las experiencias “paranormales”, no hice meditación durante cuarenta años para recordar ni acudí a un hipnoterapeuta. Los recuerdos me llegaron espontáneamente y no fue muy complicado. Si yo pude hacerlo, tú puedes hacerlo... y solo, no necesitas a nadie.

Es cierto que decir que todos podemos recordar vidas pasadas no quiere decir que todas las personas vayan a recordar o que necesiten recordar. Nadie aún sabe por qué algunas personas recuerdan y otras no. Pero sí sabemos que no es nada sobrenatural, y que posiblemente muchas más personas recordarían si solo supieran cómo hacerlo o prestaran más atención a los indicios presentes en su personalidad.

Es evidente que esta verdad es especialmente incómoda para los que se ganan la vida haciendo regresiones, porque les estoy quitando el poder a ellos y te lo estoy dando a ti. Sí, A TI. No estoy diciendo que prescindas de los buenos profesionales que pueden ayudarte en tu camino, pero sí que te des cuenta de que los únicos límites están en tu mente. No es imprescindible acudir a una consulta y gastarte el dinero para recordar vidas pasadas. Medita, abre tu corazón, vence tus miedos... conéctate contigo mismo, y CONOCE LA VERDAD. De primera mano, no porque alguien te lo cuente.


4. El amor no lo es todo.


A ver, no quiero que me malinterpretes. El Amor (en mayúsculas) lo es todo, sí, eso no lo pongo en duda. Pero si piensas que la reencarnación y sobre todo recordar vidas pasadas es algo súper-bonito que te hará sonreír embobado como cuando lees esos libros de Brian Weiss lleno de historias románticas de almas que se reencuentran vida tras vida y tarde o temprano alcanzan la felicidad, te digo: ABRE LOS OJOS. Para llegar al Amor (en mayúsculas) primero tendrás que pasar por un oscuro camino lleno de miserias humanas. Mira a tu alrededor: hay gente sufriendo, hay guerras, pobreza, asesinatos, rencores, odio, mucha sangre, niños hambrientos o abandonados, refugiados, soldados cometiendo tropelías, personas que mueren jóvenes... ¿Por qué crees que tus vidas pasadas van a ser distintas? ¿Acaso se vivía mejor en el mundo hace sesenta, cien, trescientos años? En tus vidas pasadas encontrarás eso y mucho más. Te será muy difícil encontrarle el sentido, te será muy difícil encontrar esas supuestas “lecciones” que te hacen “evolucionar espiritualmente”. Llevarás años recordando y aún te sentirás culpable por algo que hiciste, o no entenderás cómo el ser humano puede llegar a ser tan cruel. Querrás creer eso de que “todos somos iguales” o que “eres capaz de perdonar a todos, incluido tú mismo”, pero eso no ocurrirá de la noche a la mañana, y tal vez nunca lo consigas. Una cosa es la teoría y otra la práctica.


5. Recordar vidas pasadas no te hace ser un iluminado.


No sé por qué hay mucha gente que cree que solo aquellos seres evolucionados espiritualmente pueden recordar vidas pasadas. Quizá piensan que solo son fiables personas como el Dalai Lama, que según la leyenda recuerda varias vidas pasadas y para muchos es un ser muy evolucionado espiritualmente. Todos los demás que decimos recordar estamos como una regadera, eso ya se sabe. Existe un caso de una mujer adulta que recordó vidas pasadas a través de sueños y regresiones, y después de una larga investigación pudo identificar su vida pasada e incluso contactar con sus hijos de esa vida pasada. Se llama Jenny Cockell. Puedes conocer su historia en este vídeo. No, no es una iluminada, ni tampoco es líder de ninguna religión. Es un ser humano como tú y como yo. Quizás más como yo, porque las dos tenemos en común que recordamos vidas pasadas y hemos podido verificar varias de ellas. Si tienes perfil de Facebook y sabes inglés, búscala, hazte su amiga, escúchala. Es una persona totalmente normal que ha escrito un par de libros contando su experiencia, igual que yo. Y sin embargo, es curioso comprobar cómo muchos se dirigen a ella como si tuviera algo especial, como si ella les pudiera responder a todas sus preguntas, como si recordar vidas pasadas te otorgara una infinita sabiduría. Yo no soy tan famosa, pero a veces me he sentido igual, por eso escribí un día sobre ello.

No te confundas: recordar vidas pasadas no te hace ser nadie especial. No te hace más sabio. Tampoco más benevolente. ¿Más equilibrado? Pues supongo que eso depende de cada uno. Hay gente que recuerda que no es nada equilibrado. Pasa un poco como con los que han tenido experiencias cercanas a la muerte. Unos lo llevan bien e incluso les hace ser mejores personas. Otros no saben interpretar bien sus propias experiencias o adoptan alguna de las creencias mencionadas anteriormente, así que no solo no se equilibran, sino que les puede traer más desequilibrio. Buscar respuestas solo les trae más confusión. En el peor de los casos, ellos mismos se creen unos iluminados y puede que hasta intenten crear su propia secta. Y si encima le otorgan el poder a alguien que dice ser terapeuta pero en realidad solo trata de aprovecharse de la credulidad de su paciente, las cosas pueden ponerse muy feas.

Por fortuna, creo que la mayoría de la gente que recuerda vidas pasadas sigue una vida totalmente normal. Pasan totalmente desapercibidos. Sabemos que lo más probable es que se rían de nosotros, así que nos mantenemos calladitos o en el anonimato. Yo misma, en el punto en el que me encuentro, apenas menciono la reencarnación fuera de mis sitios online y solo hablo con personas de confianza que pueden comprenderme. El conocimiento y la seguridad que aparecen después de recordar no van a producir ningún cambio demasiado importante. ¿Vas a comprender mejor algunas cosas? Sí. ¿Van a desaparecer algunos efectos indeseables que se produjeron a causa de vivencias del pasado? Por supuesto. ¿Vas a tener más fuerzas para continuar? Sí. En general, esto es lo que puedes esperar si recuerdas vidas pasadas. Pero tu vida actual no va a ser más fácil ni tus problemas van a desaparecer de la noche a la mañana. Simplemente encontrarás nuevos recursos que utilizar, te enfrentarás mejor a esos problemas. Perderás el miedo a la muerte y a la vida. Pero no, no serás “superior moralmente” a nadie ni habrás “evolucionado espiritualmente” más que otra persona que no recuerde. 

Parte 2 la semana que viene.

jueves, 28 de abril de 2016

La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

Mi sorpresa no tiene límites. De verdad, a mí me encantaría escribir sin estar enfadada, sin tener que despotricar contra nadie, compartiendo mis conocimientos y experiencia con normalidad, esperando siendo comprendida y que la gente se interesara por saber más. Pero no. Encontrar un artículo que habla de vidas pasadas en español equivale el 100% de las veces a darme cuenta por enésima vez de que la ignorancia imperante en nuestro país en lo que se refiere a reencarnación es infinita.

Lo peor es que yo no firmo mis artículos con mi nombre real, y mi máxima aspiración es escribir en blogs para ayudar a personas que como yo empiecen a recordar vidas pasadas y no sepan qué hacer. Opiniones como que la hipnosis no es fiable cuando quieres recordar vidas pasadas se están extendiendo como la pólvora, y se están convirtiendo en una mentira más, igual que el karma, solo que en este caso, como lo dice un “experto en hipnosis”, que encima es el presidente de la Sociedad Hipnóloga Científica, todas las personas que se dicen racionales o medianamente escépticas le creerán a pies juntillas. Pensarán que lo que él dice va a misa. Cuando, en realidad, nunca dejaré de repetirlo, somos nosotros, los reencarnacionistas, los que sabemos de qué va la historia.

Estoy hablando de una entrevista que Isidro Pérez, psicólogo e hipnoterapeuta clínico (NO especializado en terapia regresiva, y por lo que veremos a continuación, sin mucho conocimiento sobre reencarnación), concedió a la revista Enigmas, en su número 246. Sorprendentemente le preguntaron por “regresiones a personas que dijeran haber vivido algún tipo de experiencia extraña”. Sea casual o no, parece que las personas que recuerdan vidas pasadas entran dentro de esta categoría, junto a abducidos y fenómenos telepáticos (?). Reproduzco todo lo que dijo respecto a lo que nos interesa, para después pasar a diseccionarlo:

“En los casos de regresiones a otras vidas, sólo recuerdo un caso que me planteaba dudas porque la persona exponía detalles que después pudimos comprobar como ciertos. Pero esta persona, que nos tenía muy ilusionados, en una segunda regresión cambió algunos de los datos que eran fundamentales, por lo que no podíamos pensar que aquello fuera cierto. Para mí, una regresión a otras vidas tendría que tener una primera demostración y es que la persona hablara el idioma que se supone que debería hablar. Esta persona en concreto sí que hablaba alemán, y nos relataba algo que supuestamente pasaba en la Alemania nazi. Pero después, nos dijo cosas que no nos cuadraban.
Hace poco, vino alguien que me pidió que le llevara a otras vidas y le conectara con sus anteriores parejas. Hicimos cinco o seis sesiones y encontramos, supuestamente, cinco o seis vidas anteriores. Y, de los datos que nos dio, no pudimos comprobar ninguno después. Lo cual no quiere decir que no fuera cierto, pero en lo que nosotros investigamos no eran datos comprobables. Y no sólo me refiero a los datos de la vida de él, sino a datos públicos que de alguna manera en hemerotecas o en Internet hubiéramos podido verificar. Mi opinión es que en los casos más famosos lo que puede haber son recuerdos muy antiguos que, en el proceso de hipnosis, se convierten en supuestos recuerdos de otras vidas. En realidad puede ser algo que te contaron cuando eras pequeño, una vivencia, y que la acabas transformando en algo que se asemeja a una vida anterior.
Con esto no pretendo negar que pueda haber otras vidas anteriores. Lo que os digo es que la hipnosis no es una herramienta para comprobar si ha habido vidas anteriores o para sacar datos fiables de esas vidas anteriores. Pero si encuentro un solo caso, admitiré que es algo interesante y digno de estudio.”



En momentos como este es cuando pienso seriamente en cortarme las venas. Veamos...

Empecemos por la gran experiencia que parece tener este hombre haciendo regresiones a otras vidas, pero sobre todo, tratando de verificar posibles recuerdos de otras vidas.

“En los casos de regresiones a otras vidas, sólo recuerdo un caso que me planteaba dudas porque la persona exponía detalles que después pudimos comprobar como ciertos.”

Según estas palabras, entiendo que en los demás casos no tenía dudas de que lo que el sujeto de hipnosis le estaba contando era una fantasía o bien un relato que no podía pertenecer a una vivencia real. O tal vez no pudo conseguir detalles verificables. Bien, es algo que para mí llama la atención desde el principio: estos supuestos “expertos” (que sí, en hipnosis no dudo que lo sean, pero por favor, que no hablen de reencarnación si no saben) NO TIENEN NI IDEA de lo que es recordar vidas pasadas. Me da igual por qué método se obtengan los recuerdos (flashes espontáneos, sueños, autohipnosis, hipnosis guiada). Estamos hablando de MEMORIA. Y SIEMPRE es muy difícil recordar datos verificables. Aun cuando ni siquiera se trate de una vida pasada, seguro que con recuerdos de la infancia pasa exactamente lo mismo, sobre todo si esa infancia fue hace sesenta años. Y sí, también pasa con niños que recuerdan vidas pasadas espontánemente. Hay cientos de casos de niños que tampoco han podido ser verificados. Si estos expertos esperan que en una sola regresión ya aparezcan datos verificables, es que NO SABEN DE LO QUE ESTÁN HABLANDO.

Puedo poner un ejemplo: mis regresiones han durado siempre una hora como mínimo, dos como máximo. Tardé año y medio en poder verificar una de mis vidas pasadas, con sesiones todas las semanas. Pero aún puedo afinar más: ¿cuándo obtuve los datos necesarios para poder verificar esta vida? En la sesión número 35 (teniendo en cuenta solo las regresiones correspondientes a esta vida, porque si no, sería la ciento o doscientos y pico). Y solo conocía mi nombre de pila desde la sesión 9. ¿De verdad alguien puede pensar que en un par de regresiones ya se puedan tener todos los datos para verificar esa vida pasada?

“Pero esta persona, que nos tenía muy ilusionados, en una segunda regresión cambió algunos de los datos que eran fundamentales, por lo que no podíamos pensar que aquello fuera cierto.”

Muy bien, ya veo lo constantes que somos y las ganas que tenemos de llegar hasta el fondo. Sí, las contradicciones ocurren. La memoria no es perfecta. Ni siquiera nos acordamos de lo que hicimos hace una semana, como para acordarnos de los detalles de algo que ocurrió hace trescientos años. Mi diario de vidas pasadas está lleno de contradicciones. ¿Significa eso que no viví esas vidas? No. Normalmente tomo como verdaderos los detalles que son consistentes, los que se repiten en diversas regresiones, claro que sí. Pero todos podemos equivocarnos. Alguien que trabaja con hipnosis debería saber que la profundidad que se alcanza en cada regresión puede variar mucho, y si nuestra mente racional se entromete, también puede alterar la información. Esto no es razón para asumir que esa persona está fantaseando o mintiendo.

“Para mí, una regresión a otras vidas tendría que tener una primera demostración y es que la persona hablara el idioma que se supone que debería hablar.”

Ah, muy bien, perfecto. ¿Este señor ha leído algún caso de xenoglosia de los recogidos en la bibliografía parapsicológica y/o de reencarnación? Primero, ¿desde cuándo la xenoglosia demuestra que estamos ante un caso cierto de reencarnación? Que yo sepa, lo que más importa es la existencia de RECUERDOS VERIFICADOS (que, si seguimos con esta actitud, poco vamos a verificar). Segundo, de los casos de xenoglosia relacionados con reencarnación, el individuo sometido a regresión NUNCA habla el idioma con fluidez, sino que normalmente solo es capaz de decir algunas palabras sueltas o formar frases cortas. Un ejemplo lo tenemos en el vídeo de más abajo, que es uno de los pocos casos de regresiones BIEN INVESTIGADOS que existen en el mundo. Además, curiosamente, para explicar la xenoglosia, muchos escépticos recurren a la criptomnesia, como el propio Isidro Pérez hace para explicar los supuestos recuerdos de vidas pasadas. Entramos en el típico círculo vicioso de los “pseudo-científicos” para no aceptar la realidad de la reencarnación (no digo que sea su caso).

“Hace poco, vino alguien que me pidió que le llevara a otras vidas y le conectara con sus anteriores parejas.”

Aquí ya empezamos mal, aunque esto no es culpa de nuestro amigo Isidro. ¿Conectar con sus anteriores parejas? Si esa es la razón que alguien tiene para recordar vidas pasadas, es normal que su intento le lleve al fracaso. Aún así...

“Hicimos cinco o seis sesiones y encontramos, supuestamente, cinco o seis vidas anteriores. Y, de los datos que nos dio, no pudimos comprobar ninguno después. Lo cual no quiere decir que no fuera cierto, pero en lo que nosotros investigamos no eran datos comprobables.”

Lo mismo de antes. Pocas regresiones, pocos datos. Es normal que no tengamos datos comprobables. Si quieres llegar a verificar vidas pasadas, siempre lo digo, necesitas ser muy paciente y constante. Y es posible que te lleve años... un tiempo y esfuerzo que solo la propia persona que recuerda vidas pasadas está dispuesto a invertir.

“Y no sólo me refiero a los datos de la vida de él, sino a datos públicos que de alguna manera en hemerotecas o en Internet hubiéramos podido verificar.”

¿Cómo? ¿Me está diciendo que esperaba verificar una vida pasada consultando hemerotecas o internet? ¿Lo dice en serio? Sí, evidentemente todos nosotros verificamos detalles históricos de nuestras vidas pasadas consultando en páginas especializadas en internet. Pero, a no ser que se trate de una vida pasada famosa bien (pero que muy bien) documentada, amigo mío, vas a necesitar algo más si quieres verificar con nombres y apellidos una vida pasada. Si estamos hablando de investigadores de verdad, que buscan partidas de nacimiento o defunción, informes de autopsia o cosas parecidas, me temo que llega un momento en que tienes que hacer cierto desembolso económico. Lo necesitas para tener acceso a determinadas páginas de genealogía, para pagar a alguien en otro país que investigue en los registros para encontrar los datos que buscas, o incluso para viajar y conocer in situ ese lugar que crees recordar. ¿Me está diciendo que un profesional hipnoterapeuta va a hacer eso para verificar la supuesta vida pasada de su paciente? Llámame loca, pero permíteme dudarlo. Por lo que he visto con otros investigadores que supuestamente se ganan su sueldo publicando artículos e impartiendo cursos de reencarnación, ni siquiera ellos se molestan en investigar los casos de adultos que tienen al alcance de su mano. Y eso que están en Estados Unidos. Esto es España. ¿Gastar dinero en investigar? Sí, claro... Así pasa, que luego llegamos a la conclusión de que “la hipnosis no sirve para verificar vidas pasadas”. ¿Me lo dices o me lo cuentas?

“Mi opinión es que en los casos más famosos lo que puede haber son recuerdos muy antiguos que, en el proceso de hipnosis, se convierten en supuestos recuerdos de otras vidas. En realidad puede ser algo que te contaron cuando eras pequeño, una vivencia, y que la acabas transformando en algo que se asemeja a una vida anterior.”



Este párrafo es el que me ha matado directamente. ¿Me lo puede repetir? Hasta mi novio, que no sabe mucho de reencarnación, me ha dicho que eso no tiene pies ni cabeza. Primero, ¿los casos más famosos? Apuesto a que no es capaz de mencionarme ni uno. Según James Matlock, el investigador al que hacía referencia antes, hay DOS casos famosos de personas con recuerdos obtenidos por hipnosis, y ambos están VERIFICADOS. Así que ya de entrada, su afirmación es falsa. Estos casos son los de Bridey Murphy y Jenny Cockell. Sin embargo, yo discrepo con Matlock en algo fundamental: hay muchísimos más casos de recuerdos de vidas pasadas obtenidos por hipnosis y verificados. Lo que ocurre es que no están publicados en revistas científicas. En algunos casos, se utilizó en algún momento la regresión guiada (de nuevo, ver documental más abajo). En otros casos, como el mío propio, se utilizó la autohipnosis, que para efectos prácticos yo considero que es exactamente lo mismo. Así que ya vemos que Isidro no ha leído mucho de reencarnación. Segundo, ¿recuerdos muy antiguos? ¿Se refiere, EN SERIO, a recuerdos de infancia que luego se “transforman”? Pero ¿qué me está contando? O sea, que yo, en algún momento de mi infancia, viví de alguna forma algo que se asemeja a la Segunda Guerra Mundial, quizá me encantaba jugar a que me suicidaba después de sufrir abusos sexuales. También debí vivir algo parecido a la esclavitud en varias de sus formas: a bordo de un barco donde era yo el que me dedicaba a transportar negros, y también en una plantación de algodón donde había un blanco que se dedicaba a violarme y a matar mis bebés mestizos. También viví varios ahorcamientos. Debía ser que jugaba a eso con mis compañeros de clase. Y si no, tenía una imaginación desbordada, o bien con cuatro años oí a la vecina hablar de lo que supone que tu marido te fría a mamporros, eso sí, en el siglo XIX, en un lugar muy concreto de los Estados Unidos. De nuevo, nuestro Isidro hace gala de no saber mucho de casos reales de reencarnación.

“Lo que os digo es que la hipnosis no es una herramienta para comprobar si ha habido vidas anteriores o para sacar datos fiables de esas vidas anteriores.”

Muy bien, así que llega a esta conclusión después de estudiar, ¿cuántos? ¿Diez casos, de los cuales solo dos pudo investigar? ¿Llegó al menos a la sesión 30 con alguno de sus pacientes, para aumentar las probabilidades de obtener datos verificables? Porque seguro que el paciente estaba súper-contento de pagar 100 euros por sesión para averiguarlo... No, por suerte o por desgracia, en la mayoría de los casos somos NOSOTROS LOS REENCARNACIONISTAS los que tenemos que investigar nuestras vidas pasadas. ¿Por qué? Porque, evidentemente, nadie lo va a hacer por nosotros. Y sí, ya es mala suerte, porque después de todo ese tiempo recordando y verificando que hemos vivido antes, luego nadie nos va hacer caso: todo el mundo supone que los que recordamos vidas pasadas estamos como regaderas o bien nos encanta fantasear con que hemos vivido antes.

Y ya lo he dicho antes, pero lo repito: la hipnosis o la autohipnosis no es un método mejor o peor de los otros que existen para recordar. El problema no es la técnica. El problema es que estamos hablando de MEMORIA, y como tal, la memoria no es exacta ni puede ser “invocada” a nuestro gusto. ¿Es que alguien piensa que por arte de magia va a llegar un tipo, nos va a hipnotizar, y vamos a ser capaces de recitar todas las fechas, lugares, nombres y vivencias relevantes de una vida pasada, para que con una sola visita a Wikipedia (si tienes suerte) ya sepamos quiénes hemos sido en el pasado? Si alguien piensa que esto es posible, es que no ha entendido nada sobre recuerdos de vidas pasadas.

“Pero si encuentro un solo caso, admitiré que es algo interesante y digno de estudio.”

Sí, ya se ve el interés que tiene en demostrar la reencarnación o tan siquiera en investigar de verdad los recuerdos de vidas pasadas.

En fin. Esto es lo que hay. Pura ignorancia en la materia. Quizá lo que más me molesta de todo es que nadie jamás prestará oídos a alguien como yo o como las decenas de personas que conozco que saben de verdad lo que es recordar e investigar vidas pasadas. Al menos, ningún “investigador” de los que pululan por ahí parece haber llegado a este blog, algo que ya de por sí es preocupante, porque si de verdad investigaran algo, me encontrarían en la primera página de resultados de Google. Lo que me lleva a pensar que en realidad nos ignoran, simple y llanamente, no importa que seamos personas racionales, con estudios y alejados de los típicos “ambientes espirituales”. Es como lo que le ocurrió al Dr. Eben Alexander. Se le ocurrió decir que había vivido una ECM y muchos de sus colegas se volvieron contra él, porque sin duda había perdido la razón. Así que de momento estamos condenados a que se repitan estos análisis superficiales e inexactos de lo que sin duda alguna son indicios de reencarnación. Tendré que seguir oyendo a la gente decir que la hipnosis no es un método fiable para recordar vidas pasadas, cuando en el fondo casi nadie sabe lo que es de verdad recordar.

Aquí dejo el vídeo que prueba que el problema no está en la técnica, sino en la investigación:



martes, 19 de enero de 2016

"Estás como una regadera, hija mía".

Podéis creerlo o no, pero este es el comentario que alguien anónimo (cómo no) me ha dejado esta misma tarde en la página del blog “Recordar vidas pasadas”. Siguiendo mis propias normas, no lo he publicado. Tampoco sé a quién iba dirigido exactamente, si a mí como autora del blog o a alguna otra usuaria que haya dejado su pregunta. Es lo que tiene internet: la posibilidad de poder publicar como anónimo parece que te da derecho a insultar y a menospreciar al prójimo sin ni siquiera conocerle personalmente, sin ni siquiera saber de dónde viene, sin ni siquiera molestarse en leer más de una entrada del blog, porque por supuesto en los días que corren leer más de un párrafo seguido cansa mucho... pero mucho, mucho.

También me pregunto por qué alguien que piensa que todos los que creemos en la reencarnación estamos como una regadera se molestaría en venir aquí a comportarse como un trol. La verdad es que ya estoy bastante acostumbrada a los trols y a sus insultos, es lo que hay. Parece que a cierto tipo de personas les molesta que alguien esté tan segura de lo que afirma, especialmente cuando no coincide con sus propias creencias. Normalmente ya ni me molesto en contestarles. Pero como estaba un poco aburrida, soy una persona seria y sé muy bien de lo que hablo, y además tengo un alto instinto de protección hacia los que han pasado por lo mismo que yo (la mayoría no hablan en público pero me están eternamente agradecidos por escribir lo que escribo), en lugar de ignorar a Anónimo, que es lo que debería hacer, le voy a dedicar a él/ella unas palabritas. La verdad es que dudo que vuelva por aquí, pero si vuelve espero que dé la cara y conteste... y si no, seguro que hay otros muchos lectores que se sentirán aludidos, porque estoy segura de que muchos también pensarán que estoy como una regadera pero no se atreven a decirlo. Que mira, allá ellos, pero al menos tienen algo de educación.

Bien, señor/señora Anónimo, para ponerle las cosas más fáciles voy a dividir en varios puntos lo que pienso de usted y su actitud:

1. Si no cree en la reencarnación, es su problema. Una de las razones por las que alguien puede NO CREER en la reencarnación es por falta de información. Si, por lo que parece, usted sí tiene algún problema con los que creen en la reencarnación, le pregunto: ¿acaso ve que haya reencarnacionistas en su iglesia intentando convencerle de sus creencias? ¿Llamando a su puerta intentándole vender una revistilla llena de burdas mentiras para convencerle de que todos reencarnamos? ¿Insultándole porque aún no se ha dado cuenta de que la reencarnación es un hecho? No, porque la reencarnación, por suerte, NO ES UNA RELIGIÓN. Es una realidad, aunque a usted no le guste.



2. Gente como usted es la culpable de que hoy en día haya tanta gente en el psicólogo preguntándose si está loco, cuando en realidad lo que le pasa es que está recordando vidas pasadas. Lo realmente preocupante es que el 99% de esos psicólogos también dirán a ese paciente que padece algún trastorno mental. La razón es la misma que la del punto 1: falta de información.

3. Gente como usted es la culpable de que muchos niños que recordaban vidas pasadas crezcan con dos traumas: el de su vida pasada (si es que recuerdan a consecuencia de un trauma, que no siempre es así), y el de que sus propios padres no den importancia a lo que su hijo les está contando, creyendo que está poseído, que tiene mucha imaginación, o que sufre de simples terrores nocturnos “que ya se le pasarán”. Algunos llegan a castigar a sus hijos, tratando de reprimir esos recuerdos espontáneos, simplemente porque no son capaces de aceptar que puede haber “algo” que contradiga sus propias creencias. Lo malo es que si hay algún tipo de trauma, este volverá a salir a la luz tarde o temprano.

4. Tal vez piensa que los que van a rezar a los santos, los que creen en Dios o en el karma, los que acuden en manada a besar los pies de una estatua porque creen que así se les curará una enfermedad, no están como una regadera. En este caso le informo de que hay muchas más evidencias científicas a favor de la reencarnación que a favor de la existencia de Dios o los milagros. Si lo duda puede consultar la Biblioteca en este mismo blog, aunque tal vez se sorprenda de la inmensa cantidad de gente que está como una regadera, igual o más que yo.

5. Además de por falta de información, otra posible causa por la que alguien no solo no cree en la reencarnación, sino que siente el impulso de insultar a los que sí creen, es la falta de experiencias propias. Quizá no haya tenido tiempo de comprobar que en este blog NO HABLAMOS DE CREENCIAS. Hablamos de una certeza que proviene de RECORDAR Y VERIFICAR ESOS RECUERDOS. Sí, tal vez estamos equivocados y la reencarnación no existe. Tal vez usted, que debe pensar que es la única persona cuerda en este mundo, puede darnos una explicación alternativa a nuestras experiencias. Tal vez usted es más listo/a que todos los científicos que están actualmente estudiando este fenómeno, muchos de los cuales defienden la supervivencia de la consciencia y su retorno en un nuevo cuerpo. ¿También ellos están como regaderas? Y por cierto, le recuerdo que los diagnósticos de enfermedad mental los hacen los médicos. De momento a mí nadie me ha dicho que esté loca, aparte de usted.

6. Por último, le recomiendo que lea cualquiera de los libros que puede encontrar en el blog, incluyendo el mío propio, La Caja de Pandora, antes de volver a hacer un juicio sobre la cordura o falta de ella de las personas que recordamos vidas pasadas. Y le deseo que ni usted ni ninguno de sus hijos comience a tener recuerdos traumáticos, porque le será bastante difícil obtener ayuda de calidad. Este es uno de los pocos sitios en internet en el que la autora sabe de verdad de lo que habla y no se pierde en enseñanzas espirituales de dudosa procedencia y veracidad. 

No en vano uno de los principales propósitos de este blog siempre ha sido y será:
 luchar contra la ignorancia de las masas.


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sábado, 1 de agosto de 2015

¿Nos fiamos más de los adultos o de los niños?

Hay un hecho en el que algunos compañeros reencarnacionistas y yo hemos reparado en las últimas semanas. Algo que lamentamos profundamente porque en resumen viene a significar que los “científicos” que investigan la reencarnación, los cuales proceden casi en exclusiva de la Universidad de Virginia en Estados Unidos, no dan apenas validez a las experiencias de los adultos que recordamos vidas pasadas. Ya lo comenté un poco por encima hace un tiempo, pero poco a poco me voy dando cuenta de que esta es una actitud que se extiende a otros investigadores, como si hubieran acordado adoptar una “posición oficial” ante este fenómeno, y afirmar lo contrario fuera una nueva herejía. No sé si ponerme a llorar, la verdad.

Yo decidí que no iba a compartir mis experiencias con alguien que calificaba mis recuerdos como basura, literalmente. Conseguí resistirme a pesar de que el investigador en cuestión insistió bastante en que le diera datos de esas vidas pasadas que he podido verificar, para así engordar —supongo— su base de datos. Esta base de datos, en cuestión de adultos que recuerdan, debe de andar bastante escasa, viendo cómo descartan alegremente todo aquello que provenga de cualquier método en cuyo nombre se incluya la palabra “hipnosis”, aunque sea autohipnosis y por tanto ellos mismos lo consideren un recuerdo espontáneo. Sin embargo, algunos de mis compañeros reencarnacionistas llegaron incluso a contactar en privado con algunos de esos investigadores, y se llevaron una sorpresa bastante desagradable cuando apenas recibieron atención alguna, incluso llegaron a desdeñar lo que se atrevieron a contar. Tengo razones para pensar que encontrarte tal rechazo por parte de gente que supuestamente se toma en serio la reencarnación, después de años y años de incomprensión y temer que te tomen por un desequilibrado, debe doler. Mucho. A mí me dolió especialmente cuando pronunciaron la palabra “basura”. Tanto que decidí callarme para siempre. Tanto que todavía no les he perdonado...

Y lo más gracioso es que ellos, que se supone que son los mayores expertos en reencarnación en el mundo, en realidad no tienen ni idea. Ni siquiera se molestan en estudiar nuestros casos, porque consideran que los recuerdos de adultos son menos fiables que los de los niños. Pero, ¿es esto así de verdad?


Bien, en efecto, los niños tienen la ventaja de que apenas han sido expuestos a libros, películas o historias familiares que tengan que ver con determinadas épocas históricas. Por tanto, se puede descartar la criptomnesia más fácilmente. Es muy probable que no haya ningún tipo de contaminación en sus supuestos recuerdos. Estos recuerdos suelen ser espontáneos, ya sea en estado de vigilia o en forma de pesadillas o terrores nocturnos. Y... eso es todo. Por lo demás, los niños son más proclives a fantasear, y lo que es aún más importante, en muchos casos son incapaces de comprender lo que están experimentando. Son los padres los que tienen que extraer la información válida, interpretarla, y tratar de verificarla. Quizá, incluso sin quererlo, lleguen a presionar al niño para que se identifique a sí mismo con un pariente lejano en una foto que le muestran, o podrían llegar a afirmar algo que no es real solo por agradar a sus padres.

Los adultos, por el contrario, tenemos mucha mayor capacidad de análisis. Si hemos investigado lo suficiente, sabemos incluso diferenciar un verdadero recuerdo de una escena que podría ser un producto de nuestra imaginación. Sabemos perfectamente, en la mayoría de los casos, a qué información hemos estado expuestos o qué lenguas pudimos escuchar cuando éramos niños. Podemos discernir qué recuerdos son más fiables y qué es lo que ha podido influir en ellos. Si nos preguntan, podemos explicar mucho mejor lo que estamos viendo y las emociones que se originan como consecuencia. Podemos relacionarlo con problemas de nuestra vida actual. Sabemos cuándo estamos utilizando nuestra intuición, cuándo es algo que llega “de dentro”, o cuándo, por el contrario, estamos utilizando nuestra razón y por tanto podríamos equivocarnos con mayor facilidad. Podemos enfrentarnos a esos recuerdos y a lo que significan con mucha más madurez que un niño.

Como estos investigadores han decidido no dar ningún tipo de credibilidad a las regresiones, y saben que muchos de los recuerdos de adultos provienen de regresiones, su posición es ignorar este tipo de experiencias. Así que para ellos no significa nada que yo haya conseguido verificar dos de mis vidas pasadas. Tampoco significa nada que mi ansiedad y depresión hayan remitido casi completamente después de una temporada haciendo autohipnosis. Para ellos existimos, pero posiblemente piensan que somos demasiado crédulos, que estamos mintiendo, que nos estamos engañando a nosotros mismos o que todo lo que recordamos mediante sueños o flashes espontáneos (otro factor que también ignoran) es producto de haber leído mucho durante nuestras vidas. De este modo, están perdiendo información que podría ser trascendental para comprender cómo funciona la memoria y cómo recuperamos recuerdos de otras vidas.

En resumen, creo que los recuerdos de vidas pasadas de adultos son mucho más fiables que los de los niños, a pesar de que los investigadores se estén centrando tanto en ellos. Me recuerda un poco a lo que ocurre con las ECM’s. Me pregunto qué tipo de credibilidad hay en lo que relata Colton Burpo, un niño influenciado por las creencias religiosas de sus padres, si lo comparamos con lo que te describe una persona adulta que sale de un coma y puede interpretar de forma mucho más madura —no en todos los casos, todo hay que decirlo— sus experiencias.

Si los reencarnacionistas ni siquiera podemos poner nuestras esperanzas en investigadores “serios”, ¿qué es lo que nos queda? Bueno, nos tenemos a nosotros mismos. Somos pocos, pero estoy segura de que con el tiempo las cosas cambiarán. 

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miércoles, 28 de enero de 2015

Dudas... y una certeza.

Durante tu camino personal recordando vidas pasadas, las dudas siempre van a estar ahí... o casi siempre. Te debes acostumbrar a su presencia. No son malas por sí mismas. Es mucho peor que te creas absolutamente todo lo que surja durante el transcurso de una regresión o durante un sueño. En cualquiera de los dos casos, estamos utilizando nuestra mente, nuestro poder imaginativo (que no es lo mismo que fantasía), para que una escena se desarrolle, para que revivamos ciertos acontecimientos. Sobre todo al principio va a ser difícil controlar esa mente y dejar que solo sea nuestra intuición la que nos ayude a recuperar esos recuerdos. Nuestra mente va a rellenar los huecos, va a razonar, se va a interponer... Nos podemos equivocar. Por ello NUNCA olvides que los recuerdos han de ser verificados.

Pero existe otro tipo de duda, que es algo más fastidiosa: la eterna duda de si, después de todo lo que llevas investigado, después de tantas noches sin dormir, tantas verificaciones (que sí, a veces llegan), tanto esfuerzo para dejar de pensar en tus tareas cotidianas para centrarte en el pasado... ¿no será que estamos todos equivocados y la reencarnación no existe?


Bueno, llevo un par de días leyendo un libro titulado El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, escrito por un monje tibetano llamado Sogyal Rimpoché. Hay partes con las que no concuerdo en absoluto. A pesar de que considero que el budismo se aproxima bastante a la realidad, no deja de ser una filosofía con muchos años de antigüedad, y además tampoco tiene en cuenta otras enseñanzas que han surgido posteriormente como las descripciones del mundo espiritual que hacen los pacientes del Dr. Michael Newton. En mi opinión, cojea mucho cuando habla del karma, y se pierde un poco cuando comienza a hablar de moralidad. Desgraciadamente aquí es donde se demuestra que el budismo no deja de ser una religión, aunque no dejen de negarlo. Lo que cuenta acerca de los distintos bardos también se queda muy corto. Me da la impresión de que algunos lamas han llegado a tener importantes experiencias en el astral, pero aún no han alcanzado toda la Verdad. No les culpo por ello, son humanos como todos nosotros, aunque algunas personas se deslumbren con sus enseñanzas. Aún así, a pesar de estas críticas, creo que muchos de sus pensamientos, pero sobre todo la técnica de la meditación y cómo mediante ella se puede llegar a vislumbrar —solo vislumbrar— la naturaleza de la mente humana, me parece un conocimiento de valor incalculable que jamás deberíamos perder.

Pero la cuestión es que Rimpoché hablaba de las dudas de este modo:
No nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos sólo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada, por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales o «filosóficas», sino vivas, reales, auténticas y operativas. Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia puede crearse un espacio en nuestro interior en el que las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de un modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en esta cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, que sólo puede crearse mediante la práctica sostenida de la meditación y en el que las intuiciones pueden tener ocasión de madurar lentamente.
No tenga demasiada prisa para resolver todas sus dudas y problemas; como dicen los maestros, «apresúrese lentamente». Yo siempre les aconsejo a mis alumnos que no se formen expectativas excesivas, porque el crecimiento espiritual lleva su tiempo. Se precisan años para aprender correctamente el japonés o para llegar a ser médico: ¿de veras podemos creer que obtendremos todas las respuestas, y mucho menos que alcanzaremos la Iluminación, en unas cuantas semanas? El viaje espiritual supone un aprendizaje y una purificación constantes. Cuando se sabe esto, se vuelve uno más humilde. En este sentido, hay un conocido proverbio tibetano: «No confundas la comprensión con el conocimiento profundo, ni confundas el conocimiento profundo con la liberación». Y Milarepa dijo: «No abrigues esperanzas de conocimiento total, pero practica toda tu vida». Uno de los aspectos de mi tradición que he llegado a apreciar más es su carácter práctico y hasta prosaico, y su intensa convicción de que los mayores logros exigen la más profunda paciencia y el más largo tiempo.

Estoy completamente de acuerdo con esto. La mayoría de la gente busca respuestas, y las quiere ya. Al principio les solía decir: “Busca en tu interior, ahí es donde están las respuestas”. Pero a mucha gente les asusta la palabra “meditación” y creen que no pueden hacerlo. Cuando descubres lo fácil que es realmente recordar vidas pasadas, que nuestros recuerdos no están enterrados en los más profundo de nuestra psique, sino que forman parte de nosotros y pueden hacerse conscientes en menos de un minuto, te quedas sorprendido. Lo que más nos ata son nuestros propios miedos, nuestros límites, aquellas creencias que nos hemos construido desde niños, los muros de nuestra propia prisión. Así lo dice también Rimpoché.

Hasta hace poco solía decir que estaba 100% convencida de que la reencarnación es un hecho, pero que siempre decía que era de un 95% para no parecer una arrogante, puesto que he venido comprobando que si dices estar tan segura de estas verdades trascendentales, la gente parece molestarse. Cuando experimenté mi primer desdoblamiento consciente ese porcentaje lo subí al 98-99%, porque una experiencia extracorpórea es tan increíblemente transformadora que ya es imposible decir que solo somos nuestro cuerpo físico. Ahora me he dado cuenta de que si no me atrevía a decir un 100% era porque yo misma aún albergaba una pequeña duda de estar equivocada. Pero el otro día se esfumó. Noté cómo desaparecía sin más, cómo el poco desasosiego que me quedaba se iba para no volver y me invadía una infinita paz interna. La razón fue que por fin descubrí el principio científico que explica que los seres humanos somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Ni siquiera las doctrinas religiosas o espirituales más elaboradas han llegado tan lejos. Esa era la última pieza que me quedaba para completar mi rompecabezas personal e intransferible sobre lo que somos y lo que venimos a hacer aquí. Era mi mente científica la que necesitaba ese último eslabón. Y leyendo a Rimpoché supe a qué se refería cuando habla de que todos podemos alcanzar la iluminación.


No creo en la iluminación como medio para liberarnos del samsara o “Rueda de la Vida”. No creo en el karma como lo plantean los budistas. No creo que esta especie de revelación final que he tenido me convierta en una especie de santa que ya solo se reencarnará para ayudar a los demás. Creo que nada asegura que en mi próxima encarnación no lo pasaré mal, por mucho bien que haya hecho a los demás en esta vida. No creo en ningún sistema de premio y castigo, lo llamen como lo llamen. Creo que el único propósito por el que estamos aquí es para experimentar, y volveré mientras me divierta o piense que tengo cosas que hacer aquí, no porque ningún karma me obligue a ello. Como bien dice Rimpoché:

Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

Con saber esto nos basta y nos sobra, y no entiendo por qué tenemos que complicar tanto las cosas y sacarnos de la nada tantas creencias absurdas que no nos llevan a ningún sitio.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (6).

La verdad es que vivo desconcertada. Sobre todo cuando me decido a salir de mi refugio (léase autoaislamiento) y echo un vistazo al mundo que me rodea. Es una paradoja que viviendo en este mundo que creemos tan evolucionado, lleno de personas que creen que hemos alcanzado la cúspide de la perfección y que la ciencia nos traerá respuestas a todo, la mayoría aún tenga tantas dudas acerca de lo que somos realmente y lo que ocurre cuando morimos y abandonamos nuestro cuerpo físico. El mundo es una ilusión, dicen unos. Sí, en eso estoy de acuerdo. La realidad es aquella que nosotros mismos nos creamos (ver entradas como La cuchara no existe). Otros afirman, como si hubieran descubierto de pronto algo en lo que nadie nunca antes había reparado, que estamos controlados por razas extraterrestres, e incluso llegan a dudar, en el colmo de las fantasías sin sentido, que el túnel que algunos han visto en sus experiencias cercanas a la muerte, no es más que otra ilusión en la que alguien nos convence de que tenemos que seguir reencarnando para que no podamos escapar a esa Rueda de la Vida, concepto que se originó en la religión hinduista. Sí, es como intentar explicar algo no demostrado con algo que también está sin demostrar. Una especie de festival de la incongruencia, generalmente organizado por personas que han leído mucho pero han entendido poco y desde luego no lo han vivido en persona. Estamos saturados de información, pero información muchas veces tan falta de base y sentido común, que hay otra parte de la población que decide enviar todas esas fantasías a la basura y arrimarse a la extrema racionalidad de la ciencia. Tan extrema que niega todo lo que sus microscopios no pueden ver y todo lo que sus fórmulas matemáticas no pueden explicar. Así, tenemos que esperar cuatro años para que un científico considerado por sus colegas casi una eminencia en el estudio de la muerte, nos comunique los resultados de su estupendo estudio: que de 2060 pacientes que sufrieron un paro cardiaco, solo nueve experimentaron una experiencia cercana a la muerte, de estos solo dos una experiencia extracorporal, y por supuesto, ninguno pudo decir qué imágenes aparecían en una pantalla situada en lo alto de la habitación mientras trataban de reanimarlo... sobre todo porque cuando lo sufrieron no había ninguna de esas pantallas en su habitación. Eso sí, parece que está empeñado en hacernos resucitar como sea, igual que aquellos que abogan por la criogenización de nuestros cadáveres, cuando en realidad ya somos inmortales...


Como salir de mi refugio me suele dar ganas de llorar, no tardo en volver a él, para darme de cabezazos contra la pared, quejarme donde haga falta (generalmente en el Facebook, que total, ya saben que soy una borde, o en mi foro, que hay confianza), o simplemente seguir a mi rollo, que es el de estudiar sin descanso, porque aún busco respuestas, o el de recordar mis vidas pasadas, porque ya que puedo, no quiero dejar de hacerlo.

Y, sin embargo, es curioso que las pocas veces que decido expresar lo que pienso o siento, y trato de hacer llegar a la gente mi mensaje de que dejen de preocuparse, porque la muerte no existe y tenemos formas de comprobarlo, también acabo malparada. Bien porque no me creen, bien porque les molesta que yo lo tenga tan claro (como me pasó aquí), o... la verdad es que no lo sé. Digas lo que digas, la gente sigue dudando. Sí, yo también, a veces. Pero después de todas las experiencias que he tenido y lo que he aprendido, tengo una seguridad interna que me hace tomarme las cosas de una forma distinta a como lo hacía antes. Mi seguridad de que sobrevivimos a la muerte es total, aunque por lo general diga que es del 99% para no levantar ampollas y que no me acusen de iluminada (aunque la verdad es que te lo van a llamar de todas formas. Eso o vidente, aunque no lo seas). Las dudas a las que me refiero son otras, mucho más dañinas: las dudas de todos aquellos que pierden a alguien querido y su primer deseo es recibir un mensaje o encontrárselos en el astral; las dudas de los que ven fantasmas y aparte de pasar mucho miedo, temen que les tomen por locos o que se burlen de ellos; o las dudas de los que recordamos vidas pasadas y somos incapaces de dejar de pensar que es nuestra imaginación o que el psicólogo tiene razón y va a ser que padecemos algún trastorno mental, por ejemplo una depresión que solo es posible curar si te pasas drogado todo el día. También son preocupantes las dudas de los que escriben revistas de misterio y ven que todo el mundo alrededor se ha vuelto más y más loco, y en vez de ahondar de otra manera en los fenómenos paranormales, toman una actitud más escéptica y los reportajes se van convirtiendo en artículos pseudo-científicos que insinúan que todo es producto del cerebro.

Por eso, cuando de pronto descubro un libro publicado hace más de cien años y veo que lo que ahí se describe son crudas experiencias, relatadas por su protagonista, tratando de darle una explicación lógica y racional, sin ninguna floritura “espiritual” ni la presencia de extraterrestres grises de ojos almendrados, y resulta que esas experiencias coinciden en gran medida con mis propias experiencias y las de otras personas que conozco y que sé son serias y confiables, me pregunto: ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué cien años después parece que hemos retrocedido en nuestro conocimiento del ser humano? ¿Por qué, si hace cien años, ya existían personas que investigaban las apariciones, por ejemplo, y eran capaces de proyectarse astralmente y dar una explicación racional a los poltergeists, hoy seguimos sumidos en el desconocimiento? Me pasó lo mismo con el primer libro que me leí sobre el cuerpo astral: por entonces buscaba respuestas a mis propias experiencias, que es lo que me impulsa principalmente, aparte del propio conocimiento (y mi curiosidad insaciable). Y en ese libro no es que estuvieran todas ellas, pero me ayudó a entender mucho mejor lo que estaba experimentando y mi propia naturaleza humana. Ese libro procedía de una época en la que el espiritismo estaba en auge y existían muchos círculos ocultistas. Y también se estudiaban con mucha seriedad e interés los fenómenos psíquicos. Después, alguien dijo que todo lo que hacían aquellos hombres y mujeres, empezando por las hermanas Fox, no era más que un fraude, y debe ser que ganó la partida ya para la posteridad. Parece ser que eso se hizo extensible a todos aquellos estudiosos, y hoy todo ese amplio conocimiento permanece en la oscuridad. Digo conocimiento aunque es probable que esté incompleto o equivocado, por supuesto. Igual que ahora, aquellos hombres solo tenían teorías para explicar lo que vivían, solo que hoy es más normal encontrarte con gente que afirma saberlo todo que encontrarte con alguien que diga que seguimos sin saber nada, y que lo que tenemos que hacer es experimentar y comprobarlo por nosotros mismos. Pero resulta que a pesar de que ese conocimiento podría estar incompleto o equivocado, le da mil vueltas a lo que los científicos creen saber hoy, la mayoría de ellos ciegos a lo que cuentan numerosas personas, solo pendientes de sus experimentos de laboratorio tan limitados, e incapaces de aproximarse a estos temas desde otra perspectiva. Hoy solo podemos ser testigos de ese tipo de investigaciones parapsicológicas cuando determinados grupos aficionados las realizan y las graban para algún programa de televisión... pero como es televisión, seguro que está amañado también, así que casi nadie se lo toma en serio. Por tanto, cuando pensamos en la muerte, seguimos estancados en esa visión materialista que dice que todos nos reduciremos a polvo... y es paradójico, porque hay infinidad de evidencias que demuestran lo contrario, queramos o no queramos verlo, tengamos o no tengamos explicación.

Una de las causas que me desconciertan es precisamente esa: desde que me dedico a investigar los fenómenos paranormales (o sea, casi desde que tengo uso de razón), he visto que aquí cada uno va a su bola. Unos contra otros. Los seguidores de doctrinas como la espírita o aquellos que saben de esoterismo (por supuesto, hablo del serio, no de los echadores de cartas), se sienten incomprendidos por los científicos. Los científicos, a su vez, se han atrevido en contadas ocasiones a estudiar la clarividencia y otros fenómenos de percepción extrasensorial, pero siempre encuentran alguna excusa para creer que no queda nada demostrado o que todo puede ser explicado por el cerebro. Llevamos desde mediados del siglo XX con innumerables estudios sobre experiencias cercanas a la muerte, regresiones, y psicoterapeutas que afirman que hay personas que recuerdan sus vidas pasadas. Y, por supuesto, hay muchas otras personas que dicen poder salir de su cuerpo a voluntad, o que pueden detectar e incluso comunicarse con espíritus. ¿Se sientan todos alrededor de una mesa para intentar resolver el misterio de la naturaleza humana? No. Cada uno sigue con lo suyo sin importarle lo que hacen los demás: unos sin experiencia propia pero elaborando complicadas teorías que corren el riesgo de acabar en religión; otros sin experiencia propia pero analizando hasta la última neurona, empeñados en que el misterio se resolverá cuando comprendamos cómo funciona el cerebro; y otros experimentando espontáneamente sucesos que les dejan tan atemorizados que no pueden ni hablar, o que acaban volviéndose locos porque cada persona con la que habla le dice algo distinto... Nadie escucha a nadie, y por eso no salimos de la confusión.

Yo en cambio relaciono unos fenómenos con otros y para mí todos encajan a la perfección. Un día encontraremos la forma de comprender hasta el más mínimo detalle y posiblemente la ciencia “descubrirá” por fin algo que otros saben desde hace siglos: que la mente es una entidad separada del cerebro. Hasta entonces, no entiendo por qué unos ignoran a otros. Estoy segura de que si colaboraran se enriquecerían unos a otros y avanzaríamos mucho más rápido. Me recuerda a esa imagen del elefante que ya he utilizado en alguna otra ocasión: cada uno está tan obcecado en ser él quien posea la Verdad, que no se dan cuenta de que su visión es solo parcial, y hasta que no abran su perspectiva, no se darán cuenta de que todos están estudiando distintas manifestaciones de una misma realidad. 

Quizá mi error sea esperar que un día esa confusión desaparecerá. Si hace cien años parecíamos saber más que ahora, no hay razón para pensar que esto será distinto dentro de cien años, especialmente si nos autodestruimos en una guerra nuclear y los supervivientes tienen que empezar de cero en un mundo post-apocalíptico. Solo se preocuparán de comer y no de nuestra naturaleza espiritual.

Lo que está claro es que todos los caminos espirituales son únicos e individuales. Cada uno debe buscar sus propias respuestas, del modo que le parezca más adecuado. Es imposible luchar contra los condicionamientos mentales de todas esas personas que luchan por encontrar su verdad, pero que sin darse cuenta se van adentrando en un laberinto cada vez más y más tortuoso. Creo firmemente que la Verdad está dentro de nosotros, pero incluso eso es difícil de hacer entender a alguien que tan acostumbrado está a que le lleven de la mano a todos los sitios. En ese camino hacia la Verdad, todos (yo incluida) nos tenemos que liberar de todas esas creencias que nos han implantado en nuestra mente, o todo aquello que hemos leído y hemos dado por cierto. Te tienes que despojar de todas esas envolturas y quedarte con lo más básico, con tu esencia, y con tus experiencias, sin ningún tipo de análisis. Si no sabes explicarlas, no lo hagas, porque hay cosas que solo pueden ser explicadas a través del espíritu. Es curioso que leyendo ese libro sobre la proyección astral he podido por fin entender algo que me pasó de niña, cuando un día desperté a oscuras en medio de mi cuarto totalmente desorientada. Así es como la mayoría de nosotros nos pasamos toda nuestra vida. Pero un día llegan las respuestas. Y entonces te das cuenta de que ni siquiera hacía falta buscar tanto. Si todos pudiéramos retornar de algún modo a aquel momento en el que solo éramos un niño o una niña sin ningún tipo de condicionamiento mental, tal vez recordaríamos que ya entonces sabíamos que la muerte no existe. Tal vez recordaríamos que ya entonces nos sentíamos extraños en un cuerpo que de pronto se había vuelto a hacer pequeño, y teníamos una nueva madre. Tal vez recordaríamos que nuestra abuela, ya muerta, venía a visitarnos de vez en cuando, aunque solo nosotros pudiéramos verlo. Igual que ocurre con ese conocimiento que nos legaron los ocultistas, todo eso de lo que jamás dudábamos porque para nosotros era lo más natural del mundo, lo fuimos olvidando según crecíamos e íbamos llenando nuestra mente de nuevo conocimiento que creíamos útil o más lógico (porque así nos lo decían), solo para descubrir al final que en realidad ya lo sabíamos todo y no hacía falta complicar tanto las cosas. La Verdad es una y no es necesario que nadie la reinterprete para nosotros: solo hace falta escuchar a la intuición para saber que la muerte no existe. Lo triste es que la gente no escucha o no quiere escuchar. O, en su defecto, tampoco quiere experimentar. Y contra eso, nadie puede hacer nada.

domingo, 19 de octubre de 2014

Resignación.

Llevo tres días dándole vueltas a cómo escribir esto para no sonar otra vez negativa y frustrada, pero supongo que es inevitable cuando se trata de luchar con escépticos y tratar de hacer llegar al mundo un mensaje que está destinado a perderse en la bodega de un avión o en el carrito del cartero. Me siento como un náufrago abandonado y solo en una isla desierta, y a pesar de que preferiría dejarme morir de hambre y sed, escribir una nota con las últimas fuerzas que me quedan, meterla en una botella y arrojarla al mar, es mi única esperanza. No sé, a lo mejor me sorprendo y de pronto recibo un montón de mensajes de gente diciendo que también se siente igual, como en la canción “Message in a bottle” de Police. Pero de momento no ha sido el caso, como muestra la escasa participación que obtengo en el blog y los varios instantes al día que me dan ganas de cerrar mi foro y poner el cartel:

“Nos hemos ido.
La era de la racionalidad llegó a su fin. 
La era
de la desinformación en internet continúa”.

Después de publicar mi última entrada tuve un pequeño ataque de pánico. Bueno, no exactamente de pánico, pero me dio una especie de escalofrío, porque sabía que me estaba arriesgando mucho. Puedo imaginar con facilidad las caras de los escépticos al leer mis afirmaciones sobre Giordano Bruno, sus sonrisas irónicas pensando “Así que aquí tenemos una loca más que no solo cree en la reencarnación, sino que es tan crédula que cree haber conocido a la reencarnación de Bruno e incluso afirma que aún hoy tiene el mismo sentido del humor. Y luego quieren que los tomemos en serio...” Me pregunto por qué un escéptico llegaría aquí y se pondría a leer estas líneas, la verdad, aunque sé que algunos de ellos son lo suficientemente retorcidos como para hacerlo, para así poder seguir criticando y hablando de algo que están muy lejos de poder entender. Los reencarnacionistas (al menos algunos de nosotros) vivimos en un miedo constante, en una lucha interna entre la necesidad de expresar lo que sentimos, el deseo de decirle a la gente lo que hemos descubierto, y, por otra parte, el miedo a hacer el ridículo o a que nos tomen por locos. Además, poseo una parte científica muy importante, y por ello me entristece que aún nos queden cientos de años para que la ciencia se tome en serio la posibilidad de la reencarnación, más en un país tan ignorante como el nuestro. Me entristece porque hay científicos interesados en estudiarla, pero por lo general son menospreciados e ignorados por sus propios compañeros, del mismo modo que los pocos médicos españoles que se han atrevido a hablar de ECM’s o de regresiones han tenido que enfrentarse a las burlas de los demás (y al pobre Ian Stevenson, que en paz descanse, casi se lo comieron sus propias colegas de la Universidad de Virginia). Yo misma pude comprobar cómo era tratada en un grupo supuestamente científico cuando trataba de arrojar luz sobre esta cuestión, citando trabajos tan importantes como los del propio Ian Stevenson o Jim B. Tucker... y en este momento, ante la sola posibilidad de ver un vídeo en el que un conocido psiquiatra habla de otras vidas (un psiquiatra que se está haciendo muy mediático no sé por qué extraña razón), cuya opinión, según lo que se puede desprender a partir de la forma en que fui tratada en ese grupo, no puede ser muy positiva, me echo a temblar. No de miedo, sino de puro cabreo interno. Porque a estas alturas, cualquier persona, científica o no, diciéndome que la reencarnación no existe y que todos nuestros supuestos recuerdos son solo fantasías, solo me demuestra que no tiene la menor idea de lo que es recordar vidas pasadas y/o es incapaz de desprenderse de los prejuicios que tanto abundan en nuestra sociedad.

[Advertencia: aclaro desde ya que mientras acababa de escribir esta entrada junté el valor necesario para ver el vídeo que me costó cuatro días descargar, debido a que mi actual situación de desempleo no me da para pagar una conexión ADSL, y después de hacerlo me invadió una sensación muy placentera de total alivio, al comprobar que habían puesto un título que no se correspondía al verdadero contenido de la conferencia, que era la misma aburrida conferencia sobre experiencias cercanas a la muerte a la que había asistido en persona unos meses atrás. El alivio fue porque estoy segura de que me habría costado un buen disgusto el comprobar cómo algunas personas se empeñan en hablar de lo que no saben. Esta entrada solo es muestra de lo quemada que puede llegar a estar una reencarnacionista por ver siempre las mismas historietas en internet en lugar de ser testigo de algún avance, por pequeño que sea, ya sea en el mundo científico o en el paranormal. La verdad es que me gustaría estar hablando de otra cosa y no de escépticos, pero lo hago porque necesito desahogarme y porque hablo de sentimientos muy comunes entre los reencarnacionistas, tal vez incluso algún lector se sienta identificado].

El problema es que he llegado a un punto en el que ya me da igual (aunque no lo parezca). Por la experiencia de otros compañeros de viaje, que llevan recordando decenas de años, algunos incluso desde su niñez, sé que ese punto nos acaba llegando a todos los reencarnacionistas. A mí me está costando asumirlo por mi espíritu revolucionario y porque no me da la gana callarme (creo que esto último es un posible trauma de vida pasada, por haber estado callada demasiado tiempo). Yo no tengo nada que envidiar a ninguno de los que salen en los debates de Cuarto Milenio: tengo mis títulos, soy bastante inteligente, huyo de los videntes y de cualquier parafernalia espiritual como de la peste, pienso por mí misma... pero claro, como quiero mantener mi anonimato, no me interesa la fama, no me gano la vida dando conferencias, y prácticamente solo me muevo en foros, mi experiencia y mi testimonio permanecerán en la sombra como los de muchos otros compañeros que también recuerdan sus vidas pasadas. Después de varios años moviéndome en internet y viendo cómo está el percal en mi país, me he dado cuenta de que nosotros somos los únicos que sabemos de verdad sobre reencarnación. Y como aún no es posible publicar artículos científicos en revistas de prestigio, ni hacer encuestas cuyos resultados vayan a interesar a la comunidad científica, ni podemos aún planificar experimentos para demostrar la existencia del alma, ni tampoco vamos por ahí vendiendo que somos discípulos de Weiss y podemos sanarte en una sola regresión, y seguramente nos ven como unos locos que viven presa de sus propios delirios y fantasías, nos vemos obligados a teorizar en la sombra y a compartir nuestras experiencias solo con gente que sabemos nos comprenderán. A mí nunca me llamarán de un programa de televisión para hablar sobre otras vidas. Y si me llamaran, tampoco iba a ir, tal y como está el patio. Lo peor es que mientras tanto tengo que sufrir a varios personajillos subiendo sus vídeos a internet y opinando sobre el tema sin tener ni idea de lo que significa recordar vidas pasadas, sin haber hablado con personas que llevan años recordando, sin saber ni siquiera que la autohipnosis NO es una autoinducción, o teorizando sobre el karma cuando se ve a la legua que no recuerdan sus vidas pasadas. Si no recuerdas tus vidas pasadas, ¿cómo puedes saber si existe o no el karma? ¿Y por qué la gente que cree en el karma no va y le pregunta a los que recuerdan vidas pasadas, a ver qué piensan?


El caso es que me he resignado a ser una insignificante gota de agua en la inmensidad de la red. Puedo gritar todo lo que quiera, pero no se me va a oír porque algunos dan por supuesto que en la red solo hay palabras y palabras sin ninguna base, en lugar de personas racionales que también tienen dos dedos de frente y saben diferenciar la estupidez de lo que no lo es (somos pocos pero existimos). La gran mayoría, al leer mi blog, ni siquiera preguntarán ni comentarán, por desgana, comodidad, o puro desinterés, y dejarán pasar la gran oportunidad de poder llegar a tener la certeza de que la muerte no es el fin y la reencarnación un hecho. Se quedarán con una visión muy parcial del asunto, porque no sabrán ni la décima parte de lo que hay detrás de esta búsqueda. Nunca fue el propósito de este blog, ni lo será, pero jamás sabrán de los últimos intensos tres años de mi vida y cómo por casualidad comencé a ver en mi mente lo que parecían ser recuerdos de otras vidas. Jamás sabrán todo lo que estudié e investigué en páginas y foros de habla inglesa para averiguar qué diablos me estaba pasando. Jamás sabrán cuáles son mis problemas íntimos y cómo encontré la respuesta en mis vidas pasadas, ni cómo algunos de esos problemas me siguen afectando hoy y qué hago para mantenerlos a raya. Ningún lector de este blog, ni uno solo (bueno, quizá uno o dos), sabe de las experiencias desgarradoras de otras personas que he conocido y que no pueden hablar debido a la intolerancia del mundo en el que vivimos. Porque a pesar de sentirme extraordinariamente sola, no lo estoy. Todos los días conozco a personas que prueban las técnicas que ya todos conocemos y obtienen resultados, y los verifican. Estas personas no son todas conocidas por los terapeutas de vidas pasadas, porque a pesar de que algunos de ellos se piensan que tienen la exclusividad o el privilegio de ser los únicos que pueden hacer a la gente recordar sus vidas pasadas, la mayoría de nosotros no acudimos a ellos y creamos nuestras propias comunidades donde poder hablar con tranquilidad de lo que nos preocupa. Por un lado me molesta, y hasta me hierve la sangre, si alguien insinúa que todo esto son fantasías, ilusiones, extraños mecanismos de la mente para dar explicación a problemas sin resolver... Y un cuerno. Francamente, eso es un insulto a mi inteligencia y a la de todos mis compañeros. La gente puede parlotear todo lo que quiera sobre reencarnación, desde la teoría, y ridiculizar a los que decimos recordar, sin saber en qué consiste una verificación, sin experimentar en propia piel lo que es verte en el cuerpo de otra persona y darte cuenta de que las emociones que afectaron a esa persona te siguen afectando a ti hoy, sin molestarse en conocer de verdad a alguien que se atreve a afirmar públicamente que tiene una vida pasada famosa, sin ni siquiera saber que los niños que recuerdan vidas pasadas no solo están en los libros (en España ni siquiera eso), o que no hace falta una regresión para recordar. Muchos recurrirán a las teorías más ridículas para explicar algo que se niegan a aceptar, como la posibilidad de que estemos accediendo a información de la “matrix”, sea eso lo que sea... Pero solo el que recuerda sabe que eso no se sostiene por ningún sitio. Es muy fácil hablar sin saber... Por otro lado, he aprendido a vivir sabiendo que habitamos en mundos paralelos: ellos van a su ritmo, nosotros al nuestro. Las cosas son así y no ganamos nada lamentándonos. Ellos seguirán estancados en sus creencias y en sus dudas y en sus aparentemente grandes razonamientos científicos o pseudocientíficos. Nosotros seguiremos avanzando poco a poco, ganando en conocimiento espiritual y humano, transformándonos en personas distintas a las que éramos, porque ahora tenemos la certeza de que somos inmortales y nacemos y morimos incontables veces. Y seguiremos siendo testigos de cómo la humanidad sigue perdida, dando palos de ciego, con las respuestas tan cerca... porque es muy fácil cerrarse en banda a una realidad que puede golpearte en plena cabeza si solo le das una pequeña oportunidad. Y no hay nada mágico en ello, ni nada espiritual, ni hay que buscarle tres pies al gato. La reencarnación es un hecho, y no tengo la menor duda de que el que no lo ve así es por falta de información (en gran parte totalmente científica, por cierto), y sobre todo, por falta de experiencias propias.

¿Qué otra cosa puedo hacer más que resignarme? ¿Qué sentido tiene sumergirme en una lucha que sé no puedo ganar? Evitando a los escépticos gano tiempo para continuar mi maravilloso camino de autoconocimiento y de comprensión del mundo, hablando con respeto y educación con otras personas cuyos caminos han sido y son igual de fascinantes que el mío, viendo con mis propios ojos cómo las evidencias están ahí, si solo sabemos buscar, teniendo la oportunidad cada día de poder preguntar a personas totalmente normales, sensatas e incluso mucho más serias que yo, y que dicen ser la reencarnación de personajes muy conocidos por la historia, cómo han recordado, cómo lo viven, a qué consecuencias se enfrentan hoy en día, qué cambiarían de sus vidas pasadas... Hablar con ellos es infinitamente más constructivo y esclarecedor, sorprendente, muchas veces, y te deja sin palabras y sin dudas de que la reencarnación tiene que ser un hecho, digan lo que digan los que no se molestan en llegar al fondo del asunto. Sin duda, es más fácil hablar sin saber que dedicar unos cuantos años de tu vida a investigar en serio y sacar tus propias conclusiones. Es más fácil mirar por encima del hombro con una sonrisa irónica en tus labios y escudarte en tu educación científica para afirmar “Toda esta gente está equivocada”. Lo que realmente me molesta es que habrá gente que les creerá porque tampoco ellos están abiertos a la posibilidad de la reencarnación. Seguirán pensando que los reencarnacionistas estamos todos locos... y mientras se perderán un viaje fascinante a su propio pasado que, entre otras cosas, les hará perder el miedo a la muerte.

Pero ya me da igual. Tal vez el mundo no está preparado para lo que los reencarnacionistas tenemos que decir. Bueno, no: retiro el “tal vez”. Hace tiempo que sé que no está preparado. Y es muy triste, pero es lo que hay.

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La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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