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jueves, 5 de abril de 2018

Reencarnación: ¿Mito o realidad? (Crítica).

Por casualidad, gracias a que un viejo amigo publicó un podcast sobre experiencias cercanas a la muerte en su perfil de Facebook, descubrí que el Dr. Miguel Ángel Pertierra conduce un programa de radio llamado "La Rueda del Misterio". Curioseando qué otros temas trata en dicho programa, vi que tenía uno de reencarnación, además muy reciente, con fecha del 24 de marzo de este año. Me dispuse a escucharlo, con mente abierta y esperanzada, lo aseguro... ¿Y qué me encontré? Pues lo mismo de siempre, al menos en un país hispanohablante como España. Es una muestra de lo que ocurre cuando juntas a varias personas que no tienen mucha idea de reencarnación y, por descontado, ninguna de ellas tiene experiencia propia o como mucho le hicieron una pequeña regresión hace años, con lo cual no puede decir que esté convencido de que la reencarnación es un hecho, como es lógico. Hay gente que se molesta cuando digo que no avanzamos, pero a las pruebas me remito.

Lo analicé en mi foro y ahora lo voy a analizar también en el blog. Me encantaría poder comentar textos o vídeos más interesantes, pero qué le vamos a hacer, esto es lo que hay. El desconocimiento sobre reencarnación sigue campando a sus anchas, y las personas que recuerdan múltiples vidas pasadas como yo y han llegado a verificarlas escasean. Y todo esto, a pesar de mis esfuerzos por difundir tanto mi experiencia como toda la investigación seria que hay detrás. 😢


El párrafo de presentación dice así:

«Con Lola Aparicio, Luis Arribas, Mikel Lizarralde y Miguel Angel Pertierra, debatimos sobre la posibilidad de que la reencarnación sea algo más que un elemento cultural o un mito y que pueda ser una realidad, según las investigaciones realizadas a lo largo de todo el planeta.»

Parece que promete, porque afirman que van a hablar de investigaciones realizadas en todo el planeta. No os hagáis ilusiones. No conozco a ninguno de los invitados, pero el único que parece saber algo de investigaciones es Luis Arribas, que por desgracia es también el que menos habla. Las aportaciones de la tal Lola Aparicio son más o menos las mismas que haría alguien si sale el tema de la reencarnación en la peluquería o en el patio de vecinos de tu edificio. Y Mikel Lizarralde se ve que algo conoce, más que nada porque debe de tener contacto con grupos espíritas, tan frecuentes en los países hispanohablantes y que tanto daño están haciendo a los que queremos estudiar de manera seria y científica la reencarnación. Al menos aporta un par de experiencias que sí son interesantes. Pero vayamos por partes.

El programa empieza con Pertierra preguntando a los invitados si creen que es posible que la reencarnación exista. Tanto Lola como Mikel empiezan diciendo "Sí, pero..." Ambos con matices. Lola dice que en teoría, si nacemos una vez, podríamos nacer repetidas veces, pero para eso es necesario primero que sobrevivamos a la muerte. ¿Todos sobrevivimos? Si yo hubiera sido la presentadora, le habría preguntado qué criterio existiría para que unos muriesen y otros no, y sobre todo, en qué se basa para tener esa duda. Quizá, si hubiera leído algo sobre reencarnación, compartiría la opinión de muchos reencarnacionistas de que la reencarnación es un fenómeno natural y universal. Quizá sabría que tener recuerdos de vidas pasadas es mucho más frecuente de lo que parece y que la mayoría de nosotros simplemente no recordamos porque ni siquiera nos hemos planteado esa posibilidad.

Mikel va más allá, pero se lía nada más empezar a hablar, contándonos lo que dicen los espíritus en las canalizaciones. Desde mi punto de vista, este tipo de información es la menos fiable. Se pierde hablándonos de creencias religiosas espíritas, por desgracia comúnmente aceptadas. Estoy de acuerdo en que reencarnar es una elección propia de cada alma. Todo lo que dice después son poco más que frases prefabricadas como la popular "En el otro lado no existe el tiempo ni el espacio". Afirma que cuando morimos primero hay un proceso de perdón y amor condicional, y los espíritus que se comunican con nosotros son los que ya están en la luz. Disiento totalmente con esto, pero explicarlo me llevaría demasiado espacio. También dice que después de la muerte, aspectos de la individualidad de la persona se van difuminando y perdiendo. Un espíritu muerto en una guerra dijo que ya no le importaban los huesos, porque había pasado tanto tiempo que ya estaba desligado de esa persona. Cuanto más tiempo haya pasado, más difícil será para el alma recordar detalles asociados a su vida terrenal. (¿No se suponía que el tiempo no existe en el otro lado?). También habla de "contratos de almas" y que antes de nacer a veces elegimos representar un papel de "malo" porque eso nos hará aprender. Todos somos víctimas y verdugos. Aunque estoy de acuerdo parcialmente con esto, creo que ha simplificado demasiado, lo normal en personas que lo ven desde fuera. De sus palabras deduzco que ha leído poco material del mayor investigador del periodo entre vidas que existe, a quien no se le menciona ni una sola vez en todo el programa: Michael Newton. En consecuencia, solo aporta las típicas generalizaciones "espirituales" que están bien cuando quieres contar un cuento a un niño, pero no cuando estás hablando con personas que han recordado múltiples vidas pasadas y que buscan respuestas más convincentes a sus experiencias.

Luis aporta el único comentario decente, afirmando que la historia es favorable a la reencarnación y que existen muchos testimonios de niños que recuerdan vidas pasadas, recogidos por Ian Stevenson y otros investigadores, aunque como es habitual, se limita a mencionar países como India, EEUU y China, obviando la cantidad de experiencias e investigaciones serias que hay también en Europa. Muchos además son casos de adultos. Puedo mencionar a Jenny Cockell o Carl Edon, por poner solo un par de ejemplos, aunque en el ámbito personal conozco a muchísimos más por lo que he aprendido moviéndome en foros y hablando con la gente, cosa que nadie parece hacer en este país aparte de mí. Luis se inclina a favor de la existencia de la reencarnación, pero también duda de si reencarna todo el mundo o solo reencarnamos cuatro. De nuevo, esto denota una gran falta de información al respecto.

Seguidamente Pertierra menciona al Dr. Brian Weiss y la terapia regresiva como forma de resolver conflictos actuales y como método para saber si existe la reencarnación. Creo que esta pregunta por sí misma ya demuestra lo poco que conoce la terapia regresiva. Si no, sabría que los terapeutas normalmente no están interesados en verificar las vidas pasadas de sus pacientes. Solo los que recordamos vidas pasadas, por lo general, invertimos el tiempo y esfuerzo necesarios para investigarlo, ya que nadie más lo va a hacer por nosotros.

A esta pregunta Lola se plantea si tener recuerdos de otras vidas es prueba de reencarnación. Obviamente, no ha hablado con nadie que recuerda vidas pasadas, porque la respuesta es obvia: NO, no es prueba suficiente, sobre todo si no te molestas en verificar esos recuerdos, como bien apunta después Mikel. También se plantea si cuando alguien dice recordar, está recordando de verdad una vida pasada o está conectando con una especie de conciencia global, lo que sería tradicionalmente conocido como los registros akáshicos. Otra cuestión que tendría una respuesta obvia si hubiera hablado con personas que recuerdan: si fuera una conciencia global, ¿por qué recordaríamos vidas de personas tan concretas, en orden cronológico, llenas de detalles mundanos, y no miles de vidas sin orden ni concierto? Finalmente vuelve a poner de manifiesto su desconocimiento del tema afirmando que Ian Stevenson hace regresiones con niños. Podría haberse equivocado y en realidad referirse a Brian Weiss (en el programa parece que Weiss y Stevenson son los únicos autores que hablan de reencarnación, pero esto pasa prácticamente en toda España... aún). Pero no, ninguno hace regresiones a niños. Stevenson solo habla de recuerdos espontáneos, y además no da mucha validez a las regresiones.

Uno de los muchos otros libros de Ian Stevenson que los invitados al programa no parecen conocer.

Ahora, lo que me mató directamente es la creencia totalmente irracional de Mikel sobre la existencia de lo que él llama un "polvo de estrellas" que se puede reencarnar en diez personas distintas. Además está convencido de que en el futuro se demostrará que un alma puede estar viviendo en varias personas o en distintos planetas a la vez. Lola encima acaba mezclando los cuerpos sutiles con la posible existencia de "varias entidades" que conformarían nuestro yo. 😧 Luego me pregunto por qué la reencarnación no se toma en serio por la mayoría de la gente, o me quejo de que en los comentarios alguien diga que esto de la reencarnación es una "absurdez". ¿Podría ser de otra forma tal y como está el percal?

A continuación Mikel relata una de las pocas cosas que se salvan del programa: hizo como voluntario para que le hicieran una regresión, y conoció varias vidas pasadas que podrían haber influido en su problema de asma actual. Primero fue a una vida pasada en Edimburgo, a principios de siglo XX, con coches y carromatos mezclados en las calles. Uno de los caballos se volvió loco y le arrolló, reventándole el pecho. En otra vida pasada, en la región hoy conocida como Mongolia, nació con líquidos en los pulmones, no podía respirar y murió al poco tiempo. En otra vida era un campesino muy humilde donde ardió su casa y murió dentro asfixiado.

Después Pertierra pregunta: ¿Hay pruebas de la existencia de la reencarnación? Luis es el único que da una respuesta válida, en mi opinión: sí, las hay, las marcas físicas, relacionadas con recuerdos de vidas pasadas tal y como recoge Stevenson en sus libros. Mikel aporta otra experiencia bastante interesante, pero no llega a lo importante de la cuestión. Nos cuenta que su sobrina, de seis años, nació con una marca roja en la espalda similar a un fresón. El médico le dijo que era un antojo y fue desapareciendo. Nos propone que todos hagamos un "juego" con niños menores de 7 u 8 años, preguntarles: "¿Cuando fuiste mayor, qué eras?" Su sobrina le dijo así como si nada que había sido una espía rusa, vestía de gris y la habían disparado por la espalda. Dio también detalles de una ciudad, quizá Londres. Se pregunta: ¿Es esto suficiente para decir que una persona ha tenido una vida pasada? Y él dice que no. Yo creo que habría que especificar: por supuesto, una marca de nacimiento por sí sola NO es suficiente, pero si hay supuestos RECUERDOS, ¿por qué no tratar de obtener más y VERIFICARLOS? En los niños ni siquiera hace falta hacer regresiones, los recuerdos están muy en la superficie y se les puede hacer preguntas abiertas en sus momentos de máxima relajación para ver si nos dicen algo. También podemos estar atentos a muchos otros detalles que nos pueden dar pistas, como muy bien explica en sus libros Carol Bowman, cuyas palabras he recogido yo en mi libro Niños que recuerdan vidas pasadas.

El resto del programa no aporta nada. Se repiten algunos mitos, como el de "muchas personas afirman ser Julio César o Cleopatra", cuando en realidad esto no es cierto y no hay tantas Cleopatras y Nefertitis como Mikel dice. Más bien al contrario, la mayoría de los que recordamos vidas pasadas, recordamos vidas totalmente mundanas y anónimas. Lola nos deleita con otra de sus profundas reflexiones, preguntándose que si existiera la reencarnación tendría que haber parte de nosotros que sea permanente, porque si no, no podría entrar en la Rueda de las Reencarnaciones. No sabe cómo llamar a esa parte. No sé... yo la llamaría como se ha llamado toda la vida, quizá... ¿alma? Después se mencionan las religiones orientales como si eso significara algo, dando por hecho que los lamas tibetanos reencarnan y recuerdan vidas pasadas, y cuestionándose que quizá ellos son los únicos capaces de hacerlo, algo que no tiene ningún sentido por la cantidad de evidencias que ya existen a favor de la reencarnación.

En resumen, un programa como tantos otros, con el nivel al que nos tienen acostumbrados los "programas de misterio" en España: superficial, poco serio y que no aclara nada, no muy distinta a una conversación entre amigos en el bar. Le dejo una petición al Dr. Miguel Ángel Pertierra: por favor, no haga una segunda parte, a no ser que vaya a tratar el tema de manera seria de verdad, tal y como anuncia en su canal. Quizá debería informarse antes que nada de los trabajos científicos que existen al respecto. Este enlace es un buen sitio por donde empezar.

Y luego me dicen que no caiga en la desesperación...



domingo, 6 de agosto de 2017

¿Eres un reencarnado? (Crítica)

Hace unos días una compañera del foro posteó este audio que Santiago Camacho había publicado en su canal de Ivoox con fecha 30 de julio de 2017. En él habla, entre otras cosas, de cómo puedes saber si eres un reencarnado. Para el que no lo sepa, Santiago Camacho es un periodista y escritor español, colaborador del programa de televisión Cuarto Milenio, y especializado en teorías de la conspiración. Santiago Camacho no me cae mal, he de reconocerlo, y su audio tampoco es que fuera un horror, hay que ser sinceros, pero aún así le voy a dar una sugerencia que extiendo a todos los llamados “periodistas del misterio”: dejad la reencarnación para los verdaderos especialistas. Por favor os lo pido.

A continuación voy a analizar el citado audio, el cual podéis escuchar aquí, a partir del minuto 22 aproximadamente:

Bueno, así en general me parece un resumen de lo más superficial, lo cual no me sorprende porque es algo a lo que ya estoy bastante acostumbrada en este país, donde los únicos que hablan públicamente de reencarnación son periodistas como él que se han pasado una tarde buscando información en internet para hacer su reportaje, o lo que es aún peor, espiritistas en conferencias “esotéricas” donde te sueltan todo lo que han aprendido en sus doctrinas prefabricadas. Yo llevo seis años investigando en serio la reencarnación, recuerdo múltiples pasadas y he escrito ya dos libros sobre el tema. Posiblemente soy la mayor experta que existe en reencarnación en este país y conmigo no contacta nadie. Es curioso… Quizá soy demasiado seria para lo que andan buscando. Lo peor es que, según Santiago Camacho, hay muchas personas que dicen recordar vidas pasadas que le escriben a él, no sé muy bien para qué… Claro, así va el mundo.

En cualquier caso, Santi (le llamaré así para abreviar y porque total, le conozco de hace muchos años), dice que en su opinión “no son desdeñables los casos de niños con recuerdos o habilidades especiales”. Ya estamos como siempre. De las regresiones, ni habla, porque ya da por supuesto que son controvertidas y mejor ni mencionarlo. Ahora, los niños sí, por alguna razón lo que dicen los niños va a misa, cosa con la que no estoy de acuerdo, como ya expliqué un día. Y por mi parte he de añadir que si no quiere considerar las regresiones, vale, pero es que hay montones… digo bien, MONTONES, de adultos que empezaron a recordar siendo niños pero siguen teniendo recuerdos espontáneos cuando son adultos. Sin ir más lejos, hace unos pocos días me reuní con una chica de Serbia, que además de contarme que no puede meditar porque es demasiado nerviosa, le es imposible leer libros escritos por su supuesta personalidad pasada porque mientras lee le vienen a la mente escenas en primera persona de cuando ella, en su vida pasada, estaba supuestamente escribiendo ese libro, escenas con todo lujo de detalles. Ha sido incapaz de acabar una sola novela de ese escritor porque es literalmente asaltada por los recuerdos. Pero, por alguna misteriosa razón, estos casos continúan siendo ignorados por todo el mundo, incluidos la gran mayoría de investigadores de reencarnación, lo cual es bastante triste.

A continuación Santi pasa a enumerar una serie de “síntomas” o indicios que te pueden hacer pensar que eres “un reencarnado”. Ya los términos de “reencarnado” o “tener otras vidas” me disgustan bastante. “Ser un reencarnado” es como decir que “eres un aparecido”, un fenómeno paranormal, cuando la gran mayoría de investigadores serios de reencarnación (yo entre ellos) están de acuerdo en afirmar que, si la reencarnación existe, es un fenómeno natural y universal. Mientras no lo consideremos como tal, las cosas no van a cambiar y seguiremos siendo considerados poco menos que unos alucinados confundidos que desean volver a tener cuerpo físico después de muertos. Es que somos raros, raros… No, querido Santi: lo más probable es que todos, repito, TODOS, hayamos reencarnado. Lo raro no es reencarnar. Lo raro es recordar vidas pasadas… aunque no tan raro como la mayoría de la gente piensa.

Antes de pasar a la lista de “síntomas” (espero que no utilice esta palabra porque en el fondo piensa que estamos enfermos mentalmente), advierte, eso sí, que lo tomemos como un divertimento. O sea, que ya de entrada piensa que lo que está diciendo no es nada serio y haremos mejor tomándonos esto de la reencarnación a chirigota. Siento discrepar: solo parte de lo que dice es poco serio, diría que el 50%. Pero tener recuerdos de vidas pasadas, sentir ciertas afinidades, tener fobias inexplicables, identificarte con determinados periodos históricos… no, eso puedo asegurarte que es MUY serio. Todo eso ha sido estudiado científicamente por investigadores como Ian Stevenson y no debería ser visto como divertimento. Creo que es una realidad. Añadiría a esa lista un tema muy importante como es la disforia de género, y también, juegos de infancia, a los que Stevenson dedica, al menos, un artículo de los muchos que escribió sobre posibles vidas pasadas. Sobre tener recuerdos de vidas pasadas podría estar hablando años, obviamente, pero aquí solo voy a incidir en un aspecto: no, NO ES NINGÚN DIVERTIMENTO. Tener recuerdos de vidas pasadas es especialmente jodido. Si los periodistas hicieran su trabajo solo un poquito mejor y entrevistaran a cualquier usuario de mi foro (si se dejan, que lo dudo), se darían cuenta de ello. Pero por lo visto en este país se prefieren los análisis superficiales.

Después hace hincapié en lo de que tener recuerdos es sobre todo por los “recuerdos de niños muy pequeños que han nacido en países como la India o donde la religión mayoritaria es el budismo”. Genial, ya estamos contribuyendo a la perpetuación de mitos sobre reencarnación. ¿En qué década vives, Santi, en los años 70, en los años 90? Desde entonces ha habido docenas de casos estudiados en niños occidentales, y, por supuesto, también numerosos testimonios de ADULTOS (otra vez) que han empezado a recordar ya a edad avanzada. Solo hace falta preguntar y te salen unos cuantos casos de madres occidentales que piensan que su niño o niña podría haberles estado hablando de una vida pasada. Que, digo yo, a ver si nos actualizamos un poco, ¿no?

Luke Ruehlman, solo uno de los casos de niños occidentales con recuerdos de vidas pasadas.

Poner el ejemplo del Dalai Lama sobra totalmente, a no ser que Santi quiera sembrar la duda y desprestigiar la reencarnación, porque si de verdad alguien puede pensar que tener recuerdos de una vida pasada es equivalente a que un niño de dos o tres años pueda escoger (y acertar) al azar una serie de objetos que pertenecieron al difunto Dalai Lama, apaga y vámonos. Que sí, que entiendo que nombrar a gente “santa” como el Dalai Lama hace que los típicos crédulos se deslumbren y piensen que la reencarnación existe solo porque lo dicen los budistas, pero no, eso no tiene nada que ver con la realidad de la existencia de la reencarnación en países occidentales.

El resto de afirmaciones con las que nos deleita Santi parecen sacadas de las enseñanzas de la Nueva Era, empezando por el desacertado término de “almas viejas”. Me saca de quicio. ¿Así que todos los que hemos reencarnado somos “almas viejas”? ¿Qué significa ser un “alma vieja”? Yo te lo digo: NADA. Puedes haber reencarnado dieciocho mil veces que puedes seguir siendo de lo más inocente. Ser viejo no es sinónimo de ser más sabio o haber vivido más. Depende de tus experiencias.

Y las generalizaciones no ayudan: “Las almas viejas tienen mayor empatía y mayor altruismo”. ¿En serio? Pues yo recuerdo unas cincuenta vidas pasadas, y te puedo asegurar que mi nivel de altruismo y empatía no es superior al de la media de la población. ¿Que a la gente le gusta creer que cuantas más veces has reencarnado, más “evolucionado” estás y por tanto más empático y altruista eres, vamos, casi como un santo? Pues sí. ESO es una creencia que NO se corresponde con la realidad.

Otra generalización: “Las almas viejas son más sensibles y tienen capacidad de precognición y retrocognición”. ¿En serio? Pero, ¿alguien ha hecho una estadística sobre esto? Muéstrame los datos, Santi. Según lo que yo he visto, pues depende: no creo que entre los que recordamos vidas pasadas haya más proporción de personas sensibles o con capacidades de precognición y retrocognición que respecto a la población general. Hay gente muy sensible, hay gente muy intuitiva, hay gente con sinestesia… y también hay gente que parece un tronco. Yo soy una de estas últimas.

Muchos de los que recordamos vidas pasadas nos sentimos un poco extraños en este planeta, eso es cierto (yo en concreto, no al planeta en sí, sino en cuanto a sus habitantes, especialmente los ignorantes y primitivos). Y también muchos nos sentimos un poco ajenos a nuestra propia familia. Pero no, ninguno de nosotros ha necesitado ayuda psicológica por ello, aunque agradezco a Santi su preocupación por nuestra salud mental.

También le agradezco que diga que “la reencarnación pertenece al ámbito de las creencias, y por ello es respetable y debe ser respetada”, aunque ninguno de los reencarnacionistas (véase definición real y no la antigua que es sinónimo de “creyente en la reencarnación”) que conozco y que han escuchado su audio están de acuerdo. A mí me ha parecido que en el fondo no le da mucha importancia a esto de la reencarnación y nos trata de forma un poco condescendiente, como si dijera: “Mejor dejadlos solos con su locura”. “Creed lo que queráis, total, mientras no hagáis daño a nadie…” Así que le dejo con todo cariño el gran comentario de una de mis compañeras de foro, que se mostraba en desacuerdo a su afirmación de que la reencarnación pertenece al ámbito de las creencias:

Saber no es creer. Tener evidencias no es creer. 

El problema es que a vosotros, todos los que lo veis desde fuera, os falta información y experiencia. Es algo que entiendo, pero al menos, si no tenéis suficiente información ni experiencia propia, hacednos un favor a los reencarnacionistas y no contribuyáis a la propagación de mitos, que ya tenemos suficiente con lo nuestro. Gracias.

viernes, 5 de mayo de 2017

Las gemelas Pollock en Cuarto Milenio.

El pasado domingo (temporada 12, programa 35) lo volvieron a hacer: hablaron de reencarnación en Cuarto Milenio (reportaje entero aquí). De nuevo, me provocó sensaciones contradictorias. Al principio no quería ni verlo; estaba convencida de que me iba a cabrear… Y sí, hubo algunas cosas que me encendieron, las cuales comentaré a continuación, pero luego vi que el reportaje no estaba mal del todo. Normal, porque dijeron prácticamente lo mismo que viene en mi libro Niños que recuerdan vidas pasadas. Dudo que se lo hayan leído, porque parece que aún no se han enterado de que hay gente seria en este país estudiando a fondo la reencarnación (y eso que se llaman a sí mismos investigadores). Aún así, me reconforta saber que yo, que no soy periodista de profesión, conseguí reunir básicamente la misma información buscando en internet. Lo que no sé si es bueno o malo… pero sí prueba que cualquier persona que esté mínimamente interesada puede encontrar grandes casos por sí misma. Mi objetivo con el libro era solo facilitar el trabajo a los perezosos.

Porque no nos engañemos, la mayoría de las personas —gente que se interesa levemente en la reencarnación, ve un poco lo que hay en internet y luego se cansa— no investiga. Ya sea por desconocimiento de lenguas extranjeras, por desidia, porque crea que no es necesario, o porque tenga cosas mejores que hacer, estas personas no se ponen a leer los trabajos más eruditos de Ian Stevenson, ni por supuesto se van a descargar los artículos científicos publicados hace años (en ocasiones incluso décadas) por ciertos investigadores, para descubrir por sí mismos qué hay en esto de la reencarnación. Yo personalmente tengo que aceptarlo de una vez: a la mayoría de la gente le vale con un corto reportaje escrito por un “periodista del misterio” y presentado con un titular que parece escrito por un becario (ver foto) y un resumen que no puede ser más sensacionalista, para luego dejar comentarios profundos en Facebook tipo:

“¿Por qué no? El problema es que si existe un aborto es un asesinato.”

“Creo que hay vida después de la muerte, pero no una reencarnación. La reencarnación del cuerpo transformándonos en otra cosa o persona, es falsedad.”

“Creo que la madre estaba tan traumatizada que inconscientemente pasó la información a las hijas durante el embarazo, las niñas olvidaron así como todo el mundo olvida sus primeros 30 meses.”

(La ortografía de algunos mensajes ha sido editada para no dañar los ojos de los lectores, pero son comentarios reales).

No, no fueron las hermanas gemelas las que se reencarnaron en las hermanas fallecidas, sino al contrario. Hasta donde yo sé, es imposible reencarnase en un muerto.

Después de esto, creo que se entiende que a veces me quiera suicidar. Aunque repito que el reportaje en sí no estuvo mal. Si alguien prefiere tener la información por escrito, le dejo el fragmento de mi libro que hablaba sobre las gemelas Pollock, aunque le recomiendo encarecidamente que adquiera tal libro para nutrir su biblioteca. En español la literatura es escasa, por no decir inexistente, y la mayoría solo habla de lo bonito que son las regresiones y de cuestiones tan espirituales como falsas, como la famosa Ley del Karma.

Este es un caso también bastante conocido, e investigado a lo largo de muchos años por el Dr. Ian Stevenson. Es descrito en profundidad en su libro Niños que recuerdan vidas anteriores, y también mencionado en su libro Where Reincarnation and Biology Intersect, por la aparición de una determinada característica física en una de las niñas que describiremos en las próximas líneas.

Gillian y Jennifer Pollock eran gemelas idénticas (monocigóticas), nacidas en una localidad llamada Hexham, Inglaterra, el 4 de octubre de 1958. Cuando tenían entre tres y siete años comenzaron a hacer varias afirmaciones y a reconocer una serie de hechos, lo que sugería que ambas tenían recuerdos de las vidas de sus dos hermanas mayores, fallecidas en un accidente de coche diecisiete meses antes de que las gemelas nacieran. Iban de camino a la iglesia cuando desgraciadamente un coche perdió el control y arrolló a ambas y a un amigo. Los tres murieron del impacto de manera instantánea. Las hermanas mayores no habían sido gemelas. La mayor, Joanna, tenía once años, y la pequeña, Jacqueline, seis, cuando murieron. Gillian recordaba la vida de Joanna, y Jennifer la de Jacqueline.

Los padres de las niñas, John y Florencia Pollock, eran católicos. A pesar de sus fuertes creencias religiosas, John estaba convencido de que sus hijas volverían a nacer, y se le metió en la cabeza que su esposa daría luz a gemelas, que serían la reencarnación de Joanna y Jacqueline. En los años 50 todavía no existían los medios técnicos que tenemos ahora y el médico afirmó que solo oía los latidos de un corazón. Sin embargo, se equivocó.

Como en otros casos de gemelos estudiados por Stevenson, las diferencias entre las gemelas Gillian y Jennifer eran considerables, teniendo en cuenta que eran monocigóticas y por tanto su dotación genética es la misma. Jennifer nació con una marca de nacimiento en la cadera que era igual a una que también había tenido Jacqueline. Además también presentaba una marca sobre la ceja derecha, una línea blanquecina, que coincidía con una marca que había tenido Jacqueline, solo que en este caso no era de nacimiento, sino que correspondía con una cicatriz resultado de una caída de la bicicleta cuando tenía tres años.

Cuando las gemelas tenían nueve meses de edad, la familia se trasladó a vivir a Whitley Bay. No volvieron a Hexham hasta que cumplieron los tres años. Y los padres de las niñas se sorprendieron al comprobar que reconocían perfectamente la casa donde habían vivido hasta los nueve meses. También sabían dónde estaba el colegio y conocían la zona muy bien, llegando a describir el parque donde querían ir a jugar, que era el parque al que iban las hermanas mayores. Además eran capaces de llamar por su nombre a algunas personas del pueblo que no conocían con anterioridad.

Según fueron creciendo, se produjeron más coincidencias. Cuando tenían cuatro años de edad, sus padres les regalaron unas muñecas que habían pertenecido a sus hermanas mayores, e instantáneamente las llamaron Mary y Susan, los mismos nombres que habían escogido las hermanas mayores. A los cinco años, describieron a sus padres un atropello. La descripción coincidía exactamente con el accidente donde sus hermanas mayores habían perdido la vida. La madre también notó que a veces jugaban a juegos un poco siniestros. En uno de estos juegos Jennifer permanecía tumbada en el suelo con su cabeza apoyada sobre su hermana, Gillian. Esta le hablaba calmadamente diciendo que su sangre salía de sus ojos porque era ahí donde el coche la había golpeado. Un día ambas entraron en una especie de estado de histeria cuando pasaron al lado de un coche aparcado que tenía su motor al ralentí, y comenzaron a gritar con todas sus fuerzas: “¡El coche! ¡Viene a por nosotras!”

Cuando comenzaron a escribir, se dieron cuenta de que la forma en que Gillian cogía el lápiz era idéntica a la manera peculiar con la que escribía Jacqueline, de manera vertical, apretado en su puño, y esto lo siguió haciendo incluso cuando ya tenía más de veinte años. Joanna había ido a la escuela durante cinco años y había aprendido a coger el lápiz de manera adecuada. Sin embargo Jacqueline solo había ido durante un año antes de su muerte, y los intentos de sus padres y su profesor de corregirla no habían tenido éxito.

Según los padres, nunca mencionaron a sus hijas que habían tenido dos hermanas que fallecieron atropelladas hasta que tuvieron trece años. El Dr. Stevenson llevó a cabo pruebas físicas y realizó entrevistas por separado a cada una de las niñas. Al preguntarles si recordaban algo que hubiera sucedido antes de morir, una de las niñas contestó: “Sentí un dolor muy fuerte en la cabeza y la sangre cubrió mis ojos”.

Bien, ¿qué es lo que no me gustó del programa? Pues, básicamente, un par de cosas. La primera es que sigo sin entender por qué ya bien entrada la primera mitad del siglo XXI tenemos que estar comentando casos que se desarrollaron en los años 60 (más de 50 años atrás, por Dios, como si no existieran casos recientes). Vale que la investigación seria, como la que llevaba Ian Stevenson en su época, lleva un tiempo, y los trabajos científicos y los libros no salen a la luz hasta años, incluso décadas, después. Vale también que la ignorancia en nuestro país respecto a reencarnación es inmensa, y los divulgadores tenemos que referirnos a casos antiguos porque sabemos que son desconocidos para la mayoría de la población. Sé que esto no es culpa directa de los periodistas que hacen Cuarto Milenio, pero creo que con este tipo de divulgación lo único que hacemos es perpetuar ideas equivocadas y obsoletas como aquellas que dicen que solo los niños pueden recordar vidas pasadas, o que los recuerdos que obtienen los adultos por hipnosis no son fiables. Estoy bastante harta de esto, porque me consta que no es verdad. Hay docenas, por no decir cientos, de personas adultas que recuerdan sus vidas pasadas, y en muchos casos, han conseguido averiguar su identidad pasada. No solo lo que se publica en revistas científicas es cierto. El otro día leí cómo la misma Jenny Cockell, en su cuenta de Facebook, protestaba porque los investigadores tienden a despreciar su caso al pensar que se trata de un caso de hipnosis, cuando en realidad Jenny ya tenía recuerdos espontáneos desde niña (dato que yo misma desconocía). Y decía que cada vez que intentaba corregir esto en su página de la Wikipedia, alguien volvía a cambiarlo con datos erróneos, como si esa mano negra que muchas veces el propio Íker Jiménez menciona también estuviera actuando en contra de verdaderos reencarnacionistas como Jenny Cockell. Desde mi punto de vista, Jenny está en pleno derecho de querer que la información que habla de ella sea correcta. Lo que me fastidia es que tenga que defender su caso diciendo que ya tenía recuerdos espontáneos de niña, como si así su caso fuera más fiable que los de hipnosis, cuando esto no es más que una mentira propagada por los escépticos que no se han molestado en estudiar casos de adultos.

El segundo aspecto que no me gustó fue que se sugiriera antes del reportaje una posible explicación al caso de las gemelas Pollock afirmando que esos supuestos recuerdos podrán haber surgido gracias a la especial conexión que existía con la madre. Se llegó a sugerir incluso que tal información se podría transmitir a través de la piel. En serio, WTF. No deliremos, que Cuarto Milenio se las da de programa sensato y amigo de lo científico. En su tiempo, Ian Stevenson ya tuvo en cuenta la posibilidad de las impresiones maternas para explicar la existencia de estos recuerdos, incluso la telepatía… y ya llegó a la conclusión de que no servían para explicar todas las características de este tipo de casos. Quizá, si se hubieran leído mi libro (o alguno de Ian Stevenson, que a mí me da lo mismo, ¿eh?) lo habrían sabido. Me autocito otra vez 😎:

Aunque esta hipótesis es mencionada ocasionalmente en las investigaciones del Dr. Ian Stevenson, y algunos investigadores como Jürgen Keil parecen darle alguna validez, no es útil para explicar la gran mayoría de los casos expuestos en este libro.
Las impresiones maternas tienen su origen en la India y la China antiguas, y en el folclore de los pueblos africano y asiático. Constituyeron una hipótesis bastante famosa en el siglo XVIII para explicar la aparición de ciertos defectos de nacimiento en los recién nacidos. Se creía que las experiencias de la mujer durante su embarazo podían impresionarla de tal forma que llegaban a afectar al feto en gestación. Por ejemplo, un niño podría nacer sordo debido a que la mujer sufrió un fuerte impacto al oír un gran estruendo estando embarazada. O podría nacer ciego debido a que la mujer se quedó mirando a una persona ciega. O el bebé nació sin un brazo porque la mujer se asustó al cruzarse con un mendigo que solo tenía un brazo, y al temer que su hijo nacería con esa amputación, ese miedo se acabaría haciendo realidad. Enfermedades como la ictiosis (una enfermedad de la piel caracterizada por la aparición de escamas) se explicaban porque la mujer tenía miedo a las serpientes.

En la primera mitad del siglo XX esta idea quedó desechada como simples supersticiones, junto a la creencia de que las mujeres embarazadas “solo debían exponerse a estímulos agradables”. Los avances en anatomía y fisiología mostraron que no existe ningún tipo de conexión física entre la mujer gestante y su bebé a través de la placenta o de algún otro modo que pudiera posibilitar que una imagen mental de la madre acabara expresándose en el cuerpo del bebé. Algunos investigadores afirmaron entonces que tal vez la mente podía ejercer esa influencia por “medios inusuales”. El propio Ian Stevenson analizó un gran número de este tipo de casos, incluyendo uno en el que el hermano de la mujer gestante había sufrido la amputación del pene a causa de un cáncer, y a ella le fue imposible evitar la curiosidad y echar un vistazo. Posteriormente esta mujer dio a luz un hijo al que le faltaba el pene. La incidencia de este tipo de defecto congénito es de 1 en 30.000.000, lo cual parece indicar que, quizá, no podamos descartar del todo las impresiones maternas.

Otro dato importante es que el estímulo que aparentemente producía el defecto congénito tenía lugar con mucha más frecuencia en el primer trimestre de gestación, lo que parece sugerir que es importante la susceptibilidad del embrión a la impresión materna. Durante ese periodo el embrión también es más susceptible al efecto de ciertos fármacos como la talidomida y a infecciones virales como la rubeola.


En algunos casos descritos por Stevenson, la mujer pudo ser testigo de las heridas que eran producidas en otra persona, o quizá ella misma sufría algún tipo de lesión. En otras ocasiones pudo contemplar el cadáver de la persona cuya vida luego decía recordar su hijo. Algunas mujeres se sentían muy impresionadas, tenían miedo, o incluso se preocupaban de manera obsesiva y no podían dejar de pensar sobre ello. Algunas temían que sus hijos pudieran resultar afectados, pero otras no. Unas pocas confiaban, equivocadamente, que sus hijos nacerían normales. Stevenson describe dos casos de este tipo en su libro Where Biology and Reincarnation Intersect, pero en ninguno de ellos el niño dio muestras de recordar una vida pasada ni se pudo averiguar si sus defectos de nacimiento correspondían a las lesiones de otra persona. Sí se comprobó que las madres habían tenido ese tipo de sentimientos respecto a acontecimientos que habían tenido lugar en su entorno.


Por tanto, aunque esta explicación podría llegar a ser plausible en determinados casos muy aislados, es evidente que en la mayoría se puede descartar. La madre, por lo general, no tiene conocimiento de la otra familia, ni ningún contacto con la supuesta vida pasada de su hijo, ni ningún miedo que pueda explicar las marcas o defectos de nacimiento que aparecen en sus hijos.

No retrocedamos al siglo XVIII, por favor. Incluso en el caso de que nuestro razonamiento nos llevara a pensar que la ciencia ha avanzado mucho en los últimos años y podría existir algún mecanismo desconocido por el que esa información se transmitiera de madre a hijo, seamos sensatos:
  • Qué casualidad que siendo gemelas homocigóticas, los recuerdos de Joanna pasaron solo a Gillian, y los recuerdos de Jacqueline pasaron solo a Jennifer.
  • No hablamos solo de “información” como si fueran datos fríamente transmitidos de algún sitio sin determinar a las células de las gemelas. Hablamos de RECUERDOS: imágenes en primera persona, emociones, marcas de nacimiento, lugares físicos que son capaces de reconocer. Que se sepa, la memoria de momento se localiza en el cerebro, y el ADN no transmite ese tipo de información, mucho menos cuando la persona no ha tenido oportunidad de reproducirse, como es el caso de las gemelas (si eres de los que piensa que la memoria genética es la responsable de los supuestos recuerdos de vidas pasadas, te recomiendo que leas esto).
  • La gran mayoría de los casos de reencarnación ni son de gemelos, ni son en la misma familia, así que digo yo que habrá que buscar otras hipótesis si no nos vale la reencarnación. Por alguna extraña razón, a mucha gente le cuesta aceptarlo, incluso les cuesta reconocer la posibilidad de su existencia. Si ellos supieran…

Así que, así sigue estando el panorama en España. No avanzamos. Y eso, a pesar de todos mis esfuerzos. 😢

jueves, 13 de octubre de 2016

El misterio de la memoria.

Me gustaría que vierais el siguiente vídeo. Es la reflexión semanal de Ikér Jiménez en el programa 3 de la temporada 12 de Cuarto Milenio. Igual que le critico cuando no me parece que hace las cosas bien, también le alabo cuando pienso que nadie podría comunicar algo como él lo hace.


Habla de la memoria, y llama la atención sobre un hecho con el que —estoy segura— todos estamos de acuerdo. Si pensamos en nuestra infancia o adolescencia, no vamos a recordar detalles muy concretos uno detrás del otro. Aunque pensemos que tenemos buena memoria y que somos capaces de recordarlo todo, esto raramente es así (de hecho, existe un nombre médico para esta alteración, la hipertimesia). Lo que vamos a recordar son cortas escenas, aisladas, y asociadas a algo muy concreto, que —y esto lo añado yo— suelen ir acompañadas de algún tipo de emoción. Ese recuerdo puede ser evocado en nuestra memoria al ver en la pantalla del ordenador un juguete antiguo que formó parte de esa infancia, un libro que leíamos y que ahora recordamos, un olor característico... Sin saberlo (o eso parece) Íker estaba describiendo con total perfección qué es un trigger, es decir, en pocas palabras, un desencadenante de recuerdos.

No hay nada paranormal en todo esto, ¿verdad?, excepto quizá que aún no sabemos cómo funciona la memoria ni nuestra mente. No sabemos qué es lo que hace que algunos recuerdos se almacenen y otros no, qué factores influyen en que algunas de esas escenas pasen ante nuestros ojos como si estuviéramos viendo una película de nuestras vidas, y sin embargo no podamos recordar el nombre de nuestra profesora, ni tampoco a la mayoría de nuestros compañeros de clase.



Bien. Lo paradójico es que la reencarnación tampoco es nada paranormal, aunque no mucha gente se haya dado cuenta de esto aún. Ocurre que a veces nuestra memoria, usando el método que sea (puede ser espontáneo o puede ser facilitado por alguna de las técnicas que ya deberían conocer los lectores asiduos del blog), salta en el tiempo y nos trae RECUERDOS que nosotros sabemos no pertenecen a nuestra vida actual. Y lo he escrito con mayúsculas, porque sí, son RECUERDOS. No se diferencian en nada de los demás recuerdos. Lo único que no nos permite aceptarlos como recuerdos es la existencia de ideas preconcebidas y prejuicios varios que nos han grabado en la mente casi desde el momento en el que nacimos. Por ejemplo, que solo tenemos una vida. Que todo nuestro conocimiento proviene de nuestra infancia, porque de niños somos como esponjas. Que todos morimos, que no hay nada después (ni antes) de la muerte. Que la reencarnación no existe... ¿Por qué? "Porque lo digo yo", aunque haya miles de indicios en todo el planeta, en todas las civilizaciones, de que la gente ha vivido muchas vidas y ha vuelto.

Cualquier persona que recuerde vidas pasadas conoce perfectamente este comportamiento tan curioso de la memoria. Sabe cómo los recuerdos que tiene de otras vidas son a veces aleatorios, con frecuencia no parecen tener ningún significado trascendental, aunque sí que es bastante habitual que vayan acompañados de vivencias más o menos traumáticas, y casi siempre, de fuertes emociones. Luego, la interpretación que queramos darle a la experiencia en su conjunto es individual. Lo triste es que, como ocurre siempre con las experiencias que escapan a la comprensión de los seres humanos, en este punto es cuando aparecen los “iluminados” que se dedican a construir las creencias religiosas y pseudoespirituales para que el protagonista de la experiencia se tranquilice y no tenga que seguir haciéndose preguntas. 

También es la razón por la que no tiene sentido pensar que un caso de supuesta reencarnación es más sólido cuanto mayor sea el número de verificaciones que se hayan podido efectuar comparando lo que un niño dice recordar con la información proveniente de sus supuestos familiares de esa vida pasada o de los correspondientes registros. Ni nuestra memoria es exacta, ni los registros históricos son exactos. Y sin embargo, aún hay investigadores que se empeñan en dar mayor credibilidad a este tipo de casos. Ian Stevenson es uno de mis héroes en lo que a reencarnación se refiere, pero va siendo hora de que avancemos —aunque solo sea un poco— en el estudio de la consciencia y su supervivencia después de la muerte.   

En realidad el único misterio de la reencarnación no es que exista (ya que esto es un hecho), ni tampoco cómo funciona (no lo sabemos todo, pero ya existen hipótesis bastante interesantes). El único misterio de la reencarnación es la memoria y cuál es su relación con el cerebro, o mejor dicho, con la mente. Es así de simple, no hace falta buscarle tres pies al gato con deudas kármicas y demás milongas. 

¿Por qué algunas personas recuerdan y otras no (aparentemente)?

¿Es verdad que los niños recuerdan datos más concretos de sus vidas pasadas o simplemente depende de cada persona?

¿Qué es lo que hace que algunos adultos comiencen a recordar?

¿Es un fenómeno puramente fisiológico?

¿Depende de la estructura o el desarrollo de nuestro cerebro durante la infancia?

¿Es cierto que personas con buena memoria de por sí recuerdan mejor sus vidas pasadas?


El futuro de la investigación en reencarnación debería estar encaminado, en mi opinión, hacia dos direcciones fundamentales: una, determinar qué es exactamente el alma; y dos, profundizar en el estudio de la memoria para conocer mejor su funcionamiento.

Lo sé. No quiero ser pesimista, pero creo que no sabremos nada nuevo hasta dentro de unas cuantas vidas.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Locas divagaciones (8).

No suelo buscar vídeos sobre reencarnación en internet, fundamentalmente por una razón: me deprimen. Pero cuando miembros de Foro Reencarnación los postean creo que es mi obligación como administradora verlos para saber si superan el nivel de calidad que exijo para mi foro. Eso es lo que pasó con el vídeo de una conferencia titulada “¿Qué ocurre tras la muerte?” de un periodista e investigador llamado David Sentinella, en un foro que tuvo lugar en el mes de Octubre de 2015 con el inquietante nombre de “Primer Foro de las Ciencias Holísticas Akasha33” y que podéis ver en este enlace.

La conferencia no me disgustó (del todo). De David Sentinella conocía el nombre por sus colaboraciones en una revista de misterio muy conocida que leo con frecuencia. He de decir que me decepcionó un poco porque para ser alguien que dice estar investigando la reencarnación, parece que no investigó lo suficiente como para dar con este blog (ni los otros dos que escribo), mi foro, mi libro, y por supuesto, la persona que escribe estas líneas, alguien que empezó a recordar vidas pasadas espontáneamente (no de niña, por desgracia) y que ahora es una de las mayores expertas a nivel nacional en cuanto a reencarnación (es cierto, no tengo abuela, pero tampoco estoy mintiendo). Me decepcionó volver a encontrarme con que en un congreso, donde se supone que van expertos en diversas materias para hablar sobre los últimos avances en el conocimiento, el ponente no daba respuestas convincentes sobre reencarnación a los que asistían a su conferencia. Se veía a la legua que el ponente no tenía experiencia propia en cuestiones de reencarnación, e incluso dudaba de algunas de las experiencias de otras personas, cuestionando, desde su desconocimiento, las mal llamadas técnicas de hipnosis regresiva. Por supuesto, siempre desde mi humilde opinión.

Pero sí, para el nivel habitual al que estamos acostumbrados en España, no puedo quejarme. Yo me habría olvidado de la primera media hora, en la que se hace un recorrido por las creencias religiosas de todo el mundo en cuanto a la muerte se refiere. Que sí, no digo que no esté interesante desde un punto de vista cultural y filosófico, pero a mí me dio la impresión de estar de vuelta en el salón de actos de un colegio. Si fuera una niña, perfecto, habría seguido la charla con los ojos como platos, fascinada por lo que me estaban contando. Pero, ahora, de adulta y después de todo lo que sé... pues se me queda corto.

La parte de las experiencias extracorpóreas, bastante bien. Que alguien se atreva a decir que una experiencias extracorpórea (EEC) es equivalente a una salida astral ya es un avance importante. Que por fin se haga una muy buena distinción entre EEC y experiencia cercana a la muerte también está muy bien, a ver si la gente se empieza a aclarar. Que no se mencione a cierto psiquiatra “pionero” en estas lides según dicen algunos, también es un buen avance, porque para los que sabemos algo del tema está claro quién fue el verdadero pionero, el Dr. Raymond Moody. Y luego, que por fin alguien hable en profundidad del Dr. Ian Stevenson y se describan dos estupendos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, investigados científicamente, ya es para nota. Pero tampoco me puedo engañar en este caso: eso lo hace cualquiera que esté realmente interesado en investigar la reencarnación de manera seria y racional.


Ahora, el problema empieza cuando a un investigador que quiere ir de serio le empiezan a mencionar los libros de Brian Weiss, le hacen preguntas sobre las distintas creencias que existen en torno a la reencarnación como la existencia de grupos de almas o le preguntan si ha conocido a alguien que recuerda vidas pasadas y él contesta que no: solo ha conocido a dos Nefertitis y tres Juan el Bautista. Y añade que eso es lo que le mola a la mayoría de las personas, afirmar que han sido alguien famoso, cayendo en uno de los mayores tópicos que existen dentro de la reencarnación (y hasta un miembro del público le tiene que decir que eso no es lo que aparece en muchos libros). En serio, me pongo triste cuando soy testigo de estas cosas. No es la primera vez.

Aquí es donde yo me decepciono porque mi foro lleva abierto más de tres años y ya ha tenido tiempo de posicionarse en Google. Si en el buscador pones las palabras “foro reencarnación”, mi foro es lo primero que te sale. Si pones “vidas pasadas”, mi blog sale en cuarta posición. Si pones “foro serio de reencarnación”, mi blog sale en primera posición. Que no sé, digo yo que no es tan difícil hoy en día para un periodista infiltrarse en un foro y averiguar en un par de días si sus miembros son gente seria o gente que está para pasar el rato y no sabe de lo que habla. De ahí a encontrar a gente con experiencias muy buenas de reencarnación, estás a un paso. No, casos muy espectaculares de niños, no, eso ya te lo digo yo, porque yo también los busqué y aún no se atreven a hablar... si es que reparan en que lo que les pasaba era que recordaban vidas pasadas. Aún así, pude recabar algún que otro testimonio para uno de mis libros. 

Y, esto parece muy obvio, pero por lo que observo, hay muchos “investigadores” que aún no se han dado cuenta de que como más se aprende es hablando largo y tendido con LOS QUE LO HAN EXPERIMENTADO EN PRIMERA PERSONA. Por supuesto, si son personas sensatas... que sí, lo sé, escaseamos, pero mira, yo soy una de ellas. Es más, yo tengo la suerte de ser investigadora y además haberlo vivido en mi propia piel, aunque la verdad, no sé hasta qué punto esto es bueno, porque parece que así los investigadores te toman menos en serio mientras que algunos de los experimentadores (es decir, los que sí que recuerdan vidas pasadas, como tú) te llaman pedante o creen que se te ha ido la olla elaborando hipótesis que para ellos no son creíbles, ya que no las llegan a comprender (creen que has investigado lo mismo que ellos, que suele ser poco, y entonces sacan conclusiones precipitadas). Supongo que así es la vida.

Otra cosa que también he observado es cómo los “investigadores serios” de reencarnación (o sea, los que quieren ser considerados como tales) enseguida se unen a la moda extendida por Ian Stevenson y sus sucesores de que las regresiones no son fiables, y por tanto parece que se ponen a negar sistemáticamente cualquier información que haya salido de una regresión. Afirman sin pudor que las técnicas de hipnosis regresiva consisten en utilizar la sugestión, así que no, lo único que vale para ellos son los recuerdos espontáneos de niños (ni siquiera se plantean que pueda haber recuerdos espontáneos en adultos, claro, porque de momento parece que yo soy la única en España que se ha dado cuenta de ello). No sé... como que así suenas más serio y académico, y ni siquiera tienes que entrar a responder cuestiones difíciles como las de los grupos de almas de Brian Weiss o el periodo entre vidas de Michael Newton. Pues no, señores investigadores (a los que ya les dediqué una entrada completa): si somos investigadores serios, investigamos TODO. Teniendo en cuenta que los datos obtenidos por regresión han de ser verificados y hasta ese entonces han de permanecer en cuarentena, claro. Pero, señores investigadores: ¡eso también hay que hacerlo con los recuerdos espontáneos de niños, que pueden estar fantaseando! Se olvidan de que los testimonios de los adultos no tienen por qué ser menos fiables que los de los niños.

Un momento, que recupero la calma.

Total, que me dio la impresión de que aquí hay alguien que no hace muy bien su trabajo. Y me entristece porque yo no tengo el poder de un periodista de extender un mensaje que debería llegar a más personas. No tengo el más mínimo deseo de hacerme famosa, pero por otra parte me gustaría que la gente despertara. DE UNA VEZ. 


lunes, 4 de noviembre de 2013

El mecanismo de la reencarnación.

Antes de profundizar en cuestiones más avanzadas sobre lo que significa recordar vidas pasadas, creo que está bien detenernos un momento en cómo funciona la reencarnación.

No os llevéis a engaño: nadie lo sabe. La reencarnación como tal es una doctrina que ha acompañado a los seres humanos desde hace milenios, no es algo nuevo. Incluso era una creencia de los primeros cristianos, hasta que la Iglesia decidió convertirla en herejía porque no era compatible con sus propios intereses. Pero las creencias son solo eso: creencias, la base de las religiones. Y en este blog no hablamos de religión. Solo de hechos. Si es posible, hechos demostrados. Tampoco me valen las enseñanzas que transmiten los cientos de médiums que dicen estar en contacto con espíritus desencarnados. Lo que tiene más valor para mí es lo que han observado las personas que recuerdan sus vidas pasadas… no solo las que dicen haber recordado, sino las que me han demostrado mediante su sensatez y mediante pruebas lo suficientemente sólidas que respalden sus recuerdos, que puedo confiar en lo que me están contando. Esto incluye los estudios de Ian Stevenson y otros investigadores sobre niños que recuerdan vidas pasadas, pero también los testimonios de personas anónimas que, como yo, hemos vivido una serie de experiencias que nos llevan a pensar que la reencarnación existe… solo que en muchos aspectos no es la reencarnación de la que se habla en general en la red.

Internet es la jungla. La verdad es que no he querido profundizar mucho en la red en lengua española… ya me di cuenta de que el panorama era desolador antes de que abriera mi propio foro, tengo una edad que ya no estoy para disgustos y mi médico me desaconseja introducirme de nuevo en este mundo oscuro en el que se mezcla la reencarnación con una serie de fenómenos paranormales sin lógica alguna, donde es lícito hablar de extraterrestres, reencarnación de mascotas en piedras o en animales de otras especies, morir con tres años de edad porque te suicidaste en otra vida, o en donde afirmar que viviste en la época del Rey Arturo es aceptado sin más, y además seguro que acabas conociendo a alguien que dice haber sido la bruja Morgana… Sin embargo, en inglés hay que andar también con mucho ojo, porque si te descuidas te ves abducido por grupos que hablan sin cesar de una serie de creencias que por mucho que les pese, siguen sin estar demostradas, incluso aunque provengan de pacientes de psiquiatras de prestigio reconocidos mundialmente. Si observas atentamente, te das cuenta de que hay contradicciones, incluso entre estos propios psiquiatras. Cada uno tiene su propio punto de vista, su propio “estilo”, su propio método. Esto es lógico hasta cierto punto. Tampoco es cuestión de tirar todo este trabajo a la basura, sino ser conscientes de las limitaciones que tenemos y no olvidar nunca que somos humanos, que todo es muy subjetivo, y que todo está sujeto a interpretación.

Dicho esto, lo que parece universalmente aceptado entre los reencarnacionistas es que tiene que haber “algo”, llamémosle alma o consciencia, que sobrevive a la muerte y que es capaz de transferirse a una nueva entidad biológica o cuerpo físico. A pesar de que hay ciertos grupos que creen en la reencarnación en animales, los casos que yo he conocido no dejan de ser meras anécdotas y me hacen dudar de si es una “verdadera” reencarnación o algún otro fenómeno. Mi opinión es que los humanos nos reencarnamos en humanos, por el simple hecho de que reencarnar en un animal te dejaría bastante limitado para experimentar lo que queremos experimentar. Al contrario de lo que muchos otros piensan, tampoco venimos para aprender. Venimos simplemente a experimentar… porque parece ser que en estado espiritual no podemos hacerlo de manera “satisfactoria”. Pero aun esto es discutible. Tal vez solo reencarnamos porque es un fenómeno físico natural, igual que el Sol sale todos los días por el Este y se pone por el Oeste. Tampoco tiene que haber una razón detrás de todo...

Niños que recuerdan vidas anteriores.
Científicamente aún no está demostrada la existencia del alma. Ni siquiera se sabe dónde estaría ubicada la consciencia (que es el término que han elegido los científicos para no tener que decir “alma”), aunque entre los físicos cuánticos ya se empieza a plantear con naturalidad la posibilidad de que esta consciencia no desaparezca tras la muerte del cuerpo físico. Y fenómenos como las experiencias cercanas a la muerte o las experiencias extracorpóreas apuntan a que, en efecto, la consciencia no es un producto del cerebro, sino que es algo que no depende de él y que está ubicada en algún otro lugar. Lo que los científicos ignoran con mucha frecuencia es que también hay muchas personas, no solo niños (aunque los casos de niños que recuerdan vidas pasadas son bastante convincentes), que de algún modo tienen acceso a supuestos recuerdos de personas que vivieron décadas o siglos antes… al contrario de lo que muchos piensan, esto se ha podido verificar en numerosas ocasiones, y en la actualidad hay muchas más evidencias a favor de que estos supuestos recuerdos sean de verdad debidos a la reencarnación, que a otras teorías como la del inconsciente colectivo. Los que recordamos vidas pasadas (y no tenemos ningún tipo de habilidad psíquica paranormal) sabemos que las vidas que recordamos son una o varias, de personas muy concretas, con vivencias y emociones que nos siguen afectando hoy en día. Si todos nosotros pudiéramos acceder a ese inconsciente colectivo (o incluso a nuestra memoria genética), ¿no sería más lógico pensar que recordaríamos a muchas más personas, que nada tendrían que ver con nosotros, con los que no tendríamos por qué sentirnos identificados? Tengo la sospecha de que mi nivel de empatía no da para tanto...  

Lo que ocurre entre una encarnación y otra sigue siendo cuestión de creencia. Los que han podido recordar el periodo entre vidas mediante hipnosis regresiva refieren cómo después de la muerte todos (sin excepción), tarde o temprano, vemos un túnel de luz y lo atravesamos para llegar a otro plano de existencia donde somos recibidos por nuestros guías espirituales o parientes fallecidos. Curiosamente es lo mismo que relatan las personas que han sufrido ECM’s… solo que en estos casos la confusión parece ser mucho mayor y con frecuencia lo que ven es adaptado a sus propias creencias religiosas, lo que, en mi opinión, les resta credibilidad. Muchas de estas personas piensan que lo que han visto fue “el Cielo” o incluso que estuvieron con “Dios”, “Jesús” o “Mahoma”, y no son conscientes de que lo que vieron fue una mínima parte de lo que parece que hay al otro lado, un lugar que estos pacientes que han accedido al periodo entre vidas describen con mucho más detalle, aunque siempre con los límites que el lenguaje humano nos impone. Parece ser que allí hacemos revisión de nuestra vida y planeamos nuestra próxima encarnación. Y volvemos a nacer.


Sea como sea, de lo único que podemos estar seguros hoy por hoy, es que hay personas que recuerdan sus vidas pasadas. Personas que saben con un 95% de certeza (dejemos siempre espacio para la duda) quiénes fueron, con nombre y apellidos, en el pasado. Con pruebas convincentes. Incluso un cierto parecido físico. Cualquier lector de este blog puede ser una de esas personas, igual que yo lo soy. Si has podido recordar varias vidas pasadas, mucho mejor, porque eso te va dando una perspectiva mucho más amplia y las preguntas que van surgiendo son cada vez más numerosas. Y es cuando te empiezas a replantear una serie de cuestiones que por alguna razón se dan por supuestas cuando probablemente no son ciertas.

Algunas de las conclusiones a las que yo he llegado respecto a cómo es el proceso de la reencarnación, basándome únicamente en lo que estas personas y yo hemos recordado, son las siguientes:
  • La reencarnación es un fenómeno natural.
  • La reencarnación es un fenómeno universal.
  • No importa a qué religión pertenezcas, ni lo bueno o lo malo que hayas sido, ni en qué región del planeta hayas nacido, todos reencarnamos.
  • La ley del karma es a todas luces falsa. Nadie recibe castigo o recompensa por sus actos. Aunque sí es verdad que toda acción tiene su reacción.
  • La mayoría de las vidas que la gente recuerda son vidas de gente normal y corriente sin nada especial que señalar, excepto las propias vivencias que siempre contienen algún significado para la persona que las recuerda.
  • No es nada raro reencarnar dentro de la misma familia. Pero también es muy frecuente reencarnar en países totalmente distintos, en individuos de cualquier raza y cultura, de todas las clases sociales.
  • Todos hemos vivido vidas de hombre y mujer (las recordemos o no), la orientación sexual puede cambiar de vida en vida, y en algunos casos incluso puede darse cierto grado de disforia sexual (es decir, no nos sentimos plenamente identificados con el sexo que tenemos en la vida actual).
  • Los acontecimientos traumáticos (incluidas muertes traumáticas) dejan profundas huellas que nos pueden seguir afectando en nuestra vida actual.
  • Algunos traumas físicos, por razones aún desconocidas, dan lugar a marcas y defectos de nacimiento en el nuevo cuerpo en el que el alma se reencarna, pero esto no ocurre así siempre. Muchas enfermedades, afinidades, fobias, habilidades, etc, tienen su origen en traumas de otras vidas.
Del libro Where Reincarnation and Biology Intersect (1999), de Ian Stevenson.
  • Niños que recuerdan vidas pasadas existen tanto en países orientales como occidentales, lo que ocurre es que en estos últimos los casos pasan más desapercibidos porque no prestamos la suficiente atención.
  • No hay ninguna regla que regule el tiempo que transcurre entre una encarnación y otra. Posiblemente solo depende de nosotros, no de que hayas tenido una muerte traumática o te hayas suicidado.
  • El suicidio no es castigado DE NINGUNA MANERA en el otro lado. Es una decisión más que todos podemos tomar si lo creemos necesario.
  • Si alguna vez llegamos a liberarnos de la supuesta “Rueda de la Vida” que hace que nos reencarnemos una y otra vez, eso está por ver… En mi opinión no hay ninguna condena. Estamos aquí porque queremos. El día que no queramos, no estaremos. Claro que eso lo decidimos en estado espiritual, que es cuando sabemos “de verdad” de qué va esto de la vida y la muerte.
  • Dudo mucho que haya nada que “sanar”. Nuestra alma no está enferma. Las emociones forman parte de la vida, también el sufrimiento. Estamos aquí para vivir, para sentir, para emocionarnos, para aprender a manejar nuestras emociones, para aprender a amar, para ser humanos, en definitiva. Cualquier intento de llegar a ser perfectos será infructuoso. Los humanos somos imperfectos por naturaleza. Si no fuera así, no encarnaríamos.

Un último consejo: jamás deis nada por supuesto. Dudad, investigad, recordad por vosotros mismos.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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