lunes, 16 de febrero de 2015

El proceso de recordar vidas pasadas.

Esta semana me preguntaron directamente en el foro cómo recuerdo mis vidas pasadas, si son imágenes que surgen, o algo que que es así porque me viene tal cual durante la meditación. Pensé que estaría bien contarlo también en el blog, puesto que estoy segura de que muchos lectores tendrán esa misma duda.

Muchos de los que empezáis a recordar vidas pasadas no sabéis muy bien qué esperar. Además de dudar constantemente de si lo que veis es un recuerdo o imaginación, también tenéis la idea de que a la primera va a ser como sumergirte de lleno en una película en tecnicolor, con una historia perfecta y llena de emociones de principio a fin. Bien, esto no es así, obviamente. A mí también me pasaba al principio. Leía las experiencias de otras personas y me quedaba anonadada por la cantidad de información que tenían, por cómo habían logrado verificarlas, cómo habían logrado identificar a personas que conocían en sus vidas actuales, incluso tenían claro lo que habían aprendido en sus vidas pasadas. Esto hacía aflorar mi escepticismo, para qué lo voy a negar, así que entiendo que todo aquel que lea algo sobre mis recuerdos, también puede creer que me lo he inventado todo. Esto es porque cuando empecé no tenía ni idea de todo el trabajo que había detrás de recordar mediante la autohipnosis o la meditación. Ese trabajo no es de un par de días o de unos meses, sino de años. Y es así porque por mucho que lo deseemos hay factores que no podemos controlar. Por ejemplo, puede que pienses que si tienes un trauma te vas a concentrar en él y enseguida vas a tener todas las respuestas. Pues no. Lo habitual es que tu mente tenga siempre el control. Sobre todo al principio va a ir muy poco a poco y te va a mostrar solo lo necesario. Y no importa que tú creas que ya has trabajado suficientemente esos primeros recuerdos y estás listo para más. Aunque creas que algo no te afecta, puede que a nivel subconsciente sí lo esté haciendo todavía. Tu mente es más sabia que tú y elegirá el momento adecuado para seguir con el trabajo. Estas fases de bloqueo son muy frustrantes, pero cuanto más lo fuerces, más difícil te será recordar.

Después de un año o dos recordando puede que tengas las piezas suficientes para ir construyendo el puzle de tu vida pasada. Cada pieza son pequeños fragmentos que corresponden a distintos periodos de esa vida y que debes ordenar cronológicamente para que tengan sentido. Ahí es cuando te das cuenta de que todo el trabajo mereció la pena. Aún así, siempre quedan huecos o puntos no muy claros. Por eso siempre digo que desconfíes si alguien es capaz de describirte toda una vida pasada, de principio a fin, con profusión de datos y ni una sola duda.


¿Cómo fue mi proceso? En mi caso —que no tiene por qué coincidir con la experiencia de otras personas— empecé con breves flashes que surgieron espontáneamente cuando meditaba. “Unas botas con espuelas y un caballo con manchas, soy un joven vaquero, veo una mujer pelirroja”. Eso es todo. ¿Fue un recuerdo o una imaginación? Evidentemente, no lo sabes. Así que lo apuntas y lo dejas en cuarentena. En la misma meditación me podían llegar otros flashes. “Diría que soy una mujer joven. Toco el piano en una casa de aspecto colonial”. Lo apunto también.

Días, semanas o meses después, quizá surgían nuevas escenas que parecían corresponderse a la misma vida. “Soy un vaquero, pero aparento más edad. Estoy en una cantina discutiendo con unos hombres. Enfrente de mí veo a otro joven. Es mi amigo, reímos, pero en el fondo no me gusta su actitud”. Esto ya es bastante más que un flash. Empiezan a surgir emociones. Esto por lo general es un signo de que es un verdadero recuerdo. Ahora puedo empezar a estar más segura de que en otra vida fui un vaquero, pero aún no sé apenas nada. ¿A qué me dedico? ¿Quién es ese amigo? ¿Qué pasa con él? ¿Tengo novia? ¿Qué hay de mi familia? Todas estas preguntas puedes ir haciéndotelas según meditas. Algunas encontrarán respuesta, otras aún no. Al hacerte la pregunta, puede que la respuesta te venga inmediatamente, como un pensamiento, o puede que surja también en forma de escena que se empieza a desarrollar. Por ejemplo, te preguntas “¿Tengo padre?” y enseguida lo ves como un hombre no muy viejo pero castigado por el paso del tiempo y con una muleta. “¿Por qué lleva una muleta?” Y sabes que le hirieron en una batalla, por lo que puedes intuir que fue soldado. De esta forma, los recuerdos se van encadenando. Aquí es muy importante no precipitarse y asumir cosas que no son, ni tampoco debemos interferir con nuestra lógica y nuestro razonamiento, puesto que si comenzamos a analizar lo que vemos, dejamos de trabajar con nuestra intuición, y es mucho más fácil equivocarnos. Hay que dejar siempre el análisis de los recuerdos para después de la meditación.

Muchas veces estaba recordando una vida y de pronto parecía que el flujo de información se detenía. Por mucho que esperara o me hiciera a mí misma nuevas preguntas, no surgía nada más. Hacía un breve descanso (o no) y al volver comenzaba a recordar otra vida. Con el tiempo esto me dejó de suceder y entonces era más fácil concentrarme en una sola vida por sesión. Aún no sé por qué ocurre esto, pero supongo que era porque en aquel entonces todos mis recuerdos necesitaban salir a la luz y lo hacían de manera bastante descontrolada, quizá porque mi mente tenía menos entrenamiento.

Así, muy poco a poco, vas juntando la información y la vas ordenando en tu cabeza. Hay recuerdos que se repiten y se amplían, hasta que se van quedando bien grabados en tu memoria y se sienten exactamente igual que recuerdos de esta vida. Es muy frecuente que al principio te sientas algo raro, no te logras identificar totalmente con ese personaje. Esto suele pasar cuando no hay emociones, cuando crees que es alguien demasiado distinto a ti, y sobre todo cuando ese alguien actuó de alguna manera que detestas. No quieres reconocer esa parte oscura de ti y entonces puedes llegar incluso a bloquear esos recuerdos o a negarlos. Es lo que llamamos “periodos de negación”. Pero esa es otra historia...

lunes, 2 de febrero de 2015

Recordar es más fácil de lo que parece.

En mi última entrada dije que nuestros recuerdos de vidas pasadas no están enterrados en lo más profundo de nuestra psique, y que en realidad traer a nuestro consciente esos recuerdos es bastante más fácil de lo que estamos acostumbrados a pensar. Creo que la mayoría de la gente aún tiene esta idea profundamente arraigada en su mente, la idea de que recordar es raro, innecesario, o algo que solo se puede hacer en la consulta de un psicólogo, y como uno de mis propósitos con este blog es destruir mitos en torno a la reencarnación, explicaré por qué tenemos que dejar de pensar así.

No hace falta leer libros para darte cuenta de ello. Aún así haré referencia a Carol Bowman, terapeuta especialista en vidas pasadas de niños, porque creo que su experiencia es fascinante y un ejemplo perfecto para el tema que nos ocupa hoy. Hace ya más de tres años que comencé a recordar vidas pasadas. Jamás acudí a un hipnoterapeuta, hecho que normalmente le cuesta bastante creer a la gente, según lo que vengo observando. Al principio utilicé grabaciones de autohipnosis, después me pasé a la meditación, y actualmente alterno ambos métodos según mi estado de ánimo o las preocupaciones que tenga en mi cabeza. Según te acostumbras a meditar regularmente, te das cuenta de algo muy curioso: la información que antes solo estaba en el subconsciente, comienza a aflorar a la superficie, y puede incluso que durante el día te empiecen a llegar flashes espontáneos. ¿Es que de pronto tenemos poderes paranormales? ¿Nos hemos hecho videntes? No. Lo único que ocurre es que estamos aprendiendo a utilizar nuestro cerebro de otra manera, y ahora estamos más en contacto con esa parte de nosotros que generalmente permanece más oculta, esa parte que muchos llaman “yo superior”. Otra consecuencia de la meditación es que aprendes a escuchar mucho mejor a tu intuición, y reacciones emocionales que antes te pasaban desapercibidas y que ni siquiera asociabas con vidas pasadas, ahora puedes sospechar de dónde vienen, y puedes sacar provecho de la situación para obtener más recuerdos de vidas pasadas, o para profundizar en esa emoción y descubrir qué es lo que la está produciendo. Si es algo que te está haciendo daño, lo primero que debes hacer es traer ese recuerdo a tu mente consciente, para poder empezar a trabajar sobre ello.

Bien, como bien es sabido por los lectores habituales del blog, la hipnosis regresiva, método utilizado por muchos psicoterapeutas, no tiene nada que ver con perder el conocimiento, perder el control, o que te implanten falsos recuerdos en tu cerebro. Me estoy leyendo actualmente el libro de Carol Bowman Children’s Past Lives, un libro que me debería haber leído hace mucho tiempo porque es muy esclarecedor. En él describe cómo sus hijos comenzaron a recordar vidas pasadas y cómo ella misma fue descubriendo poco a poco la reencarnación y los métodos que existen para recordar vidas pasadas. Desde el principio se quedó sorprendida por cómo sus niños no necesitaban entrar en ningún “trance profundo” para recordar. Un hipnoterapeuta amigo suyo que ya había trabajado con ella ayudándola a recordar, se ofreció para hacer una regresión a sus hijos. Lo único que necesitaba hacer era sentarlos en una silla, invitarles a que cerraran los ojos e imaginaran un lugar en el que estuvieran cómodos y felices, y entonces les preguntaba por aquello que les estaba produciendo problemas: “Dime qué es lo que ves cuando oyes esos ruidos fuertes que te asustan”. Y justo después su hijo Chase estaba recordando una vida durante la Guerra Civil Americana.

Este hipnoterapeuta le dijo a Carol Bowman: “Los niños entran y salen del trance continuamente”. Pero, ¿qué significa en realidad “trance”? No es que estén profundamente hipnotizados. Es solo que están en un estado de relajación muy ligera y su mente concentrada en su interior. Los niños entran en este estado muy fácilmente cuando viajan en el coche, les están bañando, o van a ir a dormir. Por ello estos momentos suelen ser muy propicios para que hagan comentarios espontáneamente sobre sus vidas pasadas. Es cierto que a los adultos no les es tan fácil acceder a esos recuerdos. Posiblemente esto tiene que ver con el fenómeno de la poda sináptica que tiene lugar en el cerebro de los niños a partir de cierta edad. O quizá solo es que la información procedente del mundo físico y nuestra necesidad de centrarnos en el presente van creando capas y capas que nos van haciendo olvidar nuestra esencia. Sin embargo, esto no significa que no podamos recuperarla. Los que se acostumbran a meditar de manera regular lo saben muy bien.

Me sorprende ver el paralelismo entre estos estados de “trance” con lo que dicen los budistas, como en El libro tibetano de la vida y la muerte. Para ellos la meditación tiene que llegar a formar parte de tu vida cotidiana, de manera que puedas ir en el autobús, por ejemplo, y puedas ser capaz de mantener la calma interior, aislarte de tanto ruido y sobreexcitación de tus sentidos físicos, y entrar en estado de meditación. Creo que eso es exactamente lo que hacen los niños, y lo que hacemos los adultos que hemos aprendido a meditar y que de vez en cuando, cuando menos te lo esperas, entramos espontáneamente en ese mismo estado durante el cual te llegan flashes de vidas pasadas. Esto suele pasar cuando estás realizando tareas cotidianas que no requieren demasiada concentración, a mí me ha ocurrido cortando verduras para la comida o planchando. También es fácil que ocurra cuando estás dibujando o escribiendo. A veces también puedes entrar en lo que yo llamo past life mood, que es más o menos lo mismo, solo que las emociones son más fuertes y te pueden estar afectando durante días. Es cuando comprendes que no necesitas la ayuda de nadie para recordar. Es algo natural y probablemente ha ocurrido desde siempre, solo que nunca le prestamos atención.

Más adelante en su camino personal, Carol Bowman conoció a Roger Woolger, otro psicoterapeuta de la escuela de Jung a quien valoro especialmente. Él tampoco utiliza siempre la regresión, sino algo que él llama past life scripts (guiones de vidas pasadas). Consiste en hacerte pensar en algo de tu vida actual que te produce un problema, una situación que te pone nervioso pero no sabes la causa, por ejemplo: sientes que no encajas en ningún grupo, que cuando tratas de integrarte hay algo que te produce incomodidad. Te tienes que concentrar en esa emoción, y repetir en tu cabeza “No encajo, no encajo, no encajo”, mientras mantienes un estado leve de relajación y te concentras en tu respiración. De pronto, las imágenes comienzan a surgir, y te ves en una vida pasada, en esa situación que originó el problema. Sí, parece mentira, pero es así de fácil, porque los recuerdos de vidas pasadas están más cerca de la superficie de lo que nos creemos. Puede que no surja nada, en ese caso no nos debemos preocupar, porque nuestra propia mente pone sus límites, y tal vez no es el momento adecuado o la causa es demasiado dolorosa para que podamos hacerle frente. O quizá somos demasiado escépticos y nos bloqueamos a nosotros mismos. Pero es raro que la gente no recuerde nada. Este método funciona porque lo que pensamos y sentimos en el momento de la muerte es tremendamente importante: esos pensamientos y emociones dejan una profunda huella en nuestra psique, y se crean patrones mentales que luego nos afectan en nuestras siguientes vidas. Yo misma identifiqué varios de esos patrones cuando recordé mis vidas pasadas, aun cuando no sabía nada de Woolger ni de filosofía budista. Y también descubrí que no solo se producen en el momento de la muerte, en realidad cualquier acontecimiento, traumático o no, que tenga lugar durante nuestra vida, puede dejar huella. Eso es lo que crea nuestra personalidad. A veces llega a ser algo problemático, pero diría que en la mayoría de los casos no lo es. Simplemente son vivencias que nos marcan y que van dando forma a lo que somos hoy en día. Por ello recordar vidas pasadas, para mí, es sobre todo conocerte a ti mismo. Algo que, para mí, no tiene precio.

Información adicional:

miércoles, 28 de enero de 2015

Dudas... y una certeza.

Durante tu camino personal recordando vidas pasadas, las dudas siempre van a estar ahí... o casi siempre. Te debes acostumbrar a su presencia. No son malas por sí mismas. Es mucho peor que te creas absolutamente todo lo que surja durante el transcurso de una regresión o durante un sueño. En cualquiera de los dos casos, estamos utilizando nuestra mente, nuestro poder imaginativo (que no es lo mismo que fantasía), para que una escena se desarrolle, para que revivamos ciertos acontecimientos. Sobre todo al principio va a ser difícil controlar esa mente y dejar que solo sea nuestra intuición la que nos ayude a recuperar esos recuerdos. Nuestra mente va a rellenar los huecos, va a razonar, se va a interponer... Nos podemos equivocar. Por ello NUNCA olvides que los recuerdos han de ser verificados.

Pero existe otro tipo de duda, que es algo más fastidiosa: la eterna duda de si, después de todo lo que llevas investigado, después de tantas noches sin dormir, tantas verificaciones (que sí, a veces llegan), tanto esfuerzo para dejar de pensar en tus tareas cotidianas para centrarte en el pasado... ¿no será que estamos todos equivocados y la reencarnación no existe?


Bueno, llevo un par de días leyendo un libro titulado El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, escrito por un monje tibetano llamado Sogyal Rimpoché. Hay partes con las que no concuerdo en absoluto. A pesar de que considero que el budismo se aproxima bastante a la realidad, no deja de ser una filosofía con muchos años de antigüedad, y además tampoco tiene en cuenta otras enseñanzas que han surgido posteriormente como las descripciones del mundo espiritual que hacen los pacientes del Dr. Michael Newton. En mi opinión, cojea mucho cuando habla del karma, y se pierde un poco cuando comienza a hablar de moralidad. Desgraciadamente aquí es donde se demuestra que el budismo no deja de ser una religión, aunque no dejen de negarlo. Lo que cuenta acerca de los distintos bardos también se queda muy corto. Me da la impresión de que algunos lamas han llegado a tener importantes experiencias en el astral, pero aún no han alcanzado toda la Verdad. No les culpo por ello, son humanos como todos nosotros, aunque algunas personas se deslumbren con sus enseñanzas. Aún así, a pesar de estas críticas, creo que muchos de sus pensamientos, pero sobre todo la técnica de la meditación y cómo mediante ella se puede llegar a vislumbrar —solo vislumbrar— la naturaleza de la mente humana, me parece un conocimiento de valor incalculable que jamás deberíamos perder.

Pero la cuestión es que Rimpoché hablaba de las dudas de este modo:
No nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos sólo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada, por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales o «filosóficas», sino vivas, reales, auténticas y operativas. Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia puede crearse un espacio en nuestro interior en el que las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de un modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en esta cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, que sólo puede crearse mediante la práctica sostenida de la meditación y en el que las intuiciones pueden tener ocasión de madurar lentamente.
No tenga demasiada prisa para resolver todas sus dudas y problemas; como dicen los maestros, «apresúrese lentamente». Yo siempre les aconsejo a mis alumnos que no se formen expectativas excesivas, porque el crecimiento espiritual lleva su tiempo. Se precisan años para aprender correctamente el japonés o para llegar a ser médico: ¿de veras podemos creer que obtendremos todas las respuestas, y mucho menos que alcanzaremos la Iluminación, en unas cuantas semanas? El viaje espiritual supone un aprendizaje y una purificación constantes. Cuando se sabe esto, se vuelve uno más humilde. En este sentido, hay un conocido proverbio tibetano: «No confundas la comprensión con el conocimiento profundo, ni confundas el conocimiento profundo con la liberación». Y Milarepa dijo: «No abrigues esperanzas de conocimiento total, pero practica toda tu vida». Uno de los aspectos de mi tradición que he llegado a apreciar más es su carácter práctico y hasta prosaico, y su intensa convicción de que los mayores logros exigen la más profunda paciencia y el más largo tiempo.

Estoy completamente de acuerdo con esto. La mayoría de la gente busca respuestas, y las quiere ya. Al principio les solía decir: “Busca en tu interior, ahí es donde están las respuestas”. Pero a mucha gente les asusta la palabra “meditación” y creen que no pueden hacerlo. Cuando descubres lo fácil que es realmente recordar vidas pasadas, que nuestros recuerdos no están enterrados en los más profundo de nuestra psique, sino que forman parte de nosotros y pueden hacerse conscientes en menos de un minuto, te quedas sorprendido. Lo que más nos ata son nuestros propios miedos, nuestros límites, aquellas creencias que nos hemos construido desde niños, los muros de nuestra propia prisión. Así lo dice también Rimpoché.

Hasta hace poco solía decir que estaba 100% convencida de que la reencarnación es un hecho, pero que siempre decía que era de un 95% para no parecer una arrogante, puesto que he venido comprobando que si dices estar tan segura de estas verdades trascendentales, la gente parece molestarse. Cuando experimenté mi primer desdoblamiento consciente ese porcentaje lo subí al 98-99%, porque una experiencia extracorpórea es tan increíblemente transformadora que ya es imposible decir que solo somos nuestro cuerpo físico. Ahora me he dado cuenta de que si no me atrevía a decir un 100% era porque yo misma aún albergaba una pequeña duda de estar equivocada. Pero el otro día se esfumó. Noté cómo desaparecía sin más, cómo el poco desasosiego que me quedaba se iba para no volver y me invadía una infinita paz interna. La razón fue que por fin descubrí el principio científico que explica que los seres humanos somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Ni siquiera las doctrinas religiosas o espirituales más elaboradas han llegado tan lejos. Esa era la última pieza que me quedaba para completar mi rompecabezas personal e intransferible sobre lo que somos y lo que venimos a hacer aquí. Era mi mente científica la que necesitaba ese último eslabón. Y leyendo a Rimpoché supe a qué se refería cuando habla de que todos podemos alcanzar la iluminación.


No creo en la iluminación como medio para liberarnos del samsara o “Rueda de la Vida”. No creo en el karma como lo plantean los budistas. No creo que esta especie de revelación final que he tenido me convierta en una especie de santa que ya solo se reencarnará para ayudar a los demás. Creo que nada asegura que en mi próxima encarnación no lo pasaré mal, por mucho bien que haya hecho a los demás en esta vida. No creo en ningún sistema de premio y castigo, lo llamen como lo llamen. Creo que el único propósito por el que estamos aquí es para experimentar, y volveré mientras me divierta o piense que tengo cosas que hacer aquí, no porque ningún karma me obligue a ello. Como bien dice Rimpoché:

Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

Con saber esto nos basta y nos sobra, y no entiendo por qué tenemos que complicar tanto las cosas y sacarnos de la nada tantas creencias absurdas que no nos llevan a ningún sitio.

lunes, 12 de enero de 2015

Sobre creencias, experiencias y la verdad.

Llevo semanas dándole vueltas a estos conceptos, porque veo que con frecuencia son confundidos y utilizados incorrectamente, en función de nuestros intereses. También veo que se usan como la opción políticamente correcta para decirte “Vete al carajo, cree lo que quieras que yo seguiré creyendo en lo que yo quiero”. Es decir, cuando alguien dice algo así como “No hay necesidad de debatir sobre esto, todos tenemos nuestra propia verdad”, sí, suena muy respetuoso y muy “espiritual”, pero en realidad te están diciendo que no creen una sola palabra de lo que les estás contando y no van a cambiar de opinión, así que deja de insistir porque lo que ellos creen que son solo tus creencias, no tienen ninguna validez para ellos. Esto me ha pasado montones de veces. Pero a lo largo de estos años he aprendido algunas cosillas, entre ellas: 
1. La Verdad es única. Sus interpretaciones son falsedades.
2. Es más fácil que la RAE cambie una palabra en el diccionario que hacer que alguien modifique sus creencias. No importa que les des un montón de argumentos lógicos y científicos para tratar de convencerles de que lo tuyo no es una creencia, sino una certeza que viene a consecuencia de mucha investigación y de tus propias experiencias. Si en la cabeza de alguien no cabe el concepto de reencarnación, no habrá forma de convencerle de lo contrario, preferirá seguir creyendo en aquello que entra dentro de sus esquemas mentales.

No estoy diciendo que esto sea bueno o malo, solo estoy describiendo objetivamente la naturaleza de los seres humanos. En entornos virtuales estamos juzgando constantemente a la gente sin ni siquiera saber de dónde vienen, y con frecuencia lo hacemos basándonos en nuestros propios prejuicios. Por ejemplo, si alguien pronuncia la palabra “astral” y nosotros hemos visto muchas insensateces e incongruencias entre personas que hablan del astral, vamos a dar por supuesto que esa persona está igual de loca, a pesar de que tenga una actitud totalmente científica y racional. El caso contrario se produce si esa misma persona antepone a su nombre la palabra “doctor”, o si se ha montado un “instituto” en el que se ofrecen cursos por más de 4000 euros para enseñarte algo que cualquier persona con verdadera experiencia te podría enseñar gratis. Pero, claro, como esa persona tiene estudios o gana dinero a costa de ti, solo por eso “debe estar en posesión de la verdad”. Y si lo escribes en un libro, ya ni te cuento. Se convierte en poco menos que la Biblia: palabra de Dios.

Volviendo a lo de antes, he de reconocer que yo muchas veces también acabo las discusiones con “Puedes creer lo que quieras”, y posiblemente la gente pensará que les estoy enviando al carajo. Pero eso no es cierto. En mi caso, la diferencia es que cuando yo entro en las discusiones no es porque “tenga una creencia sobre ello”, sino porque “tengo muy buenas razones para pensar así”. Razones basadas en mi propia investigación, en la ciencia, la lógica, o al menos en un sano raciocinio. Puede que me equivoque, claro, pero por lo general me baso en mis propias experiencias a lo largo de muchos años, y en el amplio conocimiento que he podido reunir leyendo las experiencias de otros. Claro que la mayoría de la gente esto no lo sabe, y como por lo general la gente no se molesta en conocer a la otra persona antes de juzgarla, sobre todo si es online, lo más fácil es recurrir al ataque personal cuando lo que dices contradice sus creencias. Yo les contesto “Cree lo que quieras” y pensarán que soy una arrogante porque me creo en posesión de la Verdad. Lo cierto es que lo único que ocurre es que sé que no voy a poder cambiar sus creencias, y en el fondo me da igual, así que puede seguir creyendo en lo que quiera.

Cuando comparto mis conocimientos con otras personas, muchas veces me siento como si tratara de explicar a un hombre de la Edad Media que debe hervir el agua porque si no lo hace los bichitos que hay en ella le van a producir diarrea e incluso la muerte. Él seguirá pensando que el agua está maldita porque tiene una vecina bruja que tiene poderes sobrenaturales y quiere vengarse de él, y pensará que lo mío es una creencia sin fundamento. Pero no, lo mío viene de mis conocimientos, de ver esos bichitos al microscopio, y de mi experiencia hirviendo el agua y comprobando que así deja de producir diarrea. No es algo que me haya sacado de la manga, ni una inspiración que me vino en un sueño, y por supuesto no es cuestión de fe. Es mucho, mucho más.

Cuando hay gente empeñada en creer que los viajes astrales son pura fantasía o que no son muy distintos a entrar en un estado de meditación profunda, donde tu consciencia se expande, y aunque le expliques que no es lo mismo, piensan que es una cuestión semántica, la conclusión es la misma para todos los que hemos experimentado de verdad un viaje astral: esa persona aún no ha conseguido tener una experiencia extracorpórea consciente. Es así de simple. Yo puedo insistir hasta la saciedad y repetir y repetir lo mismo hasta que mis dedos sangren de tanto teclear, pero no insisto por pura obstinación o por defender “mis creencias”. Insisto porque tengo ese conocimiento. Es igual que cuando Neil Armstrong se enfadaba si le decían que él no había estado en la Luna. Si alguien duda de ello, es como si te llamaran estúpido. ¿Es que crees que no soy lo suficientemente inteligente para distinguir si estoy fuera de mi cuerpo o no? ¿Es que después de toda la investigación que he hecho crees que no sé distinguir entre un sueño y una EEC? ¿Crees que no sé lo que es meditar y lo que es estar fuera de tu cuerpo, en otra dimensión? ¿Crees que me estoy engañando a mí misma? No, lo único que ocurre es que tú no puedes entenderlo aún porque no lo has experimentado. Igual que ni siquiera te puedes imaginar lo que un hombre ha sentido al pisar nuestro satélite, ni todo el trabajo que le debió suponer llegar ahí. Creo que Armstrong llegó a dar un puñetazo a alguien por insinuarle que todo eso era mentira, o al menos lo intentó. Y no es para menos... 

Pero así pasa con todo... Muchos de los que dicen creer en la reencarnación, creen en ella y ya está. Los verdaderos reencarnacionistas tenemos la certeza de que reencarnamos porque tenemos muchas razones para pensar que es así, y no se trata solo de nuestras propias experiencias. Pero, ¿cómo puedes explicar esto a alguien que jamás ha recordado por sí mismo? No merece la pena, cada día estoy más segura de ello. Y, sin embargo, cuanto más evidencias científicas encontramos, cuantos más misterios de la naturaleza humana encuentran una explicación en la reencarnación, y más se convierte en una certeza, alejándose más y más del ámbito de las creencias y la espiritualidad, más creo que debemos divulgar lo que sabemos y permitir a otros que investiguen y se convenzan por sí mismos. Es como saber que la Tierra gira en torno al Sol, mientras que el resto del mundo sigue pensando que es al contrario. No es que yo quiera convencer a nadie de mis creencias. Es que sé que es un hecho, es la única Verdad, y como tal un día será reconocida e integrada en nuestra civilización (si no nos autodestruimos antes).

Aquí hay que tener cuidado, porque a veces no nos damos cuenta de que nuestra propia interpretación de una experiencia es también una creencia. Es lo que ocurre con la falsa “Ley del Karma”, por ejemplo. Alguien trató de dar explicación a determinados hechos, y como sonaba tan bonito y todo encajaba tan bien, la mayoría de la gente se lo ha creído, sin ni siquiera molestarse en recordar por sí mismo y comprobar si eso es cierto. Claro que según esto muchos podrían decirme que mi creencia en la reencarnación sigue siendo una creencia, por muy convencida que esté. Bueno, por eso siempre digo que puedo estar equivocada, es cierto. Pero si tuviera que hacer una lista de diagnósticos diferenciales, igual que hago cuando tengo que diagnosticar una enfermedad, la primera opción en mi lista sería la reencarnación. La Verdad (la enfermedad que está produciendo unos síntomas determinados) es una, no doscientas. Y si está en el primer puesto de mi lista es porque tengo una gran probabilidad de acertar. Y no está ahí por capricho o porque yo lo haya elegido. Está ahí porque es el puesto que le corresponde después de observar fenómenos parecidos en cientos de personas, estudiar otros hechos que apuntan a la inmortalidad del alma, por sensaciones subjetivas que coinciden con sensaciones subjetivas de otras personas... en definitiva, por una serie de observaciones basadas en algo más que en pura fe. Si los médicos tuvieran que tratar a todos sus pacientes teniendo un diagnóstico definitivo, muchos de esos pacientes morirían porque el tratamiento no llegaría a tiempo. Por tanto, prefiero dar por cierta la reencarnación, aun a riesgo de equivocarme, porque así evito la muerte del paciente. Es decir, quizá aún no tenga medios para demostrar científicamente que la reencarnación es un hecho, pero si trato al paciente “suponiendo” que la enfermedad es la reencarnación, y el paciente se cura, es muy probable que la enfermedad fuera la reencarnación. Sería un diagnóstico indirecto. Y creo que ese es el punto en el que estamos. Si alguien me pregunta, le diré que no debería dudar de la existencia de la reencarnación porque muchos pacientes se han curado de sus traumas recordando vidas pasadas, o yo he encontrando las respuestas a muchas de mis preguntas trascendentales haciéndome consciente de quién fui en otros tiempos.

Muchas veces, cuando tratas de expresar tu opinión y algunos se lo toman como que estás intentando imponer tus creencias, la respuesta suele ser: “Cada uno sigue su propio camino espiritual, no puedes cambiar eso”. Y lo sé. También es cierto que la mejor forma de que la gente aprenda es que se estrellen ellos mismos contra la pared. Pero supongo que mi educación sanitaria me impulsa a evitar que la gente haga eso. Además, siento que esto (la reencarnación) cada vez tiene menos que ver con la espiritualidad. La “espiritualidad” —no la verdadera, sino la que nos quieren vender los creadores de la Nueva Era— es una nueva religión, con hermosos consejos para llevar nuestra vida algo mejor y darle sentido a nuestra estancia aquí. Personalmente, cuanto más pienso en la reencarnación, más convencida estoy de que obedece a cuestiones puramente “fisiológicas”, es un mecanismo natural del ser humano y no hay que darle más vueltas. Las distintas teorías espirituales son como tratar de dar un significado a por qué los glóbulos rojos forman parte de la sangre. ¿Tendrán algo que aprender? ¿Por qué son rojos? ¿Llevan una carga de oxígeno a sus espaldas porque en una vida anterior fueron virus malvados? ¿Si son atacados por parásitos sanguíneos que se adhieren a su membrana es porque ellos lo eligieron?

Estoy exagerando un poco y no me estoy burlando de nadie, que conste. Solo quiero expresar mis pensamientos al respecto: creo que a veces nos perdemos demasiado en tratar de dar una explicación trascendental a todo lo que nos pasa, y no tiene por qué ser así. Posiblemente las cosas son más fáciles de lo que pensamos. Pero nuestra mente es débil y no entiende el sufrimiento. Hay gente que se aprovecha de ello, de manera más o menos inocua, como vendiendo libros tratándote de convencer de algo que no es cierto, cuestión que no me preocupa demasiado... o bien haciendo mucho daño, como muchas sectas o muchas supersticiones, cuestión que sí que me preocupa, puesto que trae mucho sufrimiento a los seres humanos. Yo creo que si sabemos algo es nuestra obligación compartir ese conocimiento, no porque queramos extender “nuestra fe” igual que hacen muchos fundamentalistas, sino por el bien de la Humanidad, para acabar con tanta confusión y ayudar a la gente a no tener miedo o a que sufran menos por alguien que han perdido, por ejemplo. Luego, que cada uno haga con ese conocimiento lo que quiera, claro.

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sábado, 10 de enero de 2015

Integración.

Hemos estado hablando recientemente sobre la integración de vidas pasadas en los foros, y aunque estas últimas semanas he estado muy liada con las fiestas navideñas y otros temas familiares, y apenas he tenido tiempo de pensar en la reencarnación o en mis vidas pasadas, la integración ha estado en mi cabeza en los escasos momentos de tranquilidad que he podido disfrutar.

Y es que es un proceso muy curioso. Va mucho más allá de la tan manida "sanación espiritual" en la que no creo mucho, por razones que no me voy a detener a explicar ahora. Es un proceso que puede llevar años, pero creo que es muy satisfactorio, y es lo que te lleva al pleno convencimiento interno de que la reencarnación es un hecho, te lleva a aceptar a todas esas personas que has sido en el pasado y a reconocerlas dentro de ti en determinados momentos. Es cuando te das cuenta de que aunque has cambiado de cuerpo y ahora las circunstancias son distintas, en el fondo sigues siendo el mismo, viviendo una misma vida que se puede prolongar en el tiempo todo lo que tú quieras. Creo que está muy relacionado con algo que he comentado otras veces: esa sensación de paz y tranquilidad interna que te llega porque ya no tienes más dudas. Ya no tienes miedo de la muerte, ni de la vida, porque sabes que eres inmortal, y pase lo que pase, siempre estarás bien.

Ayer me estuve viendo el Episodio 7 de la segunda temporada de Ghost inside my child. En él se trataba un caso espectacular de reencarnación dentro de la misma familia. El niño, mientras la familia viajaba en coche, se dirigió a su madre con el apelativo de "honey", tal y como solía hacerlo un hermano fallecido de esa mujer. En otra ocasión describió cómo había muerto, mientras iba haciendo eses en una carretera... tal y como había fallecido ese hermano. Pero lo más impactante fue cuando, estando en casa de su abuela, a la hora de acostarse, le preguntó por un peluche amarillo llamado Froggy con el que quería irse a dormir, insistiendo: "Tú sabes a qué peluche me refiero". La abuela (madre del hermano fallecido), que por supuesto jamás había mencionado a nadie dónde estaba ese peluche, tuvo que ir a buscarlo a un armario y el niño lo reconoció al instante. La madre (antigua hermana) del niño, también comenzó a notar ciertas similitudes en la personalidad de ambos, ya que los dos tenían propensión a la ira.

Algunos llaman a esto "evidencias circunstanciales", o dicho más propiamente en castellano, "indicios". Yo me suelo preguntar qué prueba definitiva necesitamos para aceptar de una vez la reencarnación. Es cierto que tal y como está la ciencia actualmente, aún estamos muy lejos de poder demostrar la existencia del alma, y cómo esta abandona un cuerpo y renace en otro... pero vamos a ver, si es blanco y en botella, ¿no es leche? No, es verdad, también puede ser horchata. Ni siquiera entre la leche de vaca y la leche vegetal hay mucha diferencia, sigue siendo blanca y en botella. No sé, personalmente creo que seguir negando la reencarnación es cuando menos absurdo.


Pero en este caso hablaba de esa integración que se produce cuando por fin aceptas que has sido esa otra persona. Y ponía el ejemplo de ese niño porque no puede estar más claro que su alma se reencarnó en la misma familia e incluso había esa similitud en la personalidad. Esto me recordó a esos momentos en los que reconoces a esa persona del pasado en ti. Yo recuerdo muchas vidas pasadas y siento que soy el resultado de todas esas experiencias. He cambiado en algunas cosas, pero sigo sintiendo que soy la misma, y según la situación en la que me encuentre, reconozco algunas de las características de personalidad predominantes en épocas pasadas. Por ejemplo, sé que si trabajo en equipo (especialmente si es online) tiendo a tomar las riendas, si me dejan. Intento evitarlo porque en esta vida no tengo especial interés en estar al mando, seguramente porque ya lo he vivido, pero aún así el impulso interno continúa estando ahí. También sé que en las discusiones, si no me controlo, puedo llegar a ser muy obstinada, aunque poco a poco también voy controlando ese aspecto, porque sé a dónde me llevó un comportamiento parecido en el pasado. No es que sea malo de por sí, es solo que de momento no me interesa acabar de esa forma. Quizá si hubiera una revolución como las de antaño y me obligaran a defender mis derechos, probablemente actuaría de la misma manera.

Bien, pues esto me pasa con todas esas vidas pasadas. Y creo que eso es integración, es una especie de reconocimiento de que esa persona cuya vida empezaste a recordar no es "una tercera persona", eres tú mismo, y sigue dentro de ti. Puedes seguir siendo igual a como eras, si así lo deseas. Puedes seguir sus consejos sobre cómo actuar esta vez, o puedes ignorarlos. Ya no intentas rechazarlos porque te traigan tristeza o malos sentimientos. Ahora les das la bienvenida, los sientas a tu mesa y charlas con ellos como viejos amigos. En el fondo, están siempre contigo porque nunca se fueron.

A mí me encanta esa sensación. Es otra de las cosas que tus vidas pasadas pueden hacer por ti. Y llegar a ese instante merece la pena.

martes, 23 de diciembre de 2014

Niños que recuerdan vidas pasadas en Milenio 3.

Hace unos días descubrí con cierta sorpresa y, por supuesto, gran alegría, cómo en el programa de radio Milenio 3, conducido por mi admirado Íker Jiménez, se tocaba con gran valentía el tema de los niños que recuerdan vidas pasadas, gracias a un programa de televisión llamado Ghost inside my child que actualmente ya va por la segunda temporada y que se emite en Estados Unidos.

Aquí podéis escuchar el programa de radio al que hago referencia: Niños que retornan.

Ghost inside my child no es para nada un programa desconocido por los reencarnacionistas, al menos los que no nos cansamos de buscar respuestas y conocer más y más casos de personas que han pasado por lo mismo que nosotros. Hoy en día gracias a internet es fácil tener acceso a programas que se emiten en otros países y que por alguna razón tardan años en llegar a nuestras televisiones y ser traducidos o subtitulados. Espero que ya estén en ello. Mientras, los que hemos podido los hemos visto en versión original. Y a pesar de que no escogieron un buen nombre para él y se podría prescindir de ciertos efectos como la vocecilla fantasmal que ponen a la niña al presentar cada episodio (problema que han ido solventando en la segunda temporada), todos los reencarnacionistas serios que conozco coinciden en que la mayoría de los casos son sólidos y especialmente en los más recientes las verificaciones son impactantes

El programa de radio, si bien me pareció extremadamente básico, para lo que yo estoy acostumbrada, me sorprendió también por mencionar a Carol Bowman, psicóloga especializada en niños que recuerdan vidas pasadas, creadora del primer foro en inglés sobre reencarnación en Estados Unidos, allá por la década de los 90. Si no hubiera sido por ese foro, yo aún estaría bastante perdida y probablemente aún estaría preguntándome si me he vuelto loca o si lo que tengo en la mente se debe únicamente a un fenómeno conocido como criptomnesia, que no es más que haber leído un libro o haber visto una película, y años después cuando menos te lo esperas, esos recuerdos aparecen en tu cabeza aunque tú pienses que jamás leíste o viste nada parecido. Esto, simplificando mucho, claro. El caso es que hace tres años la información que existía en internet en habla española daba pena. Ahora, algo menos, porque a consecuencia de mis experiencias, leí y aprendí mucho, me di cuenta de que no era la única persona en el mundo que comenzó a recordar sus vidas pasadas al hacer meditación, y acabé abriendo el primer foro en español que trata de manera totalmente seria y racional el tema de la reencarnación. Un año después, nació este blog, ¡y aquí estamos!

Después de tanto esfuerzo, tanto estudio y recopilación de información, y sobre todo, mucha experimentación propia, la verdad es que es un placer ver que poco a poco nuestras mentes se van abriendo a una realidad que está ahí para todo el que la quiera conocer. En mi opinión es muy importante la actitud que tengamos al acercarnos a la reencarnación. Como siempre digo, la Nueva Era, los temas que tienen que ver con la espiritualidad, determinadas enseñanzas mediúmnicas poco fiables, o el típico gurú que nos intenta convencer de algo que nadie ha demostrado todavía, han hecho mucho daño a la reencarnación, y ahora estamos pagando el precio. Lo primero que todo el mundo debe saber cuando se acerca a la reencarnación es que nadie sabe cómo funciona, nadie tiene todas las respuestas, y muchas cosas de las que se dan por supuesto son discutibles. Eso lo sabe muy bien Íker Jiménez y todo aquel que busque y exija un mínimo de racionalidad. Sin embargo, aunque a mí me parece algo fundamental, otras personas, más influenciables quizá, no se dan cuenta de ello y tienden a creerse cualquier cosa que les cuenten, aunque no tenga ni pies ni cabeza, como la famosa Ley del Karma que tanto quebraderos de cabeza me produce. Y es que hay gente que se piensa que si crees en la reencarnación, también te crees a pies juntillas todos los dogmas que nadie sabe de dónde surgieron pero que la acompañan irremediablemente. Eso es falso.

Por tanto, me congratula enormemente que alguien se fije en Ghost inside my child y nos traiga esos casos de niños de hoy en día, investigados hoy en día, para que la gente de la calle comience a abrir los ojos a esta fascinante realidad. Creo que es importante hacer hincapié en que son casos actuales, no como los que investigó hace cuarenta años Ian Stevenson, y digo esto porque algunos se quedan anclados en el pasado y ya no se mueven de ahí... aunque de qué me voy a sorprender, si pasa lo mismo con las experiencias cercanas a la muerte. Es obvio que a la gente le cuesta mucho cambiar sus creencias, ya he descrito muchas veces el rechazo con el que me encontré cuando hablaba de reencarnación con personas que supuestamente estaban interesadas en lo que nos pasa después de muertos. Les dices dónde pueden buscar las pruebas, les dices cómo ellos mismos pueden experimentar y sacar sus propias conclusiones, y parece que se dan la vuelta y se tapan los oídos, porque la reencarnación simplemente no encaja con sus esquemas mentales. Si el que lo dice es un científico o un profesor de universidad, quizá le hagan más caso, no como a mí, que a pesar de tener varios títulos universitarios, no les doy la suficiente credibilidad porque valoro mi privacidad y no uso mi verdadero nombre para compartir mis experiencias y conocimiento sobre la materia, como si poner Pepita Pérez en lugar de Eowyn en mi firma fuera a cambiar algo... Creo que no es más que otra manifestación de esa reticencia a no querer creer algo que está delante de sus narices. Pero la verdad es que si ahora, por fin, van a creer en los casos que presenta Íker en sus programas, solo porque es Íker, pues bienvenido sea, porque lo cierto es que es hora de que la Humanidad se vaya dando cuenta de lo que somos y de por qué estamos aquí.

Por supuesto, no es suficiente con solo creer en la reencarnación, eso también lo estaré repitiendo por toda la eternidad. La creencia no te cambia interiormente, más cuando estamos hablando de algo tan personal y subjetivo como el estar convencido de haber vivido antes. Por eso nunca fue mi intención utilizar este blog como un medio divulgativo, sino como un medio para dar a conocer las técnicas que todo el mundo puede utilizar para recordar vidas pasadas.


A pesar de lo interesante que estuvo el programa de Milenio 3 y lo bueno que es que se hable de la reencarnación de manera seria y racional, no pude evitar sentirme también un poco decepcionada. La razón es que sigo pensando que avanzamos muy lentamente y en otros países nos llevan muchos años de ventaja. Casos de niños que recuerdan vidas pasadas hay a montones, y no tienen que salir en un programa de televisión para que la gente los conozca. En el foro en el que yo comencé mi andadura (el mismo que mencioné más arriba, Reincarnation Forum, para todo el que quiera visitarlo) te puedes pasar horas leyéndolos. Es cierto que los casos de niños son especialmente impactantes y son una de las mejores evidencias que apuntan hacia la realidad de la reencarnación, pero sigue siendo frustrante que no se dé la misma importancia a las experiencias de adultos, cuando las verificaciones son —o deberían serlo— las mismas. Parece que solo existe la terapia regresiva o los niños que recuerdan vidas pasadas. Raramente se habla de personas con recuerdos espontáneos o de sueños de vidas pasadas, ni mucho menos se dice en algún sitio (excepto aquí) que cualquier persona puede recordar mediante la meditación o la autohipnosis. Además, siempre tiene que planear la duda sobre todos estos casos, siempre se tiene que hablar de fraude, y siempre se tienen que proponer absurdas teorías científicas que no es que se queden cojas, es que algunas de ellas no sirven para explicar absolutamente nada, como algo llamado “telegonía” que mencionaron en el programa. Parece ser que es posible que una mujer puede tener un hijo con una segunda pareja, y que ese hijo se parezca físicamente a una anterior pareja. Vale. ¿Y? ¿Qué tiene que ver eso con que yo haya podido recordar la vida de un oficial de la Marina Inglesa que no tiene ninguna relación genética conmigo? ¿Hay fraude? Claro que lo hay, pero hay muchas maneras de desenmascarar a los que cometen esos fraudes, incluidos los que dicen tener vidas pasadas famosas sin ningún fundamento. Y, de todas formas, lo mejor siempre es comprobarlo por uno mismo.

En resumen, me he quedado con una sensación algo agridulce. Pero sí estoy contenta de que poco a poco las cosas vayan cambiando a este respecto... al menos aparentemente. Creo que aún no puedo echar las campanas al vuelo.

Más información:

domingo, 21 de diciembre de 2014

Locas divagaciones (7).

Esta entrada de hoy podría ir también en el apartado de “La muerte y los reencarnacionistas”, pero como está relacionada con la entrada anterior y además son también opiniones muy personales, al final he decidido titularla de este modo.

En este blog nunca había hablado de proyección astral hasta hace dos días, básicamente porque ya tenemos suficientes “rarezas” tratando la reencarnación en general, como para encima añadir más razones por las que nos tachen de locos. Sin embargo, llevo ya el suficiente tiempo investigando también la proyección astral, y sobre todo, experimentándola (como se debe hacer con todo), como para hablar de ella con un mínimo de conocimiento. También me anima a hacerlo el saber que hay compañeros que llegan al mismo punto al que llegué yo hace unos dos años: hace muy poco una de esas compañeras comentaba que después de llevar un tiempo meditando, ha comenzado a tener sueños lúcidos, y preguntaba por gente que le pudiese contar sus experiencias. Yo le conté las mías y además le expliqué algo que mucha gente no sabe: los sueños lúcidos son una de las mejores puertas que existen para salir al astral y vivir en carne propia una experiencia extracorpórea consciente, que es una de las experiencias más increíbles que le puede pasar a alguien y que no te dejan ninguna duda de que somos seres inmortales.


El principal problema hoy en día es que si mencionas la palabra “astral” te asocian directamente con un friki que dice viajar a Saturno todas las noches y encontrarte con seres pleyadianos que te dan importantes mensajes para la Humanidad... y no, esto no suele ocurrir en la realidad. Hasta cierto punto la desconfianza es comprensible porque igual que ocurre con la reencarnación (vale, no, es mucho peor), la desinformación y la charlatanería en internet son la norma. A mí misma me expulsaron de un grupo de Facebook por decir que no entendía por qué no se podía hablar de “viajes astrales” pero sí de experiencias extracorpóreas, cuando el principal tema eran las experiencias cercanas a la muerte, las cuales, en muchos casos, constan de una experiencia extracorpórea en toda regla... que, por si alguien no lo sabe, esto es sinónimo de viaje astral. Todo depende de la nomenclatura que quieras utilizar, y por supuesto, tiene su base en la cerrazón de gran parte de la comunidad científica que no quiere ni oír hablar de viajeros astrales, que sin embargo, son de los que más saben sobre la mente y cómo trabaja... si son serios y racionales, por supuesto. Sin racionalidad no vamos a ninguna parte.

Pues bien, el otro día mencioné un libro que me estaba leyendo, que es La proyección del cuerpo astral, de Sylvan Muldoon y Hereward Carrington, publicado en 1929. Hoy he llegado a la última página, y casi he entrado en éxtasis al leer párrafos que son casi un calco de lo que yo trato de expresar día sí día no en este blog, cosas por las que he de soportar ciertas críticas y que muchas personas no entienden. Por una parte es un placer encontrar a personas con una actitud racional muy similar a la mía, aunque lleven décadas muertos. Por otra parte, es algo frustrante, claro, porque como ya dije esto probablemente significa que nada de lo que yo escriba en este blog va a producir un cambio significativo en el mundo que me rodea, excepto a las pocas personas a quienes les llegue y se decidan a investigar por su cuenta en lugar de leer y leer, o leer y dejarme un comentario llamándome “poco evolucionada” o cerrada de mente. También me produce mucha tristeza comprobar que hoy día no se le dé apenas valor a las investigaciones que personas como las que escribieron ese libro llevaron a cabo para intentar saber más sobre nosotros mismos, o que, en el mejor de los casos, se hayan transformado en una pseudo-religión llamada espiritismo donde, como es normal en estos casos, abundan los dogmas, las doctrinas sin fundamento, y hay poco espíritu práctico y/o científico.

Me sorprende inmensamente que hace casi cien años, hubiese gente que lo tuviese tan claro y que fuera capaz de explicar lo que ocurre en el proceso de la muerte mucho mejor que cualquier científico de hoy día, o que ya supieran que en el transcurso de la anestesia pueden darse experiencias extracorpóreas involuntarias. Y leyendo fragmentos como estos que pongo a continuación, no puedo dejar más de lamentarme al ver que nada ha cambiado mucho. O, si ha cambiado, ha sido para peor:

“En lo que al sueño producido por el uso de narcóticos se refiere, nos hemos limitado, sin embargo, a mencionar simplemente el hecho de que la proyección es posible en esas ocasiones. A fin de completar el tema, resumiremos una interesante experiencia fuera del cuerpo ocurrida bajo los efectos de un anestésico, y comunicada por el doctor George Wyld en su obra La Teosofía o la dinámica del espíritu.

Nuestro autor había estado aspirando cloroformo para mitigar el dolor producido por un pequeño cálculo renal, cuando, para su enorme sorpresa, se encontró vestido y dotado de sus facultades normales de razonamiento, a unos dos metros de la cama, observando su propio cuerpo físico privado de movimiento.


Mientras así permanecía parado, logró comprender el significado de la revelación, consiguiendo más tarde que otras personas corroboraran su experiencia, todo lo cual lo condujo a la conclusión de que las sensaciones se hallan centradas en el cuerpo sutil y de que la acción de los anestésicos se cumple extrayendo al cuerpo etéreo del físico, lo cual hace que este último no pueda sufrir ningún dolor.


Ernest Hunt, que recogió el testimonio de gran número de personas que habían tenido experiencias fuera del cuerpo durante el sueño proveniente de una anestesia, declara que:


"Las descripciones que nos brindan los pacientes son en esencia todas iguales, y, a menos que con entera falta de fundamento presumamos que se han puesto todos de acuerdo en mentirnos, debemos concluir forzosamente que dicen la verdad".


Algunos de ellos han llegado a afirmar que habían observado todas la operaciones practicadas sobre sus propios cuerpos —exactamente como el individuo que abandona su casa mientras la reparan— situados a cierta altura sobre el físico, pudiendo ver y oír todo cuanto abajo ocurría.


J. Arthur Hill, en su obra El hombre es espíritu, cuenta el caso de una tal señorita Hinton quien, a la edad de diecisiete años fue cloroformada para extraerle unas muelas. Su vuelta a la conciencia se demoró considerablemente, acarreando una profunda alarma, pero cuando despertó, declaró haber estado sobre el cuerpo físico, en medio de las personas allí reunidas, y también dijo que había tratado de hablarles pero sin éxito. Dándose por muerta, su mayor sorpresa fue ¡que no la juzgaran!


Las experiencias de este tipo demuestran que, junto con las experiencias proyectivas durante el sueño natural, existe un vasto campo para la experimentación médica mediante el uso de los anestésicos”.


Luego resulta que hay personas que se molestan si digo que en España vamos retrasados cuarenta años respecto a los Estados Unidos en cuando a experiencias cercanas a la muerte se refiere, porque lo único que tenemos es un libro lleno de estadísticas y descripciones de experimentos que no tienen nada que ver con ECM’s ni con EEC’s, y además es un refrito de un libro escrito publicado en 1975 por el Dr. Raymond Moody. Cuando lo cierto es que antes de 1929... ¡ya conocían estos fenómenos y además los interpretaban mejor que nosotros ahora! Por tanto, me quedo corta cuando digo que vamos retrasados. Lo que ocurre es que no hemos avanzado nada desde hace un siglo.

“De todo este estudio de la proyección astral nos encontrarnos ya en condiciones de extraer una idea bastante aproximada de lo que acontece en el momento de la muerte. En efecto, después de todo, la muerte no es sino una proyección permanente, una proyección del cuerpo astral en la que el sujeto no regresa ya a su cuerpo físico. La mayoría de las muertes tienen lugar, a no dudarlo, en estado inconsciente. El doctor Baillie concluye de "todas sus observaciones registradas ante el lecho de muerte, que la naturaleza ha dispuesto las cosas de modo tal que los hombres abandonen el mundo tan inconscientes como a él han venido". Agrega luego este autor: "En toda mi experiencia no he visto un solo caso en que no se cumpliera esta regla contra cincuenta a favor."

Existen, sin embargo, algunos pasos excepcionales, en que la conciencia parece haberse conservado hasta el último momento. Sir Benjamín Brodie, conjuntamente con otros investigadores, ha recopilado varios casos de este tipo. El profesor Hyslop es autor de un valioso artículo publicado en el boletín de la S. P. R. (junio de 1898), sobre "La conciencia al morir". Destaca este autor el hecho de que el paciente parece muchas veces ser consciente de su propia muerte y que ello no sería teóricamente posible si hubiera de suponerse que la muerte implica la pérdida de la conciencia, pues ésta no podría ser consciente de su propia extinción. De todo lo cual se desprende que la conciencia no se extingue sino que tan sólo abandona al cuerpo.


Puede considerarse afortunado aquél a quien la muerte lo torna desprevenido, durante el sueño, manifestándose sin violencia. Una muerte violenta representa un serio shock para la conciencia, imprimiendo la "tendencia" del shock en la mente subconsciente. Esto determina, en muchos casos, que la víctima permanezca en un estado de semidemencia, en la atmósfera terrena, como ya vimos en varios ejemplos mencionados en este libro. La tendencia producida por una muerte violenta provoca, frecuentemente, al imprimirse sobre la mente subconsciente, una especie de obsesión en la víctima, impulsándola a vivir una y otra vez su propia muerte en el astral, llevando a veces esta obsesión, incluso, a otros seres”.


“Andrew Jackson Davis que fue testigo de más de una muerte, gracias a su facultad de ver astralmente, ha declarado que jamás presenció dos muertes iguales. En su obra Harmonial Philosophy puede encontrarse la siguiente descripción de un caso por él observado:

"En la cama yace un ser humano prácticamente moribundo. Va a ser una muerte rápida. El cuerpo físico se torna cada vez más frío y negativo, a medida que los elementos del ser espiritual se hacen más positivos y aumenta su temperatura. Los pies son los primeros en enfriase. El clarividente puede ver en este momento, exactamente encima de la cabeza, lo que podría llamarse un halo magnético; es éste una especie de emanación etérea, de aspecto dorado y palpitante, como si estuviera dotado de conciencia. Ahora el cuerpo se ha enfriado hasta las rodillas y los codos. La ola de frío asciende luego por las piernas hasta las caderas y hasta los hombros por los brazos. La emanación se expande más aún, aunque todavía no ha alcanzado a gran altura en la habitación. El frío de la muerte pasa sobre el pecho y a ambos lados del paciente. La emanación casi llega hasta el cielo raso. El sujeto deja de respirar y el corazón de latir. La emanación se alarga hasta tomar el contorno de la forma humana. Está unida por cierto vínculo con el cerebro. La cabeza del sujeto late interiormente; es un latido lento, profundo, desprovisto de dolor; es semejante al latido del mar. Las facultades mentales se conservan intactas, en tanto que casi la totalidad del organismo, se halla muerto. La emanación dorada está unida al cerebro por un hilo vital sumamente delgado.


"Se hace presente entonces en el cuerpo de la emanación algo blanco y brillante, semejante a la cabeza humana; luego se dibuja un débil contorno del rostro; después el cuello y los hombros y por fin, en rápida sucesión, todas las demás partes del cuerpo. Se configura así una resplandeciente imagen del cuerpo físico, si bien algo más pequeña, pero idéntica en todos sus detalles... El fino hilo vital sigue todavía adherido al antiguo cerebro. La última fase del proceso es la separación de este principio eléctrico. Cuando se corta este cable, el cuerpo espiritual se halla libre".


La muerte, sin embargo, no es un problema que preocupe demasiado a la mayoría de la gente, y si lo hemos tratado aquí, ha sido solamente en la medida que se relaciona con la proyección del cuerpo astral. Casi nunca se le ocurre pensar al individuo medio, que tiene que morirse algún día. Y si el pensamiento (de su propia muerte) se le ocurre alguna vez, no vacila en arrojarlo lejos de su cerebro como algo indeseable y horrible. Es una curiosa paradoja, si consideremos cuán fuerte es el instinto de autoconservación en todos los mortales.


Son pocos los filósofos que han dedicado una cuidadosa atención al problema. De todos quienes se han ocupado del tema parece ser Carrington el que más ha ahondado en sus misterios. Como dice el profesor Fournier D'Albe en su obra New Light on Inmortality: "El siglo XX se halla demasiado atareado para preocuparse por el problema de la muerte y la existencia que a ésta sucede. El hombre práctico hace su testamento, asegura su vida y le dice adiós al mundo sin ninguna otra consideración ulterior. Las iglesias, interesadas en otros tiempos profundamente en el destino del alma después de la muerte, están dedicadas por completo en la actualidad a la instrucción moral y al mejoramiento de las condiciones sociales de vida. La muerte como tema de controversia o de especulaciones está, prácticamente, muerta... Extraño y casi inexplicable en verdad, resulta el espectáculo de los mil millones de seres humanos que se precipitan hacia la hora del juicio sin ningún conocimiento preciso de lo que ese juicio les reserva, limitándose a tornar la vida como les ha sido dada, con alegría y a la ligera, sin dedicar pensamiento alguno a estos serios problemas. Este espectáculo no es muy diferente de aquel que solía presenciarse en las prisiones durante el reinado del Terror, cuando los prisioneros mataban el tiempo charlando animadamente, sin saber a quién le tocarla ir primero al patíbulo. [...]

Dice el profesor F. C. S. Schiller, de la Universidad de Oxford: "Spinoza tenía razón al afirmar que no existe tema alguno en que los sabios hayan pensado menos que en la muerte, lo cual es, sin duda, una gran lástima para los sabios. Pues no existe ciertamente tema alguno más digno que la muerte, del estudio de aquellos que amen la reflexión y el valor de las opiniones personales..."


Por un lado está el Materialista, quien grita a los cuatro vientos que la muerte representa la completa extinción del individuo. Por el otro, el Espiritualista, para quien la muerte no representa sino el comienzo de una vida mejor. Y entre estas dos escuelas del pensamiento universal existe todo un ejército de cultos, religiones y credos que consideran a la muerte, en su mayoría, como una "maldición" que pesa sobre la humanidad.


Ciertamente que no es la muerte la maldición sino la "vida". La Vida, con todos sus dolores, sus tormentos y amarguras. Ningún estado futuro de felicidad merece ese dolor; no hay nada que pueda compensar la desilusiones y desencantos de la vida. Por cierto que hace falta ser un Estoico para poder disfrutar en otros planos, sabiendo al mismo tiempo que hay otros seres que sufren en éste. Un individuo de esa clase, no merece, a mi juicio, ser feliz. ¿Es posible que los espíritus pierdan ese rasgo divino, la "simpatía"?


"¡Oh muerte! ¿Dónde está tu aguijón? Oh tumba! ¿Dónde está su victoria?", he aquí la verdadera filosofía Estoica. Existe sí un tormento en la muerte: la madre moribunda que se aferra a su hijo, el padre agonizante que deja a su familia sin amparo; el amante que llora sobre el cuerpo frío de su amada. ¡Oh muerte!, he ahí tu aguijón. ¡Oh, Tumba!, he ahí tu victoria. Para mí la vida es una maldición. Yo lamento que la vida exista. No hay mente mortal capaz de escribir el menor argumento en defensa de la vida. ¡Cuánto lamento que el Materialista esté equivocado! Y lamento que la muerte no sea el fin de todo. ¡Cómo desearía que la muerte fuera un largo dormir sin sueños! Pero ay, mis experiencias no pueden haberme demostrado en forma más concluyente que aquello de "polvo eres y polvo serás" no fue dicho del Alma”.


Sin embargo, lo que más me asombra es cuán cierto es esto que afirma el autor al final del libro:

“La objeción más común y más contundente levantada contra las ciencias ocultas, especialmente la Clarividencia, el Hipnotismo, etc., es la teoría de los demonios, es decir, que todas estas manifestaciones no son sino el producto del Demonio o de otros espíritus malignos. En estos últimos años una poderosa organización religiosa (que seguramente todos mis lectores conocen) se ha embarcado en una formidable cruzada contra las prácticas ocultas. Puede tenerse cierta idea de los alcances y el éxito de su campaña, si se repara en el hecho de que la edición de uno de sus libros alcanzó, en 1928, la fantástica cifra de 3.500.000 ejemplares. Y como éste, ¡han publicado por lo menos una veintena de libros! Sus recursos parecen inagotables. Sus conferencias se han transmitido por las más poderosas emisoras radiales y sus propagandistas están diseminados por todo el mundo.

Fuera de ésta, existen otras poderosas organizaciones movidas por el mismo propósito, como así también ciertas personalidades como O'Donnell, que insisten vigorosamente en la afirmación de que todos los fenómenos ocultos son de origen diabólico. En consecuencia, han sido muchos los investigadores de las ciencias ocultas que han debido abandonar sus investigaciones y estudios, debido a injustas acusaciones surgidas de la tergiversación de los hechos reales”.


Lamentablemente, siento que hoy en día la influencia de las religiones (y no solo la católica) ha supuesto un grave obstáculo para el conocimiento de la verdadera naturaleza humana, cuando debería haber sido al contrario. Y en este país en el que vivo, aún nos va a costar mucho remontar tantos años de confusión, ignorancia y creencia en absurdas supersticiones. Por desgracia, son muy pocas las personas que comparten conmigo este espíritu que quiero transmitir en este blog y en el foro que administro:
“A todos aquellos a quienes interese averiguar la verdad o falacia de esta cuestión, es decir, si los fenómenos psíquicos pertenecen a la esfera espiritual del hombre o a los dominios del Demonio, yo quiero decirles que toda vez que experimenten una proyección del cuerpo astral, ya no podrán dudar de la posibilidad de existir fuera del cuerpo físico. Entonces el lector no se verá forzado a aceptar ninguna teoría. Entonces no tendrán que buscar para su creencia en la inmortalidad, el apoyo de las palabras de un médium, de un pastor o de las Sagradas Escrituras, puesto que por sí mismo habrá logrado la prueba de lo que buscaba.
Yo por mi parte puedo decir que aunque jamás se hubiera escrito un libro sobre la inmortalidad del alma, que aunque jamás se me hubiera hablado de la "supervivencia" del espíritu, que aunque jamás hubiera presenciado una sesión de espiritismo o hubiese conversado con un médium; en suma, aunque nadie jamás en el mundo hubiera sospechado la existencia de la "'vida después de la muerte", yo no estaría por ello menos persuadido de ser inmortal, puesto que he experimentado la proyección del cuerpo astral”.
Cualquiera puede hacerlo. Cualquiera puede recordar vidas pasadas y verificarlas. Cualquiera puede aprender a meditar. Es solo cuestión de tiempo el empezar a tener sueños lúcidos y después, conociendo dos o tres técnicas de lo más sencillas, poder lograr una proyección consciente. Son estas experiencias las que te cambian el pensamiento y la vida, no lo que lees en un libro o lo que te cuenta alguien, aun cuando lo haya vivido también. Nunca me cansaré de decir que el despertar espiritual no nos va a caer del cielo, ni vamos a “ascender” solo porque así lo deseemos, por mucho que digan los mensajes que reciben aquellos que dicen tener contacto con entes superiores. El despertar depende de cada uno de nosotros. 


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La validez de la hipnosis para verificar vidas pasadas.

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La autora de este blog no pertenece a ninguna religión ni a ninguna secta, ni tampoco es ferviente seguidora de ninguna doctrina espiritual, espírita o new age. Tampoco es una fanática lectora de ningún escritor más o menos popular que hable en sus libros sobre terapia o hipnosis regresiva.

La autora de este blog tiene una amplia formación científica y por ello piensa por sí misma para llegar a las conclusiones y opiniones que aquí se ven reflejadas. La reencarnación es un fenómeno natural y universal. El único objetivo de este blog es reflexionar y ofrecer algunas claves para que todo el mundo pueda darse cuenta de ello por sí mismo.

En ningún caso la autora de este blog posee la Verdad Absoluta. Las opiniones de la autora de este blog son personales, intransferibles y siempre sujetas a discusión. Solo ha vivido una serie de experiencias personales que la han transformado interiormente en los últimos años. Puede dar consejos a todo aquel que lo solicite, pero en ningún caso puede ofrecer ayuda profesional.

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