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jueves, 26 de noviembre de 2015

Locas divagaciones (8).

No suelo buscar vídeos sobre reencarnación en internet, fundamentalmente por una razón: me deprimen. Pero cuando miembros de Foro Reencarnación los postean creo que es mi obligación como administradora verlos para saber si superan el nivel de calidad que exijo para mi foro. Eso es lo que pasó con el vídeo de una conferencia titulada “¿Qué ocurre tras la muerte?” de un periodista e investigador llamado David Sentinella, en un foro que tuvo lugar en el mes de Octubre de 2015 con el inquietante nombre de “Primer Foro de las Ciencias Holísticas Akasha33” y que podéis ver en este enlace.

La conferencia no me disgustó (del todo). De David Sentinella conocía el nombre por sus colaboraciones en una revista de misterio muy conocida que leo con frecuencia. He de decir que me decepcionó un poco porque para ser alguien que dice estar investigando la reencarnación, parece que no investigó lo suficiente como para dar con este blog (ni los otros dos que escribo), mi foro, mi libro, y por supuesto, la persona que escribe estas líneas, alguien que empezó a recordar vidas pasadas espontáneamente (no de niña, por desgracia) y que ahora es una de las mayores expertas a nivel nacional en cuanto a reencarnación (es cierto, no tengo abuela, pero tampoco estoy mintiendo). Me decepcionó volver a encontrarme con que en un congreso, donde se supone que van expertos en diversas materias para hablar sobre los últimos avances en el conocimiento, el ponente no daba respuestas convincentes sobre reencarnación a los que asistían a su conferencia. Se veía a la legua que el ponente no tenía experiencia propia en cuestiones de reencarnación, e incluso dudaba de algunas de las experiencias de otras personas, cuestionando, desde su desconocimiento, las mal llamadas técnicas de hipnosis regresiva. Por supuesto, siempre desde mi humilde opinión.

Pero sí, para el nivel habitual al que estamos acostumbrados en España, no puedo quejarme. Yo me habría olvidado de la primera media hora, en la que se hace un recorrido por las creencias religiosas de todo el mundo en cuanto a la muerte se refiere. Que sí, no digo que no esté interesante desde un punto de vista cultural y filosófico, pero a mí me dio la impresión de estar de vuelta en el salón de actos de un colegio. Si fuera una niña, perfecto, habría seguido la charla con los ojos como platos, fascinada por lo que me estaban contando. Pero, ahora, de adulta y después de todo lo que sé... pues se me queda corto.

La parte de las experiencias extracorpóreas, bastante bien. Que alguien se atreva a decir que una experiencias extracorpórea (EEC) es equivalente a una salida astral ya es un avance importante. Que por fin se haga una muy buena distinción entre EEC y experiencia cercana a la muerte también está muy bien, a ver si la gente se empieza a aclarar. Que no se mencione a cierto psiquiatra “pionero” en estas lides según dicen algunos, también es un buen avance, porque para los que sabemos algo del tema está claro quién fue el verdadero pionero, el Dr. Raymond Moody. Y luego, que por fin alguien hable en profundidad del Dr. Ian Stevenson y se describan dos estupendos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, investigados científicamente, ya es para nota. Pero tampoco me puedo engañar en este caso: eso lo hace cualquiera que esté realmente interesado en investigar la reencarnación de manera seria y racional.


Ahora, el problema empieza cuando a un investigador que quiere ir de serio le empiezan a mencionar los libros de Brian Weiss, le hacen preguntas sobre las distintas creencias que existen en torno a la reencarnación como la existencia de grupos de almas o le preguntan si ha conocido a alguien que recuerda vidas pasadas y él contesta que no: solo ha conocido a dos Nefertitis y tres Juan el Bautista. Y añade que eso es lo que le mola a la mayoría de las personas, afirmar que han sido alguien famoso, cayendo en uno de los mayores tópicos que existen dentro de la reencarnación (y hasta un miembro del público le tiene que decir que eso no es lo que aparece en muchos libros). En serio, me pongo triste cuando soy testigo de estas cosas. No es la primera vez.

Aquí es donde yo me decepciono porque mi foro lleva abierto más de tres años y ya ha tenido tiempo de posicionarse en Google. Si en el buscador pones las palabras “foro reencarnación”, mi foro es lo primero que te sale. Si pones “vidas pasadas”, mi blog sale en cuarta posición. Si pones “foro serio de reencarnación”, mi blog sale en primera posición. Que no sé, digo yo que no es tan difícil hoy en día para un periodista infiltrarse en un foro y averiguar en un par de días si sus miembros son gente seria o gente que está para pasar el rato y no sabe de lo que habla. De ahí a encontrar a gente con experiencias muy buenas de reencarnación, estás a un paso. No, casos muy espectaculares de niños, no, eso ya te lo digo yo, porque yo también los busqué y aún no se atreven a hablar... si es que reparan en que lo que les pasaba era que recordaban vidas pasadas. Aún así, pude recabar algún que otro testimonio para uno de mis libros. 

Y, esto parece muy obvio, pero por lo que observo, hay muchos “investigadores” que aún no se han dado cuenta de que como más se aprende es hablando largo y tendido con LOS QUE LO HAN EXPERIMENTADO EN PRIMERA PERSONA. Por supuesto, si son personas sensatas... que sí, lo sé, escaseamos, pero mira, yo soy una de ellas. Es más, yo tengo la suerte de ser investigadora y además haberlo vivido en mi propia piel, aunque la verdad, no sé hasta qué punto esto es bueno, porque parece que así los investigadores te toman menos en serio mientras que algunos de los experimentadores (es decir, los que sí que recuerdan vidas pasadas, como tú) te llaman pedante o creen que se te ha ido la olla elaborando hipótesis que para ellos no son creíbles, ya que no las llegan a comprender (creen que has investigado lo mismo que ellos, que suele ser poco, y entonces sacan conclusiones precipitadas). Supongo que así es la vida.

Otra cosa que también he observado es cómo los “investigadores serios” de reencarnación (o sea, los que quieren ser considerados como tales) enseguida se unen a la moda extendida por Ian Stevenson y sus sucesores de que las regresiones no son fiables, y por tanto parece que se ponen a negar sistemáticamente cualquier información que haya salido de una regresión. Afirman sin pudor que las técnicas de hipnosis regresiva consisten en utilizar la sugestión, así que no, lo único que vale para ellos son los recuerdos espontáneos de niños (ni siquiera se plantean que pueda haber recuerdos espontáneos en adultos, claro, porque de momento parece que yo soy la única en España que se ha dado cuenta de ello). No sé... como que así suenas más serio y académico, y ni siquiera tienes que entrar a responder cuestiones difíciles como las de los grupos de almas de Brian Weiss o el periodo entre vidas de Michael Newton. Pues no, señores investigadores (a los que ya les dediqué una entrada completa): si somos investigadores serios, investigamos TODO. Teniendo en cuenta que los datos obtenidos por regresión han de ser verificados y hasta ese entonces han de permanecer en cuarentena, claro. Pero, señores investigadores: ¡eso también hay que hacerlo con los recuerdos espontáneos de niños, que pueden estar fantaseando! Se olvidan de que los testimonios de los adultos no tienen por qué ser menos fiables que los de los niños.

Un momento, que recupero la calma.

Total, que me dio la impresión de que aquí hay alguien que no hace muy bien su trabajo. Y me entristece porque yo no tengo el poder de un periodista de extender un mensaje que debería llegar a más personas. No tengo el más mínimo deseo de hacerme famosa, pero por otra parte me gustaría que la gente despertara. DE UNA VEZ. 


jueves, 18 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (6).

La verdad es que vivo desconcertada. Sobre todo cuando me decido a salir de mi refugio (léase autoaislamiento) y echo un vistazo al mundo que me rodea. Es una paradoja que viviendo en este mundo que creemos tan evolucionado, lleno de personas que creen que hemos alcanzado la cúspide de la perfección y que la ciencia nos traerá respuestas a todo, la mayoría aún tenga tantas dudas acerca de lo que somos realmente y lo que ocurre cuando morimos y abandonamos nuestro cuerpo físico. El mundo es una ilusión, dicen unos. Sí, en eso estoy de acuerdo. La realidad es aquella que nosotros mismos nos creamos (ver entradas como La cuchara no existe). Otros afirman, como si hubieran descubierto de pronto algo en lo que nadie nunca antes había reparado, que estamos controlados por razas extraterrestres, e incluso llegan a dudar, en el colmo de las fantasías sin sentido, que el túnel que algunos han visto en sus experiencias cercanas a la muerte, no es más que otra ilusión en la que alguien nos convence de que tenemos que seguir reencarnando para que no podamos escapar a esa Rueda de la Vida, concepto que se originó en la religión hinduista. Sí, es como intentar explicar algo no demostrado con algo que también está sin demostrar. Una especie de festival de la incongruencia, generalmente organizado por personas que han leído mucho pero han entendido poco y desde luego no lo han vivido en persona. Estamos saturados de información, pero información muchas veces tan falta de base y sentido común, que hay otra parte de la población que decide enviar todas esas fantasías a la basura y arrimarse a la extrema racionalidad de la ciencia. Tan extrema que niega todo lo que sus microscopios no pueden ver y todo lo que sus fórmulas matemáticas no pueden explicar. Así, tenemos que esperar cuatro años para que un científico considerado por sus colegas casi una eminencia en el estudio de la muerte, nos comunique los resultados de su estupendo estudio: que de 2060 pacientes que sufrieron un paro cardiaco, solo nueve experimentaron una experiencia cercana a la muerte, de estos solo dos una experiencia extracorporal, y por supuesto, ninguno pudo decir qué imágenes aparecían en una pantalla situada en lo alto de la habitación mientras trataban de reanimarlo... sobre todo porque cuando lo sufrieron no había ninguna de esas pantallas en su habitación. Eso sí, parece que está empeñado en hacernos resucitar como sea, igual que aquellos que abogan por la criogenización de nuestros cadáveres, cuando en realidad ya somos inmortales...


Como salir de mi refugio me suele dar ganas de llorar, no tardo en volver a él, para darme de cabezazos contra la pared, quejarme donde haga falta (generalmente en el Facebook, que total, ya saben que soy una borde, o en mi foro, que hay confianza), o simplemente seguir a mi rollo, que es el de estudiar sin descanso, porque aún busco respuestas, o el de recordar mis vidas pasadas, porque ya que puedo, no quiero dejar de hacerlo.

Y, sin embargo, es curioso que las pocas veces que decido expresar lo que pienso o siento, y trato de hacer llegar a la gente mi mensaje de que dejen de preocuparse, porque la muerte no existe y tenemos formas de comprobarlo, también acabo malparada. Bien porque no me creen, bien porque les molesta que yo lo tenga tan claro (como me pasó aquí), o... la verdad es que no lo sé. Digas lo que digas, la gente sigue dudando. Sí, yo también, a veces. Pero después de todas las experiencias que he tenido y lo que he aprendido, tengo una seguridad interna que me hace tomarme las cosas de una forma distinta a como lo hacía antes. Mi seguridad de que sobrevivimos a la muerte es total, aunque por lo general diga que es del 99% para no levantar ampollas y que no me acusen de iluminada (aunque la verdad es que te lo van a llamar de todas formas. Eso o vidente, aunque no lo seas). Las dudas a las que me refiero son otras, mucho más dañinas: las dudas de todos aquellos que pierden a alguien querido y su primer deseo es recibir un mensaje o encontrárselos en el astral; las dudas de los que ven fantasmas y aparte de pasar mucho miedo, temen que les tomen por locos o que se burlen de ellos; o las dudas de los que recordamos vidas pasadas y somos incapaces de dejar de pensar que es nuestra imaginación o que el psicólogo tiene razón y va a ser que padecemos algún trastorno mental, por ejemplo una depresión que solo es posible curar si te pasas drogado todo el día. También son preocupantes las dudas de los que escriben revistas de misterio y ven que todo el mundo alrededor se ha vuelto más y más loco, y en vez de ahondar de otra manera en los fenómenos paranormales, toman una actitud más escéptica y los reportajes se van convirtiendo en artículos pseudo-científicos que insinúan que todo es producto del cerebro.

Por eso, cuando de pronto descubro un libro publicado hace más de cien años y veo que lo que ahí se describe son crudas experiencias, relatadas por su protagonista, tratando de darle una explicación lógica y racional, sin ninguna floritura “espiritual” ni la presencia de extraterrestres grises de ojos almendrados, y resulta que esas experiencias coinciden en gran medida con mis propias experiencias y las de otras personas que conozco y que sé son serias y confiables, me pregunto: ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué cien años después parece que hemos retrocedido en nuestro conocimiento del ser humano? ¿Por qué, si hace cien años, ya existían personas que investigaban las apariciones, por ejemplo, y eran capaces de proyectarse astralmente y dar una explicación racional a los poltergeists, hoy seguimos sumidos en el desconocimiento? Me pasó lo mismo con el primer libro que me leí sobre el cuerpo astral: por entonces buscaba respuestas a mis propias experiencias, que es lo que me impulsa principalmente, aparte del propio conocimiento (y mi curiosidad insaciable). Y en ese libro no es que estuvieran todas ellas, pero me ayudó a entender mucho mejor lo que estaba experimentando y mi propia naturaleza humana. Ese libro procedía de una época en la que el espiritismo estaba en auge y existían muchos círculos ocultistas. Y también se estudiaban con mucha seriedad e interés los fenómenos psíquicos. Después, alguien dijo que todo lo que hacían aquellos hombres y mujeres, empezando por las hermanas Fox, no era más que un fraude, y debe ser que ganó la partida ya para la posteridad. Parece ser que eso se hizo extensible a todos aquellos estudiosos, y hoy todo ese amplio conocimiento permanece en la oscuridad. Digo conocimiento aunque es probable que esté incompleto o equivocado, por supuesto. Igual que ahora, aquellos hombres solo tenían teorías para explicar lo que vivían, solo que hoy es más normal encontrarte con gente que afirma saberlo todo que encontrarte con alguien que diga que seguimos sin saber nada, y que lo que tenemos que hacer es experimentar y comprobarlo por nosotros mismos. Pero resulta que a pesar de que ese conocimiento podría estar incompleto o equivocado, le da mil vueltas a lo que los científicos creen saber hoy, la mayoría de ellos ciegos a lo que cuentan numerosas personas, solo pendientes de sus experimentos de laboratorio tan limitados, e incapaces de aproximarse a estos temas desde otra perspectiva. Hoy solo podemos ser testigos de ese tipo de investigaciones parapsicológicas cuando determinados grupos aficionados las realizan y las graban para algún programa de televisión... pero como es televisión, seguro que está amañado también, así que casi nadie se lo toma en serio. Por tanto, cuando pensamos en la muerte, seguimos estancados en esa visión materialista que dice que todos nos reduciremos a polvo... y es paradójico, porque hay infinidad de evidencias que demuestran lo contrario, queramos o no queramos verlo, tengamos o no tengamos explicación.

Una de las causas que me desconciertan es precisamente esa: desde que me dedico a investigar los fenómenos paranormales (o sea, casi desde que tengo uso de razón), he visto que aquí cada uno va a su bola. Unos contra otros. Los seguidores de doctrinas como la espírita o aquellos que saben de esoterismo (por supuesto, hablo del serio, no de los echadores de cartas), se sienten incomprendidos por los científicos. Los científicos, a su vez, se han atrevido en contadas ocasiones a estudiar la clarividencia y otros fenómenos de percepción extrasensorial, pero siempre encuentran alguna excusa para creer que no queda nada demostrado o que todo puede ser explicado por el cerebro. Llevamos desde mediados del siglo XX con innumerables estudios sobre experiencias cercanas a la muerte, regresiones, y psicoterapeutas que afirman que hay personas que recuerdan sus vidas pasadas. Y, por supuesto, hay muchas otras personas que dicen poder salir de su cuerpo a voluntad, o que pueden detectar e incluso comunicarse con espíritus. ¿Se sientan todos alrededor de una mesa para intentar resolver el misterio de la naturaleza humana? No. Cada uno sigue con lo suyo sin importarle lo que hacen los demás: unos sin experiencia propia pero elaborando complicadas teorías que corren el riesgo de acabar en religión; otros sin experiencia propia pero analizando hasta la última neurona, empeñados en que el misterio se resolverá cuando comprendamos cómo funciona el cerebro; y otros experimentando espontáneamente sucesos que les dejan tan atemorizados que no pueden ni hablar, o que acaban volviéndose locos porque cada persona con la que habla le dice algo distinto... Nadie escucha a nadie, y por eso no salimos de la confusión.

Yo en cambio relaciono unos fenómenos con otros y para mí todos encajan a la perfección. Un día encontraremos la forma de comprender hasta el más mínimo detalle y posiblemente la ciencia “descubrirá” por fin algo que otros saben desde hace siglos: que la mente es una entidad separada del cerebro. Hasta entonces, no entiendo por qué unos ignoran a otros. Estoy segura de que si colaboraran se enriquecerían unos a otros y avanzaríamos mucho más rápido. Me recuerda a esa imagen del elefante que ya he utilizado en alguna otra ocasión: cada uno está tan obcecado en ser él quien posea la Verdad, que no se dan cuenta de que su visión es solo parcial, y hasta que no abran su perspectiva, no se darán cuenta de que todos están estudiando distintas manifestaciones de una misma realidad. 

Quizá mi error sea esperar que un día esa confusión desaparecerá. Si hace cien años parecíamos saber más que ahora, no hay razón para pensar que esto será distinto dentro de cien años, especialmente si nos autodestruimos en una guerra nuclear y los supervivientes tienen que empezar de cero en un mundo post-apocalíptico. Solo se preocuparán de comer y no de nuestra naturaleza espiritual.

Lo que está claro es que todos los caminos espirituales son únicos e individuales. Cada uno debe buscar sus propias respuestas, del modo que le parezca más adecuado. Es imposible luchar contra los condicionamientos mentales de todas esas personas que luchan por encontrar su verdad, pero que sin darse cuenta se van adentrando en un laberinto cada vez más y más tortuoso. Creo firmemente que la Verdad está dentro de nosotros, pero incluso eso es difícil de hacer entender a alguien que tan acostumbrado está a que le lleven de la mano a todos los sitios. En ese camino hacia la Verdad, todos (yo incluida) nos tenemos que liberar de todas esas creencias que nos han implantado en nuestra mente, o todo aquello que hemos leído y hemos dado por cierto. Te tienes que despojar de todas esas envolturas y quedarte con lo más básico, con tu esencia, y con tus experiencias, sin ningún tipo de análisis. Si no sabes explicarlas, no lo hagas, porque hay cosas que solo pueden ser explicadas a través del espíritu. Es curioso que leyendo ese libro sobre la proyección astral he podido por fin entender algo que me pasó de niña, cuando un día desperté a oscuras en medio de mi cuarto totalmente desorientada. Así es como la mayoría de nosotros nos pasamos toda nuestra vida. Pero un día llegan las respuestas. Y entonces te das cuenta de que ni siquiera hacía falta buscar tanto. Si todos pudiéramos retornar de algún modo a aquel momento en el que solo éramos un niño o una niña sin ningún tipo de condicionamiento mental, tal vez recordaríamos que ya entonces sabíamos que la muerte no existe. Tal vez recordaríamos que ya entonces nos sentíamos extraños en un cuerpo que de pronto se había vuelto a hacer pequeño, y teníamos una nueva madre. Tal vez recordaríamos que nuestra abuela, ya muerta, venía a visitarnos de vez en cuando, aunque solo nosotros pudiéramos verlo. Igual que ocurre con ese conocimiento que nos legaron los ocultistas, todo eso de lo que jamás dudábamos porque para nosotros era lo más natural del mundo, lo fuimos olvidando según crecíamos e íbamos llenando nuestra mente de nuevo conocimiento que creíamos útil o más lógico (porque así nos lo decían), solo para descubrir al final que en realidad ya lo sabíamos todo y no hacía falta complicar tanto las cosas. La Verdad es una y no es necesario que nadie la reinterprete para nosotros: solo hace falta escuchar a la intuición para saber que la muerte no existe. Lo triste es que la gente no escucha o no quiere escuchar. O, en su defecto, tampoco quiere experimentar. Y contra eso, nadie puede hacer nada.

martes, 10 de diciembre de 2013

Claro como el agua.

Aunque prefiero no hablar mucho de lo que opinan otras personas sobre la naturaleza del ser humano, el significado de la vida, y la realidad de la reencarnación, porque este blog está pensado para verter mis opiniones personales e intransferibles sobre lo que yo considero un hecho, hoy voy a hacer una excepción y voy a invitar a los lectores a que escuchen esta conferencia del Dr. Juan José López que tuvo lugar en un congreso en Albacete a finales de octubre de 2013:


¿Y por qué? Por varias razones. Primero, porque es la única persona que conozco que ha atado cabos y se ha dado cuenta de los puntos en común que existen entre las regresiones a vidas pasadas, las experiencias cercanas a la muerte, las experiencias extracorpóreas, y las experiencias en el lecho de muerte… aunque posiblemente podríamos añadir algunos fenómenos más como la especial conexión que tienen niños y ancianos con el más allá o las canalizaciones de espíritus desencarnados. O… al menos, es la única persona que se ha dado cuenta (aparte de mí), y no tiene miedo de decirlo en público. Aunque viendo el vídeo, si prestáis atención, comprobaréis que el Dr. Juan José López no pronuncia ni una sola vez la palabra “reencarnación” (si no me equivoco). Me pregunto por qué… 

Segundo, porque, tristemente, parece que en este país (y probablemente en parte del extranjero) el hecho de tener un título académico le da una validez extra a tus opiniones y a tus experiencias. Yo también lo tengo, pero como no lo voy anunciando a los cuatro vientos y además, según algunos, “me escondo” tras un nombre falso, parece ser que lo que yo digo en este blog, en el foro que administro, y en determinadas redes sociales, es tomado a chirigota por el común de los mortales… al menos, el común de los mortales que frecuentan esas redes sociales. Y por si hay alguna duda, no, no tengo ningún trauma respecto a esto último. Pero sí me entra una gran tristeza al comprobar día a día que las dudas sobre nuestra inmortalidad continúan, cuando las respuestas están al alcance de nuestra mano…

Y tercero, porque la actitud del Dr. Juan José López es la actitud que deberían tener todos los científicos del mundo, y por supuesto, todos los médicos que aspiren a prestar un buen servicio a sus pacientes, en especial a los pacientes terminales, que son los que necesitan aún más una medicina humana y de calidad, para que, como dicen los tibetanos, puedan hacer ese último tránsito de manera consciente y pacífica, para llegar a la próxima vida con menos traumas y saber perfectamente que no deben apegarse a lo terrenal, a lo que dejan aquí, y continuar su camino hacia la luz. Esa actitud consiste simplemente en tener una mente abierta, estudiar todos los fenómenos sin prejuicios, y sobre todo, escuchar lo que las personas nos dicen sin contestar con el típico “Eso es tu imaginación”, cuando se trata de un niño; “Eso son alucinaciones o delirios”, cuando se trata de un anciano; o, en el peor de los casos, “Estás loco” cuando eres un adulto normal que ha vivido una serie de experiencias que ni tú mismo comprendías al principio y que has analizado racionalmente a lo largo de varios años hasta llegar a una conclusión muy clara: la reencarnación es un hecho, y todos somos inmortales. Tan clara como el agua.

Hay algunos puntos en los que estoy en desacuerdo con el Dr. Juan José López, pero solo porque su perspectiva es la de un terapeuta cuyo objetivo es ir a la raíz de un problema emocional que afecta al paciente. Aunque no puedo negar la gran aportación que hacen estos terapeutas a la reencarnación (aunque la gran mayoría se cuidan muy bien de no afirmar rotundamente “Creo en la reencarnación”, no sea que arruinen su reputación), estos terapeutas suelen no prestar atención al hecho de que hay numerosas personas que tienen sueños de vidas pasadas, recuerdos espontáneos y otro tipo de signos que quizá podrían llamarse “evidencia circunstancial”, que no siempre están relacionados con traumas psicológicos o asuntos sin resolver, y que apuntan sin lugar a dudas a la realidad de la reencarnación. Y también suelen olvidar que las regresiones no tienen por qué circunscribirse a un ambiente médico. Todos podemos recordar vidas pasadas. Uno de los métodos más útiles para hacerlo es la meditación, práctica que aporta numerosos beneficios ya demostrados científicamente y asequible para todo el mundo. A veces parece que solo si te hipnotizan puedes recordar vidas pasadas, y esto es completamente falso. Y muchas otras personas continúan poniendo en duda la validez de las regresiones sin saber tan siquiera en qué consisten (como decía el Dr. Juan José López, hay que probarlo para saber de qué se está hablando), o posiblemente porque no son conscientes de que después de obtener esos datos, hay que investigar para verificar esos supuestos recuerdos. Y hay que investigar mucho, en ocasiones durante años. Y de esta forma se han obtenido sorprendentes verificaciones que no dan lugar a duda. No hay nada como vivirlo uno mismo para convencerte. Por eso me embarqué en esta aventura… y por eso sigo investigando a día de hoy.

Sin embargo, mi investigación “de campo” sobre la reencarnación (y algo menos sobre experiencias extracorpóreas) ha tenido lugar en los últimos dos años. Antes de eso, leí mucho sobre experiencias cercanas a la muerte y otros fenómenos paranormales, y leí algún libro sobre terapia regresiva, hallando enseguida esos puntos en común que comentaba al principio y que para mí, si no son prueba irrefutable, al menos son muy buenos indicios de que nuestro alma sobrevive, de que existe un periodo entre vidas en el que hacemos balance de nuestra última encarnación y preparamos nuestra próxima vida, y sea como sea, volvemos con un nuevo cuerpo. En las regresiones, muchas personas describen el mismo túnel de luz que también describen muchas personas que sufren ECM’s, y muchas personas que sufren ECM’s (con frecuencia se confunden con experiencias extracorpóreas durante la anestesia, como bien refería el doctor en la conferencia… y he de decir que es la primera persona a la que se lo oigo decir), describen sensaciones que también describen las personas que realizan viajes astrales, conscientemente o de manera espontánea. Muchas personas mediante regresión al periodo entre vidas también relatan cómo podían ponerse en contacto con personas encarnadas, por métodos que bien conocen médiums y espiritistas, o por simples sueños que muchas personas en duelo tienen y que, como siempre, los achacan al dolor o al deseo de volver a ver a la persona que han perdido. Solo hay que unir las piezas del puzle. Lo tenemos delante de nuestros ojos, y seguimos sin ser capaces de verlo.

Los signos están ahí. Llevan ahí desde tiempo inmemorial. La ciencia y la parapsicología los llevan estudiando durante décadas, durante siglos… pero por alguna razón el ser humano se debate entre las creencias que sus respectivas religiones les han impuesto, y el escepticismo más recalcitrante de algunos científicos, pseudoescépticos, o aquellos que si no lo ven, no lo creen, pero como tampoco hacen nada por verlo, nunca lo creerán… Las dudas pueden con nosotros. La ciencia y la racionalidad se han convertido en nuevos dioses a los que algunos siguen ciegamente, olvidando que las respuestas están el corazón. O, como bien dice el Dr. Juan José López… “la respuesta está en el alma”.



martes, 19 de noviembre de 2013

La muerte y los reencarnacionistas.

Me resulta muy curioso ver cómo la mayoría de la gente se empeña en buscar respuestas fuera de sí mismos, en arrimarse a la ciencia creyendo que solo las conclusiones que ella provee son válidas, o implantándose en la cabeza el chip que dice “La muerte no existe”, mientras que siguen viviendo eternamente con la duda y posiblemente recuperando el miedo a morir en cuanto el momento se acerca. No puedo culparlos. En esta sociedad occidental hablar de la muerte es tabú, para un médico la muerte es una derrota y muy pocos se van a atrever a hablarte claramente y mucho menos te van a aconsejar sobre cómo hacer el tránsito. Nadie en su sano juicio cree que la vida continúa después de la muerte, creer esta patraña es solo un consuelo momentáneo que brindan todas las religiones, como mucho tocaremos el arpa con los angelitos en el cielo hasta que Dios decida que es momento de resucitar, momento en el que por arte de magia recuperaremos nuestro bonito cuerpo putrefacto o ya convertido en polvo (por supuesto el único que hemos tenido), y despertaremos a no sé qué clase de vida nueva. O aún peor, tal vez nos saltaremos esta magnífica oportunidad porque para entonces llevaremos milenios ardiendo en el infierno.

Otros creen que la respuesta está en las experiencias cercanas a la muerte, eso sí, con salvedades. Si alguien en su ECM menciona que un ser de luz le habló de la reencarnación, seguro que ha habido alguna confusión. Si menciona que ese ser de luz es Jesucristo o que estuvo sentado en su regazo, o que pudo hablar con Juan el Bautista, entonces todo es verdad. A pesar de que por lo general en una ECM te ves súbitamente fuera del cuerpo, con un miedo terrible porque estás en una situación que puede ser mortal, no entiendes nada de lo que pasa, y además estás hasta arriba de medicamentos, parece ser que lo que dice uno de estos pacientes tiene mucha más credibilidad que lo que dice un paciente totalmente sano en una regresión. Y por supuesto, si eres un médico o un científico escéptico vas a hacer lo que sea, literalmente, para demostrar que todo fue producto del cerebro, aunque eso implique ignorar los otros miles de casos de ECM’s que existen o buscar soluciones parciales a un fenómeno que, hoy por hoy, no tiene ninguna explicación. Bueno, sí, tiene una: la consciencia está fuera del cerebro.

Después de años y años estudiando las ECM’s he llegado a la conclusión de que ni siquiera los propios científicos son objetivos. Les cuesta demasiado romper sus ideas preconcebidas (es decir, lo que ellos creen que está demostrado y por tanto es verdad absoluta e intocable), y quieren que un pobre órgano como el cerebro asuma toda la responsabilidad de lo que una persona ve en su ECM. Y los pacientes que sufren ECM’s no entienden lo que les ha pasado, y según su propio criterio, es decir, dependiendo de sus propias creencias y su educación, deciden qué es lo que vieron. O quizá su mente decide por ellos, y ellos ni siquiera dudan de nada. ¿Por qué iban a hacerlo? Nadie les ha explicado que cuando sales del cuerpo accedes a un plano comúnmente llamado astral donde lo que sientes y sobre todo lo que piensas tiene extrema importancia, donde tú mismo puedes crear tu propia realidad y donde puedes ser fácilmente engañado por tus propias percepciones. Nadie se lo explica porque nadie se ha preocupado todavía de estudiar las experiencias extracorpóreas de manera seria. Por eso, para muchas de estas personas, estar a punto de morir y haber hablado con Dios es lo más lógico del mundo. Y en el peor de los casos, incluso piensan que han sido unos elegidos.

A pesar de todo esto, hay gente que desea tener una ECM porque cree que así va a estar seguro de que la muerte no existe. Y no se dan cuenta de que hay métodos mucho más fáciles para llegar a saberlo. No hace falta esperar a estar en una situación de muerte. Es suficiente con meditar y recordar vidas pasadas (o, en su defecto, acudir a un profesional de confianza para hacer una regresión). Los que lo hacemos sabemos “un poco” sobre la muerte. Para los que no lo sepan, recordar tu propia muerte es algo más que ver una escena delante de tus ojos como si fuera una película. Se acompaña de numerosas emociones, a veces muy difíciles de controlar. Al principio enfrentarte a una de estas escenas da miedo, mucho miedo, y es posible que necesites varios intentos para darte permiso a ti mismo y atreverte a verlo. No tienes ni idea de lo que vas a encontrar, no tienes ni idea si vas a sentir el  mismo dolor que sentiste cuando moriste de verdad. No sabes si vas a poder controlar las emociones. Con el tiempo va siendo algo más fácil. Por supuesto, cuando se trata de una muerte traumática se hace un poco más complicado… y por lo general recuerdas antes las muertes traumáticas porque recordamos antes lo que nos afecta. En estos casos, cuando la muerte es súbita e inesperada, es mucho más frecuente que vaya acompañada de fuertes emociones, bien porque te dio mucha rabia acabar así, o porque no te pudiste despedir de tus familiares y amigos, o porque a tu lado viste caer también a muchos de tus compañeros, o porque fue un accidente sin sentido, o porque no pudiste ver crecer a tus hijos, o porque dejaste cuestiones sin resolver.

Lo importante de todo esto es que al final todo acaba. Todo dolor y sufrimiento son solo temporales, pertenecen a la dimensión humana, no a la espiritual. A veces te ves ya fuera de tu cuerpo e incluso sabes que te quedaste un tiempo en el plano astral para asegurarte de que todo estaba bien. Y muchos pacientes sometidos a hipnosis (no es mi caso) relatan incluso cómo vieron el mismo túnel de luz que describen las personas que han sufrido ECM’s, y cómo se reencontraron con sus guías o con familiares ya fallecidos. Si es una regresión a la vida entre vidas, incluso puedes describir el mundo espiritual y todo lo que ocurre después de muerto, algo que ocurre para todos, independientemente de la religión, raza, sexo, lugar de nacimiento, o el nivel de maldad con el que te hayas conducido por la vida… aunque a algunos les cueste aún comprender y aceptar esto, presos de sus propios prejuicios y sus ideas preconcebidas.
Muchos reencarnacionistas llegamos a visitar nuestras propias tumbas.
Pero cuando has recordado varias muertes y comprendes que hagas lo que hagas siempre vuelves a nacer, todas las dudas desaparecen. Y francamente, ya te da igual lo que digan los científicos, los escépticos, y los que hablan de reencarnación sin saber lo que es recordar vidas pasadas. Esos que piensan que creer en la reencarnación es solo un deseo de que la muerte no sea el final. Cuando has verificado tus recuerdos e incluso has localizado tu tumba, ya nada pueden decirte que te convenza de lo contrario. Es algo que sabes y que vas a llevar dentro ya para siempre, solo tú sabes que no es imaginación, que no es obsesión, que no es creencia, que no es un simple deseo. Solo tú sabes por todo lo que has pasado hasta llegar a ese punto. Visitar tu propia tumba es algo que muchos reencarnacionistas llegan a hacer o que deseamos hacer, un momento en tu viaje personal que es todo un hito, acompañado de fuertes emociones y en muchos casos una fuerte necesidad de aceptar el pasado, aceptarte a ti mismo, con lo bueno y lo malo que hiciste en esa vida, y pasar página.   

¿Perdemos el miedo a la muerte? Eso es ya otra historia. No puedo hablar por todos los reencarnacionistas, pero en general se puede decir que no tememos a la muerte en sí, tememos al dolor que acompaña a la muerte. También depende de cada uno y del grado de apego que tengamos a la vida terrenal. Pero lo bueno es que sabemos que nada se acaba con la muerte. Que tarde o temprano nos vamos a reencontrar con las personas que queremos. Sabemos que en cada vida hay personas con las que ya hemos vivido en el pasado, y por alguna razón van y vienen, aportándonos aquello que necesitamos justo en el momento que lo necesitamos. Personalmente, pienso que en la Tierra andamos ciegos y sordos y solo en determinadas ocasiones reconocemos a aquellos que fueron importantes en otras vidas. Pero al traspasar el umbral esa venda desaparece y de pronto nos damos cuenta de cuán inútiles fueron ciertas discusiones, o ciertos miedos. Es imposible perder a nadie, porque al otro lado somos como una gran familia en la que los lazos de sangre no tienen la más mínima importancia. No comprendo a las personas que solo piensan en reencontrarse con sus familiares al otro lado, tal y como los conocieron en esta vida. Somos mucho más que un hijo, un padre o un amigo. Somos almas eternas en un camino eterno en el que compartimos buenos y malos momentos. ¿Quién no crea vínculos con alguien con el que has reído y llorado a lo largo de tantas vidas? Esos vínculos jamás desaparecen. Si de algo estoy segura, es de que la muerte no los destruye.


domingo, 20 de octubre de 2013

¿Ciencia o creencia?

Me he dado cuenta de un hecho muy curioso. Hay personas que dicen creer en la reencarnación desde el punto de vista científico: para ello se basan en los trabajos de Ian Stevenson y otros autores que han investigado las vidas pasadas de niños, y al mismo tiempo afirman que “no creen en" las regresiones hipnóticas.

Personalmente, creo que esto solo lo pueden afirmar personas que, primero, no han investigado adecuadamente; segundo, se están dejando llevar por sus propios prejuicios, lo cual no es una actitud muy científica que digamos; y tercero, no lo han experimentado por sí mismos. Bueno, y añadiría un cuarto punto, posiblemente el más importante: no lo han VERIFICADO por sí mismos. Pero analicemos cada punto por separado…

1. No han investigado adecuadamente.

Ya he comentado en otras entradas del blog la gran confusión que existe en el público general acerca de las técnicas de hipnosis y sobre lo que es una regresión hipnótica. Por una parte entiendo que haya gente que dude que esta información que los pacientes obtienen bajo hipnosis provenga de verdad de vidas pasadas. En ese caso, deberían proponer alternativas científicas a la reencarnación, y explicar cómo es posible que alguien que no sabe nada de un periodo histórico determinado, pueda dar tantos detalles sobre ese periodo que luego resultan ser ciertos, como probó Helen Wambach en sus investigaciones. Temo que la cuestión de “no creer en las regresiones hipnóticas” es una consecuencia de lo que comentaba sobre la racionalidad en el mundo de la reencarnación, debido al “intrusismo” de personas que vienen de ciertos “círculos espirituales o esotéricos” y el hecho de que se mezclan las regresiones con enseñanzas varias sin ningún fundamento, lo que ya está haciendo mucho daño al tema de la reencarnación en general, con una considerable pérdida de credibilidad para los que queremos estudiarla seriamente. Esto me lleva al siguiente punto.

2. Se dejan llevar por sus propios prejuicios.

Como las regresiones hipnóticas suelen ir aparejadas a una serie de conceptos “espirituales” como es el karma, la existencia de guías espirituales, la preplanificación, los grupos de almas, etc., conceptos desarrollados principalmente por Brian Weiss y Michael Newton, hay personas que sienten un gran rechazo hacia estos conceptos (a veces con razón), y por tanto “concluyen” que las regresiones hipnóticas no son fiables. En todo caso decir no creo en las regresiones hipnóticas es bastante inexacto, puesto que estas personas olvidan que las regresiones no son una cuestión de fe, igual que ocurre por ejemplo con los ovnis. Hablo de ovnis porque los he estudiado desde niña y por tanto sé que los ovnis no son una cuestión de creencia: los ovnis (es decir, objetos volantes no identificados) están ahí, son un fenómeno que existe sin ninguna duda. Otra cosa es qué son los ovnis. Lo mismo ocurre con las regresiones. Es un hecho que personas de muy distinta procedencia, religión, edad, sexo o clase social, bajo hipnosis, todas describen escenas muy similares del periodo entre vidas. Y muchas describen escenas de supuestas vidas pasadas que luego se han podido corroborar históricamente. Decir no creo en las regresiones hipnóticas es tirar por la borda el trabajo que durante años han hecho autores como los ya mencionados, y querer negar algo que es más que evidente. Eso por no mencionar la increíble similitud que existe entre lo que se describe en muchas de estas experiencias, y lo que relatan pacientes que han sufrido ECM’s, hecho que sin embargo es constantemente ignorado por estas personas que dicen ser tan científicas. Y además, hecho que también es bastante desconocido, existen niños con recuerdos espontáneos del periodo entre vidas que también coinciden bastante con esas descripciones obtenidas por hipnosis regresiva.




Recordemos que el método científico consta de varias etapas:
  • Observación.
  • Formulación de hipótesis.
  • Experimentación.
  • Emisión de conclusiones.
Parece que como estas personas tienen de entrada una serie de prejuicios, ni siquiera se molestan en investigar adecuadamente los testimonios de estos cientos de sujetos sometidos a hipnosis (observación), y por supuesto, ni siquiera se molestan en experimentarlo por ellos mismos. Es muy difícil estudiar científicamente la reencarnación porque las regresiones son algo muy subjetivo, eso es verdad. Pero un verdadero científico no debería desechar de primeras la información que proviene de estas fuentes simplemente porque “no cree en ello”.

Otra posibilidad es que no se investigue porque la información en español es bastante escasa. Pero eso no es excusa para alguien que pregona por ahí su amplio conocimiento de investigaciones y estudios científicos realizados en otros idiomas.

3. No lo han experimentado por sí mismos.

No me canso de repetirlo, y jamás me cansaré, aunque tenga la impresión de que hablo con una pared. Nada tiene más valor que la experiencia. Los que hemos recordado nuestras vidas pasadas y seguimos manteniendo una actitud racional y científica en la medida de lo posible, sabemos que la reencarnación es la teoría que mejor explica estos fenómenos. Pueden presentarme miles de objeciones, pueden hablarme de la teoría del inconsciente colectivo de Jung, de percepción extrasensorial, de la remota posibilidad de que la información de las vidas de millones de personas esté de algún modo grabada en un entramado cuántico y que nuestra mente pueda conectar con esa información, incluso pueden afirmar que esos niños que recuerdan supuestas vidas pasadas en realidad están poseídos por espíritus que les transmiten esa información (teoría esta última que me parece mucho más descabellada que aceptar la reencarnación sin más). Solo los que utilizamos la meditación/regresión de manera rutinaria y hemos obtenido sorprendentes resultados sabemos que hay algo que no tiene explicación para la ciencia actual y que solo puede deberse al hecho de que hemos vivido antes. Pero no importa cuánto insistamos, hay gente que prefiere mirarlo todo desde la barrera, en lugar de vivirlo por sí mismos, tal vez porque saben que eso les va a llevar a tal transformación interna que no se sienten preparados, o les va a llevar al derrumbe de todos esos prejuicios en los que se han acostumbrado a vivir. Esto no solo es visible en la reencarnación. Por desgracia también es visible en grupos bastante conocidos de experiencias cercanas a la muerte donde todo lo que se salga de lo establecido por la religión católica queda en entredicho. Si en un grupo que dice ser científico y que por tanto debería ser totalmente objetivo, ocurre esto, no sé qué no puede ocurrir cuando hablamos de reencarnación. Un concepto en el que todos los seres humanos somos iguales ante la vida y la muerte, y que sin embargo cuesta tanto aceptar por determinados sectores de la sociedad… es altamente preocupante.

4. Verificaciones.

Esta es la palabra que se olvida constantemente entre aquellos que dicen no creo en la reencarnación (o más en concreto, en las regresiones hipnóticas). Recordemos la definición de “fe”: “Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia”. Es verdad, la reencarnación no está probada por la ciencia. Sin embargo, hay ya muchas personas que lo han podido confirmar “por la experiencia”. Sí, una experiencia que posiblemente no servirá de nada para los científicos ni para las personas pseudoescépticas que simplemente se niegan a creer aquello que va en contra de sus propios dogmas. Pero una experiencia que te cambia individualmente y que te da una perspectiva totalmente nueva respecto al significado de la vida, a la razón por la que estamos aquí… una experiencia que te hace ver lo importante que es actuar siempre de forma correcta, donde el único castigo que existe es el que tú mismo te impones como resultado de esas acciones. Una experiencia que te hace ver lo inútil que son las religiones y que te permite ver a través de la confusión generada a lo largo de los siglos por los líderes religiosos, cuyo único fin era (y es) dominar a las masas mediante el miedo y la manipulación.

Las dudas siempre están ahí mientras estás obteniendo supuestos recuerdos de vidas pasadas. Sobre todo si eres una persona racional que no acepta de buenas a primeras las “enseñanzas espirituales” de los que tratan de hacer de la reencarnación un nuevo negocio o una nueva religión. Pero el día que consigues verificar que esos recuerdos corresponden a una persona que existió de verdad, con nombre y apellidos, con una biografía que se corresponde con lo que tú estabas “imaginando”, algo cambia para siempre, y ese cambio es tan profundo que cuesta asimilarlo. Es el día en que una “creencia” se convierte en un “hecho”.


Sí. Podemos estar equivocados. Lo reconozco. Lo malo es que hay miles de personas que siguen creyendo en el cielo y el infierno, en el génesis y en el apocalipsis, en los Reyes Magos y la Virgen María. En la resurrección de los muertos, y en el Diablo. Siguen creyendo que los suicidas se merecen la condenación eterna. También hay científicos que en nombre de la ciencia se siguen aferrando a una serie de principios que hace tiempo han quedado obsoletos, y que refugiándose en el dogmatismo e inmovilismo de la nueva religión de nuestro tiempo, siguen negándose a dar un paso adelante e investigar un fenómeno que ya no se puede negar. Estos últimos en especial me dan muchísima pena. Y lo peor de todo es que ni siquiera se plantean que ellos también pueden estar equivocados.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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