viernes, 13 de marzo de 2015

Niños que recuerdan vidas pasadas (2).

He de reconocer que los niños que recuerdan vidas pasadas no es uno de los temas que más me han interesado dentro de la reencarnación. Cuando tus propios recuerdos comienzan a manifestarse en tus meditaciones y buscas respuestas, los niños que recuerdan vidas pasadas son poco más que una anécdota que no te ayuda a lidiar con esos recuerdos ni a comprender qué te está pasando. Sin embargo, desde el punto de vista de la investigación, las experiencias de los niños tienen aparentemente más validez, puesto que aún no ha dado tiempo a que sus mentes infantiles se vean influenciadas por la educación y las creencias religiosas que los adultos enseguida queremos imponer sobre ellos. Además, parece que sus mentes están más estrechamente conectadas con la dimensión espiritual que acaban de dejar, parecen ser capaces de recordar con una exactitud asombrosa momentos previos a su nacimiento, y si solo los escucháramos un poco más, muchas veces nos sorprenderíamos. 

Aquí en España el fenómeno de los niños que recuerdan vidas pasadas es nuevo, aunque estos casos, igual que ocurre con las ECM’s, llevan decenas de años siendo estudiados en otros países. Cuando yo empecé a investigar sobre reencarnación, es lo primero que me encontré: los trabajos de Ian Stevenson y el foro de Carol Bowman, sin el cual habría estado muy perdida. Recomiendo a todos los lectores del blog que busquen sus libros. Yo he aprendido mucho más de otras personas que también recordaban sus vidas pasadas, pero de momento parece que ser adulto y recordar vidas pasadas es una excepción o muy pocos quieren intentarlo. Para los que se entretienen leyendo historias sobre niños que recuerdan vidas pasadas, hoy os cuento un caso sorprendente sacado del libro Children’s Past Lives de Carol Bowman (no es una traducción literal):
Estos niños no solo vienen con recuerdos, sino también con un conocimiento de cómo son las cosas en el mundo espiritual que no se corresponden con el conocimiento que un niño de esa edad debería tener. Un ejemplo es la hija de Lisa, Courtney, que tenía cuatro años y medio en aquel entonces: un día su hermano Joey, más pequeño que ella, estaba contemplando una foto de bebé de Aubrey, una hermana mayor. Joey preguntó dónde estaba él cuando esa foto había sido tomada. Aubrey respondió: “Estabas en el cielo de los bebés esperando a nacer”. Courtney se indignó frente a esta respuesta y respondió: “¡No! ¡No es así como funciona!” Explicó: 
“Vas al cielo, tienes un corto tiempo para descansar, parecido a unas vacaciones, pero entonces tienes que volver a trabajar. Tienes que empezar a pensar sobre qué es lo que tienes que aprender en tu próxima vida. Tienes que empezar a elegir tu próxima familia, una que te ayudará a aprender lo que sea que tienes que aprender. El cielo no es un lugar en el que te puedas quedar para siempre. No es solo un lugar donde relajarte y ponerte cómodo. Tienes que trabajar allí.”  
Su madre, Lisa, se quedó sorprendida de la seriedad en sus palabras y del concepto que tenía sobre el cielo. Decidió preguntarle algo más:
—Courney, si has estado en el cielo, ¿lo recuerdas?
—Sí.
—Bien, entonces, has debido de ver a Dios.
Asintió. Entonces Lisa pensó que la iba a poner en un aprieto y le preguntó:
—Yo no recuerdo a Dios. ¿Podrías decirme cómo era Dios?
Lisa esperaba una versión “hollywoodiense” de Dios, algo así como una luz brillante o un cálido sentimiento. Lisa relata que Courtney la miró como atravesándola con su mirada y dijo:
—Sabes, solo vi a Dios con mi alma.
Lisa se dijo que debería haber sabido que no iba a conseguir ponerla en un aprieto.

Pero aún hay más. Cuando Courtney tenía seis años, Lisa estaba viendo la televisión sin poner mucha atención, y Courtney estaba cerca jugando. De pronto preguntó por qué había una mujer llorando en la tele. Lisa le explicó que era porque iban a ejecutar a su hijo por haber cometido un crimen, sin querer especificar que ese crimen era una violación. Courtney dijo:
—Bueno, mamá, esa mujer no entiende, por eso está triste.
—¿Qué quieres decir con eso de que no entiende? —dijo Lisa.
—Bueno, no entiende que cuando alguien ha arruinado tanto su vida como este hombre, morir no es en realidad un castigo. Porque cuando muere, comienza todo otra vez y vuelve a ser un bebé en una nueva familia sin que nada malo que haya hecho le siga. Y eso es realmente mucho mejor para él porque así no malgasta su energía, y será capaz de aprender lo que necesita aprender mucho más fácilmente si comienza otra vez. Y ella no comprende esto, mamá, porque si lo hiciera, no estaría triste.
Después, Courtney salió de la habitación como si nada. Lisa estuvo unas tres horas meditando sobre lo que Courtney había dicho, siendo perfectamente consciente de que aquello no podía provenir de ellos, miembros de una iglesia presbiteriana, donde ese tipo de dogma religioso no es usual. Era imposible que Courtney hubiera escuchado ese razonamiento antes. 
Aún así, cuando las evidencias están delante de nuestros ojos, hay personas que siguen queriendo imponernos sus creencias en cuanto a la existencia de determinadas “leyes naturales” que rigen la reencarnación. No sé si a los lectores les pasa lo mismo, pero yo prefiero las evidencias.



lunes, 9 de marzo de 2015

Qué es ser reencarnacionista (para mí).

El otro día navegando por la red vi que hay otras personas que también utilizan la palabra “reencarnacionista”. Sin embargo, observé que para algunos esa palabra tiene cierta connotación negativa porque para ellos parece ser sinónimo de “ferviente creyente en la reencarnación”, próximo a una especie de fundamentalista religioso. Olvidaron especificar cuál es su propia definición de reencarnacionista, porque como se puede ver en la columna lateral del blog, esta palabra aún no está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por tanto, por “reencarnacionista” cada uno entiende lo que quiere.

Hoy me apetecía profundizar en esta cuestión. Como ya he comentado alguna vez, para mí lo más importante no es “creer” o no —la creencia en ella no es un requisito indispensable para recordar o para que tu hijo te diga que antes tenía otra madre—, sino tener recuerdos propios. Tampoco me vale una regresión aislada o un sueño que tuve hace cuarenta años que no me resuelven mis dudas. No. Recordar vidas pasadas supone enfrentarte también a una serie de emociones que surgen de tu interior y a una serie de preguntas trascendentales que te vas haciendo a lo largo del camino, las cuales te arrastran más y más y te llevan a continuar en tu búsqueda espiritual. Esto no significa que “recordar” te haga creer en la reencarnación instantáneamente. Esto es un proceso muy largo con muchas fases, distintas para cada uno. A veces utilizo las palabras “recuerdo” o “recordar” solo por una cuestión de ahorro, no porque esté segura de que todo lo que sale en una meditación sea de verdad un recuerdo. Siempre debemos mantener una actitud racional e investigar esos posibles recuerdos, tratar de verificarlos, y si eso no es posible, siempre ser conscientes de que hay un margen para el error.

Recordar vidas pasadas supone establecer una conexión con tu alma, yo superior o como cada uno quiera llamarlo, que ya no va a desaparecer. Aunque para muchos sea algo difícil de comprender o de llevar a cabo, la meditación tiene esos efectos: es como un entrenamiento cerebral que poco a poco te hace ser más intuitivo, te hace estar más alerta de las señales que tu alma te envía constantemente. Al principio mis recuerdos llegaron como un violento tsunami que amenazó con ahogarme. Hoy llegan gota a gota, pero la conexión siempre está ahí, y cuando menos te lo esperas, ocurre algo en la vida real que te hace recordar que todo sigue igual: esa persona que fuiste, las emociones que sentiste, están todavía vivas. Como siempre decimos, la muerte no existe, y el pasado se convierte en presente para los reencarnacionistas.


Ayer me ocurrió cuando vi el reportaje sobre la capitán Zaida Cantero. Podría decir que sufrí un trigger en toda regla. No me vinieron muchos flashes, pero sí muchas emociones que llegaba a sentir quemándome en el plexo solar y que me hacían viajar a dos de mis vidas pasadas. Solo siendo testigo de sus silencios, adivinando el calvario por el que ha tenido que pasar durante largos años, y sobre todo, viendo cómo una vez más reinan la impunidad y la injusticia en algo tan serio como son los abusos sexuales, me hervía la sangre. Volvía a verme a mí misma ignorada por la sociedad, atrapada, condenada al silencio porque sabía que nadie me iba a ayudar, en unos tiempos en que las mujeres eran mucho menos de lo que somos ahora. Muchas mujeres pueden sentirse identificadas, eso no lo dudo. Pero no es lo mismo sentir empatía o compasión por alguien, que comprenderla al cien por cien por haber vivido algo similar. De hecho, si a ti también te hierve la sangre o sufres de alguna reacción emocional muy intensa como taquicardias, náuseas o bajadas de tensión cuando conoces casos similares al de Zaida, y sabes que en esta vida no has sufrido ningún tipo de abuso, tal vez te venga de una vida pasada.

Para mí, ser reencarnacionista supone mucho más que sonreír ante la perspectiva de volver a vivir, creer en almas gemelas, encontrar en el karma las respuestas a nuestras eternas preguntas o soñar con haber sido aquello que siempre hemos querido ser. Ser reencarnacionista y sentir, hoy, en tu propia piel, las emociones que originaron los traumas que te ocurrieron en el pasado, supone hacerte mucho más sensible a las injusticias que aún siguen ocurriendo en nuestro mundo. Estar seguro de que vamos y venimos continuamente no nos hace menos responsables de lo que ocurre en él, “porque al final no pasa nada”. Más bien al contrario, nos hace ser mucho más conscientes de que no hay karma que valga, y que somos nosotros, con nuestras propias decisiones, los que hacemos que el mundo sea como es.

Cuando pienso en casos como los de Zaida, no es la “maldad” del agresor lo que más me quita el sueño. Me duelen mucho más la complicidad y el silencio de todos los testigos que estuvieron allí y no tuvieron la fortaleza de ponerse de su lado. Me hace recordar —una vez más— que el progreso de la especie humana es exasperantemente lento. Además me produce mucha tristeza porque me pregunto si en una próxima vida Zaida también tendrá que hacer frente a las secuelas psicológicas de haber sido acosada laboral y sexualmente, como me ocurre a mí. Lo bueno es que me devuelve las ganas de luchar por aquello que creo que es justo, y despierta en mí el lado rebelde que en otras ocasiones me ha llevado a finales no muy agradables.

Ser reencarnacionista es viajar a lo más oscuro del ser humano. Para mí supone una veteranía en esto de recordar. Es haberte dado cuenta de que recordar vidas pasadas es un cambio muy profundo en tu forma de ver las cosas. Es una forma de vida. Tiene muchas cosas buenas, pero también hay etapas muy duras. Recordar vidas pasadas no es un mundo de color rosa lleno de luz y amor, aunque muchos aún continúen pensando así. Si tú aún lo piensas, te diría que aún no eres un verdadero reencarnacionista... pero mi definición de reencarnacionista aún no está aceptada por la RAE, así que no puedo llegar tan lejos. Si quieres, puedes contarme en los comentarios qué tipo de reencarnacionista eres tú.

lunes, 16 de febrero de 2015

El proceso de recordar vidas pasadas.

Esta semana me preguntaron directamente en el foro cómo recuerdo mis vidas pasadas, si son imágenes que surgen, o algo que sé que es así porque me viene tal cual durante la meditación. Pensé que estaría bien contarlo también en el blog, puesto que estoy segura de que muchos lectores tendrán esa misma duda.

Muchos de los que empezáis a recordar vidas pasadas no sabéis muy bien qué esperar. Además de dudar constantemente de si lo que veis es un recuerdo o imaginación, también tenéis la idea de que a la primera va a ser como sumergirte de lleno en una película en tecnicolor, con una historia perfecta y llena de emociones de principio a fin. Bien, esto no es así, obviamente. A mí también me pasaba al principio. Leía las experiencias de otras personas y me quedaba anonadada por la cantidad de información que tenían, por cómo habían logrado verificarlas, cómo habían logrado identificar a personas que conocían en sus vidas actuales, incluso tenían claro lo que habían aprendido en sus vidas pasadas. Esto hacía aflorar mi escepticismo, para qué lo voy a negar, así que entiendo que todo aquel que lea algo sobre mis recuerdos, también puede creer que me lo he inventado todo. Esto es porque cuando empecé no tenía ni idea de todo el trabajo que había detrás de recordar mediante la autohipnosis o la meditación. Ese trabajo no es de un par de días o de unos meses, sino de años. Y es así porque por mucho que lo deseemos hay factores que no podemos controlar. Por ejemplo, puede que pienses que si tienes un trauma te vas a concentrar en él y enseguida vas a tener todas las respuestas. Pues no. Lo habitual es que tu mente tenga siempre el control. Sobre todo al principio va a ir muy poco a poco y te va a mostrar solo lo necesario. Y no importa que tú creas que ya has trabajado suficientemente esos primeros recuerdos y estás listo para más. Aunque creas que algo no te afecta, puede que a nivel subconsciente sí lo esté haciendo todavía. Tu mente es más sabia que tú y elegirá el momento adecuado para seguir con el trabajo. Estas fases de bloqueo son muy frustrantes, pero cuanto más lo fuerces, más difícil te será recordar.

Después de un año o dos recordando puede que tengas las piezas suficientes para ir construyendo el puzle de tu vida pasada. Cada pieza son pequeños fragmentos que corresponden a distintos periodos de esa vida y que debes ordenar cronológicamente para que tengan sentido. Ahí es cuando te das cuenta de que todo el trabajo mereció la pena. Aún así, siempre quedan huecos o puntos no muy claros. Por eso siempre digo que desconfíes si alguien es capaz de describirte toda una vida pasada, de principio a fin, con profusión de datos y ni una sola duda.


¿Cómo fue mi proceso? En mi caso —que no tiene por qué coincidir con la experiencia de otras personas— empecé con breves flashes que surgieron espontáneamente cuando meditaba. “Unas botas con espuelas y un caballo con manchas, soy un joven vaquero, veo una mujer pelirroja”. Eso es todo. ¿Fue un recuerdo o una imaginación? Evidentemente, no lo sabes. Así que lo apuntas y lo dejas en cuarentena. En la misma meditación me podían llegar otros flashes. “Diría que soy una mujer joven. Toco el piano en una casa de aspecto colonial”. Lo apunto también.

Días, semanas o meses después, quizá surgían nuevas escenas que parecían corresponderse a la misma vida. “Soy un vaquero, pero aparento más edad. Estoy en una cantina discutiendo con unos hombres. Enfrente de mí veo a otro joven. Es mi amigo, reímos, pero en el fondo no me gusta su actitud”. Esto ya es bastante más que un flash. Empiezan a surgir emociones. Esto por lo general es un signo de que es un verdadero recuerdo. Ahora puedo empezar a estar más segura de que en otra vida fui un vaquero, pero aún no sé apenas nada. ¿A qué me dedico? ¿Quién es ese amigo? ¿Qué pasa con él? ¿Tengo novia? ¿Qué hay de mi familia? Todas estas preguntas puedes ir haciéndotelas según meditas. Algunas encontrarán respuesta, otras aún no. Al hacerte la pregunta, puede que la respuesta te venga inmediatamente, como un pensamiento, o puede que surja también en forma de escena que se empieza a desarrollar. Por ejemplo, te preguntas “¿Tengo padre?” y enseguida lo ves como un hombre no muy viejo pero castigado por el paso del tiempo y con una muleta. “¿Por qué lleva una muleta?” Y sabes que le hirieron en una batalla, por lo que puedes intuir que fue soldado. De esta forma, los recuerdos se van encadenando. Aquí es muy importante no precipitarse y asumir cosas que no son, ni tampoco debemos interferir con nuestra lógica y nuestro razonamiento, puesto que si comenzamos a analizar lo que vemos, dejamos de trabajar con nuestra intuición, y es mucho más fácil equivocarnos. Hay que dejar siempre el análisis de los recuerdos para después de la meditación.

Muchas veces estaba recordando una vida y de pronto parecía que el flujo de información se detenía. Por mucho que esperara o me hiciera a mí misma nuevas preguntas, no surgía nada más. Hacía un breve descanso (o no) y al volver comenzaba a recordar otra vida. Con el tiempo esto me dejó de suceder y entonces era más fácil concentrarme en una sola vida por sesión. Aún no sé por qué ocurre esto, pero supongo que era porque en aquel entonces todos mis recuerdos necesitaban salir a la luz y lo hacían de manera bastante descontrolada, quizá porque mi mente tenía menos entrenamiento.

Así, muy poco a poco, vas juntando la información y la vas ordenando en tu cabeza. Hay recuerdos que se repiten y se amplían, hasta que se van quedando bien grabados en tu memoria y se sienten exactamente igual que recuerdos de esta vida. Es muy frecuente que al principio te sientas algo raro, no te logras identificar totalmente con ese personaje. Esto suele pasar cuando no hay emociones, cuando crees que es alguien demasiado distinto a ti, y sobre todo cuando ese alguien actuó de alguna manera que detestas. No quieres reconocer esa parte oscura de ti y entonces puedes llegar incluso a bloquear esos recuerdos o a negarlos. Es lo que llamamos “periodos de negación”. Pero esa es otra historia...

lunes, 2 de febrero de 2015

Recordar es más fácil de lo que parece.

En mi última entrada dije que nuestros recuerdos de vidas pasadas no están enterrados en lo más profundo de nuestra psique, y que en realidad traer a nuestro consciente esos recuerdos es bastante más fácil de lo que estamos acostumbrados a pensar. Creo que la mayoría de la gente aún tiene esta idea profundamente arraigada en su mente, la idea de que recordar es raro, innecesario, o algo que solo se puede hacer en la consulta de un psicólogo, y como uno de mis propósitos con este blog es destruir mitos en torno a la reencarnación, explicaré por qué tenemos que dejar de pensar así.

No hace falta leer libros para darte cuenta de ello. Aún así haré referencia a Carol Bowman, terapeuta especialista en vidas pasadas de niños, porque creo que su experiencia es fascinante y un ejemplo perfecto para el tema que nos ocupa hoy. Hace ya más de tres años que comencé a recordar vidas pasadas. Jamás acudí a un hipnoterapeuta, hecho que normalmente le cuesta bastante creer a la gente, según lo que vengo observando. Al principio utilicé grabaciones de autohipnosis, después me pasé a la meditación, y actualmente alterno ambos métodos según mi estado de ánimo o las preocupaciones que tenga en mi cabeza. Según te acostumbras a meditar regularmente, te das cuenta de algo muy curioso: la información que antes solo estaba en el subconsciente, comienza a aflorar a la superficie, y puede incluso que durante el día te empiecen a llegar flashes espontáneos. ¿Es que de pronto tenemos poderes paranormales? ¿Nos hemos hecho videntes? No. Lo único que ocurre es que estamos aprendiendo a utilizar nuestro cerebro de otra manera, y ahora estamos más en contacto con esa parte de nosotros que generalmente permanece más oculta, esa parte que muchos llaman “yo superior”. Otra consecuencia de la meditación es que aprendes a escuchar mucho mejor a tu intuición, y reacciones emocionales que antes te pasaban desapercibidas y que ni siquiera asociabas con vidas pasadas, ahora puedes sospechar de dónde vienen, y puedes sacar provecho de la situación para obtener más recuerdos de vidas pasadas, o para profundizar en esa emoción y descubrir qué es lo que la está produciendo. Si es algo que te está haciendo daño, lo primero que debes hacer es traer ese recuerdo a tu mente consciente, para poder empezar a trabajar sobre ello.

Bien, como bien es sabido por los lectores habituales del blog, la hipnosis regresiva, método utilizado por muchos psicoterapeutas, no tiene nada que ver con perder el conocimiento, perder el control, o que te implanten falsos recuerdos en tu cerebro. Me estoy leyendo actualmente el libro de Carol Bowman Children’s Past Lives, un libro que me debería haber leído hace mucho tiempo porque es muy esclarecedor. En él describe cómo sus hijos comenzaron a recordar vidas pasadas y cómo ella misma fue descubriendo poco a poco la reencarnación y los métodos que existen para recordar vidas pasadas. Desde el principio se quedó sorprendida por cómo sus niños no necesitaban entrar en ningún “trance profundo” para recordar. Un hipnoterapeuta amigo suyo que ya había trabajado con ella ayudándola a recordar, se ofreció para hacer una regresión a sus hijos. Lo único que necesitaba hacer era sentarlos en una silla, invitarles a que cerraran los ojos e imaginaran un lugar en el que estuvieran cómodos y felices, y entonces les preguntaba por aquello que les estaba produciendo problemas: “Dime qué es lo que ves cuando oyes esos ruidos fuertes que te asustan”. Y justo después su hijo Chase estaba recordando una vida durante la Guerra Civil Americana.

Este hipnoterapeuta le dijo a Carol Bowman: “Los niños entran y salen del trance continuamente”. Pero, ¿qué significa en realidad “trance”? No es que estén profundamente hipnotizados. Es solo que están en un estado de relajación muy ligera y su mente concentrada en su interior. Los niños entran en este estado muy fácilmente cuando viajan en el coche, les están bañando, o van a ir a dormir. Por ello estos momentos suelen ser muy propicios para que hagan comentarios espontáneamente sobre sus vidas pasadas. Es cierto que a los adultos no les es tan fácil acceder a esos recuerdos. Posiblemente esto tiene que ver con el fenómeno de la poda sináptica que tiene lugar en el cerebro de los niños a partir de cierta edad. O quizá solo es que la información procedente del mundo físico y nuestra necesidad de centrarnos en el presente van creando capas y capas que nos van haciendo olvidar nuestra esencia. Sin embargo, esto no significa que no podamos recuperarla. Los que se acostumbran a meditar de manera regular lo saben muy bien.

Me sorprende ver el paralelismo entre estos estados de “trance” con lo que dicen los budistas, como en El libro tibetano de la vida y la muerte. Para ellos la meditación tiene que llegar a formar parte de tu vida cotidiana, de manera que puedas ir en el autobús, por ejemplo, y puedas ser capaz de mantener la calma interior, aislarte de tanto ruido y sobreexcitación de tus sentidos físicos, y entrar en estado de meditación. Creo que eso es exactamente lo que hacen los niños, y lo que hacemos los adultos que hemos aprendido a meditar y que de vez en cuando, cuando menos te lo esperas, entramos espontáneamente en ese mismo estado durante el cual te llegan flashes de vidas pasadas. Esto suele pasar cuando estás realizando tareas cotidianas que no requieren demasiada concentración, a mí me ha ocurrido cortando verduras para la comida o planchando. También es fácil que ocurra cuando estás dibujando o escribiendo. A veces también puedes entrar en lo que yo llamo past life mood, que es más o menos lo mismo, solo que las emociones son más fuertes y te pueden estar afectando durante días. Es cuando comprendes que no necesitas la ayuda de nadie para recordar. Es algo natural y probablemente ha ocurrido desde siempre, solo que nunca le prestamos atención.

Más adelante en su camino personal, Carol Bowman conoció a Roger Woolger, otro psicoterapeuta de la escuela de Jung a quien valoro especialmente. Él tampoco utiliza siempre la regresión, sino algo que él llama past life scripts (guiones de vidas pasadas). Consiste en hacerte pensar en algo de tu vida actual que te produce un problema, una situación que te pone nervioso pero no sabes la causa, por ejemplo: sientes que no encajas en ningún grupo, que cuando tratas de integrarte hay algo que te produce incomodidad. Te tienes que concentrar en esa emoción, y repetir en tu cabeza “No encajo, no encajo, no encajo”, mientras mantienes un estado leve de relajación y te concentras en tu respiración. De pronto, las imágenes comienzan a surgir, y te ves en una vida pasada, en esa situación que originó el problema. Sí, parece mentira, pero es así de fácil, porque los recuerdos de vidas pasadas están más cerca de la superficie de lo que nos creemos. Puede que no surja nada, en ese caso no nos debemos preocupar, porque nuestra propia mente pone sus límites, y tal vez no es el momento adecuado o la causa es demasiado dolorosa para que podamos hacerle frente. O quizá somos demasiado escépticos y nos bloqueamos a nosotros mismos. Pero es raro que la gente no recuerde nada. Este método funciona porque lo que pensamos y sentimos en el momento de la muerte es tremendamente importante: esos pensamientos y emociones dejan una profunda huella en nuestra psique, y se crean patrones mentales que luego nos afectan en nuestras siguientes vidas. Yo misma identifiqué varios de esos patrones cuando recordé mis vidas pasadas, aun cuando no sabía nada de Woolger ni de filosofía budista. Y también descubrí que no solo se producen en el momento de la muerte, en realidad cualquier acontecimiento, traumático o no, que tenga lugar durante nuestra vida, puede dejar huella. Eso es lo que crea nuestra personalidad. A veces llega a ser algo problemático, pero diría que en la mayoría de los casos no lo es. Simplemente son vivencias que nos marcan y que van dando forma a lo que somos hoy en día. Por ello recordar vidas pasadas, para mí, es sobre todo conocerte a ti mismo. Algo que, para mí, no tiene precio.

Información adicional:

miércoles, 28 de enero de 2015

Dudas... y una certeza.

Durante tu camino personal recordando vidas pasadas, las dudas siempre van a estar ahí... o casi siempre. Te debes acostumbrar a su presencia. No son malas por sí mismas. Es mucho peor que te creas absolutamente todo lo que surja durante el transcurso de una regresión o durante un sueño. En cualquiera de los dos casos, estamos utilizando nuestra mente, nuestro poder imaginativo (que no es lo mismo que fantasía), para que una escena se desarrolle, para que revivamos ciertos acontecimientos. Sobre todo al principio va a ser difícil controlar esa mente y dejar que solo sea nuestra intuición la que nos ayude a recuperar esos recuerdos. Nuestra mente va a rellenar los huecos, va a razonar, se va a interponer... Nos podemos equivocar. Por ello NUNCA olvides que los recuerdos han de ser verificados.

Pero existe otro tipo de duda, que es algo más fastidiosa: la eterna duda de si, después de todo lo que llevas investigado, después de tantas noches sin dormir, tantas verificaciones (que sí, a veces llegan), tanto esfuerzo para dejar de pensar en tus tareas cotidianas para centrarte en el pasado... ¿no será que estamos todos equivocados y la reencarnación no existe?


Bueno, llevo un par de días leyendo un libro titulado El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, escrito por un monje tibetano llamado Sogyal Rimpoché. Hay partes con las que no concuerdo en absoluto. A pesar de que considero que el budismo se aproxima bastante a la realidad, no deja de ser una filosofía con muchos años de antigüedad, y además tampoco tiene en cuenta otras enseñanzas que han surgido posteriormente como las descripciones del mundo espiritual que hacen los pacientes del Dr. Michael Newton. En mi opinión, cojea mucho cuando habla del karma, y se pierde un poco cuando comienza a hablar de moralidad. Desgraciadamente aquí es donde se demuestra que el budismo no deja de ser una religión, aunque no dejen de negarlo. Lo que cuenta acerca de los distintos bardos también se queda muy corto. Me da la impresión de que algunos lamas han llegado a tener importantes experiencias en el astral, pero aún no han alcanzado toda la Verdad. No les culpo por ello, son humanos como todos nosotros, aunque algunas personas se deslumbren con sus enseñanzas. Aún así, a pesar de estas críticas, creo que muchos de sus pensamientos, pero sobre todo la técnica de la meditación y cómo mediante ella se puede llegar a vislumbrar —solo vislumbrar— la naturaleza de la mente humana, me parece un conocimiento de valor incalculable que jamás deberíamos perder.

Pero la cuestión es que Rimpoché hablaba de las dudas de este modo:
No nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos sólo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada, por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales o «filosóficas», sino vivas, reales, auténticas y operativas. Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia puede crearse un espacio en nuestro interior en el que las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de un modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en esta cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, que sólo puede crearse mediante la práctica sostenida de la meditación y en el que las intuiciones pueden tener ocasión de madurar lentamente.
No tenga demasiada prisa para resolver todas sus dudas y problemas; como dicen los maestros, «apresúrese lentamente». Yo siempre les aconsejo a mis alumnos que no se formen expectativas excesivas, porque el crecimiento espiritual lleva su tiempo. Se precisan años para aprender correctamente el japonés o para llegar a ser médico: ¿de veras podemos creer que obtendremos todas las respuestas, y mucho menos que alcanzaremos la Iluminación, en unas cuantas semanas? El viaje espiritual supone un aprendizaje y una purificación constantes. Cuando se sabe esto, se vuelve uno más humilde. En este sentido, hay un conocido proverbio tibetano: «No confundas la comprensión con el conocimiento profundo, ni confundas el conocimiento profundo con la liberación». Y Milarepa dijo: «No abrigues esperanzas de conocimiento total, pero practica toda tu vida». Uno de los aspectos de mi tradición que he llegado a apreciar más es su carácter práctico y hasta prosaico, y su intensa convicción de que los mayores logros exigen la más profunda paciencia y el más largo tiempo.

Estoy completamente de acuerdo con esto. La mayoría de la gente busca respuestas, y las quiere ya. Al principio les solía decir: “Busca en tu interior, ahí es donde están las respuestas”. Pero a mucha gente les asusta la palabra “meditación” y creen que no pueden hacerlo. Cuando descubres lo fácil que es realmente recordar vidas pasadas, que nuestros recuerdos no están enterrados en los más profundo de nuestra psique, sino que forman parte de nosotros y pueden hacerse conscientes en menos de un minuto, te quedas sorprendido. Lo que más nos ata son nuestros propios miedos, nuestros límites, aquellas creencias que nos hemos construido desde niños, los muros de nuestra propia prisión. Así lo dice también Rimpoché.

Hasta hace poco solía decir que estaba 100% convencida de que la reencarnación es un hecho, pero que siempre decía que era de un 95% para no parecer una arrogante, puesto que he venido comprobando que si dices estar tan segura de estas verdades trascendentales, la gente parece molestarse. Cuando experimenté mi primer desdoblamiento consciente ese porcentaje lo subí al 98-99%, porque una experiencia extracorpórea es tan increíblemente transformadora que ya es imposible decir que solo somos nuestro cuerpo físico. Ahora me he dado cuenta de que si no me atrevía a decir un 100% era porque yo misma aún albergaba una pequeña duda de estar equivocada. Pero el otro día se esfumó. Noté cómo desaparecía sin más, cómo el poco desasosiego que me quedaba se iba para no volver y me invadía una infinita paz interna. La razón fue que por fin descubrí el principio científico que explica que los seres humanos somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Ni siquiera las doctrinas religiosas o espirituales más elaboradas han llegado tan lejos. Esa era la última pieza que me quedaba para completar mi rompecabezas personal e intransferible sobre lo que somos y lo que venimos a hacer aquí. Era mi mente científica la que necesitaba ese último eslabón. Y leyendo a Rimpoché supe a qué se refería cuando habla de que todos podemos alcanzar la iluminación.


No creo en la iluminación como medio para liberarnos del samsara o “Rueda de la Vida”. No creo en el karma como lo plantean los budistas. No creo que esta especie de revelación final que he tenido me convierta en una especie de santa que ya solo se reencarnará para ayudar a los demás. Creo que nada asegura que en mi próxima encarnación no lo pasaré mal, por mucho bien que haya hecho a los demás en esta vida. No creo en ningún sistema de premio y castigo, lo llamen como lo llamen. Creo que el único propósito por el que estamos aquí es para experimentar, y volveré mientras me divierta o piense que tengo cosas que hacer aquí, no porque ningún karma me obligue a ello. Como bien dice Rimpoché:

Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

Con saber esto nos basta y nos sobra, y no entiendo por qué tenemos que complicar tanto las cosas y sacarnos de la nada tantas creencias absurdas que no nos llevan a ningún sitio.

lunes, 12 de enero de 2015

Sobre creencias, experiencias y la verdad.

Llevo semanas dándole vueltas a estos conceptos, porque veo que con frecuencia son confundidos y utilizados incorrectamente, en función de nuestros intereses. También veo que se usan como la opción políticamente correcta para decirte “Vete al carajo, cree lo que quieras que yo seguiré creyendo en lo que yo quiero”. Es decir, cuando alguien dice algo así como “No hay necesidad de debatir sobre esto, todos tenemos nuestra propia verdad”, sí, suena muy respetuoso y muy “espiritual”, pero en realidad te están diciendo que no creen una sola palabra de lo que les estás contando y no van a cambiar de opinión, así que deja de insistir porque lo que ellos creen que son solo tus creencias, no tienen ninguna validez para ellos. Esto me ha pasado montones de veces. Pero a lo largo de estos años he aprendido algunas cosillas, entre ellas: 
1. La Verdad es única. Sus interpretaciones son falsedades.
2. Es más fácil que la RAE cambie una palabra en el diccionario que hacer que alguien modifique sus creencias. No importa que les des un montón de argumentos lógicos y científicos para tratar de convencerles de que lo tuyo no es una creencia, sino una certeza que viene a consecuencia de mucha investigación y de tus propias experiencias. Si en la cabeza de alguien no cabe el concepto de reencarnación, no habrá forma de convencerle de lo contrario, preferirá seguir creyendo en aquello que entra dentro de sus esquemas mentales.

No estoy diciendo que esto sea bueno o malo, solo estoy describiendo objetivamente la naturaleza de los seres humanos. En entornos virtuales estamos juzgando constantemente a la gente sin ni siquiera saber de dónde vienen, y con frecuencia lo hacemos basándonos en nuestros propios prejuicios. Por ejemplo, si alguien pronuncia la palabra “astral” y nosotros hemos visto muchas insensateces e incongruencias entre personas que hablan del astral, vamos a dar por supuesto que esa persona está igual de loca, a pesar de que tenga una actitud totalmente científica y racional. El caso contrario se produce si esa misma persona antepone a su nombre la palabra “doctor”, o si se ha montado un “instituto” en el que se ofrecen cursos por más de 4000 euros para enseñarte algo que cualquier persona con verdadera experiencia te podría enseñar gratis. Pero, claro, como esa persona tiene estudios o gana dinero a costa de ti, solo por eso “debe estar en posesión de la verdad”. Y si lo escribes en un libro, ya ni te cuento. Se convierte en poco menos que la Biblia: palabra de Dios.

Volviendo a lo de antes, he de reconocer que yo muchas veces también acabo las discusiones con “Puedes creer lo que quieras”, y posiblemente la gente pensará que les estoy enviando al carajo. Pero eso no es cierto. En mi caso, la diferencia es que cuando yo entro en las discusiones no es porque “tenga una creencia sobre ello”, sino porque “tengo muy buenas razones para pensar así”. Razones basadas en mi propia investigación, en la ciencia, la lógica, o al menos en un sano raciocinio. Puede que me equivoque, claro, pero por lo general me baso en mis propias experiencias a lo largo de muchos años, y en el amplio conocimiento que he podido reunir leyendo las experiencias de otros. Claro que la mayoría de la gente esto no lo sabe, y como por lo general la gente no se molesta en conocer a la otra persona antes de juzgarla, sobre todo si es online, lo más fácil es recurrir al ataque personal cuando lo que dices contradice sus creencias. Yo les contesto “Cree lo que quieras” y pensarán que soy una arrogante porque me creo en posesión de la Verdad. Lo cierto es que lo único que ocurre es que sé que no voy a poder cambiar sus creencias, y en el fondo me da igual, así que puede seguir creyendo en lo que quiera.

Cuando comparto mis conocimientos con otras personas, muchas veces me siento como si tratara de explicar a un hombre de la Edad Media que debe hervir el agua porque si no lo hace los bichitos que hay en ella le van a producir diarrea e incluso la muerte. Él seguirá pensando que el agua está maldita porque tiene una vecina bruja que tiene poderes sobrenaturales y quiere vengarse de él, y pensará que lo mío es una creencia sin fundamento. Pero no, lo mío viene de mis conocimientos, de ver esos bichitos al microscopio, y de mi experiencia hirviendo el agua y comprobando que así deja de producir diarrea. No es algo que me haya sacado de la manga, ni una inspiración que me vino en un sueño, y por supuesto no es cuestión de fe. Es mucho, mucho más.

Cuando hay gente empeñada en creer que los viajes astrales son pura fantasía o que no son muy distintos a entrar en un estado de meditación profunda, donde tu consciencia se expande, y aunque le expliques que no es lo mismo, piensan que es una cuestión semántica, la conclusión es la misma para todos los que hemos experimentado de verdad un viaje astral: esa persona aún no ha conseguido tener una experiencia extracorpórea consciente. Es así de simple. Yo puedo insistir hasta la saciedad y repetir y repetir lo mismo hasta que mis dedos sangren de tanto teclear, pero no insisto por pura obstinación o por defender “mis creencias”. Insisto porque tengo ese conocimiento. Es igual que cuando Neil Armstrong se enfadaba si le decían que él no había estado en la Luna. Si alguien duda de ello, es como si te llamaran estúpido. ¿Es que crees que no soy lo suficientemente inteligente para distinguir si estoy fuera de mi cuerpo o no? ¿Es que después de toda la investigación que he hecho crees que no sé distinguir entre un sueño y una EEC? ¿Crees que no sé lo que es meditar y lo que es estar fuera de tu cuerpo, en otra dimensión? ¿Crees que me estoy engañando a mí misma? No, lo único que ocurre es que tú no puedes entenderlo aún porque no lo has experimentado. Igual que ni siquiera te puedes imaginar lo que un hombre ha sentido al pisar nuestro satélite, ni todo el trabajo que le debió suponer llegar ahí. Creo que Armstrong llegó a dar un puñetazo a alguien por insinuarle que todo eso era mentira, o al menos lo intentó. Y no es para menos... 

Pero así pasa con todo... Muchos de los que dicen creer en la reencarnación, creen en ella y ya está. Los verdaderos reencarnacionistas tenemos la certeza de que reencarnamos porque tenemos muchas razones para pensar que es así, y no se trata solo de nuestras propias experiencias. Pero, ¿cómo puedes explicar esto a alguien que jamás ha recordado por sí mismo? No merece la pena, cada día estoy más segura de ello. Y, sin embargo, cuanto más evidencias científicas encontramos, cuantos más misterios de la naturaleza humana encuentran una explicación en la reencarnación, y más se convierte en una certeza, alejándose más y más del ámbito de las creencias y la espiritualidad, más creo que debemos divulgar lo que sabemos y permitir a otros que investiguen y se convenzan por sí mismos. Es como saber que la Tierra gira en torno al Sol, mientras que el resto del mundo sigue pensando que es al contrario. No es que yo quiera convencer a nadie de mis creencias. Es que sé que es un hecho, es la única Verdad, y como tal un día será reconocida e integrada en nuestra civilización (si no nos autodestruimos antes).

Aquí hay que tener cuidado, porque a veces no nos damos cuenta de que nuestra propia interpretación de una experiencia es también una creencia. Es lo que ocurre con la falsa “Ley del Karma”, por ejemplo. Alguien trató de dar explicación a determinados hechos, y como sonaba tan bonito y todo encajaba tan bien, la mayoría de la gente se lo ha creído, sin ni siquiera molestarse en recordar por sí mismo y comprobar si eso es cierto. Claro que según esto muchos podrían decirme que mi creencia en la reencarnación sigue siendo una creencia, por muy convencida que esté. Bueno, por eso siempre digo que puedo estar equivocada, es cierto. Pero si tuviera que hacer una lista de diagnósticos diferenciales, igual que hago cuando tengo que diagnosticar una enfermedad, la primera opción en mi lista sería la reencarnación. La Verdad (la enfermedad que está produciendo unos síntomas determinados) es una, no doscientas. Y si está en el primer puesto de mi lista es porque tengo una gran probabilidad de acertar. Y no está ahí por capricho o porque yo lo haya elegido. Está ahí porque es el puesto que le corresponde después de observar fenómenos parecidos en cientos de personas, estudiar otros hechos que apuntan a la inmortalidad del alma, por sensaciones subjetivas que coinciden con sensaciones subjetivas de otras personas... en definitiva, por una serie de observaciones basadas en algo más que en pura fe. Si los médicos tuvieran que tratar a todos sus pacientes teniendo un diagnóstico definitivo, muchos de esos pacientes morirían porque el tratamiento no llegaría a tiempo. Por tanto, prefiero dar por cierta la reencarnación, aun a riesgo de equivocarme, porque así evito la muerte del paciente. Es decir, quizá aún no tenga medios para demostrar científicamente que la reencarnación es un hecho, pero si trato al paciente “suponiendo” que la enfermedad es la reencarnación, y el paciente se cura, es muy probable que la enfermedad fuera la reencarnación. Sería un diagnóstico indirecto. Y creo que ese es el punto en el que estamos. Si alguien me pregunta, le diré que no debería dudar de la existencia de la reencarnación porque muchos pacientes se han curado de sus traumas recordando vidas pasadas, o yo he encontrando las respuestas a muchas de mis preguntas trascendentales haciéndome consciente de quién fui en otros tiempos.

Muchas veces, cuando tratas de expresar tu opinión y algunos se lo toman como que estás intentando imponer tus creencias, la respuesta suele ser: “Cada uno sigue su propio camino espiritual, no puedes cambiar eso”. Y lo sé. También es cierto que la mejor forma de que la gente aprenda es que se estrellen ellos mismos contra la pared. Pero supongo que mi educación sanitaria me impulsa a evitar que la gente haga eso. Además, siento que esto (la reencarnación) cada vez tiene menos que ver con la espiritualidad. La “espiritualidad” —no la verdadera, sino la que nos quieren vender los creadores de la Nueva Era— es una nueva religión, con hermosos consejos para llevar nuestra vida algo mejor y darle sentido a nuestra estancia aquí. Personalmente, cuanto más pienso en la reencarnación, más convencida estoy de que obedece a cuestiones puramente “fisiológicas”, es un mecanismo natural del ser humano y no hay que darle más vueltas. Las distintas teorías espirituales son como tratar de dar un significado a por qué los glóbulos rojos forman parte de la sangre. ¿Tendrán algo que aprender? ¿Por qué son rojos? ¿Llevan una carga de oxígeno a sus espaldas porque en una vida anterior fueron virus malvados? ¿Si son atacados por parásitos sanguíneos que se adhieren a su membrana es porque ellos lo eligieron?

Estoy exagerando un poco y no me estoy burlando de nadie, que conste. Solo quiero expresar mis pensamientos al respecto: creo que a veces nos perdemos demasiado en tratar de dar una explicación trascendental a todo lo que nos pasa, y no tiene por qué ser así. Posiblemente las cosas son más fáciles de lo que pensamos. Pero nuestra mente es débil y no entiende el sufrimiento. Hay gente que se aprovecha de ello, de manera más o menos inocua, como vendiendo libros tratándote de convencer de algo que no es cierto, cuestión que no me preocupa demasiado... o bien haciendo mucho daño, como muchas sectas o muchas supersticiones, cuestión que sí que me preocupa, puesto que trae mucho sufrimiento a los seres humanos. Yo creo que si sabemos algo es nuestra obligación compartir ese conocimiento, no porque queramos extender “nuestra fe” igual que hacen muchos fundamentalistas, sino por el bien de la Humanidad, para acabar con tanta confusión y ayudar a la gente a no tener miedo o a que sufran menos por alguien que han perdido, por ejemplo. Luego, que cada uno haga con ese conocimiento lo que quiera, claro.

Entradas relacionadas:

sábado, 10 de enero de 2015

Integración.

Hemos estado hablando recientemente sobre la integración de vidas pasadas en los foros, y aunque estas últimas semanas he estado muy liada con las fiestas navideñas y otros temas familiares, y apenas he tenido tiempo de pensar en la reencarnación o en mis vidas pasadas, la integración ha estado en mi cabeza en los escasos momentos de tranquilidad que he podido disfrutar.

Y es que es un proceso muy curioso. Va mucho más allá de la tan manida "sanación espiritual" en la que no creo mucho, por razones que no me voy a detener a explicar ahora. Es un proceso que puede llevar años, pero creo que es muy satisfactorio, y es lo que te lleva al pleno convencimiento interno de que la reencarnación es un hecho, te lleva a aceptar a todas esas personas que has sido en el pasado y a reconocerlas dentro de ti en determinados momentos. Es cuando te das cuenta de que aunque has cambiado de cuerpo y ahora las circunstancias son distintas, en el fondo sigues siendo el mismo, viviendo una misma vida que se puede prolongar en el tiempo todo lo que tú quieras. Creo que está muy relacionado con algo que he comentado otras veces: esa sensación de paz y tranquilidad interna que te llega porque ya no tienes más dudas. Ya no tienes miedo de la muerte, ni de la vida, porque sabes que eres inmortal, y pase lo que pase, siempre estarás bien.

Ayer me estuve viendo el Episodio 7 de la segunda temporada de Ghost inside my child. En él se trataba un caso espectacular de reencarnación dentro de la misma familia. El niño, mientras la familia viajaba en coche, se dirigió a su madre con el apelativo de "honey", tal y como solía hacerlo un hermano fallecido de esa mujer. En otra ocasión describió cómo había muerto, mientras iba haciendo eses en una carretera... tal y como había fallecido ese hermano. Pero lo más impactante fue cuando, estando en casa de su abuela, a la hora de acostarse, le preguntó por un peluche amarillo llamado Froggy con el que quería irse a dormir, insistiendo: "Tú sabes a qué peluche me refiero". La abuela (madre del hermano fallecido), que por supuesto jamás había mencionado a nadie dónde estaba ese peluche, tuvo que ir a buscarlo a un armario y el niño lo reconoció al instante. La madre (antigua hermana) del niño, también comenzó a notar ciertas similitudes en la personalidad de ambos, ya que los dos tenían propensión a la ira.

Algunos llaman a esto "evidencias circunstanciales", o dicho más propiamente en castellano, "indicios". Yo me suelo preguntar qué prueba definitiva necesitamos para aceptar de una vez la reencarnación. Es cierto que tal y como está la ciencia actualmente, aún estamos muy lejos de poder demostrar la existencia del alma, y cómo esta abandona un cuerpo y renace en otro... pero vamos a ver, si es blanco y en botella, ¿no es leche? No, es verdad, también puede ser horchata. Ni siquiera entre la leche de vaca y la leche vegetal hay mucha diferencia, sigue siendo blanca y en botella. No sé, personalmente creo que seguir negando la reencarnación es cuando menos absurdo.


Pero en este caso hablaba de esa integración que se produce cuando por fin aceptas que has sido esa otra persona. Y ponía el ejemplo de ese niño porque no puede estar más claro que su alma se reencarnó en la misma familia e incluso había esa similitud en la personalidad. Esto me recordó a esos momentos en los que reconoces a esa persona del pasado en ti. Yo recuerdo muchas vidas pasadas y siento que soy el resultado de todas esas experiencias. He cambiado en algunas cosas, pero sigo sintiendo que soy la misma, y según la situación en la que me encuentre, reconozco algunas de las características de personalidad predominantes en épocas pasadas. Por ejemplo, sé que si trabajo en equipo (especialmente si es online) tiendo a tomar las riendas, si me dejan. Intento evitarlo porque en esta vida no tengo especial interés en estar al mando, seguramente porque ya lo he vivido, pero aún así el impulso interno continúa estando ahí. También sé que en las discusiones, si no me controlo, puedo llegar a ser muy obstinada, aunque poco a poco también voy controlando ese aspecto, porque sé a dónde me llevó un comportamiento parecido en el pasado. No es que sea malo de por sí, es solo que de momento no me interesa acabar de esa forma. Quizá si hubiera una revolución como las de antaño y me obligaran a defender mis derechos, probablemente actuaría de la misma manera.

Bien, pues esto me pasa con todas esas vidas pasadas. Y creo que eso es integración, es una especie de reconocimiento de que esa persona cuya vida empezaste a recordar no es "una tercera persona", eres tú mismo, y sigue dentro de ti. Puedes seguir siendo igual a como eras, si así lo deseas. Puedes seguir sus consejos sobre cómo actuar esta vez, o puedes ignorarlos. Ya no intentas rechazarlos porque te traigan tristeza o malos sentimientos. Ahora les das la bienvenida, los sientas a tu mesa y charlas con ellos como viejos amigos. En el fondo, están siempre contigo porque nunca se fueron.

A mí me encanta esa sensación. Es otra de las cosas que tus vidas pasadas pueden hacer por ti. Y llegar a ese instante merece la pena.

ENTRADAS POPULARES

Entrada destacada

La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

DERECHOS RESERVADOS

Registrado en Safe Creative
Safe Creative #1503200166082

Si quieres utilizar parte del texto, por favor, pregúntame antes. No me importa compartir lo que escribo, siempre que se me pida permiso y se haga referencia a la autora.

MUY IMPORTANTE

La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN
Si te gusta lo que lees en este blog, debes saber que esto es una mínima parte de lo que puedes encontrar en nuestra comunidad de Foro Reencarnación. Mucha más información, muchos más enlaces, pero sobre todo, muchas más personas con similares experiencias que podrán ayudarte en tu búsqueda personal. Visítanos, recuerda que no estás solo.

MILITARY PAST LIVES

MILITARY PAST LIVES
Si recuerdas una vida pasada militar o en tiempos de guerra y quieres conocer a personas que han pasado por lo mismo y que pueden comprenderte, no dudes ni un segundo en unirte a nosotros. Algunos de los traumas más fuertes tienen su origen en estas vidas, y todos necesitamos hablar de ello y ser escuchados. (Foro en inglés).

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.