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domingo, 6 de agosto de 2017

¿Eres un reencarnado? (Crítica)

Hace unos días una compañera del foro posteó este audio que Santiago Camacho había publicado en su canal de Ivoox con fecha 30 de julio de 2017. En él habla, entre otras cosas, de cómo puedes saber si eres un reencarnado. Para el que no lo sepa, Santiago Camacho es un periodista y escritor español, colaborador del programa de televisión Cuarto Milenio, y especializado en teorías de la conspiración. Santiago Camacho no me cae mal, he de reconocerlo, y su audio tampoco es que fuera un horror, hay que ser sinceros, pero aún así le voy a dar una sugerencia que extiendo a todos los llamados “periodistas del misterio”: dejad la reencarnación para los verdaderos especialistas. Por favor os lo pido.

A continuación voy a analizar el citado audio, el cual podéis escuchar aquí, a partir del minuto 22 aproximadamente:

Bueno, así en general me parece un resumen de lo más superficial, lo cual no me sorprende porque es algo a lo que ya estoy bastante acostumbrada en este país, donde los únicos que hablan públicamente de reencarnación son periodistas como él que se han pasado una tarde buscando información en internet para hacer su reportaje, o lo que es aún peor, espiritistas en conferencias “esotéricas” donde te sueltan todo lo que han aprendido en sus doctrinas prefabricadas. Yo llevo seis años investigando en serio la reencarnación, recuerdo múltiples pasadas y he escrito ya dos libros sobre el tema. Posiblemente soy la mayor experta que existe en reencarnación en este país y conmigo no contacta nadie. Es curioso… Quizá soy demasiado seria para lo que andan buscando. Lo peor es que, según Santiago Camacho, hay muchas personas que dicen recordar vidas pasadas que le escriben a él, no sé muy bien para qué… Claro, así va el mundo.

En cualquier caso, Santi (le llamaré así para abreviar y porque total, le conozco de hace muchos años), dice que en su opinión “no son desdeñables los casos de niños con recuerdos o habilidades especiales”. Ya estamos como siempre. De las regresiones, ni habla, porque ya da por supuesto que son controvertidas y mejor ni mencionarlo. Ahora, los niños sí, por alguna razón lo que dicen los niños va a misa, cosa con la que no estoy de acuerdo, como ya expliqué un día. Y por mi parte he de añadir que si no quiere considerar las regresiones, vale, pero es que hay montones… digo bien, MONTONES, de adultos que empezaron a recordar siendo niños pero siguen teniendo recuerdos espontáneos cuando son adultos. Sin ir más lejos, hace unos pocos días me reuní con una chica de Serbia, que además de contarme que no puede meditar porque es demasiado nerviosa, le es imposible leer libros escritos por su supuesta personalidad pasada porque mientras lee le vienen a la mente escenas en primera persona de cuando ella, en su vida pasada, estaba supuestamente escribiendo ese libro, escenas con todo lujo de detalles. Ha sido incapaz de acabar una sola novela de ese escritor porque es literalmente asaltada por los recuerdos. Pero, por alguna misteriosa razón, estos casos continúan siendo ignorados por todo el mundo, incluidos la gran mayoría de investigadores de reencarnación, lo cual es bastante triste.

A continuación Santi pasa a enumerar una serie de “síntomas” o indicios que te pueden hacer pensar que eres “un reencarnado”. Ya los términos de “reencarnado” o “tener otras vidas” me disgustan bastante. “Ser un reencarnado” es como decir que “eres un aparecido”, un fenómeno paranormal, cuando la gran mayoría de investigadores serios de reencarnación (yo entre ellos) están de acuerdo en afirmar que, si la reencarnación existe, es un fenómeno natural y universal. Mientras no lo consideremos como tal, las cosas no van a cambiar y seguiremos siendo considerados poco menos que unos alucinados confundidos que desean volver a tener cuerpo físico después de muertos. Es que somos raros, raros… No, querido Santi: lo más probable es que todos, repito, TODOS, hayamos reencarnado. Lo raro no es reencarnar. Lo raro es recordar vidas pasadas… aunque no tan raro como la mayoría de la gente piensa.

Antes de pasar a la lista de “síntomas” (espero que no utilice esta palabra porque en el fondo piensa que estamos enfermos mentalmente), advierte, eso sí, que lo tomemos como un divertimento. O sea, que ya de entrada piensa que lo que está diciendo no es nada serio y haremos mejor tomándonos esto de la reencarnación a chirigota. Siento discrepar: solo parte de lo que dice es poco serio, diría que el 50%. Pero tener recuerdos de vidas pasadas, sentir ciertas afinidades, tener fobias inexplicables, identificarte con determinados periodos históricos… no, eso puedo asegurarte que es MUY serio. Todo eso ha sido estudiado científicamente por investigadores como Ian Stevenson y no debería ser visto como divertimento. Creo que es una realidad. Añadiría a esa lista un tema muy importante como es la disforia de género, y también, juegos de infancia, a los que Stevenson dedica, al menos, un artículo de los muchos que escribió sobre posibles vidas pasadas. Sobre tener recuerdos de vidas pasadas podría estar hablando años, obviamente, pero aquí solo voy a incidir en un aspecto: no, NO ES NINGÚN DIVERTIMENTO. Tener recuerdos de vidas pasadas es especialmente jodido. Si los periodistas hicieran su trabajo solo un poquito mejor y entrevistaran a cualquier usuario de mi foro (si se dejan, que lo dudo), se darían cuenta de ello. Pero por lo visto en este país se prefieren los análisis superficiales.

Después hace hincapié en lo de que tener recuerdos es sobre todo por los “recuerdos de niños muy pequeños que han nacido en países como la India o donde la religión mayoritaria es el budismo”. Genial, ya estamos contribuyendo a la perpetuación de mitos sobre reencarnación. ¿En qué década vives, Santi, en los años 70, en los años 90? Desde entonces ha habido docenas de casos estudiados en niños occidentales, y, por supuesto, también numerosos testimonios de ADULTOS (otra vez) que han empezado a recordar ya a edad avanzada. Solo hace falta preguntar y te salen unos cuantos casos de madres occidentales que piensan que su niño o niña podría haberles estado hablando de una vida pasada. Que, digo yo, a ver si nos actualizamos un poco, ¿no?

Luke Ruehlman, solo uno de los casos de niños occidentales con recuerdos de vidas pasadas.

Poner el ejemplo del Dalai Lama sobra totalmente, a no ser que Santi quiera sembrar la duda y desprestigiar la reencarnación, porque si de verdad alguien puede pensar que tener recuerdos de una vida pasada es equivalente a que un niño de dos o tres años pueda escoger (y acertar) al azar una serie de objetos que pertenecieron al difunto Dalai Lama, apaga y vámonos. Que sí, que entiendo que nombrar a gente “santa” como el Dalai Lama hace que los típicos crédulos se deslumbren y piensen que la reencarnación existe solo porque lo dicen los budistas, pero no, eso no tiene nada que ver con la realidad de la existencia de la reencarnación en países occidentales.

El resto de afirmaciones con las que nos deleita Santi parecen sacadas de las enseñanzas de la Nueva Era, empezando por el desacertado término de “almas viejas”. Me saca de quicio. ¿Así que todos los que hemos reencarnado somos “almas viejas”? ¿Qué significa ser un “alma vieja”? Yo te lo digo: NADA. Puedes haber reencarnado dieciocho mil veces que puedes seguir siendo de lo más inocente. Ser viejo no es sinónimo de ser más sabio o haber vivido más. Depende de tus experiencias.

Y las generalizaciones no ayudan: “Las almas viejas tienen mayor empatía y mayor altruismo”. ¿En serio? Pues yo recuerdo unas cincuenta vidas pasadas, y te puedo asegurar que mi nivel de altruismo y empatía no es superior al de la media de la población. ¿Que a la gente le gusta creer que cuantas más veces has reencarnado, más “evolucionado” estás y por tanto más empático y altruista eres, vamos, casi como un santo? Pues sí. ESO es una creencia que NO se corresponde con la realidad.

Otra generalización: “Las almas viejas son más sensibles y tienen capacidad de precognición y retrocognición”. ¿En serio? Pero, ¿alguien ha hecho una estadística sobre esto? Muéstrame los datos, Santi. Según lo que yo he visto, pues depende: no creo que entre los que recordamos vidas pasadas haya más proporción de personas sensibles o con capacidades de precognición y retrocognición que respecto a la población general. Hay gente muy sensible, hay gente muy intuitiva, hay gente con sinestesia… y también hay gente que parece un tronco. Yo soy una de estas últimas.

Muchos de los que recordamos vidas pasadas nos sentimos un poco extraños en este planeta, eso es cierto (yo en concreto, no al planeta en sí, sino en cuanto a sus habitantes, especialmente los ignorantes y primitivos). Y también muchos nos sentimos un poco ajenos a nuestra propia familia. Pero no, ninguno de nosotros ha necesitado ayuda psicológica por ello, aunque agradezco a Santi su preocupación por nuestra salud mental.

También le agradezco que diga que “la reencarnación pertenece al ámbito de las creencias, y por ello es respetable y debe ser respetada”, aunque ninguno de los reencarnacionistas (véase definición real y no la antigua que es sinónimo de “creyente en la reencarnación”) que conozco y que han escuchado su audio están de acuerdo. A mí me ha parecido que en el fondo no le da mucha importancia a esto de la reencarnación y nos trata de forma un poco condescendiente, como si dijera: “Mejor dejadlos solos con su locura”. “Creed lo que queráis, total, mientras no hagáis daño a nadie…” Así que le dejo con todo cariño el gran comentario de una de mis compañeras de foro, que se mostraba en desacuerdo a su afirmación de que la reencarnación pertenece al ámbito de las creencias:

Saber no es creer. Tener evidencias no es creer. 

El problema es que a vosotros, todos los que lo veis desde fuera, os falta información y experiencia. Es algo que entiendo, pero al menos, si no tenéis suficiente información ni experiencia propia, hacednos un favor a los reencarnacionistas y no contribuyáis a la propagación de mitos, que ya tenemos suficiente con lo nuestro. Gracias.

sábado, 28 de noviembre de 2015

La vida de un reencarnacionista... es durilla.

Por supuesto, me refiero a un reencarnacionista de pura cepa (véase definición), no me valen los meros “creyentes en la reencarnación”. Y este blog es una buena prueba de lo dura que es la vida del reencarnacionista, sobre todo si eres una “activista” como yo y no te escondes en tu casa pensando que no vale la pena hablar de tus experiencias, sea por la razón que sea.

Las dos últimas semanas has sido especialmente intensas, después del breve descanso que me tomé justo después de publicar mi libro. Mi trabajo como reencarnacionista supone moverme mucho en foros, estar al tanto de todo lo que se publica en internet sobre reencarnación (que por desgracia el 99% son refritos de artículos publicados hace mil años), hablar con otros reencarnacionistas (que es la parte más agradable y satisfactoria), investigar en los últimos avances científicos para seguir construyendo mis propias hipótesis sobre el mecanismo de la reencarnación, escribir para mis blogs, escribir en mis diarios privados, investigar para seguir verificando mis recuerdos... y además, nunca dejo de recordar y/o sentir emociones relacionadas con mis vidas pasadas. Lo de las emociones de vidas pasadas está estrechamente relacionado con las emociones que me producen ciertos acontecimientos en la vida real, no en vano los triggers son una de las principales formas que tenemos para recordar, posiblemente debido a la estrecha relación que hay entre los recuerdos y su contenido emocional.

Parece ser que los reencarnacionistas somos especialmente sensibles a las desgracias que ocurren en el mundo. Creo que somos mucho más conscientes que la media de la población del sufrimiento que suponen ciertas decisiones que por lo general toman los poderes políticos desde los cómodos sillones de sus despachos. Eso nos entristece profundamente, además de crearnos un gran desasosiego interno acompañado de un fuerte sentimiento de furia e impotencia porque sabemos que no podemos cambiar nada, o muy poco. Muchos se quejarán y dirán que no me venga arriba ni me crea superior a ellos por ser reencarnacionista, que ellos también lo pasan mal viendo el sufrimiento en el mundo y son igual o más de compasivos que yo. Sí, es posible. Que me perdonen estas personas, pero creo que no tienen ni idea de lo que es recordar vidas pasadas, y por tanto no son capaces de sentir lo mismo que yo en cuanto a empatía o compasión se refiere.


Los reencarnacionistas somos los únicos que podemos de verdad ponernos en el lugar del otro, aunque sea algo que no hemos vivido en esta vida, sino en otras. Tenemos los recuerdos y los sentimientos a flor de piel. Con frecuencia aún estamos tratando de superar los traumas que un hecho del pasado remoto nos causó en el alma. Con frecuencia aún sentimos el dolor que nos supuso perder a alguien, el dolor que nos supuso una muerte a destiempo, la rabia que sentimos por no poder parar una guerra que destruyó todo lo que teníamos, el miedo de un soldado empujado a luchar y a matar sin saber muy bien la causa por la que lo hace. Por ello, en cada soldado que muere, en cada refugiado que huye de su hogar, en cada víctima de abuso sexual (añadir aquí la experiencia concreta que cada uno haya revivido)... nos vemos a nosotros mismos. Volvemos a sentir lo que eso supone. Eso es lo único que te hace comprender ese dolor (de ahí que reencarnemos, probablemente).

Al mismo tiempo, mientras vivimos nuestra vida presente, tenemos que ser testigos de cómo la misma historia se repite una y otra vez. Pones la televisión y te parece que aún vivimos en la Edad Media, cuando la vida de un ser humano no valía nada. Sé de varios compañeros que vivieron en primera persona las guerras religiosas que tuvieron lugar en Europa en el siglo XVI, y ves que han pasado quinientos años y las cosas siguen igual. Todo el mundo anda enloquecido y matando en nombre de su dios. En cualquier momento tu vida puede estar seriamente en peligro por un bombardeo, quedarte literalmente sin nada por haberte convertido en refugiado, o tener que morir por dejarle un futuro decente a tus hijos. Y no hay nada más desalentador que ver todo eso y pensar: “Yo ya he vivido todo esto antes. ¿Cuántas veces más tengo que vivirlo? ¿Cuándo va a cambiar la humanidad?” Y no hay respuesta. Lo único que sé es que esto ha sido así desde que el hombre es hombre, y no parece que esto vaya a cambiar en el futuro próximo.

Y mientras (sí, aún hay más), no solo te siguen llegando recuerdos... También tienes que tener una paciencia infinita para explicarles a la gente por qué estás convencido de que la reencarnación es una realidad, sabiendo que jamás te van a comprender mientras no tengan recuerdos propios. Porque esto no se trata de una “teoría” o una “creencia”. Yo sé muy bien diferenciar mis propios recuerdos de lo que no son recuerdos. Puedo incluso diferenciar cuándo lo que veo son recuerdos propios o, quizá, podrían pertenecer a otra persona. Sé muy bien cuándo estoy soñando y cuándo no. Yo sé cómo he obtenido la información relativa a mis vidas pasadas y cómo he podido verificarlas. Yo he visto mi retrato en una vida pasada y sé lo que han dicho otras personas acerca de nuestro parecido físico (incluyendo a parientes que apenas sabían nada de mis recuerdos). Eso no es ninguna “teoría”. Eso no es una ilusión de mi mente, ni un deseo de ser otra persona (sobre todo porque esa persona no fue perfecta ni mucho menos). Eso es reencarnación, simple y llanamente. Y por muy radical que suene siempre lo he dicho y siempre lo diré: el que aún duda de la reencarnación es porque no recuerda vidas pasadas o porque no tiene la suficiente información. Pero día tras día tienes que ser educado y paciente y dejar que los demás piensen que eres un iluso con poco cerebro, solo por hacerles pensar un poco para que, con un poco de suerte, se pongan a investigar y a recordar por sí mismos, si es que de verdad quieren una respuesta.

Esta es mi vida. Hay veces que me siento como Frodo a punto de llegar a Mount Doom, aunque la verdad es que después de todo no me puedo quejar. He conocido vidas peores... Y lo bueno es que el viaje te cambia tanto como le cambió a él.    


domingo, 5 de abril de 2015

¿Se puede ser reencarnacionista e investigadora a la vez?

A raíz de determinados acontecimientos después de publicar mis dos últimas entradas, he estado dándole vueltas a esta cuestión. He compartido mis pensamientos con otros reencarnacionistas (recordemos una vez más que con esto me refiero a personas que RECUERDAN vidas pasadas), y me ha agradado comprobar que en líneas generales estaban de acuerdo conmigo. De hecho, no es que no puedas ser reencarnacionista y dedicarte a investigar seriamente la reencarnación (y a publicar trabajos serios sobre ello), sino que en un mundo perfecto, deberíamos ser los reencarnacionistas quienes investigáramos la reencarnación. ¿Por qué? Porque solo nosotros, repito, SOLO NOSOTROS, podemos saber lo que significa realmente recordar vidas pasadas.

Como me he movido siempre en un ambiente académico relacionado con las ciencias de la salud, pondré un ejemplo médico: ¿puede un médico cualquiera investigar el virus Ébola? Sí, por poder, claro que puede. Si es un buen científico (que esta es otra historia), lo hará bien. Pero lo que nadie puede negar es que nunca sabrá lo que realmente implica sufrir una fiebre hemorrágica hasta que no haya estado en persona en algún lugar de África viviendo una epidemia de Ébola. Hasta que no se haya puesto el traje de seguridad biológica de nivel 3 y se haya pasado una hora tratando a pacientes con Ébola, no sabrá de verdad lo que es el Ébola. Y cuando vuelva a su país, no solo habrá pasado por una experiencia que muy pocos conocen, sino que además el horror de lo que ha vivido no se borrará jamás de su mente, y esto posiblemente le llevará a querer investigar con mucho más ahínco para conocer mejor el virus y poder desarrollar mejores armas contra él. Esta persona no solo tendrá la teoría, sino que tendrá también la práctica. Además estoy segura de que su amargura y decepción no tendrán límites cuando sea testigo de cómo los que no han vivido de cerca tal situación tratan de buscar soluciones desde la comodidad de sus despachos, tomando decisiones que no serán las correctas o ideando protocolos de actuación que no se ajustarán a las necesidades reales.


Bien, pues lo mismo ocurre con la reencarnación. Desde que empecé a recordar me he encontrado con montones de gente que creen en ella, que desean conocer más porque lo ven como algo posible, o que han investigado durante años el trabajo de campo que hicieron otros hace más de treinta años. Estos últimos pueden llegar a pensar que son unos expertos en la materia. Pueden incluso llegar a pensar que solo ellos cuentan con la autoridad suficiente para decidir si lo que recuerda una persona merece su atención o no. Pueden decirte que tus recuerdos e incluso tus verificaciones, que tanto tiempo te ha llevado obtener, no significan nada, simplemente porque comenzaste a recordar de adulto o porque esos recuerdos te vinieron mediante autohipnosis. Están tan desconectados de la vida real que incluso pueden calificar tu trabajo de poco serio si no has publicado un artículo en una revista científica.

Y, sin embargo, no tienen la menor idea (o solo lo saben “de oídas”) de lo que supone recordar. Suponen que es difícil distinguir un sueño normal de un sueño de vida pasada porque jamás han tenido un sueño de vida pasada. Se asustan al escuchar la palabra “hipnosis” porque jamás se les ha ocurrido probar una de esas grabaciones tan populares en Youtube. Piensan que todos los adultos que recuerdan tienen la misma capacidad de discernimiento que una rana y por ello dan más fiabilidad a lo que dice un niño de tres años. Tampoco son conscientes de la intensidad emocional y las secuelas psicológicas de algunos recuerdos traumáticos. Están tan preocupados en la clasificación y en la nomenclatura de sus datos que se olvidan de que detrás de esos recuerdos, que pueden ser más o menos exactos, hay personas cuyo comportamiento y forma de pensar han venido durante años determinados por algo que vivieron hace siglos. No conocen el proceso por el cual los recuerdos comienzan a aflorar de tu subconsciente y se convierten en parte de ti, dándote la respuesta a muchas de tus preguntas y ayudándote a enfrentarte a los problemas de tu vida actual. Francamente, yo jamás contaría a este tipo de investigadores lo que he pasado para llegar hasta aquí. Tendría la impresión de estar hablando con unos escolares que aún no saben distinguir entre virus y bacterias, cuando yo lo que quiero es tratar con alguien que comprenda de verdad lo que es el miedo de pincharte con una aguja contaminada o ver a alguien frente a ti desangrándose por las hemorragias espontáneas que le provoca el virus Ébola. En cierto modo, es muy parecido a lo que sentimos todos aquellos que recordamos vidas pasadas militares. Solo el que ha luchado en una guerra puede comprenderlo.


He de reconocer que me cuesta bastante ser optimista. Pero por un día lo voy a ser.

Señores investigadores de la reencarnación (si es que en España hay alguien que de verdad investigue con la misma seriedad, rigurosidad, formación científica y experiencia que yo): las cosas van a cambiar. No sé cuándo, pero lo van a hacer. Hay una generación entera de jóvenes muy bien formados que recuerdan vidas pasadas y que quieren demostrar que la reencarnación es un hecho. Estos jóvenes saben muy bien de lo que hablan, no son unos fanáticos religiosos ni creen ciegamente en nada, salvo en lo que la ciencia puede explicar. La ciencia necesita un nuevo enfoque, nuevas hipótesis, nuevas formas de experimentar. No podemos seguir anclados en el pasado, repasando una y otra vez lo que otros autores dejaron escrito en sus obras hace cuarenta años como si eso fuera algo novedoso. Los niños que recuerdan vidas pasadas están muy bien, y sin duda para muchas personas son una gran evidencia de que la reencarnación existe y es un fenómeno natural y universal. Pero hay mucho más aparte de los niños. Hay montones de personas que recuerdan sus vidas pasadas y que hablan de ellas con naturalidad, y una gran parte de estas personas tienen el cerebro y la inteligencia suficientes como para distinguir fantasía de realidad. Además de tener una gran experiencia para poder ayudar a otras personas que también empiezan a recordar, pueden hacer estadísticas, realizar gráficos y analizar cuantitativa y cualitativamente los datos que obtengan de sus investigaciones. También pueden relacionar esos datos con nuestros conocimientos actuales en numerosas disciplinas, desde la biología a la física cuántica, y sacar conclusiones que dejarán atónitas de una vez y para siempre a toda la comunidad científica.

Aún así, costará mucho convencerles, porque el grado de materialismo al que hemos llegado es altamente preocupante. Por desgracia no vivimos en un mundo perfecto y a los que realmente sabemos de reencarnación y de recordar vidas pasadas nos tratan de silenciar, nos dicen que nuestros recuerdos son basura en su mayor parte, o nosotros mismos elegimos callar, porque de todas formas sabemos que casi nadie nos va a comprender.

Pero no importa, porque eso va a cambiar.

Tal vez solo esté soñando, pero Einstein también soñaba. Kekulé también soñaba. Muchos buenos científicos lo hacen, y saben la Verdad mucho antes de poder demostrarla. Con la inversión actual que hace mi país en investigación, no creo que yo pueda llegar a demostrar nada, al menos no en esta vida. Pero tarde o temprano nos darán la razón a los reencarnacionistas. Y espero estar aquí para verlo.

lunes, 9 de marzo de 2015

Qué es ser reencarnacionista (para mí).

El otro día navegando por la red vi que hay otras personas que también utilizan la palabra “reencarnacionista”. Sin embargo, observé que para algunos esa palabra tiene cierta connotación negativa porque para ellos parece ser sinónimo de “ferviente creyente en la reencarnación”, próximo a una especie de fundamentalista religioso. Olvidaron especificar cuál es su propia definición de reencarnacionista, porque como se puede ver en la columna lateral del blog, esta palabra aún no está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por tanto, por “reencarnacionista” cada uno entiende lo que quiere.

Hoy me apetecía profundizar en esta cuestión. Como ya he comentado alguna vez, para mí lo más importante no es “creer” o no —la creencia en ella no es un requisito indispensable para recordar o para que tu hijo te diga que antes tenía otra madre—, sino tener recuerdos propios. Tampoco me vale una regresión aislada o un sueño que tuve hace cuarenta años que no me resuelven mis dudas. No. Recordar vidas pasadas supone enfrentarte también a una serie de emociones que surgen de tu interior y a una serie de preguntas trascendentales que te vas haciendo a lo largo del camino, las cuales te arrastran más y más y te llevan a continuar en tu búsqueda espiritual. Esto no significa que “recordar” te haga creer en la reencarnación instantáneamente. Esto es un proceso muy largo con muchas fases, distintas para cada uno. A veces utilizo las palabras “recuerdo” o “recordar” solo por una cuestión de ahorro, no porque esté segura de que todo lo que sale en una meditación sea de verdad un recuerdo. Siempre debemos mantener una actitud racional e investigar esos posibles recuerdos, tratar de verificarlos, y si eso no es posible, siempre ser conscientes de que hay un margen para el error.

Recordar vidas pasadas supone establecer una conexión con tu alma, yo superior o como cada uno quiera llamarlo, que ya no va a desaparecer. Aunque para muchos sea algo difícil de comprender o de llevar a cabo, la meditación tiene esos efectos: es como un entrenamiento cerebral que poco a poco te hace ser más intuitivo, te hace estar más alerta de las señales que tu alma te envía constantemente. Al principio mis recuerdos llegaron como un violento tsunami que amenazó con ahogarme. Hoy llegan gota a gota, pero la conexión siempre está ahí, y cuando menos te lo esperas, ocurre algo en la vida real que te hace recordar que todo sigue igual: esa persona que fuiste, las emociones que sentiste, están todavía vivas. Como siempre decimos, la muerte no existe, y el pasado se convierte en presente para los reencarnacionistas.


Ayer me ocurrió cuando vi el reportaje sobre la capitán Zaida Cantero. Podría decir que sufrí un trigger en toda regla. No me vinieron muchos flashes, pero sí muchas emociones que llegaba a sentir quemándome en el plexo solar y que me hacían viajar a dos de mis vidas pasadas. Solo siendo testigo de sus silencios, adivinando el calvario por el que ha tenido que pasar durante largos años, y sobre todo, viendo cómo una vez más reinan la impunidad y la injusticia en algo tan serio como son los abusos sexuales, me hervía la sangre. Volvía a verme a mí misma ignorada por la sociedad, atrapada, condenada al silencio porque sabía que nadie me iba a ayudar, en unos tiempos en que las mujeres eran mucho menos de lo que somos ahora. Muchas mujeres pueden sentirse identificadas, eso no lo dudo. Pero no es lo mismo sentir empatía o compasión por alguien, que comprenderla al cien por cien por haber vivido algo similar. De hecho, si a ti también te hierve la sangre o sufres de alguna reacción emocional muy intensa como taquicardias, náuseas o bajadas de tensión cuando conoces casos similares al de Zaida, y sabes que en esta vida no has sufrido ningún tipo de abuso, tal vez te venga de una vida pasada.

Para mí, ser reencarnacionista supone mucho más que sonreír ante la perspectiva de volver a vivir, creer en almas gemelas, encontrar en el karma las respuestas a nuestras eternas preguntas o soñar con haber sido aquello que siempre hemos querido ser. Ser reencarnacionista y sentir, hoy, en tu propia piel, las emociones que originaron los traumas que te ocurrieron en el pasado, supone hacerte mucho más sensible a las injusticias que aún siguen ocurriendo en nuestro mundo. Estar seguro de que vamos y venimos continuamente no nos hace menos responsables de lo que ocurre en él, “porque al final no pasa nada”. Más bien al contrario, nos hace ser mucho más conscientes de que no hay karma que valga, y que somos nosotros, con nuestras propias decisiones, los que hacemos que el mundo sea como es.

Cuando pienso en casos como los de Zaida, no es la “maldad” del agresor lo que más me quita el sueño. Me duelen mucho más la complicidad y el silencio de todos los testigos que estuvieron allí y no tuvieron la fortaleza de ponerse de su lado. Me hace recordar —una vez más— que el progreso de la especie humana es exasperantemente lento. Además me produce mucha tristeza porque me pregunto si en una próxima vida Zaida también tendrá que hacer frente a las secuelas psicológicas de haber sido acosada laboral y sexualmente, como me ocurre a mí. Lo bueno es que me devuelve las ganas de luchar por aquello que creo que es justo, y despierta en mí el lado rebelde que en otras ocasiones me ha llevado a finales no muy agradables.

Ser reencarnacionista es viajar a lo más oscuro del ser humano. Para mí supone una veteranía en esto de recordar. Es haberte dado cuenta de que recordar vidas pasadas es un cambio muy profundo en tu forma de ver las cosas. Es una forma de vida. Tiene muchas cosas buenas, pero también hay etapas muy duras. Recordar vidas pasadas no es un mundo de color rosa lleno de luz y amor, aunque muchos aún continúen pensando así. Si tú aún lo piensas, te diría que aún no eres un verdadero reencarnacionista... pero mi definición de reencarnacionista aún no está aceptada por la RAE, así que no puedo llegar tan lejos. Si quieres, puedes contarme en los comentarios qué tipo de reencarnacionista eres tú.

domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Quiénes son los locos aquí?

No tengo ni idea de cuántos reencarnacionistas existirán en el mundo ahora mismo. Me refiero a reencarnacionistas “de verdad”, que recuerden sus vidas pasadas y que tengan buenas razones para pensar que la reencarnación es un hecho, no que crean en la reencarnación solo porque su religión se lo ha dicho así. Probablemente eso dejaría fuera a la mayor parte del mundo oriental, así que nos quedaríamos solo con el mundo occidental. Dentro del mundo occidental, hay una clara distinción entre el mundo hispanohablante (aquí opino sobre todo por lo que veo en España, que es el país donde vivo) y el mundo anglohablante. Calculo que hay una diferencia de unos 40 años en cuanto al tiempo en que se lleva investigando. Y este tiempo es directamente proporcional a la seriedad con la que se habla de la reencarnación (si bien la seriedad no es tanta como la que sería de esperar, para nuestra desgracia). Mi visión del “mundo” es bastante reducida, a pesar de que internet me la ha ampliado en cierta medida. Por ello creo que podría asegurar que en el mundo anglohablante el sector de la población que se toma en serio la reencarnación puede que sea de un 5%. En el mundo hispanohablante este porcentaje se reduciría a un 0.0001%. Básicamente se reduce a mi casa, unos pocos “vecinos” virtuales, y unos pocos al otro lado del charco. Los demás se lo toman a chirigota o se ahogan en un mar de dudas…

Sí. Son cálculos aproximados. Y bastante sesgados, seguramente. En realidad escribo esto porque necesito llorar un poco. Recordar vidas pasadas es un camino muy duro, y en ocasiones muy solitario. Todos los días me dan ganas de cerrar el blog, pero no sé por qué todos los días acabo encontrando otra razón para no cerrarlo. La más importante es que soy muy testaruda y no me rindo con facilidad. Y otra es que este blog no lo hago solo yo, aunque lo parezca. Hay muchas otras personas que aunque prefieren seguir en el anonimato (y muchas ni siquiera sabrán nunca lo que han significado para mí), están detrás de este trabajo. Almas invisibles (encarnadas, por supuesto) que con sus experiencias, sus ánimos, sus consejos, su compañía a lo largo de todo este tiempo, desde que me embarqué en esta aventura, están ahí siempre y me hacen sonreír cuando lo necesito, cuando las fuerzas flaquean y es necesario un respiro para poder continuar. Porque en este mundillo, o te tomas las cosas con humor, o mueres.


Recordar mis vidas pasadas supuso una profunda transformación para mí. Y llena de buenos deseos, infinita paciencia y dispuesta incluso a que desconocidos conozcan mis propias miserias, arriesgándome a ser juzgada y a que me llamen loca, intento compartir mis conocimientos con otras personas que también se hacen preguntas y están buscando su propia verdad. Pronto te das cuenta de que no merece la pena hacerlo. Son más los sinsabores y las inconveniencias que el beneficio que me pueda aportar… una pérdida de tiempo y energía que no lleva a ninguna parte, a no ser que encuentres a las personas adecuadas con quien compartir esas experiencias. La batalla está perdida desde el principio.

Sin embargo, aunque seas consciente de ello, duele de todas formas. El mundo está loco, lleva loco desde hace milenios, y nadie puede cambiar eso. Y por muy buenas intenciones que tengas, sabes que los locos serán siempre mayoría. Así que te resignas a hacer tú el papel de loco, a que te ataquen por decir lo que piensas, a aportar “pruebas” de que lo que dices es por algo, a que te expulsen de ciertos círculos o a cargar con una mala fama inmerecida por querer llevar un poco de sentido común a esos círculos, a tener que escuchar una serie de sandeces dirigidas con mala intención porque piensan que tienes cuatro años y pueden tomarte el pelo, a ponerte en el mismo saco de aquellos que hablan de reencarnación sin tener ni idea de lo que significa recordar vidas pasadas, o a ser tachada de intolerante cuando son “ellos” los que te rechazan porque tu planteamiento no entra dentro de sus esquemas mentales… Nadie lo dice abiertamente, pero en el fondo les importa un bledo lo que les digas. Su propia ceguera les impide ver más allá.

Y mientras, resulta que sales a la calle y hay gente que adora estatuas de madera porque representan a un señor cuya existencia histórica ni siquiera está demostrada. Y si esa estatua llora lágrimas de sangre no solo la adoran, acuden a ella esperando una curación milagrosa. También hay gente que estuvo a punto de morir y porque vieron una luz blanca ya piensan que estuvieron con Dios o que son unos elegidos. Hay gente que acude en masa a rezar junto a un señor vestido de blanco a quien demuestran admiración, da igual si el que hay ahora tiene un discurso totalmente distinto al que tenía el anterior señor vestido de blanco. Y los rumores de corrupción no importan, si va vestido de blanco es porque debe estar próximo a la santidad. Otros se preguntan si creer en la reencarnación significa que se estarían comiendo a su semejante si comen carne… es curioso que se preocupen por eso y no por el sufrimiento de ese animal en el matadero, reencarnado o no. En Australia hay un tipo que dice ser la reencarnación de Jesucristo e induce a sus seguidores a creer que ellos vivieron en la época de Jesús. Por alguna razón algunos necesitan vivir en una secta para sentirse seguros o quién sabe para qué. También hay personas que creen a pies juntillas lo que dicen los contactados, quienes hablan supuestamente con extraterrestres y otras entidades espirituales, y al cabo del tiempo además de los contactados hay un grupo de caraduras alrededor que no han perdido ni un segundo en crear otra religión y cobrar a la gente bajo cualquier excusa. Eso por no hablar de las supuestas apariciones de la Virgen en varios puntos de nuestra geografía y parte del extranjero. O los baños de sangre que ahora mismo están ocurriendo en varios puntos del globo por cuestiones puramente religiosas. O la cantidad de personas que viven bajo los efectos de la medicación psiquiátrica porque sin ella son incapaces de enfrentarse a un mundo que no pueden comprender, asfixiados por el materialismo y la falta de valores de la sociedad en la que vivimos, alejada de lo que realmente importa y que ya casi nadie es capaz de recordar.

Luego llego yo y digo que recuerdo haber estado aquí antes, que dejen de buscar fuera de sí mismos y miren en su interior, que cualquiera puede llegar adonde estoy yo, que no es un lugar nada especial, simplemente un pequeño paso más allá de la confusión absoluta… y me toman por loca. Y piensan que les quiero convencer de algo que a todas luces es imposible. Como no he dicho que soy doctora en un prestigioso hospital americano, mi testimonio tiene el mismo valor que el de un esquizofrénico. Como no me he hecho famosa escribiendo diez libros sobre regresiones hipnóticas que dicen todos lo mismo, ni tampoco cobro por leer mi blog, nadie me hace caso. Si estuviéramos en la Edad Media ya me habrían quemado por bruja, y si estuviéramos en el siglo XIX estaría encerrada en un manicomio. Sin embargo, vivimos en el mundo al revés. Ahora todos los locos están fuera, y yo me imagino que paso más bien desapercibida entre tanta locura. O quizá me intentan marginar por no estar algo más cuerda. Todo el mundo sabe que la nota discordante debe ser eliminada del grupo… y no es nada fácil ir contracorriente, tenemos numerosos ejemplos en nuestra querida ciencia, cuando alguien intenta proponer ideas revolucionarias como la posibilidad de que la vida continúe después de la muerte o que la consciencia pueda transferirse a un nuevo cuerpo. Dios mío, eso suena a sacrilegio… ¡crucifiquémosle!

No pasa nada. Seguiré adelante. El camino sigue siendo solitario, pero por fortuna lo es algo menos que antes. Los locos podrán seguir inmersos en su propia locura, es lo que hacen los locos, mientras que algunos de nosotros, aun con nuestras propias dudas y nuestras eternas preguntas, intentamos despegarnos de ellos. Aunque muchos se empeñen en lo contrario y quieran seguir engañando a las masas, la luz al final del túnel está para todos, no solo para unos cuantos elegidos. Todos llegarán a él tarde o temprano, dentro de tres vidas o dentro de cien. Yo no tengo ninguna prisa por que lleguen. Y los que quieren, ya se van subiendo al tren. Y poco a poco se van dando cuenta por sí mismos de la realidad que nos rodea, nos guste o no, estemos o no preparados para aceptarla… Creamos en lo que creamos.
  

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ojo crítico: la actitud de Foro Reencarnación.

Debido a recientes acontecimientos en el foro que administro, me vi obligada a hacer una importante aclaración sobre la finalidad y el contenido de la información que desde hace un tiempo me he propuesto hacer llegar a los lectores, y creo que no estaría de más hacerla aquí también.

Ya lo he dicho en otros lugares del blog, pero lo repetiré por si queda alguna duda: este no es un blog espiritual. Es un blog, y por tanto es altamente personal, lo que vierto aquí son opiniones propias pero en ningún caso son opiniones hechas a la ligera sin ningún fundamento, sino que son el fruto de toda una vida de estudio, investigación y, sobre todo en los dos últimos años, experiencias directamente relacionadas con el recuerdo de vidas pasadas. Aún no lo sé todo, evidentemente, y cada día sigo aprendiendo de otros compañeros que llevan mucho más tiempo que yo en esto y que han pensado lo mismo o más que yo, con sus propias experiencias totalmente distintas a las mías, que me apoyan en los momentos bajos y que me ayudan a ver con más claridad cuando me encuentro en un callejón sin salida.

Es necesario mucho ojo crítico para investigar la reencarnación.
Sin embargo lo poco que sé parece ser mucho para otras personas que se acercan por primera vez al concepto de la reencarnación y que lo único que han hecho ha sido leer una serie de mitos mal fundados en internet, escuchar doctrinas de grupos new age sin pies ni cabeza, o tratar de comprender enseñanzas ligadas a diferentes religiones y que rayan lo absurdo, como por ejemplo pensar que nos podemos reencarnar en cucarachas por haber sido malos en una vida. Cada uno es libre de creer lo que quiera, por supuesto. Pero aquí damos mucha importancia a la racionalidad y a la seriedad. Ser reencarnacionista va mucho más allá de “creer” en la reencarnación. Pensamos que la reencarnación es un hecho porque es lo que mejor explica nuestras experiencias y porque hemos pasado años leyendo estudios científicos y libros de calidad, muy alejados de los típicos libros de terapia regresiva que abundan en las librerías. No es mi caso, pero otras personas han pasado gran parte de su infancia y adolescencia pensando que algo funcionaba mal en su cabeza, y sin comprender esos extraños sueños que les hacían despertarse en medio de la noche con el corazón en un puño, sueños en los que se veían como otra persona viviendo algo que en apariencia nada tenía que ver con ellas pero que les afectaba profundamente. Que les pregunten a estas personas si creer en la reencarnación es un simple deseo de que la muerte no es el fin. Me gustaría saber qué responderían…

Por fortuna abandoné todo contacto con la religión en la que fui criada desde muy joven, y fui educada en la ciencia. Me enseñaron a usar la razón y la lógica. Al mismo tiempo nunca perdí mi afición por los temas paranormales, y siempre supe que el mundo del misterio es un mundo por el que hay que caminar con mucho cuidado. Como la reencarnación aún es considerada por muchos algo “paranormal”, esto también es aplicable a la reencarnación: hay que aprender a discernir lo que es serio de lo que no, los hechos comprobados de lo que son simples indicios, hay que aprender a diferenciar lo que es una creencia de lo que es una posible realidad, respaldada por hechos objetivos. Es muy importante, estés donde estés, aplicar siempre la lógica, el sentido común, y un máximo de objetividad, entre otras cosas para no dejarte engañar por charlatanes ni dejarte convencer sobre "teorías" que aun siendo elaboradas por científicos, siguen siendo eso, teorías.

En definitiva, tenemos que andar siempre con un gran ojo crítico, analizando muy bien toda la información que cae en nuestras manos, todos los casos de supuesta reencarnación que vemos en la red. No podemos ver la fotografía de un personaje famoso al lado de una fotografía antigua de alguien que se le parece mucho, y tragarnos sin más que eso es un posible caso de reencarnación, porque, no, no lo es. Los reencarnacionistas no estamos locos ni creemos en cualquier cosa. Al contrario, nos tomamos muy en serio la reencarnación, y si vemos que alguien nos intenta engañar o pretende burlarse de nosotros, nos vamos a defender con buenos argumentos. Sabemos de lo que hablamos y por eso más vale que sepas a quién te vas a enfrentar antes de meterte con nosotros. Puede parecer que estamos obsesionados o que a veces somos un poco radicales. No, lo único que ocurre es que se ha convertido en algo muy personal, porque no nos ha sido nada fácil llegar hasta aquí.

Un parecido razonable no supone ninguna prueba de reencarnación.

Es una ardua lucha que acaba de comenzar: la de traer algo de racionalidad y sentido común a un fenómeno tan importante como es la reencarnación y que sin embargo goza de tan poca credibilidad en general por culpa de las habladurías de muchas personas que ni siquiera saben lo que significa recordar vidas pasadas. Recordar de verdad, no en un salón de actos atiborrado de gente, en un taller de una hora de “maravillosa regresión espiritual para la sanación de tu alma en la que conocerás a tus guías espirituales”. No, yo me refiero a pasarte una vida lidiando con emociones, síndrome de estrés postraumático, ansiedad, sueños recurrentes, prejuicios, hechos históricos distorsionados, incomprensión... y conviviendo con un silencio que te ves obligado a adoptar para que no te tomen por desequilibrado. Eso es recordar vidas pasadas. Y de eso es de lo que hablamos en este blog y en Foro Reencarnación. Ni más ni menos.  

martes, 29 de octubre de 2013

¿Por qué la religión está proscrita en este blog?

La verdad es que me gustaría estar hablando de otras cosas, como por ejemplo cómo te afectan los recuerdos de tus vidas pasadas, de cómo tus vidas pasadas se reflejan en ti, de por qué he llegado a la conclusión de que lo del karma es una falacia, de lo que significa ser víctima o ser agresor y cómo las emociones que generan cada una de estas situaciones son totalmente distintas y requieren una forma totalmente distinta de enfrentarte a ellas, del síndrome postraumático que afecta a muchas personas aunque el hecho traumático haya ocurrido en otra vida… Sin embargo, tengo la impresión de que si hablo de estas cosas va a sonar a chino, y como el blog aún tiene una vida corta, creo que es necesario dejar muy claro de dónde vengo, cuál es mi forma de pensar, y por qué hay una serie de conceptos que ya deberían formar parte del pasado… del pasado remoto.

Es muy triste (triste de echarme a llorar), que cada vez que menciono mi creencia en la reencarnación o en vidas pasadas, lo primero en lo que piensa la gente (seguramente después de pensar “Esta está loca”), es en budismo. Por algo debajo del título del blog puse “Tampoco soy budista”. Tengo que aclarar constantemente que para mí la reencarnación no es una creencia, sino un hecho. Era una creencia antes, cuando solo había leído libros como los de Brian Weiss, y al acabarlos me decía a mí misma “Muy bonito, pero me lo creo o no me lo creo. Yo no lo he vivido, así que la duda persiste”. Nunca me cansaré de repetir que cuando yo empecé a “recordar” vidas pasadas ni siquiera sabía que eran vidas pasadas. Fue todo por casualidad. Solo quería relajarme. Y cuando aparecieron esas imágenes que parecían corresponder a otras personas, viviendo en otros tiempos, pensé que me estaba volviendo loca. Y fue entonces cuando me puse a investigar en serio y fue cuando descubrí que no estaba sola en el mundo, que otras personas también habían recordado sus vidas pasadas, y para nada era necesario que alguien te hipnotizara. Pero no fue hasta más de un año después que las primeras verificaciones de verdad comenzaron a llegar… y ese es el verdadero punto de inflexión. No otro.

No voy a profundizar en mis propias vidas pasadas en este blog, por varias razones. Primero, porque leer las experiencias de otras personas no tiene el mismo valor que experimentarlo tú mismo. Segundo, porque ya lo hago en el foro (en concreto, en varios), donde todo el que esté interesado puede acudir. Tercero, porque hay cosas demasiado privadas que jamás saldrán a la luz, y valoro mucho mi vida privada. Pero hoy voy a hacer una pequeña excepción, solo como ejemplo de que nada es casualidad.

Como el 95% de los españoles, yo fui criada en la religión católica. Sin embargo, creo que jamás fui como otros niños. Cuando iba a catequesis ya había algo que no me cuadraba en lo que nos contaban. Además, tuve la fortuna de crecer en una familia muy abierta en la que se podía hablar de todo, y también pude conocer de primera mano la experiencia de uno de mis tíos al casarse con una testigo de Jehová, en cómo él tuvo que convertirse, en cómo sus cinco hijos (mis primos) fueron educados dentro de esa secta, y en cómo todo acabó en desgracia… Cuando era pequeña y venían a visitarnos, se generaban discusiones sobre la Biblia y sus numerosas contradicciones, y siempre llegaba un punto en el que mi hermano mayor los dejaba sin argumentos. Yo hice la Primera Comunión. Dos semanas después mi madre me tuvo que llevar a rastras a misa porque yo me negué en rotundo a acudir a un lugar donde me sentía incómoda actuando como una borrega y murmurando palabras que ni siquiera entendía a la vez que tenía que ponerme de pie y sentarme cada dos por tres porque así lo hacían los que estaban a mi alrededor. Y ya de mayor no puedo expresar el profundo rechazo que me produce ver en Semana Santa cómo se pasea por las calles de todas las ciudades una estatua de un hombre crucificado y ensangrentado, sabiendo que Jesucristo jamás quiso que se fundara una Iglesia ni que los hombres le adoraran a él, sino a Dios. Porque una cosa es la religión y otra cosa es la creencia en Dios. Yo sí creo en Dios, admiro a Jesús, y pienso que todas las religiones tienen un fondo bueno, un único mandamiento, común a todas, que es el que todos debemos respetar: amar al prójimo. Con eso es suficiente. Y es lo único que no se hace. Yo respeto todas las religiones y todas las creencias. Lo que no soporto es la manipulación descarada que se hace de las religiones y cómo el hombre las ha utilizado y las sigue utilizando como medio de dominar al resto de los hombres. Y lo malo es que la ceguera sigue siendo universal.

Bien, pues todo esto ya lo sabía antes de empezar a recordar mis vidas pasadas. Aún así, mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que esta lucha que me acompaña hoy día, ya me viene acompañando desde hace unos cuantos siglos, y no solo desde dentro de la religión católica, sino también dentro de otras religiones como la musulmana. No creo que esto sea algo excepcional, porque las religiones parecen intrínsecas a la condición humana, y estoy segura de que todos nosotros hemos sido víctimas del fundamentalismo religioso en algún momento, o hemos sido seducidos por el poder que lamentablemente va unido a la religión, o hemos sido testigo de las Cruzadas o de alguna quema de brujas. Lo menciono como muestra de que lo que pensamos en nuestra vida actual tiene un origen, pero sobre todo, como muestra de que recordar vidas pasadas (no una, sino múltiples vidas pasadas) es invaluable para darte cuenta de que las religiones han traído más odio y más calamidades al mundo que buenos valores morales. También te das cuenta de que no tiene sentido despreciar a otras personas porque pertenezcan a una determinada religión. Te das cuenta de que hay algo que está por encima de todas las religiones: nuestra condición humana. Hay un Dios universal, algunos lo llaman “la Fuente”, que no distingue ni de raza, ni de sexo, ni de religión, que no condena a nadie y perdona a todo el mundo, a quien le da igual si eres ateo, agnóstico, budista, cristiano ortodoxo o musulmán. Todos salimos de Él y todos volvemos a Él. O quizá no. Quizá las cosas funcionen de otra forma. Eso aún no lo he podido demostrar, y sigue siendo una creencia. Pero de lo que sí estoy segura es que la reencarnación es un hecho. Y es un fenómeno natural.

Lo bueno de los reencarnacionistas es que no nos basamos en dogmas. Nos basamos en nuestras propias experiencias, y por eso encontraréis reencarnacionistas con distintos puntos de vista. Algunos creen en la preplanificación, otros no tanto. Algunos creen en las vidas simultáneas o vidas paralelas… otros preferimos pensar que el tiempo es lineal, al menos mientras no podamos demostrar lo contrario. Unos tienen experiencias extracorpóreas, otros no. Unos piensan que el alma es algo físico que un día se podrá detectar mediante medios humanos, otros piensan que el alma está más allá de la ciencia y que siempre será un misterio. Unos siguen a Michael Newton, otros no. En todo caso, los libros de Michael Newton (por poner un ejemplo) no son la Biblia de los reencarnacionistas, y ningún reencarnacionista te dirá que si no te crees todo lo que pone en esos libros, arderás en el infierno. Los reencarnacionistas solo sabemos que podemos recordar vidas pasadas, pero en realidad nadie sabe cómo funciona de verdad la reencarnación, y por eso mantenemos la mente abierta, elaboramos teorías, y nuestras opiniones cambian con el tiempo. Ser reencarnacionista es una búsqueda personal e intransferible, un camino único y distinto para todo el que se decide a dar el primer paso.    

Esto no tiene nada que ver con una religión. La reencarnación incluye a gente de todas las clases, de todas las creencias y de todas las religiones. Nos pone a todos en el mismo lugar respecto a la vida y a la muerte. Nadie sufre porque Dios le haya castigado, o porque tenga una deuda kármica que tenga que pagar. Sufrimos porque vivimos. Somos humanos. Por alguna razón elegimos (o no) estar aquí, viviendo una experiencia humana que exige sacrificio, dolor, pero que también nos da la oportunidad de superarnos día a día y traer luz a nuestros semejantes. Nos hace responsables de nuestros actos. Y no, no es suficiente con creer. Es necesario RECORDAR. Porque solo recordando “sentimos” que nuestros recuerdos son nuestros, y no consecuencia de una incursión en esa matriz holográfica o inconsciente colectivo al que muchos recurren sin haber experimentado lo que es RECORDAR.


Es hora de que aparquemos nuestras creencias a un lado y dejemos de escuchar al predicador de turno y busquemos dentro de nosotros mismos. No hace falta ser “espiritual”, no hace falta creer en nada especial, no hace falta recurrir a nadie para que te hipnotice… lo único que hace falta es querer conocer la Verdad... vuestra Verdad, no la que os cuentan. Ni siquiera la que os cuento yo.

lunes, 21 de octubre de 2013

Definición de reencarnacionista.

La palabra "reencarnacionista" aún no está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (hecho que por otra parte no es muy sorprendente, dado el ritmo de trabajo de los académicos). Por ello he tenido que inventarme mi propia definición. Para mí, lo más exacto sería decir: 

"Persona que después de muchos años de investigación y estudio desde todos los ángulos posibles, y después de experimentar por sí misma que es posible recordar y verificar vidas pasadas, ha llegado a la conclusión de que la reencarnación es un hecho, no una creencia ni ninguna doctrina religiosa sin demostrar."

Según esta definición:

- Un budista NO es necesariamente un reencarnacionista.
- Un hinduista NO es necesariamente un reencarnacionista.
- Un hipnoterapeuta NO es necesariamente un reencarnacionista, puesto que muchos dejan abierta la cuestión de si lo que aparece en las sesiones de terapia regresiva es un recuerdo de vida pasada o no.
- Una persona que cree en la reencarnación pero no tiene evidencias suficientes que respalden alguna de sus posibles vidas pasadas, después de que su caso sea valorado por un verdadero reencarnacionista, NO es un reencarnacionista. 

Por supuesto, esta entrada tiene un ligero tono de broma y queda aún mucho tiempo para que el supuesto cuatro tenga lugar y sea tomado en serio por los no reencarnacionistas. Pero espero que esta definición llegue a los diccionarios antes de que sea demasiado tarde...

Este blog está dedicado a todas las personas que, como yo, no dejan de hacerse preguntas, quieren pensar por sí mismos, y buscan la Verdad (“su” Verdad)… sabiendo que nunca la van a encontrar.





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La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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