lunes, 1 de septiembre de 2014

Sobre karma, prisiones y otras historias.

Es una auténtica aventura adentrarse en el mundillo de la reencarnación online (es online porque internet es casi el único lugar donde puedes hablar en profundidad sobre ello sin que te miren raro, no por otra cosa). Lo digo porque no solo te sirve para conocerte a ti mismo y encontrar a personas con ideas afines con las que aprendes un montón, sino para darte cuenta de la curiosa naturaleza humana y cómo nosotros mismos nos creamos nuestra propia realidad, una realidad que la mayor parte de las veces es falsa, puesto que no se corresponde con la Verdad… la Verdad verdadera, no la que todo el mundo quiere imponer sobre nosotros desde que nacemos hasta que morimos.

Ya he hablado antes del karma en este blog, puesto que es uno de los temas más recurrentes dentro de la reencarnación, y uno de los que más hablan todos aquellos que alguna vez se interesan en ella, tanto los que estamos empezando a recordar vidas pasadas y necesitamos respuestas, como los que ni siquiera saben que es posible recordar vidas pasadas pero les gusta especular solo por el placer de debatir, chatear un rato en algún grupo de Facebook, o simplemente porque el tema surge en alguna ocasión puntual. Lo curioso es que incluso los que nos tomamos la reencarnación realmente en serio corremos el riesgo de aceptar todo lo que nos presentan, porque seguimos anclados en una costumbre ancestral humana, que es la de creer que son los demás los que tienen las respuestas, que siempre hay personas más sabias que nosotros cuyas palabras están fuera de discusión, y que si algo lleva milenios aceptado por un grupo de humanos más o menos grande —por ejemplo, los miembros de una religión— tiene que ser porque es verdad.

El karma es un buen ejemplo. Hace poco alguien sacó el tema en un foro de reencarnación, y tituló el hilo “Karma: una mirada en profundidad”. Copió el fragmento de un libro escrito por un supuesto maestro espiritual de quien fue discípulo, que era más o menos una mezcla de enseñanzas budistas, de Nueva Era y un mínimo de reflexión personal, dando por supuesto que existe una Ley de Reencarnación, que irremediablemente debe ir unida siempre a la Ley del Karma, y afirmando cosas tan interesantes pero completamente ausentes de base como que lo que deseamos en el momento de nuestra muerte determina lo que vamos a experimentar en nuestra próxima vida. Se me ocurrió disentir, basando mis argumentos en experiencias personales después de casi tres años recordando vidas pasadas y leyendo innumerables referencias al karma desde varios puntos de vista. Explicaciones que nunca jamás respondieron a las preguntas que me iban surgiendo según iba deshaciendo la maraña de mis vidas pasadas, y que al final me llevaron a la conclusión de que la Ley del Karma es una falacia, una simple creencia que goza de mucha popularidad y aceptación entre personas que creen en la reencarnación, pero que no son verdaderos reencarnacionistas (o sea, los que no recuerdan vidas pasadas). Por supuesto, todo en esta vida es un proceso. Yo no tenía muy claro lo que era el karma, así que me puse a investigar. Leí lo que decían los budistas —que dentro de lo que cabe, creo que se aproximan un poco a la realidad—, leí lo que decían los seguidores de la Nueva Era, leí las opiniones de otros reencarnacionistas, más o menos “espirituales”, incluso soy conocedora de la existencia de otras “Leyes” que vienen a decir más o menos lo mismo que dice la susodicha “Ley” del Karma, pero con otras palabras, como la Ley de la Atracción que tan popular se está haciendo últimamente, o incluso la Ley de Acción y Reacción de Newton a la que recurren algunos, como si Newton, en lugar de ser un físico mecanicista del siglo XVII, fuera otro gurú con conexión directa al Hacedor del Universo y sus leyes. Según mis propias experiencias se me iban acumulando, me di cuenta de que todas esas teorías no eran más que eso: palabras. El problema es que cuando decides dar tu opinión y plantear tus dudas a los que creen en el karma de manera tan acérrima, estos se revuelven contra ti, te atacan con argumentos que no tienen pies ni cabeza, te cuentan experiencias que tratan de interpretar de modo que coincidan con su ya establecida creencia, te ignoran, te acusan de querer imponer sobre ellos tu criterio cuando son ellos los que afirman que creer en la reencarnación y no creer en el karma es cuando menos ilógico (y eso lo dice alguien que solo cree tener una sola vida pasada, porque “alguien” le dijo que tenía esa vida pasada, dan igual los recuerdos propios y por supuesto de verificaciones ni hablamos), y además son incapaces de darte una sola prueba o ni tan siquiera un indicio que apunte a que el karma funciona tal y como nos han contado. Y mira que yo estaba deseando que me dieran esa prueba, porque si hay que creer en el karma con buenas razones para ello, yo no tengo ningún problema en creer en el karma. Lo único que creer por creer, pues es tontería…


Bien, pues me encontraba yo tan felizmente inmersa en este berenjenal que cada vez me aburría más, cuando alguien en mi foro (Foro Reencarnación) posteó sin saber nada de esto una cita de Jiddu Krishnamurti —del cual no conozco nada excepto el nombre—, que me vino como anillo al dedo para comprender y definir la actitud de estas personas:

"Ahora bien, la sociedad está tratando siempre de controlar, de formar, de moldear el pensar de los jóvenes. Desde el momento en que nacen y comienzan a recibir impresiones, el padre y la madre de ustedes les están diciendo constantemente lo que deben y no deben hacer, lo que deben y no deben creer; les dicen que hay un Dios, o que no hay un Dios sino un Estado y que cierto dictador es el profeta del mismo. Desde la infancia vierten estas cosas dentro de ustedes, lo cual implica que sus mentes —que son muy jóvenes, impresionables, inquisitivas, que tienen curiosidad de conocer, deseo de descubrir— se vean gradualmente encajonadas, condicionadas, moldeadas para que ustedes se ajusten a una sociedad particular y no sean revolucionarios. Puesto que el pensar conforme a un patrón ya ha sido establecido en ustedes, cuando alguna vez se “repelan” lo hacen dentro del patrón. Como los prisioneros que se rebelan para tener mejor comida, mayores comodidades —pero siempre dentro de la prisión. Cuando buscan a Dios, o tratan de averiguar qué gobierno es el apropiado, lo hacen siempre dentro del patrón de la sociedad, que dice: “Esto es verdadero y aquello es falso, esto es bueno y aquello es malo, éste es el líder justo y éstos son los santos”. Por consiguiente, la rebelión de ustedes —como la así llamada “revolución” que llevan a cabo personas ambiciosas o muy hábiles— está siempre limitada por el pasado. Eso no es rebelión, eso no es revolución; es meramente una actividad más intensa, una lucha más valerosa dentro del patrón. La verdadera rebelión, la verdadera revolución, consiste en romper con el patrón e investigar fuera de él.

Vean, todos los reformadores —no importa quiénes sean— se interesan tan sólo en mejorar las condiciones dentro de la prisión. Jamás nos dicen que no nos amoldemos, jamás dicen: “Ábranse paso por los muros de la tradición y la autoridad, quítense de encima el condicionamiento que sujeta a la mente”. Y ésa es la verdadera educación; no solamente exigirles que aprueben sus exámenes para los cuales se han llenado la cabeza, o que formulen por escrito lo que han aprendido de memoria; la educación es para ayudarles a que vean los muros de esta prisión en que se halla recluida la mente. La sociedad influye sobre todos nosotros, moldea constantemente nuestro pensar, y esta presión que la sociedad ejerce desde lo externo, gradualmente se traduce como lo interno mientras no nos abrimos paso por este condicionamiento. Ustedes tienen que saber lo que piensan, y si están pensando como hindúes, o musulmanes, o cristianos; o sea, si piensan en los términos de la religión a que puedan pertenecer, deben estar conscientes de lo que creen o no creen. Todo esto es el patrón de la sociedad y, a menos que se den cuenta del patrón y rompan con él, siguen siendo prisioneros aunque puedan pensar que son libres.

Pero ya ven, casi todos nosotros nos interesamos en rebelarnos dentro de la prisión; queremos comer mejor, queremos un poco más de luz, una ventana más grande para poder ver un poco más de cielo. Nos preocupa si el paria debe o no debe entrar en el templo; queremos terminar con esta casta particular, y en el acto mismo de terminar con una, creamos otra, una casta “superior”; por lo que seguimos siendo prisioneros, y dentro de la prisión no hay libertad. La libertad se encuentra fuera de los muros, fuera del patrón de la sociedad; pero a fin de librarnos de ese patrón, tenemos que comprender todo lo que contiene, lo cual implica comprender nuestra propia mente. Esa es la mente que ha dado origen a la actual civilización, a esta cultura o sociedad atada a la tradición. Y, sin comprender nuestra propia mente, tiene muy poco sentido rebelarse como comunista, socialista, esto o aquello. Por eso es muy importante el conocimiento propio, el darnos cuenta de todas nuestras actividades, de nuestros pensamientos y sentimientos —y esto es educación, ¿verdad? Porque cuando somos plenamente conscientes de nosotros mismos, nuestra mente se vuelve muy sensible, muy alerta.


Intenten esto —no algún día en el lejano futuro, sino mañana o esta tarde. Si en la habitación hay demasiadas personas, o si la casa en que viven está atestada, entonces salgan afuera solos, siéntense bajo un árbol o a la orilla del río, y observen con tranquilidad cómo trabaja la propia mente. No la corrijan, no digan: “Esto está bien, aquello está mal”; sólo obsérvenla, como lo harían con una película. Cuando van al cine no toman parte en la película; los que la interpretan son los actores y las actrices, pero ustedes sólo la están observando. Del mismo modo, observen cómo está trabajando la propia mente. Es en verdad muy interesante, mucho más interesante que cualquier película, porque nuestra mente es el residuo de todo el mundo y contiene todo lo que han experimentado los seres humanos. ¿Comprenden? Nuestra mente es la humanidad, y cuando perciban esto, tendrán una compasión inmensa. Cuando esto se comprende, a causa de esta comprensión adviene un gran amor; y entonces, con ese amor, sabrán qué es la belleza." 


Jiddu Krishnamurti: el propósito de la educación.

No sé si es por mi espíritu revolucionario, mis ansias de conocimiento, mi deseo de conocer la Verdad verdadera —que sé que es inalcanzable— o porque razono más que la media de la población y mi educación científica me hace analizar todo con mucho cuidado, pero yo jamás acepto lo que me cuentan a la primera. Escucho con atención, muestro interés, estudio con profundidad… si me parece que puede haber algo de cierto, bien. Lo compararé con mis propias experiencias y sacaré mis propias conclusiones. Si me parece que hay puntos débiles o que lo que me cuentan es demasiado fantástico, o no coincide con mis experiencias, lo pondré en cuarentena hasta que pueda decidir si puedo creérmelo o no. Lo que no voy a hacer nunca es dejar de dudar, ni siquiera de mis propias teorías y pensamientos, pues sé que yo también puedo estar equivocada, a pesar de que en ocasiones me guste ser clara y contundente con mis opiniones para provocar reacciones en la gente y así conocerlos mejor… o bien porque espero de corazón y con todas mis buenas intenciones que sus argumentos sean realmente buenos, me hagan pensar y me lleven a cambiar mis propias ideas. Si esto ocurre, suele ser siempre para mejor, porque el resultado suele ser que estoy más cerca de la Verdad, sea cual sea esa Verdad. Es así como he llegado hasta aquí, a base de escuchar, reflexionar, aprender, dudar, y romper todos los esquemas que me había hecho hasta ese momento.

Esta no suele ser una actitud muy frecuente en el mundo de la reencarnación. Todos nosotros buscamos respuestas, pero muchas personas siguen esperando encontrar una nueva religión en la reencarnación: tal o cual gurú o iluminado que les ofrezcan en bandeja lo que deben creer y lo que no deben creer, un “sistema de creencias” que te resuelva todas tus dudas al momento, para que así ya no tengas que seguir preguntándote durante el resto de tu vida, que ahora tendrá un perfecto sentido y podrás dormir tranquilamente todas las noches. El caso es no pensar por ellos mismos. Hasta cierto punto es comprensible, porque ciertas enseñanzas son tan deslumbrantes, tan bonitas, y parecen estar tan llenas de significado, que si nos descuidamos, podemos acabar aceptándolas sin más… sobre todo cuando apenas tienes recuerdos propios y te interesas en la reencarnación porque para ti es, por ejemplo, una gran alternativa a lo que cree la mayoría de la gente en nuestro mundo occidental: que la muerte es el fin, o bien que tras la muerte todos vamos al Cielo y nos ponemos a tocar el arpa con los angelitos. Nosotros mismos nos creamos aquello en lo que queremos creer, por las razones que sean. Salimos de nuestra educación religiosa que tanto nos manipula y nos limita, y pasamos a creer en otras cosas que nos limitan igualmente pero que nos hacen sentir más felices o más cómodos. Es exactamente lo que dice Krishnamurti, el error que seguimos cometiendo los humanos en nuestra búsqueda espiritual, sin darnos cuenta de que las respuestas están dentro de nosotros. Es mi opinión que mientras no nos liberemos de esa forma de conducirnos por la vida, no va a haber una verdadera “revolución espiritual”, no nos vamos a liberar de todo lo malo que nos han traído y nos siguen trayendo las religiones, seguiremos siendo prisioneros de doctrinas que tienen miles de años de antigüedad y que ya no son aplicables en nuestra sociedad ni en el ser humano actual, sin hacernos conscientes de que para que una Nueva Era comience, tenemos que convertirnos en Nuevos Seres Humanos, no en versiones más o menos descafeinadas de lo que ya hemos sido.

Yo no sé cuál es la auténtica Verdad, pero sí sé que es Una y es incomprensible para la mayoría de los seres humanos actuales. Me acusan de querer imponer mis propias creencias —que en este caso serían más bien “no-creencias”, no deja de ser extraño— y no puedo más que sonreír porque la realidad es que sigo llena de dudas, y uno de mis lemas sigue siendo lo que había escrito en el póster de Mulder de la serie Expediente X: “I want to believe”. Quiero creer, pero no voy a creer en cualquier cosa. Es más, he resuelto algunas de mis dudas (o eso creo), pero en general puedo decir: “Quiero creer, pero aún no sé en qué creer”. No es una actitud escéptica, sino racional. Para mí la diferencia es evidente. Otros piensan que los que nos negamos a aceptar el karma nos gusta negar por negar, o es porque aún no nos hemos dado cuenta de tamaña “realidad”. Ironías de la vida…

Más información:

¿Qué es el karma?

   

miércoles, 27 de agosto de 2014

Reflexiones sobre la sanación.

Como creo que se ha notado en mis locas divagaciones más recientes, ando bastante frustrada las últimas semanas. Básicamente es porque siento que el interés general en la reencarnación sigue siendo próximo a nulo, al menos en mi país. Y si alguien se interesa un poco, es momentáneo y luego lo vuelve a aparcar, igual que abandonas una revista de cotilleo en un rincón cuando vas a la peluquería. Tal vez soy yo, lo sé... como en otros aspectos de mi vida, cuando me interesa algo, llego hasta el fondo, y si es lo suficientemente importante como lo es la reencarnación, se convierte en el motor de mi vida. Pero sé que la mayoría de la gente no es así, y menos en esta sociedad en la que vivimos, donde preferimos pasar el tiempo leyendo o viendo cosas absurdas en las redes sociales que no nos aportan nada, en lugar de ponernos a estudiar realmente en serio aquello que nos interesa.

Y mientras el mundo sigue revuelto ahí fuera, hiriendo profundamente a la gente sensible como yo que recuerda vidas pasadas y ve llena de frustración cómo la Historia se sigue repitiendo una y otra vez, y apenas podemos hacer algo para evitarlo, plenamente conscientes de todo el dolor y el sufrimiento que los seres humanos se infligen unos a otros de manera imparable, siempre escudándose en excusas, nuestras vidas pasadas se hacen presentes y seguimos sintiendo emociones que surgen de eventos que ocurrieron hace mucho, mucho tiempo... Y con frecuencia me sigue pareciendo que vivo en un mundo paralelo, o en una burbuja transparente, impotente espectadora de la locura que reina ahí fuera, deseosa de que la Humanidad despierte, y sabiendo desde hace tiempo que es una batalla perdida.

Pero si estoy aquí es porque hacía tiempo que no escribía algo para este blog, así que venciendo mi actual apatía he buscado un tema, y me he decidido por la sanación porque estos últimos días ha estado en mi cabeza. Hace poco conseguí una nueva verificación de mi vida de la Segunda Guerra Mundial, y poco a poco me voy a acercando a lo que yo llamo la “verificación definitiva” (averiguar nombres y apellidos), aunque dudo que alguna vez vaya a producirse... y de todas formas me interesa más encontrar la identidad de mi novio, muerto posiblemente en un bombardeo, que la mía propia. No sé por qué, aunque me inclino por pensar que es porque fue su muerte la que me dejó una profunda huella en mi alma, no mi propio suicidio unos meses después, puesto que en realidad ya estaba muerta cuando le perdí a él. Extrañas emociones...

Pensando sobre estas emociones me di cuenta de que no tiene sentido ese concepto tan extendido de la “sanación espiritual”. Ya lo he comentado otras veces, así que no me referiré a la terapia regresiva y a la moto que muchos nos quieren vender sobre “Qué guay recordar vidas pasadas, yo te hago una regresión y sanaré tu alma”. Tengo la impresión de que eso es lo único que tenemos de momento en España, muchos “discípulos de Brian Weiss” que piensan que ellos son los únicos que pueden hacerlo. Aún se quedan sorprendidos cuando les digo que yo lo hice todo por mi cuenta, y además me ocurrió espontáneamente, y además cualquiera puede hacerlo. Yo tenía el problema de la ansiedad y la depresión. Ahora también lo tiene uno de mis hermanos. Yo hice meditación y llegué hasta aquí. No he necesitado ningún psicólogo ni ningún psiquiatra ni ningún “discípulo de Brian Weiss” para introducir sugestiones en mi cerebro. El simple hecho de meditar y ver qué es lo que te produce esa ansiedad y depresión tiene un gran poder sanador de por sí, aunque luego viene lo más duro... porque las emociones siguen fluyendo y hay etapas bastante difíciles. Hoy solo sufro de depresión muy esporádicamente y me recupero en un suspiro porque soy consciente de dónde viene. Es un proceso largo y solitario, pero estoy segura de que es mucho mejor que empastillarse, incluidos los efectos secundarios como vómitos y diarreas, que según la médico tienes que soportar los primeros días hasta que el cuerpo se acostumbre... con el resultado final, según yo, de que sigues con la depresión y la ansiedad, te han fastidiado el estómago, y encima andas todo el día como un zombi. Me pregunto cuándo los psicólogos y psiquiatras se replantearán su forma de “curar” a sus pacientes... Sí, es bastante probable que lo de mi hermano se deba en su mayor parte a acontecimientos de esta gran vida que llevamos, pero aún así recordar tus vidas pasadas te da otra perspectiva y te ayuda a aprender a tomarte la vida de otra forma, lo que para mi hermano estoy segura sería muy útil.

Pero lo que quería decir es que sí, uno de los fines de recordar vidas pasadas es la “sanación espiritual”, si es que tu alma está “enferma”. ¿Cuándo un alma está enferma? Cuando hay algo que proviene de una vida pasada, se haya hecho o no consciente, que te impide llevar una vida normal. Puede ser ansiedad y depresión como a mí me pasaba, que estaba empezando a interferir demasiado en mi estado de ánimo; puede ser algún tipo de fobia; síndrome de estrés postraumático, etc. Pero lo cierto es que de la gran mayoría de recuerdos de vidas pasadas que he tenido, no he necesitado sanar. ¿Me han traído emociones? Claro. Casi aseguraría que todos los recuerdos llevan aparejados emociones, pero eso no significa que estemos enfermos. Si llega el aniversario de la muerte de mi soldado en la Segunda Guerra Mundial y me pongo triste, no significa que necesite sanar de nada, es lógico y es humano, porque era alguien a quien le importaba, alguien con quien tenía planes de futuro, alguien que me fue arrebatado en un suspiro y ni siquiera fui capaz de superarlo en los meses que siguieron... sí, todavía estoy en ello, pero nadie me va a hacer “sanar” con una varita mágica de la noche a la mañana. La curación es un largo proceso que lleva su tiempo, y lo importante es que ahora puedo seguir viviendo sin sentirme tan deprimida por su pérdida. A nadie se le ocurre obligar a alguien a superar el luto por la muerte de un ser querido dándole una colleja o implantándole algo en su mente. Pues es lo mismo con las vidas pasadas... y si yo no hubiese recordado vidas pasadas, lo más probable es que ahora estaría como mi hermano, o peor, encerrada en un manicomio por psicótica, o incluso en la tumba, como a punto estuvo de ocurrir, posiblemente por las mismas causas, en mi última vida.

Sin embargo, la mayoría de la gente piensa que esa es la única razón por la que alguien recuerda vidas pasadas... o, al menos, esa es la impresión que tengo actualmente. Es como que... si tienes un problema y acudes a un terapeuta, bien, qué curioso... así que ese dolor en la espalda te venía porque te dispararon... "Interesante" (cuando en realidad lo que está pensando es: "Ya. Una vida pasada... Bueno, también puede ser que te lo hayas imaginado, pero no importa, porque como el dolor de espalda se te ha ido..."). Ahora, si dices que meditas con el fin de recordar vidas pasadas con el único propósito de conocerte a ti mismo, de saber de dónde vienes, porque quieres saberlo TODO, y además te interesa mucho encontrar quién fuiste de verdad con nombre y apellidos... es como que has perdido un tornillo. O quieres evadirte de algún modo del mundo que te rodea y has elegido la meditación en lugar de las drogas duras. Vamos, que estás loco. Nadie entiende por qué querrías hacer algo así...

Solo me queda la resignación.

Y todos estos procesos y reflexiones tienen lugar en muchos otros compañeros que también recuerdan (es el centenario de la Primera Guerra Mundial y eso también nos afecta a nivel planetario) mientras que en España la gente es bastante indiferente a este tipo de cosas y el resto del mundo permanece ignorante a esta realidad de la reencarnación, cometiendo los mismos errores una y otra vez, haciéndose las mismas preguntas, perdidos y desorientados entre las creencias sin sentido de muchas religiones que predican el amor al prójimo al tiempo que no dejan de bombardear a personas indefensas. Muchas veces me pregunto qué porcentaje de personas recuerdan vidas pasadas en el mundo. El número es tan ínfimo que no puedo más que sonreír con amargura cuando por otro lado me llegan estos mensajes tan alentadores de contactados que dicen que todo se va a arreglar en breve, que hay que tener esperanza, que un mundo de amor y prosperidad se acerca. Ya... Si pudiera, en mi próxima vida intentaría encarnar en otro planeta y dejaría que los humanos se mataran entre ellos. Pero me temo que en mi próxima vida me va a tocar pringar también. Después de todo, yo no estoy nada evolucionada...

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lunes, 28 de julio de 2014

Saudade.

Si no me equivoco, aún no he hablado en profundidad en el blog sobre past life mood, y la razón principal es que ya lo hago en Foro Reencarnación y no me gusta repetirme en exceso. Sí hablé de la sensación que muchos tenemos de echar de menos algo o a alguien, sin ser muchas veces conscientes de que esos sentimientos vienen ni más ni menos de nuestras vidas pasadas. Darte cuenta de ello supone toda una liberación. Pero lo que muchos reencarnacionistas hemos dado en llamar “past life mood” es algo más que simplemente echar de menos a algo o a alguien. Sí, hay una gran parte de nostalgia, de una fuerte nostalgia difícil de explicar con palabras, porque no es solo “echar de menos” algo, sino sentir como que tienes un agujero de dos kilómetros de diámetro en las entrañas, un sentimiento de vacío que nada ni nadie puede volver a llenar. Esto es una realidad, no nos sentimos así porque queremos, y aunque a veces nos cueste años saber el porqué de ese agujero, o, en el peor de los casos, nunca lleguemos a saber el origen, el agujero está ahí por algo. “Past life mood” viene a ser algo así como un estado mental o emocional en el que te ves inundado de sentimientos que provienen de vidas pasadas. Puede ser nostalgia, pero también puede ser tristeza, miedo, ansiedad, ira, o incluso puedes llegar a detectar pensamientos que no parecen corresponder a nada de lo que te ha pasado en esta vida, pero que están ahí por alguna razón... no una razón que desconocemos, sino una razón que no recordamos. Con el tiempo aprendes a diferenciar estos estados, incluso puedes utilizar algún que otro método de estar por casa para intentar evitarlos, aunque ya advierto que es bastante complicado.

Pues bien, una compañera de viaje sugirió que este estado de past life mood venía muy bien definido por la palabra portuguesa “saudade”. Según la Wikipedia:
“Saudade (del portugués saudade) es un vocablo de difícil definición incorporado al español empleado en portugués y en gallego, que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá”.
http://es.wikipedia.org/wiki/Saudade
Es curioso comprobar que así era como yo me sentí durante gran parte de mi adolescencia y toda mi juventud, sin ser consciente de qué me pasaba en realidad. Y por ello me pregunto cuántas personas habrá que se sienten igual y no son capaces de llegar al fondo del asunto, como hice yo, solo porque en esta sociedad en la que vivimos aún no se acepta ampliamente la posibilidad de la reencarnación. Y además me estremezco cuando pienso que no se acepta la reencarnación, pero sí se ve algo normal que estas personas estén en las consultas de muchos psiquiatras bajo tratamiento de antidepresivos. Pero así son las cosas...

Como me gustó mucho lo de la palabra “saudade” busqué más definiciones sobre ella y encontré esta gran descripción de un actor brasileño que resume muy bien lo que queremos decir los reencarnacionistas cuando estamos en past life mood, aunque si no lo has sentido nunca, posiblemente será difícil de imaginar.



SAUDADE (por Miguel Falabella).

Agarrarse el dedo con una puerta duele.
Golpearse la cara contra el piso, duele.
Torcerse el tobillo, duele.
Una bofetada, una trompada, un puntapié, duelen.
Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa, duele morderse la lengua, una caries y piedras en los riñones también duelen.
Pero lo que más duele es la saudade.
Saudade de un hermano que vive lejos.
Saudade de una cascada de la infancia.
Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.
Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió...
Saudade de una ciudad.
Saudade de nosotros mismos, cuando vemos que el tiempo no nos perdona.
Duelen todas estas saudades.
Pero la saudade que más duele es la saudade de quien se ama.
Saudade de la piel, del olor, de los besos.
Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.
Vos podías quedarte en la sala, y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.
Vos podías ir para el dentista y ella para la facultad, pero se sabían allí.
Vos podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.
Pero cuando el amor de uno acaba, o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe cómo detener.
Saudade es básicamente no saber.
No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.
No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.
No saber si ella todavía usa aquella mini.
No saber si él fue a la consulta con el dermatólogo como prometió.
No saber si ella se alimentó bien últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.
Si él estuvo yendo a las clases de inglés, si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial.
Si ella aprendió a estacionar entre dos coches.
Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura.
Si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.
Si él continua sonriendo con aquellos ojitos apretados...
Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora...
Si él continua cantando tan bien.
Si ella continua detestando Mc Donald's.
Si él continua amando.
Si ella sigue llorando hasta en las comidas.
¡Saudade realmente es no saber!
No saber qué hacer con los días que son más largos, no saber cómo encontrar tareas que detengan el pensamiento, no saber cómo frenar las lágrimas al escuchar esa música, no saber cómo vencer el dolor de un silencio...
Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer.
Es no saber si él está feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso...
Es no querer saber si él está más flaco, si ella está más linda.
Saudade es nunca más saber de quien se ama, y mismo así doler.
Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que vos, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer...
'En alguna otra vida, debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade...'

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viernes, 25 de julio de 2014

Locas divagaciones (5).

Al hilo de lo que comentaba en mi última entrada, he recordado lo que una gran amiga mía, con más experiencia que yo en estas lides, suele decir: puede que los reencarnacionistas estemos equivocados, puede que los cientos de personas que dicen recordar vidas pasadas (porque no somos pocos) seamos presas de la confusión mental o seamos unos ilusos que se han autoengañado a sí mismos, a pesar de los miles de horas de investigación que llevamos a nuestras espaldas (igual que las horas de vuelo de los pilotos), pero lo que está claro es que tienes que tomar partido. No puedes vivir en la eterna duda. No puedes vivir constantemente preguntándote si la reencarnación existe o no, porque si lo haces te quedas estancado, no vas a ninguna parte... y esa es la actitud que observo a mi alrededor y que me frustra tanto: dudas, dudas, dudas. Leo lo que dice este autor, y ahora leo lo que dice aquel otro... los escépticos dicen una cosa, los que creen dicen otra, ¿quién tendrá razón? Pues seguro que uno de los dos, pero yo no tengo tiempo para comprobarlo por mí mismo. Tengo muchas preocupaciones, la vida no me da para más... Bueno, como me conviene, creeré en la reencarnación que eso me tranquiliza más que no creer. Mientras, el tiempo transcurre y las dudas aún te corroen por dentro. Y lo más importante, no has despertado. Ya han ganado la partida... esos que están interesados en que sigamos dormidos, los que no quieren que pensemos por nosotros mismos, esos que se enriquecen a costa de tenernos subyugados, siempre preocupados por el día a día y no por lo que realmente importante, que es saber quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos. Sí, esto es importante, aunque algunos hayan dejado esas preguntas atrás, muy atrás...

Hoy alguien preguntaba en un foro si la reencarnación es una religión. Por Dios, no. El día que la reencarnación se convierta en una religión, yo abandonaré el planeta, viva o muerta. No quiero más religiones. Las religiones tienen que desaparecer. Las religiones solo han traído daño al mundo. La reencarnación no es ni siquiera una creencia. Es lo natural, es lo que todos hacemos, igual que respirar. Es lo que nos hace a todos iguales, y ahí es donde radica el peligro de la reencarnación, eso es lo que muchos no quieren que veamos, porque si todos somos iguales no tiene sentido seguir tirándonos bombas unos a otros. A veces me sorprendo de la tremenda simpleza que encierra la reencarnación, y de cómo los seres humanos disfrutan complicándose la vida, con dogmas, ritos, imágenes, mandamientos y falsas creencias que nos mantienen sumidos en la oscuridad propia de la Edad Media.


Recuerdo que una vez, hace tiempo, cuando le dije a alguien que acababa de conocer que cerrando los ojos yo había conseguido ver mucho más que con los ojos abiertos, ese alguien me respondió “Bueno, tampoco te pases, no sea que te acabes estrellando”. Lo curioso es que con el tiempo sospeché que ese alguien pretendía manipularme, llegó a decir que había visto alguna de mis vidas pasadas, como si se creyera que yo era igual que uno de esos incautos que se deslumbran fácilmente por las historietas que les cuentan los falsos gurúes que pululan por internet. A día de hoy, lo sigo manteniendo: veo mucho mejor con los ojos cerrados, y por eso será lo único que aconsejaré a los lectores de este blog: buscad dentro de vosotros mismos, yo os puedo dar las técnicas, pero no puedo hacer nada más, el camino es vuestro, lo que encontraréis en él también. 

Pero, volviendo a lo que comentaba al principio, lo que no podéis hacer es quedaros en la encrucijada, a las puertas, siempre dudando, esperando a que alguien os responda vuestras preguntas. Tenéis que ser vosotros los que hagáis el camino, sois vosotros los que tenéis que dar el primer paso, los que os tenéis que arriesgar a estar equivocados, igual que hice yo en su día. Sí, os llamarán locos, y nadie quiere ser llamado loco, nadie quiere que le miren raro por negarse a acudir a ceremonias que ya no significan nada para él, ni quiere ser criticado por negarse a hacer lo que hace la mayoría. Pero eso es lo que marcará la diferencia. Eso no os hará mejores ni peores, pero sí hará que avancéis y empecéis a ver que la reencarnación es mucho más que una creencia, es una absoluta realidad, tan clara como el agua. Y si no lo tenéis tan claro como yo, no pasa nada, actuad como si la reencarnación fuera una realidad, porque así al menos vuestra mente estará abierta a otras posibilidades, más receptiva a lo que pueden ser signos de vidas pasadas... tal vez, si le dais una oportunidad a la reencarnación, empezaréis a aprender más cosas sobre vosotros mismos, comprenderéis o incluso podréis mejorar los síntomas de algunas de vuestras enfermedades o cambiaréis viejas actitudes que ya no os sirven, os empezaréis a sorprender cuando veáis que ninguno de vosotros es distinto a la famosa Catherine de los libros de Brian Weiss, y desde luego, no necesitáis a ningún Brian Weiss para recordar vidas pasadas. Es así de simple. Yo lo hice, y si lo hice yo, cualquiera puede hacerlo.

La elección es vuestra.
  

martes, 22 de julio de 2014

Locas divagaciones (4).

Llevo unos días con cierto desasosiego interno que no sé muy bien a qué se debe. Como no sé a qué se debe, me estoy controlando para no quejarme como siempre hago, hasta que se me pase... pero es que si sigo así voy a acabar por explotar, así que me he dicho: pues divaga, divaga todo lo que puedas, que para eso tienes un foro y unos cuantos blogs donde hacerlo...

Y es que veo que no vamos a ninguna parte. Lo más seguro es que esto sea una sensación subjetiva y un reflejo de mi propia frustración, pero es así como me siento, no lo puedo evitar. Trato de calmarme a mí misma diciéndome: “Paciencia, esto lleva su tiempo, tú sigue pasito a pasito, exponiendo tus ideas, que ya les llegará a aquellos que lo necesiten”. Y sí, normalmente estoy de acuerdo conmigo misma... pero a veces... ¡me desespero! Porque no veo resultados, no veo gente inquieta parándome por la calle, preguntándome “Oye, ¿esto que cuentas en el blog es cierto? ¿Es verdad que todos podemos recordar vidas pasadas? ¡Yo quiero!” En lugar de eso, veo que la humanidad prefiere seguir dormida. Es como esa sensación que tienes por las mañanas cuando estás teniendo un magnífico sueño y entreabres los ojos y le dices a tu pareja cuando levanta la persiana: “Pero, ¿qué haces? Que estaba soñando...” Y te vuelves a dormir. Ese es el “despertar espiritual” que estamos viviendo, no el que nos quieren hacer creer ciertos gurúes espirituales y algún otro escritor de los que puedes encontrar en la zona de autoayuda en las librerías.

Pero para dejarlo aún más claro, especificaré:

NO ME PREOCUPA:

- El número de seguidores de mi blog.
- Que los seguidores de la página de Facebook prefieran las fotos tontas de gatos hablando de reencarnación antes que leer los libros que propongo o los enlaces a este blog. Hace tiempo que sé lo que puedo esperar de Facebook.
- Sentirme sola e incomprendida. Llevo no una, sino varias vidas, luchando en solitario por distintas causas (y a veces siendo ahorcado o fusilado por ello, cosa que NO va a pasar en esta vida... o eso espero).
- Ser testigo de la diferencia abismal que existe entre el mundo anglosajón y el mundo hispanohablante. Aquí parece que no salimos ni del materialismo/escepticismo más recalcitrante, ni de la pseudoespiritualidad que tanto abunda en internet y las creencias en falsos gurúes que nos deslumbran con sus palabras pero que dicen lo mismo que decía Allan Kardec hace más de 150 años.

SÍ ME PREOCUPA:

- Levantarme cada mañana y comprobar que a nadie le interesa recordar vidas pasadas.
- Poner la tele y ver cadáveres destrozados de niños en la franja de Gaza (y no porque los cadáveres de niños me duelan más ni menos que los cadáveres de adultos), ante el silencio y la complicidad de la comunidad internacional.
- Comprobar cómo el poder de la religión no solo va a más, sino que la gente se sigue creyendo las historietas que le cuenta el Papa, y además pasan a engrosar las filas de fieles olvidando todo el daño que las religiones han hecho y siguen haciendo a la humanidad y al planeta, como el ejemplo que ya he puesto.
- Ver que la gente sigue esperando encontrar maestros que les den respuestas inmediatas a sus preguntas, en lugar de experimentar por sí mismos y buscar en su interior, que es lo único que les va a convencer de la realidad de la reencarnación.
- Poner la tele y ver cómo nos aproximamos cada vez más a una Tercera Guerra Mundial. Y encima le volverán a echar la culpa a los nazis, que son los que tienen la culpa de todo. ¿No decían que el Holocausto tenía que servir para que no se repitiera la historia? Pues no, eso es un cuento, porque la historia SIEMPRE se repetirá, mientras los humanos no se den cuenta de que ELLOS y SOLO ELLOS son los responsables del sufrimiento en el mundo.

(Por cierto, debería dejar de ver la tele).

La solución a todo esto, tal y como yo lo veo, es que despertemos de una vez. Pero despertar no significa darte cuenta de lo mal que está el mundo y sentirte triste por ello y querer cambiarlo. Las buenas intenciones se suelen quedar en eso: en intenciones. Despertar DE VERDAD es darte cuenta de que si queremos que el mundo cambie, tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Y para cambiar nosotros mismos, tenemos que ser plenamente conscientes de nuestros propios defectos y puntos débiles, tenemos que ser plenamente conscientes de que somos nosotros mismos los que causamos ese sufrimiento en el mundo, con nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras anticuadas ideas que provienen de dos mil años atrás y que ya no nos sirven. Recordar vidas pasadas no es la única forma de despertar de verdad, pero es la que yo conozco y una de las más efectivas. Tal y como me dijo una compañera hace poco: cualquier práctica espiritual que nos haga avanzar implica en mayor o menor medida recordar vidas pasadas. ¿Por qué? Precisamente porque recordar significa experimentar en primera persona lo que se siente cuanto te hacen daño, y sobre todo, lo que se siente cuando tú haces daño a los demás. Porque ninguno de nosotros somos inocentes, hasta el más santo de los santos ha hecho cosas malas en el pasado, y seguramente ha llegado a ser tan santo a costa de vivir tanto lo bueno como lo malo. Tenemos que dejar atrás las absurdas ideas del karma y dejar de creernos lo que nos cuentan sin comprobarlo por nosotros mismos. Me es muy frustrante visitar foros en inglés y ver cómo la gente discute con naturalidad sobre la meditación y sus vidas pasadas, y lo que piensan unos y otros, las dudas que les van surgiendo a unos y a otros... y luego volver aquí y ver cómo la mayoría de la gente aún se está preguntando si el cielo es real y si los ángeles existen, o si los que hacen viajes astrales es porque han tomado setas alucinógenas, o ver cómo confían ciegamente en alguien que surge de la noche a la mañana y dice que ha leído mucho a Brian Weiss y ya es un experto en terapia regresiva, sin darse cuenta de que no necesitan a nadie más que a sí mismos para dar con la Verdad.


A mí también me gustaría creer que el mundo está elevando su vibración y que pronto todos seremos salvados —como nos llevan contando desde el origen de la humanidad— sin tener que poner nada de nuestra parte... pero me remito a las pruebas: en este momento la gente sigue muriendo de hambre, por bombardeos, o porque su avión es derribado por un misil antiaéreo que nadie sabe cómo ha llegado hasta ahí... No nos engañemos. El mundo no va a cambiar. Al menos no tan pronto. De hecho, no creo que lo vaya a ver en esta vida. Ni tampoco en la siguiente.

sábado, 12 de julio de 2014

El inconsciente colectivo de Jung... y sus variantes.

Parece que últimamente esta teoría está cobrando fuerza entre los escépticos, o, al menos, no dejo de oírla por todas partes... por supuesto, siempre entre los que no recuerdan vidas pasadas. Admito que es una de las teorías más atractivas y sensatas para los que se acercan por primera vez a la reencarnación. Aunque dudo que todos ellos se hayan molestado en consultar en los libros apropiados en qué consiste esta teoría. Por ello, una parte de mí desearía gritar con todas sus fuerzas e incluso recurrir a la violencia:

¿PERO QUE PROBLEMA TENÉIS CON ACEPTAR LA REENCARNACIÓN Y YA ESTÁ?

Pero como soy una persona adulta, racional, he aprendido a calmarme con los años y sé que con la violencia no se llega a ningún sitio (es una de las cosas que aprendí a golpes), me voy a esforzar por explicar el concepto de inconsciente colectivo y el por qué no me sirve para explicar mis experiencias y las de otras muchas personas.

Según la Wikipedia, el inconsciente colectivo es un término acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, colaborador de Sigmund Freud hasta que comenzaron a divergir en sus opiniones, y figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis. Jung postuló la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón. Se basa en la existencia de arquetipos, a los que también llamaba imágenes primordiales. Los arquetipos expresan los instintos en un sentido biológico, pero al mismo tiempo comprenden el lado espiritual. Se manifiestan en fantasías y revelan su presencia solo por medio de imágenes simbólicas. El contenido de los sueños es siempre simbólico. El término arquetipo fue entendido como referido a motivos o imágenes mitológicos diferenciados. Jung se encargó de aclarar que si fueran diferenciados serían conscientes. Los arquetipos son en realidad una tendencia a formar representaciones sobre un modelo básico que afecta emocionalmente a la consciencia. Algunos motivos principales son el ánima, o principio femenino, y el ánimus, principio masculino. La sombra es el lado inconsciente de la personalidad, mientras el sí-mismo es la totalidad, parte consciente e inconsciente.

Jung trabajó mucho con los sueños y además analizó cómo se creaban los mitos, leyendas y religiones de las distintas culturas, y eso le llevó a identificar una serie de elementos psíquicos comunes en todas ellas (los arquetipos). Supuestamente estos arquetipos —el anciano, la sombra, el héroe— se transmitirían hereditariamente y se refieren a problemas universales que todos deberemos enfrentar, como la muerte, el sentido de la existencia, lo masculino y femenino, el deseo, etc. Nosotros tenemos conocimiento de ellos a través de los mitos y nuestros sueños.


Bien, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Sí, en nuestros sueños pueden aparecer elementos simbólicos. Puede que en alguna ocasión nos veamos a nosotros mismos como guerreros, princesas, reyes, verdugos, brujas... y muchas veces no será más que la forma en que nuestro subconsciente se está expresando, haciéndonos sentir como se sentirían alguno de estos personajes, tal vez porque estamos viviendo una situación en nuestra vida real que nos hace sentir como tales. Pero, evidentemente, eso NO es un sueño de vida pasada. Y si es una fantasía, jamás podrás verificar históricamente lo que has visto en ese sueño.

Otros buscan la explicación a los supuestos recuerdos de vidas pasadas en los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake. Según él, las mentes de todos los individuos de una especie (incluido el ser humano) se encuentran unidas y forman parte de un mismo campo mental planetario. Ese campo mental, al que denominó morfogenético, afectaría a las mentes de los individuos y las mentes de estos también afectarían al campo. “Cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie y a la cual conforman”, afirma Sheldrake. De este modo, si un individuo de una especie animal aprende una nueva habilidad, les será más fácil aprenderla a todos los individuos de dicha especie, porque la habilidad “resuena” en cada uno, sin importar la distancia a la que se encuentre. Y cuantos más individuos la aprendan, tanto más fácil y rápido les resultará al resto. Un fisiólogo llamado Mc Dougall, de la Universidad de Harvard, en 1920, comprobó que las nuevas generaciones de ratas aprendían más fácilmente a salir de un laberinto que las primeras. Y también es interesante el experimento del mono cien, llevado a cabo en la isla japonesa de Koshima, en 1952. Todo ello viene muy bien descrito aquí. 

Bien, como teoría resulta interesante, y puede que sea cierta. Pero, ¿qué tiene que ver esto con la reencarnación? ABSOLUTAMENTE NADA. Como mucho, explicaría ciertos fenómenos inexplicados hoy por hoy por la ciencia relativos a la evolución. Pero ni la teoría del inconsciente colectivo, ni los campos morfogéneticos, o incluso esa "matriz holográfica" que he oído mencionar más de una vez y que aún no sé muy bien qué es, explican que muchas personas recordemos vidas pasadas. Ninguna de estas teorías dice que en algún lugar del universo están almacenados los recuerdos de todas las personas que han pasado por la Tierra y que por ciertos métodos mágicos cualquiera puede acceder a ellos aleatoriamente. Quizá podría explicar el temor irracional que muchas personas sienten hacia las arañas o las serpientes, o... echándole mucha imaginación, tal vez explicaría que en lugares distantes del planeta se repita el diseño piramidal para construir algunas estructuras. O por qué todos hemos soñado alguna vez que se nos caen los dientes. Pero esto no puede de ninguna manera explicar que yo haya recordado —recordar se queda corto aquí, sería más bien revivir, sentir, ver en primera persona, experimentar—, a veces con mucho detalle, la vida de unas cuantas personas, nacidas en épocas muy concretas, con vidas que se pueden ordenar una detrás de otra de manera cronológica, con personalidades muy similares a la mía, y también con aspecto físico similar (en aquellos casos donde lo he podido comprobar), con problemáticas que tienen relación con mis problemas actuales, y acompañadas de intensas emociones que me acompañan día a día. Si estuviera accediendo a esa especie de memoria universal —que tal vez exista, no digo que no, no creo que reencarnación e inconsciente colectivo sean incompatibles—, lo lógico sería que pudiese obtener información de muchísimas más personas y de manera mucho más caótica, o tal vez me encontraría con esos arquetipos descritos por Jung porque me identifico con ellos, pero cambiarían mucho más y no habría obtenido datos verificables tan concretos. Por supuesto, tampoco explican las marcas de nacimiento compatibles y totalmente contrastadas con los informes de autopsia de la persona fallecida o que un niño reconozca a familiares de esa supuesta vida pasada, tal y como describe Ian Stevenson en muchos de sus casos.

En definitiva, está bien que busquemos alternativas a la existencia de la reencarnación si no nos sentimos cómodos aceptándola de buenas a primeras, pero antes de decir nada, estudiemos en profundidad esas alternativas y hablemos con propiedad. O, mejor aún, pasemos a la práctica y olvidemos la teoría. Es muy fácil hablar por hablar, pero aún son muy escasas las personas que intentan experimentarlo por sí mismas.

jueves, 12 de junio de 2014

¿Existe el libre albedrío?

Cuando muchos de nosotros descubrimos los libros de Michael Newton y/o escuchamos a otras personas hablar sobre la posibilidad de que elijamos nuestras vidas, desde el cuerpo que vamos a tener, nuestros padres, la región geográfica en la que vamos a nacer... hasta el más mínimo detalle de las experiencias que nos van a marcar, siempre acaba por surgir la pregunta: “Y bien, si resulta que todo está preplanificado, ¿dónde queda nuestro libre albedrío? ¿Qué sentido tendría la vida si toda está ya prefijado antes de nacer? ¿Decidimos de verdad, o en realidad es el Destino el que determina de antemano lo que vamos a decidir?”

Yo también me hice todas estas preguntas, claro. Cuando lo pienso, entiendo que a algunas personas les resulte un poco surrealista que antes de cada encarnación, cuando estamos entre el espacio entre vidas, vayamos a visitar a nuestros supuestos guías espirituales y ellos nos muestren en lo que parece una especie de pantalla tridimensional futurista o una atracción de realidad virtual varias posibles vidas futuras que nosotros podemos elegir vivir o no en función de lo que queramos hacer. Aunque yo mantengo mis reservas, siempre pienso: ¿por qué no? Y como soy curiosa y tengo un gran espíritu investigador, prefiero comprobarlo por mí misma y recordar si es posible... de momento no lo he logrado, pero sí he podido recordar varias vidas pasadas y eso me ha hecho reflexionar profundamente sobre esta cuestión: ¿elegimos o no nuestras vidas antes de nacer? Según Michael Newton, en esta especie de atracción futurista elegimos qué cuerpo vamos a tener, la familia en la que vamos a encarnar, las circunstancias que nos van a rodear, y los principales retos a los que nos enfrentaremos. No creo que en ningún caso lleguemos a ver toda esa vida, como mucho se nos enseñan los puntos clave en los que tendremos que actuar, y en función de esas decisiones o acciones, el futuro podrá ser distinto. Esto a mí me parece más lógico que pensar que antes de nacer estamos flotando en el cielo, vemos a una pareja feliz (o no), y decidimos encarnar en el futuro bebé que van a concebir estos padres. Esto es lo que describen muchos niños que recuerdan vidas pasadas... pero como en los casos de ECM’s, pienso que no debemos tomarnos todo al pie de la letra, y mi opinión es que en estos casos estos niños están interpretando de una manera simplificada lo que vieron o experimentaron en ese periodo de preplanificación junto a sus guías.

Aún así, no es imprescindible haber leído a Michael Newton para que estas interrogantes se nos planteen en un momento u otro de nuestro camino. Si la vida se rige por destino o azar es una pregunta que todos nos hacemos desde muy jóvenes, porque a veces realmente tenemos la impresión de que determinado encuentros o acontecimientos en nuestras vidas estaban planeados. Yo siempre he creído en el destino, pero a la vez siempre he pensado que nuestro libre albedrío es indiscutible. Porque, en efecto, sin él, nada tendría sentido, y mucho menos la reencarnación. Si se supone (solo se supone) que estamos aquí para aprender o para crecer espiritualmente, ¿cómo lo vamos a hacer si todo está ya planificado al detalle y se puede predecir lo que vamos a hacer o decidir en cada momento? Sin embargo, creo que pensar que absolutamente todo está preplanificado es lo mismo que pensar que la genética explica todo lo que somos. Está última afirmación es falsa. La genética solo indica una predisposición a padecer cierta enfermedad, a tener cierta personalidad, a desarrollar ciertos comportamientos... pero esto no quiere decir que siempre vaya a ser así, dependerá de muchos otros factores como la educación, el ambiente en el que hemos crecido, incluso nuestra fortaleza mental. Igualmente, venir a la Tierra con un guión sobre lo que pensamos hacer, no quiere decir que todo lo que venga en ese guión va a suceder así. Yo creo que siempre hay lugar para la improvisación.


Pero el momento en el que más profundamente reflexioné sobre este tema fue cuando recordé haber matado a alguien en una vida pasada. Muchos aseguran que las experiencias que vivimos en cada vida las elegimos nosotros. Bien, ¿significa esto que nosotros mismos elegimos ser asesinados, o ser víctimas de violación, o ser maltratados de niños por un padre o una madre? Si esto es así, ¿qué ocurre con el agresor? ¿Ha llegado a algún tipo de acuerdo con esta alma antes de encarnar para matarla/violarla/maltratarla? La verdad es que no llego a descartar del todo esta posibilidad (y lo digo por experiencia propia), pero no creo que sea así en todos los casos, ni que el grado de crueldad sea siempre el acordado antes por estas almas... es decir, las cosas se pueden desmadrar. Puede que yo acuerde con el que va a ser mi padre tener una relación conflictiva porque él va a ser alcohólico y yo necesito pasar por la experiencia de tener un padre alcohólico, por la razón que sea, pero quizá resulte que esa alma, una vez encarnada, se enfrente a una situación que le sobrepasa y la adicción le lleve a cometer actos que no estaban planeados. Pensar que alguien ha elegido ser víctima tiene un peligro evidente, y es pensar que eso, desde nuestro punto de vista del agresor, justifica nuestra acción. Eso te quita un gran peso de encima, de eso no hay duda. Sin embargo, creo firmemente que eso nunca es así. Creo que siempre podemos elegir. Aun cuando las cosas pasen por algo y acontecimientos como el Holocausto o el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki hagan que la humanidad se dé cuenta de que eso no debe volver a ocurrir (y por lo que vemos todos los días, aún no se ha dado cuenta y por tanto esos acontecimientos no sirvieron para nada, excepto posiblemente a nivel individual), las malas acciones nunca están justificadas y siempre podemos echarnos atrás en el último momento. La cuestión aquí tal vez sería “¿Por qué seguimos siempre eligiendo la opción equivocada?” O... ¿existen las opciones equivocadas? Tal vez no... En todo caso, tengo muy claro que la responsabilidad es nuestra y solo nuestra.

Por tanto, la visión personal que yo tengo sobre la preplanificación es que elegimos a grandes rasgos nuestra próxima vida: la infancia siempre es fundamental en el desarrollo de una persona, por tanto es lógico que elijamos a nuestros padres, y aquel entorno que nos va a permitir tener una base que nos permita llegar a donde queremos llegar. En ese guión va a haber unos puntos marcados con asteriscos por su importancia, aquellas experiencias por las que queremos pasar sí o sí. También habrá otros puntos menos importantes pero que son cruciales para llegar a los otros. Y luego, existirán infinidad de pequeños senderos y atajos que elegiremos o no, según lo que nos apetezca hacer en cada momento. Evidentemente, al nacer no recordamos conscientemente nada de esto, y por ello dicen que los guías espirituales están ahí para ayudarnos a decidir lo que más nos conviene. Y también es evidente que para que el guión se cumpla, se requiere la presencia de muchas otras personas que se cruzarán en nuestro camino y en cuyo guión tal vez también estemos nosotros, dando lugar a un intrincado entramado de contactos y decisiones que se toman minuto tras minuto, que van construyendo poco a poco nuestro futuro.

Sea como sea, creo que el libre albedrío es nuestro derecho fundamental como seres espirituales, totalmente inviolable. Nosotros somos los amos de nuestra existencia, decidimos cuándo queremos reencarnar, cuándo queremos morir, y qué queremos hacer, tanto en este plano como en el plano espiritual. Creo que es un error intentar extrapolar nuestra visión humana al mundo espiritual y pensar que en el otro lado somos como niños a quienes nos imponen unas obligaciones, con unas reglas fijas y unos señores ancianos que velan por el cumplimiento de las leyes... Otra cosa es que existan seres con más experiencia que nosotros y que nosotros acabemos cediendo a sus consejos, aunque sea a regañadientes, porque en el fondo sabemos qué es lo que nos conviene...


Una teoría que me gusta mucho personalmente es aquella que dice que en este guión también existen unas “puertas de salida”, es decir, varios puntos en los que si queremos podemos decidir morir... bien porque pensemos que ya lo hemos hecho todo, o bien porque queremos tirar la toalla, abrumados por los acontecimientos. Nuestro espíritu o yo superior siempre es más sabio que nosotros... y quizá se manifieste a través de nuestra intuición y haga que en el último momento decidamos no subir a ese avión que se estrella o no acudir a ese lugar en el que hay un atentado terrorista. Muchos piensan que esto es el Destino de esa persona, que “no era su hora”. Pero en este caso, yo siempre pienso: “¿Pero sí era la hora de las otras 247 víctimas del accidente?” ¿Planeamos nuestra muerte en accidentes... o fue de verdad un “accidente”? Si estuviera planeado, ¿no sería más fácil para algunas de estas personas aceptar haber muerto cuando aún tenían tantas cosas que hacer? Yo siempre digo que la casualidad no existe, pero no descarto que sean posibles los dos casos... Lo cierto es que aún no tengo una conclusión definitiva. Y creo que hay muchos misterios de la vida (y la muerte) que solo podremos esclarecer cuando por fin lleguemos al otro lado...

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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