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miércoles, 20 de julio de 2016

10 verdades incómodas sobre reencarnación (Parte 2).

Parte 1.

6. Ser un alma vieja no significa nada.


¿Cuántas veces habremos escuchado de los labios de una madre o una abuela algo como: "Qué mirada tiene este niño, parece que lo entiende todo" o "Esta niña es más madura de lo normal, seguro que es un alma vieja"? Y entonces pensamos que debe de ser que ha vivido muchas vidas y que por ello "sabe más que cualquier otro niño de su edad".

Pongamos un poco de sentido común: que un niño sea más inteligente, más precoz, que tenga mayor habilidad para el lenguaje, que sea más obediente, que su mirada sea muy brillante o vívida... no tiene nada que ver con reencarnación. Solo teniendo en cuenta estas características u otras similares, no podemos saber si un niño ha vivido muchas o pocas vidas. Que un niño aprenda más rápido que otro no necesariamente significa que haya reencarnado muchas veces, porque existen muchísimos factores biológicos como la genética, o no biológicos, como la educación, que influyen en ello.

Es más, y si fuera un alma vieja, ¿qué? Muchos padres utilizan la expresión como queriendo significar que su hijo es especial, pero si supuestamente estamos aquí para aprender y cuando lo hayamos aprendido todo, dejaremos de reencarnar, ser un alma vieja no significa que seas mejor que los demás, más bien al contrario, que aprendes tan lentamente que necesitas reencarnar más veces. O que cometes tantos errores que te envían de vuelta una y otra vez a ver si esta vez lo haces mejor. Por supuesto, yo no pienso que la única razón para reencarnar sea aprender, ni tampoco que nadie nos envíe de vuelta. Podemos reencarnar simplemente porque nos apetece, ya sea para divertirnos de nuevo haciendo algo con lo que disfrutamos, o bien porque no queremos dejar solos a nuestros seres queridos, o sí, por qué no, a veces porque queremos salvar el mundo. Quién sabe. Lo que sí sé es que la evolución espiritual no existe, así que haber vivido muchas vidas tampoco implica necesariamente que seas mejor persona que los demás.

La única forma que tenemos para estar seguros de si un niño ha vivido antes —aunque seguramente todos los que vivimos en la Tierra llevamos aquí ya unos cuantos cientos de vidas— es que él mismo tenga recuerdos de vidas pasadas y nos lo haga saber de alguna forma (hay muchos que tienen pero enseguida aprender a callar, ya que sus padres no muestran ningún interés o directamente les dicen que están fantaseando). No hay más.

Bueno, eso no es del todo cierto, puede haber ciertos indicios que nos hagan sospechar que un niño está recordando una vida pasada. Son los mismos indicios que se aplican a cualquiera de nosotros, aunque parece ser que a una edad temprana son más frecuentes los recuerdos espontáneos y evidentemente determinados juegos, tener ciertas habilidades innatas, hablar en otra lengua o tener pesadillas recurrentes... adquieren mayor peso.


7. La Ley del Karma no existe.


Ya he hablado repetidas veces sobre esto, así que no me extenderé mucho. Cuando digo “Ley del Karma” me refiero a la creencia de que todo lo que nos pasa es consecuencia de algo que hicimos en una vida pasada. Así que si nos pasan cosas malas es porque nos las merecemos por algo malo que hicimos, y si tenemos una vida genial es porque también nos la merecemos como premio a haber sido buenos. No. Esto es el mismo viejo cuento que todas las religiones quieren hacernos creer. Los que recordamos vidas pasadas, sobre todo los que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que eso no es cierto. Las cosas malas pasan porque siempre hay personas a quienes les gusta hacer cosas malas. Otras veces es cuestión de buena o mala suerte, nada más. Y otras veces es cuestión de perspectiva, porque lo que para ti puede ser malo, puede que para otra persona sea bueno.

Todas tus acciones tienen consecuencias... o no. Si robas en un supermercado y no te pillan, eso no va a tener consecuencias ni dentro de diez días, ni dentro de diez vidas ni dentro de cien. Si sigues robando en supermercados, va a aumentar la probabilidad de que te pillen... al final te pillarán, y entonces tu acción sí habrá tenido una consecuencia. Pero si alguien te roba en un futuro no es porque la Ley del Karma exista. Es porque ese alguien es tan libre como tú de robar a quien quiera, igual que tú también eras libre de hacerlo o no. No está cumpliendo ninguna ley divina. Tampoco es porque los ladrones atraigan a los ladrones. La vida es así, no le des más vueltas.

Aunque suene así de simple, esta es una de las verdades más incómodas que existen dentro de la reencarnación. ¿Por qué? No lo sé, no lo comprendo. Posiblemente porque la gente en general necesita creer en cosas que den sentido al sufrimiento en el mundo. Si dejaron de creer en un Dios vengativo que castiga a los malos a ir al infierno, es lógico que ahora quieran creer en una ley cósmica que asegure que alguien malo, si no va a ir al infierno, pues que al menos sufra de alguna manera por lo que hizo. Así que cuando les dices que las cosas no funcionan así porque tú has recordado haber sido alguien bastante malvado y ahora estás aquí tranquilamente tecleando en el ordenador mientras te tomas una horchata bien fresquita en el calor del verano, y no sufriendo ninguna enfermedad grave, ni viviendo debajo de un puente, ni siendo amenazado de ninguna manera, eso les rompe sus esquemas y se revuelven contra ti.


8. Todo el mundo reencarna. Sí, los malvados también.


Es curioso comprobar una y otra vez cómo algunas personas piensan no solo que recordar vidas pasadas es algo raro y totalmente anormal, sino que la reencarnación es un fenómeno también extraño e infrecuente, y que si alguien reencarna tiene que ser por alguna razón, quizá porque le quedó algo pendiente por hacer. Así, es común oír hablar de “la reencarnada de Autol” o “los niños que retornan”, casi como si fueran lo mismo que apariciones fantasmales (de hecho hasta la música que suelen poner en la tele como acompañamiento de estos casos es algo siniestra). De vez en cuando también ves que alguien se pregunta “¿Seré yo un reencarnado?”, o escriben cosas como “Creo que esta es solo mi segunda vida”.     

Veamos, apelo de nuevo al sentido común. ¿Quién no deja cosas pendientes por hacer? ¿Quién lo aprende todo en una sola vida? ¿Quién tiene una vida lo suficientemente larga como para EXPERIMENTAR todo lo que se puede experimentar en la Tierra, desde todas las perspectivas posibles? Que no recuerdes tus vidas pasadas, no significa que “no tengas” vidas pasadas. Muchas personas no recuerdan sus sueños, y sin embargo se sabe científicamente que todos nosotros soñamos. De esto nadie se sorprende ya. Pero sí se sorprenden si les dices que la reencarnación es un fenómeno natural y universal. Natural porque forma parte de la vida. Universal porque no depende de nada que hayas hecho o dejado de hacer. Reencarnar no es un premio ni un castigo. Vivir en la Tierra es duro, pero eso no significa que alguien nos haya arrojado aquí para hacernos sufrir. Reencarnar es una elección personal. Nadie sabe por qué exactamente es así, pero tampoco nadie sabe por qué existen las estrellas y los planetas, ni por qué el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Si hay una razón trascendental detrás de todo ello, en el fondo no importa. Lo único que importa es que estamos aquí, reencarnamos, y lo más lógico es que queramos vivir en un mundo donde reine la paz y la armonía. Es lo más lógico, pero a la vista está que hacer del mundo un lugar ideal para vivir no es una de nuestras prioridades. Todo depende de nuestras propias decisiones.





9. El bien y el mal absolutos no existen. La justicia divina tampoco.


Junto con la Ley del Karma, esta es otra de las verdades que más cuesta aceptar a la gente. Los que creen en la reencarnación han superado en parte las mentiras que nos contaron las religiones sobre la existencia de un cielo y un infierno, pero aún les cuesta abandonar por completo la idea de que tiene que haber “Alguien” o “Algo” que mantenga el equilibrio en el universo. Los buenos tienen que recibir una justa recompensa y los malos tienen que recibir un justo castigo. Les gusta imaginar que la vida en el más allá es muy parecida a la del más acá, en el sentido de que seguimos siendo más o menos las mismas personas, y si volvemos en un cuerpo nuevo es con una pesada carga de nuestras vidas pasadas que incluye la obligación de pasar por ciertas malas experiencias para que podamos “liberar nuestras almas” de esas acciones malas del pasado. En definitiva, que nos permitan pagar nuestra “deuda kármica”.

Muchos que recuerdan vidas pasadas siguen pensando que la Ley del Karma existe, hasta ahí llega el poder de las creencias. Otros, los más sensatos, y sobre todo, aquellos que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que la Ley del Karma es una falacia. Lo sabemos porque no hemos encontrado ninguna prueba que apoye esa creencia. Las vidas buenas y malas se suceden sin ninguna relación entre ellas. Lo que prevalece son las emociones, los patrones mentales creados a consecuencia de ciertas vivencias, y posiblemente los sentimientos que provocaste en otras personas que se cruzaron en tu camino, personas a las que odiaste o amaste. Nada más. (Algunos llaman a esto karma, y yo no puedo impedírselo, aunque me encantaría hacerlo para que dejaran de sembrar confusión).

Pero ni siquiera hace falta tener recuerdos de vidas pasadas para comprender que la Ley del Karma no tiene sentido, porque lo que se considera bueno o malo en una sociedad varía a lo largo del tiempo y el espacio, por tanto no tiene ningún sentido que lo que hiciste hace mil años en una tribu africana te persiga hasta la actualidad para hacerte pagar por ejemplo con el mismo tipo de muerte que tú infligiste a alguien, las mismas veces que tú mataste. En el más allá somos seres espirituales, no humanos, por tanto solo se te puede juzgar en el contexto humano. En el más allá podrás reflexionar desde otra perspectiva, podrás aprender y sacar tus conclusiones, pero nadie ni nada hará que sufras por algo que hiciste, porque nadie te juzga más que tú mismo y el perdón es universal. Y cuando digo universal, es UNIVERSAL, algo que también les cuesta aceptar a todos aquellos que creen en la Ley del Karma.

Y por si a estas alturas hay alguien que aún no lo sabe: sí, sí hay personas que recuerdan vidas pasadas "malas". Hay unos cuantos asesinos en serie reencarnados por ahí (aunque el número se reduce bastante si solo tenemos en cuenta los que afirman serlo y tienen algo de credibilidad), muchos que no nos sentimos orgullosos de algunas cosas de las que hicimos, personas que murieron ejecutadas, generales militares nazis y no nazis, de todo...


10. Todo se basa en el libre albedrío.


Y esto es lo que más incomodidad, e incluso miedo, produce. Es mucho más tranquilizador pensar que estamos en manos del Destino, que no podemos cambiar nada y por tanto tenemos que resignarnos a nuestras vidas de sufrimiento. Es mucho más fácil pensar que “si algo pasa, es porque Dios lo ha querido”, así la responsabilidad siempre la tiene alguien externo a nosotros. Algunos llegan a pensar que todo en nuestras vidas está planeado, incluso nuestras muertes. Da igual lo que decidamos: todo tiene un porqué y aunque aparentemente tenemos libre albedrío, en realidad “Alguien” mueve los hilos para que tomemos la decisión que conducirá a aquello que está escrito.

La verdad es que en pocas ocasiones he visto tal grado de retorcimiento para no tener que aceptar que nosotros somos los únicos responsables de lo que ocurre en el mundo. Pero claro, muchos esclavos no sabrían qué hacer cuando se les da la libertad. Muchos esclavos quieren seguir siendo esclavizados, porque es mucho más cómodo cumplir órdenes y quejarte de las circunstancias, antes que tomar tus propias decisiones y hacerte dueño de tu futuro, aunque te equivoques, aunque eso te lleve a la muerte. Es así como aprendemos, tomando nuestras propias decisiones, haciéndonos responsables de nuestras vidas. Si no existiera el libre albedrío, no tendría ningún sentido vivir en el plano físico.

Por fortuna reencarnamos y tenemos infinitas oportunidades para seguir aprendiendo. Y sí, aprender es también una opción, por mucho que te digan que la única finalidad de reencarnar es aprender y evolucionar espiritualmente. ¿Quieres saber cuál es el propósito de la reencarnación? Tú tienes la respuesta. Eres tú el que le da sentido a la vida, eres tú el que decide qué hacer con las cartas que te han tocado. Algunas veces ganarás y otras perderás, pero jugarás cuando y como quieras.


Es tu decisión creerte lo que te cuentan o emprender tu propio viaje de autoconocimiento.



jueves, 12 de junio de 2014

¿Existe el libre albedrío?

Cuando muchos de nosotros descubrimos los libros de Michael Newton y/o escuchamos a otras personas hablar sobre la posibilidad de que elijamos nuestras vidas, desde el cuerpo que vamos a tener, nuestros padres, la región geográfica en la que vamos a nacer... hasta el más mínimo detalle de las experiencias que nos van a marcar, siempre acaba por surgir la pregunta: “Y bien, si resulta que todo está preplanificado, ¿dónde queda nuestro libre albedrío? ¿Qué sentido tendría la vida si toda está ya prefijado antes de nacer? ¿Decidimos de verdad, o en realidad es el Destino el que determina de antemano lo que vamos a decidir?”

Yo también me hice todas estas preguntas, claro. Cuando lo pienso, entiendo que a algunas personas les resulte un poco surrealista que antes de cada encarnación, cuando estamos entre el espacio entre vidas, vayamos a visitar a nuestros supuestos guías espirituales y ellos nos muestren en lo que parece una especie de pantalla tridimensional futurista o una atracción de realidad virtual varias posibles vidas futuras que nosotros podemos elegir vivir o no en función de lo que queramos hacer. Aunque yo mantengo mis reservas, siempre pienso: ¿por qué no? Y como soy curiosa y tengo un gran espíritu investigador, prefiero comprobarlo por mí misma y recordar si es posible... de momento no lo he logrado, pero sí he podido recordar varias vidas pasadas y eso me ha hecho reflexionar profundamente sobre esta cuestión: ¿elegimos o no nuestras vidas antes de nacer? Según Michael Newton, en esta especie de atracción futurista elegimos qué cuerpo vamos a tener, la familia en la que vamos a encarnar, las circunstancias que nos van a rodear, y los principales retos a los que nos enfrentaremos. No creo que en ningún caso lleguemos a ver toda esa vida, como mucho se nos enseñan los puntos clave en los que tendremos que actuar, y en función de esas decisiones o acciones, el futuro podrá ser distinto. Esto a mí me parece más lógico que pensar que antes de nacer estamos flotando en el cielo, vemos a una pareja feliz (o no), y decidimos encarnar en el futuro bebé que van a concebir estos padres. Esto es lo que describen muchos niños que recuerdan vidas pasadas... pero como en los casos de ECM’s, pienso que no debemos tomarnos todo al pie de la letra, y mi opinión es que en estos casos estos niños están interpretando de una manera simplificada lo que vieron o experimentaron en ese periodo de preplanificación junto a sus guías.

Aún así, no es imprescindible haber leído a Michael Newton para que estas interrogantes se nos planteen en un momento u otro de nuestro camino. Si la vida se rige por destino o azar es una pregunta que todos nos hacemos desde muy jóvenes, porque a veces realmente tenemos la impresión de que determinado encuentros o acontecimientos en nuestras vidas estaban planeados. Yo siempre he creído en el destino, pero a la vez siempre he pensado que nuestro libre albedrío es indiscutible. Porque, en efecto, sin él, nada tendría sentido, y mucho menos la reencarnación. Si se supone (solo se supone) que estamos aquí para aprender o para crecer espiritualmente, ¿cómo lo vamos a hacer si todo está ya planificado al detalle y se puede predecir lo que vamos a hacer o decidir en cada momento? Sin embargo, creo que pensar que absolutamente todo está preplanificado es lo mismo que pensar que la genética explica todo lo que somos. Está última afirmación es falsa. La genética solo indica una predisposición a padecer cierta enfermedad, a tener cierta personalidad, a desarrollar ciertos comportamientos... pero esto no quiere decir que siempre vaya a ser así, dependerá de muchos otros factores como la educación, el ambiente en el que hemos crecido, incluso nuestra fortaleza mental. Igualmente, venir a la Tierra con un guión sobre lo que pensamos hacer, no quiere decir que todo lo que venga en ese guión va a suceder así. Yo creo que siempre hay lugar para la improvisación.


Pero el momento en el que más profundamente reflexioné sobre este tema fue cuando recordé haber matado a alguien en una vida pasada. Muchos aseguran que las experiencias que vivimos en cada vida las elegimos nosotros. Bien, ¿significa esto que nosotros mismos elegimos ser asesinados, o ser víctimas de violación, o ser maltratados de niños por un padre o una madre? Si esto es así, ¿qué ocurre con el agresor? ¿Ha llegado a algún tipo de acuerdo con esta alma antes de encarnar para matarla/violarla/maltratarla? La verdad es que no llego a descartar del todo esta posibilidad (y lo digo por experiencia propia), pero no creo que sea así en todos los casos, ni que el grado de crueldad sea siempre el acordado antes por estas almas... es decir, las cosas se pueden desmadrar. Puede que yo acuerde con el que va a ser mi padre tener una relación conflictiva porque él va a ser alcohólico y yo necesito pasar por la experiencia de tener un padre alcohólico, por la razón que sea, pero quizá resulte que esa alma, una vez encarnada, se enfrente a una situación que le sobrepasa y la adicción le lleve a cometer actos que no estaban planeados. Pensar que alguien ha elegido ser víctima tiene un peligro evidente, y es pensar que eso, desde nuestro punto de vista del agresor, justifica nuestra acción. Eso te quita un gran peso de encima, de eso no hay duda. Sin embargo, creo firmemente que eso nunca es así. Creo que siempre podemos elegir. Aun cuando las cosas pasen por algo y acontecimientos como el Holocausto o el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki hagan que la humanidad se dé cuenta de que eso no debe volver a ocurrir (y por lo que vemos todos los días, aún no se ha dado cuenta y por tanto esos acontecimientos no sirvieron para nada, excepto posiblemente a nivel individual), las malas acciones nunca están justificadas y siempre podemos echarnos atrás en el último momento. La cuestión aquí tal vez sería “¿Por qué seguimos siempre eligiendo la opción equivocada?” O... ¿existen las opciones equivocadas? Tal vez no... En todo caso, tengo muy claro que la responsabilidad es nuestra y solo nuestra.

Por tanto, la visión personal que yo tengo sobre la preplanificación es que elegimos a grandes rasgos nuestra próxima vida: la infancia siempre es fundamental en el desarrollo de una persona, por tanto es lógico que elijamos a nuestros padres, y aquel entorno que nos va a permitir tener una base que nos permita llegar a donde queremos llegar. En ese guión va a haber unos puntos marcados con asteriscos por su importancia, aquellas experiencias por las que queremos pasar sí o sí. También habrá otros puntos menos importantes pero que son cruciales para llegar a los otros. Y luego, existirán infinidad de pequeños senderos y atajos que elegiremos o no, según lo que nos apetezca hacer en cada momento. Evidentemente, al nacer no recordamos conscientemente nada de esto, y por ello dicen que los guías espirituales están ahí para ayudarnos a decidir lo que más nos conviene. Y también es evidente que para que el guión se cumpla, se requiere la presencia de muchas otras personas que se cruzarán en nuestro camino y en cuyo guión tal vez también estemos nosotros, dando lugar a un intrincado entramado de contactos y decisiones que se toman minuto tras minuto, que van construyendo poco a poco nuestro futuro.

Sea como sea, creo que el libre albedrío es nuestro derecho fundamental como seres espirituales, totalmente inviolable. Nosotros somos los amos de nuestra existencia, decidimos cuándo queremos reencarnar, cuándo queremos morir, y qué queremos hacer, tanto en este plano como en el plano espiritual. Creo que es un error intentar extrapolar nuestra visión humana al mundo espiritual y pensar que en el otro lado somos como niños a quienes nos imponen unas obligaciones, con unas reglas fijas y unos señores ancianos que velan por el cumplimiento de las leyes... Otra cosa es que existan seres con más experiencia que nosotros y que nosotros acabemos cediendo a sus consejos, aunque sea a regañadientes, porque en el fondo sabemos qué es lo que nos conviene...


Una teoría que me gusta mucho personalmente es aquella que dice que en este guión también existen unas “puertas de salida”, es decir, varios puntos en los que si queremos podemos decidir morir... bien porque pensemos que ya lo hemos hecho todo, o bien porque queremos tirar la toalla, abrumados por los acontecimientos. Nuestro espíritu o yo superior siempre es más sabio que nosotros... y quizá se manifieste a través de nuestra intuición y haga que en el último momento decidamos no subir a ese avión que se estrella o no acudir a ese lugar en el que hay un atentado terrorista. Muchos piensan que esto es el Destino de esa persona, que “no era su hora”. Pero en este caso, yo siempre pienso: “¿Pero sí era la hora de las otras 247 víctimas del accidente?” ¿Planeamos nuestra muerte en accidentes... o fue de verdad un “accidente”? Si estuviera planeado, ¿no sería más fácil para algunas de estas personas aceptar haber muerto cuando aún tenían tantas cosas que hacer? Yo siempre digo que la casualidad no existe, pero no descarto que sean posibles los dos casos... Lo cierto es que aún no tengo una conclusión definitiva. Y creo que hay muchos misterios de la vida (y la muerte) que solo podremos esclarecer cuando por fin lleguemos al otro lado...

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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