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lunes, 29 de mayo de 2017

Ejemplo de charlatanería reencarnacionista.

De momento he puesto “ejemplo”, pero no descarto que en un futuro hable de “ejemplos”. Mi paciencia tiene un límite y hace tiempo que estoy MUY cansada de solo ver gilipolleces en internet, en lo que respecta a reencarnación. Sí, he dicho gilipolleces. 😈

Yo intento no meterme con nadie, pero es que ayer alguien me dejó un enlace en una entrada bastante seria que tengo en mi otro blog, titulada “¿Es posible demostrar científicamente la reencarnación?” Creo que esta persona solo estaba spameando y ni siquiera se molestó en leerse el texto, pero como el artículo al que enlazaba es un ejemplo claro de lo que pulula por ahí fuera, y me ha pillado el día torcido, pues no voy a desaprovechar la ocasión de analizarlo convenientemente.

Su comentario era este:
Es claro que existe la reencarnación.
La explicación científica se encuentra en la revista blanca.

(Encima le voy a hacer publicidad. Mira, eso que se ha ganado, pero espero que al menos esto sirva para que mis lectores aprendan algo).

Bueno, un rápido vistazo a La Revista Blanca ya te hace ver que es como el Cosmopolitan, un batiburrillo de artículos que hablan un poco de todo, especialmente de temas de salud y cosmética. Lo peor es que parece que hay gente que les pide consejo y todo. Normalmente este tipo de artículos suelen ser escritos por redactores muertos de hambre a razón de 2 euros la unidad. A este precio lo más normal es que copien y peguen de aquí y allá, sin molestarse tan siquiera en revisar que no haya faltas de ortografía. Y, por supuesto, les importa un rábano si lo que están escribiendo es verdad o no. Aquí me encuentro con que supuestamente el creador del blog (y autor de las publicaciones) es “regente de la universidad de Antioquia”. Razón de más para desconfiar, porque si es verdad que él y su colaboradora son los que escriben los artículos, y un regente de universidad no ha aprendido aún ortografía ni sabe redactar, no sé qué le habrán enseñado en esa universidad.

¿Qué tiene que ver la medicina con la reencarnación? Pues vete tú a saber. Es uno de esos misterios insondables del universo. Lo gracioso es que en el artículo referenciado más arriba, este individuo afirma que la reencarnación ya tiene explicación científica. Tuve que leer el artículo hasta el final para comprobar que este individuo no sabe ni de lo que habla (si es que ya digo que la vida de un reencarnacionista es durilla… pero durilla de cojones). Veamos.

[Esta vez no he corregido la ortografía, excepto los espacios entre letras que sobraban y que personalmente me resultan bastante molestos. Es que soy así de maniática].

“Mi doctrina es: Vive de tal modo que llegues a desear vivir otra vez, ése es tu deber, ¡porque revivirás de todas maneras!” Nietzsche.

Esta es la cita que abre el artículo. Probablemente es lo único que me gustó. Espero que la cita sea cierta y no una de esas fotos que todo el mundo comparte en Facebook creyendo que hace un bien a la humanidad cuando lo único que hace es propagar mentiras.

La reencarnación: creer o no creer. Es una creencia según la cual, al morir un ser humano, su alma se separa momentáneamente de su cuerpo marchito, enfermo o envejecido, mientras espera otro cuerpo nuevo y más purificado que lo regresa a la tierra como alma viviente.

Madre mía. Empezamos bien. Primero: NO, no se trata de creer o no creer, o no estaríamos hablando de ciencia ni de medicina, sino de religión. Existen personas en todo el mundo que afirman haber vivido antes, y esto está estudiado científicamente. Si no partimos de ahí, mal vamos. Segundo: ¿Cuerpo más purificado? ¿De dónde se ha sacado esto? ¿Un bebé no respira, come y defeca como cualquier anciano? ¿Es que el envejecimiento equivale a convertirse en un excremento humano, un tóxico radiactivo o algo así?

Son muchas las religiones, doctrinas, creencias o filosofías que defienden la reencarnación y la aceptan como un hecho real: los chamanes, hinduismo, budismo, confucionismo, taoísmo y, el budismo tibetano, quien nos presenta una clara explicación de la reencarnación en el libro tibetano de los muertos. Por el contrario, La religión católica cree en la resurrección de los muertos, cosa que a mi juicio es prácticamente lo mismo.

No, los budistas no creen exactamente en la reencarnación, tal y como la entendemos en el mundo occidental. Ni tampoco dan una clara explicación en El libro tibetano de los muertos, que habla sobre todo del periodo conocido como bardo, justo después de la muerte. Por otra parte, ¿que la resurrección de los muertos es prácticamente lo mismo que la reencarnación? Sí… tal vez eso explique el sinsentido de la parrafada que viene después.

Revistablanca.com, como siempre, clara, lógica y transparente, presenta su teoría biológica de la reencarnación.

La teoría biológica de la reencarnación, según La Revista Blanca (que de clara, lógica y transparente tiene más bien poco), ni es una teoría, ni va sobre reencarnación. Más bien, el autor se limita a exponer lo que la ciencia ya sabe, aunque de una manera bastante tergiversada. Por cierto, recordemos que, a día de hoy, para la ciencia, la reencarnación no existe. El alma tampoco existe. Todos vamos a morir, y no hay nada después. Ahora, si queremos usar la palabra “ciencia” o “científico” para llamar la atención del lector y que piense que hay algo razonable detrás de vacías palabras, pues adelante, Revista Blanca.

Por tanto, si la mayoría cree en la reencarnación, es la sociedad la que cree y, como la sociedad es la que decide, por tanto existe.

Err… no. Por mucho que la gente crea en hadas y unicornios, las hadas y unicornios no se hacen reales. Puede que existan en las mentes de esas personas. Nada más. Las creencias son creencias y la realidad es la realidad. Tal vez alguien se debería leer la entrada en la que hablo sobre ciencia o creencia. Esto, por no mencionar que no hay estadísticas suficientes para afirmar que la mayoría de la sociedad cree en la reencarnación. En concreto, solo conozco dos estudios (puede que haya más), uno en Estados Unidos y otro en España, en los cuales se vio que aproximadamente el 25% de la población respectiva de cada país cree en la reencarnación. Así que dudo que a nivel mundial la cosa cambie mucho.

Para que exista la reencarnación, deben existir dos premisas:
  • Muerte del cuerpo por cualquier razón.
  • Nacimiento de un cuerpo engendrado en la matriz de una mujer.

Vaya, por fin algo sensato. Sí, para reencarnar tienes que morirte primero. Pero… que sean dos premisas, no significa que A+B sea necesariamente igual a C. Por si el autor cree que esto ya demuestra algo…

Por lógica o mejor dicho por sentido común, todo cuerpo debe tener algo más que le da la vida. Que lo mueve y lo anima.
Y ese algo es, según la biblia: “Entonces el señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente” génesis  2:7

Genial. Aún no sabemos si la reencarnación existe, pero el alma seguro que sí, porque lo dice la Biblia. Si lo dice la Biblia, entonces no hay duda. Aunque creía que hablábamos de sentido común…

خَلَقَ الإِنسَانَ مِن نُّطْفَةٍ فَإِذَا هُوَ خَصِيمٌ مُّبِينٌ (coran-4) dice algo parecido: “Creó DIOS al ser humano de [algo tan ínfimo como] un óvulo fecundado, y sin embargo este discute constantemente [la existencia y el poder de su Señor]”. Otra traducción es: “creo DIOS al ser humano de una gota de semen”

[Je, je, me hacía ilusión poner algo en árabe en mi blog 😁].

Ajá. Buen argumento. Si lo dice el Corán, también tiene que ser cierto que Dios nos creó a partir de un óvulo fecundado. O del esperma, que al fin y al cabo viene a ser lo mismo.

Eclesiastés 12:7 “el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu (o aliento de vida) vuelve a DIOS”.
DIOS formo al hombre del polvo de la tierra, que en el libro sagrado el Corán significa, gota de semen u óvulo fecundado. Se dice también que en la muerte el cuerpo vuelve al polvo, semen u óvulo fecundado.
Ese “algo” que le da la vida al cuerpo es el “alma” que traducido del latín, significa ánima, que dota al ser animado de movimiento propio. Por tanto, los animales, plantas y humanos tienen alma.


 
Pues ya está. ¿Por qué nos comemos tanto la cabeza pensando si tenemos alma o no? Si lo dicen todos los textos religiosos del mundo, es que tiene que ser verdad, ¿no?

La muerte hace parte de la vida, es el último acto que realizamos. Se dice que uno empieza a morir en el mismo momento en que nace o incluso a partir de la misma concepción. Si pensamos que la vida en la tierra solo nos conduce a la muerte es un absurdo, pues nacer para morir no es ninguna gracia y por tanto no tiene ningún sentido.

Cierto. No tiene ningún sentido (tal vez), pero si miramos alrededor TODO nace y muere. Lo que nos parezca a nosotros, creo que es secundario.

Al parecer estamos aquí para realizar diferentes funciones y avanzar en nuestra escala espiritual. Además, la más interesada en mantenernos vivos y perpetuando la especie es la misma naturaleza; algo se debe traer entre manos.

¿La naturaleza está interesada en mantenernos vivos? ¿Para qué exactamente? ¿Para que sigamos destruyéndola con nuestro comportamiento? ¿Cuántas humanidades han desaparecido desde que el primer ser humano pisó la Tierra? Yo diría que unas cuantas, si hacemos caso a algunas fuentes, aunque estas fuentes no son muy científicas que digamos. 

Sin extendernos más en cuestiones religiosas o filosóficas, trataremos desde el punto de vista científico en formular nuestra teoría que explica que sucede y como sucede este paso tan crucial e inexplicable hasta ahora; eslabón muerte-vida.

¡Menos mal! Por fin se va a dejar de palabrería… (sí, soy algo ilusa 😟).

Solo dos células son necesarias para dar comienzo a un nuevo individuo; el espermatozoide y el óvulo. “Tanto el espermatozoide, como el óvulo son células que están vivas al momento de unirse y siempre lo estuvieron,… ¡siempre vivas! Al unirse estos gametos en las trompas de Falopio, se forma una célula con un núcleo que contiene 23+23= 46 cromosomas; el denominado cigoto, que es la primera célula del nuevo individuo donde el espermatozoide se une primero al óvulo por fusión. Es en este momento donde se transfiere la información genética.

Esto parece copiado de una enciclopedia. Excepto lo de “¡siempre vivas!” ¿A qué viene tal admiración? Cualquier célula de nuestro organismo está viva, ¿es acaso esto un milagro? Pero que yo sepa los espermatozoides no empiezan a formarse hasta que el individuo de sexo masculino llega a la pubertad. Hasta entonces, ¿las células precursoras (llamadas células germinales primigenias) estaban muertas? En serio, ¿se piensa el autor que existe mucha diferencia entre un espermatozoide o un óvulo y una célula epitelial o un leucocito?

Seguidamente el autor pone un enlace a otro artículo en su web sobre el uso de la “píldora de emergencia”, donde se repite parte del texto. Por supuesto, no se recomienda su uso ni como píldora anticonceptiva ni como abortiva. Hmm… ¿será porque los espermatozoides estuvieron siempre vivos y eso equivaldría a un asesinato en primer grado? ¿Debería empezar a sospechar que existe cierto sesgo en la forma de pensar de este autor? 😳

… ¿Están vivas las células que dieron origen al cigoto?, ¡claro!, son la continuación de la vida. Es una célula con más de 3.000 millones de años de evolución, todo lo sabe, todo lo tiene y trae información. Entonces, que quede bien claro, no nace una nueva vida… solo nace un nuevo individuo, son las células de papá y mamá, y las mismas del abuelo, tata,… Esta primera célula llamada cigoto, es una somática, la cual presenta características muy diferentes a cualquier otra célula del organismo humano —trae toda la información de vidas pasadas de una persona —, además, es la célula que formará los tejidos y órganos de la persona.

Wow. La verdad es que me cuesta creer cómo se pueden escribir tantas incoherencias en tan poco espacio. ¿Una célula con más de 3.000 millones de años de evolución? ¿Que todo lo sabe? ¿Solo porque lleva el ADN de papá y mamá? Pues no. Siento romper la burbuja de fantasía de esta persona, pero un zigoto no tiene nada de especial, excepto que es una célula diploide formada por la unión de otras dos células haploides, que traen la información genética procedente de dos individuos adultos distintos. Eso no significa que llevemos la información de toda la humanidad en nuestros genes, ni mucho menos de todas las especies animales de la Tierra. Recordemos que la teoría de la evolución no está demostrada aún.

Por otra parte, aquí se ponen de manifiesto los increíbles conocimientos científicos de este regente de universidad. Las células del zigoto NO son las mismas que las de nuestros abuelos, porque SE HAN FORMADO DE NUEVO. Decir que las células del nuevo individuo son las mismas que las de su abuelo, es como decir que dos edificios son los mismos porque se han construido a partir del mismo plano y/o utilizando el mismo material. Además, ser una célula somática no es nada especial. Es más, son la gran mayoría en nuestro organismo. Que sea “somática” simplemente significa que esa célula va a formar parte del cuerpo en lugar de dedicarse a la reproducción. Esto no es muy difícil de comprobar, haciendo una búsqueda rápida en internet (en sitios que son de fiar, por supuesto, no como La Revista Blanca).

Según la Wikipedia (la negrita es mía):

Las células somáticas son aquellas que conforman el crecimiento de los tejidos y órganos de un ser vivo pluricelular, las cuales proceden de células madre originadas durante el desarrollo embrionario y que sufren un proceso de proliferación celular y apoptosis. Son las que constituyen la mayoría de las células del cuerpo de un organismo pluricelular. Las células somáticas representan la totalidad de las células del organismo excepto las células germinales y las células embrionarias, que son el origen de los gametos. Por lo tanto, se encuentran en los huesos, la piel, los tejidos, los órganos o la sangre. Se componen de 23 pares de cromosomas. Las células somáticas pueden mutar sin transmitir sus modificaciones a los futuros descendientes. Las células somáticas que mutan pueden, sin embargo, ser la causa de cánceres, entre ellos el cáncer de colon.
Las células que no son somáticas son células germinales, y son de las cuales se forman los gametos (espermatozoides y óvulos).
https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A9lula_som%C3%A1tica

Según el National Human Genome Research Institute (la negrita también es mía):

Una célula somática es cualquier célula del cuerpo excepto los espermatozoides y óvulos. Las células somáticas son diploides, es decir, que contienen dos juegos de cromosomas, uno heredado de cada padre. Las mutaciones en las células somáticas pueden afectar al individuo, pero no se transmiten a la descendencia.
https://www.genome.gov/glossarys/index.cfm?id=186

Y lo de que trae toda la información de las vidas pasadas es ridículo, simplemente. Hasta el momento, que yo sepa, no se ha demostrado que los genes puedan llevar ningún tipo de información que se parezca a un recuerdo. Aún así, si aceptáramos la vieja teoría de la memoria genética para explicar la reencarnación, no sería posible que un individuo recordara su forma de morir en una vida pasada “porque esa información estaba en el zigoto”, ya que ese zigoto se habría formado con la información reunida hasta el momento de la concepción. Es decir, dos individuos necesitan estar vivos para procrear. Si yo recuerdo haber sido mi abuelo, en el zigoto estaría la información de su vida HASTA que procreó a su descendencia. No estaría la información sobre su muerte, y por tanto yo no lo recordaría. Más sobre memoria genética aquí.

Por nutrición sabemos que para la formación de estructuras y partes de un cuerpo como lo son los órganos, se necesitan la presencia de aminoácidos. Estos aminoácidos presentes en el cigoto, son las mismas moléculas iniciadoras de la putrefacción de los cadáveres. Las poliaminas: cadaverina, putrescina, espermina, espermidina, agmatina y termoespermina, son moléculas derivas metabólicamente de los aminoácidos lisina, ornitina y arginina. Estas moléculas han sido relacionadas con procesos fundamentales para la vida, como son la división celular, el crecimiento celular, la diferenciación y la muerte celular, habiéndose demostrado en todos los organismos (Minguet, 2010) (guasco y otros, 2014).

La verdad es que no tengo ni idea de qué quiere decir con este párrafo. Por nutrición lo que sabemos es que tenemos que ingerir proteínas (de origen animal o vegetal, da igual), para que en el intestino se disgreguen en aminoácidos, para que a partir de esos aminoácidos se pueda formar tejido muscular. ¿Que son las mismas moléculas que las de la putrefacción? Pues claro, porque los microbios lo que hacen es digerirnos una vez que hemos muerto, y así el tejido muscular se vuelve a transformar en aminoácidos. ¿Hay algo especial en ello? No, aparte de que es un proceso muy bien pensado por la naturaleza (si es que la naturaleza piensa), o los seres vivos seríamos como los plásticos, no biodegradables. Que yo sepa esto no tiene nada que ver con la reencarnación.

Además, el ADN es una molécula muy lábil que enseguida se deteriora después de la muerte del individuo. Si el autor del artículo piensa que queda algo de información genética en los átomos y moléculas orgánicas (como los aminoácidos), y por ello en un zigoto está la información genética de todos nuestros antepasados (incluyendo a las bacterias) desde que se formó la Tierra, creo que va bastante desencaminado...

Por tanto, el origen de cada individuo no se reduce al mero comienzo de la vida en su dimensión biológica, por lo que el cigoto, en esencia ya es persona porque se desarrolla como hombre y no a hombre. Ahora, “los que plantean que el hombre “no es más que […] un saco de neuronas”. No aceptan una intervención de Dios, que crea a cada hombre otorgando el ser personal a cada cigoto humano que se constituye —in vivo o in vitro— desde el material genético de sus progenitores” (Lopez, 2010).

Genial, ahora me está diciendo que debemos considerar a un zigoto como una persona, y que esto es porque Dios lo quiere así. ¿Pero esto iba de ciencia o de religión?

 
Y si alguien descifra el significado de la frase “en esencia ya es persona porque se desarrolla como hombre y no a hombre”, por favor, que me lo diga en los comentarios. Me pregunto cuál será su idea acerca de los zigotos de cualquier otro mamífero. ¿Un perro no es persona porque se desarrolla como perro y no a hombre? ¿O sí que es persona porque se desarrolla como perro y no a perro? ¿O es animal porque se desarrolla como perro y no a gato? No sé, estoy confusa… 😖

Sigue otra tremenda parrafada sobre el proceso de la muerte. La conclusión es:

Quiero resumir un poco el paso desde la muerte al nuevo nacimiento: biológicamente las mismas sustancias que aparecen en la putrefacción, son las mismas que dan origen al nuevo ser. Claro, las concentraciones de estas sustancias o moléculas cambian. Lo mismos hechos que ocurren durante la muerte suceden también durante el nacimiento.

Ajá… y por eso la reencarnación existe. Increíble razonamiento. Creo que mi sobrino de tres años lo haría mejor, en serio.

Y por fin nos da la clave de todo: el oxígeno.

La reencarnación es como ya lo hemos manifestado, volver a nacer. Sucedida la muerte el individuo deja de respirar, todas las reacciones que dependían de esta fantástica molécula(oxigeno) involucionan. Durante el proceso de putrefacción o de incineración, muchas partículas se evaporan y viajan a la atmósfera. Estas partículas (átomos), son distribuidas por los vientos, luego serán absorbidas por las personas; algunas directamente, otras mediante el proceso de la fotosíntesis… Durante un acto sexual, la mujer respira estos átomos afines a los suyos dando inicio a la continuación de la vida.


Vale. La verdad es que no hay por dónde cogerlo, pero lo voy a intentar, a riesgo de acabar en un psiquiátrico.
  • La reencarnación es volver a nacer. Bueno, si el autor de este artículo quiere verlo así, pues no seré yo quien le contradiga.
  • Al morir todas nuestras partículas se van a lo atmósfera, luego una mujer las respira, y esas partículas son las que dan forma al bebé. Por tanto, la reencarnación o renacimiento existe. Siento discrepar. Esto, como mucho, demostraría que el reciclaje de las células es posible. No digo que no pudiera ser cierto (siendo muy, muy, pero que muy generosa). Pero no, eso no equivale a la existencia de la reencarnación, ni a la existencia del renacimiento o como quiera usted llamarlo. Que los seres humanos en particular (y seres vivos en general) estemos fabricados de las mismas moléculas, NO QUIERE DECIR que todos los seres humanos hayamos renacido. Un cerdo está hecho de las mismas moléculas que un ser humano, y eso no significa que todos hayamos sido cerdos en el pasado. Si tengo un Lego y me dedico a hacer una decena de figuritas distintas, y luego las destruyo y hago otra decena de figuritas, esto no implica necesariamente que las últimas sean la reencarnación de las primeras. Un individuo puede renacer… o no, y cuando se muera sus moléculas puede que sean utilizadas para crear otro cuerpo, pero ese cuerpo no tiene por qué ser el del mismo individuo renacido, sino de otro. Espero haberme explicado. 
  • Que yo sepa, el embrión se va formando gracias a los nutrientes que la mujer ingiere (sí, esos son los ladrillos de las células somáticas), no gracias al oxígeno que le llega a través del cordón umbilical, o sea, a través de la sangre. El oxígeno es necesario para la vida, sí, cualquier tipo de vida en el planeta Tierra, pero por sí mismo no va a perpetuar la vida. La existencia de oxígeno tampoco es un milagro. Si no hay oxígeno, los seres se adaptan y pueden utilizar otras moléculas. La mujer durante el acto sexual respira, porque si está muerta, ni puede tener sexo ni puede procrear, no porque vaya a ser la causante de la reencarnación de nadie. Y... dicho sea de paso, para continuar la vida también hace falta un hombre... o, al menos, parte de él.
  • Leyendo el párrafo de nuevo, me queda la duda de si hay personas que realizan la fotosíntesis, o si es que los humanos también reencarnamos en geranios.
  • Y ya lo de la mujer que respira átomos afines durante el acto sexual… es surrealista. ¿Los no afines no los respira? ¿Solo respira átomos afines durante el coito y no el resto del día? ¿Las moléculas de nicotina de las fumadoras, son átomos afines? No sé, son dudas que se me plantean, pero es mejor que no comente nada más.
  
Por último, este “regente de universidad” concluye el artículo recurriendo de nuevo a las escrituras:

“Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 Pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos y que guardéis mis preceptos y los pongáis por obra”. Ezequiel 36:26-27

Visto lo visto, creo que sus argumentos religiosos son lo que mejor apoya su afirmación de “la ciencia explica la reencarnación”. 😭

Cierro esta entrada con unas últimas palabras dedicadas al autor en cuestión.

Querido Héctor: gracias por hacerme pasar tan buen rato leyendo tu disertación. Pero que sepas que eso no es ciencia, es PSEUDOCIENCIA. Permíteme darte algunos consejos:

  • Infórmate un poco más sobre reencarnación, en especial sobre trabajos verdaderamente científicos que recogen casos de niños (y adultos) que recuerdan vidas pasadas. Puedes empezar por mi propio libro Niños que recuerdan vidas pasadas.
  • Lee blogs que estén escritos por personas con experiencia propia, ya sea porque recuerdan vidas pasadas, o porque llevan años dedicándose a la terapia regresiva (aunque con algunos de estos también hay que tener cuidado, especialmente si dicen ser “discípulos de Brian Weiss”).
  • Asegúrate de leer bien el texto antes de comentar, tal vez te estés metiendo en un berenjenal como este.
  • Deja de confundir al personal. Por desgracia, ya hay bastantes charlatanes en el mundo de la reencarnación, y no todos los lectores tienen suficientes conocimientos científicos como para diferenciar lo que es serio y lo que no. Y yo no doy abasto para contrarrestar tanta insensatez.
  • Olvídate de la Biblia y vuelve al mundo real. Si te guardas tus creencias para ti mismo, nos harás un favor a todos.
  • Si es posible, intenta mejorar la redacción.
  • Y, por favor, DEJA DE SPAMEAR MIS BLOGS.

Con cariño,

sábado, 17 de diciembre de 2016

Mucho ojo con los espiritistas.

Recientemente mi foro ha sufrido un ataque de troles. No es que sea la primera vez que me pasa, pero esta vez venían todos juntos, como una horda de vikingos. No he conseguido localizar cuál era su lugar de origen (tampoco es que haya investigado mucho), pero todos traían el mismo discurso que se dedicaban a recitar una y otra vez, algunos con más elegancia que otros. Por un momento pensé que tenía que alertar al grupo anti-sectas, porque mi impresión es que lo único que querían era captar adeptos para sus filas.

Ingenuos. Se debieron pensar que mi foro está lleno de niños inocentes que por alguna razón se habían reunido para hablar de reencarnación, y ellos venían pensando que no tenemos ni idea de nada y que necesitábamos ser educados. La presentación de los dos troles principales era más o menos la misma: “No tenemos experiencia propia, pero sí mucho conocimiento sobre reencarnación y la realidad espiritual porque hemos leído mucho, por la vía del espiritismo como El libro de los espíritus de Allan Kardek, y también libros de regresiones y ECM’s”.

Después se dedicaron a postear repetidamente que el propósito de la reencarnación es evolucionar espiritualmente para alcanzar la perfección y convertirnos en co-creadores del universo. Y, por supuesto, no dejaron de predicar sobre la Ley del Karma, para ellos una realidad indiscutible, porque es lógica y lo han dicho muchos espíritus en comunicaciones mediúmnicas. Fue imposible hacerles razonar. Quizá es porque no les puse los enlaces a las entradas del blog en las que trato de demostrar que esas ideas no hay por donde cogerlas. Si eres lector habitual del blog, ya las conoces. Si no, más abajo encontrarás algunas. Ya deberías saber de qué va esto, de ser racionales y pensar por nosotros mismos, no como los espiritistas.

Antes de continuar, aclarar que yo no tengo nada personal en contra de los espiritistas. Jamás me he metido con ellos antes, así de forma tan clara y directa. Pero tengo comprobado que las personas que me causan problemas en el foro tienen todas algo en común: creencias sobre la reencarnación que han aprendido en algún lugar, se las han tomado como la Verdad Absoluta, se dedican a pregonarlas a los cuatro vientos, y si les desafías, se revuelven contra ti como perros rabiosos. Además, hace tiempo averigüé que la Nueva Era tiene su origen en el espiritismo. Y el espiritismo, a su vez, bebe fundamentalmente de fuentes cristianas y esotéricas. La influencia del budismo, pero no el bueno y original, sino uno distorsionado por las nuevas corrientes, también es evidente. Kardec, Blavatsky, Seth, incluso Edgar Cayce, son todo más o menos lo mismo. Por poco que te pongas a estudiarlos, no tardas en darte cuenta de todas las contradicciones y las ideas sin sentido que hay detrás. Y por supuesto, ninguna de estas personas tiene recuerdos de vidas pasadas, o si los tienen no están verificados o son tipo “Yo fui una sacerdotisa en el Antiguo Egipto”. Eso sí, se creen que tienen el derecho de decirte cómo funciona la reencarnación, conocen mejor que tú cuál es tu propósito al reencarnar, juzgan tus actos, especialmente si fuiste un “alma malvada” en alguna de tus vidas, y son capaces de enumerar todas las deudas kármicas que deberás pagar en el futuro. 

A ver, tampoco es cuestión de generalizar. Puede que haya personas que hayan leído a Kardec y no se hayan quedado impresionados. A estos no los considero espiritistas, no se han convertido en unos fundamentalistas que se creen que ya lo saben todo sobre cómo funciona la reencarnación. Está bien documentarte, saber qué hay ahí fuera. Pero ten cuidado igualmente, porque los que manejan la teoría ni siquiera se han dado cuenta aún de que no son ellos los que saben de reencarnación. Les falta algo fundamental: la práctica. No te dejes engañar: nadie conoce cómo funciona la reencarnación. Ni siquiera los que recordamos estamos seguros de ello, así que no les dejes que te den lecciones. Tengo claro que si quieres saber algo sobre reencarnación, lo mejor es que lo experimentes por ti mismo y te pongas a recordar. Ahora, haz lo que prefieras, eres libre. Si tú no quieres conocer la Verdad por ti mismo y prefieres acudir a un grupo de “eruditos” que han leído muchos libros y tienen aparentemente mucho “conocimiento” (?????), para que te digan lo que tienes que creer y lo que no, pues hazlo. Nadie te va a detener. Por mí, como si quieres ir a una iglesia para pedirle a una estatua que te solucione los problemas. También me da igual si te coges una Biblia y te tomas todo al pie de la letra. Esto lleva pasando toda la vida y seguirá pasando porque es el camino fácil. Para mí no hay mucha diferencia entre la religión y el espiritismo: son doctrinas de dudoso origen que pretenden explicar la realidad para que todos nos quedemos tranquilos y seamos buenas personas, da igual si lo que se cuenta ahí es verdad o mentira. Además la influencia cristiana en muchos de ellos es más que evidente, lo que tiñe sus doctrinas de una moralina barata que es bastante difícil de soportar para una reencarnacionista como yo. Los espiritistas, o al menos los que yo he conocido, son cristianos que creen en la reencarnación, nada más. Aunque ellos lo nieguen, solo por tener unas doctrinas espíritas que todo el mundo debe aceptar, son dogmáticos y solo pretenden convencerte de su verdad. Y como cualquier otra religión, están proscritos en mi blog y en mi foro. 

Como muestra, un botón:


Podéis encontrar montones de blogs espíritas en internet. Poned en el buscador "Misión espírita", echad un vistazo (no os asustéis mucho) y comprobadlo por vosotros mismos. Mi consejo es que huyáis de ellos como de la peste.

Los espiritistas te contarán muchas cosas que te parecerán de lo más bonito y lógico, y tú correrás el riesgo de creértelo. He tocado algunas de estas cosas en el blog más de una vez, así que dejo los enlaces a las entradas relacionadas por no repetirme más.

1. El propósito de la reencarnación es la evolución espiritual.

Hay tanto que se podría discutir aquí que podría escribir un libro entero sobre ello. De momento, puedes consultar esta entrada.


2. Las personas se dividen básicamente en poco evolucionadas y muy evolucionadas.

Y desde el principio nos vamos depurando como almas, hasta alcanzar la perfección, que equivale a la ausencia de defectos. ¿Por qué esta obstinación con hacernos creer que los humanos somos seres despreciables que tenemos que ser cada vez mejores hasta ser como Dios? ¿Y no contradice esto una de las enseñanzas fundamentales del cristianismo, que dice que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios? ¿Y qué sentido tiene ser perfectos? ¿Qué es realmente la perfección, según qué estándares la medimos? Y si es verdad que estamos aquí para evolucionar espiritualmente, ¿cómo es que en miles de años seguimos teniendo instintos tan primitivos?


3. La Ley del Karma es una Ley Natural del Universo que es inseparable de la reencarnación.

Esto ya no se lo cree nadie con dos dedos de frente, especialmente si recuerdas múltiples vidas pasadas. Esto último es importante. Si solo has recordado una o tienes breves fragmentos de varias, aún no has conseguido ver todo el panorama, y por tanto es probable que sigas teniendo creencias absurdas, tipo: “Fui objeto de abuso sexual porque yo fui un violador en una de mis vidas pasadas”. Esto se llama llegar a conclusiones precipitadas por tener pocos datos. Te recomiendo que empieces por leer esto y esto.


4. Las deudas kármicas existen.

No, señores, no existen. Definición de deuda según la R.A.E.: “Obligación moral contraída con alguien”. La palabra clave aquí es “obligación”. Hay gente que piensa que Dios, el Universo o tú mismo, da igual, te va a obligar, tarde o temprano, a reparar el daño que hiciste a otra persona. Y hasta que no la repares, no vas a poder evolucionar espiritualmente. No, esto no funciona así, porque por fortuna, en el mundo espiritual, somos muy conscientes de lo que hemos hecho mal, y también somos muy comprensivos con los otros. El perdón existe, no hace falta volver a reencarnar para reparar daños, los problemas se pueden solucionar igualmente en el mundo espiritual. ¿Que te vas a encontrar con gente a la que hiciste daño en el pasado y no les vas a caer muy bien? Pues sí, eso puede ocurrir, se llaman emociones, pero no es necesario hacer nada para recuperar puntos y ascender en la escala de las buenas personas. Las emociones se resolverán cuando la otra persona te perdone, o comprenda que lo hiciste por una razón, o por cualquier otra cosa. Todos tenemos libre albedrío, todos podemos estar mil años viviendo con odio en nuestro corazón por algo que nos hicieron, y no por eso vamos a volver al infierno cada vez que nos muramos. Pararemos cuando entendamos que eso no conduce a ninguna parte, no porque vayan a darnos un premio como un niño al que le das una golosina para que deje de portarse mal. Eso se llama soborno. Eso no te hace ser mejor persona.



5. Existe un velo en todos los humanos que nos impide recordar vidas pasadas, no sea que nos perjudique ese conocimiento y no podamos empezar esta vida sin condicionamientos.

Esto va en consonancia con la idea de que no está bien que recordemos vidas pasadas, a no ser que sea necesario para nuestra evolución. Es también muy discutible. No sé por qué tenemos que teñir todo de ese discurso del miedo que me recuerda tanto a la religión: “No te masturbes que te vas a quedar ciego”. “No leas nada sobre espiritismo que eso son cosas del demonio”. Y luego van los espiritistas y les cuentan a todo el mundo que no recuerden vidas pasadas, que eso es malo... ¿Por qué? ¿Porque te darás cuenta de todas las mentiras que te están contando?

En mi opinión, es muy posible que todo se deba a la fisiología de nuestro cerebro y a cómo es moldeado desde que somos niños para que no prestemos atención en lo espiritual y nos centremos en lo material. Por otra parte, no tenemos manera de saber si los humanos primigenios recordaban vidas pasadas. Aún es un misterio el por qué recordamos vidas pasadas. Pero tengo comprobado que cualquier persona que lo intente, algo va a conseguir, por poco que sea. También hay muchísimos niños con recuerdos espontáneos, y no hace falta que sean traumáticos, lo que contradice totalmente la supuesta existencia del velo. Recordar es posiblemente mucho más natural de lo que pensamos.


6. Encarnamos en los lugares que nos merecemos según nuestros actos pasados. Si has sido bueno, encarnarás en lugares más evolucionados.

Según algunas personas (dudo que esto lo digan todos los espiritistas, porque quiero creer que hay espiritistas inteligentes), en las sociedades primitivas solo encarnan almas poco evolucionadas, mientras que en las sociedades avanzadas como la occidental solo encarnan almas muy evolucionadas. Lo peor es que dicen esto y se quedan tan anchos. Claramente para ellos Donald Trump es un ser altamente evolucionado, ya que es el líder de una de las sociedades más avanzadas del planeta.


7. A los suicidas se les impone casi inmediatamente una vida llena de dificultades. Y si no te la han impuesto todavía, no te preocupes, ya te llegará, porque las deudas kármicas hay que pagarlas tarde o temprano.

Esto siempre me produce mucha risa, la verdad. No tienes más que hablar con personas serias que han recordado vidas pasadas en las que se suicidaron, para comprender que es una de las mayores falacias que existen en el mundo de la reencarnación. Lo mismo para personas malvadas. Como ya estoy cansada de hablar de esto y sé que da igual lo que digas, porque algunas creencias están tan arraigadas en la población que es casi imposible destruirlas, te dejo este enlace y este por si quieres profundizar en el asunto.


En resumen: es mi lucha constante, lo sé, he nacido para esto. No voy a parar hasta que consiga destruir todos los mitos que existen sobre la reencarnación. Es hora de que dejemos atrás las creencias religiosas y veamos la reencarnación desde otra perspectiva, la real. Dejemos atrás las ideas preconcebidas y ciñámonos a los hechos, a las conclusiones que se pueden extraer a partir de las vivencias de personas serias que han recordado vidas pasadas. Nos queda mucho por hacer, pero de momento sigo en la brecha. ¿Te unes o prefieres seguir creyendo?

miércoles, 28 de enero de 2015

Dudas... y una certeza.

Durante tu camino personal recordando vidas pasadas, las dudas siempre van a estar ahí... o casi siempre. Te debes acostumbrar a su presencia. No son malas por sí mismas. Es mucho peor que te creas absolutamente todo lo que surja durante el transcurso de una regresión o durante un sueño. En cualquiera de los dos casos, estamos utilizando nuestra mente, nuestro poder imaginativo (que no es lo mismo que fantasía), para que una escena se desarrolle, para que revivamos ciertos acontecimientos. Sobre todo al principio va a ser difícil controlar esa mente y dejar que solo sea nuestra intuición la que nos ayude a recuperar esos recuerdos. Nuestra mente va a rellenar los huecos, va a razonar, se va a interponer... Nos podemos equivocar. Por ello NUNCA olvides que los recuerdos han de ser verificados.

Pero existe otro tipo de duda, que es algo más fastidiosa: la eterna duda de si, después de todo lo que llevas investigado, después de tantas noches sin dormir, tantas verificaciones (que sí, a veces llegan), tanto esfuerzo para dejar de pensar en tus tareas cotidianas para centrarte en el pasado... ¿no será que estamos todos equivocados y la reencarnación no existe?


Bueno, llevo un par de días leyendo un libro titulado El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, escrito por un monje tibetano llamado Sogyal Rimpoché. Hay partes con las que no concuerdo en absoluto. A pesar de que considero que el budismo se aproxima bastante a la realidad, no deja de ser una filosofía con muchos años de antigüedad, y además tampoco tiene en cuenta otras enseñanzas que han surgido posteriormente como las descripciones del mundo espiritual que hacen los pacientes del Dr. Michael Newton. En mi opinión, cojea mucho cuando habla del karma, y se pierde un poco cuando comienza a hablar de moralidad. Desgraciadamente aquí es donde se demuestra que el budismo no deja de ser una religión, aunque no dejen de negarlo. Lo que cuenta acerca de los distintos bardos también se queda muy corto. Me da la impresión de que algunos lamas han llegado a tener importantes experiencias en el astral, pero aún no han alcanzado toda la Verdad. No les culpo por ello, son humanos como todos nosotros, aunque algunas personas se deslumbren con sus enseñanzas. Aún así, a pesar de estas críticas, creo que muchos de sus pensamientos, pero sobre todo la técnica de la meditación y cómo mediante ella se puede llegar a vislumbrar —solo vislumbrar— la naturaleza de la mente humana, me parece un conocimiento de valor incalculable que jamás deberíamos perder.

Pero la cuestión es que Rimpoché hablaba de las dudas de este modo:
No nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos sólo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada, por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales o «filosóficas», sino vivas, reales, auténticas y operativas. Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia puede crearse un espacio en nuestro interior en el que las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de un modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en esta cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, que sólo puede crearse mediante la práctica sostenida de la meditación y en el que las intuiciones pueden tener ocasión de madurar lentamente.
No tenga demasiada prisa para resolver todas sus dudas y problemas; como dicen los maestros, «apresúrese lentamente». Yo siempre les aconsejo a mis alumnos que no se formen expectativas excesivas, porque el crecimiento espiritual lleva su tiempo. Se precisan años para aprender correctamente el japonés o para llegar a ser médico: ¿de veras podemos creer que obtendremos todas las respuestas, y mucho menos que alcanzaremos la Iluminación, en unas cuantas semanas? El viaje espiritual supone un aprendizaje y una purificación constantes. Cuando se sabe esto, se vuelve uno más humilde. En este sentido, hay un conocido proverbio tibetano: «No confundas la comprensión con el conocimiento profundo, ni confundas el conocimiento profundo con la liberación». Y Milarepa dijo: «No abrigues esperanzas de conocimiento total, pero practica toda tu vida». Uno de los aspectos de mi tradición que he llegado a apreciar más es su carácter práctico y hasta prosaico, y su intensa convicción de que los mayores logros exigen la más profunda paciencia y el más largo tiempo.

Estoy completamente de acuerdo con esto. La mayoría de la gente busca respuestas, y las quiere ya. Al principio les solía decir: “Busca en tu interior, ahí es donde están las respuestas”. Pero a mucha gente les asusta la palabra “meditación” y creen que no pueden hacerlo. Cuando descubres lo fácil que es realmente recordar vidas pasadas, que nuestros recuerdos no están enterrados en los más profundo de nuestra psique, sino que forman parte de nosotros y pueden hacerse conscientes en menos de un minuto, te quedas sorprendido. Lo que más nos ata son nuestros propios miedos, nuestros límites, aquellas creencias que nos hemos construido desde niños, los muros de nuestra propia prisión. Así lo dice también Rimpoché.

Hasta hace poco solía decir que estaba 100% convencida de que la reencarnación es un hecho, pero que siempre decía que era de un 95% para no parecer una arrogante, puesto que he venido comprobando que si dices estar tan segura de estas verdades trascendentales, la gente parece molestarse. Cuando experimenté mi primer desdoblamiento consciente ese porcentaje lo subí al 98-99%, porque una experiencia extracorpórea es tan increíblemente transformadora que ya es imposible decir que solo somos nuestro cuerpo físico. Ahora me he dado cuenta de que si no me atrevía a decir un 100% era porque yo misma aún albergaba una pequeña duda de estar equivocada. Pero el otro día se esfumó. Noté cómo desaparecía sin más, cómo el poco desasosiego que me quedaba se iba para no volver y me invadía una infinita paz interna. La razón fue que por fin descubrí el principio científico que explica que los seres humanos somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Ni siquiera las doctrinas religiosas o espirituales más elaboradas han llegado tan lejos. Esa era la última pieza que me quedaba para completar mi rompecabezas personal e intransferible sobre lo que somos y lo que venimos a hacer aquí. Era mi mente científica la que necesitaba ese último eslabón. Y leyendo a Rimpoché supe a qué se refería cuando habla de que todos podemos alcanzar la iluminación.


No creo en la iluminación como medio para liberarnos del samsara o “Rueda de la Vida”. No creo en el karma como lo plantean los budistas. No creo que esta especie de revelación final que he tenido me convierta en una especie de santa que ya solo se reencarnará para ayudar a los demás. Creo que nada asegura que en mi próxima encarnación no lo pasaré mal, por mucho bien que haya hecho a los demás en esta vida. No creo en ningún sistema de premio y castigo, lo llamen como lo llamen. Creo que el único propósito por el que estamos aquí es para experimentar, y volveré mientras me divierta o piense que tengo cosas que hacer aquí, no porque ningún karma me obligue a ello. Como bien dice Rimpoché:

Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

Con saber esto nos basta y nos sobra, y no entiendo por qué tenemos que complicar tanto las cosas y sacarnos de la nada tantas creencias absurdas que no nos llevan a ningún sitio.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (6).

La verdad es que vivo desconcertada. Sobre todo cuando me decido a salir de mi refugio (léase autoaislamiento) y echo un vistazo al mundo que me rodea. Es una paradoja que viviendo en este mundo que creemos tan evolucionado, lleno de personas que creen que hemos alcanzado la cúspide de la perfección y que la ciencia nos traerá respuestas a todo, la mayoría aún tenga tantas dudas acerca de lo que somos realmente y lo que ocurre cuando morimos y abandonamos nuestro cuerpo físico. El mundo es una ilusión, dicen unos. Sí, en eso estoy de acuerdo. La realidad es aquella que nosotros mismos nos creamos (ver entradas como La cuchara no existe). Otros afirman, como si hubieran descubierto de pronto algo en lo que nadie nunca antes había reparado, que estamos controlados por razas extraterrestres, e incluso llegan a dudar, en el colmo de las fantasías sin sentido, que el túnel que algunos han visto en sus experiencias cercanas a la muerte, no es más que otra ilusión en la que alguien nos convence de que tenemos que seguir reencarnando para que no podamos escapar a esa Rueda de la Vida, concepto que se originó en la religión hinduista. Sí, es como intentar explicar algo no demostrado con algo que también está sin demostrar. Una especie de festival de la incongruencia, generalmente organizado por personas que han leído mucho pero han entendido poco y desde luego no lo han vivido en persona. Estamos saturados de información, pero información muchas veces tan falta de base y sentido común, que hay otra parte de la población que decide enviar todas esas fantasías a la basura y arrimarse a la extrema racionalidad de la ciencia. Tan extrema que niega todo lo que sus microscopios no pueden ver y todo lo que sus fórmulas matemáticas no pueden explicar. Así, tenemos que esperar cuatro años para que un científico considerado por sus colegas casi una eminencia en el estudio de la muerte, nos comunique los resultados de su estupendo estudio: que de 2060 pacientes que sufrieron un paro cardiaco, solo nueve experimentaron una experiencia cercana a la muerte, de estos solo dos una experiencia extracorporal, y por supuesto, ninguno pudo decir qué imágenes aparecían en una pantalla situada en lo alto de la habitación mientras trataban de reanimarlo... sobre todo porque cuando lo sufrieron no había ninguna de esas pantallas en su habitación. Eso sí, parece que está empeñado en hacernos resucitar como sea, igual que aquellos que abogan por la criogenización de nuestros cadáveres, cuando en realidad ya somos inmortales...


Como salir de mi refugio me suele dar ganas de llorar, no tardo en volver a él, para darme de cabezazos contra la pared, quejarme donde haga falta (generalmente en el Facebook, que total, ya saben que soy una borde, o en mi foro, que hay confianza), o simplemente seguir a mi rollo, que es el de estudiar sin descanso, porque aún busco respuestas, o el de recordar mis vidas pasadas, porque ya que puedo, no quiero dejar de hacerlo.

Y, sin embargo, es curioso que las pocas veces que decido expresar lo que pienso o siento, y trato de hacer llegar a la gente mi mensaje de que dejen de preocuparse, porque la muerte no existe y tenemos formas de comprobarlo, también acabo malparada. Bien porque no me creen, bien porque les molesta que yo lo tenga tan claro (como me pasó aquí), o... la verdad es que no lo sé. Digas lo que digas, la gente sigue dudando. Sí, yo también, a veces. Pero después de todas las experiencias que he tenido y lo que he aprendido, tengo una seguridad interna que me hace tomarme las cosas de una forma distinta a como lo hacía antes. Mi seguridad de que sobrevivimos a la muerte es total, aunque por lo general diga que es del 99% para no levantar ampollas y que no me acusen de iluminada (aunque la verdad es que te lo van a llamar de todas formas. Eso o vidente, aunque no lo seas). Las dudas a las que me refiero son otras, mucho más dañinas: las dudas de todos aquellos que pierden a alguien querido y su primer deseo es recibir un mensaje o encontrárselos en el astral; las dudas de los que ven fantasmas y aparte de pasar mucho miedo, temen que les tomen por locos o que se burlen de ellos; o las dudas de los que recordamos vidas pasadas y somos incapaces de dejar de pensar que es nuestra imaginación o que el psicólogo tiene razón y va a ser que padecemos algún trastorno mental, por ejemplo una depresión que solo es posible curar si te pasas drogado todo el día. También son preocupantes las dudas de los que escriben revistas de misterio y ven que todo el mundo alrededor se ha vuelto más y más loco, y en vez de ahondar de otra manera en los fenómenos paranormales, toman una actitud más escéptica y los reportajes se van convirtiendo en artículos pseudo-científicos que insinúan que todo es producto del cerebro.

Por eso, cuando de pronto descubro un libro publicado hace más de cien años y veo que lo que ahí se describe son crudas experiencias, relatadas por su protagonista, tratando de darle una explicación lógica y racional, sin ninguna floritura “espiritual” ni la presencia de extraterrestres grises de ojos almendrados, y resulta que esas experiencias coinciden en gran medida con mis propias experiencias y las de otras personas que conozco y que sé son serias y confiables, me pregunto: ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué cien años después parece que hemos retrocedido en nuestro conocimiento del ser humano? ¿Por qué, si hace cien años, ya existían personas que investigaban las apariciones, por ejemplo, y eran capaces de proyectarse astralmente y dar una explicación racional a los poltergeists, hoy seguimos sumidos en el desconocimiento? Me pasó lo mismo con el primer libro que me leí sobre el cuerpo astral: por entonces buscaba respuestas a mis propias experiencias, que es lo que me impulsa principalmente, aparte del propio conocimiento (y mi curiosidad insaciable). Y en ese libro no es que estuvieran todas ellas, pero me ayudó a entender mucho mejor lo que estaba experimentando y mi propia naturaleza humana. Ese libro procedía de una época en la que el espiritismo estaba en auge y existían muchos círculos ocultistas. Y también se estudiaban con mucha seriedad e interés los fenómenos psíquicos. Después, alguien dijo que todo lo que hacían aquellos hombres y mujeres, empezando por las hermanas Fox, no era más que un fraude, y debe ser que ganó la partida ya para la posteridad. Parece ser que eso se hizo extensible a todos aquellos estudiosos, y hoy todo ese amplio conocimiento permanece en la oscuridad. Digo conocimiento aunque es probable que esté incompleto o equivocado, por supuesto. Igual que ahora, aquellos hombres solo tenían teorías para explicar lo que vivían, solo que hoy es más normal encontrarte con gente que afirma saberlo todo que encontrarte con alguien que diga que seguimos sin saber nada, y que lo que tenemos que hacer es experimentar y comprobarlo por nosotros mismos. Pero resulta que a pesar de que ese conocimiento podría estar incompleto o equivocado, le da mil vueltas a lo que los científicos creen saber hoy, la mayoría de ellos ciegos a lo que cuentan numerosas personas, solo pendientes de sus experimentos de laboratorio tan limitados, e incapaces de aproximarse a estos temas desde otra perspectiva. Hoy solo podemos ser testigos de ese tipo de investigaciones parapsicológicas cuando determinados grupos aficionados las realizan y las graban para algún programa de televisión... pero como es televisión, seguro que está amañado también, así que casi nadie se lo toma en serio. Por tanto, cuando pensamos en la muerte, seguimos estancados en esa visión materialista que dice que todos nos reduciremos a polvo... y es paradójico, porque hay infinidad de evidencias que demuestran lo contrario, queramos o no queramos verlo, tengamos o no tengamos explicación.

Una de las causas que me desconciertan es precisamente esa: desde que me dedico a investigar los fenómenos paranormales (o sea, casi desde que tengo uso de razón), he visto que aquí cada uno va a su bola. Unos contra otros. Los seguidores de doctrinas como la espírita o aquellos que saben de esoterismo (por supuesto, hablo del serio, no de los echadores de cartas), se sienten incomprendidos por los científicos. Los científicos, a su vez, se han atrevido en contadas ocasiones a estudiar la clarividencia y otros fenómenos de percepción extrasensorial, pero siempre encuentran alguna excusa para creer que no queda nada demostrado o que todo puede ser explicado por el cerebro. Llevamos desde mediados del siglo XX con innumerables estudios sobre experiencias cercanas a la muerte, regresiones, y psicoterapeutas que afirman que hay personas que recuerdan sus vidas pasadas. Y, por supuesto, hay muchas otras personas que dicen poder salir de su cuerpo a voluntad, o que pueden detectar e incluso comunicarse con espíritus. ¿Se sientan todos alrededor de una mesa para intentar resolver el misterio de la naturaleza humana? No. Cada uno sigue con lo suyo sin importarle lo que hacen los demás: unos sin experiencia propia pero elaborando complicadas teorías que corren el riesgo de acabar en religión; otros sin experiencia propia pero analizando hasta la última neurona, empeñados en que el misterio se resolverá cuando comprendamos cómo funciona el cerebro; y otros experimentando espontáneamente sucesos que les dejan tan atemorizados que no pueden ni hablar, o que acaban volviéndose locos porque cada persona con la que habla le dice algo distinto... Nadie escucha a nadie, y por eso no salimos de la confusión.

Yo en cambio relaciono unos fenómenos con otros y para mí todos encajan a la perfección. Un día encontraremos la forma de comprender hasta el más mínimo detalle y posiblemente la ciencia “descubrirá” por fin algo que otros saben desde hace siglos: que la mente es una entidad separada del cerebro. Hasta entonces, no entiendo por qué unos ignoran a otros. Estoy segura de que si colaboraran se enriquecerían unos a otros y avanzaríamos mucho más rápido. Me recuerda a esa imagen del elefante que ya he utilizado en alguna otra ocasión: cada uno está tan obcecado en ser él quien posea la Verdad, que no se dan cuenta de que su visión es solo parcial, y hasta que no abran su perspectiva, no se darán cuenta de que todos están estudiando distintas manifestaciones de una misma realidad. 

Quizá mi error sea esperar que un día esa confusión desaparecerá. Si hace cien años parecíamos saber más que ahora, no hay razón para pensar que esto será distinto dentro de cien años, especialmente si nos autodestruimos en una guerra nuclear y los supervivientes tienen que empezar de cero en un mundo post-apocalíptico. Solo se preocuparán de comer y no de nuestra naturaleza espiritual.

Lo que está claro es que todos los caminos espirituales son únicos e individuales. Cada uno debe buscar sus propias respuestas, del modo que le parezca más adecuado. Es imposible luchar contra los condicionamientos mentales de todas esas personas que luchan por encontrar su verdad, pero que sin darse cuenta se van adentrando en un laberinto cada vez más y más tortuoso. Creo firmemente que la Verdad está dentro de nosotros, pero incluso eso es difícil de hacer entender a alguien que tan acostumbrado está a que le lleven de la mano a todos los sitios. En ese camino hacia la Verdad, todos (yo incluida) nos tenemos que liberar de todas esas creencias que nos han implantado en nuestra mente, o todo aquello que hemos leído y hemos dado por cierto. Te tienes que despojar de todas esas envolturas y quedarte con lo más básico, con tu esencia, y con tus experiencias, sin ningún tipo de análisis. Si no sabes explicarlas, no lo hagas, porque hay cosas que solo pueden ser explicadas a través del espíritu. Es curioso que leyendo ese libro sobre la proyección astral he podido por fin entender algo que me pasó de niña, cuando un día desperté a oscuras en medio de mi cuarto totalmente desorientada. Así es como la mayoría de nosotros nos pasamos toda nuestra vida. Pero un día llegan las respuestas. Y entonces te das cuenta de que ni siquiera hacía falta buscar tanto. Si todos pudiéramos retornar de algún modo a aquel momento en el que solo éramos un niño o una niña sin ningún tipo de condicionamiento mental, tal vez recordaríamos que ya entonces sabíamos que la muerte no existe. Tal vez recordaríamos que ya entonces nos sentíamos extraños en un cuerpo que de pronto se había vuelto a hacer pequeño, y teníamos una nueva madre. Tal vez recordaríamos que nuestra abuela, ya muerta, venía a visitarnos de vez en cuando, aunque solo nosotros pudiéramos verlo. Igual que ocurre con ese conocimiento que nos legaron los ocultistas, todo eso de lo que jamás dudábamos porque para nosotros era lo más natural del mundo, lo fuimos olvidando según crecíamos e íbamos llenando nuestra mente de nuevo conocimiento que creíamos útil o más lógico (porque así nos lo decían), solo para descubrir al final que en realidad ya lo sabíamos todo y no hacía falta complicar tanto las cosas. La Verdad es una y no es necesario que nadie la reinterprete para nosotros: solo hace falta escuchar a la intuición para saber que la muerte no existe. Lo triste es que la gente no escucha o no quiere escuchar. O, en su defecto, tampoco quiere experimentar. Y contra eso, nadie puede hacer nada.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El sufrimiento en el mundo y la reencarnación.

Por desgracia, es una constante cuando hablo con no reencarnacionistas (esto incluye también a algunos de los que creen en la reencarnación pero no han recordado sus vidas pasadas): la tendencia a echar la culpa de las cosas malas que pasan en el mundo a algo externo a nosotros, ya sea Dios, el enemigo, el vecino, el karma, los miembros de otra religión que no sea la nuestra, los gobernantes, los extraterrestres… Ya nos lo decían nuestras abuelas desde pequeñitos: “Es que venimos al mundo a sufrir… porque Dios así lo quiso, para expiar nuestros pecados…” Parece ser que todos creemos a nuestras abuelas… porque pasan los años y el 80% de la gente sigue repitiendo la misma cantinela.

Sospecho que una de las razones por las que mucha gente no cree en la reencarnación o ni siquiera se lo plantea, es porque eso te hace responsable de tus acciones. Aunque claro, si creer en la reencarnación supone creer también en la tan manida “Ley del Karma”, que tal y como es entendida generalmente es lo mismo que el cielo y el infierno de la religión católica pero con otro nombre (y para colmo el castigo es en vida), yo tampoco creería… Pero como he dicho otras veces, aquí no hablamos de religiones ni de creencias, sino de hechos comprobados. Y lo que hemos observado las personas que recordamos varias vidas pasadas, es que no existe la ley del karma. Pero eso no quita que seas responsable de tus actos, y que tarde o temprano tengas que hacer frente a las consecuencias de esos actos, ya sean buenas o malas.

Cuando recuerdas varias vidas pasadas te das cuenta de que desde que tienes uso de razón, la vida te pone a prueba, y presenta ante ti retos, situaciones más o menos serias que requieren de ti una decisión. No importa si ocupas una posición de autoridad o si eres un esclavo, no importa si eres rico o pobre… puede ser que la vida de miles de personas esté en tus manos, o puede que tengas que decidir sobre cargar con un niño vagabundo o abandonarlo a su suerte, puede que alguien te haga algo malo y luego tú tengas la oportunidad de hacerle daño a él o perdonarle. Puede que actúes porque crees que tus valores morales o de la época lo dictan así, o porque consideras que es tu trabajo, o simplemente porque tienes que defenderte. Da igual la razón por la que actúes (al menos en el tema que nos ocupa hoy), el caso es que tienes que tomar una decisión, y a veces te equivocas…

Adonde quiero llegar es que te das cuenta de que el mundo es el resultado de las decisiones de todos los millones de personas que vivimos en él, ni más ni menos. El sufrimiento lo creamos nosotros, y no existen excusas para no hacer lo correcto, aunque siempre encontraremos alguna para justificarnos. Dios (si es que existe) no permite nada… ni tiene por qué salvarnos de nada, entre otras cosas porque nuestras malas acciones no nos van a condenar a nada después de muertos, excepto a vivir en el mundo que nosotros mismos hemos creado. Somos como niños en plena etapa de crecimiento, y los niños solo aprenden cayendo y levantándose, no cometiendo la fechoría y luego esperando que su madre venga a sacarles del atolladero.

Muchos pueden decir: “Yo ya me he dado cuenta de eso y no recuerdo mis vidas pasadas”. Y yo respondería: “No, no es lo mismo”. Porque hasta que no te conoces a ti mismo de verdad y no sabes de dónde vienes, no eres consciente de lo que eres capaz de hacer, ni de lo que has hecho en el pasado. La mayoría de nosotros nos consideramos buenas personas, incapaces de hacer daño ni a una mosca… y miramos por encima del hombro a los que bajo nuestro punto de vista actúan con maldad. Nos apresuramos a juzgar al otro “porque yo nunca haría algo así”, o decimos a la ligera frases como “A ver si se pudre en la cárcel”. Cuando investigas y empiezas a ver que en el pasado tú también pudiste ser encarcelado o te condenaron siendo inocente, o mataste en una guerra porque así te lo ordenó tu superior bajo pena de muerte, entonces, solo entonces, te das cuenta de que todos somos humanos y todos podemos haber cometido actos de los que no nos sentimos especialmente orgullosos.

Conversación con Dios sobre el sufrimiento en el mundo.

Y tan malo es hacer algo incorrecto, como decidir permanecer impasibles ante lo que consideramos injusto. Siempre es más fácil bajar la cabeza y musitar “Así lo ha querido la Providencia”, que luchar y poner en peligro tu propia vida. Esa vida que consideramos sagrada porque pensamos que es la única… cuando no lo es. Posiblemente eso forme parte de las reglas del juego, porque pone aún más a prueba nuestra moral y nuestra capacidad para hacer lo que creemos correcto, aunque eso implique sacrificarnos a nosotros mismos.

No dejamos nunca de echar la culpa a los demás de nuestras desgracias, siempre queremos buscar culpables para descargarnos de nuestra propia responsabilidad, siempre dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando a que otros lo hagan por nosotros o esperando a que baje Dios o bajen los Maestros Ascendidos para sacarnos las castañas del fuego, mientras que con nuestro silencio o nuestra inacción nos hacemos cómplices de este mundo oscuro en el que vivimos y que nunca podremos cambiar si no cambiamos nosotros mismos primero. Pero para hacer eso hay que empezar por conocernos a nosotros mismos, para saber qué es lo que tenemos que cambiar, y cómo podemos ser algo mejores. Y como siempre digo, no es suficiente con vanas palabras y bonitas intenciones. Hay que ponerse manos a la obra. Ya.

Aparte de esto, existe otra vertiente del mismo tema que es la del sufrimiento que conlleva el padecimiento de alguna enfermedad, el haber nacido con alguna discapacidad, el haber sufrido un accidente de moto y haberte quedado tetrapléjico, perder un hijo a manos de un asesino… Aunque en este caso se trate de algo mucho más delicado, la actitud de muchas de estas personas viene a ser la misma: ante la incomprensión de por qué nos ha sucedido esto, muchos intentan una vez más culpar a otros… o, incluso en el peor de los casos, también se culpan  a sí mismos por habérselo merecido en otra vida (este comentario lo he oído más de una vez aunque parezca mentira). Pues bien, el tiempo y las vidas que todos hemos vivido, cuando te haces consciente de ellas y sabes por todo lo que has pasado con anterioridad, nos dan otra perspectiva de la razón que hay detrás de estos acontecimientos. Hoy voy a dejar de lado el concepto de la preplanificación (en la que aún me cuesta creer y no hay suficientes evidencias a su favor), pero cuando recuerdas varias vidas comprendes que no tiene por qué haber ninguna razón. Simplemente, es la vida. Algunas veces es fácil, otras veces no lo es tanto. A veces morimos jóvenes, otras veces ancianos. A veces somos sanos y fuertes, otras veces arrastramos alguna dolencia física (incluso psíquica). A veces somos inteligentes, otras veces no tanto. Notamos diferencias sutiles en la personalidad, probablemente consecuencia de la genética de nuestro cuerpo. Sin embargo, cuando nos toca pasar por alguna de estas circunstancias, muchas veces no somos capaces de ver más allá del dolor, y olvidamos que cada una de estas experiencias no son más que una oportunidad para probarnos a nosotros mismos, para saber hasta dónde podemos llegar, para observar cómo reaccionamos ante esas circunstancias y luego valorar si lo pudimos hacer mejor. Por muy duras que sean las pruebas, incluso cuando no las superamos, siempre saldremos más fortalecidos. Pase lo que pase, la reencarnación siempre nos da una segunda oportunidad. Repito: SIEMPRE. Y nos la da a todos, sin excepción. Y esto no es que lo crea. Es que lo sé.

Más allá de las religiones, noto que hay cierta resistencia entre mucha gente a creer que no existe el concepto de justicia en el más allá tal y como lo conocemos en su versión humana. Parece que inconscientemente todos esperamos que el que ha hecho algo malo lo tiene que pagar, de una forma u otra. Si no es ardiendo en el infierno, tiene que ser por una desgracia que le sobrevenga a esta persona o a su familia, y si nos ocurre a nosotros, es porque seguro que hemos hecho algo malo, aunque no sepamos el qué. No concebimos que “los buenos” pasen una vida de penurias mientras que “los malos” disfruten de todas las comodidades posibles, no solo en esta vida, sino también en la siguiente… Por fortuna para nosotros, tengo la seguridad de que esto no es así. No sé si elegimos o no nuestras experiencias, pero sí sé que esas experiencias no dependen de lo malo o bueno que hayas sido en el pasado. Sufrimos, sí, porque el sufrimiento es inherente a la especie humana, igual que el dolor es inherente al cuerpo físico, incluso cuando anuncia el nacimiento de una nueva vida. Pero el sufrimiento no es malo por sí mismo. Debemos aprender a sacar siempre lo positivo de lo negativo. Sé que esto es muy, muy difícil de hacer, y que muchos pensarán que no sé lo que me digo o que estoy trivializando demasiado. Lo comprendo. Hubo un tiempo que a mí también me costaba creerlo… hasta que recordé mis vidas pasadas y supe que todo sufrimiento tiene su final, y que si hoy soy quien soy, es gracias a las dificultades que poco a poco me han ido forjando. Todos nosotros somos mucho más fuertes de lo que creemos y hemos visto y hecho cosas que hoy ni siquiera imaginaríamos. Es una lástima que no podamos recordarlo todo. Pero cada vez que descubrimos algo nuevo, sí que podemos integrar ese pedazo de nuestro antiguo yo en nuestro yo actual, ayudándonos a enfrentar mejor los retos que aún nos aguardan.

Debemos aceptar la vida tal y como es, con su lado amable, pero también con su lado oscuro. En nuestra mano está convertir la oscuridad en luz.

Información adicional:

Justicia humana Vs Justicia divina.
¿Qué es el karma?

martes, 29 de octubre de 2013

¿Por qué la religión está proscrita en este blog?

La verdad es que me gustaría estar hablando de otras cosas, como por ejemplo cómo te afectan los recuerdos de tus vidas pasadas, de cómo tus vidas pasadas se reflejan en ti, de por qué he llegado a la conclusión de que lo del karma es una falacia, de lo que significa ser víctima o ser agresor y cómo las emociones que generan cada una de estas situaciones son totalmente distintas y requieren una forma totalmente distinta de enfrentarte a ellas, del síndrome postraumático que afecta a muchas personas aunque el hecho traumático haya ocurrido en otra vida… Sin embargo, tengo la impresión de que si hablo de estas cosas va a sonar a chino, y como el blog aún tiene una vida corta, creo que es necesario dejar muy claro de dónde vengo, cuál es mi forma de pensar, y por qué hay una serie de conceptos que ya deberían formar parte del pasado… del pasado remoto.

Es muy triste (triste de echarme a llorar), que cada vez que menciono mi creencia en la reencarnación o en vidas pasadas, lo primero en lo que piensa la gente (seguramente después de pensar “Esta está loca”), es en budismo. Por algo debajo del título del blog puse “Tampoco soy budista”. Tengo que aclarar constantemente que para mí la reencarnación no es una creencia, sino un hecho. Era una creencia antes, cuando solo había leído libros como los de Brian Weiss, y al acabarlos me decía a mí misma “Muy bonito, pero me lo creo o no me lo creo. Yo no lo he vivido, así que la duda persiste”. Nunca me cansaré de repetir que cuando yo empecé a “recordar” vidas pasadas ni siquiera sabía que eran vidas pasadas. Fue todo por casualidad. Solo quería relajarme. Y cuando aparecieron esas imágenes que parecían corresponder a otras personas, viviendo en otros tiempos, pensé que me estaba volviendo loca. Y fue entonces cuando me puse a investigar en serio y fue cuando descubrí que no estaba sola en el mundo, que otras personas también habían recordado sus vidas pasadas, y para nada era necesario que alguien te hipnotizara. Pero no fue hasta más de un año después que las primeras verificaciones de verdad comenzaron a llegar… y ese es el verdadero punto de inflexión. No otro.

No voy a profundizar en mis propias vidas pasadas en este blog, por varias razones. Primero, porque leer las experiencias de otras personas no tiene el mismo valor que experimentarlo tú mismo. Segundo, porque ya lo hago en el foro (en concreto, en varios), donde todo el que esté interesado puede acudir. Tercero, porque hay cosas demasiado privadas que jamás saldrán a la luz, y valoro mucho mi vida privada. Pero hoy voy a hacer una pequeña excepción, solo como ejemplo de que nada es casualidad.

Como el 95% de los españoles, yo fui criada en la religión católica. Sin embargo, creo que jamás fui como otros niños. Cuando iba a catequesis ya había algo que no me cuadraba en lo que nos contaban. Además, tuve la fortuna de crecer en una familia muy abierta en la que se podía hablar de todo, y también pude conocer de primera mano la experiencia de uno de mis tíos al casarse con una testigo de Jehová, en cómo él tuvo que convertirse, en cómo sus cinco hijos (mis primos) fueron educados dentro de esa secta, y en cómo todo acabó en desgracia… Cuando era pequeña y venían a visitarnos, se generaban discusiones sobre la Biblia y sus numerosas contradicciones, y siempre llegaba un punto en el que mi hermano mayor los dejaba sin argumentos. Yo hice la Primera Comunión. Dos semanas después mi madre me tuvo que llevar a rastras a misa porque yo me negué en rotundo a acudir a un lugar donde me sentía incómoda actuando como una borrega y murmurando palabras que ni siquiera entendía a la vez que tenía que ponerme de pie y sentarme cada dos por tres porque así lo hacían los que estaban a mi alrededor. Y ya de mayor no puedo expresar el profundo rechazo que me produce ver en Semana Santa cómo se pasea por las calles de todas las ciudades una estatua de un hombre crucificado y ensangrentado, sabiendo que Jesucristo jamás quiso que se fundara una Iglesia ni que los hombres le adoraran a él, sino a Dios. Porque una cosa es la religión y otra cosa es la creencia en Dios. Yo sí creo en Dios, admiro a Jesús, y pienso que todas las religiones tienen un fondo bueno, un único mandamiento, común a todas, que es el que todos debemos respetar: amar al prójimo. Con eso es suficiente. Y es lo único que no se hace. Yo respeto todas las religiones y todas las creencias. Lo que no soporto es la manipulación descarada que se hace de las religiones y cómo el hombre las ha utilizado y las sigue utilizando como medio de dominar al resto de los hombres. Y lo malo es que la ceguera sigue siendo universal.

Bien, pues todo esto ya lo sabía antes de empezar a recordar mis vidas pasadas. Aún así, mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que esta lucha que me acompaña hoy día, ya me viene acompañando desde hace unos cuantos siglos, y no solo desde dentro de la religión católica, sino también dentro de otras religiones como la musulmana. No creo que esto sea algo excepcional, porque las religiones parecen intrínsecas a la condición humana, y estoy segura de que todos nosotros hemos sido víctimas del fundamentalismo religioso en algún momento, o hemos sido seducidos por el poder que lamentablemente va unido a la religión, o hemos sido testigo de las Cruzadas o de alguna quema de brujas. Lo menciono como muestra de que lo que pensamos en nuestra vida actual tiene un origen, pero sobre todo, como muestra de que recordar vidas pasadas (no una, sino múltiples vidas pasadas) es invaluable para darte cuenta de que las religiones han traído más odio y más calamidades al mundo que buenos valores morales. También te das cuenta de que no tiene sentido despreciar a otras personas porque pertenezcan a una determinada religión. Te das cuenta de que hay algo que está por encima de todas las religiones: nuestra condición humana. Hay un Dios universal, algunos lo llaman “la Fuente”, que no distingue ni de raza, ni de sexo, ni de religión, que no condena a nadie y perdona a todo el mundo, a quien le da igual si eres ateo, agnóstico, budista, cristiano ortodoxo o musulmán. Todos salimos de Él y todos volvemos a Él. O quizá no. Quizá las cosas funcionen de otra forma. Eso aún no lo he podido demostrar, y sigue siendo una creencia. Pero de lo que sí estoy segura es que la reencarnación es un hecho. Y es un fenómeno natural.

Lo bueno de los reencarnacionistas es que no nos basamos en dogmas. Nos basamos en nuestras propias experiencias, y por eso encontraréis reencarnacionistas con distintos puntos de vista. Algunos creen en la preplanificación, otros no tanto. Algunos creen en las vidas simultáneas o vidas paralelas… otros preferimos pensar que el tiempo es lineal, al menos mientras no podamos demostrar lo contrario. Unos tienen experiencias extracorpóreas, otros no. Unos piensan que el alma es algo físico que un día se podrá detectar mediante medios humanos, otros piensan que el alma está más allá de la ciencia y que siempre será un misterio. Unos siguen a Michael Newton, otros no. En todo caso, los libros de Michael Newton (por poner un ejemplo) no son la Biblia de los reencarnacionistas, y ningún reencarnacionista te dirá que si no te crees todo lo que pone en esos libros, arderás en el infierno. Los reencarnacionistas solo sabemos que podemos recordar vidas pasadas, pero en realidad nadie sabe cómo funciona de verdad la reencarnación, y por eso mantenemos la mente abierta, elaboramos teorías, y nuestras opiniones cambian con el tiempo. Ser reencarnacionista es una búsqueda personal e intransferible, un camino único y distinto para todo el que se decide a dar el primer paso.    

Esto no tiene nada que ver con una religión. La reencarnación incluye a gente de todas las clases, de todas las creencias y de todas las religiones. Nos pone a todos en el mismo lugar respecto a la vida y a la muerte. Nadie sufre porque Dios le haya castigado, o porque tenga una deuda kármica que tenga que pagar. Sufrimos porque vivimos. Somos humanos. Por alguna razón elegimos (o no) estar aquí, viviendo una experiencia humana que exige sacrificio, dolor, pero que también nos da la oportunidad de superarnos día a día y traer luz a nuestros semejantes. Nos hace responsables de nuestros actos. Y no, no es suficiente con creer. Es necesario RECORDAR. Porque solo recordando “sentimos” que nuestros recuerdos son nuestros, y no consecuencia de una incursión en esa matriz holográfica o inconsciente colectivo al que muchos recurren sin haber experimentado lo que es RECORDAR.


Es hora de que aparquemos nuestras creencias a un lado y dejemos de escuchar al predicador de turno y busquemos dentro de nosotros mismos. No hace falta ser “espiritual”, no hace falta creer en nada especial, no hace falta recurrir a nadie para que te hipnotice… lo único que hace falta es querer conocer la Verdad... vuestra Verdad, no la que os cuentan. Ni siquiera la que os cuento yo.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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