jueves, 13 de abril de 2017

No tengáis miedo de sentir.

Hace unas semanas la administradora de Military Past Lives publicó un meme en su página de Facebook haciendo referencia a la razón por la que reencarnamos. En él salía Morfeo, el personaje de la película Matrix, diciendo:

“¿Y si te dijera que reencarnas porque te encanta el drama?”


Puede parecer poco serio, y por supuesto habría mucho que discutir aquí, pero personalmente pienso que es muy probable que la razón por la que volvemos una y otra vez al mundo físico está mucho más cerca de lo que nos dice Morfeo en esta foto que todas esas mandangas espirituales que tanto les gustan a la gente. Los espiritistas las conocen muy bien, de eso puedo dar fe. Son las típicas frases hechas como: “Venimos para ser cada vez más perfectos espiritualmente”, “Reencarnamos porque hemos hecho cosas malas en el pasado y tenemos que pagar deudas kármicas”, “Tenemos que volver porque tenemos asuntos pendientes”, y un largo etcétera.

Pues no. Lo cierto es que nadie sabe por qué reencarnamos. Mi opinión ya es de sobras conocida: no tiene por qué haber una razón. La reencarnación es un fenómeno natural y universal, así que si existe una razón para su existencia, es la misma que para la salida y la puesta del sol o la presencia de microorganismos en los océanos. Pero aun aceptando que somos nosotros los que elegimos volver e incluso planificamos en cierta medida nuestras vidas, estoy convencida de que una de las causas fundamentales que nos atraen de vuelta es simplemente que amamos estar vivos, con todo lo que eso supone. Sí, morir también. Y pasarlo bastante mal, a veces. He llegado a pensar que como espíritus somos una especie de adictos a las emociones, y como es muy posible que siendo espíritus no podamos sentir igual que cuando tenemos un cuerpo físico (algo así como si utilizáramos realidad virtual estando encarnados), pues al final retornas. Muchos dirían aquí: “No, no, yo estoy seguro de que no quiero reencarnar nunca más, estoy cansado de sufrir tanto”. Ya, lo mismo dicen las embarazadas, pero luego casi todas repiten… La cuestión es que mientras que aquí olvidamos quiénes somos y por qué estamos aquí, al otro lado sabemos que la muerte en realidad no existe, así que nuestra perspectiva es totalmente distinta y tomaremos decisiones que aquí no somos capaces de imaginar. Algo que casi todo el mundo parece dar por supuesto es que al otro lado las mismas leyes que rigen nuestra vida física siguen siendo válidas allí (excepto el tiempo, por supuesto, que allí no existe, según algunos), que seguimos pensando igual que aquí… en definitiva, que el más allá es igual que el más acá, pero todo mucho más idílico. No tienes que pagar por internet y estás continuamente conectado con los demás. Lo único malo es la presencia de “jueces espirituales” que van a determinar lo buenos o malos que fuimos y se encargarán de enviarnos desgracias continuas en nuestra siguiente vida para que así suframos y evolucionemos.

Siento repetir una vez más que no. Parece ser que las cosas no funcionan así.

Pero el mensaje principal que quería transmitir en esta entrada es que no debéis temer las emociones que sin duda van a surgir una vez que empecéis a recordar vidas pasadas. No sé por qué, el mundo en el que vivimos parece diseñado para suprimir nuestras emociones desde pequeños y convertirnos en frías máquinas que solo trabajan, consumen, se reproducen y mueren. Cualquier atisbo de pensamiento crítico o emoción descontrolada está considerado una amenaza al sistema. Si te deprimes, te empastillan. Si estás ansioso, te empastillan. Si no te puedes concentrar en clase o no rindes lo suficiente, es que hay algo que funciona mal en ti, y te mandan a terapia y te empastillan. Si protestas, eres un rebelde y te harán callar por las buenas o por las malas. Solo hay un lugar en el que puedes reír, llorar, pasar miedo o enfurecerte internamente: el cine. Quizá estoy exagerando un poco, pero tengo la impresión que en esta sociedad tener sentimientos es malo. Uno de esos sentimientos es la nostalgia que puedes sentir por tus vidas pasadas. Estar triste también es malo. Echar de menos a alguien es malo, sobre todo si a ese alguien lo conociste en las guerras napoleónicas, eso ya lo deberías tener superado. Y por eso, te aconsejan que no debes vivir en el pasado, y obviamente, recordar vidas pasadas no es una buena idea, es antinatural… no sea que descubras por ti mismo que la muerte no existe y eso te libere internamente.

Bueno, pues yo os digo: si estáis vivos, vais a SENTIR. Las emociones son inherentes al ser humano, vienen de fábrica. Si tenéis algún problema relacionado con vidas pasadas, es muy posible que se deba a que estáis reprimiendo, consciente o inconscientemente, algunas de esas emociones. Y si os ponéis a recordar, esas emociones van a estallar. Lo harán poco a poco, no os asustéis. La mente siempre controla y no os dará acceso a recuerdos que os hagan sufrir demasiado. Pero debéis estar preparados mentalmente para recibir esas emociones y aprender a gestionarlas. Lo difícil no es recordar. Lo difícil es saber qué hacer con esas emociones, cómo vivir con ellas, cómo hacer para que puedas vivir tu vida presente estando deprimido, furioso o triste por algo que ocurrió hace tres o cuatro siglos.

Catarsis. Alejandro Teutli Etcheverry.

Y no, no es fácil, pero te debes acostumbrar a ello si de verdad quieres recordar vidas pasadas. Una de las primeras cosas que comprendes al recordar, poco después de quedarte flipado porque ves que acceder a tu pasado es más fácil de lo que nos han contado, es que los recuerdos nunca vienen solos. Quizá incluso por eso los reconocemos como recuerdos. Porque te hacen SENTIR. Lo que sea. No hay emociones buenas y emociones malas, eso también debéis olvidarlo desde ya. Las emociones son emociones. Lo realmente malo es que te impidan vivir con normalidad tu vida presente, y eso suele pasar cuando aún no las has procesado como deberías. Una parte importante de ese procesamiento es SENTIR. Será mejor cuanto mayor sea la intensidad de esas emociones. Es lo que algunos hipnoterapeutas llaman “catarsis emocional”. Vas a sentir miedo, vas a sentir dolor emocional, vas a sentir rabia, odio, desolación, todo lo que se te ocurra… ¿Qué te vas a pasar media regresión llorando? Pues sí, eso es así. ¿Y…? No pasa nada. Por eso lo hacemos, para liberar tensiones y que en el futuro esas fuertes emociones no nos hagan estar deprimidos todo el día por algo que ocurrió hace doscientos años.

Muchas personas que comienzan a recordar dicen: “Tengo miedo de lo que vaya a ver”. Sí, lo entiendo, yo también lo tenía al principio. Pero, en serio, ¿qué te puede pasar si recuerdas algo doloroso o si recuerdas tu propia muerte? ¿Que vas a llorar? Sí. ¿Que vas a sentir una leve sensación allí donde te infligieron la herida mortal? Sí, pasa a veces. ¿Que te vas quedar petrificado en esa escena del pasado y no vas a poder volver al presente? No, eso no va a ocurrir. Vas a salir de esa escena justo cuando tú decidas.

Si tienes miedo, te vas a bloquear a ti mismo y no vas a acceder a esos recuerdos que necesitas revivir. Si no dejas que esas emociones vuelvan a ti para acabar de procesarlas, nunca conseguirás esa “sanación” que deseas. Recordar vidas pasadas es un intenso trabajo contigo mismo, requiere gran esfuerzo, requiere valor, pero te aseguro que merece la pena. Tal vez esta es la razón por la que una de las técnicas más efectivas que conozco es la de conectarse con el corazón, porque ahí es donde residen las emociones. Si logras hacerlo, notarás como las energías fluyen, cómo te “conectas” con tu yo superior, ese que está en el mundo espiritual y tiene las respuestas que buscas. Notarás la magia de recordar. Y con el tiempo, también recibirás esa sabiduría que está dentro de cada uno de nosotros. Notarás de verdad que todos estamos conectados y que jamás estamos solos, ni siquiera en el momento de la muerte.

Pero esto es algo que tú debes vivir por ti mismo. Yo puedo escribir millones de palabras, pero no lo comprenderás hasta que dejes atrás tu miedo a SENTIR. Pruébalo y luego me cuentas.

Entradas relacionadas:
Emociones y vidas pasadas. 
Emociones y vidas pasadas (2).
Saudade.
Los derechos del doliente.


jueves, 23 de marzo de 2017

Física cuántica y reencarnación (Audio).

Muchos reencarnacionistas pensamos que en un futuro lejano la ciencia podrá explicar el mecanismo por el cual el “alma” (utilicemos esta palabra porque de momento no tenemos nada mejor) puede sobrevivir a la muerte física y volver en un nuevo cuerpo. Más en concreto, es muy posible que las respuestas se encuentren en la física cuántica, campo en el que me gusta bucear de vez en cuando y de donde siempre saco ideas interesantes que me sirven para mejorar o ampliar la que yo llamo mi “Teoría del Todo”. En ella no solo pretendo explicar el mecanismo de la reencarnación, sino también muchos otros fenómenos hoy aún considerados paranormales, como son las experiencias extracorpóreas (comúnmente conocidas como viajes astrales), las experiencias cercanas a la muerte o las premoniciones.

Un problema que se ha hecho endémico dentro del mundo de la espiritualidad, incluyendo la reencarnación, y que va a ser muy difícil de erradicar en los próximos años (estoy en ello pero me encuentro prácticamente sola luchando contra hordas descerebradas, perdón por el adjetivo), es la tendencia que tienen muchos charlatanes a adoptar terminología científica para así hacer creer a las masas que sus excéntricas ideas —que no son más que nuevas creencias muy bien aceptadas por la población— tienen el respaldo de la ciencia. Se aprovechan de que el común de los mortales no entiende nada de ciencia pero respeta profundamente a los científicos. Por tanto, son proclives a creer a cualquiera que se les acerque hablando de “asuntos misteriosos” como los métodos de sanación llamados “Quantum nosequé”, la “desmagnetización de la consciencia”, la existencia de un “doble cuántico” o la “descodificación cuántica”. Si suena raro tiene que ser verdad, aunque yo no sea capaz de comprenderlo.    

Es una actitud que también suelen utilizar aquellos escépticos sin mucho conocimiento científico que se agarran a cualquier cosa para intentar derribar aquello que se niegan a aceptar. Así, es muy frecuente tener que escuchar a ciertas personas decir cosas como que: “Los que dicen recordar vidas pasadas en realidad están recibiendo información de sus ancestros a través del ADN”, creyendo que con la supuesta memoria genética ya se puede explicar lo que viven esas personas tan raras que están convencidos de que han reencarnado. No se paran ni un segundo a comprobar si eso es realmente posible, y además da igual que se lo expliques por activa o por pasiva, es tarea imposible hacerles cambiar de opinión.

En pocas palabras, tanto unos como otros, han oído campanas en algún lugar, pero no tienen ni idea de qué música están tocando. Lo malo es que unos se aprovechan de los otros, estos retroalimentan a aquellos acudiendo a sus cursos y conferencias, y la espiral no tiene fin. Es la naturaleza humana, qué le vamos a hacer.

Por otra parte, los científicos también tienen sus momentos de escepticismo y ridículo extremo, haciendo experimentos y publicando artículos que parecen escritos por un niño de siete años. Pero hoy voy a ser positiva, porque de vez en cuando tengo el placer de encontrar a personas como la que participó en la entrevista que se puede escuchar en el vídeo de más abajo. Científicos (en este caso una mujer), que son capaces de transmitir su conocimiento utilizando un lenguaje sencillo que todo el mundo puede entender, que no engañan a nadie y, lo más importante, son plenamente conscientes de que la ciencia tiene unos límites y que aún nos queda mucho por aprender sobre la verdadera naturaleza del ser humano. Se trata de la profesora e investigadora María Victoria Fonseca, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear. Alguien que además no duda en reconocer públicamente que ha practicado el método Silva, que es acupuntora, y también maestra de reiki. Si esto no demuestra que se puede tener formación científica, y a la vez tener una mente abierta y aceptar que nuestra realidad va mucho más allá de lo que podemos demostrar en un laboratorio, no sé qué podría hacerlo.


Me siento bastante identificada con esta mujer por algo que explica en la entrevista: a pesar de haber buscado respuestas en la ciencia durante gran parte de su vida, llegó un momento en el que se dio cuenta de que la ciencia no era suficiente, de que necesitaba algo más. Fue entonces cuando empezó una búsqueda mucho más personal que la llevó a descubrir la existencia de otras realidades que aún no sabemos explicar. Comprendió que toda nuestra realidad está imbuida en sistemas de creencias, incluyendo la propia ciencia, que, según sus propias palabras, no sería más que un sistema de creencias basado en el método científico. Personalmente no he dejado de tener discusiones con varios investigadores y científicos por afirmar esto último. Para mí, es un auténtico placer oír por fin a una científica admitirlo. Como ella, yo siempre vi a la ciencia como la única herramienta válida para encontrar la Verdad, y ya durante la facultad me di cuenta de que en realidad lo que sabemos es aún muy poco. Solo cuando comencé a mirar dentro de mí misma, las respuestas comenzaron a llegar. 

Según Fonseca, las leyes cuánticas, las que rigen el mundo de lo más pequeño —es decir, átomos, partículas subatómicas y lo que hay más allá—, están ayudando a que haya un cambio de paradigma y a que podamos comprender mejor una realidad que apenas estamos empezando a vislumbrar.

Os dejo con el audio. He entresacado los conceptos más interesantes que han sido expuestos (citando casi literalmente a Fonseca), y luego haré unos comentarios adicionales.



Ideas principales.


1. La lógica racional de la mente binaria no nos sirve para explicar lo que ocurre en el mundo cuántico.

2. En el mundo cuántico espacio y tiempo dejan de tener sentido. Las partículas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo. Esto no significa que espacio y tiempo no existan, sino que no existen tal y como nosotros los conocemos en el mundo físico. Por ejemplo, se ha visto que dos partículas entrelazadas, al ser separadas miles de kilómetros, si a una de ellas se le induce una alteración, la otra sufre la misma alteración instantáneamente.

3. Los neurocientíficos están dejando atrás el concepto de que solo utilizamos el 5% de nuestro cerebro. Eso no es cierto, lo que ocurre es que el 95% de esa actividad cerebral no es consciente. Añado por cuenta propia que esto es compatible con la Teoría del Desdoblamiento del Tiempo de Garnier-Malet, también físico. 

4. Nos creemos que estamos separados, pero no es así. La materia es una forma de energía. Es la forma más densa de energía. Nuestras partículas están en constante movimiento. La vida es un proceso y todo se está moviendo: los líquidos, el corazón, las neuronas... Mi cuerpo está continuamente moviendo energía. Los pensamientos son energía que se pueden medir y se pueden transmitir por internet. Ya se ha visto que la información de esos pensamientos se puede enviar por WiFi: si alguien ordena a alguien situado en el otro lado del mundo que mueva el brazo, esa persona mueve el brazo. Estamos rodeados de un campo de energía electromagnética. Los pensamientos son energía pero no somos conscientes de lo que estamos emitiendo.

5. El asunto está en mantener la atención en nuestro cuerpo y mantener la mente en silencio. El problema es que cada vez estamos más desenfocados, nuestra opinión está cada vez más manipulada, y cada vez estamos más perdidos sobre qué somos. Nos pasamos el día trabajando y luego al llegar a casa solo nos apetece descansar en el sofá y ponernos a comer patatas fritas, con lo cual no hay tiempo para ver qué hay dentro de nosotros mismos. Para eso tienes que decirte que quieres saber, entender qué te está pasando. Se trata de concentrar la atención, y darte tiempo para estar contigo mismo, mantener la mente concentrada. Entonces el mundo cambia. El problema es que hay mucha gente que no quiere cambiar.
 
6. Lo que sucede no es malo ni es bueno, simplemente "es" y se refiere solo a mí. Todo depende de cómo lo interprete yo, y eso lo hago según mi sistema de creencias. Así que todo depende: de mi nivel de comprensión, de mi nivel de consciencia.

7. Todo está en el cuerpo físico aunque no queramos creerlo. Nuestro cuerpo son patrones de energía densificada.


Conclusiones.

Lo más importante, en mi opinión, es que no te lleves a engaño. Internet está lleno de titulares sensacionalistas que son solo fantasía. Por ejemplo, NO ES VERDAD que la física cuántica haya demostrado que existe vida después de la muerte o que explique la reencarnación. No. De momento, lo único cierto es que existen buenas razones para pensar que nuestra consciencia podría sobrevivir a la muerte física. Como dice la entrevistada, la física cuántica en una TEORÍA MATEMÁTICA que de momento no puede explicar cómo funciona el cerebro, porque se ocupa del mundo de las COSAS PEQUEÑAS y de momento no sabemos si ese conocimiento se puede aplicar al mundo macroscópico. Lo mismo ocurre con fenómenos como la telepatía. Es posible que tengan que ver con esto, pero aún no lo sabemos. Lo único que sabemos es que es posible que las leyes del mundo macroscópico deberán ser ampliadas en el futuro.

Mucho ojo también con las malas interpretaciones. Estoy harta de luchar contra conceptos como el de “el tiempo no existe en el más allá”. No. Esto no es lo que sugiere la física cuántica. La física cuántica dice que el tiempo y el espacio en el mundo cuántico no tienen el mismo sentido que aquí. No es que el tiempo no exista, sino que el tiempo no existe tal y como nosotros lo conocemos. En ningún caso esto apoya la existencia de las vidas simultáneas (si aún no conoces el concepto de vidas simultáneas, puedes consultar esta entrada).

Si al separar dos partículas entrelazadas miles de kilómetros, y al alterar una de ellas, la otra se altera instantáneamente, esto no tiene nada que ver con que “lo que hagas a una persona es como hacértelo a ti mismo”, o con el llamado “efecto mariposa”. Esto son solo SISTEMAS DE CREENCIAS. Como bien dice la entrevistada, cada uno de nosotros podemos interpretar ese conocimiento y adaptarlo a nuestras creencias, pero eso NO SIGNIFICA que tus creencias sean una realidad, ni mucho menos que estén respaldadas por la física cuántica.

Acerca de mantener la atención y encontrar tiempo para estar contigo mismo, ya lo he dicho yo muchas veces en este blog: lo único que necesitamos para conocer la verdad es mirar en nuestro interior. Doy fe de que el 99% de la gente no quiere ni buscar ni cambiar. Esta es una realidad con la que me di de bruces desde que empecé mi propia búsqueda a finales de 2011. Sé por experiencia que con este tipo de personas no merece la pena malgastar el tiempo luchando, tratando de hacerles comprender que la reencarnación existe o que hay algo más allá de nuestra vida física.

No podría estar más de acuerdo con que todo está en el cuerpo físico. Así es como lo siento yo, y ahí me baso para afirmar que no es que "tu alma ocupe un cuerpo", sino que nosotros, como almas, nos manifestamos en un cuerpo físico que lleva toda la información. Esto explicaría perfectamente la existencia de marcas y defectos de nacimiento, los patrones mentales, los traumas y demás fenómenos relacionados con vidas pasadas. Y además hace evidente la necesidad de modificar la idea que tenemos del alma. Pero me temo que para esto tendremos que esperar unos largos años.

 
Cierro con la cita de Einstein que mencionan en el vídeo:
“Usted cree en un Dios que juega a los dados… y yo, en un orden y una ley completos en un mundo que existe objetivamente, que yo, en una forma altamente especulativa, intento capturar… Ni siquiera el gran éxito inicial de la teoría cuántica me hace creer en el juego de dados fundamental, aun cuando estoy advertido que sus colegas más jóvenes lo interpretan como una consecuencia de la senilidad.” 

Albert Einstein. Carta a Max Born (1926).

viernes, 3 de marzo de 2017

Sin recuerdos, no hay vida pasada.

Sé que lo que voy a decir es —o debería ser— una perogrullada, pero increíblemente casi se lo he tenido que soltar a usuarios de un foro de reencarnación que frecuento:

Si no hay recuerdos, no hay vida pasada.

Si algún lector del blog se ha leído también mi libro La Caja de Pandora (si no lo habéis hecho todavía, no sabéis lo que os estáis perdiendo), ya lo habrá escuchado más de una vez, así que lo siento por esos lectores, porque de aquí en adelante va a ser una de esas cosas que voy a tener que repetir tantas veces como lo de que el karma no existe, pese a quien le pese. Sí, ahí va otra, esta vez en un meme, que así causa más impresión:



¿Qué significa esto exactamente? Que antes de ir por ahí diciendo que tuviste una vida pasada de cualquier tipo (famosa o no famosa), tienes que TENER RECUERDOS. Pueden ser supuestos recuerdos de vidas pasadas porque aún no los hayas verificado. Sí, por lo general yo no pongo la palabra “supuestos” delante de la palabra “recuerdos” por un tema de ahorro al escribir, pero el 99% de las veces son solo SUPUESTOS. Ahora, una cosa es ser consciente de que quizá estás equivocado y has interpretado algo que viste en tus regresiones como un recuerdo cuando no lo es, y otra cosa muy distinta es no tener ni idea de lo que puede ser un recuerdo de vida pasada.

Si vosotros no lo sabéis aún, os lo voy a explicar:

  • Sentir cierta afinidad por un personaje histórico, o incluso llegar a identificarte con alguna de sus vivencias y los posibles traumas que le pudiesen haber quedado, NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS.
  • Que alguien te diga que te pareces mogollón a Napoleón Bonaparte, tanto físicamente como en personalidad, NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS.
  • Encontrar en tu carta astral que en tu vida pasada fuiste un ermitaño que vivía en una cueva en las montañas y que por eso hoy te cuesta relacionarte con la gente, NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS.
  • Ver una fotografía antigua y ponerte a llorar por algo que no llegas a comprender, solo significa que por alguna razón esa imagen resuena en ti, y quizá deberías investigar más, pero ESO NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS. 
  • Hacer escritura automática y que de pronto te parezca que “alguien” (a quien tú identificas con quien más rabia te dé: tu bisabuela desencarnada, tu “yo superior”, tu guía espiritual, el fantasma que te toca el pie por las noches o el ángel San Gabriel) te dice que fuiste Juana de Arco en tu vida pasada, eso NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS.
  • Si un día sueñas que estabas en un desfile del ejército nazi y la gente te saludaba con el brazo derecho en alto diciéndote “Heil, Hitler!”, eso así, por sí solo, no quiere decir que hayas sido Hitler en otra vida. Igualmente, si soñabas que eras un ser azul con alas en un mundo acuático, eso no significa que fuiste ese ser en una vida pasada. ¿Hay sueños de vidas pasadas? Sí, claro que los hay, pero eso no significa que cada sueño en el que seas alguien diferente sea un sueño de vida pasada. Por tanto, NO ES UN RECUERDO DE VIDA PASADA.
  • Si vas a un vidente y te dice que es posible que murieras a manos de tu marido, mientras te gritaba “No eres suficiente mujer para mí”, lo que explicaría tus problemas de transexualidad con los que has nacido, eso NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS.
  • Si escribes una novela ambientada en la Escocia del siglo XVIII y todo parece fluir estupendamente, y pareces saber cómo eran las cosas con todo lujo de detalles, e incluso te emocionas a veces, eso no significa necesariamente que viviste en la Escocia del siglo XVIII. Eso NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS. 

Y si no tienes recuerdos de vidas pasadas, créeme, no es necesario que pierdas el tiempo investigando vidas pasadas, porque lo único que vas a hacer es confundirte, caer en el autoengaño, y crearte problemas innecesarios para el futuro, como pensar que todo lo que aparece en tu mente cuando empiezas a practicar la autohipnosis, es fruto de la criptomnesia. En serio, el orden es fácil: primero recuerdas... pero recuerdas mucho, durante meses o incluso años, dependiendo del tiempo que tengas, y entonces, cuando ya no te vengan más supuestos recuerdos o hayas ganado un poco de experiencia, investigas. ¿Es tan difícil de comprender?



Sí, sé lo fuerte que es la curiosidad y lo tentador que es tener a nuestro amigo Google a nuestra disposición las 24 horas del día. Yo también pasé por ahí, y también metí la gamba en alguna que otra ocasión. Investigar vidas pasadas no es muy diferente a investigar un crimen. Con frecuencia seguimos pistas falsas o líneas de investigación que no llevan a ningún sitio, y en algún punto tenemos que retroceder y volver a la casilla de salida. Pero eso es evitable si hacemos las cosas bien desde el principio. Y uno de los mejores consejos que me han dado nunca en esto de la reencarnación es: NO TE PRECIPITES AL INVESTIGAR. Mientras no tengas verdaderos recuerdos o algo que se le parezca, no llegues a ninguna conclusión. Simplemente recuerda, ve uniendo las piezas del puzle con paciencia infinita.

Algo que me he encontrado últimamente es a una persona dudando entre dos posibles identidades pasadas, dos mujeres muy cercanas a un personaje famoso, dos mujeres con nombre distinto y bastante distintas en cuanto a su edad y personalidad. Yo no podía entender sus dudas. Vamos a ver, ¿no sabes si eras joven o vieja en esa época? ¿No tienes un nombre? ¿No escuchaste en ninguna de tus regresiones cómo alguien se dirigía a ti? No todos funcionamos igual, pero a mí eso me ha pasado en casi todas mis vidas pasadas... y en dos ocasiones pude comprobar que ese era mi nombre real. ¿Cómo te puedes poner a investigar si ni siquiera intuyes cómo te llamabas? Esto NO funciona a través únicamente de resonancias. Que algo te resuene, sea un nombre o cualquier otra cosa, no es tener RECUERDOS de vidas pasadas. Si le preguntas a un péndulo si te llamabas Fulanito, y te responde “Sí”, eso NO ES TENER RECUERDOS DE VIDAS PASADAS. Solo estás sembrando el campo para la confusión, la desconfianza y la decepción en el futuro. Llegarás a pensar que tú no puedes recordar por alguna razón, o que ese “alguien” que te habla a través del péndulo se está burlando de ti. La culpa es tuya, por creer que necesitas algo externo a ti para recordar. No. Algunas técnicas pueden ayudarte, pero si lo que quieres es RECORDAR DE VERDAD, solo tienes unas pocas opciones: regresión (con profesional o mediante autohipnosis), meditación, o sueños.

Personalmente, a mí no me transmite ninguna confianza alguien que habla de sensaciones, intuiciones, información que le ha venido por “inspiración divina” sea de la clase que sea, o constantes dudas sobre sus propios recuerdos (sobre todo cuando ya debería saber que los recuerdos se sienten de manera especial), en lugar de hablarme de recuerdos sin más. Todos somos humanos y podemos equivocarnos a la hora de interpretar esos recuerdos, eso lo comprendo. Pero si lo que queremos es una reencarnación racional y que nos tomen en serio, por favor, APRENDED PRIMERO A RECORDAR. Aprended a diferenciar recuerdos de posible imaginación. No os creáis cualquier cosa que os cuenten (y menos si son espiritistas). Nadie sabe más que tú sobre cómo funciona la reencarnación. Y solo tú puedes conocer la verdad sobre tus vidas pasadas... pero para ello debes hacerlo bien, no liándolo todo desde el principio.

Así que, grábate bien estas palabras en tu mente:

Si no hay recuerdos, no hay vida pasada.   

PD: Ya que puse una foto de un gato, solo añadir que esto también aplica en la reencarnación de animales: mientras tu gato o perro no te hable de recuerdos de haber sido otro animal, NO HAY VIDA PASADA que valga. Puedes creer lo que te dé la gana sobre reencarnación de animales, pero de momento no tenemos forma de demostrar nada en un sentido ni en otro. Por favor, haz que prevalezca el sentido común. 

Entradas relacionadas:
Investigación de vidas pasadas. 
La racionalidad en el mundo de la reencarnación.
Verificaciones.
Verificaciones (2).
 

martes, 24 de enero de 2017

¿Obsesión por tus vidas pasadas?

¿Es verdad que uno de los mayores peligros de recordar vidas pasadas es obsesionarte y quedarte de alguna manera “atrapado” en tu pasado, incapaz de vivir en el presente?

Rotundamente: NO. Pero hagamos algo de historia...

Una de las cosas que más me fastidiaba cuando empecé a recordar vidas pasadas es esta idea tan extendida que dice más o menos:

“No debes recordar vidas pasadas porque eso te impedirá centrarte en el presente. No debemos perdernos en el pasado. El pasado, pasado está, olvídate de él”.

El mundo de la espiritualidad está lleno de este tipo de frases prefabricadas que suenan muy sabias pero que en realidad son totalmente inútiles y están vacías de significado. Una vez ya hice referencia a ellas en este blog. Aún me pongo enferma cuando acudo a la sección esotérica de cualquier librería de mi país, a ver si ya se han enterado de que la reencarnación existe, y lo único que sigo viendo son ristras y ristras de libros de Osho, Eckhart Tolle, alguien que habló con Dios, casas encantadas, espíritus... y ahora, cómo no, una estantería entera dedicada al poder transformador del yoga. Que sí, que el yoga está muy bien como ejercicio físico y para mejorar la conexión entre tu mente y tu cuerpo, pero ya nos están vendiendo la moto de que es milagroso y alcanzarás el nirvana practicándolo o algo así. ¿De verdad le sirve a la gente tanta palabrería?

El otro día, por casualidad, encontré una página en inglés en la que hablaban sobre vidas pasadas y casi me da un pasmo. Aquí está la joyita:

En inglés:
Past life obsession.

What matters is this life now.

Who we were in a past life means nothing in comparison to what we are doing in this life. If we live this life right, dedicated in service to others, we need not worry about our past lives because they are past, and we need not worry about our next life, because our right action in this life guarantees our future spiritual evolution.

Unfortunately there is an unhealthy and even obsessive curiosity about past lives in certain people. Whether such people are right or wrong about their previous lives, they are misguided if they allow their previous lives to overshadow their current one.
http://www.aetherius.org/karma-and-reincarnation/past-lives

Y en español, traducción propia:
Obsesión por las vidas pasadas.

Lo que importa es esta vida ahora.

Quién fuimos en una vida pasada no significa nada en comparación a lo que estamos haciendo en esta vida. Si vivimos esta vida correctamente, dedicados al servicio a otros, no necesitamos preocuparnos sobre nuestras vidas pasadas porque están pasadas, y no necesitamos preocuparnos sobre nuestra próxima vida, porque nuestra correcta acción en esta vida garantiza nuestra futura evolución espiritual.

Desafortunadamente existe una curiosidad insana e incluso obsesiva sobre las vidas pasadas en determinadas personas. Estén o no en lo cierto sobre sus vidas previas, están equivocados si permiten que sus vidas previas eclipsen su vida presente.

Sí, sí, léelo bien, porque tiene su miga... aunque si no recuerdas vidas pasadas, quizá te parecerá que tiene mucho sentido y que suena muy sensato.

Yo difiero.


Primero voy a analizar punto por punto el fragmento:


“Lo que importa es esta vida ahora”.


Ya. Pero da la casualidad que nuestra vida “ahora” está altamente influenciada por nuestras experiencias pasadas. Nuestra personalidad, nuestras aficiones, nuestra manera de reaccionar ante determinadas situaciones, aquello que detestamos, algunos miedos... Al contrario de lo que algunos piensan, no llegamos aquí con un cerebro vacío y todo lo que aprendemos proviene de nuestra infancia. Lo que hemos vivido en nuestras vidas pasadas sigue presente en nosotros, ya sea consciente o inconscientemente. ¿Alguien me va a decir que cuando eres adulto no importa si tuviste una infancia horrible con un padre maltratador en un poblado chabolista o una infancia feliz en un hogar lleno de paz en el que te inculcaron el valor del esfuerzo? No existe mucha diferencia entre tu infancia y lo que te pasó en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Hay cosas que tardan en olvidarse, puedes creerme. Sí, el pasado sí que importa. El pasado es lo que nos hace ser como somos HOY. Conocer el pasado nos impide cometer los mismos errores una y otra vez. Cuando empecemos a comprender eso, tal vez algunas cosas cambien.


“Quién fuimos en una vida pasada no significa nada en comparación a lo que estamos haciendo en esta vida”.


¿En serio? ¿Y cómo lo sabes si no recuerdas vidas pasadas? ¿Cómo sabes que en tus vidas pasadas no fuiste un auténtico perdedor y que ese pesimismo no te está influyendo hoy día? O, al contrario, ¿cómo sabes si no fuiste en una vida pasada un líder que fue capaz de conducir a todo su pueblo a la victoria? ¿Cómo sabes que tu vida hoy es más o menos importante que lo que fue hace un par de siglos, si no es recordando? Precisamente uno de los grandes beneficios de recordar es darte cuenta de lo lejos que llegaste en alguna de esas vidas pasadas. Recordar puede devolverte la confianza en ti mismo y puede hacer que recuperes la ilusión que habías perdido. Lo que fuiste en una vida pasada puede significar mucho más de lo que crees, sobre todo si te ayuda a vivir tu vida presente.


“Si vivimos esta vida correctamente, dedicados al servicio a otros, no necesitamos preocuparnos sobre nuestras vidas pasadas porque están pasadas, y no necesitamos preocuparnos sobre nuestra próxima vida, porque nuestra correcta acción en esta vida garantiza nuestra futura evolución espiritual”.


¡Vaya, que sorpresa! ¿Ya estamos con la Ley del Karma y los cuentos para niños? ¿Que si eres bueno evolucionarás espiritualmente y si eres malo te estancarás? Y además... ¿en serio está insinuando que preocuparnos por nuestras vidas pasadas es una “acción incorrecta”? Y esto, ¿quién lo dice? ¿Alguien con experiencia?

No dejes que te engañen. Pregúntale a cualquiera que recuerde vidas pasadas. Hacerte consciente de los errores que pudiste cometer en otras vidas es una de las herramientas más poderosas que existen para crecer de verdad espiritualmente. Enfrentarte a tu propia sombra y aceptar que nosotros somos los responsables de que el mundo sea un lugar bueno o malo para vivir, ESO es lo que te cambia, no esperar recompensas o castigos por nuestras buenas o malas acciones, ya sea aquí, en el más allá, o cuando volvamos a encarnar.


“Desafortunadamente existe una curiosidad insana e incluso obsesiva sobre las vidas pasadas en determinadas personas”.


Desafortunadamente, el autor de estas palabras parece no saber que la mayoría de las personas que recordamos vidas pasadas NO ELEGIMOS RECORDAR. Si empezamos a recordar, suele ser precisamente porque hay algo del pasado que nos impide vivir el presente con plenitud. Hasta que no arreglemos eso, no podremos centrarnos en el presente. Recordar vidas pasadas NO ES UN CAPRICHO.

Si alguien quiere recordar solo por curiosidad, es muy probable que no consiga nada o enseguida se canse. Aún así, no entiendo qué puede haber de insano en querer conocer tu pasado. Como comentaba el otro día en un foro, si dices que quieres conocer a tus padres biológicos, descubrir algún hecho traumático en tu infancia que no recuerdas, o buscar las tumbas de tus dos hermanos, muertos en la guerra civil, todo el mundo lo entiende y hasta te apoyará. Si les dices que quieres seguir investigando tus vidas pasadas porque así te conoces a ti mismo y entiendes mucho mejor tus problemas y reacciones en tu vida actual, es que eres raro, estás obsesionado o buscas una forma de evasión. Es obvio que a los que no recuerdan les pasa desapercibido todo lo bueno que obtienes cuando recuerdas vidas pasadas. Para este tipo de gente, es mucho más fácil seguir creyendo en la reencarnación y obviar una de las experiencias más importantes, mágicas y transformadoras que te pueden llegar a pasar: transitar el camino que te llevará a la certeza de que viviste en el pasado, en otros cuerpos, en otros tiempos...


“Estén o no en lo cierto sobre sus vidas previas, están equivocados si permiten que sus vidas previas eclipsen su vida presente.”


A día de hoy, aún me estoy preguntando cómo tus vidas pasadas pueden “eclipsar” tu vida presente. ¿Acaso los que recordamos podemos dejar de vivir nuestra vida actual, levantarnos por las mañanas siendo la persona que éramos hace doscientos años y dedicarnos a lo mismo que entonces? ¿Acaso las personas que recordamos vidas pasadas estamos tan mal de la cabeza que no nos hemos dado cuenta de que EL PASADO ES PASADO? Probablemente a nosotros nos duela más que a nadie, porque sabemos que el pasado no lo podemos recuperar. Sin embargo, también SABEMOS que los muertos no están en sus tumbas, sino muy probablemente viviendo nuevas vidas en nuevos cuerpos. Y somos conscientes más que nadie de que LA MUERTE NO EXISTE (en este artículo, en este y en este puedes saber un poco de lo que pienso sobre la muerte).

Los que ven esto de recordar desde fuera no son capaces ni de imaginar que los reencarnacionistas ya no vemos el tiempo de la misma manera. Saber más sobre tu pasado no implica que te pases todo el día pensando en él ni que eso te impida vivir tu vida con total plenitud. Más bien al contrario: es cuando sabes de dónde vienes y qué originó tus problemas, cuando por fin puedes dejar de preocuparte, cuando tus emociones comienzan a ser algo menos intensas y empiezas a disfrutar de la vida en el presente. 

Increíblemente, hay muchos lugares ahí fuera donde te dirán lo mismo. El ejemplo de hoy estaba en inglés en el original, pero apuesto a que una rápida búsqueda me llevaría a docenas de páginas similares en español. Por supuesto, las personas que afirman esto suelen ser personas que no recuerdan vidas pasadas, y que encima, por alguna razón, quieren salvarse las espaldas o meterte miedo en el cuerpo para que no recuerdes o no sigas por ese camino. Supuestamente es malo, malo. Cierto: yo soy la prueba de ello. En vez de seguir perdida y desilusionada por la vida en general, ahora me dedico a ayudar a gente que también recuerda vidas pasadas y a escribir sin parar para convencer a la gente de que deben recordar por sí mismos para saber que la muerte no es el fin. Soy el diablo en persona.

Y ahora añadiré unas pocas puntualizaciones a modo de respuesta definitiva a la pregunta que abría la entrada de hoy:

1. Es totalmente imposible perderte en el pasado, porque queramos o no, tenemos un nuevo cuerpo físico que vive en un tiempo determinado, EL PRESENTE. Ninguno de nosotros vive del aire, no podemos estar las veinticuatro horas del día inmóviles, meditando, recordando vidas pasadas. Tenemos familias, trabajos, aficiones, neveras que llenar, comidas que preparar. Mejor o peor, todos tenemos que volver a poner los pies en la Tierra y VIVIR.

2. Alguien dirá: “¿Cómo? ¿No sabes aquello que dijo Lao Tzu (si lo dijo Lao Tzu, que tiene pinta de sabio iluminado, tiene que ser cierto)?”:


Yo aquí haría una aclaración. Si estás deprimido o estás ansioso, estás jodido, eso es lo único cierto, pero no es porque vivas en el pasado o en el futuro, es porque hay cosas que te siguen afectando hoy en día, vengan de donde vengan... que por lo general, es del pasado, ya sea de hace veinte años o de hace doscientos. El TRAUMA es lo que te hace estar jodido, no el tiempo en el que tu mente se sitúe. Puede que tengas un nuevo cuerpo viviendo en el tiempo presente, pero tu alma sigue atrapada en el momento en el que se produjo ese trauma. Hay una desincronización entre tu cuerpo y tu alma, eso es cierto. Pero si piensas que las cosas se van a solucionar únicamente intentando que tu mente se centre en el presente, estás muy equivocado. Tu mente continuará yendo al pasado hasta que no se procesen las emociones que se originaron a consecuencia de una determinada vivencia. Solo los reencarnacionistas sabemos que con frecuencia el pasado y el presente se hacen uno, no hay manera de distinguirlos. Lo que está en el pasado, no necesariamente queda en el pasado. Y darle la espalda no solucionará los problemas.

3. Aún así, a veces ya no quedan traumas, y algunos de nosotros queremos seguir investigando nuestras vidas pasadas. ¿De verdad hay algo malo en querer hacer eso? Al principio la curiosidad y las ganas de saber más son muy fuertes, a veces casi adictivas, eso también es cierto. Pero puedo asegurar que la recompensa es cien mil veces mejor que pasarte el tiempo viendo la televisión, apostando a los caballos, bebiendo en una discoteca hasta el coma etílico o convirtiéndote en un adicto al deporte, que también los hay. Es curioso que somos bombardeados continuamente en las redes sociales sobre la necesidad de ser espirituales, y luego te dirán: “¿Recordar vidas pasadas? Pero ¿por qué no disfrutas más de tu vida actual en lugar de perderte en el pasado?”

Además, lo que la mayoría de la gente no sabe es que con el tiempo lo normal es que sea más complicado obtener nuevos recuerdos. Y la gente no tiene paciencia para los temas espirituales y enseguida se cansa de seguir intentándolo. Volverá a las habituales excusas de “A mí no me funciona la autohipnosis” o “No tengo tiempo de cultivar esa faceta”. No nos engañemos, dormitar en el sofá es mucho más cómodo que seguir concentrando tus esfuerzos en recordar más. Que tampoco estoy diciendo que dormitar en el sofá sea malo, solo digo que es nuestra elección. Todos elegimos cómo queremos vivir nuestras vidas. En general, los que recordamos vidas pasadas pasamos por fases en las que todo está muy activo, y fases que algunos llamamos “de hibernación” donde todo parece dormido y no tienes más remedio que centrarte en tu presente. La vida te empuja a ello tarde o temprano. Recordar vidas pasadas nunca se llega a convertir en una verdadera adicción, y si te obsesionas por un tiempo, rápidamente esa obsesión pasará. Igual que tu cuerpo te dice cuándo está exhausto y debes parar de correr, tu mente también te dice cuándo debes dejar de lamentarte por cosas que no puedes cambiar y que nunca volverán, y seguir adelante. Darse a los somníferos para que la ansiedad te permita descansar, o darse a ciertos estimulantes para poder pasar más de dos días sin dormir, eso sí que es una adicción. Y bastante peligrosa, por cierto. El máximo peligro de recordar tu pasado es más o menos el mismo que el de ponerte una película sobre una época histórica que echas de menos: ponerte a llorar como un descosido.

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sábado, 14 de enero de 2017

El único secreto es mirar en tu interior.

Lo reconozco. A veces estoy aburrida y visito un antiguo grupo de Facebook en el que hablan de experiencias cercanas a la muerte, aquel grupo del que me expulsaron por querer traer luz a temas tan interesantes como la parálisis del sueño o los niños que recuerdan vidas pasadas. Siempre me arrepiento de volver a sitios como ese, porque acabo con la misma sensación que me invade cuando me siento nostálgica y me paso por el foro de Carol Bowman, que es el lugar donde yo empecé a aprender: “¿Me he teletransportado al patio de un colegio?” Las conversaciones no es que sean básicas o típicas de principiantes —que no tengo nada en contra de estas últimas, todos hemos sido principiantes alguna vez—, lo que me hastía es que haya algunas personas que se limiten a parlotear sin más, como si hablar de la muerte o la reencarnación fuera algo que haces en la sala de espera del médico o en la peluquería. Lo que me deja aturdida es el nivel de superficialidad que te encuentras en estos foros; ver lo fácil que es hablar por hablar, sin saber nada del asunto; y sobre todo, ver lo rápida que es la gente en juzgar este tipo de experiencias (algo que, por cierto, no ocurre en Foro Reencarnación).

Y cuando digo “juzgar”, me refiero a juzgar tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Por ejemplo, es bastante común oír a la gente decir que siente una envidia sana por las personas que hemos tenido este tipo de experiencias trascendentales, ya sea recordar vidas pasadas, haber estado a punto de morir y haber accedido a lo que parece otro estado de consciencia, o ser capaz de tener experiencias extracorpóreas voluntarias y conscientes. Lo dicen así, como si tener este tipo de experiencias fuera algo fácil, una habilidad que has aprendido igual que otros aprenden a jugar al billar, o un regalo del cielo que te hace ser “especial”. Estas personas no tienen ni idea de lo que supone tener cualquiera de estas experiencias. Muchas veces me dan ganas de decirles: “Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad”.

Y no lo digo porque recordar vidas pasadas sea malo, ni mucho menos. Al contrario, desde aquí animo a todos los lectores del blog a que lo intenten, sobre todo si quieren conocer por sí mismos la Verdad y quieren llegar a estar realmente seguros de que somos seres inmortales que por alguna razón renacemos una y otra vez. Es un mantra que he repetido constantemente en todos los foros/grupos/comunidades/reuniones familiares en los que he estado:

Mira en tu interior, ahí es donde están todas las respuestas.

Pero la gente no se lo cree. No quieren intentarlo. Tienen miedo. Piensan que ellos no pueden hacerlo. O quizá solo se deba a la explicación más frecuente y universal que conozco, aplicable a todos los ámbitos de la vida: los seres humanos son expertos en buscar excusas cuando ven que algo implica un esfuerzo, ya sea cuidar tu salud, hacer ejercicio, dejar de comer carne, o renunciar a cualquier placer que se encuentre en el primer puesto de su lista de prioridades. Qué le vamos a hacer, es la naturaleza humana, yo no puedo hacer nada contra eso. Pero me enfada que luego las quejas y los lloros abunden en grupos como el que mencioné al principio de esta entrada: “Me aterra pensar que cuando muera todo acabará. ¿Alguien puede asegurarme que existe vida más allá?” O, “Estoy desolada por la pérdida de mi hijo. ¿Me reencontraré con él en el otro lado?”

Solo una persona puede responder a esas preguntas: TÚ MISMO. Aunque el precio no va a ser bajo. Mirar en tu interior implica crecer espiritualmente, pero crecer espiritualmente no es equivalente a acudir a un hipnoterapeuta y vislumbrar el periodo entre vidas en un par de sesiones, ni tampoco a ver seres de luz durante el transcurso de una ECM. Crecer espiritualmente consiste en llegar a los rincones más oscuros de tu alma y enfrentarte a tu propia sombra. Es muy posible que antes de llegar a estar completamente seguro de que la reencarnación es un hecho, tengas que armarte de valor para conocerte de verdad a ti mismo. 

Nunca he luchado con nada más difícil que mi propia alma.

A estas alturas hay pocos humanos que me enseñan algo y que me inspiran en mi propio camino vital. Uno de ellos es Iván Guevara, autor del blog El Aprendiz de Mago, a quien conocí tras tener mis primeras experiencias extracorpóreas voluntarias. Es él el que publicó hace muy pocos días una entrada sobre la importancia de mirar en nuestro interior, y gracias a él descubrí que hace milenios, en el Templo de Delfos, ya sabían que ese es el único camino si queremos conocer la Verdad. Allí se encontró una inscripción que decía:


Te advierto, quien quiera que fueres.
¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza,
que, si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas,
tampoco podrás hallarlo fuera.
Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,
¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?
En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.
¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses.


Esto es algo que no acaban de comprender todos aquellos que se interesan por la vida después de la muerte, todos aquellos que piensan que los que tienen las respuestas o saben cómo funciona la reencarnación son los espíritus, todos aquellos que se imaginan que recordar vidas pasadas consiste en que te hipnoticen una vez para saber que fuiste un gladiador romano que acabó desangrado en un circo, y ya está. Todos aquellos que se piensan que los que afirmamos recordar vidas pasadas somos unos frikis despistados que creemos en la reencarnación porque una vez soñamos con la época medieval. Esas personas no saben nada de emociones de vidas pasadas, ni de verificaciones históricas, ni de ardua búsqueda en registros, ni de edificios que viste en tu mente y luego encontraste tal cual en fotos de hace un siglo, ni de síndrome de estrés postraumático que parece durar eternamente, porque el trauma que lo originó tuvo lugar en el siglo XIV. Esas personas son las que siguen creyendo que “los malvados” no reencarnan o que todos tenemos (o tendremos) deudas kármicas que pagar, las que creen que ellos nunca hicieron nada malo en el pasado, las que aún creen que hay algo externo que debe juzgarte después de muerto, las que aún no han descubierto su propia sombra, las que aún no saben que la lucha es únicamente contigo mismo. Como bien escribió Iván Guevara en su blog:
   
“El subconsciente, nuestra sombra, es nuestro demonio. Todo lo que no hemos superado, todo lo que nos ha herido, todo lo que nos ha frustrado, todo lo que no hemos sido capaces de comprender, se esconde allí. Ese es el demonio que nos perturba ahora y seguramente después de muertos.”

Alguien decía en ese grupo de Facebook que no le parecía bien que solo hablaran de experiencias cercanas a la muerte positivas e ignoraran las negativas, porque eso le quitaba la esperanza de encontrarse con algo bueno después de la muerte. Una visión tan parcial de la realidad solo es posible cuando no te has molestado en investigar lo suficiente; cuando solo buscas el bálsamo que te alivie tus miedos y no la Verdad con mayúscula; cuando solo te vale la creencia y no la certeza de que vivimos, morimos y volvemos a vivir; cuando no quieres asumir la responsabilidad de que la realidad en la que vivimos es consecuencia de nuestros pensamientos y nuestras acciones. Creer siempre es más fácil que saber.

En consonancia con una de mis citas preferidas de Carl Jung, la que reza “Uno no alcanza la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”, Iván Guevara también reflexionaba:

“Bajar al infierno, es abrir e iluminar esas partes oscuras de nuestra psicología. Allí, encontraremos al demonio. Ese demonio, es más poderoso, horrible, y perverso, si es que lo hemos ocultado, amarrado, censurado, despreciado. Ese demonio, tiene las llaves de los tesoros que nos faltan. Ese demonio, necesita ser comprendido, aceptado y amado. Pero, ¿por qué deberíamos hacer eso? Porque ese demonio es también parte de nuestra alma.”



Si estás dispuesto a hacer esto, a bajar al infierno y encontrarte con tu demonio personal, el que tiene la llave de lo que quieres saber, adelante. No tengas envidia sana, eso no te conduce a ningún sitio. La acción es lo que cuenta. Ponte a ello y recuerda vidas pasadas, o al menos inténtalo. Es mucho más fácil de lo que parece, en serio. Cuando yo quise tener experiencias extracorpóreas conscientes, ¿me puse a quejarme de lo difícil que es eso o a envidiar a los que tienen esta habilidad desde jóvenes? No, busqué a gente que sabía, seguí sus consejos, entrené arduamente durante un mes seguido, hasta que lo conseguí. Recordar vidas pasadas es igual. Es también un entrenamiento de la mente, es querer hacerlo, dejar atrás tus propias barreras mentales, olvidar lo que te han enseñado. Como si fueras uno de esos viajeros que acudían al Templo de Delfos, debes mirar en el abismo de tu alma, sin vértigo, sin miedo, y estar dispuesto a conocer la oscuridad que alberga tu corazón. Si eres sincero contigo mismo, estás preparado psicológicamente, y quieres de verdad llegar hasta el fondo, tal vez, solo tal vez, recordarás... y con el tiempo, SABRÁS que la reencarnación es un hecho.

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La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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