martes, 7 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo: una serie para reencarnacionistas.

La verdad es que muy difícil creer que los guionistas de esta serie, que además está llena de guiños a una serie mítica como Dr. Who, no hayan pensado en algún momento en la reencarnación. Pero como esta palabra parece ser tabú en nuestro país, no se menciona en ningún lugar. También me parece muy curioso que seguramente una gran cantidad de fans que han surgido a consecuencia de la serie española algunos de los cuales son historiadores y se entretienen buscando inexactitudes en cuanto a la época de los hechos no serán conscientes de dónde les viene esa especial afinidad que sienten hacia ciertos periodos históricos. En momentos como estos suelo sonreír, porque me doy cuenta de cuánto de cierto hay en eso que suelo afirmar: la Verdad está delante de nuestras narices, pero somos incapaces de verla. Creo que lo que está pasando es muy parecido a lo que pasa en Estados Unidos y otros países (el nuestro incluido, aunque aquí no es tan frecuente) con los grupos de “reenactors”, actores aficionados que de vez en cuando se reúnen para representar batallas épicas, poniendo un gran énfasis en que no haya ni un solo anacronismo, dándose el placer de sacar sus reproducciones de armas a la calle, y vistiendo con ese uniforme militar que tanto les costó conseguir. Detrás de muchos de estos reenactors, los reencarnacionistas sabemos que hay personas que vivieron realmente en esa época que tanto disfrutan representando, o de la que saben más que un historiador de verdad. Pero, lamentablemente no son conscientes de ello. O quizá, si lo sospechan, nunca se atrevieron a mencionárselo a nadie.

Representación de la batalla de Antietam en Sharpsburg, Maryland. 
Desde que comenzó la serie abrimos un hilo en el foro que ha tenido bastante éxito, porque es evidente que muchos de nosotros (gente que recuerda sus vidas pasadas) disfrutamos especialmente viendo películas que pertenecen a aquella era en la que vivimos, entre otras cosas porque eso nos puede desencadenar nuevos recuerdos. Además, en la serie se dan constantemente circunstancias y situaciones que no son nuevas para nosotros. Uno de los mejores ejemplos para mí es cuando Amelia descubre su propia tumba. Algo que para muchos puede parecer excesiva imaginación, no es para nada raro en las historias que podemos compartir los reencarnacionistas. De hecho, es uno de los momentos más extraños y a la vez más emotivos a los que nos llegamos a enfrentar: el momento en que tras muchos años de recordar, investigar y verificar, encuentras el lugar en el que te enterraron, a veces con nombre y apellidos, otras veces sin ellos. Algunos, como es mi caso, ni siquiera tenemos tumba, porque en una de mis vidas arrojaron mi cuerpo al mar. Aunque sí puedo contar una pequeña anécdota: una vez leí que un hombre tenía guardado el cráneo de otra de mis vidas pasadas. Puede parecer divertido, pero lo cierto es que hasta que no te pasa no sabes lo raro que se siente descubrir estas cosas.

Llegar a conseguir una verificación de este calibre hace que te sacudas de arriba abajo, porque es como si de repente aquello que creías eran solo delirios de tu mente se hace real y tangible. Puede que hasta ese momento solo hayas hablado de “posibles recuerdos”, de un nombre que crees que es el tuyo pero sabes que tal vez te lo estás inventando. Cuando por fin hallas una referencia histórica clara e indudable de que ese ser existió, y su vida coincide con lo que tú recordabas, todo se derrumba de nuevo. No tienes más remedio que aceptar que la reencarnación es un hecho, porque sabes que tú no te has podido sacar de la manga todos esos detalles, ni tendrían por qué afectarte tanto si es solo una historia de ficción. El tiempo deja de tener el mismo sentido. Notas cómo el pasado y el presente se han fundido en uno. Pero a la vez también te das cuenta de que todo (o mucho) de lo que fuiste ya no está. El sentimiento de pérdida también se hace más fuerte. La nostalgia es abrumadora. Y si aún no has llorado lo suficiente, tendrás que pasar por el duelo para poder pasar página.


El Ministerio del Tiempo es una serie que gusta a los reencarnacionistas porque en parte nosotros podemos hacer lo mismo: viajar en el tiempo. No nos sentimos del todo pertenecientes a este mundo moderno, en el que nos sentimos incómodos. Nos gustaría volver a otras épocas en donde éramos más felices o donde no nos sentíamos fuera de lugar. Creo que en la serie se ve muy bien cómo viajar al pasado no constituye un gran problema. Pero cuando viajas al futuro te encuentras descolocado y no sabes muy bien qué hacer para encajar. Vives en el presente, pero a la vez vas a dormir a tu época, y sigues teniendo los problemas que tenías en tu época. La única diferencia es que nosotros hemos cambiado de cuerpo. Muchos creen erróneamente que la muerte significa dejar todo atrás. Pero los reencarnacionistas sabemos que eso es solo una ilusión.

Nos queda mucho para llegar a Cloud Atlas, pero espero que los guionistas españoles sigan por este camino.

domingo, 5 de abril de 2015

¿Se puede ser reencarnacionista e investigadora a la vez?

A raíz de determinados acontecimientos después de publicar mis dos últimas entradas, he estado dándole vueltas a esta cuestión. He compartido mis pensamientos con otros reencarnacionistas (recordemos una vez más que con esto me refiero a personas que RECUERDAN vidas pasadas), y me ha agradado comprobar que en líneas generales estaban de acuerdo conmigo. De hecho, no es que no puedas ser reencarnacionista y dedicarte a investigar seriamente la reencarnación (y a publicar trabajos serios sobre ello), sino que en un mundo perfecto, deberíamos ser los reencarnacionistas quienes investigáramos la reencarnación. ¿Por qué? Porque solo nosotros, repito, SOLO NOSOTROS, podemos saber lo que significa realmente recordar vidas pasadas.

Como me he movido siempre en un ambiente académico relacionado con las ciencias de la salud, pondré un ejemplo médico: ¿puede un médico cualquiera investigar el virus Ébola? Sí, por poder, claro que puede. Si es un buen científico (que esta es otra historia), lo hará bien. Pero lo que nadie puede negar es que nunca sabrá lo que realmente implica sufrir una fiebre hemorrágica hasta que no haya estado en persona en algún lugar de África viviendo una epidemia de Ébola. Hasta que no se haya puesto el traje de seguridad biológica de nivel 3 y se haya pasado una hora tratando a pacientes con Ébola, no sabrá de verdad lo que es el Ébola. Y cuando vuelva a su país, no solo habrá pasado por una experiencia que muy pocos conocen, sino que además el horror de lo que ha vivido no se borrará jamás de su mente, y esto posiblemente le llevará a querer investigar con mucho más ahínco para conocer mejor el virus y poder desarrollar mejores armas contra él. Esta persona no solo tendrá la teoría, sino que tendrá también la práctica. Además estoy segura de que su amargura y decepción no tendrán límites cuando sea testigo de cómo los que no han vivido de cerca tal situación tratan de buscar soluciones desde la comodidad de sus despachos, tomando decisiones que no serán las correctas o ideando protocolos de actuación que no se ajustarán a las necesidades reales.


Bien, pues lo mismo ocurre con la reencarnación. Desde que empecé a recordar me he encontrado con montones de gente que creen en ella, que desean conocer más porque lo ven como algo posible, o que han investigado durante años el trabajo de campo que hicieron otros hace más de treinta años. Estos últimos pueden llegar a pensar que son unos expertos en la materia. Pueden incluso llegar a pensar que solo ellos cuentan con la autoridad suficiente para decidir si lo que recuerda una persona merece su atención o no. Pueden decirte que tus recuerdos e incluso tus verificaciones, que tanto tiempo te ha llevado obtener, no significan nada, simplemente porque comenzaste a recordar de adulto o porque esos recuerdos te vinieron mediante autohipnosis. Están tan desconectados de la vida real que incluso pueden calificar tu trabajo de poco serio si no has publicado un artículo en una revista científica.

Y, sin embargo, no tienen la menor idea (o solo lo saben “de oídas”) de lo que supone recordar. Suponen que es difícil distinguir un sueño normal de un sueño de vida pasada porque jamás han tenido un sueño de vida pasada. Se asustan al escuchar la palabra “hipnosis” porque jamás se les ha ocurrido probar una de esas grabaciones tan populares en Youtube. Piensan que todos los adultos que recuerdan tienen la misma capacidad de discernimiento que una rana y por ello dan más fiabilidad a lo que dice un niño de tres años. Tampoco son conscientes de la intensidad emocional y las secuelas psicológicas de algunos recuerdos traumáticos. Están tan preocupados en la clasificación y en la nomenclatura de sus datos que se olvidan de que detrás de esos recuerdos, que pueden ser más o menos exactos, hay personas cuyo comportamiento y forma de pensar han venido durante años determinados por algo que vivieron hace siglos. No conocen el proceso por el cual los recuerdos comienzan a aflorar de tu subconsciente y se convierten en parte de ti, dándote la respuesta a muchas de tus preguntas y ayudándote a enfrentarte a los problemas de tu vida actual. Francamente, yo jamás contaría a este tipo de investigadores lo que he pasado para llegar hasta aquí. Tendría la impresión de estar hablando con unos escolares que aún no saben distinguir entre virus y bacterias, cuando yo lo que quiero es tratar con alguien que comprenda de verdad lo que es el miedo de pincharte con una aguja contaminada o ver a alguien frente a ti desangrándose por las hemorragias espontáneas que le provoca el virus Ébola. En cierto modo, es muy parecido a lo que sentimos todos aquellos que recordamos vidas pasadas militares. Solo el que ha luchado en una guerra puede comprenderlo.


He de reconocer que me cuesta bastante ser optimista. Pero por un día lo voy a ser.

Señores investigadores de la reencarnación (si es que en España hay alguien que de verdad investigue con la misma seriedad, rigurosidad, formación científica y experiencia que yo): las cosas van a cambiar. No sé cuándo, pero lo van a hacer. Hay una generación entera de jóvenes muy bien formados que recuerdan vidas pasadas y que quieren demostrar que la reencarnación es un hecho. Estos jóvenes saben muy bien de lo que hablan, no son unos fanáticos religiosos ni creen ciegamente en nada, salvo en lo que la ciencia puede explicar. La ciencia necesita un nuevo enfoque, nuevas hipótesis, nuevas formas de experimentar. No podemos seguir anclados en el pasado, repasando una y otra vez lo que otros autores dejaron escrito en sus obras hace cuarenta años como si eso fuera algo novedoso. Los niños que recuerdan vidas pasadas están muy bien, y sin duda para muchas personas son una gran evidencia de que la reencarnación existe y es un fenómeno natural y universal. Pero hay mucho más aparte de los niños. Hay montones de personas que recuerdan sus vidas pasadas y que hablan de ellas con naturalidad, y una gran parte de estas personas tienen el cerebro y la inteligencia suficientes como para distinguir fantasía de realidad. Además de tener una gran experiencia para poder ayudar a otras personas que también empiezan a recordar, pueden hacer estadísticas, realizar gráficos y analizar cuantitativa y cualitativamente los datos que obtengan de sus investigaciones. También pueden relacionar esos datos con nuestros conocimientos actuales en numerosas disciplinas, desde la biología a la física cuántica, y sacar conclusiones que dejarán atónitas de una vez y para siempre a toda la comunidad científica.

Aún así, costará mucho convencerles, porque el grado de materialismo al que hemos llegado es altamente preocupante. Por desgracia no vivimos en un mundo perfecto y a los que realmente sabemos de reencarnación y de recordar vidas pasadas nos tratan de silenciar, nos dicen que nuestros recuerdos son basura en su mayor parte, o nosotros mismos elegimos callar, porque de todas formas sabemos que casi nadie nos va a comprender.

Pero no importa, porque eso va a cambiar.

Tal vez solo esté soñando, pero Einstein también soñaba. Kekulé también soñaba. Muchos buenos científicos lo hacen, y saben la Verdad mucho antes de poder demostrarla. Con la inversión actual que hace mi país en investigación, no creo que yo pueda llegar a demostrar nada, al menos no en esta vida. Pero tarde o temprano nos darán la razón a los reencarnacionistas. Y espero estar aquí para verlo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Signs of reincarnation (grupo en Facebook).

Igual que me quejo a veces de ciertas insensateces que una tiene que oír cuando descubre ciertas páginas en español que hablan de reencarnación, también me gusta de vez en cuando reconocer el trabajo que otros hacen. Hoy es el turno de un investigador llamado Jim Matlock, antropólogo y parapsicólogo que ha trabajado en instituciones tan prestigiosas como la Sociedad Americana de Investigaciones Psíquicas en Nueva York, o el Centro de Investigación Rhine en Durham, Carolina del Norte. Gracias a su educación científica, su forma de investigar la reencarnación está en la misma línea que el trabajo del Dr. Ian Stevenson y el Dr. Jim B. Tucker, ambos de la Universidad de Virginia, solo que Jim Matlock ha ampliado su espectro de sujetos estudiados y también está recopilando datos sobre adultos que recuerdan vidas pasadas.

Hace unos meses abrió un grupo en Facebook llamado Signs of Reincarnation, al que cualquiera se puede unir, y por primera vez puedo afirmar que no estoy perdiendo mi valioso tiempo leyendo los documentos y las opiniones de los integrantes del grupo. Sobre todo es un placer oír afirmaciones como “No hay evidencias científicas que apoyen la existencia del karma”, o “No hay datos objetivos que nos permitan decir sin lugar a dudas que venimos aquí para aprender determinadas lecciones”. Por supuesto, tampoco se habla sobre cómo funciona la reencarnación, porque lo cierto es que aún no tenemos ni idea de cuál es el mecanismo por el que reencarnamos. Ahora mismo nuestro trabajo es recopilar todos los datos posibles y tratar de llegar a alguna conclusión, y no dar por supuesta ninguna creencia asociada a la religión o a determinadas enseñanzas new age que tanto abundan en la red.


En lo que respecta a la situación en países hispanohablantes: por una parte, me alegra que los niños que recuerdan vidas pasadas estén recibiendo cierta atención mediática en las últimas semanas. Está bien que algunos de los casos descritos en el programa de televisión Ghost inside my child estén llegando al público ya traducidos. Por otra parte, tengo la impresión de que aún nos queda mucho por andar para que se tomen en serio las experiencias de personas como yo. No soy la única ni mucho menos, como prueba el grupo Signs of Reincarnation. Algo que al principio nos choca cuando llegamos a este grupo es que no dan demasiada validez a los recuerdos obtenidos por hipnosis regresiva, sino que prefieren los recuerdos surgidos espontáneamente, incluyendo los que aparecen cuando escuchamos una grabación de autohipnosis o cuando meditamos. Me imagino que la razón detrás de esto es la idea tan extendida de que alguien te puede implantar recuerdos falsos en una sesión de hipnosis, algo que no se corresponde con la realidad, al menos si hablamos de un profesional serio que sabe lo que hace. Aún así, no me molesta que tomen esa precaución, porque de algún modo me da confianza sobre mi propia experiencia, la cual comenzó de manera totalmente espontánea. Aún recuerdo todo lo que tuve que luchar para decirle a la gente que la hipnosis regresiva no es el único método para recordar vidas pasadas. Más bien al contrario, puedes recurrir a ella si lo necesitas, si no eres capaz de relajarte solo o si piensas que tienes un trauma, pero la autohipnosis o la meditación son las técnicas más utilizadas para recordar, por lo que he visto. Ojalá la gente fuera más consciente de este hecho. Recordar no es complicado. Los límites están en nuestra mente. Poder hablar con personas que han pasado por lo mismo que tú y que lo ven como algo normal te hace sentir mucho menos solo y menos raro. Y si encima puedes hablar de tú a tú con científicos que se interesan de verdad en lo que tienes que contar y que no te van a decir que has perdido un tornillo, eso no tiene precio.

Más información:


viernes, 13 de marzo de 2015

Niños que recuerdan vidas pasadas (2).

He de reconocer que los niños que recuerdan vidas pasadas no es uno de los temas que más me han interesado dentro de la reencarnación. Cuando tus propios recuerdos comienzan a manifestarse en tus meditaciones y buscas respuestas, los niños que recuerdan vidas pasadas son poco más que una anécdota que no te ayuda a lidiar con esos recuerdos ni a comprender qué te está pasando. Sin embargo, desde el punto de vista de la investigación, las experiencias de los niños tienen aparentemente más validez, puesto que aún no ha dado tiempo a que sus mentes infantiles se vean influenciadas por la educación y las creencias religiosas que los adultos enseguida queremos imponer sobre ellos. Además, parece que sus mentes están más estrechamente conectadas con la dimensión espiritual que acaban de dejar, parecen ser capaces de recordar con una exactitud asombrosa momentos previos a su nacimiento, y si solo los escucháramos un poco más, muchas veces nos sorprenderíamos. 

Aquí en España el fenómeno de los niños que recuerdan vidas pasadas es nuevo, aunque estos casos, igual que ocurre con las ECM’s, llevan decenas de años siendo estudiados en otros países. Cuando yo empecé a investigar sobre reencarnación, es lo primero que me encontré: los trabajos de Ian Stevenson y el foro de Carol Bowman, sin el cual habría estado muy perdida. Recomiendo a todos los lectores del blog que busquen sus libros. Yo he aprendido mucho más de otras personas que también recordaban sus vidas pasadas, pero de momento parece que ser adulto y recordar vidas pasadas es una excepción o muy pocos quieren intentarlo. Para los que se entretienen leyendo historias sobre niños que recuerdan vidas pasadas, hoy os cuento un caso sorprendente sacado del libro Children’s Past Lives de Carol Bowman (no es una traducción literal):
Estos niños no solo vienen con recuerdos, sino también con un conocimiento de cómo son las cosas en el mundo espiritual que no se corresponden con el conocimiento que un niño de esa edad debería tener. Un ejemplo es la hija de Lisa, Courtney, que tenía cuatro años y medio en aquel entonces: un día su hermano Joey, más pequeño que ella, estaba contemplando una foto de bebé de Aubrey, una hermana mayor. Joey preguntó dónde estaba él cuando esa foto había sido tomada. Aubrey respondió: “Estabas en el cielo de los bebés esperando a nacer”. Courtney se indignó frente a esta respuesta y respondió: “¡No! ¡No es así como funciona!” Explicó: 
“Vas al cielo, tienes un corto tiempo para descansar, parecido a unas vacaciones, pero entonces tienes que volver a trabajar. Tienes que empezar a pensar sobre qué es lo que tienes que aprender en tu próxima vida. Tienes que empezar a elegir tu próxima familia, una que te ayudará a aprender lo que sea que tienes que aprender. El cielo no es un lugar en el que te puedas quedar para siempre. No es solo un lugar donde relajarte y ponerte cómodo. Tienes que trabajar allí.”  
Su madre, Lisa, se quedó sorprendida de la seriedad en sus palabras y del concepto que tenía sobre el cielo. Decidió preguntarle algo más:
—Courney, si has estado en el cielo, ¿lo recuerdas?
—Sí.
—Bien, entonces, has debido de ver a Dios.
Asintió. Entonces Lisa pensó que la iba a poner en un aprieto y le preguntó:
—Yo no recuerdo a Dios. ¿Podrías decirme cómo era Dios?
Lisa esperaba una versión “hollywoodiense” de Dios, algo así como una luz brillante o un cálido sentimiento. Lisa relata que Courtney la miró como atravesándola con su mirada y dijo:
—Sabes, solo vi a Dios con mi alma.
Lisa se dijo que debería haber sabido que no iba a conseguir ponerla en un aprieto.

Pero aún hay más. Cuando Courtney tenía seis años, Lisa estaba viendo la televisión sin poner mucha atención, y Courtney estaba cerca jugando. De pronto preguntó por qué había una mujer llorando en la tele. Lisa le explicó que era porque iban a ejecutar a su hijo por haber cometido un crimen, sin querer especificar que ese crimen era una violación. Courtney dijo:
—Bueno, mamá, esa mujer no entiende, por eso está triste.
—¿Qué quieres decir con eso de que no entiende? —dijo Lisa.
—Bueno, no entiende que cuando alguien ha arruinado tanto su vida como este hombre, morir no es en realidad un castigo. Porque cuando muere, comienza todo otra vez y vuelve a ser un bebé en una nueva familia sin que nada malo que haya hecho le siga. Y eso es realmente mucho mejor para él porque así no malgasta su energía, y será capaz de aprender lo que necesita aprender mucho más fácilmente si comienza otra vez. Y ella no comprende esto, mamá, porque si lo hiciera, no estaría triste.
Después, Courtney salió de la habitación como si nada. Lisa estuvo unas tres horas meditando sobre lo que Courtney había dicho, siendo perfectamente consciente de que aquello no podía provenir de ellos, miembros de una iglesia presbiteriana, donde ese tipo de dogma religioso no es usual. Era imposible que Courtney hubiera escuchado ese razonamiento antes. 
Aún así, cuando las evidencias están delante de nuestros ojos, hay personas que siguen queriendo imponernos sus creencias en cuanto a la existencia de determinadas “leyes naturales” que rigen la reencarnación. No sé si a los lectores les pasa lo mismo, pero yo prefiero las evidencias.



lunes, 9 de marzo de 2015

Qué es ser reencarnacionista (para mí).

El otro día navegando por la red vi que hay otras personas que también utilizan la palabra “reencarnacionista”. Sin embargo, observé que para algunos esa palabra tiene cierta connotación negativa porque para ellos parece ser sinónimo de “ferviente creyente en la reencarnación”, próximo a una especie de fundamentalista religioso. Olvidaron especificar cuál es su propia definición de reencarnacionista, porque como se puede ver en la columna lateral del blog, esta palabra aún no está recogida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Por tanto, por “reencarnacionista” cada uno entiende lo que quiere.

Hoy me apetecía profundizar en esta cuestión. Como ya he comentado alguna vez, para mí lo más importante no es “creer” o no —la creencia en ella no es un requisito indispensable para recordar o para que tu hijo te diga que antes tenía otra madre—, sino tener recuerdos propios. Tampoco me vale una regresión aislada o un sueño que tuve hace cuarenta años que no me resuelven mis dudas. No. Recordar vidas pasadas supone enfrentarte también a una serie de emociones que surgen de tu interior y a una serie de preguntas trascendentales que te vas haciendo a lo largo del camino, las cuales te arrastran más y más y te llevan a continuar en tu búsqueda espiritual. Esto no significa que “recordar” te haga creer en la reencarnación instantáneamente. Esto es un proceso muy largo con muchas fases, distintas para cada uno. A veces utilizo las palabras “recuerdo” o “recordar” solo por una cuestión de ahorro, no porque esté segura de que todo lo que sale en una meditación sea de verdad un recuerdo. Siempre debemos mantener una actitud racional e investigar esos posibles recuerdos, tratar de verificarlos, y si eso no es posible, siempre ser conscientes de que hay un margen para el error.

Recordar vidas pasadas supone establecer una conexión con tu alma, yo superior o como cada uno quiera llamarlo, que ya no va a desaparecer. Aunque para muchos sea algo difícil de comprender o de llevar a cabo, la meditación tiene esos efectos: es como un entrenamiento cerebral que poco a poco te hace ser más intuitivo, te hace estar más alerta de las señales que tu alma te envía constantemente. Al principio mis recuerdos llegaron como un violento tsunami que amenazó con ahogarme. Hoy llegan gota a gota, pero la conexión siempre está ahí, y cuando menos te lo esperas, ocurre algo en la vida real que te hace recordar que todo sigue igual: esa persona que fuiste, las emociones que sentiste, están todavía vivas. Como siempre decimos, la muerte no existe, y el pasado se convierte en presente para los reencarnacionistas.


Ayer me ocurrió cuando vi el reportaje sobre la capitán Zaida Cantero. Podría decir que sufrí un trigger en toda regla. No me vinieron muchos flashes, pero sí muchas emociones que llegaba a sentir quemándome en el plexo solar y que me hacían viajar a dos de mis vidas pasadas. Solo siendo testigo de sus silencios, adivinando el calvario por el que ha tenido que pasar durante largos años, y sobre todo, viendo cómo una vez más reinan la impunidad y la injusticia en algo tan serio como son los abusos sexuales, me hervía la sangre. Volvía a verme a mí misma ignorada por la sociedad, atrapada, condenada al silencio porque sabía que nadie me iba a ayudar, en unos tiempos en que las mujeres eran mucho menos de lo que somos ahora. Muchas mujeres pueden sentirse identificadas, eso no lo dudo. Pero no es lo mismo sentir empatía o compasión por alguien, que comprenderla al cien por cien por haber vivido algo similar. De hecho, si a ti también te hierve la sangre o sufres de alguna reacción emocional muy intensa como taquicardias, náuseas o bajadas de tensión cuando conoces casos similares al de Zaida, y sabes que en esta vida no has sufrido ningún tipo de abuso, tal vez te venga de una vida pasada.

Para mí, ser reencarnacionista supone mucho más que sonreír ante la perspectiva de volver a vivir, creer en almas gemelas, encontrar en el karma las respuestas a nuestras eternas preguntas o soñar con haber sido aquello que siempre hemos querido ser. Ser reencarnacionista y sentir, hoy, en tu propia piel, las emociones que originaron los traumas que te ocurrieron en el pasado, supone hacerte mucho más sensible a las injusticias que aún siguen ocurriendo en nuestro mundo. Estar seguro de que vamos y venimos continuamente no nos hace menos responsables de lo que ocurre en él, “porque al final no pasa nada”. Más bien al contrario, nos hace ser mucho más conscientes de que no hay karma que valga, y que somos nosotros, con nuestras propias decisiones, los que hacemos que el mundo sea como es.

Cuando pienso en casos como los de Zaida, no es la “maldad” del agresor lo que más me quita el sueño. Me duelen mucho más la complicidad y el silencio de todos los testigos que estuvieron allí y no tuvieron la fortaleza de ponerse de su lado. Me hace recordar —una vez más— que el progreso de la especie humana es exasperantemente lento. Además me produce mucha tristeza porque me pregunto si en una próxima vida Zaida también tendrá que hacer frente a las secuelas psicológicas de haber sido acosada laboral y sexualmente, como me ocurre a mí. Lo bueno es que me devuelve las ganas de luchar por aquello que creo que es justo, y despierta en mí el lado rebelde que en otras ocasiones me ha llevado a finales no muy agradables.

Ser reencarnacionista es viajar a lo más oscuro del ser humano. Para mí supone una veteranía en esto de recordar. Es haberte dado cuenta de que recordar vidas pasadas es un cambio muy profundo en tu forma de ver las cosas. Es una forma de vida. Tiene muchas cosas buenas, pero también hay etapas muy duras. Recordar vidas pasadas no es un mundo de color rosa lleno de luz y amor, aunque muchos aún continúen pensando así. Si tú aún lo piensas, te diría que aún no eres un verdadero reencarnacionista... pero mi definición de reencarnacionista aún no está aceptada por la RAE, así que no puedo llegar tan lejos. Si quieres, puedes contarme en los comentarios qué tipo de reencarnacionista eres tú.

lunes, 16 de febrero de 2015

El proceso de recordar vidas pasadas.

Esta semana me preguntaron directamente en el foro cómo recuerdo mis vidas pasadas, si son imágenes que surgen, o algo que que es así porque me viene tal cual durante la meditación. Pensé que estaría bien contarlo también en el blog, puesto que estoy segura de que muchos lectores tendrán esa misma duda.

Muchos de los que empezáis a recordar vidas pasadas no sabéis muy bien qué esperar. Además de dudar constantemente de si lo que veis es un recuerdo o imaginación, también tenéis la idea de que a la primera va a ser como sumergirte de lleno en una película en tecnicolor, con una historia perfecta y llena de emociones de principio a fin. Bien, esto no es así, obviamente. A mí también me pasaba al principio. Leía las experiencias de otras personas y me quedaba anonadada por la cantidad de información que tenían, por cómo habían logrado verificarlas, cómo habían logrado identificar a personas que conocían en sus vidas actuales, incluso tenían claro lo que habían aprendido en sus vidas pasadas. Esto hacía aflorar mi escepticismo, para qué lo voy a negar, así que entiendo que todo aquel que lea algo sobre mis recuerdos, también puede creer que me lo he inventado todo. Esto es porque cuando empecé no tenía ni idea de todo el trabajo que había detrás de recordar mediante la autohipnosis o la meditación. Ese trabajo no es de un par de días o de unos meses, sino de años. Y es así porque por mucho que lo deseemos hay factores que no podemos controlar. Por ejemplo, puede que pienses que si tienes un trauma te vas a concentrar en él y enseguida vas a tener todas las respuestas. Pues no. Lo habitual es que tu mente tenga siempre el control. Sobre todo al principio va a ir muy poco a poco y te va a mostrar solo lo necesario. Y no importa que tú creas que ya has trabajado suficientemente esos primeros recuerdos y estás listo para más. Aunque creas que algo no te afecta, puede que a nivel subconsciente sí lo esté haciendo todavía. Tu mente es más sabia que tú y elegirá el momento adecuado para seguir con el trabajo. Estas fases de bloqueo son muy frustrantes, pero cuanto más lo fuerces, más difícil te será recordar.

Después de un año o dos recordando puede que tengas las piezas suficientes para ir construyendo el puzle de tu vida pasada. Cada pieza son pequeños fragmentos que corresponden a distintos periodos de esa vida y que debes ordenar cronológicamente para que tengan sentido. Ahí es cuando te das cuenta de que todo el trabajo mereció la pena. Aún así, siempre quedan huecos o puntos no muy claros. Por eso siempre digo que desconfíes si alguien es capaz de describirte toda una vida pasada, de principio a fin, con profusión de datos y ni una sola duda.


¿Cómo fue mi proceso? En mi caso —que no tiene por qué coincidir con la experiencia de otras personas— empecé con breves flashes que surgieron espontáneamente cuando meditaba. “Unas botas con espuelas y un caballo con manchas, soy un joven vaquero, veo una mujer pelirroja”. Eso es todo. ¿Fue un recuerdo o una imaginación? Evidentemente, no lo sabes. Así que lo apuntas y lo dejas en cuarentena. En la misma meditación me podían llegar otros flashes. “Diría que soy una mujer joven. Toco el piano en una casa de aspecto colonial”. Lo apunto también.

Días, semanas o meses después, quizá surgían nuevas escenas que parecían corresponderse a la misma vida. “Soy un vaquero, pero aparento más edad. Estoy en una cantina discutiendo con unos hombres. Enfrente de mí veo a otro joven. Es mi amigo, reímos, pero en el fondo no me gusta su actitud”. Esto ya es bastante más que un flash. Empiezan a surgir emociones. Esto por lo general es un signo de que es un verdadero recuerdo. Ahora puedo empezar a estar más segura de que en otra vida fui un vaquero, pero aún no sé apenas nada. ¿A qué me dedico? ¿Quién es ese amigo? ¿Qué pasa con él? ¿Tengo novia? ¿Qué hay de mi familia? Todas estas preguntas puedes ir haciéndotelas según meditas. Algunas encontrarán respuesta, otras aún no. Al hacerte la pregunta, puede que la respuesta te venga inmediatamente, como un pensamiento, o puede que surja también en forma de escena que se empieza a desarrollar. Por ejemplo, te preguntas “¿Tengo padre?” y enseguida lo ves como un hombre no muy viejo pero castigado por el paso del tiempo y con una muleta. “¿Por qué lleva una muleta?” Y sabes que le hirieron en una batalla, por lo que puedes intuir que fue soldado. De esta forma, los recuerdos se van encadenando. Aquí es muy importante no precipitarse y asumir cosas que no son, ni tampoco debemos interferir con nuestra lógica y nuestro razonamiento, puesto que si comenzamos a analizar lo que vemos, dejamos de trabajar con nuestra intuición, y es mucho más fácil equivocarnos. Hay que dejar siempre el análisis de los recuerdos para después de la meditación.

Muchas veces estaba recordando una vida y de pronto parecía que el flujo de información se detenía. Por mucho que esperara o me hiciera a mí misma nuevas preguntas, no surgía nada más. Hacía un breve descanso (o no) y al volver comenzaba a recordar otra vida. Con el tiempo esto me dejó de suceder y entonces era más fácil concentrarme en una sola vida por sesión. Aún no sé por qué ocurre esto, pero supongo que era porque en aquel entonces todos mis recuerdos necesitaban salir a la luz y lo hacían de manera bastante descontrolada, quizá porque mi mente tenía menos entrenamiento.

Así, muy poco a poco, vas juntando la información y la vas ordenando en tu cabeza. Hay recuerdos que se repiten y se amplían, hasta que se van quedando bien grabados en tu memoria y se sienten exactamente igual que recuerdos de esta vida. Es muy frecuente que al principio te sientas algo raro, no te logras identificar totalmente con ese personaje. Esto suele pasar cuando no hay emociones, cuando crees que es alguien demasiado distinto a ti, y sobre todo cuando ese alguien actuó de alguna manera que detestas. No quieres reconocer esa parte oscura de ti y entonces puedes llegar incluso a bloquear esos recuerdos o a negarlos. Es lo que llamamos “periodos de negación”. Pero esa es otra historia...

lunes, 2 de febrero de 2015

Recordar es más fácil de lo que parece.

En mi última entrada dije que nuestros recuerdos de vidas pasadas no están enterrados en lo más profundo de nuestra psique, y que en realidad traer a nuestro consciente esos recuerdos es bastante más fácil de lo que estamos acostumbrados a pensar. Creo que la mayoría de la gente aún tiene esta idea profundamente arraigada en su mente, la idea de que recordar es raro, innecesario, o algo que solo se puede hacer en la consulta de un psicólogo, y como uno de mis propósitos con este blog es destruir mitos en torno a la reencarnación, explicaré por qué tenemos que dejar de pensar así.

No hace falta leer libros para darte cuenta de ello. Aún así haré referencia a Carol Bowman, terapeuta especialista en vidas pasadas de niños, porque creo que su experiencia es fascinante y un ejemplo perfecto para el tema que nos ocupa hoy. Hace ya más de tres años que comencé a recordar vidas pasadas. Jamás acudí a un hipnoterapeuta, hecho que normalmente le cuesta bastante creer a la gente, según lo que vengo observando. Al principio utilicé grabaciones de autohipnosis, después me pasé a la meditación, y actualmente alterno ambos métodos según mi estado de ánimo o las preocupaciones que tenga en mi cabeza. Según te acostumbras a meditar regularmente, te das cuenta de algo muy curioso: la información que antes solo estaba en el subconsciente, comienza a aflorar a la superficie, y puede incluso que durante el día te empiecen a llegar flashes espontáneos. ¿Es que de pronto tenemos poderes paranormales? ¿Nos hemos hecho videntes? No. Lo único que ocurre es que estamos aprendiendo a utilizar nuestro cerebro de otra manera, y ahora estamos más en contacto con esa parte de nosotros que generalmente permanece más oculta, esa parte que muchos llaman “yo superior”. Otra consecuencia de la meditación es que aprendes a escuchar mucho mejor a tu intuición, y reacciones emocionales que antes te pasaban desapercibidas y que ni siquiera asociabas con vidas pasadas, ahora puedes sospechar de dónde vienen, y puedes sacar provecho de la situación para obtener más recuerdos de vidas pasadas, o para profundizar en esa emoción y descubrir qué es lo que la está produciendo. Si es algo que te está haciendo daño, lo primero que debes hacer es traer ese recuerdo a tu mente consciente, para poder empezar a trabajar sobre ello.

Bien, como bien es sabido por los lectores habituales del blog, la hipnosis regresiva, método utilizado por muchos psicoterapeutas, no tiene nada que ver con perder el conocimiento, perder el control, o que te implanten falsos recuerdos en tu cerebro. Me estoy leyendo actualmente el libro de Carol Bowman Children’s Past Lives, un libro que me debería haber leído hace mucho tiempo porque es muy esclarecedor. En él describe cómo sus hijos comenzaron a recordar vidas pasadas y cómo ella misma fue descubriendo poco a poco la reencarnación y los métodos que existen para recordar vidas pasadas. Desde el principio se quedó sorprendida por cómo sus niños no necesitaban entrar en ningún “trance profundo” para recordar. Un hipnoterapeuta amigo suyo que ya había trabajado con ella ayudándola a recordar, se ofreció para hacer una regresión a sus hijos. Lo único que necesitaba hacer era sentarlos en una silla, invitarles a que cerraran los ojos e imaginaran un lugar en el que estuvieran cómodos y felices, y entonces les preguntaba por aquello que les estaba produciendo problemas: “Dime qué es lo que ves cuando oyes esos ruidos fuertes que te asustan”. Y justo después su hijo Chase estaba recordando una vida durante la Guerra Civil Americana.

Este hipnoterapeuta le dijo a Carol Bowman: “Los niños entran y salen del trance continuamente”. Pero, ¿qué significa en realidad “trance”? No es que estén profundamente hipnotizados. Es solo que están en un estado de relajación muy ligera y su mente concentrada en su interior. Los niños entran en este estado muy fácilmente cuando viajan en el coche, les están bañando, o van a ir a dormir. Por ello estos momentos suelen ser muy propicios para que hagan comentarios espontáneamente sobre sus vidas pasadas. Es cierto que a los adultos no les es tan fácil acceder a esos recuerdos. Posiblemente esto tiene que ver con el fenómeno de la poda sináptica que tiene lugar en el cerebro de los niños a partir de cierta edad. O quizá solo es que la información procedente del mundo físico y nuestra necesidad de centrarnos en el presente van creando capas y capas que nos van haciendo olvidar nuestra esencia. Sin embargo, esto no significa que no podamos recuperarla. Los que se acostumbran a meditar de manera regular lo saben muy bien.

Me sorprende ver el paralelismo entre estos estados de “trance” con lo que dicen los budistas, como en El libro tibetano de la vida y la muerte. Para ellos la meditación tiene que llegar a formar parte de tu vida cotidiana, de manera que puedas ir en el autobús, por ejemplo, y puedas ser capaz de mantener la calma interior, aislarte de tanto ruido y sobreexcitación de tus sentidos físicos, y entrar en estado de meditación. Creo que eso es exactamente lo que hacen los niños, y lo que hacemos los adultos que hemos aprendido a meditar y que de vez en cuando, cuando menos te lo esperas, entramos espontáneamente en ese mismo estado durante el cual te llegan flashes de vidas pasadas. Esto suele pasar cuando estás realizando tareas cotidianas que no requieren demasiada concentración, a mí me ha ocurrido cortando verduras para la comida o planchando. También es fácil que ocurra cuando estás dibujando o escribiendo. A veces también puedes entrar en lo que yo llamo past life mood, que es más o menos lo mismo, solo que las emociones son más fuertes y te pueden estar afectando durante días. Es cuando comprendes que no necesitas la ayuda de nadie para recordar. Es algo natural y probablemente ha ocurrido desde siempre, solo que nunca le prestamos atención.

Más adelante en su camino personal, Carol Bowman conoció a Roger Woolger, otro psicoterapeuta de la escuela de Jung a quien valoro especialmente. Él tampoco utiliza siempre la regresión, sino algo que él llama past life scripts (guiones de vidas pasadas). Consiste en hacerte pensar en algo de tu vida actual que te produce un problema, una situación que te pone nervioso pero no sabes la causa, por ejemplo: sientes que no encajas en ningún grupo, que cuando tratas de integrarte hay algo que te produce incomodidad. Te tienes que concentrar en esa emoción, y repetir en tu cabeza “No encajo, no encajo, no encajo”, mientras mantienes un estado leve de relajación y te concentras en tu respiración. De pronto, las imágenes comienzan a surgir, y te ves en una vida pasada, en esa situación que originó el problema. Sí, parece mentira, pero es así de fácil, porque los recuerdos de vidas pasadas están más cerca de la superficie de lo que nos creemos. Puede que no surja nada, en ese caso no nos debemos preocupar, porque nuestra propia mente pone sus límites, y tal vez no es el momento adecuado o la causa es demasiado dolorosa para que podamos hacerle frente. O quizá somos demasiado escépticos y nos bloqueamos a nosotros mismos. Pero es raro que la gente no recuerde nada. Este método funciona porque lo que pensamos y sentimos en el momento de la muerte es tremendamente importante: esos pensamientos y emociones dejan una profunda huella en nuestra psique, y se crean patrones mentales que luego nos afectan en nuestras siguientes vidas. Yo misma identifiqué varios de esos patrones cuando recordé mis vidas pasadas, aun cuando no sabía nada de Woolger ni de filosofía budista. Y también descubrí que no solo se producen en el momento de la muerte, en realidad cualquier acontecimiento, traumático o no, que tenga lugar durante nuestra vida, puede dejar huella. Eso es lo que crea nuestra personalidad. A veces llega a ser algo problemático, pero diría que en la mayoría de los casos no lo es. Simplemente son vivencias que nos marcan y que van dando forma a lo que somos hoy en día. Por ello recordar vidas pasadas, para mí, es sobre todo conocerte a ti mismo. Algo que, para mí, no tiene precio.

Información adicional:

ENTRADAS POPULARES

Entrada destacada

La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

DERECHOS RESERVADOS

Registrado en Safe Creative
Safe Creative #1503200166082

Si quieres utilizar parte del texto, por favor, pregúntame antes. No me importa compartir lo que escribo, siempre que se me pida permiso y se haga referencia a la autora.

MUY IMPORTANTE

La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN

MUCHO MÁS EN FORO REENCARNACIÓN
Si te gusta lo que lees en este blog, debes saber que esto es una mínima parte de lo que puedes encontrar en nuestra comunidad de Foro Reencarnación. Mucha más información, muchos más enlaces, pero sobre todo, muchas más personas con similares experiencias que podrán ayudarte en tu búsqueda personal. Visítanos, recuerda que no estás solo.

MILITARY PAST LIVES

MILITARY PAST LIVES
Si recuerdas una vida pasada militar o en tiempos de guerra y quieres conocer a personas que han pasado por lo mismo y que pueden comprenderte, no dudes ni un segundo en unirte a nosotros. Algunos de los traumas más fuertes tienen su origen en estas vidas, y todos necesitamos hablar de ello y ser escuchados. (Foro en inglés).

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.

CONOCE TU PASADO. CONÓCETE A TI MISMO.