jueves, 6 de octubre de 2016

¿Es peligroso recordar vidas pasadas?

El otro día vi que alguien había llegado a mi blog haciéndose esta pregunta, así que voy a responderla:

¿Es peligroso recordar vidas pasadas? No.

Fin de la entrada.

Vale, supongo que esperáis alguna explicación adicional. Veamos...

Ir a escalar el Everest, eso sí que es peligroso, porque puedes morir. Conducir un coche por la autopista, sí, eso también es peligroso, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Nadar en un mar lleno de tiburones, montarte en la montaña rusa, tirarte en paracaídas, fumar tabaco o marihuana... todo eso es peligroso. Tu vida y a veces tu mente corren peligro si realizas alguna de estas actividades.

¿Recordar vidas pasadas?

Creo que el único peligro de recordar vidas pasadas es que queráis hacerlo con un terapeuta y este terapeuta resulte ser un fraude, es decir, alguien que sabe hacer regresiones pero no tiene ni idea de cómo tratar traumas psicológicos, alguien que os haga creer que mirando una bola de cristal os puede contar algo sobre vuestras vidas pasadas, o alguien con determinadas creencias que también te haga creer a ti que lo que te pasa es consecuencia de tu mal karma. Por ello siempre os aconsejo que si veis un vidente, un gurú o algo que se le parezca, salgáis corriendo, lo más rápido que podáis. Por lo demás...

Pensemos un poco. ¿Es peligroso recordar hechos de tu infancia? Bueno, si resulta que tu tío te asaltaba sexualmente, desde luego que destapar de repente esos recuerdos te va a desequilibrar emocionalmente y vas a necesitar de verdad a alguien que te apoye y te ayude a superar esas emociones. Por ello, si sospechas de algún trauma de este tipo, o simplemente quieres estar tranquilo por ser la primera vez que lo vas a hacer, acude a un buen especialista en terapia regresiva. Pero créeme, tener este tipo de traumas en tu pasado no es lo más frecuente.

Si optas por la autohipnosis o la meditación, tu mente jamás te va a dejar ver nada para lo que no estés preparado psicológicamente. Esto es un hecho. Esto no significa que no tendrás que enfrentarte a todo tipo de emociones que a veces te van a dejar bastante exhausto. Recordar vidas pasadas no es peligroso, pero tampoco es un juego, eso sí que lo debemos tener presente.

Pero aquí hablábamos de peligro. Y como decía al principio, si normalmente no es peligroso recordar hechos de tu infancia, ¿por qué iba a ser peligroso recordar vidas pasadas? Aun cuando saliera a la luz algún trauma, empezar a recordar es solo el primer paso hacia la sanación. Esto significa que aunque el terapeuta puede ayudar, y mucho, eres tú el que tiene que aprender a utilizar las herramientas para que esos hechos no te sigan afectando en tu vida actual. Es difícil, lo sé, pero de todo se sale. Si no, mira todos los veteranos de guerra que existen en el mundo, las víctimas de violencia doméstica que consiguen rehacer sus vidas, o los transexuales que han tenido que soportar burlas y prejuicios durante toda su vida pero finalmente consiguen hacer la transición al sexo opuesto y empiezan a sentirse bien.


Recordar vidas pasadas no significa hacer nada extraño. Solo significa eso: RECORDAR. Además, normalmente lo haces recostado o tumbado, en un ambiente tranquilo y protegido, y si algo que empiezas a ver te incomoda, te mueves, te levantas y te pones a hacer otra cosa. Igual que cuando cambias el canal de la televisión. Sí, de acuerdo en que recordar cómo has muerto en una vida pasada no es algo muy normal, y al principio puede dar bastante miedo. Frankenstein también da bastante miedo, otra cosa es que sea peligroso. Las emociones son parte de la vida, rechazarlas o bloquearlas cuando están en tu subconsciente por alguna razón, no te va a llevar a ningún sitio. La muerte también forma parte de la vida, y cuanto antes aprendas eso, mejor te irá cuando tengas que enfrentarte a la pérdida de un familiar. Con el tiempo te darás cuenta de que la muerte supone una liberación, y aunque siempre es un tránsito incómodo, acabarás comprendiendo que no tienes nada que temer de ella. Creo que es mucho más peligroso vivir de espaldas a la muerte, como hace la mayoría de la gente. Luego, cuando llega el momento, nadie está preparado para morir.

Ahora, si estás pensando en que haciendo una regresión te vas a quedar perdido en el pasado, te diré claramente: eso es imposible. Sí, es muy probable que una vez que hayas abierto las compuertas, haya periodos en tu vida en que las emociones de vidas pasadas te inundarán. Es lo que algunos reencarnacionistas llamamos past life mood. Pero por mucho que encuentres cierta evasión en tus recuerdos y por mucho que quieras perderte en tu nostalgia, ¿sabes qué? Tu vida presente te obligará a salir de ese estado tarde o temprano y volverás a olvidarte de tu pasado. Posiblemente esto sea un hecho fisiológico. Estamos programados para focalizarnos en el presente. Muchos dicen que para eso está la meditación. Sí, es verdad: la meditación te ayuda a vivir el aquí y ahora. El problema es que si hay asuntos del pasado que están sin resolver, posiblemente acudirán a ti mientras meditas para que los resuelvas y así puedas centrarte en el presente. Por eso nuestros recuerdos de vidas pasadas acuden con frecuencia mientras meditamos. Así que olvídate de ideas preconcebidas y vacíos consejos espirituales, y haz lo que te pida el cuerpo en cada momento. Si sientes que algo del pasado te está afectando, no está mal que te centres en ello para desbloquear cualquier emoción que provenga de una vida pasada.

La verdad es que no se me ocurre ningún otro peligro potencial de recordar vidas pasadas. A estas alturas hace tiempo que superé mis miedos y me es difícil imaginar qué miedos puede tener un principiante, así que si te preocupa algo en concreto, dímelo en los comentarios y trataré de resolver tus dudas. Lo que yo te puedo decir es que llevo haciéndolo casi cinco años, y mira, aquí estoy, vivita y coleando y bastante más equilibrada mentalmente de lo que estaba antes de empezar a recordar. No me ha poseído ningún espíritu, ni me he quedado atrapada en el siglo XVII, ni he empezado a hablar en latín, ni sufro ningún trastorno de personalidad múltiple. Tampoco he matado a nadie por no creer en lo mismo que yo, como hacen algunos miembros de ciertas religiones. Más bien al contrario, no he hecho más que aprender y crecer con la ayuda de otras personas que se han cruzado en mi camino y me han enseñado a utilizar diversas técnicas y a manejar mis emociones provenientes de vidas pasadas. Así que, si tienes miedo de recordar vidas pasadas, no te preocupes y hazlo. El viaje es toda una aventura, eso te lo puedo asegurar. Pero si no lo empiezas, nunca lo descubrirás...

Información relacionada:

jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Por qué recordamos vidas pasadas?

Una de las preguntas más frecuentes que nos hacemos los reencarnacionistas es qué sentido tiene recordar vidas pasadas. Es una idea muy extendida, y parcialmente falsa, que si recordamos es porque necesitamos sanar de algo. No, esto no siempre es así. Hay muchísimos casos de niños que recuerdan y no tienen ningún trauma asociado, se pueden encontrar fácilmente en la literatura de reencarnación. A veces estos incluso nos sorprenden porque para ellos la muerte es lo más natural del mundo. Nos dicen que un día eran grandes, y al otro volvieron en un cuerpo pequeño, de niño o de niña, da igual.

En adultos pasa algo parecido, lo que ocurre es que estamos demasiado acostumbrados a escuchar los relatos que cuentan pacientes de terapia regresiva, los cuales, como es obvio, acuden a un profesional porque sufren de algún problema físico o psíquico que no ha podido ser resuelto por la medicina convencional, y piensan que tal vez encontrarán el origen de esos problemas en una vida pasada. Mientras tanto, nos pasan desapercibidos los casos de adultos que recuerdan vidas pasadas y que jamás han acudido a un terapeuta porque la presencia de esos recuerdos no ha llegado a producir ninguna alteración grave. No tengo una estadística que lo confirme, porque por desgracia nadie se ocupa de hacer estadísticas de este tipo por el momento, pero casi me atrevería a afirmar que en la mayoría de los casos recordar vidas pasadas no lleva aparejado ningún trauma especialmente duro. Es decir, no todos los que recuerdan vidas pasadas van a recordar haber vivido guerras, terremotos, asesinatos o violaciones. Los recuerdos mundanos y totalmente pacíficos son también frecuentes.

Ahora, haya o no trauma, lo que sí no van a faltar jamás son emociones. Y aunque aquí podríamos entrar en un debate interminable, aún no comprendo qué es lo que hay que sanar si sientes rabia, tristeza, nostalgia, dolor o incluso odio. ¿Por qué “sanar” una vida pasada cuando en esta vida presente también vas a sentir rabia, tristeza, nostalgia, dolor o incluso odio por miles de cosas que te van a suceder? Vivir implica tener emociones. Somos humanos, es natural sentir emociones, y creo que nuestra misión (o una de ellas) es aprender a dominarlas o, al menos, templarlas. El único problema es asumir que con la muerte acaba todo, y que nuestras emociones provienen solo de esta vida. Cuando te cambia la perspectiva, te das cuenta de que no tiene sentido “sanar” nada. ¿O es que estamos todos enfermos por echar de menos a tu padre muerto, por sentir remordimiento al haber pasado años sin hablarte con tu hermano por una rencilla estúpida, o por llorar a una víctima de guerra? Si el tiempo pasa, ese asunto no se resuelve y las emociones se quedan enquistadas, da igual que hablemos de hace cincuenta años cuando éramos jóvenes, o de hace doscientos cuando teníamos otro cuerpo.


Los que recordamos vidas pasadas y lidiamos con esas emociones a lo largo de los años no tardamos mucho en comprender que esas emociones no van a desaparecer así como así. Y no importa que un terapeuta te lleve a un estado de hipnosis más o menos profundo y te “sugiera” que resuelvas tu problema ya. La sanación instantánea no existe. Y quizás tampoco la no instantánea, porque no se trata de sanar nada, sino simplemente de aceptar e integrar. Si de verdad tenías un trauma al comenzar a recordar —por ejemplo, en mi caso, sufría de ansiedad y depresión— vas a notar que después de un tiempo esos hechos traumáticos te van a afectar menos, y vas a controlar mucho mejor esas emociones. El dolor se va a amortiguar, no va a interferir con tu vida normal, vas a poder hablar de ello de manera más desapegada. Pero eso no se diferencia en nada a superar un shock postraumático que hayas sufrido por un accidente de tráfico en esta vida, o por un atraco a mano armada, o porque estabas trabajando y la sierra que manejabas te dejó sin los dedos de una mano. Y sin embargo, creo que ningún médico, ni posiblemente ningún psiquiatra, le dice a una de estas personas que “tiene que sanar sus emociones”, precisamente porque sabe que todo trauma necesita de un proceso en el que se pasará por todo tipo de emociones, igual que ocurre con el duelo. No sé por qué razón, cuando hablamos de vidas pasadas, parece que hablamos de algo asociado con la “espiritualidad”, cuando en realidad una vida pasada fue igual de física que esta, y probablemente mucho más fastidiada, ya que no contábamos con los avances científicos y tecnológicos con los que contamos ahora.

Pero entonces, si resulta que el sentido de recordar vidas pasadas no es la sanación, ¿cuál es? ¿Por qué recordamos vidas pasadas? ¿Qué sentido tiene recordar que viviste ciertos acontecimientos con una persona determinada si esta persona no recuerda? ¿Qué sentido tiene recordar cómo me afeitaba en el siglo XVI o cómo era la pila en la que fregaba los cacharros en el siglo XIX si se supone que recordamos para sanar? La conclusión a la que he llegado es que no hay una razón clara y definida por la que recordamos vidas pasadas. Nunca me cansaré de decir que la reencarnación es un fenómeno natural y universal, y no me importa que me miren con cara de incredulidad. Sí, natural y universal. Y todos podemos recordar… si lo necesitamos, si decidimos abrir la puerta, si es eso lo que queremos (y a veces incluso sin quererlo, al menos aparentemente). Dicho con otras palabras, cada día estoy más convencida de que recordar es simplemente una opción personal. Puede que esto lo decidamos antes de encarnar o quizá durante la propia encarnación, a mí eso no me preocupa demasiado. Y además, es un proceso totalmente individual, introspectivo, que solo sirve para la persona que lo experimenta, en función de sus necesidades en ese momento. Sin duda, recordar vidas pasadas no sirve para demostrar la reencarnación. No sirve tampoco para organizar una secta, ni para cambiar el mundo, ni para elevar el grado de consciencia de los seres humanos, ni para que evolucionemos espiritualmente, ni para “sanarnos” de nada, porque no hay nada que sanar. Creo firmemente que recordar vidas pasadas es solo una manifestación más de nuestra naturaleza humana, de nuestra psique si se quiere. Es tan natural como respirar, y todos recordamos en mayor o menos medida aunque no seamos conscientes de ello, aunque hayamos olvidado o jamás hayamos reparado en ello. Por tanto, recordar tiene el mismo sentido que otras cosas que existen en la naturaleza: tal vez ninguno, tal vez el que nosotros queramos darle. He conocido decenas de personas que recuerdan, y cada una tiene su propia forma de enfrentarse a esos recuerdos, cada una sigue su propio camino según lo que le dicte el corazón, y cada una llega a sus propias conclusiones. Algunos prefieren dejar todo atrás, otros prefieren hacer de la reencarnación una parte más de sus vidas, y no, no por ello viven perdidos en el pasado o están menos sanos que los demás. Todo depende de cómo quieras tomarte las cosas, de qué es lo que quieres hacer con tu vida, de cómo decides utilizar los instrumentos que nos dan. No hay necesidad de buscar más allá ni de perderte en creencias que no tienen por qué ser ciertas.

Querer buscarle un sentido trascendental a recordar vidas pasadas, o incluso a la reencarnación en sí misma, quizá sea equivalente a querer ver dioses en fenómenos naturales como el trueno o el relámpago. Los humanos necesitamos darle un sentido a todo aquello que observamos y no comprendemos. Y la historia nos dice que en el pasado, en la mayor parte de las ocasiones, estábamos equivocados.

Entradas relacionadas:
Reflexiones sobre la sanación. 

 

ACTUALIZACIÓN 10/9/2016


Curiosamente, ayer leía en el libro Old Souls de Tom Shroder: 
“En muchos de los casos de Stevenson, los niños parecen mostrar fobias relacionadas de algún modo con sus recuerdos de vidas anteriores. Stevenson encontraba esto intrigante. También explicaba por qué él era escéptico acerca de la presunción detrás de la idea de la regresión hipnótica a vidas pasadas, que tras ‘revivir’ traumas de vidas pasadas, los síntomas de la vida presente del paciente desaparecen.
—La mayoría de los niños que he estudiado recuerdan traumas de vidas pasadas con gran detalle —me había dicho—. Eso no hace que dejen de tener fobias.”
Y sin embargo, en un caso que estaba estudiando, alguien que había muerto en un accidente de tráfico afirmaba que le encantaban las carreras de Fórmula 1. Por tanto, quizá deberíamos tener mucho cuidado a la hora de hacer generalizaciones. Y, sobre todo, dejar atrás tantas ideas equivocadas que tenemos sobre la hipnosis regresiva y la forma en la que las personas superamos nuestros traumas de vidas pasadas… si es que los tenemos.

   

jueves, 1 de septiembre de 2016

¡No sé meditar!

Demos unos consejos prácticos hoy. Ya sabemos que la meditación es una de los principales métodos que tenemos para recordar vidas pasadas. ¿Cómo? ¿Que no lo sabías? ¿Que llevas diez años acudiendo a un centro de meditación y nunca te han dicho que la puedes usar para recordar vidas pasadas? Sí, suele pasar... porque la reencarnación es un tema un tanto incómodo para muchas personas, y sospecho que prefieren evitarlo. Sin embargo, es una de las cosas que primero aprendí cuando empecé a investigar. En otros países se ve de manera mucho más natural. Y no, meditar no es tan complicado como parece.

¿Que eres incapaz de estarte quieto en un sitio? ¿Que no puedes poner tu mente en blanco por más de dos segundos? Quizá tienes un concepto algo equivocado de lo que es la meditación.

Veamos, según la Wikipedia:
La meditación es una práctica en la cual el individuo entrena la mente o induce un modo de conciencia, ya sea para conseguir algún beneficio o para reconocer mentalmente un contenido sin sentirse identificado/a con ese contenido, o como un fin en sí misma.

El término meditación refiere a un amplio espectro de prácticas que incluyen técnicas diseñadas para promover la relajación, construir energía interna o fuerza de vida (Qi, ki, chi, prana, etc.) y desarrollar compasión, amor, paciencia, generosidad y perdón. Una forma particularmente ambiciosa de meditación tiene como fin conseguir sostener la concentración en un punto sin esfuerzo, enfocado a habilitar en su practicante un estado de bienestar en cualquier actividad de la vida.

Hmm... interesante. Si es que has entendido algo, porque yo no, entre otras cosas porque no tengo ni idea de lo que es el prana y lo de “sostener la concentración en un punto sin esfuerzo” me suena a chino. Y menos mal que hemos recurrido a la Wikipedia...

Si sigues mínimamente mi blog o conoces mi libro La Caja de Pandora, sabrás que uno de mis principales consejos es: no te compliques la vida. Yo lo hice en su tiempo, mucho antes de empezar a recordar vidas pasadas, mucho antes de saber que mediante meditación podía recordar (porque mi única intención era aprender a meditar). Me fui a una librería y me compré un librito que parecía bastante esclarecedor, pero todo lo que tenía de fino lo tenía también de infumable. No entendí ni una palabra, y en la práctica no me sirvió absolutamente para nada. Dinero malgastado.

Años después encontré el foro Child Past Lives, y allí, gratis, encontré los consejos realmente útiles que había estado buscando. Ahora tú también los tienes disponibles en Foro Reencarnación. 


En palabras sencillas, la meditación es un estado alterado de consciencia, sí, pero no te imagines nada extraño con esto. Esto solo quiere decir que es un estado distinto al de la vigilia, igual que lo es el sueño. Que sea un alterado de consciencia no significa que estés necesariamente en un trance tipo “pínchame con una aguja que no voy a sentir nada” o que hayas perdido el conocimiento, aunque yo en muchas ocasiones sí que utilizo la palabra “trance”, porque lo que sí es verdad es que tu mente está funcionando de manera distinta y necesito de algún término para diferenciarlo.

Ahora, ¿cómo llegas ahí? ¿Poniendo los ojos en blanco y sin pensar en nada? No. ¿Sentándote inmóvil en un cojín y recitando el mantra OM hasta que empiezas a sentir calambres en las piernas? No. ¿Fumando un poco de marihuana y observando cómo las volutas de humo cogen formas de animalitos? No, tampoco, esto último tiene otro nombre. 
Meditar supone principalmente entrar en un estado profundo de relajación, tanto del cuerpo como de la mente. Bueno, quizá quitaría lo de profundo, porque a veces ni siquiera hace falta que sea tan profundo para entrar en “trance”. Muchas personas no saben que estar viendo la tele, prestando un mínimo de atención, de modo que tus preocupaciones de la vida diaria quedan en un segundo plano, ya es un estado muy próximo a la meditación. Conducir un buen rato por una carretera, escuchando o no música, prestando un mínimo de atención (por tu bien) de manera que al mismo tiempo puedes ir pensando relajadamente en qué te vas a hacer para cenar, ya se parece mucho a meditar. ¿No te ha pasado nunca que llegas a tu destino y apenas te acuerdas de por dónde has pasado porque ibas distraído en tus pensamientos? ¿Crees que es casualidad que los niños tienen recuerdos espontáneos de vidas pasadas cuando van en coche o les estás bañando? Pues ya sabes por qué...

Por supuesto, normalmente vivimos abrumados por el estrés, por lo que relajarnos no es tan fácil. En este caso tendrás que ponerte cómodo, pero no tan cómodo como para que te vayas a quedar dormido. Si no estás muy cansado, puede que te sirva tumbarte en la cama. Personalmente prefiero un sofá, para tener la espalda recta y poder apoyar levemente la cabeza en el respaldo. Tampoco debes estar muy cansado mentalmente, porque entonces no encontrarás la voluntad necesaria para hacer que la mente deje de distraerse en cosas que ahora mismo no tienen importancia.

Una vez que estés cómodo, respira profundamente cinco o seis veces, de modo que sientas cómo el ritmo de tu corazón se enlentece. ¿Que no lo logras? Pues respira más. Relaja cada parte de tu cuerpo individualmente. Si no sabes cómo hacerlo, ayúdate de un vídeo o grabación que encontrarás en internet. Hay cientos de ellas.

El segundo punto en toda meditación es alcanzar un estado de concentración mental que te mantenga alerta pero que no te suponga un excesivo esfuerzo. Quizá esto es lo más difícil de conseguir. Es decir, tu mente ha de estar relajada, pero no dormida. Tiene que estar activa, pero no hiperactiva. No es el estado de concentración que tienes cuando estás estudiando o tratando de memorizar, sino el estado de concentración que tienes cuando estás viendo algo en la tele sin prestar excesiva atención. Debes OBSERVAR. Por algo a la meditación también se le llama “estado de contemplación”. Muchas personas creen que el fin último es tener la mente en blanco. Nada más lejos de la realidad. El estado natural de la mente es pensar. Todo el tiempo. Tú debes tener la voluntad de cambiar esos pensamientos y dirigirlos a lo que realmente quieres hacer, que quizá no es recordar vidas pasadas, sino sentir compasión por los demás, como decía el artículo de la Wikipedia, o al menos dejar de odiar a tu suegra. El objetivo lo pones tú, pero cualquiera que sea el objetivo, lo primero que tienes que hacer es acallar tu mente, porque nada lograrás si sigues preocupado por el informe que tienes que presentar mañana en el trabajo o en el arañazo que te han hecho en el coche y que quieres llevar a reparar. Tienes que olvidarte de los asuntos mundanos, los que tienen lugar en el mundo exterior, y centrarte en ti mismo, en tu interior. Esto puede que lo consigas dejando la mente en blanco, pero normalmente es más fácil si utilizas la meditación activa, que es sinónimo de visualización creativa. Y por si alguien se lo está preguntando, NO, esto aún no es recordar vidas pasadas, porque los recuerdos no te los imaginas, los recuerdos vienen por sí solos. La línea entre imaginar y recordar puede parece delgada, eso es cierto, pero esto solo ocurre hasta el momento en el que empiezas a experimentar.   


  
¿En qué consiste la meditación activa? Para conseguir ese estado de concentración ideal es muy bueno que te imagines alguna escena que te haga sentir bien. Esta es la única inducción que encontrarás en las grabaciones de autohipnosis. Puedes seguir sus indicaciones o crear tu propio escenario, y cuando te sientas lo suficientemente relajado y concentrado, entonces puedes introducir un elemento que te lleve a una vida pasada, aunque esto no implica que siempre vayas a tener éxito. Yo tengo varios escenarios favoritos. El que más utilizo es el del jardín, al que llego bajando unas escaleras. Con cada peldaño que bajo, me voy relajando más y más. Una vez que termino de bajar la escalera, llego a una especie de salón, y ahí hay una puerta que conduce al jardín. Según el día, este jardín aparece de una forma u otra. A veces es de día, otras veces es de noche. A veces los árboles son frondosos, otras veces las hojas están amarillentas y se caen. Siempre suelo ir a visitar a mis bonsáis, todos distintos y tan bonitos. Paseo un buen rato y busco un sitio donde descansar. A veces es suficiente con encontrar una hamaca, me tumbo ahí y entonces espero a que surjan las imágenes del pasado. Otras veces tengo que llegar al que yo llamo río de la Vida. Hacia la derecha está su nacimiento, y de ahí es donde vienen los recuerdos de mis vidas pasadas. Y cuando quiero profundizar aún más y acceder a recuerdos que podrían ser algo más fuertes o traumáticos, voy hasta la entrada de una cueva oscura, que tiene una puerta de barrotes de hierro con candado. Debo abrirla con plena consciencia, bajar a la oscuridad húmeda, y vencer mi propio miedo para enfrentarme a esos recuerdos. Es fundamental sentirte preparado y darte permiso para ver algunas cosas.

Aparte de la visualización creativa, existe otro método que a mí me ha dado muy buenos resultados: conectarte con el corazón. Dicen que en el tercer ojo se registran los hechos, mientras que en el corazón se registran las emociones. Tienes que sincronizar ambos para empezar a ver y a sentir tus recuerdos de vidas pasadas. Si has hecho una pregunta antes, es muy importante que primero te olvides de esa pregunta, porque viene de tu mente lógica y ahora tienes que conectar con tu mente intuitiva. Después:
  • Cierra los ojos.
  • Intenta estar presente EN tu cuerpo.
  • Mueve tu mano sobre tu corazón, a unos 12 cm. aproximadamente.  
  • Siente la vibración en el centro de tu corazón.
  • Nota cómo tu consciencia se expande.
  • Imagina una línea de luz que parte de tu corazón y se conecta con el centro de tu frente, que es donde se encuentra el chakra del tercer ojo.
               
No tengas miedo de las emociones. Si has notado cómo en tu corazón había cualquier cosa, como odio, tristeza, rabia... SIÉNTELO, concéntrate en ello, y deja que la conexión con tu tercer ojo haga aparecer la parte visual de esa sensación. Puede que empieces a ver cómo y dónde se originaron esas emociones. Vívelas hasta el final, porque ese es el primer paso para la sanación, si es que hay algo que sanar.

Además, no hace falta permanecer inmóvil para meditar. De hecho, mientras estás en trance, necesitarás moverte. Y recuerda que existen muchas prácticas que inducen estados de meditación y que son muy recomendables para tu salud física y mental: tienes el yoga, el Qi Gong o Chi Kung, el Tai Chi, incluso, si te atreves, la danza sufí que practican los derviches de Turquía.

¿Sorprendido? Esto es meditar, ni más ni menos.

Más información:

miércoles, 3 de agosto de 2016

Recuerdos espontáneos de vidas pasadas.

¿Cómo? ¿Crees que los recuerdos espontáneos de vidas pasadas no existen? ¿Que solo los videntes pueden tener “visiones” de otras vidas? ¿Qué a ti no te ha pasado nunca ni jamás te pasará?

Déjame decirte que estás completamente equivocado.

Verás, yo era como tú hace unos cinco años. ¿Crees que nací siendo reencarnacionista? No. Yo crecí en la misma sociedad que tú, fui bautizada e hice la comunión como todos los niños católicos. Nadie me habló de reencarnación. Además, estudié una carrera de ciencias, donde me enseñaron a pensar con objetividad, lógica y un tremendo materialismo. Cuando me puse por primera vez una grabación de autohipnosis, era igual de escéptica que tú. Pensaba que estaba siendo estúpida creyendo que de ahí iba a salir algo relacionado con mis vidas pasadas. Me sentía ridícula. ¿Qué pasó en los años que siguieron que me hizo cambiar tanto? LA EXPERIENCIA PERSONAL. El esfuerzo que hice investigando la reencarnación y mis propios (supuestos) recuerdos. Sintiendo cómo mi intuición se hacía más fuerte, y siendo testigo en primera línea de vivencias que pensaba solo eran posibles en los libros de Brian Weiss. Todo eso desafió mi lógica y mi raciocinio. Y después de verificar con nombres y apellidos dos de mis vidas pasadas, ya no tuve duda de que la reencarnación es un hecho. Aunque a veces lo parece, si lees mis posts de forma aislada o desordenada, eso no ocurrió de la noche a la mañana.

Una de esas vivencias es la aparición de recuerdos espontáneos, que me sorprendieron desde el primer momento. Sí, yo también pensaba que solo personas con capacidades paranormales tenían ese tipo de “poderes”. Pero no. Investigando la reencarnación y hablando con muchas personas que recuerdan sus vidas pasadas, me di cuenta de que los recuerdos espontáneos ocurren con mucha más frecuencia de lo que creemos. A algunas personas les pasa desde la infancia. Ese nunca fue mi caso, pero después de un tiempo meditando con regularidad, me empezó a pasar, lo que demuestra que no es nada raro, que a ti también te puede llegar a pasar. Es solo cuestión de entrenar tu mente un poco y aprender a diferenciar esos recuerdos de simples fantasías que todos podemos tener mientras hacemos nuestras tareas cotidianas.

Que se llamen espontáneos no quiere decir únicamente que aparezcan solos. No siempre, pero suele haber algún tipo de desencadenante o trigger que los haga aparecer, aunque solo sea un pensamiento o una emoción que hayamos sentido durante el día. Se llaman espontáneos para diferenciarlos de los recuerdos que se obtienen por otros métodos como la meditación o la hipnosis. A diferencia de estos últimos, los recuerdos espontáneos ocurren durante el periodo de vigilia, no mientras estás en un estado alterado de consciencia. Aunque, si te he de ser sincera, en realidad no existe mucha diferencia entre unos y otros cualitativamente. Sí que he notado que los recuerdos espontáneos, a veces también llamados “flashes”, suelen ser más breves. Llenos de detalles igualmente, y con la misma textura que los recuerdos de vidas pasadas, pero al estar en estado de vigilia no llegan a tener la misma profundidad. La emoción puede que sea igual de fuerte, pero no es fácil acceder a toda la información que acompaña a ese recuerdo.




¿Cuándo aparecen los recuerdos espontáneos? 


En realidad, pueden aparecer en cualquier momento. Esto depende de la persona. Pero sí que son más frecuentes cuando estás realizando alguna tarea rutinaria para la que no necesitas usar mucho el cerebro. Por ejemplo, mientras estás planchando, haciendo la comida, cosiendo, dibujando, coloreando mandalas. También escribiendo. Mientras haces deporte y tienes la mente tranquila, mientras conduces, mientras viajas. En todas estas situaciones lo que ocurre es que tu mente entra en un estado muy parecido al de la meditación. Recordemos que la meditación no es nada raro, ni la hipnosis tampoco. Estar levemente concentrado en algo ya es estar en ese estado, esto no lo digo yo, sino los propios hipnoterapeutas. Al tener tu mente tranquila, la información que tenemos en el subconsciente sale a la luz con mayor facilidad, y por eso pueden aparecer esos flashes o visiones de vidas pasadas. Por supuesto, si practicas meditación con regularidad, esa paz interior te acompañará el resto del día, y será más fácil que te vengan esos recuerdos, que es lo que me ocurrió a mí.

Otra situación en la que pueden aparecer recuerdos espontáneos es cuando vas a un lugar directamente relacionado con alguna de tus vidas pasadas, o bien un lugar que te recuerda algo que pasó en el pasado, y entonces experimentas no solo un breve flash, sino una escena completa, llena de información y emociones. A veces puede ser tan fuerte que te afecta físicamente. Es lo que algunos reencarnacionistas llamamos “La Reacción”, de la que ya hablé en este blog. Esto sería una situación extrema, no tan frecuente pero tampoco excepcional para los que recordamos vidas pasadas.

La primera vez que yo tuve un recuerdo espontáneo me sorprendió totalmente. Y, por supuesto, dudé mucho de esa imagen hasta que no empezó a desarrollarse la escena durante una meditación. No recuerdo si en aquel momento había estado meditando o no la noche anterior. Es probable porque esto me pasó desde la primera vez que hice una regresión: al día siguiente tu mente está aún bastante receptiva, parte de ella está aún como perdida en esos recuerdos que obtuviste, y es frecuente que obtengas información adicional. Estaba cortando unas verduras para la comida y de pronto la imagen apareció nítida en mi cabeza: un mostrador de madera, como el de las tiendas antiguas, y la mano de alguien que ponía sobre el mostrador una pistola Colt, la típica de las películas del Oeste. Eso fue todo. Sí, al principio puedes dudar si no es algo que viste en una película, o algo que imaginaste mientras leías un libro. Incluso puede ocurrir que si no sabemos lo que son, los desechemos sin más, pensando que no significan nada, que son pura fantasía. Con el tiempo te das cuenta de que los recuerdos se sienten muy distintos y no se pueden confundir con ese tipo de imaginaciones. Desde entonces, me ha pasado varias veces. Y se hace extraño, cuando tus vidas pasadas comienzan a formar parte de tu vida actual pero para ti es lo más natural del mundo, porque ya sabes que la reencarnación es un hecho. Es cuando empiezas a convertirte en un verdadero reencarnacionista.

¿Qué hay de ti? ¿Has tenido alguna vez recuerdos espontáneos? ¿Te gustaría tenerlos?

miércoles, 20 de julio de 2016

10 verdades incómodas sobre reencarnación (Parte 2).

Parte 1.

6. Ser un alma vieja no significa nada.


¿Cuántas veces habremos escuchado de los labios de una madre o una abuela algo como: "Qué mirada tiene este niño, parece que lo entiende todo" o "Esta niña es más madura de lo normal, seguro que es un alma vieja"? Y entonces pensamos que debe de ser que ha vivido muchas vidas y que por ello "sabe más que cualquier otro niño de su edad".

Pongamos un poco de sentido común: que un niño sea más inteligente, más precoz, que tenga mayor habilidad para el lenguaje, que sea más obediente, que su mirada sea muy brillante o vívida... no tiene nada que ver con reencarnación. Solo teniendo en cuenta estas características u otras similares, no podemos saber si un niño ha vivido muchas o pocas vidas. Que un niño aprenda más rápido que otro no necesariamente significa que haya reencarnado muchas veces, porque existen muchísimos factores biológicos como la genética, o no biológicos, como la educación, que influyen en ello.

Es más, y si fuera un alma vieja, ¿qué? Muchos padres utilizan la expresión como queriendo significar que su hijo es especial, pero si supuestamente estamos aquí para aprender y cuando lo hayamos aprendido todo, dejaremos de reencarnar, ser un alma vieja no significa que seas mejor que los demás, más bien al contrario, que aprendes tan lentamente que necesitas reencarnar más veces. O que cometes tantos errores que te envían de vuelta una y otra vez a ver si esta vez lo haces mejor. Por supuesto, yo no pienso que la única razón para reencarnar sea aprender, ni tampoco que nadie nos envíe de vuelta. Podemos reencarnar simplemente porque nos apetece, ya sea para divertirnos de nuevo haciendo algo con lo que disfrutamos, o bien porque no queremos dejar solos a nuestros seres queridos, o sí, por qué no, a veces porque queremos salvar el mundo. Quién sabe. Lo que sí sé es que la evolución espiritual no existe, así que haber vivido muchas vidas tampoco implica necesariamente que seas mejor persona que los demás.

La única forma que tenemos para estar seguros de si un niño ha vivido antes —aunque seguramente todos los que vivimos en la Tierra llevamos aquí ya unos cuantos cientos de vidas— es que él mismo tenga recuerdos de vidas pasadas y nos lo haga saber de alguna forma (hay muchos que tienen pero enseguida aprender a callar, ya que sus padres no muestran ningún interés o directamente les dicen que están fantaseando). No hay más.

Bueno, eso no es del todo cierto, puede haber ciertos indicios que nos hagan sospechar que un niño está recordando una vida pasada. Son los mismos indicios que se aplican a cualquiera de nosotros, aunque parece ser que a una edad temprana son más frecuentes los recuerdos espontáneos y evidentemente determinados juegos, tener ciertas habilidades innatas, hablar en otra lengua o tener pesadillas recurrentes... adquieren mayor peso.


7. La Ley del Karma no existe.


Ya he hablado repetidas veces sobre esto, así que no me extenderé mucho. Cuando digo “Ley del Karma” me refiero a la creencia de que todo lo que nos pasa es consecuencia de algo que hicimos en una vida pasada. Así que si nos pasan cosas malas es porque nos las merecemos por algo malo que hicimos, y si tenemos una vida genial es porque también nos la merecemos como premio a haber sido buenos. No. Esto es el mismo viejo cuento que todas las religiones quieren hacernos creer. Los que recordamos vidas pasadas, sobre todo los que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que eso no es cierto. Las cosas malas pasan porque siempre hay personas a quienes les gusta hacer cosas malas. Otras veces es cuestión de buena o mala suerte, nada más. Y otras veces es cuestión de perspectiva, porque lo que para ti puede ser malo, puede que para otra persona sea bueno.

Todas tus acciones tienen consecuencias... o no. Si robas en un supermercado y no te pillan, eso no va a tener consecuencias ni dentro de diez días, ni dentro de diez vidas ni dentro de cien. Si sigues robando en supermercados, va a aumentar la probabilidad de que te pillen... al final te pillarán, y entonces tu acción sí habrá tenido una consecuencia. Pero si alguien te roba en un futuro no es porque la Ley del Karma exista. Es porque ese alguien es tan libre como tú de robar a quien quiera, igual que tú también eras libre de hacerlo o no. No está cumpliendo ninguna ley divina. Tampoco es porque los ladrones atraigan a los ladrones. La vida es así, no le des más vueltas.

Aunque suene así de simple, esta es una de las verdades más incómodas que existen dentro de la reencarnación. ¿Por qué? No lo sé, no lo comprendo. Posiblemente porque la gente en general necesita creer en cosas que den sentido al sufrimiento en el mundo. Si dejaron de creer en un Dios vengativo que castiga a los malos a ir al infierno, es lógico que ahora quieran creer en una ley cósmica que asegure que alguien malo, si no va a ir al infierno, pues que al menos sufra de alguna manera por lo que hizo. Así que cuando les dices que las cosas no funcionan así porque tú has recordado haber sido alguien bastante malvado y ahora estás aquí tranquilamente tecleando en el ordenador mientras te tomas una horchata bien fresquita en el calor del verano, y no sufriendo ninguna enfermedad grave, ni viviendo debajo de un puente, ni siendo amenazado de ninguna manera, eso les rompe sus esquemas y se revuelven contra ti.


8. Todo el mundo reencarna. Sí, los malvados también.


Es curioso comprobar una y otra vez cómo algunas personas piensan no solo que recordar vidas pasadas es algo raro y totalmente anormal, sino que la reencarnación es un fenómeno también extraño e infrecuente, y que si alguien reencarna tiene que ser por alguna razón, quizá porque le quedó algo pendiente por hacer. Así, es común oír hablar de “la reencarnada de Autol” o “los niños que retornan”, casi como si fueran lo mismo que apariciones fantasmales (de hecho hasta la música que suelen poner en la tele como acompañamiento de estos casos es algo siniestra). De vez en cuando también ves que alguien se pregunta “¿Seré yo un reencarnado?”, o escriben cosas como “Creo que esta es solo mi segunda vida”.     

Veamos, apelo de nuevo al sentido común. ¿Quién no deja cosas pendientes por hacer? ¿Quién lo aprende todo en una sola vida? ¿Quién tiene una vida lo suficientemente larga como para EXPERIMENTAR todo lo que se puede experimentar en la Tierra, desde todas las perspectivas posibles? Que no recuerdes tus vidas pasadas, no significa que “no tengas” vidas pasadas. Muchas personas no recuerdan sus sueños, y sin embargo se sabe científicamente que todos nosotros soñamos. De esto nadie se sorprende ya. Pero sí se sorprenden si les dices que la reencarnación es un fenómeno natural y universal. Natural porque forma parte de la vida. Universal porque no depende de nada que hayas hecho o dejado de hacer. Reencarnar no es un premio ni un castigo. Vivir en la Tierra es duro, pero eso no significa que alguien nos haya arrojado aquí para hacernos sufrir. Reencarnar es una elección personal. Nadie sabe por qué exactamente es así, pero tampoco nadie sabe por qué existen las estrellas y los planetas, ni por qué el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Si hay una razón trascendental detrás de todo ello, en el fondo no importa. Lo único que importa es que estamos aquí, reencarnamos, y lo más lógico es que queramos vivir en un mundo donde reine la paz y la armonía. Es lo más lógico, pero a la vista está que hacer del mundo un lugar ideal para vivir no es una de nuestras prioridades. Todo depende de nuestras propias decisiones.





9. El bien y el mal absolutos no existen. La justicia divina tampoco.


Junto con la Ley del Karma, esta es otra de las verdades que más cuesta aceptar a la gente. Los que creen en la reencarnación han superado en parte las mentiras que nos contaron las religiones sobre la existencia de un cielo y un infierno, pero aún les cuesta abandonar por completo la idea de que tiene que haber “Alguien” o “Algo” que mantenga el equilibrio en el universo. Los buenos tienen que recibir una justa recompensa y los malos tienen que recibir un justo castigo. Les gusta imaginar que la vida en el más allá es muy parecida a la del más acá, en el sentido de que seguimos siendo más o menos las mismas personas, y si volvemos en un cuerpo nuevo es con una pesada carga de nuestras vidas pasadas que incluye la obligación de pasar por ciertas malas experiencias para que podamos “liberar nuestras almas” de esas acciones malas del pasado. En definitiva, que nos permitan pagar nuestra “deuda kármica”.

Muchos que recuerdan vidas pasadas siguen pensando que la Ley del Karma existe, hasta ahí llega el poder de las creencias. Otros, los más sensatos, y sobre todo, aquellos que recordamos múltiples vidas pasadas, sabemos que la Ley del Karma es una falacia. Lo sabemos porque no hemos encontrado ninguna prueba que apoye esa creencia. Las vidas buenas y malas se suceden sin ninguna relación entre ellas. Lo que prevalece son las emociones, los patrones mentales creados a consecuencia de ciertas vivencias, y posiblemente los sentimientos que provocaste en otras personas que se cruzaron en tu camino, personas a las que odiaste o amaste. Nada más. (Algunos llaman a esto karma, y yo no puedo impedírselo, aunque me encantaría hacerlo para que dejaran de sembrar confusión).

Pero ni siquiera hace falta tener recuerdos de vidas pasadas para comprender que la Ley del Karma no tiene sentido, porque lo que se considera bueno o malo en una sociedad varía a lo largo del tiempo y el espacio, por tanto no tiene ningún sentido que lo que hiciste hace mil años en una tribu africana te persiga hasta la actualidad para hacerte pagar por ejemplo con el mismo tipo de muerte que tú infligiste a alguien, las mismas veces que tú mataste. En el más allá somos seres espirituales, no humanos, por tanto solo se te puede juzgar en el contexto humano. En el más allá podrás reflexionar desde otra perspectiva, podrás aprender y sacar tus conclusiones, pero nadie ni nada hará que sufras por algo que hiciste, porque nadie te juzga más que tú mismo y el perdón es universal. Y cuando digo universal, es UNIVERSAL, algo que también les cuesta aceptar a todos aquellos que creen en la Ley del Karma.

Y por si a estas alturas hay alguien que aún no lo sabe: sí, sí hay personas que recuerdan vidas pasadas "malas". Hay unos cuantos asesinos en serie reencarnados por ahí (aunque el número se reduce bastante si solo tenemos en cuenta los que afirman serlo y tienen algo de credibilidad), muchos que no nos sentimos orgullosos de algunas cosas de las que hicimos, personas que murieron ejecutadas, generales militares nazis y no nazis, de todo...


10. Todo se basa en el libre albedrío.


Y esto es lo que más incomodidad, e incluso miedo, produce. Es mucho más tranquilizador pensar que estamos en manos del Destino, que no podemos cambiar nada y por tanto tenemos que resignarnos a nuestras vidas de sufrimiento. Es mucho más fácil pensar que “si algo pasa, es porque Dios lo ha querido”, así la responsabilidad siempre la tiene alguien externo a nosotros. Algunos llegan a pensar que todo en nuestras vidas está planeado, incluso nuestras muertes. Da igual lo que decidamos: todo tiene un porqué y aunque aparentemente tenemos libre albedrío, en realidad “Alguien” mueve los hilos para que tomemos la decisión que conducirá a aquello que está escrito.

La verdad es que en pocas ocasiones he visto tal grado de retorcimiento para no tener que aceptar que nosotros somos los únicos responsables de lo que ocurre en el mundo. Pero claro, muchos esclavos no sabrían qué hacer cuando se les da la libertad. Muchos esclavos quieren seguir siendo esclavizados, porque es mucho más cómodo cumplir órdenes y quejarte de las circunstancias, antes que tomar tus propias decisiones y hacerte dueño de tu futuro, aunque te equivoques, aunque eso te lleve a la muerte. Es así como aprendemos, tomando nuestras propias decisiones, haciéndonos responsables de nuestras vidas. Si no existiera el libre albedrío, no tendría ningún sentido vivir en el plano físico.

Por fortuna reencarnamos y tenemos infinitas oportunidades para seguir aprendiendo. Y sí, aprender es también una opción, por mucho que te digan que la única finalidad de reencarnar es aprender y evolucionar espiritualmente. ¿Quieres saber cuál es el propósito de la reencarnación? Tú tienes la respuesta. Eres tú el que le da sentido a la vida, eres tú el que decide qué hacer con las cartas que te han tocado. Algunas veces ganarás y otras perderás, pero jugarás cuando y como quieras.


Es tu decisión creerte lo que te cuentan o emprender tu propio viaje de autoconocimiento.



miércoles, 13 de julio de 2016

10 verdades incómodas sobre reencarnación (Parte 1).

Sí, sé que posiblemente tienes tus propias creencias relacionadas con la reencarnación y buscando en internet has llegado a esta página. Te recomiendo que no sigas leyendo si lo que quieres es seguir teniendo creencias erróneas y autoengañarte pensando que todo lo que has leído por ahí fuera tiene alguna base lógica. Si lo que quieres es la Verdad, no solo te recomiendo que leas, sino también que sigas investigando, te unas a Foro Reencarnación y conozcas de primera mano a personas que recuerdan vidas pasadas. Nosotros tampoco conocemos toda la Verdad, pero no tengo duda de que estamos mucho más cerca de ella.

Después de más de cuatro años hablando sobre reencarnación casi a diario dentro y fuera de las comunidades online, me he dado cuenta de que estas son las 10 afirmaciones que más ampollas levantan. Si tienes alguna más, no dudes en añadirla en los comentarios.


1. La reencarnación es un hecho.


Para la mayoría de escépticos, me imagino que no constituye ningún problema que haya millones de personas en el mundo que crean en la reencarnación. Para los escépticos, normalmente solo ellos tienen razón y los demás vivimos inmersos en una ilusión o en nuestra propia idiotez. Así que, a ellos les da igual si crees en la reencarnación o crees en Papá Noel. Ahora, puede que empiecen a revolverse en sus sillas si les dices que no es que creas en la reencarnación, es que estás seguro de que es una realidad. Y no es que estés obsesionado o seas el líder de una secta con tinte budista, es que se da la circunstancia de que recuerdas vidas pasadas —ahora mismo me da igual el método—, has podido verificar históricamente muchos de esos recuerdos, y en algún caso incluso has podido identificar quién fuiste en tu vida pasada. Ya sabemos que esto no es prueba alguna para un escéptico, pero no importa. Aunque ellos nunca llegarían a admitirlo, ya hay algo dentro de ellos que les está susurrando: “¿Y si esta persona no está como una regadera y me está contando la verdad?” Les va a costar encontrar una explicación a los hechos que les han descrito, y se llegarán a inventar cosas como el “súper-psi” para no dar su brazo a torcer. En este punto seremos nosotros los reencarnacionistas los que sonreiremos, porque nosotros conocemos la Verdad, mientras que ellos siguen inmersos en un mar de dudas.

Pero que haya personas que están tan seguras de que la reencarnación es un hecho también es incómodo para los que sí creen en la reencarnación, porque, como he afirmado en muchas ocasiones en este blog y en los foros en los que participo, la creencia es una cosa, y la seguridad es otra. Hay mucha gente que aun creyendo en la reencarnación, piensa que recordar vidas pasadas es imposible, o que solo es posible si vas a un terapeuta para que te hipnotice. Como consecuencia, te ven como alguien que tiene algún tipo de poder psíquico (no en vano una vez creyeron que yo era vidente, nada más lejos de la realidad), o bien como alguien tan arrogante que es capaz de asegurar que SABE que la reencarnación es un hecho (por supuesto, creerán todo lo que les dice un cura o todo lo que escribió Sai Baba, a pesar de todos los procesos judiciales abiertos contra él, pero tú eres distinto), y a veces hasta he llegado a notar cierta envidia (más o menos sana) o cierto complejo de inferioridad porque piensan que ellos no pueden recordar. Sí que pueden, lo que ocurre es que no saben cómo hacerlo. Y por ello te mirarán como si fueras un bicho raro, o como los escépticos pensarán que estás como una regadera o que estás mintiendo. Ellos creen en la reencarnación... pero saben que no están para nada seguros, y temen la muerte como cualquiera. No pueden imaginarse que haya otros que de verdad sepan que la reencarnación es un hecho, porque tienen pruebas convincentes de ello.

Y, sobre todo, es incómodo para la mayoría de las religiones. Si algún día se llegara a demostrar que la reencarnación es un hecho, de forma que se convirtiera en algo innegable, como que la Tierra gira alrededor del Sol y no al contrario, se les acabaría el chiringuito a todas esas religiones... y algunas tendrían que admitir que estaban equivocadas o que engañaron a los feligreses a conciencia, como veremos en el punto 2. De hecho, he llegado a pensar que no se habla más abiertamente de reencarnación en los países hispanohablantes porque no les interesa a las esferas eclesiásticas, por razones obvias. No en vano ya condenaron la reencarnación en el Segundo Concilio de Constantinopla.


2. La reencarnación es un hecho... pero no tiene nada que ver con lo que nos han contado.


En nuestros tiempos, y especialmente en el mundo hispanohablante, todo lo que creemos saber sobre reencarnación se basa en lo que supuestos espíritus desencarnados nos han transmitido a través de médiums, en las mentiras propagadas por las enseñanzas de la Nueva Era como la famosa Ley del Karma, en las enseñanzas de religiones como la budista o la hinduista que no son más que creencias no muy distintas de otras creencias sin ninguna base racional, o en el mejor de los casos, en lo que autores como Brian Weiss y sus imitadores han escrito en sus libros. Esta es la razón por la que cuando hablas con personas que recuerdan vidas pasadas te das cuenta de cuántas sandeces nos han metido en la cabeza que no tienen nada que ver con la realidad. Lo que sabemos de verdad sobre la reencarnación es más bien poco. Si solo consideramos los trabajos científicos publicados, sabemos aún menos, entre otras cosas porque los investigadores que estudian la reencarnación apenas se molestan en hablar con los que recordamos vidas pasadas.

Hay tantas creencias extendidas y a veces incluso aceptadas sin más por muchas personas que creen en la reencarnación, que cuando les digo que no son ciertas, se revuelven contra mí como si fueran auténticos fanáticos a los que he arrebatado su fe. De nuevo, la Nueva Era ha hecho mucho daño en este sentido. Tienes desde la creencia en almas gemelas (no confundir con almas compañeras), cuya existencia, juraría, nadie que recuerde vidas pasadas ha comprobado; a la famosa Ley del Karma (sí, de nuevo); pasando por la supuesta evolución espiritual, las almas viejas, las vidas simultáneas, las vidas paralelas o las almas que viven una misma vida pasada famosa, lo que explicaría por qué existen varias personas que dicen tener los mismos recuerdos de alguien famoso.

¿Lo dudas? Recuerda vidas pasadas. Se te caerán muchos mitos.




3. Todos podemos recordar vidas pasadas. Sí, tú también.


He tenido alguna que otra discusión sobre esto con supuestos “expertos” en reencarnación, por supuesto investigadores que NO recuerdan vidas pasadas. ¿Por qué? Porque claramente ellos, en toda su carrera, se han encontrado pocos casos de personas que recuerdan. Mientras, en un mundo paralelo... los foros de reencarnación están llenos de personas que recuerdan. No todos poseen el mismo nivel de sensatez, eso es verdad. El fraude y las ganas de llamar la atención existen en el mundo de la reencarnación, eso es innegable. Sin embargo, la mayoría son personas sensatas, muchas con estudios superiores, muchas han investigado durante años para verificar sus supuestas vidas pasadas, tanto que su conocimiento sobre determinadas épocas históricas supera a la de ciertos historiadores. Muchos tienen formación científica. Muchos eran escépticos y solo la experiencia personal o la de alguien cercano les convenció de la realidad de la reencarnación. Todos los que han pasado por ello conocen y han practicado las técnicas para recordar. Yo soy una de esas personas. Yo no tengo nada especial, jamás fui vidente, jamás fui especialmente sensible a las experiencias “paranormales”, no hice meditación durante cuarenta años para recordar ni acudí a un hipnoterapeuta. Los recuerdos me llegaron espontáneamente y no fue muy complicado. Si yo pude hacerlo, tú puedes hacerlo... y solo, no necesitas a nadie.

Es cierto que decir que todos podemos recordar vidas pasadas no quiere decir que todas las personas vayan a recordar o que necesiten recordar. Nadie aún sabe por qué algunas personas recuerdan y otras no. Pero sí sabemos que no es nada sobrenatural, y que posiblemente muchas más personas recordarían si solo supieran cómo hacerlo o prestaran más atención a los indicios presentes en su personalidad.

Es evidente que esta verdad es especialmente incómoda para los que se ganan la vida haciendo regresiones, porque les estoy quitando el poder a ellos y te lo estoy dando a ti. Sí, A TI. No estoy diciendo que prescindas de los buenos profesionales que pueden ayudarte en tu camino, pero sí que te des cuenta de que los únicos límites están en tu mente. No es imprescindible acudir a una consulta y gastarte el dinero para recordar vidas pasadas. Medita, abre tu corazón, vence tus miedos... conéctate contigo mismo, y CONOCE LA VERDAD. De primera mano, no porque alguien te lo cuente.


4. El amor no lo es todo.


A ver, no quiero que me malinterpretes. El Amor (en mayúsculas) lo es todo, sí, eso no lo pongo en duda. Pero si piensas que la reencarnación y sobre todo recordar vidas pasadas es algo súper-bonito que te hará sonreír embobado como cuando lees esos libros de Brian Weiss lleno de historias románticas de almas que se reencuentran vida tras vida y tarde o temprano alcanzan la felicidad, te digo: ABRE LOS OJOS. Para llegar al Amor (en mayúsculas) primero tendrás que pasar por un oscuro camino lleno de miserias humanas. Mira a tu alrededor: hay gente sufriendo, hay guerras, pobreza, asesinatos, rencores, odio, mucha sangre, niños hambrientos o abandonados, refugiados, soldados cometiendo tropelías, personas que mueren jóvenes... ¿Por qué crees que tus vidas pasadas van a ser distintas? ¿Acaso se vivía mejor en el mundo hace sesenta, cien, trescientos años? En tus vidas pasadas encontrarás eso y mucho más. Te será muy difícil encontrarle el sentido, te será muy difícil encontrar esas supuestas “lecciones” que te hacen “evolucionar espiritualmente”. Llevarás años recordando y aún te sentirás culpable por algo que hiciste, o no entenderás cómo el ser humano puede llegar a ser tan cruel. Querrás creer eso de que “todos somos iguales” o que “eres capaz de perdonar a todos, incluido tú mismo”, pero eso no ocurrirá de la noche a la mañana, y tal vez nunca lo consigas. Una cosa es la teoría y otra la práctica.


5. Recordar vidas pasadas no te hace ser un iluminado.


No sé por qué hay mucha gente que cree que solo aquellos seres evolucionados espiritualmente pueden recordar vidas pasadas. Quizá piensan que solo son fiables personas como el Dalai Lama, que según la leyenda recuerda varias vidas pasadas y para muchos es un ser muy evolucionado espiritualmente. Todos los demás que decimos recordar estamos como una regadera, eso ya se sabe. Existe un caso de una mujer adulta que recordó vidas pasadas a través de sueños y regresiones, y después de una larga investigación pudo identificar su vida pasada e incluso contactar con sus hijos de esa vida pasada. Se llama Jenny Cockell. Puedes conocer su historia en este vídeo. No, no es una iluminada, ni tampoco es líder de ninguna religión. Es un ser humano como tú y como yo. Quizás más como yo, porque las dos tenemos en común que recordamos vidas pasadas y hemos podido verificar varias de ellas. Si tienes perfil de Facebook y sabes inglés, búscala, hazte su amiga, escúchala. Es una persona totalmente normal que ha escrito un par de libros contando su experiencia, igual que yo. Y sin embargo, es curioso comprobar cómo muchos se dirigen a ella como si tuviera algo especial, como si ella les pudiera responder a todas sus preguntas, como si recordar vidas pasadas te otorgara una infinita sabiduría. Yo no soy tan famosa, pero a veces me he sentido igual, por eso escribí un día sobre ello.

No te confundas: recordar vidas pasadas no te hace ser nadie especial. No te hace más sabio. Tampoco más benevolente. ¿Más equilibrado? Pues supongo que eso depende de cada uno. Hay gente que recuerda que no es nada equilibrado. Pasa un poco como con los que han tenido experiencias cercanas a la muerte. Unos lo llevan bien e incluso les hace ser mejores personas. Otros no saben interpretar bien sus propias experiencias o adoptan alguna de las creencias mencionadas anteriormente, así que no solo no se equilibran, sino que les puede traer más desequilibrio. Buscar respuestas solo les trae más confusión. En el peor de los casos, ellos mismos se creen unos iluminados y puede que hasta intenten crear su propia secta. Y si encima le otorgan el poder a alguien que dice ser terapeuta pero en realidad solo trata de aprovecharse de la credulidad de su paciente, las cosas pueden ponerse muy feas.

Por fortuna, creo que la mayoría de la gente que recuerda vidas pasadas sigue una vida totalmente normal. Pasan totalmente desapercibidos. Sabemos que lo más probable es que se rían de nosotros, así que nos mantenemos calladitos o en el anonimato. Yo misma, en el punto en el que me encuentro, apenas menciono la reencarnación fuera de mis sitios online y solo hablo con personas de confianza que pueden comprenderme. El conocimiento y la seguridad que aparecen después de recordar no van a producir ningún cambio demasiado importante. ¿Vas a comprender mejor algunas cosas? Sí. ¿Van a desaparecer algunos efectos indeseables que se produjeron a causa de vivencias del pasado? Por supuesto. ¿Vas a tener más fuerzas para continuar? Sí. En general, esto es lo que puedes esperar si recuerdas vidas pasadas. Pero tu vida actual no va a ser más fácil ni tus problemas van a desaparecer de la noche a la mañana. Simplemente encontrarás nuevos recursos que utilizar, te enfrentarás mejor a esos problemas. Perderás el miedo a la muerte y a la vida. Pero no, no serás “superior moralmente” a nadie ni habrás “evolucionado espiritualmente” más que otra persona que no recuerde. 

Parte 2 la semana que viene.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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