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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Qué hacer si un conocido recuerda vidas pasadas.

No me ha pasado con mucha frecuencia, pero sí que me han llegado dos o tres casos de personas que me preguntaban por la reencarnación porque alguien cercano, quizá su esposa, un amigo o un hermano, decía recordar vidas pasadas. He utilizado la palabra “conocido” en el título de esta entrada por abreviar, pero por supuesto no me refiero a alguien con el que no te une una relación estrecha. Si llega a oídos de una persona normal que Fulanito, un vecino que a veces te encuentras por la calle, recuerda vidas pasadas, lo más probable es que no le dé la más mínima importancia, ignore lo que le han contado o, en el peor de los casos, se ría abiertamente de él. No, me refiero a alguien cercano porque entonces es distinto y te afecta personalmente. Es alguien a quien conoces de muchos años, sabes que no va por ahí diciendo tonterías, es más o menos una persona razonable, y resulta que un día te confiesa que ha empezado a recordar vidas pasadas. ¿Y tú qué haces entonces? ¿Qué tipo de reacción debes tener?

Me vino la idea para esta entrada observando el comportamiento de la gente que tengo a mi alrededor y comprendiendo que a veces debe ser muy, pero que muy raro, convivir con alguien que dice recordar vidas pasadas. Creas o no en la reencarnación, de pronto parece que tienes un problema, dudas de si tu pareja se está volviendo loca o si puede haber algo de cierto en sus experiencias. Sé que puede llegar a ser muy perturbador, sobre todo si eres una persona racional y científica y nunca antes te habías planteado la posible existencia de la reencarnación. Como cualquier otro fenómeno paranormal, permanece ahí lejos, es algo que solo pasa a personas poco cuerdas o demasiado crédulas, y no le prestas mayor atención hasta que ese fenómeno se te presenta en tu propia casa. Ni siquiera los propios reencarnacionistas sabemos muy bien qué nos pasa, porque apenas se habla en la consulta del psicólogo, ni tan siquiera se habla en círculos supuestamente espirituales, o si se habla, es de una manera demasiado superficial. Recordar vidas pasadas es toda una aventura para el que lo experimenta, pero las personas de confianza que comparten su vida, también se verán afectadas de una manera u otra. Este post va para ellos. Es una especie de Manual sobre cómo tratar a reencarnacionistas convencidos.

Reflexionando sobre esta cuestión, me di cuenta de que las pautas a seguir no son muy distintas a las pautas que da Carol Bowman para tratar con niños que recuerdan vidas pasadas. Voy a tratar de resumir los puntos que considero más importantes:

1. Escucha y no juzgues lo que te están contando.


A ti te puede parecer de locos que una persona pueda contarte con todo lujo de detalles una batalla que vivió en la Primera Guerra Mundial o la forma en que murió en Escocia en el siglo XIV. Pero para esa persona esos recuerdos son totalmente reales y le están afectando en la actualidad. Es muy terapéutico poder hablar de ello con alguien que comprenda. Si te ha elegido a ti por la confianza que hay entre vosotros, lo menos que puedes hacer es escuchar y aceptar que lo que le pasa es real, sea o no verdad que haya reencarnado.

2. Tómatelo en serio y no bromees sobre nuestras vidas pasadas.


Si nosotros también bromeamos, quizá puedas hacerlo, pero mientras llega ese momento, tómatelo con toda la seriedad del mundo, porque para nosotros es seguramente lo más importante que nos ha pasado nunca. Y la mayoría de nuestros recuerdos suelen ser bastante dolorosos. Una vez que ya lo hemos superado, entonces sí, podemos empezar a hacer chistes y reírnos incluso de la forma en que morimos. Pero si no ves ese cambio en la persona, no te arriesgues, porque nos podría doler bastante o avivar antiguas emociones.

3. Comprende los cambios súbitos en nuestro estado de ánimo.


Los reencarnacionistas sufrimos con frecuencia de past life mood, es decir, caemos en estados melancólicos al recordar nuestro pasado que a veces nos afecta en la vida real. Puede que en un momento dado (suele pasar en los aniversarios de acontecimientos importantes) prefiramos quedarnos en casa perdidos en nuestros pensamientos, antes que salir a pasear o a tomar unas copas. No hay que preocuparse, no es patológico. Piensa que es exactamente igual a cuando una persona está pasando por el duelo después de haber perdido a un ser querido. ¿Lo respetarías? Pues respeta igualmente la nostalgia o tristeza de esa persona cercana. Ya se le pasará, te lo aseguro.

 

4. Jamás le digas a un reencarnacionista que no debe vivir perdido en el pasado.


A mí esto me molestaba sobremanera cuando estaba recordando vidas pasadas. Para nosotros, el pasado es presente, no hay ninguna diferencia. Y si algo que proviene del pasado nos está afectando, es ahora cuando debemos trabajar en ello. No lo podemos dejar atrás, no lo podemos ignorar. Si lo ignoras, los recuerdos vuelven a ti con mucha más intensidad en el futuro o aparecen en pesadillas. Son asuntos sin resolver y emociones que han de ser procesadas para que en un tiempo dejen de afectarnos tanto.

5. Muestra una actitud abierta frente a la reencarnación.


O dicho con otras palabras, no nos digas que estamos como una regadera. Creo que es mejor que te muerdas la lengua antes de soltar una barbaridad. De todas formas, los reencarnacionistas lo vamos a notar. Vamos a saber si mantienes una mente abierta de “¿Por qué no?” y te interesas por saber más, o si solo estás fingiendo y no dices nada por “respeto” pero en el fondo estás pensando que desvariamos. Si haces esto último, es probable que los reencarnacionistas dejemos de hablar del tema también, igual que hacen los niños que recuerdan vidas pasadas con los padres que les dicen que dejen de hablar de cosas que no existen. Si nos dices directamente que estamos locos, a lo mejor propicias una ruptura definitiva en la relación.

6. Ten empatía.

Puedes entenderlo más o menos. Hay gente que cree en la reencarnación pero no conciben que alguien pueda recordar vidas pasadas, así que lo ven como una mera anécdota y no van a comprender tampoco lo que nos pasa. Pero sea cual sea el caso, intenta ponerte en nuestro lugar. Esto es como una enfermedad. Puede que no sepas cómo se siente esto de tener una gripe y no poder moverte de la cama, pero sí sabes que estamos jodidos, que tenemos traumas que ni nosotros mismos entendemos y que nos asaltan recuerdos que a veces ni siquiera queremos tener. Simplemente ten paciencia y trata de acompañarnos como haría un amigo que cuida a otro amigo enfermo.

7. En la medida de lo posible, tómatelo con naturalidad.

Creo que este es mi sueño, y posiblemente también el de muchos reencarnacionistas. Nada nos gustaría más que poder hablar abiertamente de nuestros recuerdos de vidas pasadas con todo el mundo, y no estar preocupados por lo que van a pensar de nosotros. Para nosotros la reencarnación es una realidad, y nos encantaría que todo el mundo lo supiera y lo aceptara. Podríamos hablar del pasado remoto que nosotros mismos hemos vivido con personas normales. Sería un poco como ser un abuelo en un cuerpo joven, contando aventurillas de hace doscientos años, con la esperanza de que los jóvenes de hoy aprendan algo del pasado. Estaría genial poder hablar con historiadores y contarle por qué creemos que algo no ocurrió tal y como viene en los libros de historia, o confesarles cuál era el verdadero carácter de un personaje famoso al que no han descrito convenientemente. 

8. Recuerda que los reencarnacionistas estamos muy solos en esto.

Probablemente tú eres la única persona a la que podemos recurrir. Sabemos que podemos ser ridiculizados, sabemos que podéis enviarnos al psiquiatra y ponernos una camisa de fuerza, sabemos que lo mínimo que nos va a pasar es que no nos creáis. Pero necesitamos hablar con alguien, necesitamos desahogarnos, necesitamos un apoyo, alguien que nos ayude a superar algunos traumas. Así que intenta evitar que nos sintamos aún más solos si decidimos contárselo a la persona que tenemos más cerca. Significa mucho para nosotros saber que podemos confiar en alguien.


jueves, 6 de octubre de 2016

¿Es peligroso recordar vidas pasadas?

El otro día vi que alguien había llegado a mi blog haciéndose esta pregunta, así que voy a responderla:

¿Es peligroso recordar vidas pasadas? No.

Fin de la entrada.

Vale, supongo que esperáis alguna explicación adicional. Veamos...

Ir a escalar el Everest, eso sí que es peligroso, porque puedes morir. Conducir un coche por la autopista, sí, eso también es peligroso, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Nadar en un mar lleno de tiburones, montarte en la montaña rusa, tirarte en paracaídas, fumar tabaco o marihuana... todo eso es peligroso. Tu vida y a veces tu mente corren peligro si realizas alguna de estas actividades.

¿Recordar vidas pasadas?

Creo que el único peligro de recordar vidas pasadas es que queráis hacerlo con un terapeuta y este terapeuta resulte ser un fraude, es decir, alguien que sabe hacer regresiones pero no tiene ni idea de cómo tratar traumas psicológicos, alguien que os haga creer que mirando una bola de cristal os puede contar algo sobre vuestras vidas pasadas, o alguien con determinadas creencias que también te haga creer a ti que lo que te pasa es consecuencia de tu mal karma. Por ello siempre os aconsejo que si veis un vidente, un gurú o algo que se le parezca, salgáis corriendo, lo más rápido que podáis. Por lo demás...

Pensemos un poco. ¿Es peligroso recordar hechos de tu infancia? Bueno, si resulta que tu tío te asaltaba sexualmente, desde luego que destapar de repente esos recuerdos te va a desequilibrar emocionalmente y vas a necesitar de verdad a alguien que te apoye y te ayude a superar esas emociones. Por ello, si sospechas de algún trauma de este tipo, o simplemente quieres estar tranquilo por ser la primera vez que lo vas a hacer, acude a un buen especialista en terapia regresiva. Pero créeme, tener este tipo de traumas en tu pasado no es lo más frecuente.

Si optas por la autohipnosis o la meditación, tu mente jamás te va a dejar ver nada para lo que no estés preparado psicológicamente. Esto es un hecho. Esto no significa que no tendrás que enfrentarte a todo tipo de emociones que a veces te van a dejar bastante exhausto. Recordar vidas pasadas no es peligroso, pero tampoco es un juego, eso sí que lo debemos tener presente.

Pero aquí hablábamos de peligro. Y como decía al principio, si normalmente no es peligroso recordar hechos de tu infancia, ¿por qué iba a ser peligroso recordar vidas pasadas? Aun cuando saliera a la luz algún trauma, empezar a recordar es solo el primer paso hacia la sanación. Esto significa que aunque el terapeuta puede ayudar, y mucho, eres tú el que tiene que aprender a utilizar las herramientas para que esos hechos no te sigan afectando en tu vida actual. Es difícil, lo sé, pero de todo se sale. Si no, mira todos los veteranos de guerra que existen en el mundo, las víctimas de violencia doméstica que consiguen rehacer sus vidas, o los transexuales que han tenido que soportar burlas y prejuicios durante toda su vida pero finalmente consiguen hacer la transición al sexo opuesto y empiezan a sentirse bien.


Recordar vidas pasadas no significa hacer nada extraño. Solo significa eso: RECORDAR. Además, normalmente lo haces recostado o tumbado, en un ambiente tranquilo y protegido, y si algo que empiezas a ver te incomoda, te mueves, te levantas y te pones a hacer otra cosa. Igual que cuando cambias el canal de la televisión. Sí, de acuerdo en que recordar cómo has muerto en una vida pasada no es algo muy normal, y al principio puede dar bastante miedo. Frankenstein también da bastante miedo, otra cosa es que sea peligroso. Las emociones son parte de la vida, rechazarlas o bloquearlas cuando están en tu subconsciente por alguna razón, no te va a llevar a ningún sitio. La muerte también forma parte de la vida, y cuanto antes aprendas eso, mejor te irá cuando tengas que enfrentarte a la pérdida de un familiar. Con el tiempo te darás cuenta de que la muerte supone una liberación, y aunque siempre es un tránsito incómodo, acabarás comprendiendo que no tienes nada que temer de ella. Creo que es mucho más peligroso vivir de espaldas a la muerte, como hace la mayoría de la gente. Luego, cuando llega el momento, nadie está preparado para morir.

Ahora, si estás pensando en que haciendo una regresión te vas a quedar perdido en el pasado, te diré claramente: eso es imposible. Sí, es muy probable que una vez que hayas abierto las compuertas, haya periodos en tu vida en que las emociones de vidas pasadas te inundarán. Es lo que algunos reencarnacionistas llamamos past life mood. Pero por mucho que encuentres cierta evasión en tus recuerdos y por mucho que quieras perderte en tu nostalgia, ¿sabes qué? Tu vida presente te obligará a salir de ese estado tarde o temprano y volverás a olvidarte de tu pasado. Posiblemente esto sea un hecho fisiológico. Estamos programados para focalizarnos en el presente. Muchos dicen que para eso está la meditación. Sí, es verdad: la meditación te ayuda a vivir el aquí y ahora. El problema es que si hay asuntos del pasado que están sin resolver, posiblemente acudirán a ti mientras meditas para que los resuelvas y así puedas centrarte en el presente. Por eso nuestros recuerdos de vidas pasadas acuden con frecuencia mientras meditamos. Así que olvídate de ideas preconcebidas y vacíos consejos espirituales, y haz lo que te pida el cuerpo en cada momento. Si sientes que algo del pasado te está afectando, no está mal que te centres en ello para desbloquear cualquier emoción que provenga de una vida pasada.

La verdad es que no se me ocurre ningún otro peligro potencial de recordar vidas pasadas. A estas alturas hace tiempo que superé mis miedos y me es difícil imaginar qué miedos puede tener un principiante, así que si te preocupa algo en concreto, dímelo en los comentarios y trataré de resolver tus dudas. Lo que yo te puedo decir es que llevo haciéndolo casi cinco años, y mira, aquí estoy, vivita y coleando y bastante más equilibrada mentalmente de lo que estaba antes de empezar a recordar. No me ha poseído ningún espíritu, ni me he quedado atrapada en el siglo XVII, ni he empezado a hablar en latín, ni sufro ningún trastorno de personalidad múltiple. Tampoco he matado a nadie por no creer en lo mismo que yo, como hacen algunos miembros de ciertas religiones. Más bien al contrario, no he hecho más que aprender y crecer con la ayuda de otras personas que se han cruzado en mi camino y me han enseñado a utilizar diversas técnicas y a manejar mis emociones provenientes de vidas pasadas. Así que, si tienes miedo de recordar vidas pasadas, no te preocupes y hazlo. El viaje es toda una aventura, eso te lo puedo asegurar. Pero si no lo empiezas, nunca lo descubrirás...

Información relacionada:

domingo, 19 de julio de 2015

Síndrome de estrés postraumático y vidas pasadas.

Cuando escribí mi última entrada, tenía en mente acabar hablando un poco sobre el síndrome de estrés postraumático y cómo lo que nos ocurre a los que recordamos vidas pasadas no es en nada distinto a lo que padecen otras personas después de pasar por experiencias traumáticas. Al final la entrada se hizo más larga de lo que esperaba, decidí volver a retomar el tema en un día o dos, y después me volví a ver absorbida por la vida real... hasta hoy. Pero ahora que ya tengo esos proyectos casi finalizados, puedo volver al blog.

Bueno, dio la casualidad que en un corto espacio de tiempo me llegaron varias referencias externas a este asunto del síndrome de estrés postraumático (cuyas siglas en inglés son PTSD). Una provenía de alguien que está lidiando con sus propios recuerdos y me comentaba que se había dado cuenta de que ella presentaba muchos de los síntomas que caracterizan este síndrome... solo que el origen de sus traumas se encuentra antes de su nacimiento.

Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, usado como referencia por los psiquiatras), los criterios de diagnóstico del síndrome de estrés postraumático son los siguientes:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2:

  1. La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
  2. La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados.
B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
  1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
  2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible.
  3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
  4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
  7. Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).
D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  2. Irritabilidad o ataques de ira.
  3. Dificultades para concentrarse.
  4. Hipervigilancia.
  5. Respuestas exageradas de sobresalto.

E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.

F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. 



Yo ya estaba familiarizada con el PTSD porque desde que me muevo en foros de reencarnación leí las experiencias de personas que habían sido soldados en otras vidas y ya habían reparado en cómo los traumas de vidas pasadas no son para nada distintos a los de la vida presente. También había identificado algunos de esos síntomas en mí, siendo los más intensos la ansiedad y depresión que me acompañaban casi desde siempre, y que son los que me llevaron a querer buscar respuestas más allá de lo que me ofrecía la medicina. Sin embargo, no había profundizado mucho en el tema; no lo creí necesario, porque por lo que había visto, no había ninguna duda de que es así como funcionan las cosas. Ahora, releyendo los síntomas enumerados en el DSM-IV, aún me sorprendo de que la gran mayoría de esos síntomas, casi uno por uno, se me podrían aplicar a mí, especialmente cuando estoy en medio de una fase de past life mood. Y si tienes en cuenta los numerosos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, no podría ser más obvio. Es una lástima que la sociedad en general continúe tan ciega a la posibilidad de la reencarnación.

Haciendo una nueva lectura de estos síntomas, y relacionándolos con mi vida pasada en la Segunda Guerra Mundial (origen en su mayor parte de mi ansiedad y depresión actual) las vidas pasadas, veamos:

La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
Esto (las tres cosas) pasó continuamente en esa vida.

La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Por supuesto. Tanto, que acabé suicidándome.

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
Bajo regresión, montones de ellos. Una vez dije que jamás he pasado tanto miedo como en mis regresiones de la SGM.

2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar.
En mi caso no, porque excepto en contadas ocasiones no suelo tener sueños de vidas pasadas (aunque sí he tenido algún sueño “raro” relacionado con abusos por parte de alguien más poderoso que yo, en un entorno “militar”).

3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse).
He tenido flashbacks cuando me he visto en situaciones similares a las del pasado. Lo que conté en mi anterior entrada es un buen ejemplo de ello.

El PTSD no va sobre qué está mal en ti, sino sobre qué te ocurrió.
 4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
Esto me pasaba mucho antes de recordar vidas pasadas, cuando estaba en quirófano y veía mucha sangre, aunque a veces me pasaba y otras veces no (por lo que descarto aprensión a la sangre, que jamás he tenido... al menos cuando no es la mía). Actualmente lo identifico con lo que algunos reencarnacionistas hemos dado en llamar “La Reacción”. Por cierto, los puntos 4 y 5 son una estupenda descripción de lo que es un trigger.

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.

2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
Siempre de manera inconsciente, pero de pequeña evité leer una enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial que había por casa, a pesar de que me leía hasta los paquetes de cereales. Quizá no tenga nada que ver, pero en esta vida también evito los médicos todo lo que puedo. El otro día también quise evitar entrar en un hospital de campaña. Poco a poco me voy acostumbrando a exponerme a libros o películas que tengan que ver con guerras, pero siempre es duro y luego he de enfrentarme a todo tipo de emociones y arriesgarme a que mi pareja me deje por no responder a sus estímulos.

3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
También estuvo presente un tiempo... hasta que me dije a mí misma que necesitaba revivirlo de nuevo, para que así no dejara de perturbarme e influir en mi vida actual.

4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
7. Sensación de un futuro desolador.
Por supuesto, todos ellos son síntomas de depresión, los conozco bastante bien.

1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
2. Irritabilidad o ataques de ira.
3. Dificultades para concentrarse.
4. Hipervigilancia.
5. Respuestas exageradas de sobresalto.

En efecto, esto me pasaba cuando sufría las crisis de ansiedad, sin saber aún qué me estaba pasando.

Creo que no hace falta insistir más. El único punto por el que no entraría dentro del diagnóstico es que según el CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades), es indispensable que los síntomas de estrés postraumático hayan aparecido dentro de los seis meses después del suceso traumático. Evidentemente, este criterio está totalmente equivocado. Las personas que recuerdan vidas pasadas traumáticas sabemos que esos síntomas pueden aparecer mucho después, incluso después de haber muerto. Lo malo es que a nosotros nadie nos hace caso y seguramente nos clasificarán dentro de los trastornos de personalidad múltiple, si son bondadosos...

Una pena.

Y para acabar, solo decir que yo no soy la única que sabe que hay relación entre el síndrome de estrés postraumático y las vidas pasadas. El investigador Erlendur Haraldsson, de la Universidad de Reikiavik (Islandia) publicó en el año 2003 un artículo donde expone que muchos de los síntomas, como la dificultad en la concentración, los arrebatos de ira o el miedo inexplicable en determinadas circunstancias, también están presentes en muchos niños que supuestamente recuerdan vidas pasadas.

lunes, 8 de junio de 2015

La Reacción.

Diversos acontecimientos me han tenido alejada de mis vidas pasadas, aunque no de la reencarnación, ya que eso es imposible. Pero no tiene nada que ver pensar y teorizar sobre la reencarnación, con tener que lidiar con tus recuerdos, eso está claro. Aparte de eso, también he estado más centrada en mi vida actual, con problemas de trabajo, nuevos proyectos, cursos... y todo ese movimiento me ha restado energía para invertir en la reencarnación. Poco a poco todo va quedando en el pasado, y a veces llegas a preguntarte si todo aquello que viste y sentiste en esas regresiones, todo el trabajo que hiciste, fue solo una ilusión, una ida de olla, una etapa que pasaste “en las nubes” que para nada es real. Y resulta que luego un día, de manera totalmente inesperada, algo sucede que te vuelve a trastornar, y te recuerda que no, por supuesto que no, tus vidas pasadas siguen siendo parte de ti. No solo eso: te siguen afectando emocionalmente. La reencarnación es real. No puedes dudarlo.

Ayer se me ocurrió ir a visitar la exposición que las Fuerzas Armadas habían organizado en Madrid, con motivo de la celebración del 5 de Junio. Mi pareja y yo nos enteramos a última hora, y como no teníamos nada mejor que hacer, era cerca de casa, y era gratis, decidimos acudir. A pesar de mi vida en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, mi interés en todo lo militar antes de recordar era prácticamente nulo. Pero mi trabajo en el Ejército estadounidense en la Alemania Occidental de los años 60 fue bastante entretenido, y eso siempre me trae buenos recuerdos: cuidaba del mantenimiento de los helicópteros, sabía tirarme en paracaídas, hacía vuelos de prueba, conducía un camión militar... En todo eso iba pensando mientras nos acercábamos a la exhibición, deseando poder meterme en la cabina de un avión o en un tanque. Nada más llegar, el enorme helicóptero que había a la entrada nos dejó sin habla... pero enseguida llamó mi atención un vehículo con una cruz roja que había detrás. Luego vi que no solo había un vehículo, sino que habían levantado un hospital de campaña. Eso me traía recuerdos de la Segunda Guerra Mundial... y eso ya no es tan divertido.


Me imagino que muchos lectores podrían pensar que mi propia sugestión hizo el resto. “Creo firmemente” que viví terribles acontecimientos traumáticos en un hospital de campaña alemán en territorio francés, así que mi propio cerebro hizo que mis piernas comenzaran a temblar y que me detuviera a la entrada. Supongo que solo yo sé que esto no lo produce una simple creencia. Le dije a mi pareja que no estaba segura de querer entrar ahí. Yo lo llamo un “cambio en la energía”, porque los súbitos sentimientos que te invaden no tienen nada que ver con lo que sentías hasta entonces. Me forcé a mí misma a avanzar. No podía desaprovechar la oportunidad de ver en realidad un hospital de campaña (algo que jamás había hecho antes), y quizá obtener alguna pequeña verificación, pequeña ya que al fin y al cabo este era un hospital moderno, no uno de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, creo que no había mucha diferencia... Entré y la sensación fue como transportarme a 1942. Sobre todo quería comprobar que las paredes daban la sensación de ser sólidas como si fuera un edificio... porque esa era la sensación que tenía en mis recuerdos, que no parecían ser las paredes de “una tienda”. Vi las camas metálicas y las camillas con grandes ruedas y neumáticos. Vi los instrumentos médicos (estos no me produjeron ninguna sensación, porque los veo todos los días por mi profesión). Pero la visión del quirófano al fondo fue lo que más me impresionó, porque era exactamente así como lo recordaba... Las ganas de llorar que tenía desde el principio comenzaron a hacerse más fuertes, y luego se unió la terrible rabia que aún siento cuando recuerdo todo aquello. Flashes de soldados heridos y mucha sangre. Y sobre todo, cuando veía aquellas gruesas lonas con cremallera en las camillas, como sacos de dormir que me imagino se usan para mantener a los pacientes calientes, solo podía imaginar que en su interior había cadáveres. Empecé a sentir ansiedad también, y mi mente me susurraba: “Sal de aquí”.


Así lo hice. Si hubiera estado sola quizá habría aguantado hasta ser presa de lo que llamo “La Reacción”. Fue una amiga la que utilizó este término para describir las reacciones físicas que sufrimos a veces los que recordamos vidas pasadas cuando nos vemos en una situación como esa, en la que la escena que estás viendo te trae recuerdos del pasado muy vívidos y dolorosos. También la pueden sufrir personas que aún no tienen recuerdos conscientes, como es común entre los turistas que van a visitar Auschwitz, sin saber que fueron víctimas del Holocausto. Necesitaba... aún necesito, liberar todas esas emociones que no acaban de salir, a pesar de lo que mucho que he llorado ya en mis regresiones. El dolor continúa enquistado. La muerte de mi novio por fuego enemigo, sin que yo como enfermera pudiera hacer nada para evitarlo, no se olvida fácilmente. Yo no quería ser el foco de atención ni ponerme a vomitar ni caer desmayada, así que salí del hospital. Pero las emociones aún no se han ido.

Estoy convencida de que si hubiera estado enchufada a un monitor, se habrían notado los cambios fisiológicos en mi organismo. Puedes fingir un ataque de ansiedad, pero eso no se refleja en un electroencefalograma. Yo no llegué a tanto, pero creo que si hubiera estado dos minutos más, quizá sí habría llegado. Más tarde mi pareja me dijo que me había puesto blanca. Y, desde luego, las ganas de llorar ya me acompañaron durante el resto de le exhibición, y también una gran furia interna que ya no me permitió disfrutar de la visita.

Hace solo unos días le decía a una amiga para animarla que yo era prueba de que se podía sanar, que ya no me acordaba apenas de mis vidas pasadas. Menos mal que sé que no pude engañarla...

martes, 7 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo: una serie para reencarnacionistas.

La verdad es que muy difícil creer que los guionistas de esta serie, que además está llena de guiños a una serie mítica como Dr. Who, no hayan pensado en algún momento en la reencarnación. Pero como esta palabra parece ser tabú en nuestro país, no se menciona en ningún lugar. También me parece muy curioso que seguramente una gran cantidad de fans que han surgido a consecuencia de la serie española —algunos de los cuales son historiadores y se entretienen buscando inexactitudes en cuanto a la época de los hechos— no serán conscientes de dónde les viene esa especial afinidad que sienten hacia ciertos periodos históricos. En momentos como estos suelo sonreír, porque me doy cuenta de cuánto de cierto hay en eso que suelo afirmar: la Verdad está delante de nuestras narices, pero somos incapaces de verla. Creo que lo que está pasando es muy parecido a lo que pasa en Estados Unidos y otros países (el nuestro incluido, aunque aquí no es tan frecuente) con los grupos de “reenactors”, actores aficionados que de vez en cuando se reúnen para representar batallas épicas, poniendo un gran énfasis en que no haya ni un solo anacronismo, dándose el placer de sacar sus reproducciones de armas a la calle, y vistiendo con ese uniforme militar que tanto les costó conseguir. Detrás de muchos de estos reenactors, los reencarnacionistas sabemos que hay personas que vivieron realmente en esa época que tanto disfrutan representando, o de la que saben más que un historiador de verdad. Pero, lamentablemente no son conscientes de ello. O quizá, si lo sospechan, nunca se atrevieron a mencionárselo a nadie.

Representación de la batalla de Antietam en Sharpsburg, Maryland. 
Desde que comenzó la serie abrimos un hilo en el foro que ha tenido bastante éxito, porque es evidente que muchos de nosotros (gente que recuerda sus vidas pasadas) disfrutamos especialmente viendo películas que pertenecen a aquella era en la que vivimos, entre otras cosas porque eso nos puede desencadenar nuevos recuerdos. Además, en la serie se dan constantemente circunstancias y situaciones que no son nuevas para nosotros. Uno de los mejores ejemplos para mí es cuando Amelia descubre su propia tumba. Algo que para muchos puede parecer excesiva imaginación, no es para nada raro en las historias que podemos compartir los reencarnacionistas. De hecho, es uno de los momentos más extraños y a la vez más emotivos a los que nos llegamos a enfrentar: el momento en que tras muchos años de recordar, investigar y verificar, encuentras el lugar en el que te enterraron, a veces con nombre y apellidos, otras veces sin ellos. Algunos, como es mi caso, ni siquiera tenemos tumba, porque en una de mis vidas arrojaron mi cuerpo al mar. Aunque sí puedo contar una pequeña anécdota: una vez leí que un hombre tenía guardado el cráneo de otra de mis vidas pasadas. Puede parecer divertido, pero lo cierto es que hasta que no te pasa no sabes lo raro que se siente descubrir estas cosas.

Llegar a conseguir una verificación de este calibre hace que te sacudas de arriba abajo, porque es como si de repente aquello que creías eran solo delirios de tu mente se hace real y tangible. Puede que hasta ese momento solo hayas hablado de “posibles recuerdos”, de un nombre que crees que es el tuyo pero sabes que tal vez te lo estás inventando. Cuando por fin hallas una referencia histórica clara e indudable de que ese ser existió, y su vida coincide con lo que tú recordabas, todo se derrumba de nuevo. No tienes más remedio que aceptar que la reencarnación es un hecho, porque sabes que tú no te has podido sacar de la manga todos esos detalles, ni tendrían por qué afectarte tanto si es solo una historia de ficción. El tiempo deja de tener el mismo sentido. Notas cómo el pasado y el presente se han fundido en uno. Pero a la vez también te das cuenta de que todo (o mucho) de lo que fuiste ya no está. El sentimiento de pérdida también se hace más fuerte. La nostalgia es abrumadora. Y si aún no has llorado lo suficiente, tendrás que pasar por el duelo para poder pasar página.


El Ministerio del Tiempo es una serie que gusta a los reencarnacionistas porque en parte nosotros podemos hacer lo mismo: viajar en el tiempo. No nos sentimos del todo pertenecientes a este mundo moderno, en el que nos sentimos incómodos. Nos gustaría volver a otras épocas en donde éramos más felices o donde no nos sentíamos fuera de lugar. Creo que en la serie se ve muy bien cómo viajar al pasado no constituye un gran problema. Pero cuando viajas al futuro te encuentras descolocado y no sabes muy bien qué hacer para encajar. Vives en el presente, pero a la vez vas a dormir a tu época, y sigues teniendo los problemas que tenías en tu época. La única diferencia es que nosotros hemos cambiado de cuerpo. Muchos creen erróneamente que la muerte significa dejar todo atrás. Pero los reencarnacionistas sabemos que eso es solo una ilusión.

Nos queda mucho para llegar a Cloud Atlas, pero espero que los guionistas españoles sigan por este camino.

martes, 2 de diciembre de 2014

Emociones y vidas pasadas (2).

Sabía que había hablado antes sobre esto. Cuando he buscado la entrada correspondiente, he recordado que una de mis citas favoritas en la actualidad ya la leí hace mucho tiempo en un libro de Roger Woolger, psicoterapeuta estadounidense que todo el que esté interesado en recordar vidas pasadas debería conocer. La cita, de Carl Jung, dice así:

“No es posible alcanzar la conciencia sin dolor. Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.

Hacer consciente la oscuridad significa que de dentro de ti van a surgir emociones que ni siquiera sabías que estaban ahí. Significa despertar a la bestia que llevas dentro. Significa darte cuenta de que tú también eres capaz de odiar, engañar, violar, matar. Cuando llevas un tiempo en esto de la reencarnación, eres capaz incluso de saber si una persona ha recordado de verdad vidas pasadas, y cuántas ha recordado, solo leyendo sus opiniones o la idea que tiene sobre ciertos temas. Por ejemplo, ya sabemos que si cree en el karma, lo más seguro es que no haya recordado aún o haya recordado muy poco. Y, si aún no comprende cómo es posible que las personas malvadas reencarnen o que vivan vidas felices, tampoco ha recordado mucho. También si tiene la idea de que ella es una persona fabulosa y se horroriza tan solo pensando en las atrocidades que “otros” (siempre son otros, claro) hayan podido cometer en sus vidas. Y si les hablas claro sobre lo que te ha pasado a ti o lo que has hecho en tus vidas pasadas, su respuesta será algo como: “Pobre... qué mal lo debes estar pasando. Pero no te preocupes, sin duda puedes sacar algo positivo y en cuanto te perdones a ti mismo o a aquellos que te hicieron daño, tu alma habrá ganado en compasión”.

Perdonar. Hemos creído toda la vida que el perdón es instantáneo. Te metes en un confesionario, le cuentas al cura que todos los días le pones tres velas negras a tu vecina del cuarto porque no soportas que le vaya bien con ese chico del vecindario al que tú dejaste, el cura se lleva las manos a la cabeza, te dice que reces diez avemarías y asunto zanjado. Dios te perdona. Y así al día siguiente puedes volver a hacer lo mismo.

Pero lo cierto es que el perdón lleva algo más de tiempo. Tal vez porque nosotros no somos como Dios, de acuerdo. Y si no, que se lo digan a las víctimas de malos tratos, a las víctimas de violación, a los padres que han perdido un hijo porque alguien lo asesinó, o a los que pasaron treinta años en el corredor de la muerte hasta que los ejecutaron por inyección letal. ¿Cómo perdonas a tus agresores? ¿Te los imaginas delante de ti rodeados de un halo luminoso y les dices “Hala, te perdono. Todos los años de sufrimiento que he pasado por tu culpa se esfuman a la cuenta de tres. Uno, dos, tres”? Pruébalo, verás que no se esfuman tan fácilmente. Tal vez creas que esto no funciona porque no tienes a un hipnoterapeuta al lado que te implante una inducción hipnótica en tu cerebro que diga “Chip de perdón instantáneo. Di el nombre del agresor y los años de sufrimiento causados por él se esfumarán en cuanto chasquees los dedos”. Pruébalo también, si tienes dinero para pagar a un hipnoterapeuta. No solo te quedarás sin dinero, además pensarás que eres realmente malvado porque ese chip no funciona contigo. Alguien te dijo que el perdón no tiene que ser de palabra, sino de corazón, y aún te estás preguntando cómo se hace eso. ¿No existe un manual sobre cómo perdonar con el corazón? Tienes el odio y el dolor tan enquistados que es imposible que te los extraigan del alma y en su lugar aparezca eso que llaman “amor universal”.

Las cosas se complican aún más si eres a ti mismo a quien tienes que perdonar. ¿Qué es exactamente lo que tienes que perdonar? ¿Ser como eres y haberla fastidiado en varias vidas por no haber elegido la opción correcta? ¿Qué es esto, un concurso televisivo en el que te mandan a un pozo con harina, huevo batido y plumas de ave si no sabes la respuesta? ¿Tienes que perdonar tu propia estupidez por haberte dejado violar? ¿O por haberte volado la tapa de los sesos cuando estabas en medio de una depresión que no te dejaba ni respirar? ¿O por haber reaccionado violentamente contra tus enemigos, buscándote tú mismo que te capturaran y te torturaran hasta la muerte? ¿O por haber sentenciado a criminales a ser crucificados cuando ese era el método de ejecución normal para la época? ¿O por haberme defendido y haber derribado a una docena de cazas antes de que me derribaran a mí? ¿Y cómo me perdono a mí misma? ¿Me imagino dentro de un halo luminoso y me envío buenos deseos para ver si dejo de odiar a los americanos que me hicieron desaparecer cuando tiraron la bomba atómica en Hiroshima?

¿Cómo diablos se sanan las emociones?

Diría que esta es la pregunta más frecuente que nos hacemos los que recordamos vidas pasadas. Si no recuerdas vidas pasadas, ni siquiera te la planteas. Estás más preocupado en saber si en tu próxima vida te reencarnarás en cucaracha por atracar un banco, o si te puedes estar comiendo a un pariente lejano que se ha reencarnado en pollo de corral. En cambio, una vez que, por la razón que sea, abres la puerta a los recuerdos, vienen recuerdos, sí... pero nunca vienen solos. Van acompañados de fuertes emociones que ya no se van a ir durante años. Son como hijos que nunca se van de casa. Intenta echarlos, sí, cambia la cerradura de la puerta, darles dinero y que se vayan a donde sea, pero que se vayan... No. Por desgracia, esto no funciona así. Los recuerdos y las emociones de vidas pasadas van y vienen cuando les apetece. Y a veces es difícil convivir con ellas.

Después de un tiempo recordando, me he dado cuenta de que la mayoría de las emociones tienen su origen en el dolor. El dolor es lo que subyace detrás de ellas: tristeza, depresión, ansiedad, odio, miedo, frustración, celos, rabia, desesperación, sentimiento de injusticia, desesperanza, impotencia, vulnerabilidad. De hecho, hace tiempo que tengo la sospecha de que lo único que importa en nuestras vidas es la forma en la que reaccionamos a ese dolor. La gente tiende a clasificar a las personas como buenas o malas, y les es incluso difícil imaginar que un “alma buena” haya sido alguna vez “mala”. Consciente o inconscientemente, todos nosotros nos clasificamos a nosotros mismos como almas “buenas”, “malas” o “regulares”, comparándonos con lo que podría ser la media de bondad/maldad nacional. Posiblemente todos nosotros diríamos que somos regulares, porque en los extremos están los santos como la Madre Teresa de Calcuta por un lado, y los “seres demoníacos” tipo asesinos en serie por el otro. Y nadie se da cuenta de que en realidad todos somos iguales y la línea que separa la “bondad” de la “maldad” es demasiado fina como para quedarnos tranquilos. Déjate llevar por alguna de esas emociones, por tus instintos más básicos, solo por un segundo, y verás qué pronto te conviertes en un asesino.

Recuerdes o no vidas pasadas, las emociones están ahí, quizá algo adormiladas, pero están igualmente. Alguien puede tener tendencias suicidas desde su juventud sin que nadie entienda por qué... y puede tenerlas por algo que le ocurrió en la guerra de Vietnam, en una vida anterior. He conocido varios casos de este tipo, incluyéndome a mí misma. Vivir algo tan traumático como una guerra, seas soldado o civil, víctima o agresor, deja profundas huellas en el alma que no se borran tras la muerte. Muchas veces lleva más de una vida superarlas. El dolor puede hacer que sientas una ira inexplicable hacia todo lo que tienes alrededor, sean personas o cosas. También puede hacer que a consecuencia de ese dolor que alguien te infligió en otra vida, ahora tengas miedo a determinadas situaciones, porque temes que te vuelva a ocurrir lo mismo. Puede traerte deseos de autodestrucción, que te rebeles contra una vida que tuviste antes pero que perdiste y aún no comprendes el porqué. Puede que decidas hacer sufrir a los demás como venganza por lo que tuviste tú que sufrir. Los seres humanos somos harto complicados, y muchos reencarnacionistas nos preguntamos con frecuencia cómo cambiaría el mundo si solo tuviéramos una perspectiva un poco más amplia y fuéramos capaces de comprender que nuestras vivencias no se reducen a lo que hayamos podido experimentar en nuestra corta existencia actual.

Nos queda aún tanto por aprender...

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lunes, 28 de julio de 2014

Saudade.

Si no me equivoco, aún no he hablado en profundidad en el blog sobre past life mood, y la razón principal es que ya lo hago en Foro Reencarnación y no me gusta repetirme en exceso. Sí hablé de la sensación que muchos tenemos de echar de menos algo o a alguien, sin ser muchas veces conscientes de que esos sentimientos vienen ni más ni menos de nuestras vidas pasadas. Darte cuenta de ello supone toda una liberación. Pero lo que muchos reencarnacionistas hemos dado en llamar “past life mood” es algo más que simplemente echar de menos a algo o a alguien. Sí, hay una gran parte de nostalgia, de una fuerte nostalgia difícil de explicar con palabras, porque no es solo “echar de menos” algo, sino sentir como que tienes un agujero de dos kilómetros de diámetro en las entrañas, un sentimiento de vacío que nada ni nadie puede volver a llenar. Esto es una realidad, no nos sentimos así porque queremos, y aunque a veces nos cueste años saber el porqué de ese agujero, o, en el peor de los casos, nunca lleguemos a saber el origen, el agujero está ahí por algo. “Past life mood” viene a ser algo así como un estado mental o emocional en el que te ves inundado de sentimientos que provienen de vidas pasadas. Puede ser nostalgia, pero también puede ser tristeza, miedo, ansiedad, ira, o incluso puedes llegar a detectar pensamientos que no parecen corresponder a nada de lo que te ha pasado en esta vida, pero que están ahí por alguna razón... no una razón que desconocemos, sino una razón que no recordamos. Con el tiempo aprendes a diferenciar estos estados, incluso puedes utilizar algún que otro método de estar por casa para intentar evitarlos, aunque ya advierto que es bastante complicado.

Pues bien, una compañera de viaje sugirió que este estado de past life mood venía muy bien definido por la palabra portuguesa “saudade”. Según la Wikipedia:
“Saudade (del portugués saudade) es un vocablo de difícil definición incorporado al español empleado en portugués y en gallego, que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá”.
http://es.wikipedia.org/wiki/Saudade
Es curioso comprobar que así era como yo me sentí durante gran parte de mi adolescencia y toda mi juventud, sin ser consciente de qué me pasaba en realidad. Y por ello me pregunto cuántas personas habrá que se sienten igual y no son capaces de llegar al fondo del asunto, como hice yo, solo porque en esta sociedad en la que vivimos aún no se acepta ampliamente la posibilidad de la reencarnación. Y además me estremezco cuando pienso que no se acepta la reencarnación, pero sí se ve algo normal que estas personas estén en las consultas de muchos psiquiatras bajo tratamiento de antidepresivos. Pero así son las cosas...

Como me gustó mucho lo de la palabra “saudade” busqué más definiciones sobre ella y encontré esta gran descripción de un actor brasileño que resume muy bien lo que queremos decir los reencarnacionistas cuando estamos en past life mood, aunque si no lo has sentido nunca, posiblemente será difícil de imaginar.



SAUDADE (por Miguel Falabella).

Agarrarse el dedo con una puerta duele.
Golpearse la cara contra el piso, duele.
Torcerse el tobillo, duele.
Una bofetada, una trompada, un puntapié, duelen.
Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa, duele morderse la lengua, una caries y piedras en los riñones también duelen.
Pero lo que más duele es la saudade.
Saudade de un hermano que vive lejos.
Saudade de una cascada de la infancia.
Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.
Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió...
Saudade de una ciudad.
Saudade de nosotros mismos, cuando vemos que el tiempo no nos perdona.
Duelen todas estas saudades.
Pero la saudade que más duele es la saudade de quien se ama.
Saudade de la piel, del olor, de los besos.
Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.
Vos podías quedarte en la sala, y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.
Vos podías ir para el dentista y ella para la facultad, pero se sabían allí.
Vos podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.
Pero cuando el amor de uno acaba, o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe cómo detener.
Saudade es básicamente no saber.
No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.
No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.
No saber si ella todavía usa aquella mini.
No saber si él fue a la consulta con el dermatólogo como prometió.
No saber si ella se alimentó bien últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.
Si él estuvo yendo a las clases de inglés, si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial.
Si ella aprendió a estacionar entre dos coches.
Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura.
Si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.
Si él continua sonriendo con aquellos ojitos apretados...
Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora...
Si él continua cantando tan bien.
Si ella continua detestando Mc Donald's.
Si él continua amando.
Si ella sigue llorando hasta en las comidas.
¡Saudade realmente es no saber!
No saber qué hacer con los días que son más largos, no saber cómo encontrar tareas que detengan el pensamiento, no saber cómo frenar las lágrimas al escuchar esa música, no saber cómo vencer el dolor de un silencio...
Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer.
Es no saber si él está feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso...
Es no querer saber si él está más flaco, si ella está más linda.
Saudade es nunca más saber de quien se ama, y mismo así doler.
Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que vos, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer...
'En alguna otra vida, debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade...'

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lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Echas de menos a alguien?

Así es como empezó todo para mí. Y cuando digo todo es TODO.

No fue hasta bien entrada la treintena cuando descubrí que lo que a mí me pasaba no era ninguna enfermedad mental, ni tampoco una fantasía. Era solo un sentimiento con un origen real y que es mucho más común de lo que pensaba entonces. Un origen tan real que llega a estremecer…

Recordar vidas pasadas va íntimamente ligado a las emociones, a todo tipo de emociones, desde las que identificamos como características normales de nuestra personalidad, hasta las que pasan más desapercibidas y surgen solo en determinadas circunstancias, o las que mantenemos enterradas en nuestro subconsciente, por simple dejadez o porque intuitivamente sabemos que no debemos removerlas. Recordar vidas pasadas tiene que ver mucho con nuestra psicología, con conocernos a nosotros mismos, con saber de dónde venimos, quiénes somos, qué es lo que estamos haciendo aquí y qué necesitamos experimentar para seguir creciendo. Tiene que ver con mirarte a un espejo y reconocer tus cualidades pero también todo aquello que te empeñas en ocultar y que también forma parte de ti. Es por ello que muchos de los que intentan recordar sus vidas pasadas huyen después del primer intento… porque se dan cuenta de que la reencarnación es algo realmente serio y que se van a tener que enfrentar a muchos miedos y a muchos retos. Uno de los retos más importantes es ser lo suficiente humilde como para reconocer tus propios errores y darte cuenta de que aún te queda mucho camino por recorrer, por mucho que desees no volver nunca más a este planeta Tierra.

Un día hablaré en profundidad sobre esa sombra a la que todos los que recordamos vidas pasadas nos enfrentamos tarde o temprano. Pero hoy quería detenerme en ese sentimiento que es el culpable de que yo estoy hoy aquí compartiendo esto. El primer mensaje que escribí para un foro público en internet, el primer foro en el que me registré, cuando apenas sabía manejarme en la red, fue a causa de ese sentimiento. Y fue porque alguien más había mencionado (también en una de sus primeras aportaciones a dicho foro) que toda su vida había echado de menos a alguien que supuestamente no había conocido nunca. Esta persona luego se arrepintió y borró su mensaje, sin embargo me escribió en privado para agradecerme que hubiese respondido, porque para las dos fue un tremendo alivio descubrir que no estábamos solas en el mundo. A mí personalmente ese sentimiento me acompañó desde muy niña, luego en mi cabeza construí un “personaje” ficticio para mis historias literarias que ahora sé era mezcla de mis recuerdos y de mis propios deseos de volver a encontrar a esa persona ideal con la que había sido feliz en el pasado… en un pasado muy remoto. Hubo épocas en mi vida en las que esa imagen borrosa que tenía en la cabeza casi llegó a desaparecer, preocupada por los acontecimientos en mi vida presente. Sin embargo nunca lo hizo… y periódicamente el mismo sentimiento de echar de menos a alguien volvía con fuerza inusitada, contribuyendo incluso a la depresión que ya sentía por otras causas (algunas también relacionadas con vidas pasadas).

Las respuestas llegaron solas con un mínimo esfuerzo por mi parte… solo con saber dónde buscar todo se volvió claro como el agua. Y a lo largo de unos meses pude descubrir quién era esta persona tan importante para mí, por qué la echaba tanto de menos y por qué parecía no poder pasar página. Descubrí que no solo habíamos estado juntos en una vida, sino en varias, intercambiando papeles como parece ser que es lo normal en los grupos de almas, si es que existen los grupos de almas… Y solo después de dos años trabajando sobre ello (que no es mucho) me estoy empezando a dar cuenta de que aprender a estar sin él debe formar parte del “plan”… si es que existen los planes y las lecciones a aprender.

Mucha gente teme perder a sus seres queridos. El apego es uno de los sentimientos más fuertes en los seres humanos y posiblemente uno de los que más nos cuesta superar. Sin embargo, toda la vida hubo algo que jamás entendí: el amor no debería reducirse a los miembros de nuestra familia, a los de nuestra propia sangre, a los de nuestra raza… el amor debe ser universal, ¿no es eso lo que predican todas las religiones? Siempre me ha parecido extraño que alguien considere especial el amor que hay entre una madre y un hijo, por ejemplo… cuando eso no es nada especial, es lo natural, lo realmente especial es que alguien sea capaz de amar a todos sus semejantes, incluidos los enemigos… Y ahora que soy adulta (y seguramente menos sabia) aún me cuesta comprender que alguien tema no volver a ver a sus familiares después de su muerte, tal y como los conoció en vida… me cuesta comprender que alguien espere volver a encontrárselos tal cual, allí esperándole, pero no para recibirle en el más allá y ya está, sino para estar juntos toda la eternidad. ¿No suena egoísta? El amor no debería ser egoísta… pero lo es. Al menos el humano.

Leyendo 2150 AD de Thea Alexander he reflexionado un poco sobre esto, y también sobre otros aspectos relacionados con el amor que habían surgido en Foro Reencarnación días atrás. Aún nos queda mucho para llegar a ese amor universal, así que sospecho que vamos a seguir reencarnando durante al menos unos cuantos cientos de años aún. No somos aún conscientes del Amor que a todos nos espera en el mundo espiritual. Muy pocos nos hemos dado cuenta de lo poco que significan los lazos de sangre en el más allá. No nos damos cuenta de que las almas no tienen edad, ni sexo, ni raza, ni son buenas o malas. Y aunque algunos se consideren cristianos, ni siquiera han integrado una de sus más importantes enseñanzas, “todos somos hermanos”. Nos empeñamos en otorgar características humanas al mundo del espíritu, y seguimos pensando que allí seremos juzgados o perdonados cuando nunca habrá nada que hayamos hecho que necesite de un perdón. Pero eso nos pasa porque, entre otras cosas, aún creemos que amar a alguien es querer a tu hijo o a tu madre, al tiempo que despreciamos a nuestro vecino, al emigrante, a los seres vivos que matamos para comer, o a los bosques que mantienen fresco el aire que respiramos.


Si solo fuéramos un poco más conscientes de lo que somos en realidad, de todas las vidas que hemos vivido con las personas que queremos (y con los que creemos que son nuestros enemigos), si supiéramos que nuestra vida en la Tierra es solo un mal sueño y que es imposible perder a nadie porque nadie muere y todos nos volvemos a ver en el otro lado… entonces ya no tendríamos por qué echar de menos a nadie, ni nos sentiríamos tristes con la partida de un ser querido, ni tendríamos miedo a perder a alguien en una relación amorosa, ni sentiríamos celos, ni tendríamos miedo de amar a alguien de nuestro mismo sexo, o a varias personas a la vez, ni tampoco tendríamos miedo de ser rechazados.

No es fácil, por supuesto. Recordar tus vidas pasadas y tener todo esto superado no es algo inmediato. Hay lecciones que deben ser aprendidas en varias vidas, y sospecho que para mí esta es una de esas lecciones. Sigo echando de menos a esa persona que mencionaba al principio, a pesar de que siento que está siempre cerca. Durante mi juventud siempre tuve miedo de dar demasiado por si la otra persona se iba, por miedo a perder ese amor que siempre deseamos poseer, a pesar de que ya lo tenemos. Sigo echando de menos a gente que está lejos y a veces no me doy cuenta de que para amar a alguien hay que saber dejarle marchar. Y que poco importan mis deseos cuando sé que no hay nada que desear, puesto que ya todo nos ha sido dado, aunque lo hayamos olvidado momentáneamente. Cuesta superar toda esa programación mental humana y recordar que nunca estamos solos. Pero no es imposible. Nada es imposible.

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La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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