domingo, 19 de octubre de 2014

Resignación.

Llevo tres días dándole vueltas a cómo escribir esto para no sonar otra vez negativa y frustrada, pero supongo que es inevitable cuando se trata de luchar con escépticos y tratar de hacer llegar al mundo un mensaje que está destinado a perderse en la bodega de un avión o en el carrito del cartero. Me siento como un náufrago abandonado y solo en una isla desierta, y a pesar de que preferiría dejarme morir de hambre y sed, escribir una nota con las últimas fuerzas que me quedan, meterla en una botella y arrojarla al mar, es mi única esperanza. No sé, a lo mejor me sorprendo y de pronto recibo un montón de mensajes de gente diciendo que también se siente igual, como en la canción “Message in a bottle” de Police. Pero de momento no ha sido el caso, como muestra la escasa participación que obtengo en el blog y los varios instantes al día que me dan ganas de cerrar mi foro y poner el cartel:

“Nos hemos ido.
La era de la racionalidad llegó a su fin. 
La era
de la desinformación en internet continúa”.

Después de publicar mi última entrada tuve un pequeño ataque de pánico. Bueno, no exactamente de pánico, pero me dio una especie de escalofrío, porque sabía que me estaba arriesgando mucho. Puedo imaginar con facilidad las caras de los escépticos al leer mis afirmaciones sobre Giordano Bruno, sus sonrisas irónicas pensando “Así que aquí tenemos una loca más que no solo cree en la reencarnación, sino que es tan crédula que cree haber conocido a la reencarnación de Bruno e incluso afirma que aún hoy tiene el mismo sentido del humor. Y luego quieren que los tomemos en serio...” Me pregunto por qué un escéptico llegaría aquí y se pondría a leer estas líneas, la verdad, aunque sé que algunos de ellos son lo suficientemente retorcidos como para hacerlo, para así poder seguir criticando y hablando de algo que están muy lejos de poder entender. Los reencarnacionistas (al menos algunos de nosotros) vivimos en un miedo constante, en una lucha interna entre la necesidad de expresar lo que sentimos, el deseo de decirle a la gente lo que hemos descubierto, y, por otra parte, el miedo a hacer el ridículo o a que nos tomen por locos. Además, poseo una parte científica muy importante, y por ello me entristece que aún nos queden cientos de años para que la ciencia se tome en serio la posibilidad de la reencarnación, más en un país tan ignorante como el nuestro. Me entristece porque hay científicos interesados en estudiarla, pero por lo general son menospreciados e ignorados por sus propios compañeros, del mismo modo que los pocos médicos españoles que se han atrevido a hablar de ECM’s o de regresiones han tenido que enfrentarse a las burlas de los demás (y al pobre Ian Stevenson, que en paz descanse, casi se lo comieron sus propias colegas de la Universidad de Virginia). Yo misma pude comprobar cómo era tratada en un grupo supuestamente científico cuando trataba de arrojar luz sobre esta cuestión, citando trabajos tan importantes como los del propio Ian Stevenson o Jim B. Tucker... y en este momento, ante la sola posibilidad de ver un vídeo en el que un conocido psiquiatra habla de otras vidas (un psiquiatra que se está haciendo muy mediático no sé por qué extraña razón), cuya opinión, según lo que se puede desprender a partir de la forma en que fui tratada en ese grupo, no puede ser muy positiva, me echo a temblar. No de miedo, sino de puro cabreo interno. Porque a estas alturas, cualquier persona, científica o no, diciéndome que la reencarnación no existe y que todos nuestros supuestos recuerdos son solo fantasías, solo me demuestra que no tiene la menor idea de lo que es recordar vidas pasadas y/o es incapaz de desprenderse de los prejuicios que tanto abundan en nuestra sociedad.

[Advertencia: aclaro desde ya que mientras acababa de escribir esta entrada junté el valor necesario para ver el vídeo que me costó cuatro días descargar, debido a que mi actual situación de desempleo no me da para pagar una conexión ADSL, y después de hacerlo me invadió una sensación muy placentera de total alivio, al comprobar que habían puesto un título que no se correspondía al verdadero contenido de la conferencia, que era la misma aburrida conferencia sobre experiencias cercanas a la muerte a la que había asistido en persona unos meses atrás. El alivio fue porque estoy segura de que me habría costado un buen disgusto el comprobar cómo algunas personas se empeñan en hablar de lo que no saben. Esta entrada solo es muestra de lo quemada que puede llegar a estar una reencarnacionista por ver siempre las mismas historietas en internet en lugar de ser testigo de algún avance, por pequeño que sea, ya sea en el mundo científico o en el paranormal. La verdad es que me gustaría estar hablando de otra cosa y no de escépticos, pero lo hago porque necesito desahogarme y porque hablo de sentimientos muy comunes entre los reencarnacionistas, tal vez incluso algún lector se sienta identificado].

El problema es que he llegado a un punto en el que ya me da igual (aunque no lo parezca). Por la experiencia de otros compañeros de viaje, que llevan recordando decenas de años, algunos incluso desde su niñez, sé que ese punto nos acaba llegando a todos los reencarnacionistas. A mí me está costando asumirlo por mi espíritu revolucionario y porque no me da la gana callarme (creo que esto último es un posible trauma de vida pasada, por haber estado callada demasiado tiempo). Yo no tengo nada que envidiar a ninguno de los que salen en los debates de Cuarto Milenio: tengo mis títulos, soy bastante inteligente, huyo de los videntes y de cualquier parafernalia espiritual como de la peste, pienso por mí misma... pero claro, como quiero mantener mi anonimato, no me interesa la fama, no me gano la vida dando conferencias, y prácticamente solo me muevo en foros, mi experiencia y mi testimonio permanecerán en la sombra como los de muchos otros compañeros que también recuerdan sus vidas pasadas. Después de varios años moviéndome en internet y viendo cómo está el percal en mi país, me he dado cuenta de que nosotros somos los únicos que sabemos de verdad sobre reencarnación. Y como aún no es posible publicar artículos científicos en revistas de prestigio, ni hacer encuestas cuyos resultados vayan a interesar a la comunidad científica, ni podemos aún planificar experimentos para demostrar la existencia del alma, ni tampoco vamos por ahí vendiendo que somos discípulos de Weiss y podemos sanarte en una sola regresión, y seguramente nos ven como unos locos que viven presa de sus propios delirios y fantasías, nos vemos obligados a teorizar en la sombra y a compartir nuestras experiencias solo con gente que sabemos nos comprenderán. A mí nunca me llamarán de un programa de televisión para hablar sobre otras vidas. Y si me llamaran, tampoco iba a ir, tal y como está el patio. Lo peor es que mientras tanto tengo que sufrir a varios personajillos subiendo sus vídeos a internet y opinando sobre el tema sin tener ni idea de lo que significa recordar vidas pasadas, sin haber hablado con personas que llevan años recordando, sin saber ni siquiera que la autohipnosis NO es una autoinducción, o teorizando sobre el karma cuando se ve a la legua que no recuerdan sus vidas pasadas. Si no recuerdas tus vidas pasadas, ¿cómo puedes saber si existe o no el karma? ¿Y por qué la gente que cree en el karma no va y le pregunta a los que recuerdan vidas pasadas, a ver qué piensan?


El caso es que me he resignado a ser una insignificante gota de agua en la inmensidad de la red. Puedo gritar todo lo que quiera, pero no se me va a oír porque algunos dan por supuesto que en la red solo hay palabras y palabras sin ninguna base, en lugar de personas racionales que también tienen dos dedos de frente y saben diferenciar la estupidez de lo que no lo es (somos pocos pero existimos). La gran mayoría, al leer mi blog, ni siquiera preguntarán ni comentarán, por desgana, comodidad, o puro desinterés, y dejarán pasar la gran oportunidad de poder llegar a tener la certeza de que la muerte no es el fin y la reencarnación un hecho. Se quedarán con una visión muy parcial del asunto, porque no sabrán ni la décima parte de lo que hay detrás de esta búsqueda. Nunca fue el propósito de este blog, ni lo será, pero jamás sabrán de los últimos intensos tres años de mi vida y cómo por casualidad comencé a ver en mi mente lo que parecían ser recuerdos de otras vidas. Jamás sabrán todo lo que estudié e investigué en páginas y foros de habla inglesa para averiguar qué diablos me estaba pasando. Jamás sabrán cuáles son mis problemas íntimos y cómo encontré la respuesta en mis vidas pasadas, ni cómo algunos de esos problemas me siguen afectando hoy y qué hago para mantenerlos a raya. Ningún lector de este blog, ni uno solo (bueno, quizá uno o dos), sabe de las experiencias desgarradoras de otras personas que he conocido y que no pueden hablar debido a la intolerancia del mundo en el que vivimos. Porque a pesar de sentirme extraordinariamente sola, no lo estoy. Todos los días conozco a personas que prueban las técnicas que ya todos conocemos y obtienen resultados, y los verifican. Estas personas no son todas conocidas por los terapeutas de vidas pasadas, porque a pesar de que algunos de ellos se piensan que tienen la exclusividad o el privilegio de ser los únicos que pueden hacer a la gente recordar sus vidas pasadas, la mayoría de nosotros no acudimos a ellos y creamos nuestras propias comunidades donde poder hablar con tranquilidad de lo que nos preocupa. Por un lado me molesta, y hasta me hierve la sangre, si alguien insinúa que todo esto son fantasías, ilusiones, extraños mecanismos de la mente para dar explicación a problemas sin resolver... Y un cuerno. Francamente, eso es un insulto a mi inteligencia y a la de todos mis compañeros. La gente puede parlotear todo lo que quiera sobre reencarnación, desde la teoría, y ridiculizar a los que decimos recordar, sin saber en qué consiste una verificación, sin experimentar en propia piel lo que es verte en el cuerpo de otra persona y darte cuenta de que las emociones que afectaron a esa persona te siguen afectando a ti hoy, sin molestarse en conocer de verdad a alguien que se atreve a afirmar públicamente que tiene una vida pasada famosa, sin ni siquiera saber que los niños que recuerdan vidas pasadas no solo están en los libros (en España ni siquiera eso), o que no hace falta una regresión para recordar. Muchos recurrirán a las teorías más ridículas para explicar algo que se niegan a aceptar, como la posibilidad de que estemos accediendo a información de la “matrix”, sea eso lo que sea... Pero solo el que recuerda sabe que eso no se sostiene por ningún sitio. Es muy fácil hablar sin saber... Por otro lado, he aprendido a vivir sabiendo que habitamos en mundos paralelos: ellos van a su ritmo, nosotros al nuestro. Las cosas son así y no ganamos nada lamentándonos. Ellos seguirán estancados en sus creencias y en sus dudas y en sus aparentemente grandes razonamientos científicos o pseudocientíficos. Nosotros seguiremos avanzando poco a poco, ganando en conocimiento espiritual y humano, transformándonos en personas distintas a las que éramos, porque ahora tenemos la certeza de que somos inmortales y nacemos y morimos incontables veces. Y seguiremos siendo testigos de cómo la humanidad sigue perdida, dando palos de ciego, con las respuestas tan cerca... porque es muy fácil cerrarse en banda a una realidad que puede golpearte en plena cabeza si solo le das una pequeña oportunidad. Y no hay nada mágico en ello, ni nada espiritual, ni hay que buscarle tres pies al gato. La reencarnación es un hecho, y no tengo la menor duda de que el que no lo ve así es por falta de información (en gran parte totalmente científica, por cierto), y sobre todo, por falta de experiencias propias.

¿Qué otra cosa puedo hacer más que resignarme? ¿Qué sentido tiene sumergirme en una lucha que sé no puedo ganar? Evitando a los escépticos gano tiempo para continuar mi maravilloso camino de autoconocimiento y de comprensión del mundo, hablando con respeto y educación con otras personas cuyos caminos han sido y son igual de fascinantes que el mío, viendo con mis propios ojos cómo las evidencias están ahí, si solo sabemos buscar, teniendo la oportunidad cada día de poder preguntar a personas totalmente normales, sensatas e incluso mucho más serias que yo, y que dicen ser la reencarnación de personajes muy conocidos por la historia, cómo han recordado, cómo lo viven, a qué consecuencias se enfrentan hoy en día, qué cambiarían de sus vidas pasadas... Hablar con ellos es infinitamente más constructivo y esclarecedor, sorprendente, muchas veces, y te deja sin palabras y sin dudas de que la reencarnación tiene que ser un hecho, digan lo que digan los que no se molestan en llegar al fondo del asunto. Sin duda, es más fácil hablar sin saber que dedicar unos cuantos años de tu vida a investigar en serio y sacar tus propias conclusiones. Es más fácil mirar por encima del hombro con una sonrisa irónica en tus labios y escudarte en tu educación científica para afirmar “Toda esta gente está equivocada”. Lo que realmente me molesta es que habrá gente que les creerá porque tampoco ellos están abiertos a la posibilidad de la reencarnación. Seguirán pensando que los reencarnacionistas estamos todos locos... y mientras se perderán un viaje fascinante a su propio pasado que, entre otras cosas, les hará perder el miedo a la muerte.

Pero ya me da igual. Tal vez el mundo no está preparado para lo que los reencarnacionistas tenemos que decir. Bueno, no: retiro el “tal vez”. Hace tiempo que sé que no está preparado. Y es muy triste, pero es lo que hay.

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martes, 14 de octubre de 2014

Giordano Bruno: mi pequeño homenaje.

Estoy contenta porque en los últimos días me estoy poniendo al día en cuanto a antiguos libros que tenía pendientes de leer. Uno era el que comenté en mi entrada anterior (no doy el título porque conozco al autor y no quiero que encuentre este blog, ya sea de manera accidental o no), y otro es Giordano Bruno. Filósofo y hereje, de Ingrid D. Rowland. Lo encontré por casualidad en una librería de mi ciudad a un precio muy razonable, y al contrario de lo que se puede pensar, no lo adquirí por ser conocedora de las razones que le llevaron a la hoguera, entre ellas su creencia y defensa de la reencarnación, sino porque llevaba mucho tiempo carteándome con alguien que dice haber sido él, y tenía mucha curiosidad por conocer en profundidad una de las muchas vidas pasadas que recuerda. Esta persona es extraordinariamente discreta, y a pesar de tener varias vidas pasadas famosas, se cuida mucho de hablar en público de ellas, salvo en lugares seguros. Como todos nosotros (reencarnacionistas serios y racionales) sabemos, es peligroso moverse en círculos no reencarnacionistas, más cuando se trata de hablar de cosas tan delicadas como son las vidas pasadas famosas, así que nos reunimos en nuestros foros casi como si fueran secretos cónclaves en los que poder hablar en profundidad de todo lo que nos preocupa, sin las miradas ignorantes y burlonas de los no reencarnacionistas.

Yo también soy extraordinariamente discreta, y considero que la privacidad de las personas que me voy encontrando por el camino, y el respeto a sus vidas pasadas, son sagrados. Por ello, no suelo hacer este tipo de referencias tan claras a las vidas pasadas de mis compañeros de viaje. Si lo hago en esta ocasión es porque estoy segura de que nadie o casi nadie va a llegar hasta ella, en ningún momento voy a mencionar su nombre actual, y porque en realidad la entrada no tiene nada que ver con la persona que es en la actualidad (por cierto, a día de hoy es alguien que mantiene todos y cada uno de los rasgos de cordura que toda persona debe mantener, y cumple de sobra los Criterios de credibilidad de vidas pasadas), sino con la persona que fue. Alguien por quien, después de leer el libro, siento aún más simpatía de la que sentía antes, porque me he dado cuenta de que tengo muchas cosas en común con él (Bruno)... y algunas de ellas las seguimos teniendo hoy en día, hecho que no deja de resultarme curioso. También me resulta muy divertido comprobar las similitudes en la personalidad, incluso en las creencias, que hay entre ellas (quien fue y quien es). Y también añado que es una de las personas que más me ha hecho pensar y de las que más he aprendido desde que comencé a recordar vidas pasadas.  

El libro me ha decepcionado un poco porque no menciona casi la reencarnación, pero creo que como biografía no está mal, sobre todo los últimos capítulos donde se deja muy claro cuáles fueron las acusaciones que finalmente llevaron a Bruno a la hoguera. En una búsqueda rápida en internet no he encontrado demasiada información, pero quien no conozca a esta figura histórica agradecerá este pequeño resumen de su biografía:

GIORDANO BRUNO (1548-1600).
“No es difícil para un turista que pasea por la ciudad de Roma acabar, antes o después, en la plaza de Campo dei Fiori, la plaza del mercado. No es una plaza de las más hermosas, ni se la puede comparar con las vecinas plaza Farnese o la impresionante plaza Navona con su obelisco, sus fuentes de Bernini, la Iglesia de Santa Inés de Borromini, etc. Sin embargo, la plaza de Campo dei Fiori, a pesar de estar rodeada de casas más bien sobrias y de aspecto austero, es una de las más populares entre los romanos. Y ello, además del mercado al aire libre de flores y alimentación (que causaría horror a los inspectores españoles de sanidad), sobre todo por una estatua que se halla en medio de la plaza.
Se trata de un fraile encapuchado y lo curioso de dicha estatua es que fue erigida por el estado italiano laico en 1889, tras la conquista de Roma, por supuesto no por devoción a la vida religiosa y mucho menos a la Iglesia, sino todo lo contrario, precisamente como provocación a la Iglesia, como bien saben los romanos aún sin tener que leer las inscripción de la estatua en la que se rinde honor a dicho fraile “qui dove il rogo arse”, esto es, donde fue quemado por la inquisición. Y no es extraño ver de vez en cuando a los pies de la estatua coronas o ramos de flores de la gente que rinde homenaje al ajusticiado por la Iglesia. 
El encapuchado que desde lo alto del monumento mira con cara arrogante hacia el Vaticano, como desafiando, es Giordano Bruno (1548-1600), considerado por muchos un mártir de la cerrazón eclesiástica, pero cuya vida tiene más entresijos de lo que a primera vista parece. Nacido en Nola, población no lejana a Nápoles, ingresó con 17 años en la orden dominicana, en Nápoles, donde años después el mismo escribió que la ciudad tenía en alta consideración a sus hermanos de religión, pero que en realidad eran “burros e ignorantes”. Abandonado el nombre mundano de Filippo, tomó el de Giordano y comenzó la formación religiosa hasta ser ordenado sacerdote en 1572.
Ya un tanto original en sus posturas teológicas durante los años de estudiante, no tardó nada más que cuatro años en ser acusado de herejía, por lo que, después de obtener en 1575 el título de doctor, en 1576 tuvo que viajar a Roma para defenderse de dicha acusación en el convento de Santa Maria sopra Minerva, sede del superior provincial, ante el cual no quiso ceder, por lo que dejó la ciudad y de paso también la orden de Santo Domingo. A partir de ese momento comenzó una peregrinación intelectual por varios países que no parece consiguió hacerle encontrar la paz.
Después de viajar por varias ciudades italianas, llegó en 1579 a Ginebra, ciudad en la que Calvino había instaurado una república protestante y a dicha doctrina se adhirió Bruno, pero con la cual también se pronunció en disconformidad. En una ocasión publicó y distribuyó un panfleto acusando a Calvino de cometer 20 errores en una lectura. Por este motivo fue hecho prisionero hasta que se retractó y abandonó el calvinismo bajo la acusación de coartar la libertad intelectual. Se trasladó a Francia donde, luego de varios tropiezos por la guerra religiosa, después de enseñar astronomía y filosofía en Lyon y Tolosa, fue aceptado por Enrique III como profesor de la Universidad de París en 1581.
Hombre de impresionante memoria, hizo famoso en París un método que nemotécnico que llamó “arte de la memoria”. Fascinado por el neoplatonismo y el gnosticismo, parece ser que llegó a sostener teorías panteístas, afirmando que Dios y la creación fueran idénticas. En 1583 viajó a Inglaterra, tras ser nombrado Secretario del embajador francés Michel de Castelnau. Allí se convirtió en asiduo concurrente a las reuniones del poeta Philip Sydney. Enseñó en la Universidad de Oxford la nueva cosmología copernicana atacando las ideas tradicionales. Después de varias discusiones, fue invitado a abandonar Oxford, por lo que en 1585 regresó a París con el embajador, para luego dirigirse a Marburgo, donde dio a la prensa las obras escritas en Londres. En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país.
Durante los siguientes 5 años vivió en diversos países protestantes donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria (siendo uno de los grandes representantes de la tradición hermética). Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra. En 1586 expuso sus ideas en la Sorbona y en el Colegio de Cambray y enseñó Filosofía en la Universidad de Wittenberg, consiguiendo ser excomulgado por los luteranos.
Volvió este inquieto teólogo, expulsado de los calvinistas y excomulgado por los protestantes, en 1590 a Italia, a instancia de Giovanni Mocenigo, veneciano, que estaba muy interesado en su método nemotécnico. Pero no pudiendo conseguir dicho noble el secreto de labios de Bruno, lo denunció en 1591 a la Inquisición veneciana que lo juzgó y ante la que él se defendió diciendo que sus posibles errores eran filosóficos y no teológicos. Intervino en 1593 la Inquisición Romana, que pidió su extradición, y Giordano Bruno fue encarcelado en Roma, en Castel Sant’Angelo (que Clemente VIII había dedicado a cárcel inquisitorial), durante seis años, sin que los historiadores sepan explicarse bien por qué tardó tantos años en ser juzgado en Roma. Algunos historiadores dicen que se tardó tanto porque se quiso hacer las cosas con detalle y costó mucho tiempo el reunir el “corpus” de las obras de Bruno. No por ello deja de parecer mucho tiempo.
Después de tan larga espera, comenzó en 1599 el juicio romano, dirigido por San Roberto Bellarmino, quien posteriormente llevaría el similar proceso contra Galileo, que concluyó de modo muy diferente. En 1599 se expusieron los cargos en contra de Bruno y en un primer momento el ex-dominico aceptó retractarse de algunas tesis suyas referentes a la humanidad de Cristo y a la virginidad de María, pero a la vez exigió al Papa Clemente que declarase herética la transubstanciación. Finalmente, sin que se tenga conocimiento del motivo, Giordano Bruno decidió reafirmarse en sus ideas y el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares. Desconocemos los detalles del proceso porque en 1808, cuando las tropas napoleónicas invadieron Roma, las actas fueron llevadas a París, pues el emperador quería reunir documentos para justificar su invasión de los estados pontificios. Desde entonces, dichas actas no han vuelto a aparecer.
Antes de la sentencia, se intentó en varias ocasiones hacerle entrar en razón, incluso se pidió a varios antiguos amigos suyos dominicos que le convencieran para aceptar la doctrina de la Iglesia, pero no hubo nada que hacer. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado, por lo que se le excomulgaba. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: “Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla". Según la costumbre del tiempo —que hoy cuesta entender pero que no deberíamos juzgar con nuestros criterios actuales—, fue ejecutado el 17 de febrero de 1600 en la citada plaza de Campo dei Fiori.
Considerado hereje por católicos, luteranos y calvinistas, Giordano Bruno fue un hombre de gran altura intelectual y fuerte voluntad, incluso lo que algunos historiadores han calificado de “cabezonería”, a lo que se añadía una fuerte tendencia a la ironía que solía enfadar a sus contrincantes. Su muerte lo convirtió en héroe para muchos librepensadores y contrarios a la Iglesia, que en su ejecución vieron un acto cruel y despótico de la Iglesia, y que hoy todavía le rinden homenaje en el aniversario de su ejecución”.
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2988
A pesar de que aquí se dice que no se conocen los detalles del proceso, en el libro que me acabo de leer, a partir de varias fuentes, sí que se consigue reconstruir cuáles fueron los testimonios de varios testigos que acusaron a Giordano Bruno frente a la Inquisición de herejía. Como ya se ha mencionado, el principal acusador fue un tal Giovanni Mocenigo, noble italiano que alojó a Bruno unos dos meses en su casa y que se enfureció bastante cuando Bruno manifestó su intención de irse sin haberle enseñado lo que, según Mocenigo, tenía que haberle enseñado, llegando a encerrarle bajo amenazas de que le pasaría algo grave si no le comunicaba "su secreto". Su testimonio formó parte importante del Sumario que guió a los inquisidores en sus últimas deliberaciones en 1598. Entre otras cosas, declaró:
- “He oído decir algunas veces a Giordano en mi casa que Cristo era un infeliz, y que si había hecho cosas equivocadas para seducir a su pueblo, podía haber predicho perfectamente que acabaría colgado, y que Cristo realizó milagros ilusorios y que era un mago, que Cristo mostró más tarde que moría contra su voluntad y que evitó la muerte todo lo que pudo.
- “He oído decir algunas veces a Giordano en mi casa que no hay distinción de personas en Dios, y que ésta sería una imperfección de Dios”.
- “He oído decir algunas veces a Giordano en mi casa que las almas creadas por obra de la naturaleza pasan de un animal a otro y que, del mismo modo que los animales inferiores nacen de la corrupción, eso mismo pasó con los hombres cuando volvieron a nacer después del diluvio”.
- “He oído decir algunas veces a Giordano en mi casa que no le gusta ninguna religión. Ha manifestado que planea convertirse en fundador de una nueva secta con el nombre de “nueva filosofía” y ha dicho que nuestra fe católica está llena de blasfemias contra la majestad de Dios, y que ya es hora de suprimir la discusión y los ingresos de los frailes, porque envilecen el mundo, porque son todos unos asnos, y que nuestras opiniones son la doctrina de los asnos, que no tenemos prueba alguna de que nuestra fe tenga algún mérito ante Dios, y que se maravilla de la cantidad de herejías que Dios tolera entre los católicos”.
- “He oído decir algunas veces a Giordano en mi casa que no hay castigo alguno para los pecados, y dijo que no hacer a los demás lo que uno no quiere que le hagan es suficiente para vivir bien”.
Además, Bruno era perfectamente consciente de que su creencia en la existencia de múltiples mundos y la transmigración de las almas estaba también presente en el antiguo misticismo judío.

Tengo que decir que Bruno negó algunas de estas acusaciones, sin embargo no se retractó en ningún momento (ni siquiera bajo coacción) en estos aspectos:
- Sobre la Trinidad, la divinidad y la encarnación.
- La existencia de múltiples mundos.
- Sobre el alma de los hombres y de los animales.
- Sobre el arte de la adivinación.

No puedo ocultar que Bruno y yo compartimos algunos de nuestros puntos de vista, como bien se refleja aquí, y como testigo que fui de las atrocidades que cometió la Inquisición por esa época (por aquel entonces yo era un monje-guerrero, miembro de una orden religiosa que se acababa de crear), no puedo dejar de admirarme del valor que tuvo para hablar de aquella manera, sabiendo a lo que se exponía, y de la actitud desafiante que mantuvo hasta el final. Tampoco puedo dejar de sonreír ante la mordacidad y la ironía que destilaban sus palabras (su sentido del humor no es muy distinto al que aún posee hoy, especialmente en cuestiones religiosas), y me asombro por lo hirientes que pudieron ser para determinados personajes eclesiásticos de la época.

El propio Giordano Bruno se identificaba a sí mismo con el roquero solitario (Monticola solitarius), ave parecida al mirlo, de plumaje azul en los machos, y que se caracteriza por cantar en solitario en lugar de revolotear en bandada. Otro punto que tenemos en común, y por el que también le admiro, pues sé por propia experiencia (por esta y otras vidas) lo que significa ir en contra de lo establecido.

Os dejo con algunas citas de Giordano Bruno:

“El alma no es el cuerpo y puede estar en un cuerpo o en otro, y pasar de un cuerpo a otro”.

“La naturaleza no es otra cosa que Dios en las cosas... Animales y plantas son efectos vivientes de la naturaleza; de ahí que todo lo que es Dios están en todas las cosas... Piensa por ende, en el sol sobre el azafrán, en el narciso, en el heliotropo, en el gallo, en el león”.

“Conoce bien que en la sustancia incorpórea eterna nada se cambia, se forma o se deforma, sino que permanece siempre ella misma, sin que pueda ser sujeto de disolución”.

“No hay muerte, pero tampoco permanencia de las individualidades numéricas. Sólo permanece la sustancia única (la materia-alma universal) mutándose en nuevas individualidades”.

“Puede que os cause más temor pronunciar esta sentencia que a mí aceptarla”.

“Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y el mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande”.

"El mundo está bien como está".



Bruno había hablado de "esa ley del amor que se difunde por todas partes [...], que proviene [...] de Dios, el padre de todas las cosas, de tal modo que está en armonía con la naturaleza, y enseña una filantropía general por la cual amamos incluso a nuestros enemigos, a menos que nos convirtamos en brutos y bárbaros, y nos transformamos en su imagen, que hace salir el sol sobre los buenos y los malos, y hace caer la lluvia de la gracia sobre el justo y el injusto". Le dijo a Rodolfo II: "Ésta es la religión que profeso, que está más allá de toda controversia y de toda disputa, sea cual fuere la inclinación del espíritu o el principio de la costumbre ancestral o nacional".

Sin embargo, no fue condenado solamente por sus creencias, que él atribuyó a cuestiones filosóficas, o por su negativa a creer que el pan de la comunión se transformaba literalmente en el cuerpo de Cristo, sino porque además se atrevió a declarar que los inquisidores no tenían derecho a dictaminar lo que era herejía y lo que no, y fue esta negación de su autoridad la que selló su destino.

Después de su muerte, todos sus libros fueron declarados heréticos e incluidos en el Índice de libros prohibidos, aunque por ironías de la vida (o la muerte) algunos ejemplares sobrevivieron y pudieron llegar a nuestros días.

Me alegro de que a pesar de haber sido quemado en la hoguera, víctima de la ignorancia y el fundamentalismo de los que no acabamos de desprendernos en pleno siglo XXI, el espíritu de Bruno aún esté entre nosotros, encarnado en un nuevo cuerpo, hablando libremente sobre reencarnación... en foros de reencarnación. Parece que avanzamos muy lentamente... aunque, por fortuna, también parece que algunos seguimos siendo unos adelantados a nuestro tiempo: mientras unos seguimos convencidos —con muy buenas razones para ello— de la existencia de la reencarnación, el mundo permanece ignorante a esta realidad... al que lo dude, le invito a investigar y recordar sus vidas pasadas. Tal vez se sorprenderá.

viernes, 10 de octubre de 2014

Soldados: encontrar a otros.

Hoy me he levantado con un gran peso en el corazón. Y sé que mucho de ello se debe a recuerdos de vidas pasadas, mezclados en distinta proporción e interconectados con vivencias de mi vida actual que no vienen al caso. Vamos, la existencia misma del reencarnacionista, que a veces nos encontramos arrastrándonos por nuestro presente cargando con emociones que vienen de muy, muy atrás.

He hablado en mis últimas entradas de frustración, y no quería seguir con el mismo tono, pero hay mucho de frustración también en las palabras que vienen a continuación, aunque esta vez no tiene tanto que ver con el desinterés o el desconocimiento de la gente en general sobre la reencarnación, sino más bien sobre el hecho en sí de recordar vidas pasadas y encontrarte tan solo en este mundo, algo parecido a lo que hablé aquí, pero más focalizado en el deseo de todo reencarnacionista de encontrar a personas que también recuerden, y, si es posible, que sean de tu misma época y poder hablar con ellos largo y tendido de lo que vivimos en ese entonces y de cómo nos afecta o deja de afectar en nuestra vida presente. Este sentimiento es especialmente fuerte en nuestras vidas de soldado, porque haber sido soldado lleva aparejado un fuerte sentimiento de camaradería que, francamente, no he conocido en ninguna otra circunstancia. Supongo que jugarte la vida juntos y sufrir las mismas calamidades une mucho. Y una vez acabada la guerra y tu vida, a no ser que sigas siendo presa de un ilógico sentimiento de odio, esa camaradería se extiende a soldados de cualquier bando. Al fin y al cabo todos fuimos víctimas de nuestros superiores, de los “Señores de la Guerra” (políticos manejando los hilos desde sus despachos), y todos nos vimos obligados en mayor o menor medida a obedecer órdenes bajo la amenaza de ser acusados de desertores.

Creo que me he despertado así por dos razones básicamente. Una, porque ya llevo unas semanas dándole vueltas a mi muerte en batalla naval, pensando que quedan muchos huecos por llenar con recuerdos que por amargos o especialmente duros no están saliendo aún a la luz. Esos recuerdos implican seguramente un cierto grado de culpa, y ahora mismo no me apetece enfrentarme a ella, aunque intuyo que el momento está cerca. Dos, porque ayer me acabé por fin una novela histórica de un amigo escritor bastante desconocido ambientada en la misma época en la que yo viví, donde se describía con pelos y señales una de estas batallas donde uno de mis contemporáneos fue derrotado de manera humillante (no recuerdo si le conocí personalmente, pero es más que probable). El autor de este libro, ante la escasez de datos históricos que existen sobre la época, se ve obligado a desarrollar con su imaginación a la mayoría de los personajes y las situaciones bélicas... y lo cierto es que no esperaba que me emocionaría tanto. Pero se me ha quedado grabada en la mente la escena en la que centenares de soldados británicos yacen en la ladera de una colina después de haber sido abatidos por los españoles en el intento de toma de un fuerte. Y eso duele. Mucho. Porque no hace más que recordarme todos los muertos que debió de haber a bordo de mi barco en aquella batalla naval en la que yo también perdí mi vida. Pero aparte de esto, me cuesta creer que alguien capaz de escribir algo así, y sobre todo, capaz de describir las emociones de esos soldados, no haya estado de verdad en situaciones parecidas. Y me resulta muy curioso —y me hace sonreír— comprobar cómo el mismo autor, al final del libro, declara no ser partidario de ningún modo de la guerra, afirmando que fue objetor de conciencia, pero que personajes de la talla del almirante a quien va dedicada la obra no deberían caer en el olvido. Y me hace sonreír pero es una sonrisa amarga, porque me hace darme cuenta una vez más de lo ciegos que estamos respecto a la reencarnación. Se nos pasa por alto el hecho de que mucho de lo que escribimos los autores, viene de experiencias que subyacen en algún lugar de nuestro subconsciente, que nada es casualidad, y que si el autor fue objetor de conciencia no es porque unos hippies le hayan lavado el cerebro con eso de “Love and peace”, sino porque, con mucha probabilidad, él también estuvo allí, si no en esa misma batalla que describe “porque le pareció una buena historia que contar”, en alguna otra batalla que le hizo experimentar en carne propia lo que significa tener que matar, el miedo a que te maten, la responsabilidad de tener la vida de tus hombres en tus manos, contemplar cómo tus compañeros de armas caen a tu lado sin poder hacer nada por evitarlo, en definitiva, la sinrazón de la guerra y cómo esta saca lo peor —y en ocasiones lo mejor— del ser humano.


Y me encantaría poder hablarle abiertamente de esa posibilidad, de que haya vivido antes y no lo sepa aún. Me encantaría que recordara, esta vez por un claro deseo egoísta, que es el de encontrar a personas que pudieron estar allí conmigo, luchando por una causa, la consideráramos justa o no, para poder mirar atrás y hablar con orgullo o con resentimiento, da igual, de lo que vivimos entonces. Aunque a muchos les resultará difícil de creer, sé de muchos compañeros que lo han conseguido, que han encontrado a personas que estuvieron en el mismo lugar, en la misma época, en una vida anterior. Personas que han podido verificar sus propios recuerdos con recuerdos de otras personas que también estuvieron allí (con la precaución que hay que tener siempre en estos casos, puesto que los recuerdos son siempre subjetivos y a veces no coinciden). Y esto me produce una sana envidia porque a mí todavía no me ha pasado... y en un país como en el que vivo es muy poco probable que me vaya a ocurrir, donde la reencarnación es todavía algo muy raro, y aún creemos que recordar vidas pasadas es cosa de videntes o feria esotérica, cuando la realidad es que todos recordamos, seamos o no conscientes de ello. Como mucho, podría decir que creo en la reencarnación, lo que ya sería bastante arriesgado. Si además digo que fui capitán de la Marina Inglesa, y además conozco mi nombre y apellidos, apuesto a que lo mínimo sería ser acusada de padecer delirios de grandeza. Y la verdad es que yo ya tengo suficiente con enfrentarme a lo que fui y a la forma en que dejé este mundo en aquella ocasión.

Así que, una vez más, me encuentro en una situación en la que me gustaría gritar con todas mis fuerzas pero solo puedo callar, puesto que me enfrento a la incomprensión, a la burla, incluso a la marginación por creer en algo que se consideraría propio de un loco o al menos de alguien que no tiene los pies en la tierra. Una vez más, me enfrento a la soledad de recordar.

Si fuiste soldado en una vida pasada, puedes encontrar a más como tú en Military Past Lives.

domingo, 28 de septiembre de 2014

¿Qué es un trigger?

Estoy comprobando últimamente que la gran mayoría de la gente aún piensa que para recordar vidas pasadas lo único que podemos hacer es acudir a que nos hagan una regresión, cuando eso es totalmente falso. Y no, esta vez no estoy hablando de autohipnosis, ni siquiera eso... porque lo cierto es que los recuerdos de vidas pasadas están en nuestro subconsciente, y aunque nosotros no nos demos cuenta, forman parte de nosotros y se manifiestan de muchas maneras. Lo único que ocurre es que simplemente, la idea de la reencarnación está tan alejada de nuestras mentes, y perdonad que lo diga, estamos tan, tan cegados a la realidad, que aunque lo tengamos delante de nuestras narices, seguimos sin verlo... Y por supuesto, yo estuve igual de cegada durante muchos, muchos años, como la gran mayoría, porque nuestra vida nos absorbe, tenemos que centrarnos en el presente, buscar algo para ganarnos el pan, estudios y más estudios, luego trabajo y más trabajo... luego familia que se junta a todo lo anterior. ¿Cuándo tenemos tiempo de detenernos y preguntarnos por un instante cuál es el sentido de todo esto? ¿Cuándo tenemos tiempo de pensar en lo que realmente importa, nuestra parte espiritual? Muchas veces ese momento no llega nunca... y esto no sería muy de lamentar, si no fuera porque muchas veces la muerte nos sorprende, no estamos preparados para ella, ni tampoco para aceptar que a pesar de todo lo que creímos que hicimos... en el fondo, no hicimos nada de importancia.

Filosofía aparte (parece que hoy estoy especialmente inspirada), lo único que quiero decir es que muchas veces la única razón por la que no recordamos vidas pasadas es solo que nunca nos lo hemos planteado de verdad, nunca nos pusimos a intentarlo seriamente, siempre pensamos que eso era para otros o que eso de la terapia regresiva no era más que un cuento... y como no investigamos adecuadamente, ni siquiera sabemos que las vidas pasadas no son tan pasadas... Forman parte del presente aunque no lo veamos. Solo ayer una amiga comentaba que lo que ella nota es que cuando estamos activos, ya sea estudiando o trabajando, utilizando nuestro intelecto, estamos pensando en un tiempo futuro. Mientras que cuando por fin encuentras un momento de tranquilidad y tratas de concentrarte en tus sentimientos, es cuando puedes conectar con tu pasado, y es fácil entrar en past life mood. Yo también lo veo así. Y creo que la forma en la que actúan los triggers tiene mucho que ver con esto.

Muchos de nosotros, desde siempre, tenemos flashes espontáneos o nos llegan emociones inexplicables, pero como no identificamos esos flashes como lo que son ni comprendemos esas emociones, lo olvidamos, o pensamos que es nuestra imaginación, y no le damos mayor importancia. Sin embargo, solo hace falta estar un poco atento a la aparición de estos flashes, y después, si acaso, meditar sobre ello para obtener más datos. Cuando meditas con regularidad, y cuando llevas un tiempo recordando vidas pasadas, te das cuenta de que esos flashes son más frecuentes de lo que creías... lo que ocurre es que los ignorábamos. Todos, insisto, todos, hemos experimentado alguna vez esa sensación, y es por ello que muchas veces digo que todos podemos recordar vidas pasadas.


Pues bien, estos flashes vienen muchas veces desencadenados por un trigger. Creo que en el blog nunca he hablado de triggers, así que explicaré lo que es y pondré un ejemplo práctico que me ocurrió hace tan solo un par de días. Un trigger no es más que un elemento de la vida cotidiana que te provoca o desencadena ese posible recuerdo de vida pasada que puede venir no solo en forma de flash espontáneo (visual), sino también en forma de emoción intensa. Puede ser una película que estés viendo, un libro que estés leyendo, una situación en la vida real en la que reacciones de manera inesperada, una palabra en otro idioma que te resulte extrañamente similar, un objeto que te encuentres en un escaparate... Las emociones de la vida actual, cuando son similares a las emociones que sentiste en una vida pasada, también pueden ser desencadenantes. Porque, en realidad, lo que he observado es que en todos estos casos son las propias emociones las que actúan como poderosos triggers. Igual que si un día por casa encuentras un antiguo trenecito de juguete y de pronto te acuerdas de cuando jugabas con él con tu hermano, exactamente lo mismo ocurre cuando es un objeto que conociste en una vida pasada. Es así de simple. La memoria actúa así, y una vez que has aceptado internamente la posibilidad de la reencarnación, empiezas a darte cuenta de que hay montones de cosas a tu alrededor que te pueden dar pistas sobre qué fuiste, y con mucha frecuencia, te traen verdaderos recuerdos de vidas pasadas. Y ni siquiera necesitas estar en un estado alterado de consciencia. Esto, que para mí es ahora tan sencillo y tan básico, es lo que muchas personas aún no llegan a comprender.

Por ello, los que queremos recordar vidas pasadas a toda costa, porque queremos conocernos a nosotros mismos, porque queremos saber cómo funcionan las cosas, porque sabemos que cargamos con emociones que aún necesitan ser liberadas, o por cualquier otra razón... a veces nos exponemos intencionadamente a estos triggers para tratar de obtener esos recuerdos. Puede ser tan fácil como ir a visitar un museo de aquello que te interese o que sospeches que puede tener relación con una de tus vidas pasadas. Muchas personas tienen reacciones extremas en estos lugares. Y muchos jamás sabrán por qué...

Y... no es la primera vez que me ocurre, pero sí que fue bastante fuerte cuando el otro día experimenté en propia piel el efecto de uno de estos triggers. Llevaba un tiempo totalmente desconectada de la reencarnación, excepto por las cortas visitas a mi foro y la preparación de mi libro, semanas sin meditar, sin pensar en mis vidas pasadas... Las obras para pintar la casa comenzaron, y tuve que estar allí presente. Las paredes estaban en mal estado y hubo que rascar mucho: pronto estuvimos atrapados, casi sin poder movernos de una habitación, con los muebles antiguos puestos de cualquier manera, todo lleno de polvo y escombros, sin saber dónde comeríamos o dormiríamos esa noche... Pasaron varios días muy largos con mucha tensión acumulada y muy pocas horas de sueño, me sentía exhausta físicamente, y fue el quinto día cuando me encontré a las 7:30 de la mañana sentada en mi vehículo, esperando a mi pareja, contemplando cómo se reflejaban los intermitentes en un letrero de la carretera, y de pronto me vino a la mente la imagen de una ciudad destruida, como si hubiera sido bombardeada, y sin venir a cuento me invadió una terrible sensación de profundo vacío, una inmensa desolación, el negro pensamiento de que el mundo se había acabado y que no era posible escapar a toda esa destrucción. Cualquier otra persona diría: "Bueno, es normal, vemos imágenes de bombardeos en la tele todos los días". Y lo olvidaría. Los que recordamos vidas pasadas sabemos que detrás de esos flashes hay mucho más: yo sé que era muy posiblemente un recuerdo de mi vida de la Segunda Guerra Mundial. Aún no sé seguro si llegué a presenciar un bombardeo, pero todo apunta hacia ello. Sí sé sin lugar a dudas que las emociones que me llegaron no se correspondían a nada que yo haya vivido en esta vida, sino a emociones que vienen de una joven enfermera que se suicidó en Francia, después de que su novio alemán muriera en una contienda. En mi primera regresión a esta vida oía aviones y bombas caer, mientras yo trabajaba en un hospital de campaña. A través de los años voy reuniendo las piezas del puzle y cada vez estoy más cerca de la verificación definitiva. Pero lo que importa aquí es que la situación en la que me encontré en casa esos días, rodeada de trastos y escombros, sin poder moverme de una habitación de aspecto antiguo, sintiéndome agotada físicamente, con algo de ansiedad... todo ello debía ser muy similar a como me sentía en aquel entonces, en un país extraño, temiendo constantemente un ataque enemigo, ya fuera por aire o en las calles de Francia por miembros de la resistencia, solo deseando que no le pasara nada a mi novio de entonces, y esto es lo que me trajo esos recuerdos.

Así es como funcionan los triggers. Así se recuerdan vidas pasadas. Y no es que me pase a mí porque tenga algo especial. No. Todos vosotros podéis recordar y llegar a la certeza de que la reencarnación es un hecho.
  

sábado, 6 de septiembre de 2014

Verificaciones.

A continuación os dejo un artículo antiguo que escribí para Foro Reencarnación y que traigo aquí a pesar de que lo considero tremendamente básico, a modo de ejemplo… y porque estoy FRUSTRADA. ¿Por qué la gente no da un paso más y EXPERIMENTA por sí misma? ¿Por qué en todos los lugares no hago más que encontrarme a gente predicando sobre enseñanzas budistas que se han aprendido de memoria, o sobre el “maravilloso” libro de Kardec, en el que se basa el espiritismo, o recomendando que todos veamos la película Nuestro hogar de Chico Xavier? ¿Cuándo vamos a abrir los ojos, aceptar nuestra responsabilidad, creer en nosotros mismos, prescindir de teorías obsoletas y buscar nuestras propias respuestas?

TODOS PODEMOS RECORDAR VIDAS PASADAS

No necesitamos tener poderes psíquicos ni es imprescindible acudir a un hipnoterapeuta. Solo tenemos que querer. No es la fe lo que nos transforma, sino la experiencia. 

Esto hace preguntarme… ¿será que la gente no sabe que los recuerdos nos llegan por muchos medios, aparte de las famosas regresiones? ¿Será que no sabe que nosotros mismos podemos investigar y averiguar si nuestros supuestos recuerdos son solo imaginaciones nuestras o “algo más”? ¿Será que no están interesados lo más mínimo en conocer sus vidas pasadas porque “el pasado, pasado está”, o porque tienen miedo de algo? ¿Por qué tengo la sensación de estar hablando con una pared? Lo puedo decir más alto, pero no más claro… Y no, no tengo el más mínimo interés personal en que la gente recuerde o no, sé que a cada uno le llegará su momento cuando tenga que llegarle, pero no sé, al menos... ¿algo de curiosidad? ¿Alguna pregunta? ¿Alguna aclaración? ¿Alguien diciéndome que lo que escribo en el blog es todo mentira? Creo que ya lo dije en una entrada reciente, pero una duda me corroe: ¿por qué si pongo una foto graciosa de un gato (sí, relacionada con la reencarnación, aunque ahora mismo no sé cómo es eso posible) en la página de Facebook obtengo 80 (o los que sean) “Me gusta”, y si pongo un enlace a una entrada en el blog obtengo solo 10, y además sé que solo dos se la leen? ¿Tan mal está el mundo de la reencarnación en España?

Bueno, pues desesperación aparte, aquí está el artículo, para aquellos que se tomen en serio esto de las vidas pasadas y quieran dejar atrás sus dudas sobre si los reencarnacionistas nos lo imaginamos todo. Para estas personas, solo hay un camino: la verificación histórica de tus recuerdos. 


(Quizá retome este tema en el futuro, si no decido tirar la toalla antes).


Cuando comencé a internarme en el mundo de la reencarnación, no entendía muy bien qué significaba validar o verificar un recuerdo. Jamás se me había pasado por la cabeza que eso era necesario. Pero si queremos mantener una actitud racional y queremos que nos tomen en serio, este paso es de gran importancia, puesto que de momento es la única forma que tenemos de probar que en el tema de la reencarnación hay algo de verdad.

Por mucho tiempo que lleves teniendo sueños extraños o haciendo regresiones, siempre te queda la duda de si no es tu propia imaginación la que crea todas esas imágenes y sensaciones. Los escépticos pueden decirte que en realidad son solo cosas que has visto en una película cuando eras niño y olvidaste, o algo que leíste en un libro (a esto se le llama criptomnesia), incluso dirán que conoces una lengua extranjera (xenoglosia) porque tenías una niñera o una vecina que la hablaba cuando estabas creciendo. Si bien hay casos que pueden explicarse por alguna de estas razones, no siempre es así. En tus regresiones pueden aparecer civilizaciones antiguas de las que jamás has oído hablar, y sin embargo sabes ciertas cosas que solo un historiador especialista en esa civilización puede saber. O tal vez, conoces ciertos hábitos oscuros de un personaje histórico famoso de los que apenas se habla en los libros normales, y solo cuando acudes a fuentes altamente especializadas, descubres que estabas en lo cierto. O puede que jamás hayas estado físicamente en un barco ni jamás te hayas interesado en cómo se navega, pero conoces la jerga y la utilidad de muchos de los instrumentos que utilizan los marinos. En estos casos es muy difícil explicar por qué ese conocimiento residía en tu subconsciente. Para nosotros, esto prueba que realmente viviste en esa época y que el recuerdo es real, no producto de tu imaginación.


Lo ideal es que todos fuéramos capaces de obtener gran cantidad de datos de esas regresiones: tu nombre y apellidos, tu fecha de nacimiento y defunción, acontecimientos históricos en los que estuviste involucrado… Si la época es relativamente reciente, y dada la ingente cantidad de información que hay hoy en día en internet, muchas personas pueden localizar registros, genealogías, incluso fotografías, de la persona que fueron en el pasado. Si no está en internet, muchos pueden incluso desplazarse a la localidad en la que creen que nacieron y buscar en legajos carcomidos y olvidados en una parroquia, hasta dar con esa prueba tan ansiada. Esa sería para mí una prueba casi definitiva.

Sin embargo, muchas veces esto no es posible, porque es una época muy antigua, o porque no consigues suficientes datos. En este caso no te obsesiones demasiado. Después de todo, este es un camino de crecimiento y conocimiento personal y no necesitas probar nada a nadie, excepto a ti mismo. Si tus recuerdos van acompañados de fuertes emociones, eso es suficiente para saber que son recuerdos reales. Y lo que importa es saber cómo te sentiste, por qué te está afectando, y aprender de ello.

Para verificar tus recuerdos es importante que no te precipites. Has de ser paciente, extraer todo lo que puedas de tu memoria, y solo entonces empezar a investigar, porque si no, nunca podrás estar seguro si lo que recuerdas es verdadero o es una contaminación por lo que has leído. Es un trabajo que puede llevarte años.

La verificación es especialmente importante si crees que en tu vida pasada fuiste un personaje histórico bien conocido por todos, o un personaje famoso como un actor o un cantante. ¿Por qué? Es evidente: puedes encontrar información sobre ellos de manera muy fácil, y cualquiera puede intentar engañarte y decirte que es la reencarnación de Elvis Presley simplemente porque le gusta tocar la guitarra y llevar flequillo. Me resulta difícil comprender por qué alguien querría hacer algo así, pero haberlos, los hay, y muchos además. Por tanto, si de verdad quieres convencernos de que fuiste Elvis Presley, deberás conocer muchos detalles personales y que muy pocos conozcan, para que te creamos. Por culpa de este tipo de personas, la reencarnación es desprestigiada y nadie se lo toma en serio. Debemos ser responsables y evitar que esto pase en la medida de lo posible.


Entradas relacionadas:

lunes, 1 de septiembre de 2014

Sobre karma, prisiones y otras historias.

Es una auténtica aventura adentrarse en el mundillo de la reencarnación online (es online porque internet es casi el único lugar donde puedes hablar en profundidad sobre ello sin que te miren raro, no por otra cosa). Lo digo porque no solo te sirve para conocerte a ti mismo y encontrar a personas con ideas afines con las que aprendes un montón, sino para darte cuenta de la curiosa naturaleza humana y cómo nosotros mismos nos creamos nuestra propia realidad, una realidad que la mayor parte de las veces es falsa, puesto que no se corresponde con la Verdad… la Verdad verdadera, no la que todo el mundo quiere imponer sobre nosotros desde que nacemos hasta que morimos.

Ya he hablado antes del karma en este blog, puesto que es uno de los temas más recurrentes dentro de la reencarnación, y uno de los que más hablan todos aquellos que alguna vez se interesan en ella, tanto los que estamos empezando a recordar vidas pasadas y necesitamos respuestas, como los que ni siquiera saben que es posible recordar vidas pasadas pero les gusta especular solo por el placer de debatir, chatear un rato en algún grupo de Facebook, o simplemente porque el tema surge en alguna ocasión puntual. Lo curioso es que incluso los que nos tomamos la reencarnación realmente en serio corremos el riesgo de aceptar todo lo que nos presentan, porque seguimos anclados en una costumbre ancestral humana, que es la de creer que son los demás los que tienen las respuestas, que siempre hay personas más sabias que nosotros cuyas palabras están fuera de discusión, y que si algo lleva milenios aceptado por un grupo de humanos más o menos grande —por ejemplo, los miembros de una religión— tiene que ser porque es verdad.

El karma es un buen ejemplo. Hace poco alguien sacó el tema en un foro de reencarnación, y tituló el hilo “Karma: una mirada en profundidad”. Copió el fragmento de un libro escrito por un supuesto maestro espiritual de quien fue discípulo, que era más o menos una mezcla de enseñanzas budistas, de Nueva Era y un mínimo de reflexión personal, dando por supuesto que existe una Ley de Reencarnación, que irremediablemente debe ir unida siempre a la Ley del Karma, y afirmando cosas tan interesantes pero completamente ausentes de base como que lo que deseamos en el momento de nuestra muerte determina lo que vamos a experimentar en nuestra próxima vida. Se me ocurrió disentir, basando mis argumentos en experiencias personales después de casi tres años recordando vidas pasadas y leyendo innumerables referencias al karma desde varios puntos de vista. Explicaciones que nunca jamás respondieron a las preguntas que me iban surgiendo según iba deshaciendo la maraña de mis vidas pasadas, y que al final me llevaron a la conclusión de que la Ley del Karma es una falacia, una simple creencia que goza de mucha popularidad y aceptación entre personas que creen en la reencarnación, pero que no son verdaderos reencarnacionistas (o sea, los que no recuerdan vidas pasadas). Por supuesto, todo en esta vida es un proceso. Yo no tenía muy claro lo que era el karma, así que me puse a investigar. Leí lo que decían los budistas —que dentro de lo que cabe, creo que se aproximan un poco a la realidad—, leí lo que decían los seguidores de la Nueva Era, leí las opiniones de otros reencarnacionistas, más o menos “espirituales”, incluso soy conocedora de la existencia de otras “Leyes” que vienen a decir más o menos lo mismo que dice la susodicha “Ley” del Karma, pero con otras palabras, como la Ley de la Atracción que tan popular se está haciendo últimamente, o incluso la Ley de Acción y Reacción de Newton a la que recurren algunos, como si Newton, en lugar de ser un físico mecanicista del siglo XVII, fuera otro gurú con conexión directa al Hacedor del Universo y sus leyes. Según mis propias experiencias se me iban acumulando, me di cuenta de que todas esas teorías no eran más que eso: palabras. El problema es que cuando decides dar tu opinión y plantear tus dudas a los que creen en el karma de manera tan acérrima, estos se revuelven contra ti, te atacan con argumentos que no tienen pies ni cabeza, te cuentan experiencias que tratan de interpretar de modo que coincidan con su ya establecida creencia, te ignoran, te acusan de querer imponer sobre ellos tu criterio cuando son ellos los que afirman que creer en la reencarnación y no creer en el karma es cuando menos ilógico (y eso lo dice alguien que solo cree tener una sola vida pasada, porque “alguien” le dijo que tenía esa vida pasada, dan igual los recuerdos propios y por supuesto de verificaciones ni hablamos), y además son incapaces de darte una sola prueba o ni tan siquiera un indicio que apunte a que el karma funciona tal y como nos han contado. Y mira que yo estaba deseando que me dieran esa prueba, porque si hay que creer en el karma con buenas razones para ello, yo no tengo ningún problema en creer en el karma. Lo único que creer por creer, pues es tontería…


Bien, pues me encontraba yo tan felizmente inmersa en este berenjenal que cada vez me aburría más, cuando alguien en mi foro (Foro Reencarnación) posteó sin saber nada de esto una cita de Jiddu Krishnamurti —del cual no conozco nada excepto el nombre—, que me vino como anillo al dedo para comprender y definir la actitud de estas personas:

"Ahora bien, la sociedad está tratando siempre de controlar, de formar, de moldear el pensar de los jóvenes. Desde el momento en que nacen y comienzan a recibir impresiones, el padre y la madre de ustedes les están diciendo constantemente lo que deben y no deben hacer, lo que deben y no deben creer; les dicen que hay un Dios, o que no hay un Dios sino un Estado y que cierto dictador es el profeta del mismo. Desde la infancia vierten estas cosas dentro de ustedes, lo cual implica que sus mentes —que son muy jóvenes, impresionables, inquisitivas, que tienen curiosidad de conocer, deseo de descubrir— se vean gradualmente encajonadas, condicionadas, moldeadas para que ustedes se ajusten a una sociedad particular y no sean revolucionarios. Puesto que el pensar conforme a un patrón ya ha sido establecido en ustedes, cuando alguna vez se “repelan” lo hacen dentro del patrón. Como los prisioneros que se rebelan para tener mejor comida, mayores comodidades —pero siempre dentro de la prisión. Cuando buscan a Dios, o tratan de averiguar qué gobierno es el apropiado, lo hacen siempre dentro del patrón de la sociedad, que dice: “Esto es verdadero y aquello es falso, esto es bueno y aquello es malo, éste es el líder justo y éstos son los santos”. Por consiguiente, la rebelión de ustedes —como la así llamada “revolución” que llevan a cabo personas ambiciosas o muy hábiles— está siempre limitada por el pasado. Eso no es rebelión, eso no es revolución; es meramente una actividad más intensa, una lucha más valerosa dentro del patrón. La verdadera rebelión, la verdadera revolución, consiste en romper con el patrón e investigar fuera de él.

Vean, todos los reformadores —no importa quiénes sean— se interesan tan sólo en mejorar las condiciones dentro de la prisión. Jamás nos dicen que no nos amoldemos, jamás dicen: “Ábranse paso por los muros de la tradición y la autoridad, quítense de encima el condicionamiento que sujeta a la mente”. Y ésa es la verdadera educación; no solamente exigirles que aprueben sus exámenes para los cuales se han llenado la cabeza, o que formulen por escrito lo que han aprendido de memoria; la educación es para ayudarles a que vean los muros de esta prisión en que se halla recluida la mente. La sociedad influye sobre todos nosotros, moldea constantemente nuestro pensar, y esta presión que la sociedad ejerce desde lo externo, gradualmente se traduce como lo interno mientras no nos abrimos paso por este condicionamiento. Ustedes tienen que saber lo que piensan, y si están pensando como hindúes, o musulmanes, o cristianos; o sea, si piensan en los términos de la religión a que puedan pertenecer, deben estar conscientes de lo que creen o no creen. Todo esto es el patrón de la sociedad y, a menos que se den cuenta del patrón y rompan con él, siguen siendo prisioneros aunque puedan pensar que son libres.

Pero ya ven, casi todos nosotros nos interesamos en rebelarnos dentro de la prisión; queremos comer mejor, queremos un poco más de luz, una ventana más grande para poder ver un poco más de cielo. Nos preocupa si el paria debe o no debe entrar en el templo; queremos terminar con esta casta particular, y en el acto mismo de terminar con una, creamos otra, una casta “superior”; por lo que seguimos siendo prisioneros, y dentro de la prisión no hay libertad. La libertad se encuentra fuera de los muros, fuera del patrón de la sociedad; pero a fin de librarnos de ese patrón, tenemos que comprender todo lo que contiene, lo cual implica comprender nuestra propia mente. Esa es la mente que ha dado origen a la actual civilización, a esta cultura o sociedad atada a la tradición. Y, sin comprender nuestra propia mente, tiene muy poco sentido rebelarse como comunista, socialista, esto o aquello. Por eso es muy importante el conocimiento propio, el darnos cuenta de todas nuestras actividades, de nuestros pensamientos y sentimientos —y esto es educación, ¿verdad? Porque cuando somos plenamente conscientes de nosotros mismos, nuestra mente se vuelve muy sensible, muy alerta.


Intenten esto —no algún día en el lejano futuro, sino mañana o esta tarde. Si en la habitación hay demasiadas personas, o si la casa en que viven está atestada, entonces salgan afuera solos, siéntense bajo un árbol o a la orilla del río, y observen con tranquilidad cómo trabaja la propia mente. No la corrijan, no digan: “Esto está bien, aquello está mal”; sólo obsérvenla, como lo harían con una película. Cuando van al cine no toman parte en la película; los que la interpretan son los actores y las actrices, pero ustedes sólo la están observando. Del mismo modo, observen cómo está trabajando la propia mente. Es en verdad muy interesante, mucho más interesante que cualquier película, porque nuestra mente es el residuo de todo el mundo y contiene todo lo que han experimentado los seres humanos. ¿Comprenden? Nuestra mente es la humanidad, y cuando perciban esto, tendrán una compasión inmensa. Cuando esto se comprende, a causa de esta comprensión adviene un gran amor; y entonces, con ese amor, sabrán qué es la belleza." 


Jiddu Krishnamurti: el propósito de la educación.

No sé si es por mi espíritu revolucionario, mis ansias de conocimiento, mi deseo de conocer la Verdad verdadera —que sé que es inalcanzable— o porque razono más que la media de la población y mi educación científica me hace analizar todo con mucho cuidado, pero yo jamás acepto lo que me cuentan a la primera. Escucho con atención, muestro interés, estudio con profundidad… si me parece que puede haber algo de cierto, bien. Lo compararé con mis propias experiencias y sacaré mis propias conclusiones. Si me parece que hay puntos débiles o que lo que me cuentan es demasiado fantástico, o no coincide con mis experiencias, lo pondré en cuarentena hasta que pueda decidir si puedo creérmelo o no. Lo que no voy a hacer nunca es dejar de dudar, ni siquiera de mis propias teorías y pensamientos, pues sé que yo también puedo estar equivocada, a pesar de que en ocasiones me guste ser clara y contundente con mis opiniones para provocar reacciones en la gente y así conocerlos mejor… o bien porque espero de corazón y con todas mis buenas intenciones que sus argumentos sean realmente buenos, me hagan pensar y me lleven a cambiar mis propias ideas. Si esto ocurre, suele ser siempre para mejor, porque el resultado suele ser que estoy más cerca de la Verdad, sea cual sea esa Verdad. Es así como he llegado hasta aquí, a base de escuchar, reflexionar, aprender, dudar, y romper todos los esquemas que me había hecho hasta ese momento.

Esta no suele ser una actitud muy frecuente en el mundo de la reencarnación. Todos nosotros buscamos respuestas, pero muchas personas siguen esperando encontrar una nueva religión en la reencarnación: tal o cual gurú o iluminado que les ofrezcan en bandeja lo que deben creer y lo que no deben creer, un “sistema de creencias” que te resuelva todas tus dudas al momento, para que así ya no tengas que seguir preguntándote durante el resto de tu vida, que ahora tendrá un perfecto sentido y podrás dormir tranquilamente todas las noches. El caso es no pensar por ellos mismos. Hasta cierto punto es comprensible, porque ciertas enseñanzas son tan deslumbrantes, tan bonitas, y parecen estar tan llenas de significado, que si nos descuidamos, podemos acabar aceptándolas sin más… sobre todo cuando apenas tienes recuerdos propios y te interesas en la reencarnación porque para ti es, por ejemplo, una gran alternativa a lo que cree la mayoría de la gente en nuestro mundo occidental: que la muerte es el fin, o bien que tras la muerte todos vamos al Cielo y nos ponemos a tocar el arpa con los angelitos. Nosotros mismos nos creamos aquello en lo que queremos creer, por las razones que sean. Salimos de nuestra educación religiosa que tanto nos manipula y nos limita, y pasamos a creer en otras cosas que nos limitan igualmente pero que nos hacen sentir más felices o más cómodos. Es exactamente lo que dice Krishnamurti, el error que seguimos cometiendo los humanos en nuestra búsqueda espiritual, sin darnos cuenta de que las respuestas están dentro de nosotros. Es mi opinión que mientras no nos liberemos de esa forma de conducirnos por la vida, no va a haber una verdadera “revolución espiritual”, no nos vamos a liberar de todo lo malo que nos han traído y nos siguen trayendo las religiones, seguiremos siendo prisioneros de doctrinas que tienen miles de años de antigüedad y que ya no son aplicables en nuestra sociedad ni en el ser humano actual, sin hacernos conscientes de que para que una Nueva Era comience, tenemos que convertirnos en Nuevos Seres Humanos, no en versiones más o menos descafeinadas de lo que ya hemos sido.

Yo no sé cuál es la auténtica Verdad, pero sí sé que es Una y es incomprensible para la mayoría de los seres humanos actuales. Me acusan de querer imponer mis propias creencias —que en este caso serían más bien “no-creencias”, no deja de ser extraño— y no puedo más que sonreír porque la realidad es que sigo llena de dudas, y uno de mis lemas sigue siendo lo que había escrito en el póster de Mulder de la serie Expediente X: “I want to believe”. Quiero creer, pero no voy a creer en cualquier cosa. Es más, he resuelto algunas de mis dudas (o eso creo), pero en general puedo decir: “Quiero creer, pero aún no sé en qué creer”. No es una actitud escéptica, sino racional. Para mí la diferencia es evidente. Otros piensan que los que nos negamos a aceptar el karma nos gusta negar por negar, o es porque aún no nos hemos dado cuenta de tamaña “realidad”. Ironías de la vida…

Más información:

¿Qué es el karma?

   

miércoles, 27 de agosto de 2014

Reflexiones sobre la sanación.

Como creo que se ha notado en mis locas divagaciones más recientes, ando bastante frustrada las últimas semanas. Básicamente es porque siento que el interés general en la reencarnación sigue siendo próximo a nulo, al menos en mi país. Y si alguien se interesa un poco, es momentáneo y luego lo vuelve a aparcar, igual que abandonas una revista de cotilleo en un rincón cuando vas a la peluquería. Tal vez soy yo, lo sé... como en otros aspectos de mi vida, cuando me interesa algo, llego hasta el fondo, y si es lo suficientemente importante como lo es la reencarnación, se convierte en el motor de mi vida. Pero sé que la mayoría de la gente no es así, y menos en esta sociedad en la que vivimos, donde preferimos pasar el tiempo leyendo o viendo cosas absurdas en las redes sociales que no nos aportan nada, en lugar de ponernos a estudiar realmente en serio aquello que nos interesa.

Y mientras el mundo sigue revuelto ahí fuera, hiriendo profundamente a la gente sensible como yo que recuerda vidas pasadas y ve llena de frustración cómo la Historia se sigue repitiendo una y otra vez, y apenas podemos hacer algo para evitarlo, plenamente conscientes de todo el dolor y el sufrimiento que los seres humanos se infligen unos a otros de manera imparable, siempre escudándose en excusas, nuestras vidas pasadas se hacen presentes y seguimos sintiendo emociones que surgen de eventos que ocurrieron hace mucho, mucho tiempo... Y con frecuencia me sigue pareciendo que vivo en un mundo paralelo, o en una burbuja transparente, impotente espectadora de la locura que reina ahí fuera, deseosa de que la Humanidad despierte, y sabiendo desde hace tiempo que es una batalla perdida.

Pero si estoy aquí es porque hacía tiempo que no escribía algo para este blog, así que venciendo mi actual apatía he buscado un tema, y me he decidido por la sanación porque estos últimos días ha estado en mi cabeza. Hace poco conseguí una nueva verificación de mi vida de la Segunda Guerra Mundial, y poco a poco me voy a acercando a lo que yo llamo la “verificación definitiva” (averiguar nombres y apellidos), aunque dudo que alguna vez vaya a producirse... y de todas formas me interesa más encontrar la identidad de mi novio, muerto posiblemente en un bombardeo, que la mía propia. No sé por qué, aunque me inclino por pensar que es porque fue su muerte la que me dejó una profunda huella en mi alma, no mi propio suicidio unos meses después, puesto que en realidad ya estaba muerta cuando le perdí a él. Extrañas emociones...

Pensando sobre estas emociones me di cuenta de que no tiene sentido ese concepto tan extendido de la “sanación espiritual”. Ya lo he comentado otras veces, así que no me referiré a la terapia regresiva y a la moto que muchos nos quieren vender sobre “Qué guay recordar vidas pasadas, yo te hago una regresión y sanaré tu alma”. Tengo la impresión de que eso es lo único que tenemos de momento en España, muchos “discípulos de Brian Weiss” que piensan que ellos son los únicos que pueden hacerlo. Aún se quedan sorprendidos cuando les digo que yo lo hice todo por mi cuenta, y además me ocurrió espontáneamente, y además cualquiera puede hacerlo. Yo tenía el problema de la ansiedad y la depresión. Ahora también lo tiene uno de mis hermanos. Yo hice meditación y llegué hasta aquí. No he necesitado ningún psicólogo ni ningún psiquiatra ni ningún “discípulo de Brian Weiss” para introducir sugestiones en mi cerebro. El simple hecho de meditar y ver qué es lo que te produce esa ansiedad y depresión tiene un gran poder sanador de por sí, aunque luego viene lo más duro... porque las emociones siguen fluyendo y hay etapas bastante difíciles. Hoy solo sufro de depresión muy esporádicamente y me recupero en un suspiro porque soy consciente de dónde viene. Es un proceso largo y solitario, pero estoy segura de que es mucho mejor que empastillarse, incluidos los efectos secundarios como vómitos y diarreas, que según la médico tienes que soportar los primeros días hasta que el cuerpo se acostumbre... con el resultado final, según yo, de que sigues con la depresión y la ansiedad, te han fastidiado el estómago, y encima andas todo el día como un zombi. Me pregunto cuándo los psicólogos y psiquiatras se replantearán su forma de “curar” a sus pacientes... Sí, es bastante probable que lo de mi hermano se deba en su mayor parte a acontecimientos de esta gran vida que llevamos, pero aún así recordar tus vidas pasadas te da otra perspectiva y te ayuda a aprender a tomarte la vida de otra forma, lo que para mi hermano estoy segura sería muy útil.

Pero lo que quería decir es que sí, uno de los fines de recordar vidas pasadas es la “sanación espiritual”, si es que tu alma está “enferma”. ¿Cuándo un alma está enferma? Cuando hay algo que proviene de una vida pasada, se haya hecho o no consciente, que te impide llevar una vida normal. Puede ser ansiedad y depresión como a mí me pasaba, que estaba empezando a interferir demasiado en mi estado de ánimo; puede ser algún tipo de fobia; síndrome de estrés postraumático, etc. Pero lo cierto es que de la gran mayoría de recuerdos de vidas pasadas que he tenido, no he necesitado sanar. ¿Me han traído emociones? Claro. Casi aseguraría que todos los recuerdos llevan aparejados emociones, pero eso no significa que estemos enfermos. Si llega el aniversario de la muerte de mi soldado en la Segunda Guerra Mundial y me pongo triste, no significa que necesite sanar de nada, es lógico y es humano, porque era alguien a quien le importaba, alguien con quien tenía planes de futuro, alguien que me fue arrebatado en un suspiro y ni siquiera fui capaz de superarlo en los meses que siguieron... sí, todavía estoy en ello, pero nadie me va a hacer “sanar” con una varita mágica de la noche a la mañana. La curación es un largo proceso que lleva su tiempo, y lo importante es que ahora puedo seguir viviendo sin sentirme tan deprimida por su pérdida. A nadie se le ocurre obligar a alguien a superar el luto por la muerte de un ser querido dándole una colleja o implantándole algo en su mente. Pues es lo mismo con las vidas pasadas... y si yo no hubiese recordado vidas pasadas, lo más probable es que ahora estaría como mi hermano, o peor, encerrada en un manicomio por psicótica, o incluso en la tumba, como a punto estuvo de ocurrir, posiblemente por las mismas causas, en mi última vida.

Sin embargo, la mayoría de la gente piensa que esa es la única razón por la que alguien recuerda vidas pasadas... o, al menos, esa es la impresión que tengo actualmente. Es como que... si tienes un problema y acudes a un terapeuta, bien, qué curioso... así que ese dolor en la espalda te venía porque te dispararon... "Interesante" (cuando en realidad lo que está pensando es: "Ya. Una vida pasada... Bueno, también puede ser que te lo hayas imaginado, pero no importa, porque como el dolor de espalda se te ha ido..."). Ahora, si dices que meditas con el fin de recordar vidas pasadas con el único propósito de conocerte a ti mismo, de saber de dónde vienes, porque quieres saberlo TODO, y además te interesa mucho encontrar quién fuiste de verdad con nombre y apellidos... es como que has perdido un tornillo. O quieres evadirte de algún modo del mundo que te rodea y has elegido la meditación en lugar de las drogas duras. Vamos, que estás loco. Nadie entiende por qué querrías hacer algo así...

Solo me queda la resignación.

Y todos estos procesos y reflexiones tienen lugar en muchos otros compañeros que también recuerdan (es el centenario de la Primera Guerra Mundial y eso también nos afecta a nivel planetario) mientras que en España la gente es bastante indiferente a este tipo de cosas y el resto del mundo permanece ignorante a esta realidad de la reencarnación, cometiendo los mismos errores una y otra vez, haciéndose las mismas preguntas, perdidos y desorientados entre las creencias sin sentido de muchas religiones que predican el amor al prójimo al tiempo que no dejan de bombardear a personas indefensas. Muchas veces me pregunto qué porcentaje de personas recuerdan vidas pasadas en el mundo. El número es tan ínfimo que no puedo más que sonreír con amargura cuando por otro lado me llegan estos mensajes tan alentadores de contactados que dicen que todo se va a arreglar en breve, que hay que tener esperanza, que un mundo de amor y prosperidad se acerca. Ya... Si pudiera, en mi próxima vida intentaría encarnar en otro planeta y dejaría que los humanos se mataran entre ellos. Pero me temo que en mi próxima vida me va a tocar pringar también. Después de todo, yo no estoy nada evolucionada...

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La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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