sábado, 1 de agosto de 2015

¿Nos fiamos más de los adultos o de los niños?

Hay un hecho en el que algunos compañeros reencarnacionistas y yo hemos reparado en las últimas semanas. Algo que lamentamos profundamente porque en resumen viene a significar que los “científicos” que investigan la reencarnación, los cuales proceden casi en exclusiva de la Universidad de Virginia en Estados Unidos, no dan apenas validez a las experiencias de los adultos que recordamos vidas pasadas. Ya lo comenté un poco por encima hace un tiempo, pero poco a poco me voy dando cuenta de que esta es una actitud que se extiende a otros investigadores, como si hubieran acordado adoptar una “posición oficial” ante este fenómeno, y afirmar lo contrario fuera una nueva herejía. No sé si ponerme a llorar, la verdad.

Yo decidí que no iba a compartir mis experiencias con alguien que calificaba mis recuerdos como basura, literalmente. Conseguí resistirme a pesar de que el investigador en cuestión insistió bastante en que le diera datos de esas vidas pasadas que he podido verificar, para así engordar —supongo— su base de datos. Esta base de datos, en cuestión de adultos que recuerdan, debe de andar bastante escasa, viendo cómo descartan alegremente todo aquello que provenga de cualquier método en cuyo nombre se incluya la palabra “hipnosis”, aunque sea autohipnosis y por tanto ellos mismos lo consideren un recuerdo espontáneo. Sin embargo, algunos de mis compañeros reencarnacionistas llegaron incluso a contactar en privado con algunos de esos investigadores, y se llevaron una sorpresa bastante desagradable cuando apenas recibieron atención alguna, incluso llegaron a desdeñar lo que se atrevieron a contar. Tengo razones para pensar que encontrarte tal rechazo por parte de gente que supuestamente se toma en serio la reencarnación, después de años y años de incomprensión y temer que te tomen por un desequilibrado, debe doler. Mucho. A mí me dolió especialmente cuando pronunciaron la palabra “basura”. Tanto que decidí callarme para siempre. Tanto que todavía no les he perdonado...

Y lo más gracioso es que ellos, que se supone que son los mayores expertos en reencarnación en el mundo, en realidad no tienen ni idea. Ni siquiera se molestan en estudiar nuestros casos, porque consideran que los recuerdos de adultos son menos fiables que los de los niños. Pero, ¿es esto así de verdad?


Bien, en efecto, los niños tienen la ventaja de que apenas han sido expuestos a libros, películas o historias familiares que tengan que ver con determinadas épocas históricas. Por tanto, se puede descartar la criptomnesia más fácilmente. Es muy probable que no haya ningún tipo de contaminación en sus supuestos recuerdos. Estos recuerdos suelen ser espontáneos, ya sea en estado de vigilia o en forma de pesadillas o terrores nocturnos. Y... eso es todo. Por lo demás, los niños son más proclives a fantasear, y lo que es aún más importante, en muchos casos son incapaces de comprender lo que están experimentando. Son los padres los que tienen que extraer la información válida, interpretarla, y tratar de verificarla. Quizá, incluso sin quererlo, lleguen a presionar al niño para que se identifique a sí mismo con un pariente lejano en una foto que le muestran, o podrían llegar a afirmar algo que no es real solo por agradar a sus padres.

Los adultos, por el contrario, tenemos mucha mayor capacidad de análisis. Si hemos investigado lo suficiente, sabemos incluso diferenciar un verdadero recuerdo de una escena que podría ser un producto de nuestra imaginación. Sabemos perfectamente, en la mayoría de los casos, a qué información hemos estado expuestos o qué lenguas pudimos escuchar cuando éramos niños. Podemos discernir qué recuerdos son más fiables y qué es lo que ha podido influir en ellos. Si nos preguntan, podemos explicar mucho mejor lo que estamos viendo y las emociones que se originan como consecuencia. Podemos relacionarlo con problemas de nuestra vida actual. Sabemos cuándo estamos utilizando nuestra intuición, cuándo es algo que llega “de dentro”, o cuándo, por el contrario, estamos utilizando nuestra razón y por tanto podríamos equivocarnos con mayor facilidad. Podemos enfrentarnos a esos recuerdos y a lo que significan con mucha más madurez que un niño.

Como estos investigadores han decidido no dar ningún tipo de credibilidad a las regresiones, y saben que muchos de los recuerdos de adultos provienen de regresiones, su posición es ignorar este tipo de experiencias. Así que para ellos no significa nada que yo haya conseguido verificar dos de mis vidas pasadas. Tampoco significa nada que mi ansiedad y depresión hayan remitido casi completamente después de una temporada haciendo autohipnosis. Para ellos existimos, pero posiblemente piensan que somos demasiado crédulos, que estamos mintiendo, que nos estamos engañando a nosotros mismos o que todo lo que recordamos mediante sueños o flashes espontáneos (otro factor que también ignoran) es producto de haber leído mucho durante nuestras vidas. De este modo, están perdiendo información que podría ser trascendental para comprender cómo funciona la memoria y cómo recuperamos recuerdos de otras vidas.

En resumen, creo que los recuerdos de vidas pasadas de adultos son mucho más fiables que los de los niños, a pesar de que los investigadores se estén centrando tanto en ellos. Me recuerda un poco a lo que ocurre con las ECM’s. Me pregunto qué tipo de credibilidad hay en lo que relata Colton Burpo, un niño influenciado por las creencias religiosas de sus padres, si lo comparamos con lo que te describe una persona adulta que sale de un coma y puede interpretar de forma mucho más madura —no en todos los casos, todo hay que decirlo— sus experiencias.

Si los reencarnacionistas ni siquiera podemos poner nuestras esperanzas en investigadores “serios”, ¿qué es lo que nos queda? Bueno, nos tenemos a nosotros mismos. Somos pocos, pero estoy segura de que con el tiempo las cosas cambiarán. 

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domingo, 19 de julio de 2015

Síndrome de estrés postraumático y vidas pasadas.

Cuando escribí mi última entrada, tenía en mente acabar hablando un poco sobre el síndrome de estrés postraumático y cómo lo que nos ocurre a los que recordamos vidas pasadas no es en nada distinto a lo que padecen otras personas después de pasar por experiencias traumáticas. Al final la entrada se hizo más larga de lo que esperaba, decidí volver a retomar el tema en un día o dos, y después me volví a ver absorbida por la vida real... hasta hoy. Pero ahora que ya tengo esos proyectos casi finalizados, puedo volver al blog.

Bueno, dio la casualidad que en un corto espacio de tiempo me llegaron varias referencias externas a este asunto del síndrome de estrés postraumático (cuyas siglas en inglés son PTSD). Una provenía de alguien que está lidiando con sus propios recuerdos y me comentaba que se había dado cuenta de que ella presentaba muchos de los síntomas que caracterizan este síndrome... solo que el origen de sus traumas se encuentra antes de su nacimiento.

Según el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, usado como referencia por los psiquiatras), los criterios de diagnóstico del síndrome de estrés postraumático son los siguientes:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2:

  1. La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
  2. La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados.
B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
  1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma.
  2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible.
  3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico.
  4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
  7. Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).
D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
  1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  2. Irritabilidad o ataques de ira.
  3. Dificultades para concentrarse.
  4. Hipervigilancia.
  5. Respuestas exageradas de sobresalto.

E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.

F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. 



Yo ya estaba familiarizada con el PTSD porque desde que me muevo en foros de reencarnación leí las experiencias de personas que habían sido soldados en otras vidas y ya habían reparado en cómo los traumas de vidas pasadas no son para nada distintos a los de la vida presente. También había identificado algunos de esos síntomas en mí, siendo los más intensos la ansiedad y depresión que me acompañaban casi desde siempre, y que son los que me llevaron a querer buscar respuestas más allá de lo que me ofrecía la medicina. Sin embargo, no había profundizado mucho en el tema; no lo creí necesario, porque por lo que había visto, no había ninguna duda de que es así como funcionan las cosas. Ahora, releyendo los síntomas enumerados en el DSM-IV, aún me sorprendo de que la gran mayoría de esos síntomas, casi uno por uno, se me podrían aplicar a mí, especialmente cuando estoy en medio de una fase de past life mood. Y si tienes en cuenta los numerosos casos de niños que recuerdan vidas pasadas, no podría ser más obvio. Es una lástima que la sociedad en general continúe tan ciega a la posibilidad de la reencarnación.

Haciendo una nueva lectura de estos síntomas, y relacionándolos con mi vida pasada en la Segunda Guerra Mundial (origen en su mayor parte de mi ansiedad y depresión actual) las vidas pasadas, veamos:

La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
Esto (las tres cosas) pasó continuamente en esa vida.

La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Por supuesto. Tanto, que acabé suicidándome.

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
Bajo regresión, montones de ellos. Una vez dije que jamás he pasado tanto miedo como en mis regresiones de la SGM.

2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar.
En mi caso no, porque excepto en contadas ocasiones no suelo tener sueños de vidas pasadas (aunque sí he tenido algún sueño “raro” relacionado con abusos por parte de alguien más poderoso que yo, en un entorno “militar”).

3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse).
He tenido flashbacks cuando me he visto en situaciones similares a las del pasado. Lo que conté en mi anterior entrada es un buen ejemplo de ello.

El PTSD no va sobre qué está mal en ti, sino sobre qué te ocurrió.
 4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
Esto me pasaba mucho antes de recordar vidas pasadas, cuando estaba en quirófano y veía mucha sangre, aunque a veces me pasaba y otras veces no (por lo que descarto aprensión a la sangre, que jamás he tenido... al menos cuando no es la mía). Actualmente lo identifico con lo que algunos reencarnacionistas hemos dado en llamar “La Reacción”. Por cierto, los puntos 4 y 5 son una estupenda descripción de lo que es un trigger.

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.

2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
Siempre de manera inconsciente, pero de pequeña evité leer una enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial que había por casa, a pesar de que me leía hasta los paquetes de cereales. Quizá no tenga nada que ver, pero en esta vida también evito los médicos todo lo que puedo. El otro día también quise evitar entrar en un hospital de campaña. Poco a poco me voy acostumbrando a exponerme a libros o películas que tengan que ver con guerras, pero siempre es duro y luego he de enfrentarme a todo tipo de emociones y arriesgarme a que mi pareja me deje por no responder a sus estímulos.

3. Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
También estuvo presente un tiempo... hasta que me dije a mí misma que necesitaba revivirlo de nuevo, para que así no dejara de perturbarme e influir en mi vida actual.

4. Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5. Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6. Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener sentimientos de amor).
7. Sensación de un futuro desolador.
Por supuesto, todos ellos son síntomas de depresión, los conozco bastante bien.

1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
2. Irritabilidad o ataques de ira.
3. Dificultades para concentrarse.
4. Hipervigilancia.
5. Respuestas exageradas de sobresalto.

En efecto, esto me pasaba cuando sufría las crisis de ansiedad, sin saber aún qué me estaba pasando.

Creo que no hace falta insistir más. El único punto por el que no entraría dentro del diagnóstico es que según el CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades), es indispensable que los síntomas de estrés postraumático hayan aparecido dentro de los seis meses después del suceso traumático. Evidentemente, este criterio está totalmente equivocado. Las personas que recuerdan vidas pasadas traumáticas sabemos que esos síntomas pueden aparecer mucho después, incluso después de haber muerto. Lo malo es que a nosotros nadie nos hace caso y seguramente nos clasificarán dentro de los trastornos de personalidad múltiple, si son bondadosos...

Una pena.

Y para acabar, solo decir que yo no soy la única que sabe que hay relación entre el síndrome de estrés postraumático y las vidas pasadas. El investigador Erlendur Haraldsson, de la Universidad de Reikiavik (Islandia) publicó en el año 2003 un artículo donde expone que muchos de los síntomas, como la dificultad en la concentración, los arrebatos de ira o el miedo inexplicable en determinadas circunstancias, también están presentes en muchos niños que supuestamente recuerdan vidas pasadas.

lunes, 8 de junio de 2015

La Reacción.

Diversos acontecimientos me han tenido alejada de mis vidas pasadas, aunque no de la reencarnación, ya que eso es imposible. Pero no tiene nada que ver pensar y teorizar sobre la reencarnación, con tener que lidiar con tus recuerdos, eso está claro. Aparte de eso, también he estado más centrada en mi vida actual, con problemas de trabajo, nuevos proyectos, cursos... y todo ese movimiento me ha restado energía para invertir en la reencarnación. Poco a poco todo va quedando en el pasado, y a veces llegas a preguntarte si todo aquello que viste y sentiste en esas regresiones, todo el trabajo que hiciste, fue solo una ilusión, una ida de olla, una etapa que pasaste “en las nubes” que para nada es real. Y resulta que luego un día, de manera totalmente inesperada, algo sucede que te vuelve a trastornar, y te recuerda que no, por supuesto que no, tus vidas pasadas siguen siendo parte de ti. No solo eso: te siguen afectando emocionalmente. La reencarnación es real. No puedes dudarlo.

Ayer se me ocurrió ir a visitar la exposición que las Fuerzas Armadas habían organizado en Madrid, con motivo de la celebración del 5 de Junio. Mi pareja y yo nos enteramos a última hora, y como no teníamos nada mejor que hacer, era cerca de casa, y era gratis, decidimos acudir. A pesar de mi vida en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, mi interés en todo lo militar antes de recordar era prácticamente nulo. Pero mi trabajo en el Ejército estadounidense en la Alemania Occidental de los años 60 fue bastante entretenido, y eso siempre me trae buenos recuerdos: cuidaba del mantenimiento de los helicópteros, sabía tirarme en paracaídas, hacía vuelos de prueba, conducía un camión militar... En todo eso iba pensando mientras nos acercábamos a la exhibición, deseando poder meterme en la cabina de un avión o en un tanque. Nada más llegar, el enorme helicóptero que había a la entrada nos dejó sin habla... pero enseguida llamó mi atención un vehículo con una cruz roja que había detrás. Luego vi que no solo había un vehículo, sino que habían levantado un hospital de campaña. Eso me traía recuerdos de la Segunda Guerra Mundial... y eso ya no es tan divertido.


Me imagino que muchos lectores podrían pensar que mi propia sugestión hizo el resto. “Creo firmemente” que viví terribles acontecimientos traumáticos en un hospital de campaña alemán en territorio francés, así que mi propio cerebro hizo que mis piernas comenzaran a temblar y que me detuviera a la entrada. Supongo que solo yo sé que esto no lo produce una simple creencia. Le dije a mi pareja que no estaba segura de querer entrar ahí. Yo lo llamo un “cambio en la energía”, porque los súbitos sentimientos que te invaden no tienen nada que ver con lo que sentías hasta entonces. Me forcé a mí misma a avanzar. No podía desaprovechar la oportunidad de ver en realidad un hospital de campaña (algo que jamás había hecho antes), y quizá obtener alguna pequeña verificación, pequeña ya que al fin y al cabo este era un hospital moderno, no uno de la Segunda Guerra Mundial.

Bueno, creo que no había mucha diferencia... Entré y la sensación fue como transportarme a 1942. Sobre todo quería comprobar que las paredes daban la sensación de ser sólidas como si fuera un edificio... porque esa era la sensación que tenía en mis recuerdos, que no parecían ser las paredes de “una tienda”. Vi las camas metálicas y las camillas con grandes ruedas y neumáticos. Vi los instrumentos médicos (estos no me produjeron ninguna sensación, porque los veo todos los días por mi profesión). Pero la visión del quirófano al fondo fue lo que más me impresionó, porque era exactamente así como lo recordaba... Las ganas de llorar que tenía desde el principio comenzaron a hacerse más fuertes, y luego se unió la terrible rabia que aún siento cuando recuerdo todo aquello. Flashes de soldados heridos y mucha sangre. Y sobre todo, cuando veía aquellas gruesas lonas con cremallera en las camillas, como sacos de dormir que me imagino se usan para mantener a los pacientes calientes, solo podía imaginar que en su interior había cadáveres. Empecé a sentir ansiedad también, y mi mente me susurraba: “Sal de aquí”.


Así lo hice. Si hubiera estado sola quizá habría aguantado hasta ser presa de lo que llamo “La Reacción”. Fue una amiga la que utilizó este término para describir las reacciones físicas que sufrimos a veces los que recordamos vidas pasadas cuando nos vemos en una situación como esa, en la que la escena que estás viendo te trae recuerdos del pasado muy vívidos y dolorosos. También la pueden sufrir personas que aún no tienen recuerdos conscientes, como es común entre los turistas que van a visitar Auschwitz, sin saber que fueron víctimas del Holocausto. Necesitaba... aún necesito, liberar todas esas emociones que no acaban de salir, a pesar de lo que mucho que he llorado ya en mis regresiones. El dolor continúa enquistado. La muerte de mi novio por fuego enemigo, sin que yo como enfermera pudiera hacer nada para evitarlo, no se olvida fácilmente. Yo no quería ser el foco de atención ni ponerme a vomitar ni caer desmayada, así que salí del hospital. Pero las emociones aún no se han ido.

Estoy convencida de que si hubiera estado enchufada a un monitor, se habrían notado los cambios fisiológicos en mi organismo. Puedes fingir un ataque de ansiedad, pero eso no se refleja en un electroencefalograma. Yo no llegué a tanto, pero creo que si hubiera estado dos minutos más, quizá sí habría llegado. Más tarde mi pareja me dijo que me había puesto blanca. Y, desde luego, las ganas de llorar ya me acompañaron durante el resto de le exhibición, y también una gran furia interna que ya no me permitió disfrutar de la visita.

Hace solo unos días le decía a una amiga para animarla que yo era prueba de que se podía sanar, que ya no me acordaba apenas de mis vidas pasadas. Menos mal que sé que no pude engañarla...

miércoles, 29 de abril de 2015

Utilizando la reencarnación en el mundo real.

Hace tiempo que no publico nada nuevo en el blog, y es que mi vida se ha convertido en una especie de torbellino en la que apenas encuentro tiempo para hacer todo lo que me gustaría hacer. He vuelto a trabajar, tengo dos libros por acabar de escribir y publicar, otro esperando en algún rincón de mi mente, y múltiples proyectos que sacar adelante. Digamos que mi energía se halla un tanto dispersa, y por tanto me es difícil concretar mis ideas y plasmarlas en una breve entrada. Pero aún así, lo intentaré.

El otro día conocí a una persona que me va a ayudar en uno de esos otros ámbitos de mi vida, y me dijo que se dedicaba a “empoderar” a las personas. Me gustó esa palabra. Por supuesto, se refiere a un “empoderamiento” en el buen sentido, no en la forma de empoderamiento que tienen muchos políticos. Se refería a dar a las personas las herramientas, los conocimientos y la confianza necesaria para trabajar utilizando determinadas técnicas de curación.

Me he dado cuenta de que antes de ella, ya había tenido en mí un efecto parecido el recordar vidas pasadas. Hace tiempo que escribí un artículo sobre los beneficios de recordar vidas pasadas, y siento que hoy podría alargarlo mucho más. Ya era capaz de notar esos cambios internos y profundos en mí, esa transformación que supone hacerte consciente de quién eres, y conocer todas las pruebas por las que has pasado. Pero hasta este momento, cuando he tenido que enfrentarme de nuevo a la vida real, no sabía de verdad cómo de poderosa es esa transformación. Ahora no solo es que vea las cosas de manera distinta, sino que los problemas parecen empequeñecer. Soy capaz de controlar mucho mejor mis emociones, de reaccionar mucho mejor a las adversidades. Incluso soy capaz de comprender mucho mejor a la gente que me rodea y transmitirles cierto sentimiento de paz y tranquilidad, porque aunque ellos no lo sepan, yo sí lo sé: no hay nada en el mundo lo suficientemente grave como para no poder luchar y superarlo. Cuando has vivido varias guerras y has sido testigo en propia piel de lo crueles que pueden llegar a ser determinados seres humanos, las pequeñas preocupaciones del día a día, esas por las que a veces perdemos el sueño, son solo nimiedades que te hacen sonreír. No sé muy bien cómo explicarlo, pero es como si de dentro de ti surgiera un brillo que lo ilumina todo y que puede contagiar a los demás.

Esta mañana me decía a mí misma: “Tal vez es solo el poder de la fe”. ¿Me siento así simplemente porque mis experiencias me han llevado a creer firmemente en la reencarnación y la supervivencia después de la muerte? La respuesta es instantánea: NO. “La fe mueve montañas”, dicen. No es que pueda negarlo, porque el poder de la mente humana no tiene límites. Sin embargo, sé que lo mío es mucho más que fe. Recuerdo varias vidas en las que la fe fue importante, en las que puse mis esperanzas y mis deseos en algo externo a mí. En esas vidas vi cómo otros se entregaban a esa fe, pero eso jamás les condujo a una vida mejor, sino a la resignación más absoluta, permitiendo que otros siguieran cometiendo sus crímenes impunemente. También me apena ser testigo aún hoy día de personas que creen que respondiendo “Amén” en un mensaje de Facebook con una bonita foto de un santo se vayan a solucionar las cosas. No. Las cosas se solucionan actuando, tomando partido, siendo conscientes de que no tenemos nada que perder, que estamos aquí para vivir con todas las consecuencias, no para escondernos detrás del miedo o la inseguridad, que es lo que nos hace pedir a otros que las cosas vayan bien, cuando somos nosotros los únicos que podemos trabajar en ese sentido. A mí la fe por sí sola jamás me sirvió. Pero sí me sirve haber llegado a la convicción, a través de mis propias experiencias, de que la reencarnación es un hecho. Y, sobre todo, haber recordado quién soy y de lo que soy capaz, para no caer en la desesperanza y continuar luchando por construir un mundo mejor, aunque vuelva a fracasar. Después de todo, no es el resultado lo que cuenta, sino la intención. O, al menos, eso dicen...


martes, 7 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo: una serie para reencarnacionistas.

La verdad es que muy difícil creer que los guionistas de esta serie, que además está llena de guiños a una serie mítica como Dr. Who, no hayan pensado en algún momento en la reencarnación. Pero como esta palabra parece ser tabú en nuestro país, no se menciona en ningún lugar. También me parece muy curioso que seguramente una gran cantidad de fans que han surgido a consecuencia de la serie española —algunos de los cuales son historiadores y se entretienen buscando inexactitudes en cuanto a la época de los hechos— no serán conscientes de dónde les viene esa especial afinidad que sienten hacia ciertos periodos históricos. En momentos como estos suelo sonreír, porque me doy cuenta de cuánto de cierto hay en eso que suelo afirmar: la Verdad está delante de nuestras narices, pero somos incapaces de verla. Creo que lo que está pasando es muy parecido a lo que pasa en Estados Unidos y otros países (el nuestro incluido, aunque aquí no es tan frecuente) con los grupos de “reenactors”, actores aficionados que de vez en cuando se reúnen para representar batallas épicas, poniendo un gran énfasis en que no haya ni un solo anacronismo, dándose el placer de sacar sus reproducciones de armas a la calle, y vistiendo con ese uniforme militar que tanto les costó conseguir. Detrás de muchos de estos reenactors, los reencarnacionistas sabemos que hay personas que vivieron realmente en esa época que tanto disfrutan representando, o de la que saben más que un historiador de verdad. Pero, lamentablemente no son conscientes de ello. O quizá, si lo sospechan, nunca se atrevieron a mencionárselo a nadie.

Representación de la batalla de Antietam en Sharpsburg, Maryland. 
Desde que comenzó la serie abrimos un hilo en el foro que ha tenido bastante éxito, porque es evidente que muchos de nosotros (gente que recuerda sus vidas pasadas) disfrutamos especialmente viendo películas que pertenecen a aquella era en la que vivimos, entre otras cosas porque eso nos puede desencadenar nuevos recuerdos. Además, en la serie se dan constantemente circunstancias y situaciones que no son nuevas para nosotros. Uno de los mejores ejemplos para mí es cuando Amelia descubre su propia tumba. Algo que para muchos puede parecer excesiva imaginación, no es para nada raro en las historias que podemos compartir los reencarnacionistas. De hecho, es uno de los momentos más extraños y a la vez más emotivos a los que nos llegamos a enfrentar: el momento en que tras muchos años de recordar, investigar y verificar, encuentras el lugar en el que te enterraron, a veces con nombre y apellidos, otras veces sin ellos. Algunos, como es mi caso, ni siquiera tenemos tumba, porque en una de mis vidas arrojaron mi cuerpo al mar. Aunque sí puedo contar una pequeña anécdota: una vez leí que un hombre tenía guardado el cráneo de otra de mis vidas pasadas. Puede parecer divertido, pero lo cierto es que hasta que no te pasa no sabes lo raro que se siente descubrir estas cosas.

Llegar a conseguir una verificación de este calibre hace que te sacudas de arriba abajo, porque es como si de repente aquello que creías eran solo delirios de tu mente se hace real y tangible. Puede que hasta ese momento solo hayas hablado de “posibles recuerdos”, de un nombre que crees que es el tuyo pero sabes que tal vez te lo estás inventando. Cuando por fin hallas una referencia histórica clara e indudable de que ese ser existió, y su vida coincide con lo que tú recordabas, todo se derrumba de nuevo. No tienes más remedio que aceptar que la reencarnación es un hecho, porque sabes que tú no te has podido sacar de la manga todos esos detalles, ni tendrían por qué afectarte tanto si es solo una historia de ficción. El tiempo deja de tener el mismo sentido. Notas cómo el pasado y el presente se han fundido en uno. Pero a la vez también te das cuenta de que todo (o mucho) de lo que fuiste ya no está. El sentimiento de pérdida también se hace más fuerte. La nostalgia es abrumadora. Y si aún no has llorado lo suficiente, tendrás que pasar por el duelo para poder pasar página.


El Ministerio del Tiempo es una serie que gusta a los reencarnacionistas porque en parte nosotros podemos hacer lo mismo: viajar en el tiempo. No nos sentimos del todo pertenecientes a este mundo moderno, en el que nos sentimos incómodos. Nos gustaría volver a otras épocas en donde éramos más felices o donde no nos sentíamos fuera de lugar. Creo que en la serie se ve muy bien cómo viajar al pasado no constituye un gran problema. Pero cuando viajas al futuro te encuentras descolocado y no sabes muy bien qué hacer para encajar. Vives en el presente, pero a la vez vas a dormir a tu época, y sigues teniendo los problemas que tenías en tu época. La única diferencia es que nosotros hemos cambiado de cuerpo. Muchos creen erróneamente que la muerte significa dejar todo atrás. Pero los reencarnacionistas sabemos que eso es solo una ilusión.

Nos queda mucho para llegar a Cloud Atlas, pero espero que los guionistas españoles sigan por este camino.

domingo, 5 de abril de 2015

¿Se puede ser reencarnacionista e investigadora a la vez?

A raíz de determinados acontecimientos después de publicar mis dos últimas entradas, he estado dándole vueltas a esta cuestión. He compartido mis pensamientos con otros reencarnacionistas (recordemos una vez más que con esto me refiero a personas que RECUERDAN vidas pasadas), y me ha agradado comprobar que en líneas generales estaban de acuerdo conmigo. De hecho, no es que no puedas ser reencarnacionista y dedicarte a investigar seriamente la reencarnación (y a publicar trabajos serios sobre ello), sino que en un mundo perfecto, deberíamos ser los reencarnacionistas quienes investigáramos la reencarnación. ¿Por qué? Porque solo nosotros, repito, SOLO NOSOTROS, podemos saber lo que significa realmente recordar vidas pasadas.

Como me he movido siempre en un ambiente académico relacionado con las ciencias de la salud, pondré un ejemplo médico: ¿puede un médico cualquiera investigar el virus Ébola? Sí, por poder, claro que puede. Si es un buen científico (que esta es otra historia), lo hará bien. Pero lo que nadie puede negar es que nunca sabrá lo que realmente implica sufrir una fiebre hemorrágica hasta que no haya estado en persona en algún lugar de África viviendo una epidemia de Ébola. Hasta que no se haya puesto el traje de seguridad biológica de nivel 3 y se haya pasado una hora tratando a pacientes con Ébola, no sabrá de verdad lo que es el Ébola. Y cuando vuelva a su país, no solo habrá pasado por una experiencia que muy pocos conocen, sino que además el horror de lo que ha vivido no se borrará jamás de su mente, y esto posiblemente le llevará a querer investigar con mucho más ahínco para conocer mejor el virus y poder desarrollar mejores armas contra él. Esta persona no solo tendrá la teoría, sino que tendrá también la práctica. Además estoy segura de que su amargura y decepción no tendrán límites cuando sea testigo de cómo los que no han vivido de cerca tal situación tratan de buscar soluciones desde la comodidad de sus despachos, tomando decisiones que no serán las correctas o ideando protocolos de actuación que no se ajustarán a las necesidades reales.


Bien, pues lo mismo ocurre con la reencarnación. Desde que empecé a recordar me he encontrado con montones de gente que creen en ella, que desean conocer más porque lo ven como algo posible, o que han investigado durante años el trabajo de campo que hicieron otros hace más de treinta años. Estos últimos pueden llegar a pensar que son unos expertos en la materia. Pueden incluso llegar a pensar que solo ellos cuentan con la autoridad suficiente para decidir si lo que recuerda una persona merece su atención o no. Pueden decirte que tus recuerdos e incluso tus verificaciones, que tanto tiempo te ha llevado obtener, no significan nada, simplemente porque comenzaste a recordar de adulto o porque esos recuerdos te vinieron mediante autohipnosis. Están tan desconectados de la vida real que incluso pueden calificar tu trabajo de poco serio si no has publicado un artículo en una revista científica.

Y, sin embargo, no tienen la menor idea (o solo lo saben “de oídas”) de lo que supone recordar. Suponen que es difícil distinguir un sueño normal de un sueño de vida pasada porque jamás han tenido un sueño de vida pasada. Se asustan al escuchar la palabra “hipnosis” porque jamás se les ha ocurrido probar una de esas grabaciones tan populares en Youtube. Piensan que todos los adultos que recuerdan tienen la misma capacidad de discernimiento que una rana y por ello dan más fiabilidad a lo que dice un niño de tres años. Tampoco son conscientes de la intensidad emocional y las secuelas psicológicas de algunos recuerdos traumáticos. Están tan preocupados en la clasificación y en la nomenclatura de sus datos que se olvidan de que detrás de esos recuerdos, que pueden ser más o menos exactos, hay personas cuyo comportamiento y forma de pensar han venido durante años determinados por algo que vivieron hace siglos. No conocen el proceso por el cual los recuerdos comienzan a aflorar de tu subconsciente y se convierten en parte de ti, dándote la respuesta a muchas de tus preguntas y ayudándote a enfrentarte a los problemas de tu vida actual. Francamente, yo jamás contaría a este tipo de investigadores lo que he pasado para llegar hasta aquí. Tendría la impresión de estar hablando con unos escolares que aún no saben distinguir entre virus y bacterias, cuando yo lo que quiero es tratar con alguien que comprenda de verdad lo que es el miedo de pincharte con una aguja contaminada o ver a alguien frente a ti desangrándose por las hemorragias espontáneas que le provoca el virus Ébola. En cierto modo, es muy parecido a lo que sentimos todos aquellos que recordamos vidas pasadas militares. Solo el que ha luchado en una guerra puede comprenderlo.


He de reconocer que me cuesta bastante ser optimista. Pero por un día lo voy a ser.

Señores investigadores de la reencarnación (si es que en España hay alguien que de verdad investigue con la misma seriedad, rigurosidad, formación científica y experiencia que yo): las cosas van a cambiar. No sé cuándo, pero lo van a hacer. Hay una generación entera de jóvenes muy bien formados que recuerdan vidas pasadas y que quieren demostrar que la reencarnación es un hecho. Estos jóvenes saben muy bien de lo que hablan, no son unos fanáticos religiosos ni creen ciegamente en nada, salvo en lo que la ciencia puede explicar. La ciencia necesita un nuevo enfoque, nuevas hipótesis, nuevas formas de experimentar. No podemos seguir anclados en el pasado, repasando una y otra vez lo que otros autores dejaron escrito en sus obras hace cuarenta años como si eso fuera algo novedoso. Los niños que recuerdan vidas pasadas están muy bien, y sin duda para muchas personas son una gran evidencia de que la reencarnación existe y es un fenómeno natural y universal. Pero hay mucho más aparte de los niños. Hay montones de personas que recuerdan sus vidas pasadas y que hablan de ellas con naturalidad, y una gran parte de estas personas tienen el cerebro y la inteligencia suficientes como para distinguir fantasía de realidad. Además de tener una gran experiencia para poder ayudar a otras personas que también empiezan a recordar, pueden hacer estadísticas, realizar gráficos y analizar cuantitativa y cualitativamente los datos que obtengan de sus investigaciones. También pueden relacionar esos datos con nuestros conocimientos actuales en numerosas disciplinas, desde la biología a la física cuántica, y sacar conclusiones que dejarán atónitas de una vez y para siempre a toda la comunidad científica.

Aún así, costará mucho convencerles, porque el grado de materialismo al que hemos llegado es altamente preocupante. Por desgracia no vivimos en un mundo perfecto y a los que realmente sabemos de reencarnación y de recordar vidas pasadas nos tratan de silenciar, nos dicen que nuestros recuerdos son basura en su mayor parte, o nosotros mismos elegimos callar, porque de todas formas sabemos que casi nadie nos va a comprender.

Pero no importa, porque eso va a cambiar.

Tal vez solo esté soñando, pero Einstein también soñaba. Kekulé también soñaba. Muchos buenos científicos lo hacen, y saben la Verdad mucho antes de poder demostrarla. Con la inversión actual que hace mi país en investigación, no creo que yo pueda llegar a demostrar nada, al menos no en esta vida. Pero tarde o temprano nos darán la razón a los reencarnacionistas. Y espero estar aquí para verlo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Signs of reincarnation (grupo en Facebook).

Igual que me quejo a veces de ciertas insensateces que una tiene que oír cuando descubre ciertas páginas en español que hablan de reencarnación, también me gusta de vez en cuando reconocer el trabajo que otros hacen. Hoy es el turno de un investigador llamado Jim Matlock, antropólogo y parapsicólogo que ha trabajado en instituciones tan prestigiosas como la Sociedad Americana de Investigaciones Psíquicas en Nueva York, o el Centro de Investigación Rhine en Durham, Carolina del Norte. Gracias a su educación científica, su forma de investigar la reencarnación está en la misma línea que el trabajo del Dr. Ian Stevenson y el Dr. Jim B. Tucker, ambos de la Universidad de Virginia, solo que Jim Matlock ha ampliado su espectro de sujetos estudiados y también está recopilando datos sobre adultos que recuerdan vidas pasadas.

Hace unos meses abrió un grupo en Facebook llamado Signs of Reincarnation, al que cualquiera se puede unir, y por primera vez puedo afirmar que no estoy perdiendo mi valioso tiempo leyendo los documentos y las opiniones de los integrantes del grupo. Sobre todo es un placer oír afirmaciones como “No hay evidencias científicas que apoyen la existencia del karma”, o “No hay datos objetivos que nos permitan decir sin lugar a dudas que venimos aquí para aprender determinadas lecciones”. Por supuesto, tampoco se habla sobre cómo funciona la reencarnación, porque lo cierto es que aún no tenemos ni idea de cuál es el mecanismo por el que reencarnamos. Ahora mismo nuestro trabajo es recopilar todos los datos posibles y tratar de llegar a alguna conclusión, y no dar por supuesta ninguna creencia asociada a la religión o a determinadas enseñanzas new age que tanto abundan en la red.


En lo que respecta a la situación en países hispanohablantes: por una parte, me alegra que los niños que recuerdan vidas pasadas estén recibiendo cierta atención mediática en las últimas semanas. Está bien que algunos de los casos descritos en el programa de televisión Ghost inside my child estén llegando al público ya traducidos. Por otra parte, tengo la impresión de que aún nos queda mucho por andar para que se tomen en serio las experiencias de personas como yo. No soy la única ni mucho menos, como prueba el grupo Signs of Reincarnation. Algo que al principio nos choca cuando llegamos a este grupo es que no dan demasiada validez a los recuerdos obtenidos por hipnosis regresiva, sino que prefieren los recuerdos surgidos espontáneamente, incluyendo los que aparecen cuando escuchamos una grabación de autohipnosis o cuando meditamos. Me imagino que la razón detrás de esto es la idea tan extendida de que alguien te puede implantar recuerdos falsos en una sesión de hipnosis, algo que no se corresponde con la realidad, al menos si hablamos de un profesional serio que sabe lo que hace. Aún así, no me molesta que tomen esa precaución, porque de algún modo me da confianza sobre mi propia experiencia, la cual comenzó de manera totalmente espontánea. Aún recuerdo todo lo que tuve que luchar para decirle a la gente que la hipnosis regresiva no es el único método para recordar vidas pasadas. Más bien al contrario, puedes recurrir a ella si lo necesitas, si no eres capaz de relajarte solo o si piensas que tienes un trauma, pero la autohipnosis o la meditación son las técnicas más utilizadas para recordar, por lo que he visto. Ojalá la gente fuera más consciente de este hecho. Recordar no es complicado. Los límites están en nuestra mente. Poder hablar con personas que han pasado por lo mismo que tú y que lo ven como algo normal te hace sentir mucho menos solo y menos raro. Y si encima puedes hablar de tú a tú con científicos que se interesan de verdad en lo que tienes que contar y que no te van a decir que has perdido un tornillo, eso no tiene precio.

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La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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